Skip to main content

Full text of "Revue hispanique; recueil consacré à l'étude des langues, des littératures et de l'histoire des pays castillans, catalans, et portugais"

See other formats


i 



1^ 



REVUE HISPANIQUE 



IMraiMËllli BB LA CASA SOITORIAL BAILiy-BAILUàlti: 



REVUE 
HISPANIQUE 

Htcueil consacré à Vititde des langues, des littératures et d* Vhistoirw 
dts pays castillans, catalans et partirais 



DIRIGE PAR 



R. Foulché-Delbosc 



TOME XL 



\«> 




I^199é 



NEW YORK /^ I ' /il 

G. P. FUTXAM'S SONS. 2, West 45 «^ STjtEm 

PARIS 
LIBRAIRIE C. KLINCKSIECK, 11, Rue de LnxB 

1017 



Y-\ 







'"■• 


t 


?< 








v...'^ 




^" 




i 




^ ' ■■ 


) 




■•'T 


Ij 




v.> 


i 


'If 


-V 


iiiu;/ • , : 


yv 




V- ■»■■'• 


, , ; 





. V / >4. 






r T 



?^^ w ..v^.**^ 



Dl' 



j :■'. ''J, ■ l^i \x 'j »A ^ c> M 



600/ 

t. brO 



'■^'■j^ 




JOSÉ PICÔN 



PROHIBICIÔN DE PAN Y TOROS 
EN TIEMPO DE ISABEL II 



Kl 22 (le Dicienibrc de 1864 se estrcno en INIadrid, en cl tea- 
tro de la calle de Jovellanos, la zarzuela en très actos, original 
y en verso, litiilada Pan y Toros, letra de 1). José Picon v 
mûsica del maestro I). Francisco Asenj<i Harbieri. 

1^1 primero de éstos— hermano nienor de mi padre, don 
l'elipe Picon — fué autor dramatico de verdadero mérito: aun- 
(]iie no muy fecundo, pues nuirio jovcn, dej(5 escrito lo bastante 
jiara merecer un lugar distinguido en nuestra historia teatral, y, 
desde luego, pucde afirmarse que Pan y Toros es obra de ex- 
cepcionales condiciones artisticas. 

Era honibre de claro entendimiento, ingenio vivo, sagaz al 
percibir, sereno al ju/gar, muy véhémente y gracioso; de carâe- 
ter dulce, pero llegado el caso de energîa rayana en la violencia; 
original en cl pensar, con sus punlas y ribetes de extravagante; 
tan amigo de hncer favores como encogido para pcdirlos, y 
bondadoso hasta enganarse de puri) confiado, a trueque de des- 
quitarse luego con burlas punzantes y donaires vigorosos, les 
cuales, sin perdonar su propia credulidad, dejaban al enganador 
corrido y escarmentado. 

Aun siendo, como vulgarmente se dice, muy homiire, habia 
en él algo infantil: tenîa la alegre despreocupacion, la placidez 
tranquila, la indiferencia desdeilosa de lo poiv.^nir incompati- 

Rivue Hispitiii-in:. — P. i 



JACINTO (). PICON 



bles con toda negrura de aima y que sôlo a fuerza de ahos y 
penas se bastardean o se pierden. Nino grande le llamaba mi 
padre, el cual antes le trataba como a hijo que como a hermano 
y a quien él profcso siempre la mas carinosa veneraciôn. Re- 
cuerdo que algunas veces, cuando aquél le reprendfa, igual que 
pudiera reprenderme a mf, no atreviéndose a verle en unas 
cuantas horas se iba a casa de Federico Madrazo, el pintor ilus- 
tre, con cuya familia tenîa la nuestra amistad estrecha, dicién- 
dole al entrar: «\"engo a corner aquf, porque me ha reganado 
l'^elipe». 

Pepe Picon, como IMadrid entcro le llamaba, no fue ui.o de 
tantos literatos improvisados, con mas o menos talento natural, 
pero incultos e ignorantes, que se dedican a escribir para el 
teatro por ansia de notoriedad o csperanza de lucro. Era de 
ilustraciôn poco comûn; conocia perfectamente las literaturas 
francesa e ilaliana y ténia la ancha base de cultura que da el 
haber seguido una carrera cientiTica. Era arquitecto y estaba 
considerado entre sus compaiïeros como profundo conocedor 
delà historia de las artes y dibujante de mérito excepcional: to- 
davia en la sala de modelos de la Escuela de Arquitectura de 
Madrid se conservan dibujos suyos, y en la obra MonumenUs 
Arquilectônicos de Espana pueden verse las hermosas laminas 
de los templos y torres de estilo mudéjar que hizo en Toledo. 
Segûn su companero de carrera Juan de Madrazo, el insigne 
rcstaurador de la catedral de Léon, tenîa un porvenir brillante 
como arquitecto, y, sin embargo, prevaleciô en él la aficion a 
las letras. ^'Por que? Algo tengo yo oîdo en mi casa, cuando 
muchacho, de habérsele hecho victima de una gran injusticia en 
ciertas oposiciones a catedras, y que esto le moviô a dejar la 
carrera; pero no ténia cl animo tan apocado que se amilanase al 
primer rêvés de la suerte. Mas me inclino a créer que al aban- 
donar cl tiralineas y el lâ]jiz por la pluma de autor dramatico 
obedecio a su caracter independientc: enti-e desempeiiar un car- 
go de arquitecto oficial, sujeto a superiorcs jcrarquicos, y aguan- 



PROHIBICIOX DE PA.V Y TORO^ 



tar las imposicioncs de aristôcratas de mal gusto y burgueses 
ignorantes, que encargan hoteles ridîculos y casas baratas, o 
escribir libcrrimamente lo que le vinicra en gana, optô por lo 
scgundo. 

Su primera tentativa dramâtica (1859J fue una piececilla en un 
acto titulada El SoUerân, que, graciosamente escrita y muy bien 
representada por el t'amoso Fernando Ossorio, gusto mucho: 
hizo después otra titulada La guerra Je los sombreros^ cuando el 
hongo comenzo a destronar al de copa alta, que agrado también 
al pûblico, y al ano siguiente, seguro ya del terreno que pisaba, 
estreno una preciosa zarzuela en très actos, con mûsica del ma- 
estro D. Cristôbal Oudrid, titulada Memorias 'de un estudiante, 
obra de positivas condiciones literarias y cuyo éxito le coloco 
entre los autores que con mas facultades cultivaban el género. 

La accion pasa durante cl reinado de Carlos IV. Su argumenlo 
esta tundado en los amores de un estudiante con una duquesita 
de aquellas que en la corte de Maria Luisa sofiaban con la liber- 
tad que tenian sus congénères de Versalles; pero la trama, los 
caractères principales, los tipos secundarios, los episodios, cl 
ambiente, la îndole del gracejo entre culte y apicarado que ani- 
ma sus escenas, en alto grado pintorescas, todo es nuestro. La 
botilleria de Casona, donde al final del acto primero la bella v 
traviesa protagonista, perseguida por guardias de corps y defen- 
dida por estudiantes, pierde un zapato; las antesalas del Palacio 
Real pobladas de cortesanos una noche de bailc, en que se des- 
arrolla el segundo; y el convento aristocrâtico del tercero, donde 
el galan se introduce con sus amigos para salvar a la duquesita, 
alli recluida entre sacristanes cômicosy monjas gangosas; la tra" 
vesura con que estan ideados los lances; la sal del diâlogo y la 
soltura de la versificaciôn, todo es espaiîol de la mejor ley. El 
cuadro de costumbres esta trazado con verdadrro conocimiento 
de la época: no es tan rico de color como el de Pan y Toros, 
mas ya en él brillan las mismas bellezas que en grado superior 
habia de tener esta lamosa zarzuela. 



JACINTO O. PICON 



El éxito de Pau y Taras fue tan grande, que niriguna otra 
obra de su género lo ha conseguido igual. Ko obslanle vcrilî- 
carse 3as primeras representaciones en nochcs de copiosas neva- 
das, el teatro no ceso de llenarse por cspacio de algunos meses, 
siendo esta una de las pocas ocasiones en que al aplauso dcl 
vulgo se unio la aprobacion de los inteligr-ntes. 

La obra fue muy bien interpretada, y puesla en escena con 
]iropiedad y lujo superiores a lo que entonccs se acostunibraba. 
Dibujaron l(îs figurines para los trajes dos pintores ilustres: Ma- 
nuel Castellano y Federico de Madrazo; la decoraciôn del acto 
primero, que représenta un ancho trozo de la ribera del Manza- 
nares, cra del escertôgrafo italiano Bragaldi; la del segundo, 
cuya accion pasa en la antigua Casa de las Diiciidcs de la callc 
de Segovia, por bajo dcl Pretil de los Consejos, de Ramon Ko- 
mea; v la del tercero, un salon de \\\\ palacio, de Antonio Rravo. 

El argumcnto, rcfcrido a grandes rasgos ]:)ara que se aprecie 
lo injustificado de la prohibicion, es la supuesta pero no invero- 
si'mil conspiraciô'n fragùada por algunos bucnOs espaiioles, an- 
siosos 'dé conseguir que Carlos IV gobernara por si y pensase 
en los deberes que impone la realeza, en vez de vivir sometido 
al favorito de su mujer y pasarse los dias cazando mientras los 
ejércitos nacionales luchaban desesperadamente en el Roscllon. 

'La caniarilla que mantiene al Rey en la ignorancia de cuanto 
sucede en la guerra eStâ representada por el Corregidor de Ma- 
drid y la famosa doua Pépita Tudô, querida de Godoy. Los 
conspiradores son (joya; un .\bate cortesano y mujericgo, cna- 
morado de la célèbre cômica llaniada La Tirana; la Princesa de 
Luzân, dama de origen italiano, c|ue es coronela honoraria de 
\n\ regimiento espanol, y el capilan Peîîaranda, prendado y co- 
rrespondido de ella, que acaba de Ilegar de los campos de bata- 
l!a con despachos reservados para el Re\'. Toda la acciôn cs- 
triba endos esfuerzos de los conspiradores para que cl Capitan 
hable al Monarca venciendo los obstâculos que el Corregidor y 
Pépita oponen à su noble proposito, deseosos de mantener a 



PR()HlUICli)X DE PI.V y TOKOS 



Carlos I\' en perpétua inaccion y gohernar en provecho propio. 
Las escenas con que coniienza cl acto priniero forman un 
animadisimo cuadro de costumbrcs popularcs. El Corregidor, 
honibre astuto, que practica la têqrîa de divertir al pueblo 
con fiestas para tenerio en proyeçhosa tutcla y doniinarlo, ha 
convocado a la gante de baja ralea en la orilla del Alanzanares, 
cerca de la casa de (joya, a fin de nombrar con toda solemnidad 
al matador que haya de dirigir la Plaza de Toros. .\cude entu- 
siasmada la manolerîa; los célèbres diestros Pedro Ivomero, Pepe 
Ilillo y Costillares exponen sus mérites ante clla y, por intrigas 
<le una dama, es nombrado el primero. Cuando las turbas se ale- 
jan alegremente, quedando sola la escena, Uega el capitnn Pcna- 
randa v se encuentra con sus anîiguos amigos (jO}-a y el Abate. 
I.o que se dicen da compléta idea, no solo de sus caractères, 
sino también de la época y del estado del pafs. 



C A PI TÂN [dclcniéndolos) : 

;Dios os guarde! 
GovA (Abrazdiidole): ;Feîïar;inda! 

Pefita. ;Ah! {Asomando la cabcza desde el bodci^ou iiimcdiato v 

dcsaparccicudo). 
Capitâx. jMis queridoi colegns! 

Abate. ;Otro abrazo! 

Capitâx. ;Y otros ciento! 

Goya. rConquc vienes de la guerrar 

AiiATE. ^Y capitân, y tan joven? 

Capitân. Pues cuatri) heridas me cuesta. 

Goya. For talcs manos curadas, 

yo también las recibiera. 
Capitâx. ;Cômo? (Sorprendido). 

Adate (Con misterio): jAqui se sabe todol 
C A p i T Â N (Des en tendiéndose) : 

Pues yo no se por que l]ev.';s 

esa ropa. 
Abate. Soy abate. 

Capitân. JiTû!! (Asombrado). 

aeate. sr. 



JACINTO O. PICON 



Capitân. ;La peor cabeza 

de Salamahca? 

Abate. iQué quieres! 

Segundôn de estirpe excelsa, 
con ciento très apellidos 
y sin un'-doblôn de renta, 
abandoné los umbrales 
de mi casa solarie^ra 
y llegué a Madrid el ano 
mil setecientos nnventa. 
Vi empapeladas csquinas 
con carteles de novenas, 
retablos por todas partes, 
proccàiones y retretas, 
portales con basureros, 
muchos barrios sin escuclas, 
a oscuras todas las calle-', 
y ninguna sin taberna; 
los hospitales sin sabanas, 
las imàgenes con perlas, 
repletos los calabozos, 
y las cîtedras desiertas. 
Y halle en la corte de Espaiia, 
aunque imposible parezca, 
m.is sacerdotes que legos, 
mâs corclietes que sentencins, 
mâs altares que cocinas 
y menos casas que iglesias. 
Al ver que aquî nadie marcha 
a su objeto en linea recta, 
ysiendo, en fin, las mujerci 
mi inclinaciôn predilecta, 
al primer golpe de vista 
eché despacio mis cuentas, 
y tienes hecho a tu amigo 
todo un abate Ciruela. 



PROHiniClÔN DE P.i.y Y TOROS J 

Interrûnipese la parte hablada por un irracioso cantable, en el 
cual el abate se gloria cômicamente de losfavores que le otor- 
gan las damas, y prosigue: 

Abate. Liinar pusc tan goloso 

que hizo estallar una gucrm; 

y tacones he pintado 

que besé algùu rey sus liuellas. 
Capitâx (Abrazdndùle): 

;Te encuentro cl mismo de siemprc-! 

;Y que aventuras nos cucnta 

el pintor Francisco Goya? 
GovA. Durante tu larga ausencia 

en Roma estudié algan ticmpo, 

y, al volver, me abrio sus puertas 

la fâlirica de tapices. 

Alli con Mengs pinte cscenas 

popularcs y campestrcs, 

brujas, ladrones, meriendas, 

niuchas corridas de toros 

y caprichos mas de ochenta. 

Rembrandt y Diego Vel/izquez 

son mis modelos de escuela. 

Retraté a Floridablanca, 

a Moratîn, Villanueva, 

a la Tirana y a Mâiquez, 

a las crlebres duquesas 

de Alba y de Benavente, 

a Carlos IV, a la Reina... 
Abate. Al tîo Rico, el choricero, 

y a otras personas de cucnt.i. 

Es todo un pintor de camara 

con su estudio en la ribera 

del ti'sico Manzanares, 

mimado por la nobleza 

y adorado por el pueblo, 

que le admira y le venera. 
Goya. Pero hablanos, Penaranda, 

del estado de la guenn, 

del objeto con que vienes 



JACtNTO O. PICON 



Y. c-n fin, de la diferencia 

de la cortc (juc dejaste (con pesar) 

Y la cortc que te cncucntras. 
Afatf.. Dinos la verdad desnuda 

con tu militar franqueza. 
Camtân. ^Para que?... Cunndo a vosotros 

os hallo de esta manera (con vigor), 

de sentir no sois capaces, 

ni aun de comprcnder mis q'iejas. 

Alla todo es heroîsmo 

de unos hombies que pelean 

por su rcy y por su patria 

contra duplicadas fuerzas; 

un cjército mermado 

\>o\- las continuas refriegas, 

sin municiones, sin vîvercs, 

sin abrifTos y sin tiendas; 

CUYO valor indomable 

es la ûnica defcnsa, 

Y qiic un dia y otrodia 
leluer/os en vano espéra 
Acâ todo es al^jazara: 

un pufljlo que en nada ])icnsa 
])oi(]ue le dan pan y toros, 
una cstûpida nobleza, 
una corte relajada 

Y iina camarilla al)yecta. 
Cuando los hombres que tiencn 
rorazôn e intcligencia (con z'c/icinencia), 
cual vosotros, no se indignan 

() de algùn modo protestan, 
sino que viven contentos 
en cl fango y la miscria, 
todo lo juzgo perdido, 
ninguna esperanza qucda. 
].a hora sonô para Espana 
de ser colonia francesa. 
Goya. ;1îso nunca! Ven y mira. 

[Cogicndolc de 7111 brazo con fucrza.) 
En esa verde Pradcra 
ciel Correz'Jor famosa 



PROHIIMCION DK PAA' Y TOROS 



SU.S représentantes cuentii 

la gente de rcimpe y r.is^;i 

que toda la Espana encierra. 

Los del Compas de ScviJla, 

Triana y la Macarena, 

cim los del Perchcl de Mâlaga 

y OHvera de Valencia; 

todo el mapa picaresco 

ciue el gran Cervantes bosqueja. 

Allî campa sin obstâculos 

la manolerîa intrépida, 

junto a la Yirgen del Puerto 

V en la fuente de la Teja, 
Esa es la gente del broncc, 
que sin temor atraviesa 
las calles de Sal si Puedes, 
cl Oso y Qucbrantapiern.is; 
las de Knhoramala Vayas, 
Aunque os Pesé y La Ternera. 
Los que no temen ni deben 

y asombran con sus proezas 
Las Maravillas, El Rastro 
y el Campillo de Manuela. 
Chispeios y cuitidores, 
gremios de la cuatropea, 
tcrror de los ventorrillos, 
bodegones y tabernas, 
con su capote de mangas 
su redecilla y coleta, 
chupetîn y calzôn corto, 
la camisa con chorrera, 
sombrero de medio queso 
y patillas de chuleta. 
Adate. Allî se ven las manolas 

y majas mas pendencieras, 
con su guardapiés cenido 
y su nacarada média, 
chapîn de raso y hebilla, 
diez ramales cada trenza, 
y la cotilla de peto 

V el monillo con hombreras. 



lO JACINTO O. PIC(3n 



Morenos son sus amores 
como sus teces morenas, 
y sus cabellos castanos 
y sus miradas muy negras. 
Sus pies son dos tentaciones, 
y sus palabras pimienta, 
y cantdridas sus ojos, 
y un sinapisme su lengua. 
AUî Paca la Salad;i, 
Geroma la Castanera, 
El Zurdillo y el Tio Tuétano, 
el Majo y la Petimetra, 
Juana la Ribeteadora 
y Pepa la Naranjera; 
las desgarradas figui-as 
que pintan a competencia 
en tapices y sainetes, 
con fidelidad perfecta. 
Goya y Ramôn de la Cruz, 
su pintor y su poeta; 
;que tal pincel y tal pluma 
gasta la genta morena! 

Capitân. Pero decidme, esa gente 

^que hay una patria recuerda? 

Goya. Abigarrado conjunto 

de fealdad y belleza, 
de ignorancia y fanatismo, 
de valor y desvergùenza, 
pero fiel depositaria 
de las costumbres aiïejas 
y enemiga sin examen 
de todas las extranjeras, 
en esa gente del bronc(î 
por sentimiento descuella 
un incontrastable espîritu 
de salvaje independencia. 
Que, en su temerario arrojo, 
es capaz, por defenderla, 
de tomar, navaja en mano, 
canones a la carrera. 
Envueltos en su ignorancia 



PROHrBIClÔX DR P.-I.V y rOA'OS II 

y el santo amor a su tierra, 
libres serân, libre el pueblo 
que taies soldados cuenta. 
Capitân. Conducida por lacayos 
se aproxima una litera. 

C'uando al terniinar esta escena se dinVen los très amio-os a 
casa de Goya, aparece en el fondo la litera y de ella baja una 
elef^ante dama, cubierta con un manto hasta los pies, la cual ha- 
ciendo un adcmân despide a los lacayos y hace senas al Capitân 
para que se detcnga. Es Pépita 'Judo, que, recatândose el rostro 
y hablando con astuta coqueteria, prétende pasar a los ojos del 
recicn llegado por la Princesa de Luzân, a quien ama, para (]ui- 
tarle los pliegos que trae y debe entregarle al Rey. 

Viendo que nada consigne con las zalamcrfas, después de al- 
gunos discreteos, le dice apremiândole: 

Pépita. Capitân, usted ignora 

los peligros que le cercan, 

y exponc mucho su vida 

si esa cafta no me entrega: 

llegô un soldado en secreto 

con noticias de la guerra 

para el buen Conde de Arandn, 

y fué asaltado en la puerta 

por esbirros; defendiôse, 

en esta luclia funcsta, 

se comiô un papel, hiriendo 

a varios, y en recompensa 

hoy le fusilan, juzgado 

por un consejo de guei-ra. 
Capitân. ;Oh que iniquidad! ;Yo juro 

perecer antes que verla! 

{Ftirloso entra en casa de Go\a). 

Doua Pépita, viendo, frustrado su intento, llania a la puerta de 
un bodegôn inmediato, y acuden el Corregidor, el Gcucral y la 



12 



JACIJ^'TO o. pieoN 



Duqiicsa (estos dos personajes secundarios). Después sale de su 
cnsa Goya con el Capitdn y el AhaU. Ocupan el scgundo tcrmi- 
no del escenario corchetes, piieblo y vcndedorcs ambulantes. 



PEi-rrA (A la puer la del hodegjn): 

Salgan usledes corriendo, 

que trae pnrtcs de la guena 

para el Rej-... 
CuRREGiDoR. Hay que prenderle 

con un prétexte cualquiera. 
Pépita (Se ijuila el nianlo y se poiic delrds): 

Aquî esta. 
Go VA (Al Capitdn): (Vo te prometo 

que hoy Madrid, antes, se quema'.. 
Adate (Al Capitdn): 

(jEl Corregidor!...) 
Goya (Al Capitdn): (;Cachaza... 

y, en nombre de Dio.s, prudencia!.. 
CoRUEciDOR. Senor Capitân. ;parece 

que usted a la corte llega 

para olvidar un instante 

las fatigas de la guerra? 
CviTrAN !'Co7i ironîa): 

Si, senor. 
CoRUEcinoic. En ese caso, 

mejor ocasiôn no huhiera. 
DuQrESA. Halla usted a ISIadrid alegre 

Y a la corte muy contenta. 
Caimta.n. En efecto", es indecible 

lo mucho que me consuela 
el original contraste 
que a mi Yista se présenta. 
Alla me dejo un ejército 
en retirada compléta, 
l)orque ha duplicado el suyo 
la Repûblica francesa. 

Y cuando llego a la corte 
en alas de mi impaciencia, 

y de mis hermanos de armas 
soy la espeianza postrera; 



PROHIBICION DK PAN V TOROS 



cuando aûn es tiempo y miiy tarde 
acaso manana sea, 
al Rey me encuentro de caza, 
a Madriil aidiendo en ficstas, 
(Govay él Abaie le iii an allcniailvaviculc de la casaca). 
los saliios en el destierro 
en Salamanca las Ictras, 
en chorizos y polacos 
divididos los |ioet.HS, 
Pepe-Hillo y Costillarcs 
ensenando a la nohieza, 
los marinos de la armada 
distrayéndose en la pesca, 
las cortesanas en coche, 
en calesîn las duquesas, 
la Inquisiciôn condenando 
V en ei Retiro la Rcina. 
Tanto la coite me jjLista 
y este ciiadro me consnela, 
que pienso que aqiiî no corre 
sangre espahola en las venas; 
que, si Madrid fuera Espaha, 
ser espanol maldijcra, 
y tal encuentro a la ccn-te, 
que me pre^junto si (jueda 
aqui de pudor vestigio 
o rcsto va de veraûenza... 



!•,! Capital"! cicaba por insolcntarse con cl ("jcncral cortcsano, 
y cuando este y el Corregiclor prctenden arrcstarlo, aparece la 
Princesa de Luzan, que, scgiin queda dicho, es coronela hono- 
raria de su reginiiento, y a ella rinde Penaranda la espada, quc- 
dando por el momento aplazado el conflicto. Poco despucs va 
aproximândose por la Cuesta de la Vcga la j^rocesion dispiiesta 
por una cofradia de artistas, que préside (jo}'a, trayendo los dc- 
votos grandes banastas, donde en vez de cirios se ocuUan las 
armas preparadas por los conspiradore? que intcntan evitar el 
fusilaniiento del soldado que la vîspera llegô coii partes de la 



14 JACINTO O. PICÔN 



guerra y el ciial fuc detenido y sentenciado por luchar con los 
esbirros del Corregidor. De pronto, y seguido de un grupo de 
gente del pueblo, viene el famoso torero Pepc-Hillo, el cual, tra- 
yendo consigo una calesa, suplica rendidamente a Pépita Tudô 
que, montando en ella, vaya al Pardo e intercéda con el Rey para 
que no se fusile al soldado, Lii Tudo, aconsejada râpidamente y 
en voz baja por el Corregidor, se niega; y entonces la Princesa 
de Luzân, subiéndose a la calesa que el torero ha traîdo, exclama 
con generoso arranque: 

Princesa. jAI escapc!... 

que yo me brindo, 
y que no te detenga 
ningûn peligro. 

Costillares y Pedro Romero aparecen precipitadamente, avi- 
sando de que por alli cerca acaba de escaparse un novillo; pero 
nada detiene a la dama patriota y enamorada. Ademas, para in- 
fundirla ânimo, delante y en torno de la calesa, prontos a defen- 
derla, forman en apretadas filas los toreros y la nianolerfa, que 
tocando marcha con sus vihuelas y bandurrias Ja rodean y escol- 
tan por la carretera del Pardo, donde va a pedir el indulto. 

En medio de la confusion el Capilan da a la Princesa, y ella 
lo toma, ocultândolo entre los plicgues de la mantilla, e! pliego 
de que ha sido portador, dicirndole râpidamente: 



Capitân. jAl Rey solo estos papeles 

reservados v cravîsinnos! 



Con este primer acto, en extremo variado y pintoresco, con- 
trasta el segundo, eminentemente dramatico. Para mejor inteli- 
gencia de lo que en cl succde, conviene explicar dônde se des- 
arrolla la accion. 

Es noche oscura. A la derecha, en primer término, ocupando 



PROHtmCIÔN V>^ 'PAiT Y TOnCS- I5 

la mitad de la escena, la Casa de los Diiendes ( ' ), suprimido el 
mufo del Trente para que el pùblico vea lo que allî pase, puerta 
al foro y otra a la izquierda, que comunica con la calle. Fuera 
de la casa, y a la izquierda, una taherna. Entre esta y la casa, un 
caliejôn estrecho, que en cuesta râpida suhe hacia el fondo del 
escenario, con dos bocacalles a izquierda y dérocha. Por cima y 
mas alto que cl tejado de la casa, arboles y un pretil. En ûltimo 
término, con fachadas al caliejôn y al pretil, el palacio de Pépita 
Tudo, cuyos balcones abiertos dejan ver los salones iiuminados 
y la gente que baila. La escena esta alumbrada solo por la luna 
entre nubes y un farolillo que hay delante de una Virgen colo- 
cada en el chaflan de la segunda bocacalle de la izquierda. 

Limitémonos ahora a resenar lo indispensable para que el des- 
arroUo de la accion résulte claro. Sabiendo que el Capitân ha de 
acudir con otros conjuradbs a la Casa de los Duendcs^ el Corre- 
gidor ha buscado, para que lo mate, un asesino; y este, a su vez, 
b.a buscado un complice; mas cuando ambos- estan* concertando 
el modo de cometer el delito, a lo cual el segundo se résiste, en 
lo alto de la calleja aparece y cruza la escena un hombre con 
capa krga, linterna sorda, cepillo de recoger cuartos a la cintura 
y una campanilla, que viene tocando de tiempo en tiempo, gri- 
tando con lugubre acento: <Para hacer bien y decir misas p or 
los que estait en pecado vwrtah. Es el pregonero de la antigua 
cofradia del Pecado Alortal, cuya apariciôn en este momento 
prépara el efecto, altamente dramatico, con que termina el acto. 

A la Casa de los Duendes, en la cual suele secretamente el 
Abate verse con La Tirana, y donde luego han de reunirse los 
conjurados, llegan primero dona Pépita y el Corregidor, los cua- 
les tienen sobornada a la mujer que cuida de aquel medroso lu- 



( ' ) Estaba la Casa de los Dueiidcs en la calle de Segovia, formando es- 
quina con la Uamada Cuesta de Ramôn, que subîa desde aquélla hasta el 
Pretil de los Consejos. Desapareciô al constriiirse cl Viaductu. 



lO JACINTO O. PlCiiN 



g:ir. Amhos personajes, Pépita algo ahatida y el Corregidnr 
muy animoso, tienen un largo dialogo; ella, sabedora de que la 
Princesa de Lu?an entrcgô al Rey los pliegos que le diô Pena- 
randa, esta desalentada; mas el Corregidor ha procurado va cnn- 
trarrestar cl goljie. Después de oir de lahios de este que alK se 
rcûnen los conspiradores, dice: 



Pkpita. ;Y usted, que espéra?... 

Cdrregidor. Esta cl.iro: 

ncechar y sorprenderlos. 

Pépita. ;Ya para que?... ;Usterl ijrnora 

que nuestra ruina es un lieclio!... 

(Cou pesar). 

La Princesa de Luzân 

al Pardo llcvô los plie!,ros. 

que cl capitân Peûaranda 

ha traido dcl ejército. 

El Rey llamô anoche al Duque, 

y con firme y noljle acento 

dijo que .se le tenîa 

en un enj^ano complète. 

Que habian sido infructuosos 

el valor y los talentos 

del buen gênerai Ricardns. 

pues que el Rosellôn no es nuestro. 

Que la torpe rctirada 

y continuos desaciertos 

de sus sucesores cuestan 

veinte mil hombrcs lo mcnos. 

Que claramcnte es traidora 

rendiciôn al cxtranjen» 

la de Figueras, contantU) 

mâs de (liez mil hombrcs dcntro 

y con doscicntos caiiones 

(|ue no lian llci:^ado a haccr fuei^o. 

P<ir ûltimo, dijo al Du<|uc 

de la Alcudia cl Rey: «No (piiero 

a mi lado unes ministros, 

ni en mi (Mmar.i u i Conse)o 



PROHIBICIÔN DE PA.V Y' TOKOS \J 



I 



que lian menester sostenerse 
con la sangre de mis pueblcjs 
y pieiden en très campanas 
hasta la oriUa del Ebro». 
Jiiz^Tiie usted... ;Ya todo es tarde!.. 
jCorrejidor, no hay remedio!... 
;Tal vez pronto nos espère 
la [)obreza y el destierro!... 

CoKREGiDOK. iSi'!... jya esperanza no hubiera 
(Con eiicrgia) 

sin el poder de mi ingenio!... 
En tanto que usted velaba 
a Pepe-Hillo en su lecho, 
olvidando ante su herida 
deber, honor, mundo entero, 
y mientras haci'a el Duque 
de su poder testamento, 
yo en mi coche de colleras 
y por la Puerta de Hierro 
salia al rayar la aiirora 
tan râpido como el viento. 

Pépita.. jSabîa usted?... (con anskdad) 

CuRkEGiDOR. Me bastaba 

saber, por Pedro Romero, 
que al partir en la calesa 
la de Luzân, tomô un pliego. 

PiiPiTA. iAh!... 

CoRREGiDOR. Llegué al Rey y le dije 

que en aquel mismo momento 
de descubrir acababa 
un complot. con el objeto 
de falsificar despachos 
procedentes del ejército, 
para enganar al Monarca 
y destruir al Gobierno. 
Busqué en la cârcel de corte 
a un falsificador preso, 
y ya traigo en mi bolsillo 
las pruebas para perderlos. 
Una ocasiôn, una sola 
y jel triunfo manana es nuestro!... 

Revit! Hispanique.- P. 



l8 JACINTO O. PICCJN 



Pépita (Deprisa): 

Très dias mas de privanza 

y nos salvamos. Se han hecho 

a Francia proposiciones 

para la paz, en secreto; 

tiene orden el emisario 

de alcanzarla a cualquier precio, 

y en ese plazo se espéra 

que Uegue el consentimiento. 
CoRREGiDOR {CoH rapides): 

Corra usted a ver al Diique, 

y que al Rey, sin peider tiempo, 

le diya que la Repûblica 

un embajador expreso 

le manda y la paz nos pide 

por un poco de dinero. 

Al aiarcharse el Corregidor y dona Pépita llega la Princesa 
en una litera llevada por el Abate y Goya, a quienes vicne 
acompanando el Capitân. 

Abate. Carga tan dulce y ligera 

trajimos de mil amores. 
Princesa. No meiezco yo, senores, 

taies pajes de litera. 
Abate. Si nada hay que pesé tanto 

como un cruel remordimiento, 

aun pesa menos que el viento 

la mujer que es nuestro encanto, 
GovA. Abate ;que no te enmiendes?... 

Capitâx. Vête ya a lo convenido... 

Princesa. Pero ;a dônde me han traîdo-... 
Goya. A la Casa de /os Duendes. 

Princesa {Sohrcsaltada): 

;Di()s mîo!... ;y estamos solos.'... 
GovA. Entre sus ruinosos muros 

podemos halilar seguros; 

pronto vendrân los manolos. 
Capitâv. Nadie aq n' te necesita (Al Ab.ile) 

y tiempo no hay qu- perder; 



PROHIBICIÙN DE PA.V Y TOROS IQ 

con que, te puedes volver 

al baile de la Pépita. 
Abate. No obréis sin contar conmi^u. 

Peincesa. Vaya usted, que yo respondo. 
Abaïe. Reconocer quiero a fondo 

el campamcnto enemigo. 

( Vase por la calle). 
GovA. ;Hable ùsted por Dios, Priucesa!... 

Princesa. ;A1 Rey pude ver al fin!... 
Goya. ;Y estudiaba el violîn?... 

Princesa. No; barnizaba iina mesa. 
Capitân. iHay paciencia que résista!... (Furioso.) 

Princesa. ;Tan bueno, tan indulgente!... 
Goya. ;Es un mûsico excelente!..., 

Princesa. Pero es mejor ebanista. (Con tn'steza). 

Con acento aconj^ojailo 

y con profunda emociûn, 

aï Rey le pedî el perdôn 

de ese valiente soldado. 

Afligido también él, 

aunque olvidando su trono, 

me respondiô: ".Le perdono 

si lo coiisientc Mamiel.y' 
Capit.\.\. ;Ira de Dios! (Furioso.) 

Goya. Ten cachaza, 

que empezando estas ahora. 
Princesa: «Senor, dentro de una hora 

es fusilado en la plaza», • 

le dije al Rey, que del suelo 

levantôme, ya vencido, 

y que enjugô conmovido 

mi llanto con su paiiuelo 
Goya. Cuando los guardias llegaron 

gritando iperJdn!... ;pcrdûii'.... 

no hubo fn'o un corazôn: 

todos los ojos lloraron. 
Capitân. Desde entonces, con afân 

dos nombres ÎNIadrid aclama: 

el del Rey y el de una dam.i: 

;la Princesa de Luzân!... 
Princesa. Fecundas fueron, seiiorcs, 



20 JACINTO O. PICÔN 



l.is Lifjjrimas que lie verlido; 

que a mi palacio he subido 

por una alfombra de flores. 
GovA. Es de gratitud la Ijella 

cxpresiôn de un pueblo entero. 
CAriTvx. Desde el grande al pordiosero 

todos tii-nen parte en ella. 
Goya. Y aun falta mis todavia, 

]iorque a la fiesta inmediata 

darâ a usted gran serenata 

toda la manolerîa. 
Pkinces.v. Ouiero que ustedes lo eviten: 

temo, por graves razones, 

que talcs demostraciones 

a la camarilla irriten. 
Goya. ^^Lié importar... jTal vez se cntieira 

esta noche su poder!... 
Caimtâx. El Rey va debe saluer 

el estado de la guerra. 
rKiNCESA. Amigos mîos, no creo 

tal venturu pava Espaûa: 

presumo que les cngaiia 

a todos su buen deseo. 

Y aunque esperanzada estoy, 
aunquc su ilusiôn comparto, 
todo lo ve Carlos cuarto 
por los ojos de Godoy. 
Carlos es Rey sin reinar, 
porque ha dejadf) perder 

la costumbre del poder 
por el placer de cazar. 
.Si bondadoso y clémente, 
es tîmido, irresoluto, 

V Espana paga tributo 

a su espîritu indolente. 
Rev que, olvidando su raza. 
por causas que no pcnetro, 
ha trocado su real cetro 
])or su escopeta de caz.i. 
Asî, cuando me mandô 
que los despachos le_ cra 



PROHIBICION DE PA.V Y TOROi 



y con noble actitud fiera 

tantos desastres oyô; 

cuando, amenazando a Francia 

V de cùlera lloroso, 
le vi recorrer fiirioso 

a grandes pasos la estancla, 
crei lograr mis esfuerzos 
viendo al Rosellôn partidus 
générales cntendidos 
y vigorosos refuerzo^. 
Mas todo recurso en él 
fué gritar como un vasallo: 
€ Que vionle un guardia a caballo 

V liante proiito a AJartuch. 
CAPirÂN ;0 cesa tanta mancilla, (Fiirioso): 

o la Patria se derrumba!... 

GovA 'Cogk'ndole del brazo): 

jEsta noche abrimos tumba 
a esa infâme camarilla!... 

Capitan. ;Para eso vinc yo aqui!... 

Pronto estoy: mi vida inmo!o... 

GovA. jNo se salva ni uno solo!... 

jQuieres sabcr cômo?. . 

Capi: AN. Sî. 

pRiNCESA (Inicrpouicndose): 

;Nada de s;ingre!... ;qué horror!... 
No conspiremos con saîia, 
que para salvar a Espnna 
cualquier camino es mejor. 
Fâcilmente se destruyc... 
Ustedes serân cabeza, 
y dirân al pueblo: cniplezj, 
mas... ;quién le dice: concluye? 
El Rey a su misn-o lado 
tiene el mal, pero esta ciego, 
y no podéis hacer fuego, 
porque cl trono es un sagrado... 
Y por maies que Iloréis, 
nunca, jamâs se redimen 
con el oprobio del crimen 
que matô a Luis diez y seis. 



JACIXTO O. PICON 



GovA. ;Entonces?... (Con desesperacidfi). 

Princesa (Al Capiidn): Al Escorial 

hoy Carlos cuarto ha partido, 

y para usted le he pedido 

un salvoconducto real. (Ddiiifosele). 

Si a usted le ve, si le escuclia 

pintar con vivos colores 

los estériles horrores 

de la mortîfei-a lucha, 

tal vez logre usted la hazaùa 

de encender su indignnciim. 

jEl Rey tiene corazôn!... 

jTal vez salvcmos a Espana!... 

Capitân. Lo que importa mas, senora, 

que llegue a Su Majestad 
es la voz de la verdad, 
que apcnas oyô hasta ahora. 
Lo que la nacion demanda 
es la verdad en su oîdo, 
que un vil destierro ha valido 
;il noble Conde de Aranda. 
Que llegue a saber cl Rey 
lo que el rubor j'a publica: 
que en Espana se trafica 
con su honor y con la Icy. 
Que por saciar los deseos 
de una belleza no casta. 
se hace pûblica subasta 
de los mas altos emple^'S. 
Que si recursos no arbitra 
una cortcsana en bo; a, 
hace vender una toga 
o subastar una mitra. 
Que el enemigo reacio, 
mortal de nuestro pais, 
no hay que buscarle en Paris, 
sino en su propio palacio. 
Que la sangre y los tesoros 
de Espana solo sustentan 
a los que al pueblo alimentan 
Y ediican cc)n Pan v Toros. 



l'RDHlBICIÔN DE PAN Y TOROS 2 3 



Que solo su voz augusta 
aun puede salvar a Espana, 
concluyendo una campana 
impolîtica e injusta. 
Y que jamâs Dios auxilia 
al Rey que su Patria inmola, 
vertiendo sangre espanola 
pnr agravios de familia. (Pausa). 
Si yo, capitân oscuro, 
tan ardua empresa acometo, 
sin lograr mi noble objeto, 
me fusilan de seguro. 
A tan alta empresa aspira, 
con el poder de su labio, 
solo un héroe o un sabio 
incapaz de la mentira. 
Un gran hombre, solo uno, 
fue para intentarlo audaz: 
^quién de seguirle es capaz?... 
jNingùn espanol, ninguno!... 
Princesa. jNo busqué usted cortesanos!... 
Mas si uno ha habido, habrâ dos, 
que aun vive, gracias a Dios, 
Don Gaspar de Jovellanos. 



Sigue entre ambos un brève y poético duo musical, donde 
Barbieri, como en todo el resto de la obra, interprété admira- 
blemente la situacion, y la Princesa, comprendiendo los peligros 
que el Capitân va a correr, le pone al cuello un escapulario. 

\ uelve Goya con ocho manolos embozados y arniados, penc- 
trando en la casa por la puerta que da al interior, y vienen tam- 
bién, por la de la caile, el Abate y La Tirana. Cuando, a peti- 
cion de la Princesa, se arrodillan todos para orar un instante por 
el buen éxito de su propôsito, aparece por la puerta interior de 
la casucha el Corregidor, acompanado del General, esbirros y 
alguaciles: éstos sorprenden y desarman a los manolos al mismo 
tempo que el primero dice: 



24 JACINTO O. PICÔN 



CoRREOiDOR. En nombre del Rey mando 

las armas entregar. 
Manolos (Ya desannados): 

jTraiciôn! jtraiciôn! 
Princesa. (Al Capitdn impidiendo que sajue la espad.i): 

jPrudencia!... 
General. La espada, Capitân. 
Caimtân. Soy libre por mandato 

del Rey. 

(Entregando el salvoconducio que le did la Princesa). 
General (Lcyendo y devolviéndolo): 
En régla esta. 

(Al Corregidor): 

Es un salvoconducto 

q'ie ticne el sello re.d 



CoR.'iEGiDOR. E.Kcepto el Capitân, 

en nombre del Rey prendo 

a todos los demâs. 
Princesa (Adelanidndose cou allivez y desciib/iendjse): 

;Tanibién a mî?... 
CoRREGiDOR (Escaiidalizado): iSenora!... 

;Vueccncia en tal lugar?... 

La arresto en su palacio 

por su alta dignidad. 

Unas cuantas senoras y caballeros, que han bajado del balle 
j^ara presenciar la sorpresa, se vuelven a la fiesta comentando 
malignamente el hecho de haber sido hallados juntos en tan fco 
Uigar la Princesa y Penaranda. Por fin este, que ha quedado solo 
y triste, se pone su capote militar con mangas y esclavina, pcr- 
maneciendo un momento pensativo. Entonces aparecen por una 
calleja el falso Ciego y el Santero, que son los asesinos pagados 
por el Corregidor, y atisban desde la ventana de la casucha; 
luego, montando uno sobre otro, apagan el farol de la Virgcn_ 
Cuando la acciôn lo indica, vuelve a salir el Pregonero del le- 
cado Mortal. 



l'ROHIIUClÔN 1)1-: PAN Y TOROS 



CiUGo. ;Aquel es!... 

Sanïeuo. Ya le conozco. 

("lEGo. Con capote militar. 

;Ten cachaza y hasta el piino!... 
S^NïERO. ;Y si marcha por atrâs? 
CiEGo. Es perdido. De él me encarj^îo 

si por arriba se va. 
(El Ciego va a esconderse en il callcjân de la Vin^en. ElSanlero dcsaparcce 
por cl baslidor de ropa). 
Capitâk. Todos presos, perseguidos, 

tenerlos que abandonar, 

y abandonar la Princesa... 

;Esto es dcmasiado ya!... 

«No pensemos en nosotros, 

en Espaîia hay que pensar.» 

Taies sus nobles palabras 

han sido. jEu mi pcchn estan!... 

^li caballo, y Dios me ampaie, 

;ea busca de Don Gaspai!.... 

ÇSaca des pislolas de los holsHlos del capote, laf exa/iiina con precaucion y 
las cnelga del cintiirôn. Sale de la casucl/a, y el Sanicro le cor ta el paso, liri- 
iando de mie do.) 

S.vNTERo. ;Caballero, unn limosna'... 

jTenga, por Dios, caridadl... 

;Siento hambre y srento frîo!... 
Capit.vn' (Ddndole una moneda y iocdndole la inano): 

jlnfeliz! jhelado esta!... 

Ti'remc usted de esta manga, 

mi capote voile a dar: 

yo soy joven y soy fucite... 



(El Capitdn se vuelve de espaldas al iiiendigo y este le tira de la manga 
con la mano izquicrda, niieniras con la derecha saca una naraja, la abre con 
los dientes, y al asesiarle nu golpe alevoso, aparece por el prêt il el Pregovero 
delà ifitrodnccion, griiando y tocando la campanilla. — Ensayar viucho esta 
esceiia: que le tire primera de una manga, y luego de la ofra; que el hermano 
del Pecado Mortal este' vie n do al asesino, y al llevarse e'ste la uavaja a los 



20 JACINTO O. PICÔN 



diciiles, lance aquél el pregJn y saïga f liera. — Si no liay précision tto hay 
verdad) ( ' }. 

Pregonero. «Para el Pecado Mortal.» 
Santero (Cayendo de rodillas): 

(jOh perdôn, perdôn, Dios rrn'o!...) 
Pregonero. «jUna limosna quién da?» 

(Desaparece par cl lado opuesio.) 
Capitân (Volvie'ndose sorprendido): 

çOué es eso? 
Santero. Nada, un desmayo... 

Capitân. Acahdndose de qui tar el capote y ponioidosclo al iiiendigo): 

jPobre! ;la deliilidad!... 

(Vase por delante de la. taherna.) 
Santero. jEs un anuncio divino!... 

jlluyamos, liuyâmos!... 

(Se dirige al fonda.) 
(Grito agudo.) ;Ah! 

(Voz sofocada.) jSocoiTf)! ifavor!... jine matan!... 

(El Ciego escondido, le sale al enaieniro iras de la esqiiina y la mata de- 
baj'o de la Virgen.) 

Pregonero (Lejos): 

«Para cl Pecado Mortal.» 
Corregidor (Acndicndo): 

jPronto! jAquî los alguaciles! 
Pregonero. «;Una limosna quién dar...» 

(Salen alguaciles cou faroles y examinan cl viiterlo. Damas v caballeros a 
los balcones del palacio pregtintando a grandes voces: 

;Oué es eso? ^Ouc es eso? 
Corregidor. jNo es nada! [Un soldado muerto! 
iPuedc el baile continuar! 



( ■ ) Conservo las acotacionrs del autor. 



PROHIBICIÔN DE PAN Y TOROS 2/ 

Con esta situaciôn tan draniatica y tan verosîmil, por lo ha- 
bilmente preparacla, termina el acto. Y por cierto que esa frase 
de cruel indifcrencia: 

No es nada. Un soldado muerto. 
Puede el baile continunr, 

ha tomado carta de naturaleza en el lenguaje vulgar, y hoy se 
emplea para expresar el criminal desprecio con que a veces se 
mira el atropello de la Moral o del Derecho. 

Al comenzar el tercer acto, algunas damas y el Abate lamen- 
tan, en un salon del palacio de la Princesa, la resolucion que esta 
ha tomado de entrar aquel mismo dia en un convento, por su- 
]:)Oner muerto al Capitân, del cual nada se ha sabido desde que 
partie) en busca de Jovellanos. Ya estân sus amigas vistiendo a 
la hermosa dama las galas con que ha de ir al claustro. La Ti- 
rana y el Abate comentan luego el caso tristemente. 



Tirana. En su palacio se ve 

perseguida y arrestada 

V presos estân también 

niiestros partidarios todos; 

ya Jovellanos tal vez 

se ha embarcado para Rusia, 

pues nada se sabe de cl 

ni del Capitân tampoco; 

y, en fin, recuerda que al pie 

de la Casa de los Duendes... 

Abat . jRosario! 

Tirana. Muerte cruel 

dieron a un hombre la noche 
en que el Capitân se fué... 
y han enterrado el cadaver 
sin poderle nadie ver. 



28 JACINTO O. PICÔN 



La Princesa antes que todo, 
no es pf)lîtica, es mujer; 
puecle estar enamorada, 
y muerto puede estar él. 



Poco después Goya, a quicn se ha clejado libre j^ara que pinte 
los retratos de los Reyes, entra cautelosamente embozado por 
una puerta sécréta y hace entrar luego al vénérable D. Gaspar 
de Jovellanos, también embozado, el cual en seguida, en un brc- 
vîsimo diâlogo con la Princesa, consigue que esta aplace su pro- 
fesiôn religiosa durante veinticuatro horas, por si el Capitan vive 
todavia. La Princesa oculta en su câmara a D. Gaspar, y entra 
la Tudo, que, con prétexte de despedirse de ella, viene a gozarse 
en su dolor. Al enterarse de que ha aplazado la profesiôn, pré- 
tende obligarla a firniar la renuncia del cargo de dama de la 
Reina: la Princesa se niega, y entonces la l'udô va al foro y con 
el paiïuelo hace sérias al Corregidor y al General, cpie espera- 
ban cerca. 

Corregidor. ^Ouc ha ocurrido? 

Pépita. Que no existe 

de vencerla medio humano. 
General. Uno a las manos nos viene. 

A las puertas del palacio 

los padres del monasterio, 

fundaciôn de antepasados 

de la senora Princesa, 

reclaman con celo santo 

entrar para prepararla 

a su religioso estado. 
Corregidor. Que pasen. 
Pépita. Quizi le venzan. 

Corregidor. Si no, yo sabré lograrlo. 

Entran los religiosos; pero la comunidad no es de verdadcros 
frailes: es un numeroso grupo de toreros y manolos distrazados 



PROHIBICION DE ^.^^V F lOROS 



29 



de capuchinos y armados bajo )os hâbitos; entre ellos Costillares, 
Pcpe Hillo y Romero, que, capltaneados por el Abate haciendo 
(le ]:)adre IVior, vienen resueltos a evitar que la dama se meta 
miinja contra su voluntad. Asi le demuestran su gratitud por ha- 
her ido a pedir al Rey el indulto del soldado. 

Conio ella ha accedido a dar el plazo a Jovellanos, el Abate y 
los flngidos frailes declaran al Corregidor y a dona Pépita que 
no han logrado persuadirla de que profese aquel mismo dia; y 
cntonces el Corregidor, deseoso de obligarla, vuelve seguido de 
sus alguaciles, uno de los cuales trae un cesto, y dirigicndose a 
la Princesa dice: 



"cRREGiDOR. Seîiora: 

habii'ndose comctido 
un horrible ;isesinato 
junto al prelil fronterizo 
a !a Casa de hs D /tendes, 
fugândose cl asesino; 
no habiendo nadie hasta aliora 
el cadâver conocido; 
recordandola Justicia 
que alli mismo, en aquel sitio, 
Vuecencia y otras personas 
fueron por mî sorprendidos 
alyunos momentoà antes 
de consumarse el delito; 
para excusar a Vuecencia 
de ver el cadâver mismo, 
en nombre del Rey, seîiora, 
la presento los vestidos 
encontrados eu la vîctima 
y en su propia sangre tintos. 
A ver si Vuecencia sabe 
a quién ha pertenecido 
un capote militar 
con venera y distintivos 
del regimiento que manda 
Vuecencia cual jefe digno. 



30 JACINTO O. PICÔN" 



Cuatro punaladas tiene. 

Mire Vuecencia. 
(Abriendo cl cesto y inostraitdo el capote ensatigreritado} . 
PsiNCESA. jDios mîo! 

;del capital! Peiiaranda!... 

jQue el cielo me preste auxilio! 



Consterna'Ia y vencida, resiielve profesar inmediatamenle; 
mas en el momento de ordenar que el cortejo se ponga en mar- 
cha suena fuera la voz del Capitân, repitiendo la frase cantada 
cuando ella en la Casa de los Duenâes le puso el escapulario ;d 
pecho. Claro que renuncia a ser monja, y en vano sus enemigos 
pretenden obligarla. 



CoRRiîGiDOR. Despiiés de ser sorprendida 
en un lupanar nefando, 
cual la Casa de los Duendes, 
quedô su honor empanado. 
Volver no puede a la corte, 
' ni puede entrar en palacio. 
No la queda otro recurso 
que ir a encerrarse en un claustro. 

Capitân. Eso jamâs, que aun aliento. 

Priscesa. ;E1 Capitân!,.. ;Me hc salvadol... 
Oh, caballcro, aimas viles 
aquf me estin calumniando. 
Dicen que su honor amen-^iia 
una dama de mi rango 
(|ue en la Casa de los Duendes 
sorprendieron con escândalo. 
Usted, que conmigo estuvo, 
defenderâ mi rccato. 
^Mejuzga bastante honrada 
para hacer siiya mi mano? 

Cai'itân'. iDébo a usted mâs (|iie la vida! 

( Tomdndoselas de rodillas). 
;C6mo pagarla? 

Pkincksa. Aceptando. 



pROHimcio-v DE p.-iy- y toros 



31 



Capitâx. ;Y que, para tanta honra, 

hizo este pobre soldado? 
Princesa. Vaya a decir a la Reina (A Pépita) 

que asî las calumnias mato. 
Pépita. Ks.que el Capitàn no puede 

aceptar, sin propio escainio, 

y usted oculto allî mismo 

tiene otro amante en su cuarto. 
Princesa. Jesùs! 

(Corn'endo a poncrse ddanlc de la pite/ia). 
Capit.vx. ;En nombre d« 1 cielo, 

déjeme usted libre el paso! 
Pkincesa. Imposible (jAmor y patria 

juntos 1ns pierdo o los salvo!...") 
Capitâx. Es que su honor, que es el mio, 

ha de estar como el sol claro! 
Prinxesa. Inocente soy (Con altivez). 
Capitâ.n. Lo creo; 

pero al mundo hay que proijarlo. 
Princesa. No puedo. 

Capitân. jAbra usted, scnora! 

Princesa. Jamâs! 

Capit.\.\. ;Por que me he saK'ador 

CoRREGiDOR. jRasta ya! Por la justicia 

a Vueccncia la reclamo, 

acusada como complice 

de un horrendo asesinato. 

jCorchetes, aseguradla! 
Capit.\n (Sacando dos pistolas): 

\\\ que se mueva le al^raso!... 
C0RREGIDOR. ;La «îuardia! 
Abate. jFuera mantcos! 

Los toreros y los manolos arrojan los habitos frailunos y sa- 
cando las armas amcnazan al Corregidor y sus parciales. V-n 
niedio del barullo y la confusion llegan la Tirana y Goya, este 
con un papel en la nuino, diciendo: 



Goya. La Gaceta cxtraordinaria 

con la paz que se ha fiimado. 



JACINIO O. PICON 



El Rcy nombra sus ministros 
a Saavedra y Jovellanos. 

CoKREGiDOR. [Cou alcgna): 

;Va se cmbarco para Riisia!... 

Goya. jDon Gaspar no se ha embarcado! 

Princesa (SiiccJiido/c de la inaiio : 

;Salu(l al sabio mini-itro 
(Ion Gaspar de Jovellanos! 

ToDOS. iViva!... 

JovEi-i A.Nos. ;E1 Rcyl... 

Capitân. ;Pcrd6n, senora! 

Prixcesa. No a mis i)ies, sino en mis l)razo?. 



JovEi.i.AXos. jllijos mlub!, de entre eseoini)ros 
la Patria hay que levantar; 
todos me habéis de ayudar, 
que son débiles mis hombros. 
No basta un ilustre nombre, 
ni el poder de la palabra; 
vuestra dicha no se labra 
con la voiuntad de un hombre. 
Guando el mal de un vasto imperio 
es tan grave y tan profuiulo, 
solo hay remedio fecundo 
con el dolor del cauterio. 
Espana respira apenas. 
^Sabéis cômo se levanla? 
Lavando ignominia tanta 
con la sangre de sus venas. 
llov la paz iio me contrista; 
el dîa que ese caii jn 
nos anuncie una invasion 

V una guerra de conquista. 
cada espaiïol, buen soldado, 
lavarâ su propio ultraje 
con heroîsmo salvaje 

V Espaiia se habrâ salvailo. 
Gapitân. ;C6mo la guerra soporta 

sin cjército cntusia-^ta 
ni jefes? 



PROHIBICIÔN DE PA.V Y TOROS 33 

JovEi.LAMOS. Los tient". Basta 

el î;r;iu gênerai /A'i? importai 
Ocho siglos con los moros 
SLipo luchar y vencer 
la Espana que hoy llegô a ser 
el pueblo de Pan y Toi os. 
Dios a los buenos cristianos 
no abandona en su amargura. 
El nos salvarii... os lo jura 
don Gaspar de Jovellanos. 
(Jue ya es la distancia cort.i, 
vertiendo sangre y tesoros, 
de! pueblo de Pan y Toros 
a la Espana del No importa. 

Tal es la zarzuela que, aun despojada de la belli'sima partitura 
escrita por el insigne maestro Barbieri, pudiera ser, suprimidos 
los cantables y modificando algunas escenas, una comedia llena 
de vida, de interés, de carâcter de época y altamente dramatica, 
Cuando se estrenô, la critica teatral estaba reducida a mezquinos 
sueltos y gacetillas vulgares: nadie hizo verdadero estudio de 
las bellezas y errores que contiene; pero mereciô grandes elo- 
gios de los literatos mas ilustres. Vo conservo — por ejemplo — 
un sobre, ya amarilleado por el tiempo, con unas lineas de 
mano de mi tîo José Picôn, que dicen asi: 

«Carta de Ventura de la \"ega, escrita el mismo ano de su 
niuerte a su hijo Ricardo, hablândole, entre otras cosas, de mi 
zarzuela Pan y Toros->. Y la carta, de la cual no suprimo casi 
nada, porque la misma intimidad de que aparece rodeado da 
valor al juicio de la obra, es la siguiente: 

«Fonda del \'apor, Alicante, lo de Febrero. 

>En este momento recibo tu carta de ayer, Ricardo mio, 
con tanto gusto que si tu lo comprendieras me escribirias 
a menudo. iloy por la mafiana habrâs recibido la cesta con 
naranjas y dâtiles, y 3 pares de calcetines, que llevô ayer Lopez, 
y una carta que le di a la mano. El me trajo el chocolaté, y 

Fe^ut Hitp»HUiut. — P. 3 



34 



JACINTO O. PICON^ 



como no me habfa visto desde el dia que vinimos, se quedo 
admirado de lo variado que me hallô. Realmente he mejorado 
bastante: solo la pîcara voz no quiere tomar sonido. Sin em- 
bargo, hace dos dîas que se me figura ha adquirido algûn tim- 
bre por las maiîanas. Veremos si siguc. No dudo que Ochoa y 
Félix Romero estarân muy dispuestos a ascenderte, y creo que 
lo harân pronto. 

»He leido Pan y J'oros\ y te declaro que me ha gustado 
mucho. Como forma, es decir, diâlogo y versificaciôn, es cosa 
excelente. Como fondo, el cuadro del acto primero es maestro, 
lleno de gracia y con un colorido de la época que se esta vi- 
viendo en ella: es un cuadro de Goya. En el segundo acto, la 
situaciôn ûltima del asesinato, con el pregon del Pecado Mortal, 
es eminentemente dramâtica, digna de Victor Hugo. Buen libro; 
no se escribe mucho asî. — El dfa 6 de este mes de Febrero 
cumple el trimestre de nuestra casa. El casero déjà siempre pasar 
unos dias antes de enviarme el recibo; el cual lo sube la portera. 
Pregûntale si se lo ha dado el casero, y si no, dile que lo puede 
enviar cuando quiera, y cuando la Isidora te diga lo tiene, le 
pones una esquela a D. Eduardo Hidalgo y se la envîas con 
Francisco a Gobernaciôn, de cuyoAIinisterio es auxiliar, diciéndo- 
le qiie tenga la- bondad de llevarte el importe del trimestre, que 
es 2.250 reaies. Yale he escrito yo para que, asî que tu le avises, 
te lo lleve con un recibo, que le firmarâs. Le entregas la suma a 
la Isidora, y el recibo del casero lo guardas donde te parezca. 
Hasta nianana, que espéra la carta ofrecida 

TU Papà.> 

Tal cra la opinion del insigne autor de La miierfe de Césa)\ 
cuyo buen gusto resplandece en todas sus obras y la cual ad- 
quiere mayor relieve por manifestarse en el seno de la mas com- 
pléta confianza. 

Ni cuando se estrenô Pan y Toros en 1864, ni mientras siguio 
rejiresentandose en 1865 y 66 hubo cjuien viese en esta obra el 



PROHIKICION DE PAN Y TOROS 



35 



nienor motivo para prohibirla: habîa sido aprobada por la previa 
censura, entonces bien severa, y no contenîa nada atentatorio 
contra las instituciones del Estado, ni contra la moral ni las bue- 
nas costumbres. Pero los acontecimientos poHticos, la lucha enr 
tablada entre todos los partidos libérales y la dinastîa habian 
hecho perder la cabeza a aquellos funestos consejeros que Isa- 
bel II tuvo en las postrimerias de su reinado. A partir del alza- 
niiento militar y popular del 22 de Junio de 1866, tras el cual 
los vencidos fueron fusilados a docenas, la Reina y sus ministres 
entraron en ese perîodo de violencias e insensateces que come- 
tcn los monarcas y sus camarillas cuando, habiéndose hecho 
aborrecibles, tienen miedo de todo. Y una de aquéllas insensate- 
ces fue la prohibicion de Pan y Toros^ obra dramâtica donde 
queda mal parada la corte del débil Carlos IV, pero en la cual 
no hay la menor alusion a la corte de Isabel II, ni el mas levé 
ataque a la majestad real. 

En La Granja, durante el verano de 1867, la misma Reina 
mostrô su desagrado por el hecho de que las bandas de los re- 
gimientos, al entrar de guardia en Palacio, tocaban la marcha de 
los manolos, chisperos y toreros en el primer acto, marcha que 
se habia popularizado extraordinariamente por la preciosa mû- 
sica de Barbieri; pero cuyas palabras 

Espaiia lia de ser libre, 
libre Castilla, 

no eran causa para considerarla como himno revolucionario. 
Bastô, sin embargo, el enojo puéril de la Soberana para que al 
otorïo siguiente se prohibiese la zarzuela, en ninguna de cuyas 
representaciones se habîa lanzado un grito subversivo ni promo- 
vido el menor incidente de carâcter polîtico. 

La lésion de sus intereses que esto suponîa importé muy 
poco a José Ficon, el cual, antes por virtud de su propia îndole 
que por alardear de poeta, profesaba gran desprecio al dinero; 
en cambio, el atropello de su derecho le produjo imprcsion nluy 



30 JACINTO O. PICÔN 



honda. l'or otra parte, era muy libéral y, mâs que libéral, inca- 
paz de transigir con la arbitrariedad ni someterse a la injusticia. 
Pensô que lo hecho con él pudiera hacerse después con otros 
autores, y se considero obligado a emplear, hasta apurarlos, cuan- 
tos medios le sugiriese la razon y le reconociese la ley para que 
se revocase la orden. 

La empresa del teatro, desde un principio, temerosa de atraer- 
se la animosidad de las autoridades, se negô a ayudarle, y sus 
visitas al Gobernador y a varies Ministres fueron inutiles. En es- 
tas andanzas estaba cuando por cierta gran senora de la nobleza, 
cuyo titulo no recuerdo, supo que quien mandô que las bandas 
militares no tocasen mûsica de Pan y Toros en La Granja fue 
la misma dona Isabel, y resolviô ir a verla, pidiendo a su colabo- 
rador e întinio amigo Barbieri que fuese conél, pues se trataba 
de defender cl derecho de ambos; pero el insigne compositor, 
mas experimentado, y quizâ para no malquistarse con Palacio, 
no tomo la cosa tan a pecho, diciéndole, segûn escuchc referir 
muchas veces a mi tîo: 

— La Reina te recibirâ muy amable... y hasta te gastarâ algu- 
na broma; pero no conseguirâs nada: yo no voy. 

Pidiô la audiencia, se le concediô, fue solo y la Reina le reci- 
bio bien, escuchandole afablemente. A los pocos minutos entro 
en la câmara el Rey consorte D. Francisco de Asis, y doiia Isa- 
bel, dirigiéndose a él, dijo: 

— Mira, mira; es el autor de Pan y Toros; crée que yo he 
mandado que prohiban su zarzuela y quiere que levanten la 
prohibiciôn. 

Y sonriendo anadio burlonamente: 
— jComo si yo me metiera en esas cosas de los teatros! 
Entonces José Picôn, que, siempre con la mayor cortesfa, era 
capaz de decirle una verdad al lucero del alba, rejouso: 

— Pues Vuestra Majestad fue (juien diô orden en La Granja, 
el verano pasado, de que las bandas militares no tocasen la mar- 
cha del acto primero. 



PROHIBICION DE P.4X Y TOROS 3/ 

— ^-Como lo sabes? 

— Porque me lo ha contaclo una dama de Vuestra Majestad. 

— ;Cuâl de ellas? 

— Si yo fuera capaz de cometer la indignidad de deciros su 
nombre, no mereceri'a que me hicierais la honra de escucharme. 

El Rey D. Francisco, sin duda deseoso de abreviar la entre- 
vista V de que se fuese presto el poeta, le dijo: 

— Lo que tienes que hacer es hablar con el Présidente del 
Consejo de Ministres. 

— Senor — repuso José Picôn muy naturaimente; — yo no hablo 
con Gonzalez Bravo, que es una calamidad nacional. 

— <;Qué dices? Un hombre que ha comenzado su carrera como 
tu, siendo escritor... 

— Como yo, no; él comenzô diciendo que el bello idéal de la 
tusticia es ahorcar a un ministro, e insultando de la manera mas 
jerrible a la Reina Cristina, la augusta suegra de X'^uestra Ma- 
jestad, Ademas, si la prohibicion ha partido de Su Majestad la 
Reina, ,3qué va a hacer el Présidente del Consejo? 

Solo conociendo la mezcla de serenidad y resoluciôn que le 
hacîa capaz de la mayor audacia, cuando creia tener razôn, puede 
apreciarse la entereza de aquellas frases, a las cuales el Rey no 
contestô. La Reina, comprendiendo cuân impropio de su jerar- 
quîa era negar, le dijo con la sencillez que usaba cuando querîa 
hacerse simpâtica: 

— Pues si, es verdad; yo mandé prohibir esa zarzuela. \'ete 
tranquilo: ya se lo que tengo que hacer. Eres muy atrevido; pero 
si alguna vez me necesitas, no dudes en venir a mî. 

— Seiîora, en mi modesta obra no se ataca a la corona, ni a 
la real familia, ni se ofende a la moral, ni digo nada que no 
liayan dicho antes autores tan respetados como el Conde de To- 
reno y D. Modesto Lafuente. En fin, lo que yo quiero es dejar 
a salvo el principio de que, autorizada una obra por la censura, 
como lo fue la mîa, nadie puede faltar a la ley vulnerando el 
derecho del autor. 



38 JACINTO O. PICÔN 



— Pues ya te he dicho (jue se levantarâ la prohihiciôn: yo te 
lo proiueto — anadiô dona Isabel. 

— ^Palabra real? — se arriesgo 61 a preguntar. 

— Palabra real: y repito que ères muy atrevido. 

El poeta besô la mano a los Reyes, y como, a pesar de su. 
osadîa, era crédulo como un nino, saliô gozoso de Palacio, con 
la seguridad de que se le haria justicia. Desde el regio alcâzar 
fue a casa de Barblerl, quien, después de escuchar su relato, le 
dijo: 

— No te forjes ilusiones: buenas palabras, si: mas ya verâs 
como la obra no se hace... hasta que se vaya la Senora. 

Por entonces, Enero de 1868, nadie dudaba ya del triunfo de 
la Revoluciôn. 

Durante algunos dias la entrevista del autor dramâtico con 
los Reyes fue objeto de las conversaciones de todo Madrid: ellos 
contaron el diâlogo a los palaciegos de su intimidacl, sln omitir 
nada, y doiïa Isabel, que, a semejanza de su padre, se regocijaba 
comentando los juicios desfavorables a sus ministros, repitiô, 
entre bromas y burlas, lo que el poeta habîa dicho de Gonzalez 
Bravo. 

Luego pasaron dias, semanas, y resultô que Barbieri tenîa ra- 
zon: el insigne mûsico no se cansaba de decir a su compaîïero: 

— ^Ves por que no quise ir contigo? Para que no se burlaran 
de ml como se han burlado de ti. 

Entonces José Picon escribirj a la Reina la carta que a conti- 
nuaciôn insertamos, y ahora se publica por primera vez, envia n- 
dosela, no por medio de la secretaria particular de S. M., ni de 
la mayordomîa mayor de Palacio, sino por el correo interior, 
con su sello eorrespondiente, bajo un sobre que decia: 

«A S. M. la Reina 

doîia Isabel Segunda, 

Palacio Real, 

Plaza de Oriente. > 



I 



PR()HIH1CU')N DE PAX V TOROS 39 

Grande fuc la sorpresa de los palaciegos al recibir una carta 
para la Reina por el correo interior. El jefe de Palacio se la llevô 
a la Soberana diciendo: 

— No me he atrevido a abrirla. En tantos anos conio hace que 
sirvo a Vuestra Majestad, es la primera vez que veo esto. 

Dona Isabel rasgô el sobre, le ordeno que la leyera y, a juz- 
gar por lo que sucediô luego, no hallô en sus faciles y enérgi- 
cas redondillas desacato ni ofensa. Dice asi: 

Senora: 

No hace todavi'a un mes 
que, tranquilo en mi conciencia, 
justicia, si no clemencia, 
fuî a implorar a vuestros pies. 

Justicia y no para mf, 
que soy hombre y que soy fuerte, 
y la mâs contraria suerte 
con mi trabajo vencî. 

Para mi familia triste, 
a quien hoy se la condena 
a sufrir la injusta pena 
de un pecado que no existe. 

Vuestra Magestad, al ver 
que mi aima estaba en un hilo, 
me respondiô: « Ve tranquilo 
que yo se lo que he de Jiacer*. 

Y despidiôme de alli, 
diciéndome en profecîa: 
«.9/ ie hago falta algûn dia, 
s in dudarlo ven a mt». 

Pues bien: mis penas son tantas, 
tanto vienen a estrecharme, 
que no os enojéis de hallarme 
otra vez a vuestras plantas. 

Aqui, donde aquel que empieza 
las letras a calttvar, 
antes debe comenzar 
a hacer voto de pobreza; 



40 JACINTO O. PICON 



en donde el teatro hispano 
vive, con llanto en los ojos, 
de los mîseros despojos 
del coliseo italiano; 

donde no acude mas ffcnte 
a ver castellana obra 
que la gente que le sobra 
al regio salon de Oriente: 

porque en él brillan los soles 
de la nobleza y el tono, 
V se juzgan de mal tono 
los teatros espanoles; 

aunque aquî y en todas partes, 
barômetro intelectual 
de la cultura social 
son las letras y las artes; 

aquî en Espaiïa, Seîïora, 
donde no hay mas privilegio 
que para el Teatro Regio 
que a sus hermanos dévora; 

donde tanto nos al^ruma 
el desdén del poderoso, 
que llega a ser milagroso 
lograr vivir con la pluma; 

donde conquisté un andrajo 
de una sociedad ingrata. 
a un padre se le arrebata 
el fruto de su trabajo. 

En él estân los tesoros 
que cuento para vivir, 
y es condenarme a morir 
prohibirme Pan y Toros. 

A vos, Senora, y al Rey 
probe que esta protegida 
mi zarzuela y garantida 
por la censura y la ley. 

Y que apoyo mâs sereno 
halla en la Historia elecuente 
de don Modesto Lafuente 
y del Conde de Toreno. 



PROHIBICIÔN DE /'•-«.V 1' TOROS 4I 



De vuestros labios, Scnorn, 
supc toda la veidad: 
que era Vuestra Majestad 
de la prohibiciôn autora. 

Y yo venero a los Reyes; 
pero en la présente Espana, 
del palacio a la cabana 
el tribunal son las leyes. 

Tan despôtico atribulo 
solo con mengua lo viéramos 
si, por desgracia, estuviéramos 
en un reinado absoluto. 

Hoy, si vuestra jerarquîa 
fuera comûn y vulgar, 
lu) me podriais privât 
de mi zarzuela ni un dîa. 

Vuestro rango solo pu do 
de lo que es mîo privarme: 
a vos toca repararme 
y a vuestras plantas acudo. 

Justicia, Sefiora, os pido: 
levantad la prohibiciôn 
y dadme indemnizaciôn 
de los dafios que hesufiido, 

Madré sois; tened en cuenta 
que al pobre nada le sobra. 
y que perdî con mi obra 
un capital y una renta. 

De importunos el enjambre 
aumentaré, aunque os aflija, 
porque a mi esposa y a mi hija 
condenâis a morir de hambre. 

Pensad que de vos, clémente, 
no dudo ni aun por asomo, 
y que riego el pan que como 
con el sudor de mi frente. 

Seiiora: crece mi mal, 
pero tengo todavîa 
la solemne garantîa 
de vuestra palabra real. 



42 JACINTO O. PICONr 



Y juzgo mi razon tanla 
y tan fuerte mi derecho, 
que no caben en mi pecho, 
ni la voz en mi garganta. 

Si vuestxTOS augustos labios 
me acusan de descortés. 
aquî estoy, a vuestros pies, 
para reparar agravios. 

Que al noble y gran corazôn 
de la Reina y la Senora 
hizo siempre y hace ahoivi 
justicia 

José Picôn. 



El dfa en que echô la carta al correo, sus parientes y los dos 
o très amigos enterados de el!o le aconsejaron que no durmiese 
aquella noche en su casa ni asistiese al teatro, temerosos de que 
fuera preso, si no a instigacion de la misma Reina, por iniciativa 
de quien quisiera adularla; lo cual nada hubiese tenido de ex- 
traordinario, pues era precisamente la época triste de nuestra 
historia contemporanea durante la cual las maldades, abusos y 
atropellos cometidos por los iiltimos gobiernos de Isabel II solo 
podrian compararse a los perpetrados en Francia por los polîticos 
de la Restauracion en tiempo de Carlos X. 

Afortunadamente, ya fuera porque a la Reina le cayesen en 
gracia los versos, porque el poeta era tan simpâtico como a los 
libérales a los mismos gobernantes, o porque éstos tuvieron cosas 
mas graves en que pensar, nadie Je molestô: bien es verdad que 
é! se abstuvo discretamente de dar publicidad a la carta, la cual 
fue conocida solo de muy pocas personas, 

Habfan transcurrido muchos dîas y arreciaban las burlas con 
que Barbieri se complacia en molestarle, cuando una maiîana se 
présente en casa de José Picôn un alto empleado de Palacio 11e- 
vândole, de parte de la Reina, una cantidad importante de dine- 
ro (recuerdo haber oido a mis padres y a mi propio tio que dos 



PROHIBtCrÔN DE PAN Y TOROS 43. 

o très mil duros) y un papel redactado para que lo firmase, de- 
clarando haber recibido la cantidad expresada en concepto de 
donativo, y sin hablar palabra de la prohibici(3n de la obra. 

José Picôn dijo lisa y llanamente al emisario: 

— Exprese usted mi profundo agradecimiento a S. M.; pero 
como no he solicitado tal donativo, no puedo aceptar ese dine- 
ro ni firmar ese recibo. Lo que yo pido a S. M. es que se permi- 
tan las representaciones de mi zarzuela, la cual no ha podido 
prohibirse sino faltando a las leyes; y c{ue luego, teniendo en 
cuenta lo que la obra venia produciendo, se haga por peritos el 
calculo aproximado y prudente de lo que el autor de la mûsica 
V yo hemos dejado de ganar, y se nos indemnice. 

Inutiles fueron cuantos argumentes le hizo el funcionario pa- 
latine para.convencerle de que la Reina no podia reconocer de 
aquel modo que ella era la autora de la prohibiciôn. 

Nunca supo el poeta a quién se diô luego el encargo de re- 
solver el conflicto; pcro la semana siguiente recibio aviso, para 
que nombrase un autor dramatico de su confianza, el cual habria 
de reunirse con otro designado por la tesoreria de Palacio, a fin 
de examinar juntos los libros de la contadurîa del teatro y hacer 
el calculo de lo que el libretista y el mûsico debieran recibir 
como indemnizaciôn de danos y perjuicios; y al mismo tiempo- 
se le asegurô que la prohibiciôn séria levantada. Nombrô mi tto 
como représentante suyo a Luis de Eguilaz; el designado por 
Palacio, aunque no puedo afirmarlo, creo que fué Luis Mariano 
de Larra, y ambos, después de intbrmarse del numéro de repre- 
sentaciones dadas de Pau y Toros y calculando las que hubie- 
ran podido darse aûn en Madrid y provincias, pero teniendo 
también en cuenta el estar ya algo gastada la obra, resolvieron 
que cada uno de los autores debia percibir treinta mil reaies. 
Esta fue la cantidad que ambos cobraron; y claro es que el in- 
signe Barbieri no volviô a burlarse de las gestiones de su 
amigo. 

El origen verdadero de la prohibiciôn nunca llegô a ponerse 



44 JACINTO O. PICON 



en claro: los ataques o censuras, bien sobrias por cierto, a Car- 
los IV^ que hay en la zarzuela no bastan a explicar la arbitrarie- 
dad. Solo después de la Revoluciôn hubo quien indicase que la 
causa pudo arrancar de algo que José Picôn tenîa olvidado o 
que, en su noble hombrîa de bien, no se atreviô a relacionar con 
aquella injusta medida. 

Ello fue que en 1862 habia 61 estrenado, con gran éxito, una 
comedia de costunibres madrilenas, titulada La Corte de los Mi- 
Iigros, en la cual salîa un tipo repulsivo de aventurero de guante 
blanco, tan inmoral como audaz. Cuando en el teatro se leyô 
esta obra, no se sabe quién, por exceso de suspicacia, acaso 
deseando perjudicar al autor o a la empresa, tuvo o fingiô la 
sospecha de que la figura de aquel aventurero aristocratico era 
el trasunto mâs o menos modificado de cierto personaje amigo 
întimo del Rey consorte D. Francisco de Asis y cuyos noveles- 
cos antécédentes ignoraba la sociedad madrilena, pero a quien 
se atribuia grandisima influencia polîtica como miembro de 
aquella camarilla de la cual formaban parte la famosa monja de 
las llagas Sor Patrocinio, el Padre Claret y el Padre Fulgencio. 

Entonces el actor encargado de interpretar la siniestra figu- 
ra, deseando atraer hacia si la atenciôn para obtener un triun- 
fo en su carrera, se fue una noche al Teatro Real, observé de 
cerca al personaje, y cuando se estrenô La Corte de los Mi- 
lagros saliô a escena caracterizado de suerte que parecia el amigo 
del Rey. No pudo menos de observarlo gran parte del pûblico, 
hiciéronse los naturales comentarios, y aunque a la segunda re- 
presentaciôn se obligô al actor a caracterizarse de otro modo, 
la cosa se supo en todo Madrid y llegô a Palacio, donde acaso 
no faltô quien dispusiera el ânimo de la camarilla en contra del 
autor, que ni por asomo habia pensado en el misterioso amigo 
del Rey. 

Después de Pan y Tores escribiô José Picôn, entre otras obras 
de menor importancia, Gibraltar en i8ço, zarzuelita en un acto, 
inspirada en el mas vivo patriotismo y preciosamente versificada, 



PROHIBICIÔN DK PAN Y TORO'i 45 

donde como en un sueno queda Espana senora de aquella plaza; 
Palco, modistd y coche, comedia de costumbres con caractères y 
tipos de la clase média madrilena bien dibujados; y, finalmente, 
Los Holgazanes, zarzuela en très actos, cuya acciôn pasa en Ma- 
drid en 1834 y en la cual hay tipos y cuadros que retratan fiel 
y pintorescamente la época. El éxito de Los HoJgazanes no co- 
rrespondiô a las esperanzas del autor. 

Al relative fracaso de esta zarzuela contribuyô, en gran parte, 
la circunstancia de contener algûn episodio de carâcter revolu- 
cionario que disgustô al pûblico, porque precisamente la noche 
del estreno los periodicos insertaban los despachos telegrâficos 
dando cuenta de los incendios de Paris por la Commune. Eue 
una de esas coincidencias que por nadie pueden ser previstas y 
que, cuando surgen, dan al traste con la producciôn dramâtica 
mejor planeada. Pero, ademâs, desgraciadamente, la obra, aun- 
que sembrada de aciertos y rasgos felices, adolecia de innega- 
bles errores, porque estaba pensada y escrita bajo el influjo de 
una enfermedad terrible. José Picôn, que ya de tiempo atrâs 
venia hondamente aniargado por los digustos que le ocasionaba 
un pleito en defensa de los escasos bienes de su mujer, recibiô 
un golpe mortal con el mediano éxito de Los Holgazanes. En la 
j:)rimavera de 1873 se agravô el mal; su hermano y mi padre, 
que era magistrado de la Audiencia de Madrid, resolviô llevâr- 
selo, tan pronto como llegasen las vacaciones de los tribunales 
y él pudiera ausentarse, a una casa de salud de Paris, para po- 
nerlo en manos de uno de los mejores especialistas de entonces; 
pero la enfermedad avanzô con tanta rapidez, que fue preciso 
recluirle provisionalmente en el manicomio de Valladolid, donde 
falleciô el 4 de Julio de aquel mismo ano. 

No produjo en calidad ni en cantidad todo lo que sus facul- 
tades prometfan: tenîa clarîsimo entendimiento, vivo ingenio, 
gracia muy castiza, gran originalidad en la manera de expresarse 
y certero instinto dramâtico para llegar al corazôn del pûblico; 
pero la muerte abatiô el ârbol antes de que diera todo su fruto. 



46 



JACINTO O. l'ICON 



Dejô, sin embargo, la obra de indiscutible valor que ha sido 
objeto de estas li'neas, y quien escriba la historia de la zarziiela, 
género que tiene en Espana tanta importancia como en Francia 
la opéra cômica, no podrâ omitir su nombre sin ser injusto, 
Diriase que Goya y D. Ramôn de la Cruz, su pintor y su dra- 
tnâtico favoritos, le dieron para Alemorias de un estudiante y 
para Pau j' lo/'os algo, uno de su rica paleta y otro de su pi- 
cante gracia. 

Tal es la historia de la prohibiciôn de esta célèbre zarzuela, 
suceso por aquellos (lias tan apasionadamente comentado, y 
qinzâ ejemplo ûnico en nuestra historia literaria de que un autor, 
sin otra fuerza que la razôn, haya logrado el reconocimiento de 
Fu derecho, como lo consiguiô José Picôn nada menos que de 
la misma Reina, y precisamente cuando los abusos del poder 
eran tan desaforados que hicieron fâcil aquella Revoluciôn 
■de 1868, después tan calumniada aun por los mismos que me- 
draron a su sombra. 

Confieso que no he escrito estas cuartillas sin tristeza, pues 
lo narrado en ellas ha venido a recordarme cosas, presenciada^s 
casi en la nifiez, de esas que cuando acuden a la memoria llenan 
de melancoiïa el pensamiento. Sirva este episodio de nuestra 
historia contemporanea para dar idea de las arbitrariedades que 
•entonces se cometîan, y, sobre todo, para contribuir a dibujar 
el carâcter de un escritor valiente, que hablô a quien se sentaba 
en un trono el lenguaje de la verdad; casta de valor civico poco 
comûn entre poetas. 

Jacinto O. Picôn. 



LOS PRIMEROS VERSOS 
DE RU3ÉN DARÏO 



Félix Rubén Garcia Sarmiento, que con el nombre de Rubén 
Dario iba a dar tanta guerra a la poética vieja, comenzo docu- 
mente por imitar a los clâsicos, en sus mocedades de Nicaragua. 
l^os mas puros, los mas solemnes clâsicos. Leyô el Quijote y los 
Ofîcios de Ciceron a la edad en que hoy se dévora a Julio \^erne. 
Y escribîa pausados versos quien tan vertiginosamente aprendia 
la vida. Porque I^arfo anticipo la edad primaveral de los cabe- 
llos largos y los reglones cortos: a los trece, a los catorce anos 
amaba ya a la prima rubia y publicaba odas. «Mi juventud ç'fué 
juventud la mia.'i» se preguntaba mâs tarde en versos tristes. Lo 
mismo pudo decir de su nirîez. Enfant sublime como d'Annun 
zio o Victor Hugo; «poeta nino», como empezaban a llamarle 
en su tierra câiida, tenfa ya desganos de Leopardi, apartândose 
-de la mundana fiesta y fâcii ruido «a mirar cosas en el cielo, en 
el mar». Ese descubrimiento de la vida de calofrîo en calotrio, 
que es, segûn France, la historia de cada niiîez, se magnificaba 
en esta tan ardiente. Y eran asombros del aima entuniccida, y 
eran dolores absurdos del corazon precoz, y era ansiedad de co- 
nocer otros cielos, de embarcarse para la Citeres idéal de su 
Marina^ sin hallar remedio, sino el alivio que da el canto, a esa 
pena altiva y cosmopolita. Dicen que, al envejecer, toda la belle- 
za del rostro esta en los ojos; dicen que allî, para quien sabe mi- 



48 



RUBKN DARfo 



rar, se résume también todâ la vida. Nosotros pudimos adivinar 
en ellos, al conocer al poeta casi viejo, los «cielos profundos Ile- 
nos de estrellas prodigiosas», y la gracia joven de aquella Nica- 
ragua natal que él ha descrito como un Xazaret romântico. 

Apenas podemos hallar, sin embargo, una huella de estas lar- 
gas miradas en los versos del mozo exhuberante. Es una para- 
doja de toda juventud comenzar imitando y cantar con ajenas 
metâforas lo que tan trescamente ven los ojos recién abiertos. 
Los versos iniciales deDarioson tambien deplorablemente correc- 
tes. Ya escuchaba el clarîn de Hugo; pero, en sus ocios de em- 
pleado de la Biblioteca Nacional de Managua, acaparaba los to- 
mos de poesfa de la Biblioteca Rivadeneira. Y es singular — el 
mismo poeta nos subraya el contraste — que quien habia de ser 
mâs tarde convicto reo de galicismo y audacia métrica, se des- 
tetara con Fray Luis y los Argensola. «Lia sido deliberadamente 
que después, con el deseo de rejuvenecer, flexibilizar el idioma, 
he empleado maneras y construcciones de otras lenguas, giros y 
vocablos exôticos y no puramente espanoles». (Vida de Rubén 
Dario esc ri ta por él mismo. Barcelona. Casa Editorial Maucci, pa- 
ginas 46 y 47.) Un Valbuena anadirîa que fué deliberadamente 
como incurn'a en galicismos nuestro poeta. Este insurgente quiso 
conocer las reglas para violarlas. Por algo vino de paîses revolu- 
cionarios y aprendio de Martî a vivaquear con su lira al aire 
libre. Aie figuro que, a no haber emancipado la lirica de Espana, 
hubiera acabado en la piel de un mantotiero. 

Singular interés ofrecen, pues, sus cuerdos arranques juvéni- 
les. Estan los primeros versos en una revista titulada El Knsayo^ 
publicada en 1880, en mal papel, con tipos de imprenta déplo- 
rables, por mozos que tenîan probablemente, cuando mas, «la 
edad de los versos de un soneto». Xacio el poeta en 1867. jA 
los trece aiios empezaba a quejarse de que la vida fuera un des- 
tierro para el eantor! El maestro me leyô mas de una vez, ahue- 
cando la voz y sonriendo, aquellos versos. Y fue después de una 
de estas lecturas risuenamente sentimentales, porque evocaba, 



PKIMEROS VERSOS 49 



como el diria, la abolida primavera en su otono, cuando me 
obsequiô con el tomito encuadernado en que se hallaban los rari- 
simos numéros de El Ensayo^ algunos de ellos truncos, que solo 
asl pudo obtenerlos en su ûltimo viaje a Nicaragua. Y he creîdo 
que el gran pûblico, para quien nada de cuanto concierne al gran 
poeta puede ser indiferente, acogera con agrado esta edici(3n. 

No todos los versos que publicara Rubén Darîo en El Ensavo 
llevan su firma. ^Quién no ha conocido la ruborosa edad de los 
seudônimos? Los suscribe Bruno Erdia o Bernardo L U.; pero el 
mismo Rubén, como si le fuera dulce otra vez al nino viejo em- 
borronar con su firma los cuadernos, ha escrito abajo su nombre 
a vuela lâpiz. Son éstos, con los publicados en eJ diario El Ter- 
inôn/elro, los primeros versos literarios de Darîo. Porque antes 
habia sido ya coplero en su romdntica ciudad, que conservaba 
los viejos hcibitos coloniales. <^A que edad escribi mis primeros 
versos.'' — se pregunta él — {Oh. cit.^ pâgs- 19 y 20). No lo recuer- 
do precisamente; pero ello lue harto temprano. Por la puerta de 
mi casa — en las Cuatro Esquinas — pasaban las procesiones de la 
Semana Santa, una Semana Santa famosa: <Semana Santa en 
Léon y Corpus en Guatemala >; y las calles se adornaban con 
arcos de ramas verdes... Del centro de uno de los arcos, en la 
esquina de mi casa, pendia una granada dorada. Cuando pasaba 
la procesiôn del Seiior del Triunfo, cl domingo de Ramos, la 
granada se abria y caîa una lluvia de versos. Yo era el autor de 
ellos. No he podido recordar ninguno..., pero si se que eran ver- 
sos, versos brotados instintivamente. Yo nunca aprendi a hacer 
versos. Ello fue en mi orgânico, natural, nacido. Acontecia que se 
usaba entonces, y creo que aun persiste, la costumbre de im- 
})rimir y repartir, en los entierros, «epitafios» en que los deudos 
lamentan los fallecimientos, en verso por lo gênerai. Los que 
sabîan mi ritmico don llegaban a encargarme pusiese su duelo 
en estrofas.» 

Puso el ajeno duelo en estrofas antes de ponerla penapropia: 
para la dulce vocaciôn de elegia le preparaba un sino extrano. 



50 



RUBÉN DARfO 



El mundo era aûn oscuro simbolo para esa pubertacl urgente y. 
tan sensual de Ganimedes triste. Mas tarde, con «fatigas de aima 
y corazôn», pondrîa nombres de mujer a su confuso anhelo. Fero 
estas primeras quejas no fueron escarceo literario, sino ya sincè- 
res ayes de una ninez meditativa. Nadie ha hablado con mas ver- 
leniano desdén de la «literatura» que es retôrica. Si atentamen- 
te leemoslas p.iginas que siguen, resurgira, a través de las lineas 
titubeantes, esa emociôn oscura de los primeros anos, cuando 
al trepar a la rama umbrîa vemos, en la confusa somnolencia 
del nido, encresparse el ala futura. 

Ventura GarcIa Calderôn. 



DESENGANO 



Amanecîa. La lumbre 
melancôlica del sol 
doraba con su nrrebol 
de la colina la cumbre. 

Las aves sus dulces trinos 
iban alegres cantando, 
y blandamente saltando 
de rama en rama en los pinos. 

Las pal mas con sus rumores 
bello concierto formaban, 
y mil terrantes cruzaban 
por entre alfombras de flores. 

De la fuente las espumas 
se miraban blanquear, 
y en los espacios cruzar 
pdjaros de airosas plumas. 

Albo rocfo guardaba 
entre su câliz la rosa, 
y a la azucena olorosa 
céfiro blando besaba. 

Era, en fin, todo armonîa, 
e^a todo allî gi"andeza. 



sonreia naturaleza 

al contemplar aquel dfa. 

Pero del Sol asomô 
la faz pura y soberana, 
y entre celajes de grana 
la aurora se disipô; 

y derramô los fulgores 
de su lâmpara esplendente, 
dando vida a la simiente 
y fecundando las flores, 

y se ostentô en el espacio, 
grande, esbelto, majestuoso, 
cual monarca poderoso 
en su soberbio palacio; 

mas despucs, con triste vélo, 
en las brumas de Occidente 
hundiô su faz refulgente 
el Soberano del Cielo. 

Las avecillas volvieron 
a reposar en sus nidos, 
y sus cantares sentidos 
también desaparecieron. 



PRIMERUS VERSOS 5I 



Asi el amor de un poeta mas acabô la ilusiôn, 

naciô, bello, seductor, de su volcânico amor, 

y daba vida y color y la musa del dolor 

a su fantasia inquiéta; se posô en su coiazôn. 

Bruno Erdia. 



EL POETA 

En medio del eterno concierto de 1ns mundos 
se escucha del poeta su célico laûd, 
que canta en dulces trovas placeres y venturas 
y en tristes elegias y en funèbres endechas 
consagra sus canciones t.imbién al ataûd! 

El tiene pur su numen las olas de los mares, 
que su rizada espuma derraman por doquier, 
las brisas que besando las hojas de las flores 
en dulce movimiento y en blando devance 
se van en el vacîo confusas a perder! 

Los pûdicos amores de vîrgenes hermosas 
como la luna pldcida, como el naciente sol, 
que cruzan por el mundo fugaces y sonrientes 
cual bellas mariposas, cual cândidas palomas 
que embriagan con su arruUo, que matan con su voz. 

Las nubecillas de oro que en Occidente giran 
cuando se oculta, triste, tras el ocaso el Sol, 
los plâcidos murmullos de la caliada selva, 
las quejumbrosas tôrtolas que anidan en los sauces 
V cantan saludando la aurora de su amor. 

La dulce melodia que en bosque de esmeralda 
modula dulcemente la alondra en su cantar, 
cuando las tempestades disipan sus tinieblas 
y adorna los espacios con sus capuces âureos 
el iris de la dicha, que es sfmbolo de paz! 

Y el mundo a carcajadas se burla del poeta, 
y le apellida loco, démente sonador; 
y por el mundo vaga cantando solitario, 
sin suenos en la mente, sin goces en el aima, 
llorando entre el recuerdo de su perdido amor! 



S2 



KUHÉN DAKÎO 



Prosigue, triste poeta, cantando tus pesares, 
con tu céleste numen se siempre, siempre fiel; 
prosigue por el mundo llorando tus dolencias, 
hasta mirar tu nombre tal alto como el ciclo, 
jhasta mirar tu frente ceiiida de laurel! 



Leôn, Julio de 1880. 



Rubén Darîo. 



Mujer, encanto de mi aima, 
de mi amor estrella hermosa, 
gallarda como una rosa, 
«esbeltacomo una palma>. 

Escucha el triste lamento 
de mi pecho palpitante, 
oye de mi voz amante 
el melancôlico acento. 

Reina hermosa, mi canciôn 
es triste, ignorada, oscura; 
pero en ella, virgen pura, 
te envîo mi corazôn. 

Cuando aspiro de la Hor 
el embalsamdo aroma, 
entonces, dulce paloma, 
yo suspiro por tu amor. 

En el bosque, si del n'o 
siento el dulce murmurar; 



cuando miro titilar 
en las hojas el rocîo, 

deliro... graciosa, bella, 
te miro en mi fantasfa 
como el lucero del dîa, 
como la polar estrella! 

Es tanto lo que te adoro... 
lo que yo te adoro es tant<>, 
que te nombro cuando canto, 
;que te nombro cuando lloro! 

Si entre la brisa que juega 
con tu negra cabellera 
una queja planidera 
temblando a tus oidos llega, 

mîrale con compasiôn, 
no le desprecies, te pido, 
que es tristîsimo gemido 
; de mi am;inte corazôn!... 



Lcôn, Julio (ie iS8o. 



Rernardo I. U. 



NATURALEZA 



ODA DEDICADA AL DULCE VATE ROMAN MAYORGA 

Del firmamento la région vacîa 
cruza Febo entre mil reflejos suaves, 
y sus trinos las aves 
cntonan con céleste melodia. 



PRIMEROS VERSOS 



53 



Y Jillii en el horizon te, 

cabe la cima de encumbrado monte, 

do ruj^e el trueno y serpentea el rayo 

con fragor pavoroso, 

fingen las nubes un vergel hermoso, 

con pàlido desmayo. 

En la extensa pradera, 
;cùmo canta la alondra vicinglera, 
y en confusos ru m ores 
trinan también los dulces ruisenoresî 

jCômo salpica a las agrestes rosas, 
del monte la zafirea catarata 
con su espuma magnffica de plata 
en corricntes hermosas! 

Y en confusion no poca 
va saltando fugaz de roca en roca, 
y entre zarzas y brenas 
se derrumba gimiendo entre las pcîias!... 

Corren las fuentes en sus verdes cauces 
en murmuUo sonoro, 
la tôrtola su lloro 
comienza entre las ramas de los sauces! 

Ya se acerca la tarde 
y en los espacios arde 
la Jampara esplendente 
del astro refulgente 
que da existencia a las pintadas Hores, 
y su aroma y colores! 

Ved cômo pasa la paloma errante, 
llorando triste por su amor perdido 
y buscando su nido 
en alas^de la brisa murmurante. 

Ved en los bosques varios 
cômo vuelan y pasan los canarios 
entre las verdes hojas, 
donde hay ocultas amapolas rojas, 
y donde pasa el céfii'o jugando, 
y trae sus alas de perfume llenas, 
y mueve las gallardas azucenas 
que estân el dulce ambiente embalsamando. 

Por fin llega la t?rde tristemente 



54 RUBÉN DARfO 



y se hace mas callado 

el ruido de las hojas en el prado 

y el murmurar sonoro de la fuente. 

Entre nieblas de tétrica espesura 
ya se mira que avanzan silenciosas 
y adelantan aéreas, vaporosas, 
las tristes sombras de la noche oscura, 
y canta la cigarra 
entre los juncos de la verde parra!... 

Mas la luna brindando casta lumbre 
se mira aparecer tras la colina; 
y de su trono regio, 
rodeado de luceros, 
del alto monte la lejana cumbre 
blandamente ilumina, 
y su divino arpegio 
modulan en su nido los gilgueros! 

Al ledo empuje de apacible viento 
se mueven de los ârboles las hojas, 
y producen un ruido 
que embarga el sentimiento 
y hace que salgan notas de congojas 
y triste, melancôlico gemido! 

Pot eso canto, porque siento en mi aima 
inspiraciôn sombn'a al par que ardiente; 
por eso pulso mi doliente lira 
cuando escucho el rumor de oculta palma 
que llora tiernamente, 
y cl aura entre sus ramas que suspira!... 

A média noche es ya. Toda la gente 
en la ciudad dormita silenciosa, 
y espéra la maiiana, laboriosa, 
para seguir sus obras. 

Y pnsa hora tras hora, 
y alla se mira en la extension lejana 
que, cual céleste oda, 
la sonrosada aurora 
animcia la manana 
al rumor del arroyo y la cascada!... 
Y se escuchan las ondas que suspir.m, 
y se sienten las auras que so'.lozan 



PRIMEROS VKRSOS 55 



cuanclo las Hores rozan 
V entre las hojas giran!.., 

La fuente cristalina, 
que su linfa de nieve se recama, 
pasa lamiendo la extendida grama 
de la verdosa y aspera colina!.., 

A conci-eito tan suave 
une también el ave 
su celestial acento, 
y mil nubes de grana 
del monte sobre el elevado cono 
se juntan al momcnto, 
y a la bella manana 
fôrmanlc aéreo, sonrosado trono! 

El alba entre sus perlas aparece 
y derrama su llanto de rocfo 
sobre las gayas flores, 
mientra el céfiro mece 
las magnolias del n'o 
y sonriente les dice sus amores!... 

Y sale el sol en carro diamantino, , 
e ilumina los mundos 
su reflejo divino, 
que pénétra los antros mas profundos!... 

• ••••• • 

Bardos del Orbe, vuestro laùd sonoro 
pulsad al par conmigo, 
y entonemos un canto 
que llegue al trono santo 
del que hizo desde ese astro, rayos de oro, 
hasta el humilde trigo 
que entre la selvas crece 
y con sus alas el Favonio mece!... 

Rubén Darîo, 

Lcôn, Encrû i8 de 1889- 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



Revolviendo papeles en una y otra Biblioteca, he tropczado 
con algunos bastante curiosos y dignos de ver la luz pûblica, 
bien por su mucha rareza o por su mérito literario. 

Extraordinariamente raro debe ser el que publicamos en pri- 
mer lugar, pues que se trata de un impreso sin lugar ni aiio, 
pero que, a juzgar por el texto, debiô serlo en Toledo a princi- 
pios de las Comunidades y que no hemos visto citado por nadie. 
Ocûpase primero de los nuevos impuestos con que Carlos V 
abrumô al pueblo y que dieron origen a la revuelta, y termina 
con unas copias dirigidas a Juan de Padilla, el célèbre comunero 
toledano, las cuales, si no muy correctas, son a lo menos lo su- 
ficientemente verîdicas para que sean tomadas en cuenta al estu- 
diar aquellos sucesos, si bien descontando el extraordinario en- 
tusiasmo que demuestran por el caudillo. 

Ran'sima es también la Relaciôn que publicamos en segundo 
lugar, y que tampoco hemos visto citada en ningûn répertorie 
bibliogrâfico. Parecida a ella es la de La Vida de la Galera, es- 
crita por Mateo de la Brizuela y que publico el Sr. Bonilla y San 
Martin en sus Anales de la Literatnra Espanola; y si bien Bri- 
zuela era algo mejor poeta que Pedro Palomino, la Relaciôn de 
este es mâs interesante, por citarse en ella multitud de nombres, 
algunos no mencionados en nuestro Diccionario, de cosas y ob- 
jetos referentes a ias galeras y que hoy son de muy poco uso. 

Las otras dos composiciones que publicamos se conservan 
manuscritas: la primera, en la Academia de la Historia, y la se- 



CURIOSIDADES LITERARIAS 57 

gunda, en nuestra Biblioteca Nacional. El autor de aquélla crec- 
nios que ha de ser D. Pedro Vêlez de Guevara, canônigo sevi- 
llano que en 1573 publicô unas Anotaciones sobre los Tépicos de 
Ciceràn, cuya descripcion puede verse en el tomo IV del Ensa- 
yo de ima Biblioteca de H bras raros y curiosos de Gallardo. Es 
lâstima que no se conserven mds muestras del ingenio de tal es- 
critor, pues, a juzgar por la que puhlicanios, era excelente poeta 
y castizo escritor ( ' ). 

Escribiô la segunda composiciôn I-Vancisco de Santisteban, 
escritor poco menos que desconocido en nuestra literatura, a 
pesar de ser también el autor de otras cuantas coniposiciones 
que figuran en el llamado Cancionero de Najera^ reimpreso por 
Mr. Alfredo Morel-Fatio en L Espagne au XVI' et an XVIP 
siècle. Wolf, sin iundamento serio, pretcndiô identificarlo con el 
Conde de Santisteban, opinion no compartida por Mr. Morel- 
Fatio. 

Francisco de Santisteban era hijo del Comendador Cristôbal, 
escritor también y del que se conserva una rarisima obra titu- 
lada Tratado de la sucesiôn de los rcinos de jfenisale'ji y Ndpoles, 
irapreso en Zaragoza en 1503 y cuyo ûnico e incomplète ejem- 
plar se conserva en la Biblioteca de la Real Academia de la 
Lengua. 

Lo poco que sabemos de Santisteban lo conocemos por la 
Historia de Giiadalajara del Padre Pécha, en la cual leemos: «El 
Duque don Diego Hurtado de Mendoza caso ya viejo y acha- 
coso, tanto que dicen que no llegô a consumar el matrimonio, 
con la Maldonada, hija de Antonio de Proano y de dona Mari'a 
Maldonado, su mujer, y muerto el Duque del Infantado se fué a 



( ' ) El escribir dcsde Ceuta, en el continente africano, sin medios ape- 
nas, no me ha permitido encontrar mas datos relatives a este escritor y 
que creo podn'an encontrarsc en las varias obras que tratan de sevilla- 
nos ilustres. 



58 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



Valladolid, en donde caso con Francisco de Santisteban, hijo del 
Comendador Santisteban, y tuvieron dos hijos». 

También hace menciôn de eiste escritor Gonzalo Fernândez de 
Oviedo, quien, en su Respuesta a la Carta wora/ delAlmirante, 
dice: 

«'...si me preguntais por dônde me fundo para afirmar lo que 
digo, responderé que lo se muy bien por vna carta en métros 
que V. S. embio al prudente varon Francisco de Santisteban, 
estando en Valladolid en las primeras Cortes, la quai, entre otras 
muy notables, dize estas palabras: 



Justa cosa es que notemos 
lo que contino se vee, 
pues el mal que no se crée 
si bien juzgamos lo vemos; 
ningun remedio yo se 
para nuestro desconcierto, 
pues jamas no damos fe 
a lo que vemos que es cierto. 

Luego ^de que nos quejamos, 
siendo nuestros enemigos, 
pues somos buenos testigos 
de aquello en que mas erramos? 
Ningun remedio conviene 
que se busqué en esta vida, 
que la injuria recibida 
de nuestras manos nos viene. 

Assi que no esta el errar 
en no andar ojos abiertos, 
mas en querernos cegar 
yendo por caminos tuertos; 
si hablays en enmendallo, 
confessaré que es razon, 
mas no me dexa curallo 
la ciega de mi pasion. 

No hay nadi que disculparse 
sepa del mal en que estamos; 
ved lo que puede esperarse, 



que SI vos a mi venis 
poniendome mucha culpa, 
tengo por buena desculpa 
confesar lo que dezis. 

Y pienso que todos vemos 
esta vana vanidad, 
y como de la verdad 
memoria poca tenemos; 
pues si todo esto se halla 
tan claro en nuestra presencia, 
çCÔmo el remedio se calla 
conociendo la dolencia? 

Es porque fallecen buenos 
donde somos naturales, 
pues queremos nuestros maies 
por gozar de los ajenos, 
y pues que todo va assi 
como veys en nuestros grados, 
no me desculparé a mî, 
que todos somos culpados. 

Si algun predicador suena 
que sea desenfrenado, 
dizen todos ques culpado, 
pues el reyno desordena; 
y parece a prima faz, 
sin dar al seso otra vuelta, 
ques verdad, pues vemos paz 
y el mundo tan sin rebuelta. 



CURIOSIDADES LITERARIAS 59 



Mas como aqueste edificio Q^^ pues con taies heridas 

se labrô con mal cimiento, andamos tan dcscuydados, 

no verra quien descontento pensetnos nuestros pasados 

reprehende tal beneficio; si escurecen nuestras vidas; 

que siendo muy bien juzgada porque esto que padecemos 

esta vida que tcnemos, creemos que lo buscamos, 

no puede ser reposada pues nunca nos contentamos 

juzgando nuestros estremos. con aquello nue tenemos.» 

Bien poco es lo que hemos encontrado, pero como lo creemos 
interesante lo damos a conocer, no pcrdiendo la espcranza de 
allegar nuevos datos acerca de los poetas mencionados. 

Lucas DE TORRE. 



LOS CAPITULOS QUE EL REY DON CARLOS NUESTRO SE- 
NOR MANDA OUE~ANDEN POR SU REYNO DELOS DERECHOS 
DE TODAS LA~S MERCADERL\S QUE ANDAN POR SU REYNO 
QUE DEUEN DERECHOS. ES LO SIGUIENTE, DEMAS DE SUS 
ALCAUALAS Y DELOS DERECHOS QUE EL REY DON FER- 
NANDO TENIA EN SU REYNO, Y VNAS COPLAS AL MUY 
MAGNIFICO SENOR JUAN DE PADILLA, CAPITAN GENERAL. 

Lo primero de carne y pescado, de cada arrelde vn marauedi. 

Y si fueie fuera del reyno, de cada arrelde dos marauedis. 

De azeyte, de cada arroba vn marauedi. 

En el peso, por arroua cinco marauedis. 

En la cera, por cada arroba xxxiiii marauedis. 

En cada arroba de seuo cinco marauedis. 

En cada cient marauedis de venta de lana o madera dos marauedis. 

Los pahos que se h'azen o labi-an para vender o vestir, si fuere veynte 
y cuatreaeno (sic), vn ducado de derecho. 

Si fuere veynte y doseno o veynteno, por cada pano ciento y setenta 
y siete y medio. 

Si fuere deziocheno, o deziseyseno o quatorceno, nouenta y très mara- 
uedis y medio. 

De cada pieza de cordellate, al respeto. 

De cada pieza de frisa, dos reaies. 



I 



6o 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



De cada pieza de sayal, veynte marauedis. 

De cada pieza de xerga, diez marauedis. 

De cada vara de lienzo deigado, dos marauedis. 

De cada vara de lienzo tiradizo, dos marauedis. 

De cada vara de estopa, vna blanca. 

De algodon, al respeto de su valor de cada vara. 

Cncros. 

De cada cordouan, vn marauedi. 
De cada badana, vna blanca. 
De cada cuero v^cuno, cinco marauedis. 

De todas las mercaderias destas que fueren fuera del rej'no, les dere 
chos doblados. 

Hiero (sic) v azero, 

Del quintal del hierro por labrar, x marauedis. 
Del quintal labrado de hierro, xx marauedis. 
De cada quintal de azero labrado, xl marauedis. 
Lo que salière del reyno, doblados los derechos. 

De las mercaderias que se sacaii fuera del reyno. 

De cada saca de lana labrada o por labrar, vna dobla. 

De cada tonel de azeyte, vna dobla. 

De cada tonel bastardo, vn florin. 

De cada tonel de vino o vinagre, medio florin. 

De cada carga de pescado, vn real. 

De cada quintal de almendras, vn real. 

De todo cl pescado que salière del reyno, dos reaies por quintal. 

De cada barril de anchouas o sardinas, cinco marauedis. 

De otras mercaderias que salen del reyno, que no se escriucn, que no- 
.se alcançan a très marauedis con cada cient marauedis de venta. 

De las mercaderias que se traen a vender al reyno de qualquier ma- 
nera, vn marauedi de cada ciento. 

De todas ventas que pasaren en el reyno en heredades o truecos, o de 
otra manera, de cada ciento vn marauedi de derecho. 

De los ganados que salert del Reyno o se vciiden en el. 

De cada cabeça mayor de lo vacuno. vn real. 
De cada cabcça mcnor, cinco marauedis. 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



6l 



En las cosas que Sus Altezns mandan que no se deue de hazer el pecho 
ni derecho es en el pan y en la seda y en todas las cosas de oro y plata; 
y otras cosas muchas que no se escriuen, porque no las an mostrado los 
procuradores. 

JEsfe traslado fue sacado del de Burgos, porque el de Segouia so la tierra 
se metio. 



COPLAS HECHAS AL MU Y MAGNIFICO SENOR EL SENOR 
JUAN DE TADILLA. CAPITAN GENERAL 



Ano de mil y quinientos 
y veynte, en nuestra C'istilla 
gran plazer sien te los vientus 
y los otros elementos 
con el gran Juan de Padilla. 
Estes el gran cauallero 
ante quien siempre me humillo, 
de todo el mundo venero. 
a los humildes cordero 
y a los soberbios cuchillo. 

De cepa de gran valor 
es, Dios la vida le preste; 
sobrino del comendador 
de Calatrava el mayor 
y nieto del gran maestre. 
Pues siendo tan poderoso 
y de tan gran padre hijo, 
por cierto decirlo oso. 
que ante Dios es muy fermoso 
pues tomô tan gran letijo. 

Y este, estando en la ciudad 
de Toledo en lo mas alto, 
viendo a la comunidad 
que escomiença de llorar, 
la cubija con su manto. 
Y queriendonos cubrir 
con ropas de libertad, 
él acuerda de morir 



por nosotros, y seruir 
■*\ gran rey de la verdad. 

Y estando en su ayuntamienti 
donde no hay ninguna falta 

de muchos hombres de cuento 
y de gran merecimiento, 
les ha llegado vna carta. 
En la quai vienen de hecho 
palabras de gran dolor, 
que nos reparten gran pecho 

y Toledo sca el fiador. 

Entonces este varon, 
con buen celo que ténia, 
viendo nuestra perdicion 
se puso como vn leon 
contra quien tal consentia. 
Y éi por su grande bondad, 
teniendo de nos manzilla, 
les comiença de rogar 
no quieran consentir tal, 
que se perderâ Caslilla. 

Y él estando muy penado 
por auer de remcdiar 

lo quel buen rey ha mandado, 
vna carta le ha llegado 
quel rey lembia a buscar. 



62 



CURIOSlDADES LITERARIAS 



Pues oyendo tal mandado 
de su real magestad, 
respondio presto y de gi^ado 
quel cumpliria su mandado 
de muy buena voluntad. 

Pues en aqueste ténor 
y desta misma manera 
llama a otro gran regidor 
y el escriuano mayor, 
que se dize de Osseguera. 
E queriendose partir 
de nosotros con gran tiento, 
lo cercaron mas de mil 
hombres a quince de abril, 
segun lo hallo en mi cuento. 

Luego sin mas dilacion 
no le dexan de la mano, 
todos con buena intencion 
lo meten en la prision 
y con él el escriuano. 
E tambien traxeron preso 
luego sin mas dilacion 
al de Aualos en peso, 
quen nada nos es auieso 
y en saber el gran Caton. 

E luego sin dilacion, 
sin auer quien se lo embarga, 
todos con gran coraçon 
toman la puerta del Cambron 
y tambien la de Vissagra (sic). 
Luego el dia siguiente 
deste mes ante que Mayo 
se armô toda la gente 
V tomaron la gran puente 
de Samartin (sic) al de Aguayo. 

E por darnos alegria, 
queriendonos consolar, 



aquel gran Dios que nos guia 
los mudos hizo hablar 
ciertamente aqueste dia. 
Luego otro dia siguiente, 
miercoles por la manana, 
se armô mucha mas gente 
para tomar la otra puente 
que por tomar les quedaua. 

E luego en vn continente 
hazen ciertos esquadrones 
de la mas luzida gente, 
pusieron cerco a la puente 
sin tener mas dilaciones. 
E como el alcayde vido 
que le cercaban la puente. 
él con gran temor mouido 
prestamente fue salido 
y la dexô libremente. 

Todos con gran alegria. 
viendo tomada la puente, 
se van a Santa Maria, 
porque alli se recogia 
contino toda la gente. 
Todos con gran deuocion 
a la Virgen sin manzilla 
van a facer oracion 
y dizen esta razon: 
«Saïga el gran Juan de Padilla;" 

E luego sin dilatar, 
sin pensar en otra cosa, 
todos lo van a sacar 
y alla lo van a hallar 
passeando en la claostra. 
Luego sin mas dilacion 
lo sacaron por la mano, 
y con él el gran varon 
que os dixe que era Caton, 
y tambien el escriuano. 



CURIOSIDADES LlïER ARIAS 



63 



Desta manera saiio 
é\ hasta la puerta en peso, 
y quando alli se hallô 
en vn cauallo subiô 
que era muy valiente y grueso. 
E quando le vio la gente 
a caballo y en su silla 
como salia libremente, 
todos dizen sabiamente: 
«jBiua el gran Juan de Padillaî» 

Y como buen cauallero 
y a la corona leal, 

les rogô muy por entero, 
por aquel Dios verdadero, 
que no quieran dezir tal. 
Y estando con aquel fuego 
por la gran comunidad, 
se le acordô la del huebo (sic) 
y a todos les dize luego 
que demanden libertad. 

Y con él salieron todos 
enantes que fuesse nona, 
por taies vias y modes, 
como el gran rey de los godos 
que corrio hasta Narbona. 

No alcançô tan gran Victoria 
ciertamente por su mano, 
avnques digno de memoria, 
pues no gozô de la gloria 
el gran Cipion africano. 

E luego sin mas reueses 
lo sacaron aquel dia, 
todos con ricos arneses, 
y otros lanças y paueses 
y con gran caualleria. 
Desta manera saliô 
entre todos caualgando 



avnque mucho les peso 
a los de Silua y su bando. 

E quando estas cosas vieron 
con sus coraçones duros, 
para ell alcaçar se fueron 
y alla dentro se metieron 
pensando estar mas seguros. 
Y estas gentes que aqui estan 
subidas sobre las torres (sic) 
an dado muy gran desman 
viendo a nuestro capitan 
con tan lindos esquadrones. 

Todos con gran alegria 
lo lleuaron muy despacio: 
la gente que le siguia 
por las calles no cabia, 
ni dentro su gran palacio. 
Este tan gran cauallero, 

de Espana muy gran lucero, 
que despende gran dinero, 
con todos haze gran gasto. 

Este tiene gran temor 
de nuestro Dios de contino; 
siruelo con mucho amor, 
con muy limpio coraçon 
y en la fe vn gran Constantino. 
Este es muy claro varon 
ante Dios en gran verdad, 
que con muy sana intencion 
haze al Padre su oracion 
por la gran comunidad. 

No alcançô tan gran Victoria 
el gran Carlos, ni otros taies; 
ni fue digno de tal gloria, 
avnque del hazen memoria, 
ni todos los doze pares. 



64 



CURIOSIDADES LITKKAKIAS 



Porquestos hizieron giierra, 
con coraçones muy crudos, 
por ganar siempre mas tierra, 
y aqueste siempre con pena (sic) 
boluiendo por los menudos. 

E luego este mismo dia, 
sin que tuuiesse pereza, 
toda la gente venia 
iirmada como solia 
por tomar la fortaleza. 
E todos muy bien armados, 
que passan de cinco mil, 
varones muy esforçados, 
estan muy aparejados 
ail alcaçar combatir. 

E como el alcalde vido 
como va y de que manera, 
como varun muy sabido 
acordô de ser salido 
porque ninguno no muera. 
E nuestro gran capitan, 
viendo tan buena razon, 
en esfuerço el gran Roldan, 
a todos los que alli estan 
les haze muy grand sermon. 

E como todos oyeron 
el sermon que les hazia, 
la respuesta que le dieron 
fue que todos le dixeron 
que haga lo que queria. 
Y con aqueste concierto 
quel alcayde ordenô, 
con muchos liombres de cuento 
y de gran merecimlento 
del alcaçar se salio. 

Luego dende a poco vn dîa 
vino vn capitan prudente, 



el quai Vrauo se dezia, 
porque Segouia le embia 
que le socorra con gente. 

Y luego en vn continente 
hazen ciertos capitancs 
para que recojan gente, 
por el mismo consiguiente 
que toquen los atabales. 

Luego sin mas detardar, 
bispera de Santiago, 
salieron de la ciudad 
ponjue no les dan vagar 
los de Segouia y el Vrauo. 

Y luego la senoria, 
viendo salir gente tal, 
dizen que razon séria 
que vaya en su compafiia 
su capitan gênerai. 

Y con muy grande alegria 
le dieron aquella empresa 
al muy gran Juan de Padilla, 
porque a el pertenescia, 
avnque a los menudos pesa. 

Y teniendole encubierto 
porque no ouiesse desman, 
la gente sin ningun tiento 
y de muy poco cimiento 
hazen otro capitan. 

Entonces sin dilacion, 
sin esperar mas concierto, 
ponen aqueste varon 
en su mano vn gran pendon 
y lo traen ayuntamiento. 
Quando vio esto el gran varon 
ase presto vna vandera, 
sin esperar mas razon, 
assi como vn gran leon 
sube por el escalera. 



CURIOSIDADES LITERAKIAS 



6' 



E la bandera en sus manos, 
Dios sabe con quanto afan, 
les dize: «Seguidme, hermanos. 
pues que soys buenos crislianos, 
que yo soy el capitan>. 
Y como el capitan vieron, 
questaba hecho leon, 
todos para él se vinieron 
y luego al otro prendieron 
y lo meten en prision. 



Y queriendose partir 
este a quien siempre me humillo, 
para mejor se encubrir 
él se acuerda de vestir 
de ropas de vn gran pardillo. 
Desta manera vestido 
salio con buena intencion 
y por no ser conocido; 
mas alla fue detenido 
a la puerta del Cambron. 



No alcançaron los romanos 
tan grande gloria ni fama 
comci este por sus manos, 
jiamando a todos hermanos, 
oluidando el corner y cama. 
Y entre todos los humanos 
siempre se llama el menor; 
muchos le besan las manos, 
y él a todos llama hermanos 
con mucho querer y amor. 



E luego en vn continente, 
no teniendo mucho espacio, 
se llegô alli mucha gente 
y lo lieuan ciértamente 
dentro de su gran palacio. 
E luego el martes siguiente, 
dia de gran alegria, 
salio poderosamente, 
y con él muy mucha gente 
y la gran caualleria. 



Roguemos con deuocion 
aquel Dios que nos guia 
por este tan gran varon, 
que le guarde de traycion 
y de mala compania. 

Deo gratias. 



2 hoj. en fol., let. got., a dos y a très cols. — Ejemplar en la Biblioteca 
del Duque de T'Serclaes. 



Revue HisfitnifHt. — P. 



66 



CURIOSIDADES IJTF.K ARIAS 



COPLAS SOBRE LA VIDA DE LOS FORÇADOS DE GALERA,. 

COMPUESTA AGORA NUEUAMENTE POR PEDRO PALOMINO A 

PETICION DE VN FORÇADO PARA DAR AUISO PARA BIEN BI- 

UIR A LOS HOMBRES QVE MAL BIUEN 

{Estampa representando una galera y forzados rcmando). 



Los pasados escritores 
que nuestros versos vsaron 
pintaron taies primores, 
que por elles mil loores 
a sus personas causaron . 

Y si mal o bien hablaron 
con su muy sutil pinzel, 
en sus versos demandaron 
perdon por lo que hablaron 
no pudiendo menos ser. 

Y siguiendo esta opinion, 
sin a ninguno afrentar, 
allegado a la razon, 

pido aqui todo perdon 
en lo que pienso narrar. 



Geremias mucho Uorô 
llantos siempre lacrimosos; 
mas no pienso que pasô, 
ni menos Job padecio 
tormentos tan temerosos. 

O pasos tan lastimosos, 
lectores, que os contaré, 
yo auiso a los viciosos 
que andeis siempre medrosos 
de lo que aqui escriuiré. 

Y quiero que mi escriuir 
se juzgue en secreto y fuera, 
pues que quiero presumir 
en querer aqui dezir 
ques la vida de galera. 



Piensos en breue contar 
vnas penas tan desiguales, 
que no las querria pensar, 
porque os digo de verdad 
que cierto son infernales. 



Si en ellas permaneciera 
asta el fin de mi jornada, 
sabe cierto que no pudiera 
contaros, aunque quisiera, 
de lo que se pasa nada. 



AQUI COMtENÇA LA OBRA 



La triste y catiua vida 
que se passa, y con afan, 
son prisiones sin medida 
y entrada sin salida; 
crueles golpes os dan. 



Sugetos al capitan 
que, por muy bueno que sea, 
el y el comitre vendran 
contra el proueto seran 
ambos juntos de pclea. 



CURIOSIDADES L1TKRARI\S 



67 



Por muy pequena ocasion 
que vn forçado aya caido, 
sin ninguna defension 
Uaman luego vn porqueron 
con vn rebenque cumplido. 

Os mandan ser espelido 
de la ropa que teneis, 
y con cruel apellido 
os dexan muy mal herido 
al derecho y al reues. 

Açotes, palos doblados, 
sota, comitre, alguacil 
os daran sin ser contados, 
asta que lienen quebrados 
los brazos de mal herir. 



En las aguas sepultado 
te dexan como a ruin, 
de tu mal no medicado, 
y sin ser amortajado 
te arrojan asta la fin. 

Nauegando por la mar, 
sucede que moros vemos; 
vereisnos luego leuar 
tan fuertemente remar, 
que de cansados caemos. 

Aunque fuerça no tcnemos 
por alcanzar la Victoria, 
remamos y no comemos 
asta que mas no podemos, 
sin auer misericordia. 



■ Sobre vn banco muy atado, 
a los pies vna cadena, 
os dejan tan lastimado, 
que del ser quedais priuado. 
Juzguese si es vida buena! 



Prosiguiendo esta jornada 
con toda falta de viento, 
vereis la gente cansada, 
de sudor tan fatigada 
que muerta se cae sin tiento. 



Aposento nada bueno, 
ageno de toda razon, 
e^tâs metido en el seno 
(le aquel cruel infierno, 
pues en ti ay condenacion. 

Y sin ninguna afficion, 
al moço, tambien al viejo, 
con tu muy cruel baston 
sin ninguna saluacion 
los lleuas por vn parejo. 

Consumes toda la vida 
que Dios al hombre ha dado, 
y después de consumida, 
sin amparo y sin guarida 
lo dexas desamparado. 



Vereis luego en vn momento 
al comitre tan furioso, 
que sin ningun miramiento 
os lastima sin çufrimiento 
de vn golpe muy enconoso. 

Nauegamos desta manera 
sin que nos den a comer, 
y con boz muy lastimera 
pedimos en la galera 
que nos den algo a beuer, 

Por algun bien nos hazer 
nos traen vinagre aguado; 
sin nada nos detener 
tambien nos dan a comer 
de nuestro pan biscochado. 



68 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



Y si por caso los moros 
van en nuestro seguimiento, 
por guardar nuestro tesoro 
son mas continuos los lloros 
y mas cruel el tormento. 

Por cruxia pasaran 
con espadas desenuaynadas, 
taies golpes nos daran 
que muertos nos dejaran 
a crueles cuchilladas. 

En esta nuestra huyda 
se via tal crueldad, 
que se nos quita la vida 
y la fuerza va perdida 
sin podella mas cobrar. 

Y despues de nos salvar 
y tener la gente horra, 
capitan nos manda dar, 
por gran fiesta, celebrar 
vna poca macamorra. 

Rueganme todos que hable 
y que diga del mantener; 
al mas discreto y afable 
es miseria intolérable 
la que le dan a corner. 

Y es que aueis de saber 
por fiesta les dan pan cocho, 
y el contino proueer 

es el agua para beuer 
con vn poco de vizcocho. 

A los malos y a los sanos 
todos van por vn niuel: 
el vizcocho con gusanos 
os lo ponen en las manos 
que no lo podeis roer. 



Esto me podeis créer 
y tenello por muy cierto: 
si vino les dan a beuer, 
o alguna carne a comer, 
ven el cielo muy abierto. 

Es tanta la desuentura 
que aqui nos hazen sentir, 
que en vna cierta estrechura 
en vna tabla muy dura 
nos hazen sieinpre dormir. 

Y mas os quiero decir 
quel dormir es tan poquito, 
que durmiendo haueis de ohir, 
y de aquesto presumir, 
quando os llaman con el pito. 

Si se tardan vn poquito 
de acudir a este chiflar, 
acuden con voz en grito 
con vn rebenque maldito 
y nos hazen despertar. 

Durmiendo hemos destar 
despiertos con el sentido, 
muy prestos al trauajar, 
muy listos al escuchar 
aqueste amargo chiflido. 

Sea verano o inuierno, 
haga frio endiablado, 
quel vestido siempre es tierno 
y muy poco o nada bueno; 
puesto que muy Colorado. 

En el quai anda sembrado 
de contino a manojos 
chinches, pulgas e hallndo, 
y segun me an picado 
a montones los piojos. 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



69 



Para del todo saber 
este nuestro disfauor, 
podeis, lectures, créer 
que a palos nos mandan hazcr 
qualquier cosa y con sudor. 

Sea peqiieno o mayor, 
como esté dentro, no fuera, 
aunque sea mas scnor, 
no se escusa del dolor 
que se sufre en la galera. 

A palos nuestro corner, 
a palos nuestro dormir, 
a palos nuestro beuer, 
a palos nuestro hazer, 
a palos nuestro gémir. 

Ya, lector, puedes sentir 
de vn hombre natural; 
si quiere de la melena 



os toma y de la entena 
de braços os manda colgar. 

Ansi os manda estropear 
a los pies dos contrapesos, 
y sin auer hecho mal 
alli os hazen purgar 
asta que os quiebran los huesos. 

Si palabra no pasais 
quando os la mandan dezir, 
al momento lo pagais 
de tal modo que quedais 
muy vezino del morir. 

Pues quicn tal quiere sufrir, 
cayendo en mucho herror, 
sea muy presto al oyr 
y no quiera aqui venir 
a pagar tan gran dolor. 



AQUI COMIENÇAN LOS NOMBRES DE LAS COSAS DEL SERUICIO DE LA GALERA 
TOCANTES A LOS FORÇADOS. 



Mandannos armar la tienda 
por el siguiente bâtir: 
los gordines en contienda, 
los puntales desta hazienda, 
las cabrias y majanil. 

Estas cosas oso dezir 
que se arman tan libéral 
del miedo del alguazil, 
que no se pueden pensar 
del miedo del sacudir. 

Estas cosas no son sueno, 
batallolas, batalloletas. 
filares grandes, pequenos, 
los escalamos de lenos 
adereçados y a tuertas. 



Los estrouos, palamento 
junto con la pauesada, 
todo junto en vn momento 
se compone con tal tiento 
que jamas se hierra nada. 

El remichi y ballestera 
aqui nos mandan limpiar; 
la cruxia dentro y fuera, 
por vna sutil manera 
tambien nos mandan fregar. 

Los vancos y escandelar, 
tirar las vetas de entena 
para nuestra vêla alçar 
quando os quieren visitar 
a lista a lista cadena. 



70 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



Mas ligeios que lirones 
ymos para coronal, 
atamos matasiones, 
para visitar prisiones 
rodetes mandan quitar. 

Las ortas para atesar 
o flaxar nuestra vêla, 
orca popa para mollar 
y tambien para canjar 
otra orca la nobela. 



Ymos mas presto que buelo 
quando algo se concierta, 
y dames con muy gran zelo, 
sin poner les pies en suelo, 
la gumera y gumeieta. 

Es tambien a nuestro cargo 
calabuna del fogon; 
tapamoslo, sin embargo, 
porquel humo da mal trago 
a la popa y gran passion. 



Para la vêla atesar 
del pujament tiramos fuerte, 
el prodano para arbolar, 
las trocas para trocar 
tiramos en continente. 



Todos llenos de lision 
gastados mas que carcoma; 
con muy gran liberacion 
nos manda nuestro patron 
que alarguemos la caloma. 



Hay monetes y molinetes 
para bien buxir la tienda, 
otro arbol dicho trinquete, 
que en velle vemos la muerte 
por su muy recia contienda. 

El remapeo tomamos, 
«lues el remo desatar, 
y fuertemente remamos 
y no menos caminamos 
asta que mandan palpar. 

Otros dizen: «via, arrancar, 
que nos passa otra galera», 
y por honrra sustentar 
nos vereis fuerte remar 
cada quai quai mas pudiera. 

Por darnos muy gran dolor 
y quitarnos algun consuelo, 
nos dizen: «fuera rumor»; 
y nosotros con temor 
no hablamos mas vn pelo. 



Tenemos vn panolero 
que racion de pan nos da; 
tambien ay vn despensero 
que, aunque le démos dinero, 
ninguna cosa nos da. 

El comitre mandarâ 
con vna boz, y no blanda, 
y ninguno tardarâ 
y su ropa arrojarâ 
con diligencia a la vanda. 

Los offlcios son crueles 
y mas amargos que hiel, 
y hablo con los proheles 
que duermen entre cordeles 
alli junto al arganel. 

Pues soldados y artilleros 
sabe Dios quai es su vida, 
de trabajos tesoreros, 
deseando los dineros 
que les cabe en tu partida. 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



71 



Es vn infierni) pintado 
o veramente natural, 
pues bivis desesperado 
sin pensar ser remediado 
para dcl mundo gozar. 



Que biucn desesperados 
biuiendo siempre en afan, 
de officiales mal tratados, 
de Neros bien açotados, 
deseando corner pan. 



Muriendo aueis de lastar, 
muriendo aueis de morir, 
y muriendo a sanar, 
llorando sin libertad 
contino aueis de morir. 



IVIirâ bien p"r los virotes 
a vosotros liI)ertados; 
recoxc aquestos motes 
y huid destos açotes 
y de ser aprisionados. 



Las mugeres que criais 
mira bien lo que aqui digo. 
que si hijos deseais 
y nunca los castigais, 
que sera aqui su castigo. 



Que despues para librados 
os vereis en mucho duelo, 
y para siempre lisiados, 
y con mal ceuo pescados 
en el muv cruel anzuelo. 



Daldes fauor y abrigo, 
a<;otes en gran manera, 
no digais: «Yo te maldigo; 
el diablo vaya contigo 
al tormento de galera». 



Para no sufrir en vano 
este trabajo contino, 
tened siempre en vuestra mano 
aquel nombre soberano 
que dizen el Verbo diuino. 



;0 madrés que tal paristes 
a hijos tan desdichados! 
Pues Ventura no tuuistes 
de vellos como quis stes, 
prétende vellos libr .dos. 



Tomad siempre este camino 
si quereis tener vitoria, 
la paciencia por el sino, 
y sereis tal adeuido {sic) 
que gozeis de eterna gloria. 



VILLANCICO 

;Como viuiré sin veros, 
pues en veros cobré vida 
y en no veros sera perdida? 



El no veros me es morir, 
porque me falta la gloria, 
y con veros tengo Victoria 
pues se me quita el biuir. 



72 



CURIOSIDADES HTBRARIAS 



Senora, quieros dezir 
que sois causa de mi vida 
y en no veros sera perdida. 

Fiti. 

En 4,**, 4 hoj., let. sot. Sin lugar ni aîïo. Ejemplar en la Biblioteca del 
Duque de T'Serclaes. 



PETRI VELLEII AD FERNANDUM HERRERAM 



Sa/urnalta. 



Si yo tuuiera mano con alguna 
de aquellas nueue damas que brincando 
se van por Helicones y Parnasos 
haziendo abilidades exquisitas 
al son de la bandurria Apolinea, 
y con el agua clara de la fuente 
caballuna siquiera me baiiara 
los pulgares i labios y mollera, 
a fee que nunca yo me lambicara 
los sesos en medir el cielo a palmos 
y auerigiiar si ay atomos y ideas, 
ni me matara no saberla causa 
de fluxos y refiuxos del gran charco, 
ni me metiera tanto en los volcanes 
que ni hecho ceniza no volviera. 
\0 que curiosidad tan excusada, 
que necio secadero de cabeza 
no ver ni conocer lo que tenemos 
présente y lo tocamos con las manos 
y fatigarnos por lo ya pasado, 
que es imposible ya que no haya sido 
y leuantar figuras sin juicio, 
sin sentido, sin lenguas que nos digan 
los bienes y los daiïos venideros, 
para llorar el mal antes que venga 
o cstar colgados de esperanzas vanas! 



CURIOSIDADES LITERARIAS 73 

Senor Herrera, llegados son los dias 

en que se publicô la buena nueua 

de paz al mundo y vida a los mortales. 

Afuera melarchias; cuydados tristes, 

dad lugar al contente y alegria. 

No estamos en région donde la nieve 

cubra los verdes campos, y la elada 

a las plantas despoje ni conuierta 

las cristalinas aguas en cristales; 

en medio del invierno esta templada, 

V con templado sol matiza al viuo 
de diuersos colores a los prados, 

V abundan los jardines de mosquetas, 
de olorosas violetas y jazmines 
precursores de alegre primavera. 
Gozad de las salidas deleytosas 

por entre naranjales y arboledas 

o campo libre largo y abundoso, 

de arroyos y de fuentes celebrados, 

aun se pueden gozar del alameda 

y tiene su sabor el Almenilla; 

de nueuo os admirad deste gran rio, 

emporio universal del mundo todo, 

metido tantas léguas en la ticrra, 

que quanto tiene el orbe que se estime 

nos muestra y comunica largamente 

al husmo del dinero que aqui bulle. 

Las guitarras y harpas y tonadas 

que salen cada dia en mil maneras, 

si bien para el primor de vuestro gusto 

son cosas valadies de gran precio, 

no me negueis que rascan los oydos, 

que se sienten cosquillas en oirlas, 

que a los mas mesurados alboroçan; 

bastenle a cada tiempo su soçobra; 

meteo (sic) los buenos dias en vuestra casa, 

procurad alcançar el buen bocado, 

el vino sin adobo tras afiejo, 

la mesa limpia, cama perfumada; 

y si se tarda el agua, si la flota 

iuierna y se detiene en la Hauana, 



74 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



si arman, si desarman los ingleses, 
si Bretaha nos quiere o no nos qiiiere, 
jque podeis vos hazer a todo eso? 
Remitamoslo a Dios y aparejemos 
el animo de suerte que entendamos 
la voluntad no pase de la raya 
de aquello que le fuere permitido, 
no toque en lo vedado el apelito, 
lleuense con paciencia los trabajos, 
segun las ocasiones de los tiempos, 
y entre tanto gozemos de los bienes 
que la naturaleza nos produze. 

Biblioteca de la Real Academia de la Historia. Col. de Jesuitas. Tom. 96, 
fol. 57- 

FRANCISCO DE SANTISTEBAN 



Es el cuerpo sin el aima 
como mengua en gran poder, 
es querer aborrescer 
aquello que esta en la palma; 
porque ella quiere salvarse 
temiendo su despedida, 
y esta carne rrevolcarse 
en las cosas desta vida. 

Piensa el aima en la mortaja, 
que es fin de lo procesado, 
y este cuerpo en la ventaja 
del que tiene mas estado; 
el aima quiere templanza, 
humildad y honestidad; 
el cuerpo, mucha abundança 
de aquesta sensualidad. 

El aima quiere encogerse 
por euitar muchos maies; 
aqueste cuerpo, estenderse 
en mill vicios corporales 



de mucha delectacion, 
fuera de todo compas, 
sin estar vna ora en paz 
la voluntad y rrazon. 

Guia el aima para el cielo 
con cosas de caridad; 
este cuerpo rrompe el vélo 
con su vana humanidad. 
Sufre el aima con paciencia 
qualquiera persecucion; 
la carne, delectacion 
con mucha concupiciencia. 

Aquello que menos vale 
tiene el aima por mcjor; 
quiere el cuerpo ser senor 
sin que nadie se le iguale. 
El aima piensa en el gozo 
del sumo bien soberano; 
el cuerpo, en vivir vicioso 
y romper por lo munclano. 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



75 



El aima piensa en el fructo 
si siembra lo que se encierra; 
el cuerpo de que es corrupto 
anda a gâtas por la tierra. 
El aima piensa en salir 
como deue a lo diuino; 
y aqueste cuerpo, en viuir 
cim mil antojos contino, 

El aima quiere sosiego 
y rrazonable exercicio, 
y el cuerpo, tanto bullicio 
que jamas se atibia el fuego. 

Y nuestra anima razon 
en seguir lo necesario; 
el cuerpo, lo voluntario 
sin auer limitacion. 

Piensa el aima en bien obrar, 
contemplar do deue hir, 

V el cuerpo, siembre en dormir 
y en tomar y nunca dar. 

El aima piensa en ser buena 
y seguir lo rrazonable; 
esta carne deleznable 
en todo se desordena. 

Con el aima cuento y punta 
es el miedo en los extremos, 
mientras que aqui desapunta 
esto que en mucho tenemos. 
Es el cuerpo la soçobra 
de la gloria y merescer 
que nuestra aima deue hazer, 
pues en él cesa la obra. 

Piensa el aima en la locura 
de aquesta carne mortal, 
pues siendo tan terrenal 
es sin reglas su mesura. 



Ninguna cosa sufrimos 
traçando nuestra medida, 
pues es conforme a la vida 
lo que hazemos y decimos. 

Es el cuerpo el carcelero; 
el aima, la prisionera, 
que se libra y sale fuera 
en nuestro fin postrimero. 
Y es muy menguada la ora 
de aquesta carne sin ella, 
pues que, siendo la senora, 
queremos aborrecella. 

Pues sabemos que es esclaua, 
deuemos considerar 
aquesta carne, si se acaba, 
es bulto de muladar. 
El aima quiere ygualdad 
del que es rico al que no tiene; 
al cuerpo no le conuiene 
vsar desta humanidad. 

El aima mira a natura 
con lo que puede pasar, 
y este cuerpo a la dulçura 
y gusto del paladar. 
A nuestra anima recréa 
con la vida su esperança; 
al cuerpo, lo que desea 
si aquesta carne lo alcança. 

Mira el aima en lo futuro 
sin curar de lo présente, 
y el cuerpo, por muy seguro 
cumplir la falta que siente. 
El aima esta con temor 
de la brizna de su culpa, 
y este cuerpo malhechor 
siendo injusta su disculpa. 



76 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



El aima quiere sufrir 
a(|uello que la répugna, 
y este cuerpo, resistir 
a los golpes de fortuna. 
Impaciente y con enojo 
de ques terreno y de viento, 
nunca esta sin vn antojo 
y de sî muy descontento. 

El aima quiere pobreza, 
obediencia y castidad, 
y el cuerpo quiere riqueza 
con mucha tranquilidad. 
Tiene el aima por ageno 
lo que en el mundo dexamos; 
el cuerpo tiene por bueno 
la que por él trauajamos. 

El aima quiere ayunar 
y cosas de deuocion; 
este cuerpo, repastar 
con mucha recreacion. 
El aima quiere templança, 
no cosa de demasia; 
el cuerpo quiere vengança 
contra su malenconia. 

Quiere el aima lo que deue 
en esta breue jornada, 
y este cuerpo, siendo aleue, 
no tiene concierto en nada. 
Quiere el aima comedirse 
en gastos, traxes y arreos, 
V este cuerpo desmedirse 
en mill obras y deseos. 

El aima (^uiere verdad, 
no pensar en cosa fea; 
el cuerpo, nunca en bondad 
ni en cosa que buena sea. 



Esta carne corrompida 
continuamente tropieça 
y juega a punta y cabeça 
el aima con nuestra vida. 

Aunque es seiïora seruir, 
el cuerpo quiere mandar, 
trauajar por adquirir 
lo que tiene de dexar. 
No siente porque se diga 
el aima lo que no haze; 
el cuerpo luego se ostiga 
de aquello que le desplaze. 

Esta el aima contemplando 
en la gloria que se espéra, 
y este cuerpo sin vasera 
por tener mayor el mando. 
Ama el aima lo intelecto, 
pues desto la gloria mana, 
que aquello que es imperfecto 
sin que floresce desgrana. 

El gesto, talle y meneo 
con el aima no se yguala, 
viendo aqui que asi resbala 
este cuerpo en su deseo; 
que su falsa inclinacion, 
en todo tan estragada, 
no tiene comparacion 
con cosa tan acauada. 

El aima piensa en hazer 
aquello que deue en todo; 
el cuerpo piensa en querer 
mucha copia deste lodo, 
y en cosas de burleria 
y destrema variedad, 
quen nuestra postrimeria 
hallamos esto verdad. 



CUKIOSIDADES MTERARIAS 



17 



El aima no quiere cosa 
no sea muy desmedida, 
y el cuerpo quiere la vida 
kunque sea peligrosa' 
y el aima no se aprouecha 
de aquello que el viento lleua; 
cl cuerpo no lo reprueua 
ni desuia, ni deshecha. 

Las cosas que el aima estima 
son muy ciertas y de veras; 
el cuerpo nunca se arrima 
si a cosas perecederas. 
No quiere lo que no vee, 
aunque saue que es muy cierto, 
sino aquello que es incierto, 
pues tampoco lo posée. 

El aima por muy liuiano, 
el morir por lo accesorio 
deste estado sufragano, 
tan caduco y transitorio. 
Mira el aima el coraçon, 
que es el propio fundamento 
donde asienta la intencion 
de nuestro merecimiento. 

El cuerpo manda la lengua 
y su rota inclinacion, 
no guiada por razon, 
pues nos pone en tanta mengua. 
Pues mirando lo que dura 
el pago desta senal, 
lo mustio desta uerdura 
nos muestra que es eternal. 

Y jamas no piensa el aima 
en hazer cosa sécréta 
y tener remedio en calma, 
por ser la burla indiscreta; 



que segun nos acaecc 

con aquesla superiora, 

menguada vemos la ora 

de aquel que mas resplandeee. 

Quel deleite que es vicioso 
y su fin es todo nada, 
haze al hombre vagaroso 
y la uida abreuiada. 
El aima por aficion 
no se gouierna ni manda, 
ni vemos que se desmanda 
este cuerpo por razon. 

Piensa el aima en conseruar 
no las cosas mal ganadas; 
piensa el cuerpo en abarcar 
a banderas desplegadas. 
El aima se détermina 
auer por ledo el trauajo, 
y el cuerpo no busca atajo, 
aunque contino camina. 

Ni a cosa cierta se mueue 
sino a sangrar y purgar, 
y a tejer y socaîcar 
quando la carne se llueue. 
El aima quiere guardar 
como !o manda razon; 
el cuerpo, siempre a honrar 
sin ninguna obligacion. 

El cuerpo quiere reposo, 
holgar, dormir y corner, 
y entiende en auer buen gozo 
de sus hijos y muger. 
Y del anima no mana, 
si mana muy ralamente, 
cosa que quiere la gente, 
ni nuestra uida aya gana. 



78 



CURIOSIDADES LITERAKIaS 



El aima con poca hazienda 
procura lo que se alcança; 
•el cuerpo sin buena prenda 
no confia en su esperança. 
Aqueste cuerpo imperfecto, 
que asi corre y arremete, 
no veo que se somete 
a aquello que es de preceto, 

sine a cosa que perece 
•como tapia mal bardada , 
pues vemos que vuelue en nada 
lo claro quando escurece. 
Piensa el anima que muere 
si no diere buena cuenta, 
y el cuerpo no se contenta 
con cosa que Dios le diere. 

Sin maies luego se aliige 
y sin bienes pierde el seso, 
ni conserua cosa en peso, 
Tii por nada se corrige; 
Tii mira ques vanidad 
lo que el hombre aqui compone, 
pues de todo Dios dispone 
•como es su voluntad. 

Piensa el anima que es bien 
contemplar en lo pasado, 
y el cuerpo no mira a quieu 
ya traspasô al gran estado, 
sino solo lo présente 
y en esto que asi se olvida 
no es, por cierto, muy prudente 
teniendo espacio la vida, 
antes es cosa perdida, 
pues ignora lo que siente. 

Piensa el anima ques viento, 
y por tal deuria auerse, 



lo que no tiene cimiento 
ni fuerça para tenerse. 
Este cuerpo mucho duda 
si desto que tiene gana, 
si mira todo se muda 
de la noche a la manana. 

Del aima no son turbados 
los grados de la potencia, 
ques buena sin diferencia 
de todos quatro costados. 
El cuerpo ni su poder 
no tiene cosa acabada, 
sino solo la portada 
de aquello que ha menester. 

Quiere el aima en este sueno, 
no las razones inciertas, 
ni fingidas las ofertas 
que enganan mas a su dueno; 
que para bien acabar, 
si este cuerpo fuese diestro, 
siendo a diestro y a siniestro 
escusar deue el mandar. 

No quiere el aima rebuelta 
ni estar con nadie importuno; 
la carne de aquesta suelta 
no quiere paz con ningun(j. 
El hombre desconcertado 
y locamente enojoso 
es de auer por temeroso, 
pero no por esforçado. 

El anima se fatiga 
de ver honra que es ventosa; 
la carne, nuestra enemiga, 
no se paga de otra cosa. 
Queremosnos ver loar 
y alabarnos malamente, 



CURIOSIDADES LITERARIAS 



deiiiendonos humillar 
j)ar.i nuestro despidiente. 

Pues dijo de quien se inclina 
ei sabio que Dios perdone 
ques la planta que se empina 
<]uanto mas honda se pone. 
Ouiere el aima que esta ma sa 
de que este cuerpo es compuesto 
que el que es feo y bien dispuesto 
no disci-epen de vna tasa. 

Porque la muerte y la vida 
que estan en nuestra presencia, 
pues que son de vna medida, 
no la hagamos diferencia. 
Mira el aima el menester 
de cuitar la uoluntad 
y este cuerpo en proveer 
la humana necesidad. 

El aima siempre esta queda 
como norte en nuestra guia; 



la carne como moneda 
se recambia cada dia. 
El aima mucho aprouecha 
si le damos buen recaudo, 
y este cuerpo, si se ahecha, 
lo mas se torna en saluado. 

No deue ser exemid.t 
ninguna carne de pena; 
pongamos que sea buena 
la hazienda bien repartida: 
que el rico deue mirar, 
haga cierta el esperança 
Cun no querer rescatar 
como a preso la templanza. 

El aima si por razon 
nunca rige su aluedrio, 
([ue por tema ni aficion 
es cargoso desuario. 
Y digo por despedida, 
como indigno pecador: 
Sea tal, en fin, la vida 
que se dexe sin temor. 



Deo o-racias. 



TRIBUTO DE CESAR 

PAGADO A CESAR 

LIBRADO EN LAS MUSAS 

Y COBRADO POR EL TIEMPO 



Dedicatoria a Don Juan Francisco Pacheco. 



Romance. 



Alla van, don Juan illustre, 
taies quales mis conçentos, 
ni inascescibles por cultos, 
ni vulgares por pleueyos. 
y\rrogante, si obediente 
al humano imperio vuestro, 
estimacion solicite, 
altas açanas emprendo. 
La pluma viçarro tomo, 
y en nobles atreuimientos 
al sol del vuestro examino 
los abortos de mi ingenio. 
Que apenas gocé très lustros 
quando (o puériles alientos!) 
me dictô Fœbo estas rimas 
que consagro oy a otro Fœbo. 
De cuya deidad vrtando 
luz, aliento, Prometheo, 
la pobreça del estilo 
y la pequenez del dueno. 
Bien que las que admire luces 
y los que rayes venero, 



si me alentaron humanes, 
ya me deslumbran seueros. 
Icare, en alas de çera 
suprema région asciendo, 
émule de aclamaciones 
y oluidado de escarmientos. 
Al quarto céleste gloue 
Faetonte es mi pensamiento: 
que mucho que al cielo aspire, 
si le dio principie el cielo? 
A sombra de tal Mecenas 
a de dar mi pluma al tiempo, 
si la venera victorias, 
si la émula vencimientos. 
Ideas que adorô el aima 
del mas viçarro sugete 
que alenté en Certes, porfia 
ya plumas, ya pensamientes, 
vereis copiar a la mia; 
veldad que avn tan en besquejo 
agrauio honrrosso es a quantas 
luces vibran, pisan çielos. 



TKIBUIO VK CESAR 



En cuya presencia son 
quantos rayos bulle tœbo 
antypodas a su luz, 
Tioche obscura a sus reflejos. 
No menos cruel que hermosa 
fue para my, pues contemple 
en ella la que acredita 
desden en verdor eterno. 
En crépuscules apenas 
goçé mi conoçimiento, 
V de la raçon las luces 
apenas me amanecieron, 
quando siguiendo mi estrella 
y quando mi sol siguiendo, 
fuy sectario de las Musas, 
fuy galeote de Venus. 
Vereisme en la pretension 
de tan illustres empleos, 
ni en lo prospero insolente, 
ni despechado en loaduerso. 
A bueltas de estas fineças 
me oyreis (si escuchais atento) 



juglar Marçial mal castrado, 
mordaz Juuenal seuero. 
Los tributos son que a Caesar 
pagué (sefior) poco cuerdo: 
cobrôlos la moçedad, 
riguroso alcabalero. 
Poco vereis dado a Dios 
(de que me lastimo y quejo), 
pero quien ay que a Dios pague 
bien en los afios primeros? 
A vos van, a vos anhelan, 
su sol, su norte, su centro, 
oro tal que solo pudo 
dorar tan crecidos yerros. 
Receuid humano el don 
que agradecido os ofresco, 
pobre, si bien esmaltado 
de eterno agradecimiento. 
Que de Alexandre las obras 
que exercitays. yo os prometo, 
que si un Homero las falta, 
no las faite un pregonero. 



Epitaphio al sepui.chro dk vna dama muy hermosa. 



Soneto T. 

El sol cubierto de vna nuue obscura, 
con eclypse mortal la luna hermossa. 
sin aliento la gracia mas ayrossa, 
afeado el extremo de hermosura; 

turuia la fuente de veldad mas pura, 
vencida la deidad mas poderosa, 
violeta triste la purpurea rossa, 
y agostada de Mayo la verdura; 

sin sus quilates del oriente el oro, 
horrible el rostro de mayor agrado, 
triste de cielo y tierra la alegria; 

pobre de los donayres el thesoro, 
y en ceniças vn angel transformado 
iacen deuajo de esta piedra fria. 

Ittvut Uisf.migue. — P. 



82 TRIBUTO DK CESAR 



A VN SUENO EN VNA AUSKNCIA LARGA. 

Sonelo II. 

En dura amarga ausencia, dulce sueno 
my triste pensamiento diuertia. 
que en la imaginacion vaga enboluia 
falaces sombras de mi amado dueno. 

Que alegre, que contente, que risueno 
goçaua yo del bien que me ofrecia 
yna agradable vana fantasia, 
en deleytable rato, si pequeiio! 

Sonaua yo, Theodora, que en mis braços 
estauas; y en tranquila paz goçaua 
de la mayor veldad rico thesoro. 

Desperté, quise darte mil abraços: 
busquéte, viste. Y como no te allaua, 
lo que en suenos rei despierto lloro. 



Soneio III. 

As visto al Sol nacer por el Oriente, 
en les braços del alua aljofarada? 
As visto en vna noche sosegada 
las estrellas y luna refulgente? 

De el cielo as visto la espaciossa frente 
con el iris céleste coronada? 
As visto de la perla estar prenada 
la nacarada concha transparente? 

As visto el oro mas preciado y fino 
quando del crysol saca valor nueuo, 
y de flores vestido el verde prado? 

As visto el arrebol que al safirino 
cielo da quando al mar se arroja Febo 
de vistosso color tornasolado? 

Luna, iris, sol dorado, 
nacar, cielo, arrebol, perla, oro, estrellas, 
comparadas a ty no son tan bel las. 



TRIIUrro DK CFSAR 



Soncfo If IL 

lo. aquel que en flacos anos juiçio diiro 
tube, y en anos duros juicio flaco. 
pues el monjuno trato por bellaco 
dcgé, y segui el gorron por mas seguro, 

ya por mi mal en locutorio obscuro 
mis reuerendas bragas desataco. 
no para hacer officio de berraco, 
de abestruz sf, que digiero yerro duro. 

No se cômo mi gusto engolosino, 
ni cômo es tanta lu ignorancia mia 
que professe vna seta que no alabo. 

Yo e (lado en vn nefando desatino, 
que es para lo de Dios tan sodomia 
hacerlo a vn puno como hacerlo a vn rabo. 



A UNA VISITA QUE HIÇO A OTRA VNA DAMA 
DEL CONDE DE Vl LI AMEDIANA. 

Soneto V. 

No del Gran Turco, del mas mal christiano 
el portatil zerralle, la carroza 
digo de Tasis conducio a su moza 
a visitar al Paladion troyano. 

Con la otra buena lança de la mano, 
apenas entra quando se aluoroça 
virgineo choro, olgon a toda broza, 
si honrrado no, con tal visita vfano. 

Juntanse las cofradas del bureo, 
la incauta chusma sus donayres muestra: 
mal exercicio para buena fama. 

Dicen cantô Berdugo peor que Orpheo, 
danzô lerda Gabriela, que es mas diestra, 
a son de cascabel, compas de cama. 

Y a las diez de la noche, 
C(in vn Pax vobis se torncj a su coche. 



84 



TRinUTO DE CKSAR 



A LA. SANGRE QVE DERRAMCJ VN CRUCIFIJO EN RECOMPENSA DE LA QUE VIRTIO 
S. F'rANCISCO XaBIER KESISTIENDO ENTRE SUENOS VNA TENTACION LASCIUA. 

So7ieto VI. 

En breue sueno tentacion lasciua 
de Xabier casto la pureza asalta; 
en bano, que de dignidad tan alta 
ni por suenos vn sueno le derriua. 

Vencedor sale de la lucha esquiua, 
si bien su castidad con sangre esmalta, 
que lo que a sangre de Dios muerto falta 
suplio aqui de Xabier la sangre viua. 

Suda Dios sangre estando atribulado 
Xabier en sus descansos, que fue prueua 
de su virtud. motiuo de su fama. 

Y confessando Dios estar pagado, 
porque sangre a su sangre Xabier deua, 
de nueuo por Xabier sangre derrama. 

Al sol, esperando la noche para ver a vna dama, 



SoHCtO VU. 

Rubio pastor, hermoso dios de Delo, 
que en triumphante carroça de oro rojo, 
oUando perlas, de tus pies despojo, 
rompes de obscura noche el negro belo: 

asi nunca tu quarto ardiente cielo 
otra uez rija juuenil antojo, 
que al suelo incite a rauia, a loue a enojo, 
y a las Nymphas a eterno desconsuelo. 

Que mas veloz de Thetys a los braços 
vages bordando con labor vistossa 
en nube açul follage nacarado. 

Y mientras de sus humedos abraços 
goças, goçaré yo de Clori hermossa 
platica dulce en rato regalado. 

Haz, sol, lo que te pido, 
no saïga Clori y huyas de corrido. 



TRIHUrO DE CESAR 






A VNA DAMA QUE, NO SIENDO DONCELLA, LO FINGIA CON MUCHO RECATO. 

So7ietû vin. 

Liicrecia fuiste y yo Tarquino astuto; 
Daphne, yo como Apolo te seguia; 
firme mas que el de Porcia parecia 
tu amor; fiéme de el, al fin fui Brute, 

Pagô a tu honesto amor mi amor tributo 
quando por casta Lesbia te ténia; 
pero deshiço la ignorancia mia 
tu flor cortada y de tu vientre el fruto. 

Como muger al fin , doncella al vsso, 
preciando el precio del dinero solo, 
honrrados tiatos ya tu amor desprecia. 

Ya no te sigo, antes te reusso: 
no seré mas Tarquino, Bruto, Apolo, 
pues no ères Daphne, Porcia, ni Lucrecia. 



Descripcion de vnas fiestas en vn lfgar de mcchos comfessos. 

Soneio IX. 

Presto cauçion por este pueblo honrrado, 
y por todos quemaron vn moarracho; 
yo, senor, ni lo alabo, ni lo tacho, 
mas, por Dios, que fue soga en cas de aorcado. 

Très comedias se abian publicado, 
y hicieron vna sola a lo gabacho; 
vbo vnos toribueyes, no me enpacho, 
que mas ay en la villa que en el prado. 

Por venir a rrajar hechô sus redes, 
y ensuciôsse en la fiesta Camarilla, 
y todos le bessaron en el rabo. 

Predicô de repente vn fray Paredes, 
y de penssado lo creyé la villa; 
veys ay la fiesta de principio a cauo. 



86 



TRIBUTO DE CESAR 



A VNAS DAMAS PEDIGUENAS Y ENCERRADAS. 

Sonefo X. 

Senores, con la Rea no me entrucho, 
ni me chupa la Eruas por Celestina, 
ni a Otalora e rebuelto la piscina, 
ni de Cerda el sonoro canto escucho. 

Ni en Almeida subi poco ni muciio, 
ni la Tamaj'o es mi concubina, 
ni del Portillo temo la ruina, 
ni con la sierpe Angulo Hercules lucho. 

Con nadie de ellas pecca mi apetito; 
libreme Dios de damas mendigonas! 
de no ablarlas jamas ago protesta. 

Adore su innocencia vn motolito; 
quiero tornarme en paz a mis gorronas, 
que son gafas y blanco a mi ballesta. 



NOUICIADO DE VN COLLEGK) DE LA VnIUERSIDAD DE AlCALÂ. 



Sonet Xr. 

Entrar pagando setecientos reaies 
de colacion, patentes, y propinas; 
viuir vn ano junte a las letrinas 
y ser cabestro de once collégiales; 

ser sordo a neçedades garrafales, 
mudo en conuersaciones de vecinas, 
y como çedulon por las esquinas 
andar pegado en actos principales; 

ser dedo malo en todas ocasiones; 
dar aguamanos al fin de la comida; 
<calle el nueuo», «able el nueuo» (casso estrano); 

andar siempre del libre de raciones 
borrado, que es el libro de la vida, 
esto es ser collégial el primer ano. 

El plus vitra lo abonn, 
pleytos con el Rector y Vita bona. 



TRIBUTO DE CESAR 8/ 



A VN PREDICADOR QUE ENTRÔ M ARABILI.ANDOSK Y NO TOCÔ AL THEMA 

Soneto Xir. 



Tras vna y otra y otra marauilla , 
del thema huyendo el padre mercenario, 
por la posta passô tan temerario 
que a la crin debe el no perder la silla. 

Hizole al Euangelio vna pandilla, 
mal humanista, peor escriturario: 
viue Dios, que fue infâme letuario 
la buena barba que la hechô a la villa. 

Mal pleito tuuo, pues lo metio a boces, 
y aunque nos dijo mucho a todos juntos, 
junto todo en rigor fue todo nada. 

A las pobres mugeres tiré coçes , 
no dio puntada en quatrocientos puntos; 
ella fue, en conclussion, mercenariada. 



Po npertas me Sicua domat , dirtisque Cupido 
sed tolieranda famés, non tollerandus amov. 
{Claudia, epig. 34.) 



Soneto XIII. 



Dura necessidad, tan obstinada, 
que el alimente niegas mas precisso, 
al alibio con tardo pie y remisse 
siempre vas, al aprieto apresurada. 

Cegueçuelo rapaz, deidad armada, 
contra el mas diligente o mas remisso, 
de cuyo imperio lastimosso auisso, 
del impio huesped fue la ingrata espada. 

Diuerso fin mirais, quando igualmente 
acoraeteis mi spiritu canssado: 
si huyo vn contrario, con el otro quedo. 

Mas ay! que ya no soy indiferente, 
porque es fuerça que, siendo desdichado, 
résista al ambre, y al amor no puedo. 



88 TRIBUTO DE CESAR 



Esitruns /laiificr telis incendier amoris 
ittier u.'rjtmgue »ia/um diligo paiiperUm, 



(Idem, ibid ) 



Soneto XIV. 

Necessidad, que diste a tantos maies 
principio, y fin a tanta honrrossa fama, 
no te conoce, no, quien no te llama 
enemigo mortal de los mortales. 

Amor, si aun a los brutos animales 
tu traycion rinde, tu violencia inflama, 
mal podran del veneno que derrama 
tu furor escapar los racionales. 

Entre amor y pobreça, ygual desdicha, 
miro fluctuar my triste pensamiento, 
no parando en ninguna punto fixo. 

Ya los cimientos rompo de mi dicha, 
ya de mi dicha allé el conocimiento, 
pues de dos maies la pobreza elijo. 



Cura firoperans foliis prcemittis amygdale flores 
odi pupillos prœcocis ittgtnii. 

(Alciato, De arboribus, Einblema 20g}. 

Soneto XV. 



No te engane, no, almendro presurosso, 
la violenta constancia del Hebrero; 
no a caricias de Marco lisongero 
atiendas, que es amigo sospechosso. 

De los hijos de Leda el luminosso 
rayo en la cassa déjà ver primero, 
y seras de ti mesmo tan grangero 
quanto fuere tu passo pereçosso. 

No antepongas el gusto a la cordura, 
no te ostentes biçarro, siendo ogeto 
de ynuidias o esperanças mal logradas. 

Sojusgada preueo tu locura 
del fioricida yelo al libre effecto, 
retrato de mis dichas desdichadas. 



TRIBUTO DE CESAR 89 



A VNA FIESTA DONDE SE CtJRRIERON GATOS Y GALLOS, I.UGAR DE 
MUCHOS CONFESSOS. 



Soneto XVI. 

La gente toda de mayor boato, 
todos juntos bestidos de moarraches, 
XX hechos algunos, otros HH, 
se ensayaron, Longinos, en vn gato. 

Corrieron arto mal vn breue rato 
(ninguno e cagaiero); no los taches, 
antes tus parabienes les despaches, 
dandoles ocho copias de varato. 

Quedaron dos o très en la estacada, 
cida quai maldiciendo su fortuna, 
que ninguno entendio ser desdichado. 

Y para dar remate a la endiablada, 
cantando vn gallo negro en la coluna, 
hiço que conociessen su peccado. 



Dkscricioh de yn lugar DEL MARQUES DE Poza: llamase Seron 

Soneto XV IL 

Vna trinca de hidalgos recoletos, 
que por pasearse ayunan el traspasso; 
vn vicariote de quien hacen casso 
los que son mas continues que discrètes; 

vn poeta capellan, que en sus concetos 
dice que afrenta al Bembo, eclipssa al Thasso; 
vn vulgo vil, de entendimiento escasso, 
de mejores malicias que respetos, 

dos sangrientôs barberos, hijo y padre, 
vno enxerto en Caton, otro en Medoro; 
las hembras de endiablada catadura, 

vn medico deuino, vna comadrc, 
vn zapatero hebreo, vn sastre moro, 
esto es Seron; quanto hay en él, basura. 



90 



TKIBUTO Dl CESAR 



A VNOS PIES FORÇOSEOS, CONSONANTES QUE DIO EN VN CERTAMEN DB LA 
CONCEPCION DE NuESTRA SexORA VN MAL POETA. 

Soneio WIII. 

Humilia, poetilla, tu ceruiz, 
que andas mas cuellerguido que abestruz, 
porque tejuro a Christo y a esta Ci-uz 
que ères quanto mas neçio mas feliz. 

Dando a versos agenos vu matiz, 
y tal como promete tu testuz, 
sacas por obras propias oy a luz 
los frutos de quien otro fue raiz. 

Sin duda que ères gran gloton de arroz, 
moledor mas que mano de almirez; 
no agas ya mas coplones, por tu vida, 

que, a ser la Virgen yo, digéra en voz, 
que mas que me alauaras tu otra vez, 
quisiera ser en culpa conceuida. 



A LA CONCEPCION DE NuESTRA SeÎJORA, EN ESTE MISMO CERTAMEN, 
EN VaLLADOLID. 

Soneto X/X. 

A Sacô en su eternidad vna manana 

Dios, por primicias de lo que ha criado, 
B por estar a su gracia aficionado, 

a vistas a la Reyna soberana. 
C Diuina en gracia, si en el ser humana, 

a la luna lleuaua por calçado, 

por vistosso vestido al sol dorado, 

y de estrellas su frente adorna vfana. 



A Dominus posedit me in initio: viarum suarum antequam quicquam 
faceret. (Prouer., c. 7.) 

B Vulnerasti cor meum, etc. {Cant, 4.) 

C Mulier amicta sole, luna sub pedibus eius. et in capite eius corona 
stellarum duodecim. {Apo., 12.) 



TRIBUTO DE CESAR QI 



D OtVeciosela vn passo peligrosso, 
y si passara sola es cossa cieita 
que cayera o que diera el salto en bano. 

E Viola dudar el regalado Esposso, 
y viendo su esperanza tan incierta, 
diola al saltar su poderosa mano. 

F Dio vn salto souerano, 

y de uella saltar se espantô el suelo, 
porque este salto fue salto del Cielo. 



A VN nOMBRK PRINCIPAL, GRAN BEUEDOR, PE(^)UE\ITO, QUI? MATÔ VNA BURRA 
A CrCHlLI.ADAS PORQUE COMIO LOS AGRACES DE VNA PARRA. 



Sojieio XX. 

Mono cruel, alfange belicosso, 
muerie cruenta y colera maluada, 
mataion vna burra desdichada, 
espectaculo triste y lastimosso! 

Castigo estraào, casso rigurosso, 
que persona tan graue y tan honrrada 
presiimiesse manchar su limpia espada 
en vn bruto tan sucio y asquerosso. 

Por Balan me le tuve, por mi vida, 
quando a su cimitarra tal despojo 
daua, ayrado y feroz, con un pollinf). 

Mas, que mucho quefuesse burricada, 
que fue darle en la bota de su enojo 
malo;:;rarle en agraz todo su vino. 



D Gratia autcm Dei sum, idquod sum, et gratia eius in me vaciia non 
fuit. {I C/iorint, c. 15.) 

E Quaî est ista quai descendit de deserto delitiis afluens enixa super 
dilectum suum. {Cant., cap. 8.) 

F Exultauit vt gigas ad currendam viam a summo cœlo egressio 
eius. {Ps. 18.) 



92 TRIBUTO DE CESAR 



A VN SUCESSO CON VNA DAMA EN AlCAI.X, VN DIA DE FERIA, A VN FRAIIK 

MERCENARH). 



Soneto XXr. 

De ojuelos criminal, ciuil de vocn, 
pies a la posta, manos de rraj)inn, 
a hacer sus carabanas va la nina, 
a ofertas viento y a suspiros loca. 

Cabello suelto, reboçada toca, 
descuydo cuydadoso que la alina, 
larga de talle, corta de vasquina, 
hace cien locos vna sola loca. 

Parô la caça vn quidam mendicante: 
propone dar vn perro a lo taymado, 
diola vna ogeada y ella siguio luego. 

Pretendio negociar a lo estudiante: 
si fue por lana, vino trasquilado. 
Bien saue Dios lo que gan(') en el juego. 



Para prouar los inoenios de vnos poetas muy cui.tos y presumidos. 

Sone/o A'AY/. 

De pardas nuues la erimanthea roca 
ténia Rhadamanto coronada, 
quando del seno horrible apresurada 
Alecto sale por la obscura voca. 

Y apenas Cadmo los coluins toca 
donde Anarte le ympidio la entrada, 
quando el choturno de la piel manchada 
con la sangre pythonica recota. 

Acudio la noctigena Megœra, 
y enbueltos dos titanes en su manto, 
inexorable al baratro acomete. 

De Atropos se detuuo la tigera, 
girô Orion, la Ephesia lucio tante, 
que se banô de luz el negro brete; 

y diola el lago Aberno 
nombre illustre, alto Inmor, titulo eterno. 



ri 



ri 



I 



TKUU'ro DF. CKSAR 93 



Epitaphio al sepuiciiro de nuestro santo y venfrable padre 
Fray Francisco Ximenez, etc. 

Soiiefo XXf/I. 

Los cxtasis nrdientes de Bentura, 
de Ambrosîîio In constancia y pecho entero, 
de San Luis cl espiritu guerrero, 
y de Ilarion la peiiitencia dura; 

de Bernardo el agrado y la dulzura, 
vn Juan para los ])olM-es limosnero, 
contra infîeles vn Hylarion seuero, 
y vn Hieronimo, luz de la Escritura; 

del gran pastor Gregorlo la prudenzia, 
y en ganar para Dios naciones tantas 
la charidad dt- Pablo feruorosso; 

de Chrisostomo illustre la eloquenzia, 
de nuestro sancto en las ceniças sanctas, 
guarda vfano este marmol venturosso. 



A LA REUERENCfA QUE TIEN'EX LOS MOROS A NUESTRO SANTO PADRE, QUAN- 
DO PAREÇE SOBRE EL MURO DE OrAN DEFENDIENDOLE, Y A LA YNUIDIA DE 

SUS IIEMULOS. 

Soue^o A'.V/r. 

Métal sonoro anima el esquadron, 
menos que a Dios a la milicia infiel, 
que contra Oran blasona mas cruel 
Victoria y misérable destruicion. 

Del sancto Cardenal la proteccion 
le guarda. centinela mas fiel, 
y el cercado espanol, fiado en el, 
muestras da de su ossado corazon. 

Las armas inuencil^les de su cruz 
opone a tiros y arrogante voz 
del moro, dando a Oran Victoria y paz, 

que huyendo de los rayos de su luz, 
déjà el muro el exercito feroz, 
afrenta del christiano pertinaz. 



94 



TRIBUTO DK CESAR 



RaÇON de PORQUE, TENIENDO Al CaRDENAL POR SANCTO, le DICEN MISSAS. 



Quintillas. 



Fue Abrahan lan extremado 
en ospedar peregrinos, 
que por ser mejor hallado, 
les salia a los caminos, 
de su charidad guiado. 

Tal charidad, tal feruor, 
sin paga igual no se queda, 
que tal vez (o gran fauor!) 
piensa que a vn mendigo ospeda, 
y aposenta a su Senor. 

Muere, y por premio le dan 
(o charidad, quânto abarcas!) 
que allen en su largo afan 
descanso los patriarchas 
en el seno de Abrahan. 

Porque es cossa bien notoria, 
que por pequeno juzgara 
el premio de su Victoria 
si peregrinos no allara 
que ospedar avn en la gloria. 

Asi a vos, en quien adoro 
animo tan liveral, 
(jue el que a pobres plata y oro 
distes, excedio el caudal, 
si bien no agotô el thesoro. 



Digo que con gran prudencia 
merecimientos aplican 
los que exequias multiplican, 
al passo que en conpetencia 
vuestra sanctidad publican. 

Porque es cossa aueriguada 
de piedad tan exti-emada, 
que a faltar a vuestro celo, 
que dar, jusgara en el Cielo 
t.'tnta gloria por menguada. 

Limosna podeis hazer 
de los que os van aplicando 
meritos, pues, a mi ver, 
vos, que estais de Dios gozando, 
no los aueys menester. 

Que el animo Huerai 
que os gouierna y piedad rara 
(si es licito decir tal), 
de otra suerte no jusgara 
vuestra gloria por cabal. 

No es, no, superflua esta obra 
que vuestra piedad esmalta, 
que en ella Dios justo cobra 
lo que a otras aimas les falta 
de lo que a la vuestra sobra. 



A LAS VIRTUDES DEL SANTO CaRDENAL. 

Redondillas. 



De sauer tengo deseo 
que ser gran padrc teneis, 



que a la vista pareceis 
a lo diuino vn Protheo. 



TRIBUTO DR CESAR 



95 



Apenas en el retiro 
(iando al mundo heroico exemplo, 
o solitario os comtemplo 
o pénitente os admiro, 



Pedro, las aguas ullays; 
mas que no soys Pedro muestro, 
pues en palazio al Maestro 
nunca timido negais. 



quando en real dignidad, 
de Espana digna caueza, 
venero vuestra grandeza 
y honrro vuestra magestad. 



Como a Elias mas fiel 
os da sustento el desierto; 
mas que no lo sois es cierto, 
pues no huys de Gezabel. 



De Rty y vassallo dais 
indicios, cômo podeis? 
Rey, cômo a otro obedeceis? 
vasallo, cômo mandais? 



Alcançô vuestro desseo 
(de virtud gran testimonio) 
encubrir letras Antonio, 
juntar sabios Tholomeo. 



Magnifico Salomon, 
templos os miro erigir, 
y fuertes muros vatir, 
esforçado Gedeon. 



Razon quiero que me deis, 
pues que de dudar la dais, 
cômo, ignorante, ensenais 
y cômo, sabio, aprendeis. 



Deseossos todos estan 
de dar alcançe a este enrredo: 
cômo arçobispo en Toledo, 
si en Africa capitan? 



Que sois fuego quando obrais 
actiuo y veloz recelo, 
mas el fuego sube al cielo, 
vos al suelo os humillays. 



De las suertes désignâtes 
en el Castaiïar testigos 
son religiosos mendigos 
V en Roma los Cardenales. 



A afrentas escollo duro 
soys, y ser solo en vos caue 
con mansos viento suaue 
con reueldes fuerte muro. 



Y assi, gran padre, publico, 
aunque mas riqueza os sobre, 
que soys cardenal muy pobre 
si religiosso muy rico. 



Mas no puedo persuadirme 
que soys ayre y piedra, quando 
para piedra os allô blando 
y para viento muy firme. 



En huir de la ambiçion 
Moyses soys; mas decir puedo 
que nunca os vi tener miedo 
al mas duro Pharaon. 



Vuestra virtud, que en balanzas 
trae oy la ynuidia ymportuna, 
luna es; pero no es luna, 
que nunca huuo mudanzas. 



gô 



TRIBUTO DE CESAR 



Ni es de Sol tal claridad, 
•aunque al Sol vfano afrente, 
que el Sol todo es refulgente 
y en ella ay esGuridad. 

Y aunque estrella parescais, 
no lo sois a los que viuen. 
pues ellas la luz reciuen 
V vos luz al mundo dais. 



Estrellas de perfecion 
en vos sin numéro alauo; 
pero para cielo octauo 
faltoos la trepidacion. 

Esto a la vista ofreceis 
si os contemplo de mil modos, 
y en ser todo y para todos 
otro Pablo pareceis. 



A LA RESISTENCIA AL ArÇOBISPADO, EN METAPHORA DE VN JUEGO DE PELOTA. 



Quintillas. 



De la Reyna mas deuota, 
■del confessor mas querido, 
los intentes, si se nota, 
•desafiados an salido 
al juego de la pelota. 

Jugô la Reyna con traza, 
viendo que no se enbaraça 

en honrra el confessor fiel, 
porque quantas hace en él 
todas las suertes rechaça. 

De juego tan de ymportanzia 
esperô mucha ganancia, 
auiendo allado su intento, 
entre pelotas de viento, 
hombre de tanta sustançia. 

Entra en palazio con miedo 
y en él no esta un punto quedo; 
la mano la Reyna toma 
y envida, en letras de Roma, 
vna mitra de Toledo. 

Humilde en el juego entré, 
mas sin temer caer en falta, 
que quando el embite oyô 
îio se le passô por alta 
pelota que no voluio. 



Si de Francisco maestro 
fue otro Francisco, en que fundo 
su valor tan sin segundo, 
no es mucho saïga tan diestro 
en dar reveses^l mundo. 

Despreciô su condicion 
vna dignidad tan alta, 
porque es tal su corazon 
que puede en huir la ambiçion 
dar a todos quinçe y falta. 

Fue misteriosso el reués 
que dio, y con tanta destreza, 
que la mitra ya no es 
solo honor de su caueza, 
sino trono de sus pies. 

Y a quedado tan notoria 
por él desde oy la Victoria, 
puesta la mitra a sus pies, 
que cifrô en este reués 
el derecho de su gloria. 

Despues que peloteô vn rato, 
la Reyna, apacible en trato, 
al vencido bençedor 
pidio, en pago de su amor, 
vna pension de varato. 



t 



TRlI?UTO DE CIÎSA-R 



97 



No le obligaron sus ruegos 
ni las amenaças fieras, 
y assi adiuinen los ciegos 
que al confessor avn en juegos 
le allaron hombre de veras. 

Tal peticion le alvorota, 
que quando a los pobres nota 
que el patrimonio es deuido, 
no quiso hacer el partido, 
aunque es juego de pelota. 

Todos con razon admiran 
que tal valor a que aspiran 
varato ofrecer se atreua, 
V no a la Reyna que ruega, 
sino a los pobres que miran. 

De varato mil thesoros 
sacan los célestes choros, 
pureza su religion, 
apostol la conuersion 
de los granadinos moros. 



Que ya que no por su trato, 
fue tan ardiente su celo, 
de Pablo viuo retrato, 
que dio Huerai al çielo 
vnas Indias de varato. 

A Oran vn conquistador, 
vn Elias a su ley, 
a la Escritura esplendor, 
a Espana vn gouernador 
y con resauios de rey. 

A la theologia honor 
dio, y a Alcalâ auctoridad, 
que es del mundo la mejor 
con tal Vniuersidad 
y tal Collegio Mayor. 

Mas mirones no han dejado 
de hemular a tal prelado, 
que no a auido en esta vida 
humildad mas perseguida 
ni sancto mas peloteado. 



A LA MILAGROSA VICTORIA DE OrAN Y PRODir.IOSSAS SENAI ES QUE LE ANTE- 
CEDIERON POR LOS MERITOS DE NUESTRO SANTO PADRE CaRDENAL. 



Cancion. 

Quando, rodeado de marcial estruendo, 
a Oran el Sancto marcha, cruz gloriossa 

le guia luminossa, 
ayre illustrando, ayre interrompiendo: 

que es bien vencedor sea 
por cruz quien por la cruz asi pelea. 

Oponesele el mar, que inchado gime, 
si ya al cielo gigante, horror al suelo, 

guiado de su çelo 
hacese al agua y su soberuia oprime: 

que a tan sanctos intentes 
mal podran resistir los elementos. 

Rtvnt Hispaniquf. — P. 



98 TRIBUTO DE CESAR 



Iris vario, en quien fin sereno alla 
siempre la tempestad mas temerosa, 

a la esquadra animossa 
senal no es ya de paz, si de batalla: 

que aqui su fin no yerra, 
siendo el arco de paz arco de guerra. 

Quando el contrario resistir intenta, 
de aues voraces esquadron volante 

contra el moro arrogante 
del sancto Cardenal la voz alienta: 

que en taies esquadrones 
las fugitiuas aues son leones. 

Treguas a la refriega peligrossa 
veloz quiere poner la negra noche; 

pero al sol en su coche 
detuuo su oraçion mas fernorossa: 

que al sol detener puede 
quien en fe a Josue y esfuerzo excède. 

Vençe su gente, gana fama y gloria 
haciendo de su esfuerço honrrossa prueua; 

pero quando la nueua 
le dan, él ya publica la Victoria. 

Que murho lo supiera, 
si en cruz Moysen en los conuates era! 

A LA CONCEPCION DE NuESTRA SeNORA, EN VN CERTAMEN POETICO EN VNAS 
FIESTAS QUL HIÇO EL CoNVENTO DE SaN FRANCISCO DE VaLLADOLID. 

Caneton. 

El infernal dragon, rey del Herebo, 
que dentre seraphines celestiales 
derriuô su altiuez a fuego eterno; 
el que la clara luz mas que de Febo 
trocô por las tinieblas infernales 
y el cielo Empyreo por el lago Auerno, 
con vn dolor interno 



I 



I 



TRIBUrO DK CESAR 



99 



de lier que su poder, que al mundo espanta, 

vna muger quebranta, 
en el concauo obscuio de la tierra 
su exercito aperciue, toca a guerra. 

Ya, a la resena de vn clarin bastardo 
obedeciendo, en esquadron formado 
le siguen monstruos del Baratro obscuro; 
la Pereza sajio con passo tardo, 
la Gula el vientre hydropico y jmchado, 
la Yra con arnés de azero duro; 

ya del tartareo muro 
la Soberuia, la Ynuidia y la Auariçia 

la siguen, con codicia 
de voluer, alcanzando este tropheo, 
triumphando al negro y ynfernal Letheo. 

Vn bolcan, que corona vn risco, bronco 
humo y monstruos bomita, y entre nieblas, 
por él el esquadron sale marchando, 
y al triste rimbonbar de vn tambor ronco 
el principe infeliz de las tinieblas 
iua el negro esquadron capitaneando, 

y detras caminando 
la Muerte en forma horrible, en passo tarda, 

lleua la retaguardia, 
que por donde la Muerte al Mundo a entrado 
es vn portillo que la abrio el peccado. 

Marchando llega el esquadron volante 
a sitiar a Maria, eburnea torre 
que a Damasco el orgullo le reprime; 
es ciudad de réfugie al caminante, 
asilo donde el flaco se socorre, 
herencia digna de que Dios la estime. 

El fiero dragon gime 
quando, al jugar la horrenda artilleria, 

armada vio a IMaria 
de luz del de justicia Sol mas puro, 
que la sirue de muro v antemuro. 



lOO TUIHUTO DE CKSAK 



De Potestades mil trop.is lucienles, 
de Tronos, de Virtudes, Cherubines, 
Dominaciones, Angeles ligeros, 
de fuertes Principados y valientes, 
de abrasados alados Seraphines, 
de Arcangeles valientes y giierreros,. 

a los contraries tieros 
hacen cara, destroçan, desuaratan, 

resisten, yeren, matan, 
vencen, y en los palacios de la Gloria, 
por Maria se aclama la Victoria. 

Rayos bibrando, acreditando estrellas, 
que vfanas cinen su inuencible frente, 
con su Hijo y Esposso de la mano, 
sale Maria; mas a sus centellas, 
timida huye la infernal serpiente, 
por no ver en la frente su pie vfano; 

mas defiendese en vano, 
que rompiendo Maria su cabeza 

humillô su fiereza, 
dando en caueza, cuello, frente y ojos, 
trono a su pie y a su valor despojos. 

Apenas del dragon quedô triunphante, 
a sus hermossas plantas sugetando 
agraciada y valiente su porfia, 
quando festiuo el esquadron ovante, 
lauro cinendo, palmas enristrando, 
«Viua (en sonora voz dice) Maria!» 

y con tal armonia 
dieron gloria a Maria, a Dios contento, 

al infîerno tormento, 
ecos al ayre, rogocijo al cielo, 
honrra a los hombres, parabien al suelo. 



TRIBUTO DE CESAR lOI 



HlERdGLIFICO PARA SACAR EN UN SARAO, HECHO EN GRACIA DE ThEODORA, 
CON INTENTO DE DISIMULAR QVU SE HACIA POR ELI A. 

(El jerogli'fico représenta un Sol, dentro del ciial estân las letras griegas 
0. £. a; a un lado y otro del Sol unas banderolas con la palabra «Adoro> 
en cada una; debajo, en el pedestal, esta leyenda: 

IGNOTO DEO 

A no conocido dios, 
si de mi fe conocido, 
a mi fe desconocido.) 

El intento de este geroglifico fue dar a entendcr que el que le sacô es» 
taua aficionado, si bien procurô ocultar con quien, pero declarase en el, 
porque las très letras griegas que estan dentro del resplandor son H. z. a. 
T. E. A., que juntas con las que suben de la ara querrâ decir: ADORO- 
TEA por vna y otra parte. Parecio bien el arte y fue entendido de pocos 
y alabado de muchos. 



Al sepl'lcuro del Santo Cardenal Fray Francisco Ximenez 

DE CiSHEROS. 



Pintese un sepulchro sobre el caduceo de Mercurio, que es la vara de 
«ro con los dragones, senal de concordia. En lo summo, VIRTUS, y abajo: 
Illa fretiis agit ventos et ttiruida franat mibila. (. Eneld., lib. 4.) Al vn lado 
vn tropheo con armas reaies, insignias militares y de letras. Al otro lado 
otro tropheo con armas e insignias de penitencias, humildad y episcopa- 
les, y por letra: Faciiis est reconctliatio. (EccL, c. 44). 

Aunque opuestos entre sî 
de la virtud, en vos veo 
que los vnio el caduceo, 



I02 TRIBUTO DE CESAR 



A Theodora, en ocasion que se escondia y retiraua algo esquiua. 

Lyras. 

A su région enbuelto en humo denso 
sube el puro elemento presurosso, 

claro, mas bulliciosso; 
por ser mar, en el mar, al Ponto immenso 

corre el arroyo mansso 
con esperanza de mayor descansso. 

En vez de salua a la diuina aurora, 
por su presencia alegre y placentero, 

vn pintado sirguero, 
quando de alegre luz los campes dora, 

da melodia y flores, 
aue en voz, ramillete en las colores. 

Soys, Clori (norte de mi pensamiento), 
oceano de gracias, fuego ardiente, 

aurora refulgente, 
mar en immensidad, puro elemento 

en honor que os gouierna, 
aurora bella, aurora en luz eterna. 

Pues si el arroyo el mar busca ligero, 
fin de su cursso; si a la bella espossa 

de Thithon su graciossa 
voz y librea da, dulce, el sirguero, 

va el fuego a su elemento. 
tome en ellos exemple el pensamiento. 

Busqueos, dichoso fin de su camino, 
quai su région; su canto, aunque imperfeto, 

le elija por sugeto 
excellente, amorosso y peregrino; 

sea arroyo en buscaros, 
fuego en amaros. aue en celebniros. 



ÏRIBUTO DE CESAR IO3 



A LA CONUERSION DE SaN IgNACIO DE LoYOI.A'. EN US CERTAMEX. 

Ofavas. 

Con valeroso siempre ossado pecho, 
Ignacio a vn tiempo mueue braço y lengua, 
y al esquadron que en peligroso estrecho 
furia francessa pusso con vil mengua: 
«Mostrad, les dice, el espanol despecho, 
y contra quien infamemente os mengua, 
rostros y pechos de esplendor ornados, 
mas de fiereza que de acero armados. 

Arco la diestra estire, bibre lanza, 
tiiian vuestros aceros claros soles, 
en honrrossa catholica venganza, 
de gala sangre rojos arreboles; 
muerta la fama y muerta la esperanza, 
en vuestro vitrage queûan, o espanoles! 
si antes que entre el francés el fuerte, entrada 
no alla a muerte en sus pechos vuestra espada.» 

Dijo, y en el conbate peligroso, 
de gloria emulador, de enojo ciego, 
entra inpaciente, mata riguroso, 
ni timido a amenaza, o pio a ruego: 
quando a vn trueno siguiendose espantoso 
de plomo vn rayo enbuelto en humo y fuego, 
medio eficaz de prouidencia eterna, 
le ganô a Dios si le perdio vna pierna. 

Herido Ignacio fue de el muro al suelo, 
y asi su voz al cielo en vn instante: 
«Si de Saulo, Seiior, fue mi desuelo, 
si contra uos Nabuco fui arrogante, 
si Babel pretendi Uegar al cielo, 
si el cielo quise conquistar gigante, 
a vuestra voz Babel, Nabuco y Saulo 
soy poluo, confusion y humilde Paulo.> 



I04 TRIBUïO DE CESAR 



O tu, a quien de entre estruendos milit;ires 
nueuo caudillo llama a nueua guena; 
si cl glorioso estandarte tremolares 
que cl cielo honrrô, que consagrô la tierra, 
jayanes te darâ la tierra a pares 
que hagan violencia al cielo donde encierra, 
justo juez, para invictos vencedores, 
lauro immortal, eternos esplendores. 



Descripcion de la hermosura de vna dama, en metaphora de la fabrica 

de vn templo. 

Cancion. 

Si al que atentaste humana pensamientos 
propicia inspiracion diuina inuias; 
si rige immortal numen mortal labio, 
en sonorosso musico concento, 
tu vellcza sera, Theodora mia, 
del tiempo emulador honrosso agrauio, 

y si mi plectro sauio 
en dulce estilo, en sonoroso canto, 

te pudo ofrecer tanto, 
en ti respetaran largas edades 
vna deidad afrenta de deidades. 

Al simulachro de mayor velleza, 
honrroso agrauio de deidades quantas 
mcrecen blandir luz, ollar estrellas, 
templo érige mi fe, cuya grandeza 
sola mcreçe. Solas sus dos plantas 
son digno honor de sus peanas vellas; 

aqui viuas centellas 
de amor el aima abrasan; sacrificio 

que si aceptas propicio, 
idolo vello, queda my cuydado 
tan bien contento quantq bien pagado. 

No a la loçana juuentud del ano 
pcdiré para el templo que consagrô 



TRIBUTO DE CESAR 10 = 

a deidad no pleueya frescas flores; 
cmuladora del Egypcio engano, 
machina canto illustre, insigne labro, 
tan uaria, no en firmeça, sî en colores, 

y pues oy sus primores 
en tu seruicio ostenta el genio augusto, 

escuchale con gusto, 
y de el poema la dulce melodia, 
oye por tuya, ya que no por mia. 

Sobre eburnea vcllissima coluna 
Librô el Amor vn templo de alabastro, 
o!>ra admirable, celestial velleza, 
no sugeto a los golpes de fortuna, 
que de diuinidad descubre rastro, 
si bien cubierto con mortal corteça. 

O con que subtileza 
labrô el autor la hermossa architectura, 

cifrando la hermosura 
de todo el mundo en este hermoso templo, 
que humilde adoro, que feliz contemple! 

De brunido martil vn breue espacio 
sustenta de este templo los vmbrales, 
que los del Sol afrentan arrogantes; 
eran las puertas del real palazio 
de sangrientos finissimos corales, 
con clauaçon lustrossa de diamantes. 

Alegres los amantes 
consultan de veldad el simulacro, 

que en este templo sacro, 
dulce estacion de amantes peregrinos, 
pronuncia humano oraculos diuinos. 

Del templo sancto que mis maies templa 
el frontispicio vello y gentil muro 
se adorna con dos couchas nacaradas; 
vuela mas alto el aima, do contempla 
claras vedrieras del safir mas pure; 
en dos bentanas anchas y rasgadas 
estauan adornadas 



I06 TRIBUÏO DE CESAR 



de delicado vox con ricos marcos, 

y de ebano dos arcos 
se siguen luego, en quien se asienta y fija 
de plata y alabastro vna cornisa. 

Eran los capiteles y techumbres 
del techo altiuo de unas ebras de oro, 
redes que tiende Amor, fléchas que tira; 
de las esferas encendidas lumbres 
reciuen resplandor, ser y decoro; 
destas ebras que el Sol elado mira, 

aqui el aima se admira, 
y este templo contempla en cuyas aras 

en vez de aromas raras, 
ambares indios, balsamos sabeos, 
se abrassa y sacrifica en sus deseos. 

Idolo vello, a quien humilde adoro, 
de viçarria extremo y de belleça, 
exemplo de veldad solo en el suelo, 
sagrado templo a cuyas puertas Uoro 
y a donde el aima sus plegarias reza; 
angel diuino con humano vélo, 

entre amor y reçelo, 
nacido de lo poco que meresco, 

sola el aima os ofresco; 
receui el pobre don, que, aunque pequeno, 
de grande voluntad os haçe dueno. 

Pobre cançion, humilde verso mio, 
vuela veloz al templo que te ynuio, 

y si con él aciertas, 
pide por pobre a sus hermosas puertas; 
no desmayes por pobre, haz lo que digo, 
que por pobre négocia el mas mendigo. 



I 



TRIBUTO DE CESAR lO/ 



ReSPUESTA a LOS VERSOS DE VNA DAMA DESBANEÇIDA Y COMUN. 

Senientesios. ' 

A ti, rabisalida poétisa, 
que te tomô la prissa 
de hacerme con tus versos sueltos cocos, 
que fuera bien atarlos por ser locos, 
tu altiuez me prouoca 
viendote en pressa neçia, en verso loca. 

Ben aca, Francisquilla, 
cabalgadura de vna y de otra silla; 
no saues que te dio trotes en pelo 
el que por ser gorrion es ya mochuelo, 
quando alla al campanario 
suuiste por las piernas del vicario? 

Si seruiste de gafas a Berrio, 
para que tanto brio? 
Siempre con locos se goçô tu gozo, 
vn loco viejo y otro loco moço, 
y entre locos a parcs 
pasaste de Lagunas a Lodares. 

Lloraste, puta moza, al puto viejo 
quando dejô el pellejo; 
dicen caiste mala de la pena, 
si pudo mala estar quien nunca es buena, 
y mas tù, Francisquilla, 
que a qualquier basto sirues de malilla. 

No me parece bien que a tantos fraires 
digas, niiia, donayres. 
Franciscos, Carmelitas, Trinitarios, 
dices van todos a ensartar rosarios. 
Yo, nina, no lo niego, 
pero de sus ensartes derreniego. 






io8 



TRIBU'IO DE CESAR 



De puro recogida y recatada 
estas, nina, opilada; 
mas ame dicho vn boticario honnado 
que no fue opilacion sino prenado; 
que dicen socarrones 
que ya se usan donçellas Paladiones. 

Al skpulchro de vn hombre muy gordo. 

Epitaphio. 
Impleta est terra possessione tua (Psa. 103.) 

Letra. 

Ouando la tieiTa con piadoso lloro, 
, por perdida fatal de tal thesoro, 

huerfanos hijos vanan a porfia, 
ella muestra alegria, 
que con huesptrd tamano 
piensa sacar ci vientre de mal ano. 

A S. Ignacio de Loyola y S. Francisco Xabier en vn certamex. 

Hieroglifico. 

Pintose el Sol, y enfrente de el vna luna que ténia rayos como cl Sol y 
tanto resplandor como el. 

Letra. 
Erit lux lun;u, sicut luxsolis. (/sa/., c. 30.) 

De este reciuo la luz, 
y soy con tal arrebol 
su luna y de vn mundo sol. 



A LA Purissima Concepcion de Nuestra Senora. 

Hieroglifico. 

Pintosc en vn cielo sereno vna luna llena, y en el medio la imagen de 
la Concepcion Purissima de Nuestra Senora, con esta letra en la orla: 



TRIHUTO DK CKSAR 



109 



«Pulchra ut luna» (Cant., cap. 2), en la tierra algunos perros blancos y 
negros abalançados a la luna como que Jadian, y sobre ellos: «Circundi- 
derunt me canes multi.» (Psal. 21.) Y por letra latina los uersos de Al- 
ciat.. emb. 164. 

Letra latina. 

Lunarem noctu vt spéculum canis inspicit orbem 
seque videns altum crédit inesse canem 

et latrat; sed frustra agitur vox irrita ventis 
et peragit cursus surda Diana suos. 

Letra castellana. 

No os dé el perro ladrador, 
luna bellissima, pena, 
pues que vays de gracia llena. 



Clori enamorada y ceiossa, en metaphora de vna tempestad. 



Romance I. 



('alù el capote la nina 
a lo amante çahareîio, 
preuiniendo tempestndes 
de la inconstançia del tienipo. 
Vaporiçô Voluntad 
amorosos sentimientos, 
que en el ayre condensados 
;igua son, si fueron fuego. 
Desconfiança medrossa 
exalô rabiossos celos, 
tan sutiles que la nuue 
penetraron asta el centro. 
Dulce Amor, Amor afable, 
Desden desabrido y seco, 
mal se podran reducir 
a reciprocos effectos. 
Piigna Amor, los Celos pugnan; 
este reuelde, aquél tierno, 



tanto que trocô en dos mares 
sus dos bellos ojos negros. 
Reconcentrose Desden 
en el grado mas intensso, 
de rigor, y leue humo 
resultô en furiosso incendio. 
Por la parte superior 
de el aima rayo soberuio 
rompe, bien que intenta en liano 
resistirle el Sufrimiento. 
Siguense amargos Suspiros, 
y a éstos succesiuos Ecos, 
que es pregonero de rayo 
la voz confussa del trueno. 

Serenidad sucede 
tras la borrasca. 

Ay, que yo no la espero 
de mis desgracias! 



no 



TRIRUTO DE CESAR 



A ClORI, en OCASSION que DIO VNA MERIENDA V CANTO A ELLA, 
FABOR GRANDE. 



Romance II. 



Del Nubis oyen suspenssas 
Amadriades y Nayas 
de vna Nympha de su orilla 
las mas graues consonancias. 
Mil floridas parias rinden 
de vencedoras guirnaldas, 
por mas hermoso a su rostro, 
por mas dulce a su garganta. 
Con mas dulçura que Orpheo 
pendientes de sus palabras, 
fugaces auras detiene, 
reueldes peiias desata. 
Pero ay gi-ande diferenzia 
de vnas a otras consonancias, 
que ella al infîerno aimas lleua 
y él del infîerno aimas saca. 
Si innanimes cuerpos rinde, 
que mucho que rinda vfana 
aimas que cuerpos animan, 
cuerpos que obedecen aimas? 
Los christales fugitiuos, 
con pretensiones contrarias, 
para goçarla vnos corren, 
por no perderla otros paran. 
Atentos la escuchan todos, 
dando todos a su gracia 



deuido pplausso y deuidas, 

si bien cortas, alabanzas. 

La atencion con que la escuchan 

tan liueralmente paga, 

que obras, generossa, ofrece 

donde sus palabras vastan. 

Diuina voz es sin duda, 

porque en solo Dios se alla 

el hacer con el deçir, 

las obras con las palabras. 

A ser la voz portuguessa 

y mi Musa lusitana, 

digéra (perdone Deus) 

que mais ben que os anjos canta. 

A ellos su alabanza dejo, 

que pienso cortas quedaran 

portuguessas inchaçones 

y llaneças castellanas. 

Hermosissima cantora, 

si en la gloria de tu gracia, 

en la garganta diuina, 

formas respuestas humanas, 

fauoreze al venturoso 

que llora porque tu cantas, 

que tu garganta le tiene 

con la soga a la garganta. 



A NuESTRO Padre San Francisco. 



Romance HT. 



Francisco, si en la batalla 
ganais vandera de amor, 
a banderas desplegadas 
amô vuestro corazon. 
Vuestros tieruos desafios 



con Dios de tal fuerça son, 
que por mostrarse muy hombre 
viene a las manos con vos. 
Brauo con Dios en apuestas 
andais, Francisco, pues soys 



TRIBUTO DE CES \.R 



III 



quien Ueua en palmas la cruz 

que Dios al hombro lleuô. 

Al pesso de la cruz vuestra 

el de su cruz anadio, 

que, aunque contrapesso, aliuia 

el pesso de la passion. 

Assi mesmo os crucifica, 

y con tan estrecha vn on 

os comunicô sus llagas, 

que fue la aficion mayor. 

En pies y manos os sella, 

porque el mundo entienda oy 

que para hacer marauillas 

soys pies y manos de Dios. 

Prcciase de Huerai, 



y por esso officio os dio, 

despues que os vio maniroto, 

de limosnero mayor. 

En estos trances sangrientos 

os cobrô tal afficion, 

que por ser hombre rompido 

gusta de tratar con vos. 

Ya podeis decir con Pablo: 

«Lo que falta a la passion 

de Christo, en mi propria carne 

mi sangreviua suplio.» 

Thesorero sois de Christo, 

que es justissima razon 

que el cielo franqué quien tiene 

senales de Redempto . 



A UNOS VERSOS PICANTES QUE INUIÔ VNA DAMA POR FIN DE VNA MERIENDA 

Romance IV. 



A la vella poetissa, 
criminal en el decir, 
la que sentenciô a Fileno 
a destierro en Medellin; 
agarrocheado el nouillo, 
ya que no la puede herir, 
assi bramando la dice: 
«Poetilla valadi: 
o tu, quien quiera que seas, 
coçinerilla sutil, 
que con tal primor guisaste 
mis cuernos con peregil; 
a la que en mi agrauio quiere 
estremeno jabali, 
dama que con vn peon 
da jaque y mate a un arfil, 
dila que ya yo temia 
de mis dichas este fin, 
porque la tuue por sota 
desde el dia en que la vi. 
Doncellaço queria darme; 
pero ya puedo decir 



que tiene mas feligreses 

que alguna Iglessia matriz. 

Vn aîïo anduue por ella 

bulliciosso matachin, 

cuco en mayo, cieruo en brama 

y picado borcegui; 

y jamas me dio lugar 

de brujulear vn botin, 

y aora se hecha en la baraja 

picada de vn Gandalin, 

que quando mas tributario 

me ofrecia al dios Machin, 

jugô vn claudicante Roque 

diciendo: «jaque de aqui». 

De este nueuo amante suyo 

solo la puedo decir 

que no es casto por el rabo, 

y es por lo Castro rabî. 

Goçe el cachorro mil anos 

del tribu de Benjamin, 

que a fe que para tal lobo 

no a de faltar vn mastin. 



112 



TRIBUTO DE CESAR 



Para cantar en la fiesta de S. Juan Baptista. 



RonuDicc V 



Abecillas amorosas, 
pues que ya amanece el akia 
y al Sol de justicia anuncia 
el lucero de la gracia, 
romped dulces el silençio 
y salid a hacer la salua 
a las luces que os conuidan 
a la aurora que os aguarda. 
No aya ramo que pressuma 
ser sagrado a vuestras alas, 
talamo sî a vuestro amor, 
campo no a vuestras vatallas. 



En dulces formados choros 
y con sonoras gargantas, 
anunciad su bien al mundo 
y su salud a las aimas. 
Deçi al Jordan que preuenga 
de christales y esmeraldas, 
para un Elias sus yermos, 
para un Baptista sus aguas. 
Dad alegres parabienes 
a los que en prission amarga 
en la sombra de la muerte 
viuen solo de esperanzas. 



A UNA MANÇANA QUE DIO VNA DAMA CASSADA CON VN VIEJO MUY CEI.OSSO. 



Romance VI. 



Zagala del sacro Henares, 
donde, ostentando velleça, 
todo desden acreditas, 
todo seruicio desprecias; 
honrroso agrauio de quantas 
hauitan en sus riueras, 
fresco Amadriades valle, 
chrystal vndosso Napeas; 
bellissima capitana 
con quien Amor acrecienta 
victorias en sus vatallas, 
cautiuos en sus cadenas; 
si es que meresco, alistado 
deuajo de tu vandera, 
ser cultor a tu deidad, 
idolâtra a tu velleça, 
cscucha apacible vn rato, 
empleo de mis potencias, 



a my entendimiento encomios, 
a mi voluntad querellas. 
Ouejosso si agradeçido, 
parte, como a caussa de ellas, 
te doy, ya humana, ya esquiua, 
de mis glorias y mis penas. 
Vfano venero el dia 
que vio Henares sus riueras, 
ya paraysso de engaiios, 
ya theatro de tragedias, 
y la fruta, premio honrrosso, 
pues fue la mançana vclla. 
no a mi yntento suspension, 
sino premio a mi carrera. 
Trocadas las suertes miro, 
pues que, o detienes o premins 
a Hypomenes Atalanta, 
Venus al pastor de Hclena. 



TRIBUTO DK CESAR 



113 



Si es ya para decidir 
vellissimas competençias, 
jiisto es que del cielo vage 
(juien a tu donayre premia. 
Mas si detener présumes 
assi el aima que a ti anhela, 
el curso de mis deseos 
mas que suspendes alientas. 
Otra fruta es la que hiço 
al aima que la venera 
Tantalo de mas congojas 
y Paris de mas pendencias. 
Bien «jue, c<;mo a paraysso 
que todo dcleyte encierra, 
vigilante chérubin 
mas que la goça la cela. 
Tambien la piedad estimo 
con que diste, menos fiera, 
firme puerto a vna borrasca 
quando golfo a otra tormenta. 
ÇJuc contra Eolo y Neptuno 
me defiendas, que aprouecha, 
si les cielos alborotas, 
quando elementos concuerdas? 
Pues que condenaste, ingrata, 
que es lo que el aima se queja. 
en mi pecho vna intençion 
sicndo su intençion tan buena. 
Solo de seruirte a ssido, 
lastimado de que veas 
deçir a vn Nestor amores 
en la cama y en la messa. 
Quien duda temple en tu pecho, 
de amor abrasados Etnas, 
tanta nieue como hace 
a su barua Pyrinea, 
sino es que, Fenix, tu amor 
(raro exemplo de fineza) 



con mai aliento reuiua 

de entre ceniças mas muertas? 

De capitana blasonas, 

mas ereslo poco cuerda, 

pues de Amor en la milicia 

seguir a Vegeçio intentas. 

(Jue injustamente te alçaste 

con este nombre confiessan 

quantos ven quan pocas veces 

puedes empunar gineta, 

y que vn soldado que alistas 

deuajo de tu bandera, 

si plaça de pica sirue, 

es solo de pica seca. 

Ouenoespiaçadehombre de armas 

la que sirue 'es cossa cierta, 

pues que no trae dobladura, 

si bien dobla en la refriega. 

Ni de caballo ligero 

puede seruirte en la guerra 

amor tan uiejo y canssado 

que es fuerça que ande en muletas. 

Continue no en darte gusto, 

pues sus açeros que alientas, 

a fuer de pulsso mortal 

tienen mil intercadencias. 

Y asi solo pueden ser 

las fineças que te celan 

de las guardas de Castilla, 

por lo que tienen de viejas. 

Ginete corre tu costa 

quando le tienes a questas, 

que es fuerça ser de dos yerros 

lança que los botes yerra. 

Seruicio te hace el que ofreçe, 

quando asi te considéra: 

pica a pie quedô valon; 

lança en ristre, a la francessa. 



Rtvtu Hisj^anique. — 1'. 



114 



TKIBUIO DK CK.SAR 



Al. MILAGROSO PAN QUE EX VN DESIERTO ENUIO EL CIELO AL IllUSTRISSIMO 

Cardenal Fr. Francisco Xi.menez. 
Ro7na}2ce Vif. 



Quando del sol las parejas 
con mas fogoso tropel 
en el lucido suuir 
senas dan del descender, 
de Francisco vn successur, 
Heliseo suyo, a quien 
dio el espiritu en la capa 
como en el nombre la fe; 
pobre por su voluntad, 
por su obligacion a pie, 
por su deuocion mendigo 
y celosso por su ley, 
segundo Helias camina, 
no huiendo, que no se ve 
de vna reyna amenaçado 
ni perseguido de vn rey: 
los catholicos de Espana 
tanto caudal hacen de él, 
que si Daniel le consultan, 
gouiernos le dan Joseph. 
Por desiertas soledades 
cortes desprecia Moyses, 
donde si herrados conduce 
tambien de Dios glorias ve. 
Arduos caminos enprende, 
fatigado al parecer, 
poco aliuio en muchos aiïos, 
fuerte pecho en flacos pies. 
Roble que del tiempo vario 
sufrio vna y otra uez 
quanto en el mayo fauor, 
tanto en diciembre desden, 
ojas oponiendo a rayos 
de Febo contra el poder, 



toldo le haçe de sus ramas 
y de su tronco paues. 
A su pie canssado yaçe 
quien tendra augusto dosel, 
en ïoledo por prelado, 
en Castilla por virrey. 
Vajarân como a su Elias 
cueruos; pero ya an de ser 
prouidos no a su esperanza, 
obedientes si' a su fe. 
Su negro esquadron volante 
le podrâ faborecer 
en ocassion mas honrrosa, 
en açana mas cruel. 
Al cielo vuelue los ojos, 
de donde vio descender 
manjar que sustenta el cuerpo 
y aliuia el aima tambien. 
Vn penasco venturosso 
(que aun piedras lo suelen ser) 
ofreçio para el conbite, 
si tosco, limpio mantel. 
Bien que alternando libreas 
ya nieue, ya rosicler, 
pensil fecundo el penasco, 
jasmin produce y clabel. 
Mil ramilJetes de plumas, 
aues de flores se uen 
hacerle musica a choros 
dos a dos y très a très. 
Lleg(3 a la mesa Francisco 
a comer de vn pan, en quien 
tanta dulçura se encierra 
quanta hermosura se ve. 



TRlUarO DE CESAR 



IIS 



Liquide chrystal le ofrece 
vn risco para beber, 
no amargos como a Sanson, 
no a pal os como a Moysen. 
Del peîïasco la dureça 
a la blandura certes 
se mostrô esta uez del agua, 
fuesse por mal o por bien. 
Con presunciones de rio 
corrio sonoro, y ya es 
culta selua, fresco valie, 
el que monte inculto fue. 
Lisongeando al conbidado, 
antes que meresca ver 
en sus christales su mano, 
se llegô a besar el pie. 



Bebio y dio gracias, Uorando 
de piedad y de placer, 
Narcisso no de este rio, 
canoro si cisne dél. 
O tu, que a mejor corriente 
de région que glorias ve, 
do eterna luz amanece 
sin penssion de anochecer, 
victoriossa palma enristras, 
verde acreditas laurel, 
estola candida doras 
de la caueça a los pies, 
los esquadrones ouantes 
mil parabienes te den 
del bien que por siglos goces, 
pues le saues merecer! 



Epistola a Tiieodora, despues de acabada la amistad. 



Romance VIII. 



El vassallo desleal, 
el fementido, el traidor ( » ), 
el aviltado de todos, 
mas que de nadie de vos; 
el que en Palencia no cupo, 
maguer que en ella nacio, 
desde Valencia os enuia 
salud: otorgueosla Dios. 
Enviaros salud agora 
no es poca muestra de amor, 



que os juro a fe de hombre honrra- 
que lo que no tengo os doy. [do 
Tambien os diera vn consejo, 
mas pedireisme vn doblon (2), 
si no es que digais que el oro 
es falsso como el dador. 
Aca no dan mas los hombres, 
que ay hembras de tal humor, 
que no sauen pedir cossa 
sino celos y perdon ( 3 ), 



( ' ) Auia hauido grandes disgustos. 

{2) Toca historia que aviendo sacado de vn cagero 140 reaies de ni- 
fierias, la hicieron vn soneto que acabaua «Asta vn doblon es cossa mo- 
derada», y tornô a decir que se le ynuiassen, y al cagero sus cessas que 
en confiança del galan avia sacado. 

(3) Era muy amiga de que la diessen y regalasen. 



ii6 



TRIBUTO DE CKSAR 



Y no es lo barato caro, 
porque ya tengo opinion 
que de pano pardo y putas 
lo mas barato es mejor. 
Los diables Ueuen al puto 
que a la primera hembra dio: 
apostaré que séria (4 ) 
G zurdo, o caluo, o capon, 
o algun padre monachal, 
abbad o procurador, 
tirandole de las botas 
vna moça de vn meson. 
Que ley diuina o humana 
tal desigualdad mandô, 
que el gusto a los dos igual 
vendas tû y le compre yo? 
la las hembras en oyendo 
dos palabras de aficion, 
alargan al despedirse 
la mano como el doctor. 
(Juando yo digo estas cossas, 
no ignoro que direis vos: 
«Morirâ vuessa merced 
de achaque de disfavor» (5). 
Si boacé me desaucia, 
alguna dama menor 
me dira que soy de vida 
por seis quartos de turron. 
Y si ay sesentonas berdes, 
Theodora, en vn apreton 
valganme las de sesenta 
pues perdi con veynte y dos. 



Ir quise a prouar la mano 

este verano por Dios, 

y allarme en las vuestras cortes ( ^ ) 

que se facen en Léon. 

Précisas ocupaçiones 

me detuuieron, que son 

freno que el honor ha puesto 

contra la espuela de amor. 

Ya que me quedé, queria 

que me hicieses relacion 

de lo que passa despues 

que ausente de vos estoy. 

Confesadme la verdad, 

que \m poco (|ue me escriuio 

quien con vuestras cosas tiene 

quenta y no lo es de perdon. 

La senora labradora ( 7 ) 

direis que matrimoniô; 

no se enganô el voticario 

si es que andaua a escoger tior. 

Del cornaço de Amalthea 

fuera la flor que lleuô 

si otro Gallo le cantara 

como vn Cisne la cantô ( *> ). 

Muy florida fue la nobia, 

que mucho sino alcançô: 

marquesitos de Alfarache ( 9 ) 

a la puerta de Monzon. 

De éstos y de frayles pido 

que a mis hembras libre Dios, 

que entran por la bocamanga, 

salen por el caueçon. 



(4) Auia tenido quatro galanes de estas gracias. 

(5 ) Era este ordinario modo de ablar suyo. 

(t>) Auia en su cassa gran concursso de gente. 

( 7 ) Era la mas recatada de très hermanas. 

( s ) Auia ablado con vn hidalgo muy mirado que se llamnua Cisneros, 
y Theodora con vno que se llamaua Gallo, menos recatado. 

(«) Era su vecino, poco auia, el marques de Valle. 



TRIBUTO DE CESAR 



117 



Oue essos amantes gozquejos 
que os andan alrededor, 
con mear vu faldellin 
sosiccian la complession. 
Con vn virgo cuerpo a cuerpo 
no qiiieren tener quistion: 
payos del almn, es acasso 
vn virgo el Cid Campeador? 
Pero bien haceis, temelde, 
porqae solo es pretenssion 
de vn marques por dadiuoso, 
de vn frayle por hacedor. 
Direisme df la Pichona 
que esta hermossa como vn sol: 
plegue a Dios que por lo gordo 
no sea de bodegon. 
Anme dicho por muy cierto 
que en los succesos de amor 
de page vino a marques {'o), 
que fue el primer escalon. 
En lo mas alto suuida 
de el cielo y de su fauor, 
yrse a la quinta es vageça, 
tornarse al monte, trayçion. 
He sauido que esta en Samos 
Bautista mi precursor ("): 
pobre de el, si vuestro padre 
no es imitador de Loth. 



Sabed que la sodomia 

a monacal se metio; 

si lo hiço de aburrida, 

aorcarse fuera mejor. 

Sease lo que se fuere, 

ella vn estado tomô 

adonde el afratelarse 

es todo conuersacion. 

Que si ay vn monge lampiîio, 

lo acomete vn barbadon, 

armado de todas armas, 

demudada la color. 

Lo de Lolh os lo din'i 

qualquier mal predicador ('»), 

que no me esta agora a quento 

del quento la aplicacion. 

Diz que pidio Luyssa a vn lindo 

dos por très vn cedulon: 

que me maten si no era 

bonetero el pretensor ('î). 

Que el matrimonio es camino 

de Sant lago presumiô: 

ella le andarâ bien presto 

si llega a empunar bordcn. 

De vos tanbien e sauido 

que vn Gallo os canta al albor (u) 

y que a média noche os prende. 

Es falssa la relacion? 



(>o) Ablaua con ella el marques de Valle. Primero la auian ablado vn 
hidalgo que Uamauan Sobremonte y otro que se llamaua Quintana. 

(") Era hermano de esta dama, tercero en esta correspondencia, y 
tomô el habito de monge benito. 

('») Loth dio sus dos hijas a los sodomitas para que las goçassen, a 
trueco de que no usasen mal de vnos angeles en forma de mancebos que 
el auia ospedado en su cassa. 

(■3) Estaba valdada de la cintura auajo, buena solo para molde de 
bonetero, y era muy gran bellaca, y pidio a vn quidan cedula de casa- 
miento. 

(m) Ablabala vn canonigo que Uamauan Gallo, gran ofiçial. 



ii8 



TRIBUTO DE CESAR 



El moço y el gallo vn ano 

dicen, y este dura dos: 

ya la polla estarâ clueca 

si no es el gallo capon. 

Por escaparse de Scyla 

con Carybdys encontrô, 

que vnas sotas y otras sotas 

le an de dejar sin canon {'i\ 

Diz que pide ;i Dios paciencia 

la madraza que os pario ('^): 

lo que es paciencia, arta tiene; 

otra cossa pida a Dios. 

Si vuestros yerros lamenta, 

que advierta sera razon, 

que, aunque ayais herrado mucho, 

verra mas vn herrador ('?). 

Decidme si os an bengado 

Amadis o Galaor 

del agrauio que os han fecho 

essos condes de Cardon ("S). 

lacen cargados de yerro 

en tenebrosa prision: 

o perdon, o senor padre, 

porque le perdone Dios! 

El Bernardo es como vn oro, 

sola vna mano os Ueuô ("9); 

si os lleuara la del gato 

fuera el engaiïo mayor. 



Que yo conosco doncellas 

de quarto y quinto rasgon, 

que se enmiendan y remiendan, 

que essa es la virtud mayor. 

Y aun vos conocistes vna, 

que por virtud de vn senor 

salio a missa de parida 

en San Isidro en Léon (»o), 

y con toda esta rotura 

vn doncellaço le dio 

a vn archero, y se le diera 

al mesmo rey Almançor (»'). 

Como el agua elementar 

pienso que los virgos son, 

que bien mirado no tienen 

color ni sabor ni olor, 

Vn amante nominal 

siente (y es buena opinion), 

que de los virgos el ser 

solo consiste en la voz; 

otros digeron que el virgo 

es vn ente de razon, 

que le ay porque el otro quiso 

ymaginar que le allô; 

quien lo puede yr a la mano 

en pensar que lo encontrô 

mas cerrado que vn archibo 

de la Sancta Inquisicion. 



(is) Auia perdido mucho a los naypes, y assi auia dejado el juego y 
dado en visitar a estas seiïoras por diuertirse. 

('6) Disimulaua mucho a sus hijas. 

['y) Era muy desbanecida, y su padre auia sido herrador. 

(•8j Eran dos hidalgos que la auian burlado deuajo de palabra de 
casamiento. 

{")) Passô con ella a solas très siestas, y decia ella, quando se uio 
burlada: «que se me da a mî?, vna sola mano me Ueua». 

(»o) Vna doncella parienta suya, que pario de vn caballero y parecia 
muy recatada. 

(2ï) Cassose esta dama con vn archero. 



ÏRIBUTO DE CESAR 



119 



Otro moclerno emblemista 
a! fenix le comparô, 
vnica aue que la Arabia 
cria a proteccion del sol. 
Todos quantos an escrito 
hacen del fenix mencion: 
daca el fenix, toma el fenix, 
mas ninguno al fenix vio. 
Jésus, Jésus, lo que he ablado! 
Viue Dios que es tentacion! 



Apostaré que no ay 

andaluz mas ablador. 

E dado en imaginai- 

que aquestos coplones son 

de achaque de mal purgado. 

reliquias de el mal humor. 

Sease lo que se fuere, 

senora Theodora, adios. 

que ya las noches son grandes 

y no os faltarâ vn letor (22). 



Romance IX. 



Gorronas, las mis gorronas, 
aquesta es la vez primera 
que os disgusto con mis burlas 
y os despido de mis beras. 
Oydme, las de Altaguissa, 
las que cursais otra ciençia 
y tal vez despues del parto 
os giaduays de doncellas. 
Tambien las despinfarradas 
quiero que me den audiencia, 
que descaiças y entre trapos 
son las putas recoletas. 
Yo, el mayor dogmatiçante 
que ha tenido vuestra seta, 
rocin de vuestrn i)arada, 
de vuestrus ayres veleta, 
Roldan a vuestros agniuios, 
Medoro a vuestras terneças, 
Arlequin a vuestros bayles, 
y gaytero a vuestras fiestas; 
yo, el que tuue, por sauer 
la ocurrencia y concurrencia, 
kalendario de gorronas 
y no eran kalendas griegas, 
de vosotras me despido. 



Mas preguntareisme cuerdas: 

quai tiene mayor dolor, 

el que parte o el que queda? 

De capigorron de amor 

me ha hecho el dios de la vallesta 

este curso manteista: 

plegue a Dios que por bien sea. 

Vna niîia de quince anos 

es oy la que viue y reyna; 

donçella con mal de madré, 

que no es su madré muy buena, 

cuidadosa me la esconde, 

vigilante me la cela. 

Ella dice que la guarda, 

y yo que la regatea. 

Superfluo es el describirla, 

gorronas mias, que es fuerça 

el que sea muy hermossa, 

pues os repudio por ella. 

No es de alabastro la niiïa, 

que yo no enamoro piedras, 

pero junto a su blancura 

el alabastro se afrenta. 

Perlas llamara sus dientes 

algun muy rico poeta: 



(22) Acudia mucha gente de humor a su cassa a entretenerse. 



I20 



TRIBUTO DE CESAR 



con ellos masca la nina, 

y assi mal podran ser perlas. 

No son saphiros sus ojos, 

ni de oro sus madejas, 

ny de nacar sus mejillas, 

ny de açabache sus cejas; 

muger es de carne y guesso, 

no es angel, nimfa o syrena. 

Su nombre, del kalendario; 

mas es mucha su belleza. 

Dos messes ha que conquisto 

su inbencible fortaleza, 

vatiendola con billetes, 

minandola con promessas. 

Dos tias viejas bnrbudas 

la siruen de centinelas, 

sierpes de su bellocino 

y gomias de mis conseruas. 

Malaya quien me enganô, 

que enti'e mis gononas era 

el villano en su rincon 

el hidalgo de la aldea, 

y agora no me conosco, 

que os prometo que me questa 

vn besso treinta suspiros, 

diez villetes, très meriendas. 

Hechar dulces a las tias 

es hechar a vn mono almendras, 

agua al mar, vino a vna esponja 

y a una tarasca monteras. 

Pues quién sufrira a la madré, 

por lo que tiene de suegra, 

biudaza de punta en blanco. 



de punta en negro alcagueta? 

Esta es la vida que passo; 

pero esperanzas me quedan 

que hc de tornar a bosotras, 

ninas, que sabeis de quenta 

Manâ de mi gusto soys, 

y sabeis, con ser tan sueltas, 

tal uez a mcjnja encerrada 

y mejor en mi concienzia. 

Saueysme a todas y a todo: 

a cassadas, a doncellas, 

a las viudas mas mirladas, 

y si se me antoja, a rreynas. 

Soys musica sin templar, 

officio sin residencia, 

caualgadura sin tacha, 

nauegacion sin tormenta, 

beneficio sin pension, 

pretenssion sin conpetencia, 

sin litigios posession, 

fi es que ay puta sin rebuelta. 

llembras de toque y enboque, 

baratillo de finezas. 

Injuria para teatinos 

de comodidades llena, 

no me despido del todo, 

que avn esperanza me queda, 

si no se ablanda my niîïa, 

de salir a pecorea. 

No escusso el tornar a veros 

y darme vn verde, que es fucrza, 

para Quaresma tan larga, 

el hazer Carnestolendas. 



' 



Romance X. 



A ti, la mas bella nina 
que han conocido estes tiempos 
por sugeto milagrosso 
de plumas y de deseos; 



la de los ojos açules, 
de tus ninas soles cielos, 
a lo dormido zaories, 
quanti) a lo graue trauiesos; 



ÏRIBUTO DE CESAR 



121 



la de los cabellos rubios, 

que solo en ti no pudieron 

perder su balor los de oro 

en estos siglos de yerro; 

a quien an hecho incasahle 

la hermosura y el dinero, 

ella por carta de mas 

quanto él por carta de menos; 

la mas rondada y passeada 

de pissaverdes mozuelos; 

la mas mirada de todos; 

la mas amiga de serlo. 

Yo entre pisaverdes tantos 

solo vn triste pissaseco, 

el mas pobre de ventura 

y el de mas merecimientos, 

y aquel que te quiere mas, 

y yo el que mas te aborresco, 

que en my el querer bien y mal 

an liegado a ser extrêmes; 

contra ti tomo la pluma 

movido de vn vituperio, 

que es justo oyas mis injurias, 

pues no escuchaste mis ruegos. 

Despues que sali de Roma 

por librarme del incendio, 

y a ber cômo otros se abrasan 

me subi a Tarpeia huiendo; 

despues que de vn laberintho 

me libre como a Theseo 

vn ylo, por quien saqué 

vn obillo de enbelecos, 

qiiiero que entiendas, seiîora, 

que me entiendo y que te entiendo, 

y que no soy tan mollar 

como en el pelo paresco. 

Diras que no me as dejado; 

mas yo, scnora. te dejo, 

porque el amor y el reynar 

no consienten compafieros. 

Mal pudo aliar acogida 



my pensamiento en tu pecho, 
siendo tu pecho behetria 
y noble mi pensamiento. 
Muchos te siguen, Thendora; 
ni lo alabo ni reprueuo, 
mas senal es que ay carnaza 
donde se juntan los cueruos. 
De tu honestidad no dudo, 
pero de tu virgo temo 
que se ha de yr en prouaduras 
quai vino de pregonero. 
Dirasme que alardes son 
y no conuates sangrientos, 
donde, aunque lanças se enristren, 
se dan los votes de lejos. 
Quiera el cielo que no paren 
en parir estos enquentros, 
que cerca le andan los partos 
a quien la cercan los medios. 

De esta verdad es testigo, 

y no de abono, os cunfiesso, 

el numantino que ya 

yace en tu memoria muerto. 

Si es que dadiuas ablandan 

penas y se allanan cerros, 

que peiias no allanarian 

tantas libranzas de a ciento, 

que por lo menos presumo, 

sin ser ccnsor muy severo, 

que, como breba, maduras 

a pura fuerça de dedos? 

No mas, no mas, niîïa mia, 

que ya no quiero mas quentos 

con voluntad tan al vsso 

ny con amor tan trompero. 

Pareces en tus mudanças 

cana sacudida al viento, 

veleta que con los ayrcs 

va mudando los intentos, 

voltaria y hermossa luna, 

falsso y fingido Protheo, 



122 



TRIBUTO DE CESAR 



instable mar, astro errante, 
camaleon alagueno, 
potro donde confessando 
estoy las culpas y yerros 
con que tu voluntad paga 
el amor mas verdadero; 
mas de tus yerros, senora, 
ni me espanto ni me quejo: 
no es mucho yerres en algo, 



pues errô tanto tu aguelo. 
Engana a los que te siguen, 
finge amores, dales celos, 
que para my no ay cuz cuz, 
porque ya soy perro biejo, 
que desdenes tan tenpranos, 
aunque tan tarde, me han hecho, 
a fuerça de desenganos, 
aficionado mas cuerdo. 



Fabula de Daphne y Apolo. 



Romance. 



Aquel poeta trilingue, 
latino en las elegancias, 
en las narices hebreo, 
como griego en las patraiias; 
algibrista de aficiones 
y sacamuelas de ingratas, 
catariuera de amor 
y gran ventor de su caça, 
gran hombre de tropelias, 
pues por dame aca essas pajas 
le ponia a vn dios dos cuernos 
y a vna diossa muchas barbas, 
o que rico que se hiciera 
con los tiempos que aora passan, 
transformando pelirubias 
tallicortas y ogigarças! 
Ouenta vna tragica historia 
de vna niiïa mal lograda, 
mas obseruante del virgo 
que vn hebreo de su pasqua. 
Antes (dice) que en Castilla 
reynasse Maricastana, 
y aun antes que el rey Perico 
pedorreras inventara, 
siglo que, por ser de oro, 
en él las rubias passauan 
y no abia bosque adonde 



no anduuiesse vn dios en brama, 

vbo en Sicilia vna nympha 

Daphne, doncella de chapa, 

de mil faunos perseguida, 

de mil dioses requestada; 

pero tan zahareiïa a todos 

y con todos tan ingrata, 

que a un millon de buenas obras 

no dio ni aun buenas palabras. 

No era, no, doncella al vsso, 

madurada a pulgaradas, 

que no ay portapaz de aldea 

que aya tocado mas barbas; 

era pedilla a ella vn besso 

pedirle a vn sastre palabra, 

a vna suegra buenas obras 

y a vna buscona constancia. 

Va de pintura: no era 

de oro, perlas, plata, nacar, 

sino de carne y de guesso, 

pero vn abismo de gracias; 

campesina de cintura 

y agallegada de nalgas; 

trompetera de carrillos 

y de pelo açafranada, 

los ojos con mas azul 

que bueltas de canamaza; 



v 



TRIBUTO DE CESAR 



123 



agraciada de nariz, 
porque el ser grande no es falta. 
La barba es cossa donossa, 
(jue tiene tan linda barba, 
que puede a qualquier castillo 
serbirle de barbacana. 
Los pechos a lo pulido 
y a lo llano las tetazas, 
muy bien pudieran dar lèche 
a seis lebreles de Irlanda. 
De la cintura a los muslos 
no permiten las enaguas 
In-Lijulear el dos de copas 
ni ver la cueua encantada. 
]\Iedio dia era por filo 
quando a la orilla de Arlanza 
los paiiales de Cupido 
estaua haciendo del agua. 
Viola acasso el dios Apolo, 
que con otras camaradas 
dicen que iba en romeria 
a la cruz de Carauaca; 
quando el virotero dios, 
escondido entre vnas çarças, 
mil de plomo a Daphne tira 
y mil de oro a Apolo jaras. 
Picado quai borcegui, 
como vn rocin de parada, 
como vn cuco por el mayo, 
como vn cieruo por la brama, 
envirotô el boquirubio, 
y sin ablarla palabra, 
se dice que a arrimadillas 
procuré hecharla las calças. 
No la çaçonô con uersos, 
ny la derritio con cartas, 
ni la conquistô con ruegos, 
ni rindiô con amenazas, 
ni la ceuô con présentes; 
mas sin reparar en nada 
acometiola a lo frayle, 



pero sin decir Deo gracias. 
No lo consintio la nympha, 
antes corrio alborotada 
mas que vna yegua gallega 
y gritô mas que vna gâta. 
Y quando la vio correr, 
corre, en las manos las bragas, 
tras ella, diçiendo Apolo 
estas sentidas palabras: 
Adonde, ingrata, te alejas? 
como my deidad maltratas? 
que arias de vn caluo o tuerto, 
si un barbirubio te espanta? 
Condeciende con mi gusto, 
que te empeho my palabra 
de traerte siempre en coche 
como dama cortesana. 
Si esto no te hace cosquillas, 
el sentimiento te falta, 
y sy un coche no te ynquieta, 
perdido he mis esperanzas. 
Si ères amiga de versos, 
yo, del Parnasso monarcha, 
te daré, my bien, en copias 
de esta copula la paga. 
No perderas cassamiento, 
que medico soy de fama 
y te recetaré vn virgo 
de cossillas bien varatas. 
No faltara quien te tome 
virgen rota y remendada, 
que vn virgo del Baratiilo 
a qualquier sastre le basta. 
Si es que apeteces riquezas, 
mas que Midas oro y plata 
tendras con menos pension 
a que por parte mas vaja.» 
Roca fue Daphne a sus voces, 
esso yo me lo jurara, 
que quien promete arrodea 
y solo el que ofrece ataja. 



124 



TRIBUÏO DE CESAR 



Como la alçaua a la nimpha 
cl viento las antyparas, 
lanza en ristre la yua Apolo 
picando la retaguardia; 
viendo que a lo italiano 
la daua vn vote de lanza, 
voluio los ojos al çielo 
y al amado dios la cara. 
Con los brazos le résiste, 
con los dientes le maltiata, 
con las raçones le injuria, 
con las lagrimas le ablanda. 
Fueronse en la escarapela 
a Apolo a paussas las aguas, 
y aunque fue a rreganadientes 
le pegô dos hysopadas. 
Oyo su padre la gresca, 
quen la vega de Granada 
andaua a coger pepinos 
para hacer vna ensalada. 
Era tan facil entonces 
trocar los frenos a una aima 
como oy remendar vn virgo 
o desmentir vnas canas; 
y haciendo vna tropelia 
del juego de passa passa, 
en lavrel la conuirtio 
por temer verla prenada. 
Quando Apolo vio el enrredo, 
mesole al viejo las barbas, 
jurô de hacerle vna potra 
y darle vnas almorranas. 



Dejole y abrocô el Ironco, 
sepulchro de aquella ingrata, 
y al leno le dice amores 
a fuer de amante dégrada; 
hacela pleyto omenage 
que respetaran sus ramas 
de Joue tonante el rayo 
y del tiempo las mudanzas, 
y de ceiiir con sus ojas 
las mas vénérables caluas 
de los sabiondos de Grecia 
de los Cessares de Italia; 
de hecharla en los esgaueches 
para mejor preseruarla, 
que es fuerça que guela mal 
honestidad tan guardada. 
Atacosse muy despacio, 
y en la corteça grauadas 
con vn yerro de agugeta 
dejô estas tristes palabras: 

Epitaphio. 

En tosca corteza abarca 
my virgo este tronco duro, 
que gusté, por mas siguro, 
verle cerrado en esta arca. 
Daphne soy; mas que a la Parcha 
he temido el ser cassada. 
A mongeros, gente honrrada, 
no digais nada de my, 
que no estoy segura aqui 
de hombre que empreîia vna grada. 



I 



A VN ENOJO DE TlIEODORA, SIN RAZON. 

Romance. 



Pasa el heriçado ybierno 
y la alegre primauera 
sale bordando los prados 
y perfumando las seluas. 



Que hermossa, que alegre sale, 
que bien sus galas ostenta 
entre clabeles neuada 
y rosada entre azucenas! 



ÏRIBUTO DE CESAR 



125 



Las mordazas de christal 
claros arruyuelos dejan, 
que hechô Henero rigurosso 
a sus lenguas por parleras. 
Por los prados de esmeralda 
forman lauores diuersas, 
aqui follages de plata, 
alli alcachofas de perlas. 
Brotan las hermossas flores, 
presumiendo conpetençia, 
va que no en riqueza, en gala 
con la mas lucida estrella. 
Ya los arboles desnudos 
visten loçana librea 
de esperanza mal segura, 
(jue da el tiempo, el ayre lleua. 
En sus ricas copas cantan 
las abecillas parleras 
amorosos contrapuntos 
entre celossas terneças. 



Juguetones cabritillos, 
que iguales madejas peinan, 
si lasciuos flores pissan 
golosos arboles trépan. 
Déjà del puerto las naues, 
contrastando la violencia 
del mar rcmo infatigable, 
del ayre fragiles vêlas. 
Soplan templados los ayres 
y gustosos hacen treguas 
entre si los elementos 
y con el cielo la tierra. 
Solo yo, hermossa Theodora, 
es forçosso que padesca 
vn oceano en mis ojos 
y en mi coraçon vn Etna, 
que tus injustes rigores, 
hermossa ingrata, me muestran 
los fauores en iuierno 
y las dichas en tormenta. 



A VNA DAMA MUV RUBIA, QUE ABLAUA CON VN FRAVLE CARMELITA GIGANTE. 



Décimas. 



De sauer tengo desuelo, 
bermeja seîïora mia, 
de quândo aca y cômo cria 
çorras el monte Carmelo. 
Y a fe que tengo recelo 
que nuestro padi-e fray Broma 
vuestras correrias doma, 
que dice vn refran que escucho, 
que saue la zorra mucho, 
mas mas saue el que la toma. 

Quando miré el corpanchon 
cIc-1 padre con que te aforras, 
juré que caçaua zorras, 
por ser en todo Sanson. 
De li tengo compassion, 



que, de amor en los antojos, 
es fuerça tengas enojos; 
mal tu gusto Amor alina, 
sino es que te empolle, nina, 
quai tortuga, con los ojos. 

Prospère con su thesoro 
estA el buen padre, porque 
en tus ricas trenças ve 
del oriente todo el oro; 
mas, sin perderle el decoro, 
me rio de sus empleos, 
que bien se que sus deseos, 
aunque mas tu ser le abona, 
son ya machos de taona 
qus sustentan Philistheos. 



126 



TRIBUTO DE CESAR 



Carta respondiendo a vn amigo desde vn lugar que se llama Serox. 



Quintillas. 



Por Dios que es cossa donossa 
y que es dictamen peruersso 
mandar la primera cossa, 
escriuiendo vos en prossa, 
Fabio, que os responda en verso. 

De aquesta cautividad 
decis que os quente el enredo; 
no os puedo decir verdad, 
ni menos cômo yo quedo, 
por la deshonestidad, 

La vida passo nioyno, 
llorando mi desuentura, 
a nadie, Fabio, me inclino, 
que es de mala catadura 
el genero femenino. 

Damas me dicen que son 
las que ay, pero su hermosura 
no merece tal blason, 



que es fuerça que sean basura 
damas que estan enSeron. 

Oual o quai labradorcilla 
confiesso que me da mate; 
pero son vestias de villa, 
que no sienten acicate 
como no sauen de silla. 

Buenas para carga son, 
limpias de pie, mano y ojo, 
que a quien las tiene aficion 
nunca saben dar enojo 
ni pedir mas que perdon. 

Aquesto es, Fabio discreto, 
lo que tengo, a mi entender, 
a mil desgracias sugeto, 
y lo que ay mas que sauer 
os lo dira esse soneto. 



Es el sonelo XVII, que comienza: «Vna trinca de hidalgos». 



A VN FRAYLE, GRAN PUERCO, DEUOTO DE VNA MONJA QUE SE LLAMAUA PaLACIOS. 



RedondiUas. 



Agua va! Nadie se atreua 
a esperarla sobre si, 
que sin ser Valladoli 
tengo crecientes de Esgueua. 

Bien puedo verificar, 
si es que no lo an por enojo, 
que es limpia el agua que ariojo 
■como vna agua de fregar. 



Es vna agua corronpida 
(no piensen ques zangamanga) 
y, sin ser junto a Berlanga, 
en Fuente el Puerco cogida. 

Bien se no olerâ tan mal 
como a quien hago la treta 
leuantar vna sécréta 
ni baciar vn orinal. 



TRIBUTO DE CESAR 



127 



Sus suciedades a pares 
dicen personas discretas 
son taies que hncen sécrétas 
los mas publicos lug;ires. 



Dicen que es espadachin 
y que yere y pica a todos: 
por serlo de todos modos, 
se a metido a puerco espin. 



Nadie pare junto a él, 
que aunque présume y se entona, 
es tratar de esta per.'^onà 
reuolber a Zapardiel. 



De aqui se infiere que es 
(de tal ser me libre Dios) 
hombre de comun de dos, 
puerco de comun de très. 



Es su noble descendencia 
(y por Dios que no es ambrolla) 
alla en Garganta la Olla, 
en la Vera de Placençia. 



Y siendo puerco castiço, 
a enamorar se desiiça; 
si el amor asi le atiça, 
guardese del porqueriço. 



Y assi por muchas raçones 
es puerco sobre manera, 
que de ordinario la Vera 
cria muy grandes lechones. 



Por Palacios muy despacio 
se a metido a bolatin: 
este es el primer gorrin 
que se a criado en Palacio. 



Dijo ayer un socarron, 
que darle picon intenta, 
que sobre él tiene la renta 
el abbad de San Anton. 



No deslustra siendo tal 
su honor por ningun camino, 
que el palacio de contino 
tiene muy sucio el portai. 



Si alguno cogear le ve 
y gruiiir en la cocina, 
fray lunipero imagina 
que a topado con su pie. 



Pei'O despues que este bruto 
se muera por su donayre, 
no ay en su barrio buen ayre, 
porque es todo ayre corruto. 



Mas ya sin triaca diuina 
sanô de suzancarron, 
que a dejado el carre ton 
despues que entrô en la piscina. 



El es vn casse vellaco, 
poco su velleça abona, 
que es fuerça que sea lechona 
quien se hecha con el berraco. 



Con su ingenio valadi 
se a metido a dicidor: 
puerco que es mormurador 
sera puerco jabali. 



Estando los dos en calma, 
el, grufiidor y prolijo, 
con gran frialdad la dijo: 
«Mi bien, ya te doy el aima-» 



128 



TRIBUTO DE CESAR 



No la quisso ella tomar, 
que, avnque no es muy bachillera, 
pensô que la de Job era, 
como esta en vn niuladar. 

Quiso limpiarse el galan, 
y assi la dio a esta senora, 
que como es tan moledora 
fue como ynuiarla al batan. 

El habito que dejô 
<lieron a vn enfermo vn dia. 
Pobre de él, que sintiria 
quando sobre sî le viô! 

A todos es bien notorio 
que, sin tener frenesi, 
por no le ver sobre si 
se quiso yr al purgatorio. 



Mas con todas estas plagas 
es tan limpio, que aseuera 
y jura la labandera 
que nunca ensuciô las bragas. 

Mas es tan buen oficial, 
si emos de decir verdades, 
que sus muchas suciedadcs 
en piedras hacen senal. 

Bien se que de ningun modo 
le agrauio en estos renglones, 
que es muy proprio de lechones 
allarse bien en el lodo. 

Y si mi mussa le espanta, 
bien el callar le estarâ, 
que todo se saue ya, 
y mejor lo de la manta. 



A UNA VIEJA QUE PRETENDIA VN MOZO. 

Marcial, lib. II, epig. 30, in Phyllidem. 



Redotidillas. 



En vano me das abraços. 
Filis anciana y molesta, 
procurando mi ballesta 
armar a fuerça de braços. 

Malograrâs tus enredos 
sin duda en esta conquista, 
que no traes para organista 
bien aquesta vez los dedos. 

No me altéra, antes me aplaca, 
tu mano; de mî la aleja, 
que para incitarme es vieja 
y para rendirme flaca. 



Con mil requiebros me incitas, 
mas muy enganada vienes, 
porque assi mas me detienes, 
Filis, que me précipitas. 

No soy, amiga, tan necio 
que me obligue tu fauor, 
que en la milicia de amor 
nunca e seguido a Vegecio. 

Busca mas sigura traça 
para aberiguar si te amo, 
Filis, porque este reclamo 
sirue de espantar la caça. 



TRIMUTO DE CESAR 



129 



Con tu yelo a mi bolcan 
fomentar quieres la fragua; 
en vano augmentas con agua 
fuego que ne es de alquitran. 

Si prétendes sin trauajo 
ver logrados tus deseos, 



pillizcarme son rodéos, 
regalarme es el atajo. 

Conocerâs mis ardores 
si truecas (traças sencillas) 
en regalos tus cosquillas, 
en promessas tus fauores. 



Marcial, lib. i, epig. 21, que comienva 
• Quai emes* en lo no castrados». 



Redojidi'llas. 



Quieres, Flaco, que te diga 
que gusto, que condicion, 
I)ara tenerla aficion, 
quiero que tenga mi amiga. 

Ni de Daphne imitadora, 
que esquiua siempre résista, 
ni tal que dé a letra vista 
siempre gusto a quien la adora. 



Solo puede allar remedio 
mi gusto entre estos estremos, 
porque el amer (segun vemos) 
solo le pone en el medio. 

A de ser, al fin, de este arte 
la que darme gusto intente: 
ni dura que me atormente, 
ni tan mollar que me arle. 



A VNA DAMA QUE UACIA MUCHOS AMORES A VN NINO. 



Redondillas. 



De saber cuydado tomo, 
si Venus tanto os abrassa, 
que lleuar el niiio a cassa 
fue por falta de solomo. 

Que fue esta vez por lo menos, 
me ha dicho cierto malsin, 
con deseo de chapin 
y por falta de hombres buenos. 

No os mallogreis tan de valde, 
porque tiene, segun allô, 
chica cresta para gallo, 
corta vara para alcalde. 

Rnrut Hispanique. — P. 



Los vecinos vno a vno, 
quantos la elecion supieron, 
que lo abeis hecho digeron 
por no perder el ayuno. 

No era muy lerdo el chicote, 
ni sera, si crece, malo, 
que al fin le obliga el regalo 
y le inquiéta el papirote. 

Si os llena el ojo el rapaz, 
nina, es manifiesto engano, 
que esta en cierne el calagrafio 
y el sentimiento en agraz. 

9 



I30 



TRIBUTO DE CESAR 



Como SUS carnes tan tiernas 
tan golossa apeteceis, 
imagino que teneis 
a Saturno entre las piernas. 

Dicen ciertos maldicientes 
que es (y no te hacen injuria) 
vn Herodes tu lujuria, 
pues no perdona innocentes. 

No te quejes que se ruja, [cho, 
que hembra que chupa vn mucha- 
o tiene el gusto borracho 
o tiene achaques de bruja. 

Ninos abrasa tu amer, 
y asi temo que tu adorno 
entre nieue encubre el orno 
de Nabucodonosor. 

[ruego, 

Que hecheis, nina hermossa, os 
por lo que os estimo y quiero, 
mas carne en vuestro puchero 
y mas lena a vuestro fuego. 

Quando a vn nino hace cariiïos 
vuestro virgo, a quien festejo, 
piénso que de puro viejo 
torna a la edad de los niiïos. 

En pena de aqueste empleo 
los niiïos podeis temer, 



que mas se os han de atreuer 
que a la cnlua de Heliseo. 

Yo os prometo que me espanta 
quân caro este amor os questa, 
que quien con niiïos se aquesta 
ya saueis quai se leuanta. 

Algunos dicen que es mana 
con que a otro haceis el vuz, 
como aquel que por la cruz 
Uega a besar la peana. 

No seré muy temerario 
en pedir que seays, mas pia, 
Marta demi ospederia, 
Maria de mi caluario. 

Si no estimays mis carinos, 
con raçon podré entender 
que el Limbo deveys de ser, 
pues que solo admitis niîios. 

Mas pues mi amor se os inclina, 
aunque soy moço robusto, 
me he entrar, por daros gusto, 
oy nino de la dotrina. 

No sera, Marica, poco 
encubrir tus liuiandades, 
que emos de decir verdades, 
él por nino y yo por loco. 



A VNA DAMA AFICI3NADA A VN CLERIGO TONTO Y COJO. 

Redondillas. 



Direisme que soy villano, 
y con raçon, Lysi, a fe, 
que ayer vos me distes pie 
y </y me tomo yo la mano. 



Ame animado ver que, 
aunque vn monte me résista, 
en tan gustosa conquista 
no puedo entrar cîe mal pie» 



TRIBUTS I.)E CF.SAR 



131 



Porque yo ciienta me hago. 
pues vn cojo Uega a vos 
tan presto, que soys, por Dios, 
fl camino de Santiago. 



Mas poco en el dicho acierta, 
pues que tan claro se ve 
que solo esta bien tal pie 
de San Anton en la puerta. 



Si le admitis sin desden, 
el primero sera el tal 
que aya andado siempre en mal 
y acabado siempre en bien. 



Por disculpa podeis dar 
que suple (como se ve) 
la falta de aqueste pie 
la sobra del pie de altar. 



Tocarâ en mormuracion, 
mas no sera desatino, 
el decir que este camino 
no se anda sin bordon. 



Y tambien se hecha de ver, 
aunque mas riqueça os sobre, 
que es para vos pie de pobre, 
pues os gana de corner. 



Pienso, sefiora, y no es pulla, 
que quando os enamoraua, 
si los vmbrales paseaua 
era en vn pie como grulla. 



Mucho me guele a ynteres, 
sefiora, aqueste fauor, 
que tiene poco de amor 
amor cjue anda en taies pies. 



Y a fe que fuc gran vageça, 
si emos de decir verdad, 
rendir vuestra voluntad 
a hombre sin pies ni caueça. 



Mas no, ya entiendo el enredo, 
P'.îes ello sin duda es 
el buscar hombre sin pies 
por tener hombre a pie quedo. 



Jamas acertarâ al blanco 
quando esté en conuersacion, 
porque ha de ser su raçon 
por fuerça de pie de banco. 



Seiiales son manifiestns, 
senora, que en vuestro empleo 
solo tuuistes desseo 
de tenerle siempre acuestas. 



Y si mas enamorado 
con sus versos os siruiere, 
todos los versos que hiciere 
an de ser de pie quebrado. 



Sin duda os haçe cosquillas 
el amor del despeado, 
pues es caso aberiguado 
que le traeys en palmillas. 



Dijo ayer, y con saçon, 
viendoos ablarle vn vecino: 
«Aunque mate este cochino, 
no dara pie a San Anton». 



Otro me dicen que abarca 
de poco aca vuestra fe; 
para desmentir tal pie 
menester es tal abarca. 



132 



TRIIiUTO DE CESAR 



El consejo a sido malo, 
que no es Gonçalo doncel 
que podreis jugar con él 
los dos a passagonzalo. 

Mas quando os saïga al reues, 
no quedareis sin abrigo, 
porque este primer amigo 
nunca se os podra yv por pies. 

Muy necio es, si no temio 
de su amor succeso ruin, 
que es mal espère buen fin 
quien en mal pie comenzô. 



Tema que no guardeis ley 
a sus amores ingiata, 
que vn hombre que tiene pata 
muy cerca esta de ser buey. 

Y tema qualquier reues, 
porque no es siguro el trato, 
y aunque es en el celo gato, 
nunca podrâ dar de pies. 

Deteneos, versos vfanos; 
no mas, ques grande locura, 
que no es dia de grnsura 
para tantos pies y manos. 



ReSPUESTA al ENOJO de U.VAS damas por CIERTO DlCtlO PICANTE. 



ReJondillas. 



Dice, si me acuerdo bien, 
senora mia, vn refran: 
«Los amenaçados, pan 
comen y avn carne tambien.» 

No comeré yo la vuestra, 
que tan salados donayres 
no se guardan para frayres 
si no me engaiïa la muestra. 

Mas atreuome a decir, 
sin perderos el decoro, 
por lo menos que os adoro, 
si no os puedo receuir. 

Estame mandando Amor, 
senora, que el pecho os abra; 
pero basta vna palabra 
para el buen entendedor. 

Los générales enojos 
por proprios aveys tenido: 



pues que yo al cielo he escupido, 
ello me caerâ en los ojos. 

Mas no moriré esta vez, 
aunque mas esté culpado, 
l^ucs despues de sentenciado 
he visto el rostro del juez. 

Hagamos, por Dios, las paces, 
aunque sea a la francessa: 
o bien aya paz que besa, 
porque no es paz con disfraces! 

Cada punlo quebraran 
estas paces mis antojos, 
mas seran taies enojos 
las riîias de por San Juan. 

Seran pensamientos vanos 
el uyr las amenaças, 
pues para mi paz son traças 
venir con vos a las manos. 



TRIBUÏO DE CESAR 



133 



No sera ventura poca 
si cil el enojo mayor 
me coge vuestro rigor, 
Lysi, de manos a boca. 

Oue quedarâ satisfecho 
mi noble amor, siendo llano, 
en esta ocassion villano 
çolo por pagaros pecho. 

Y si he de ablar sin disfraz 
en tal ocassion, senora, 
riîiera con vos cada ora 

por daros cada hora paz. 

Qne que muger me picô, 
preguntais? Deciros puedo 
que, aunque oy mas picado quedo, 
que ya me lo estaua yo. 

Y si vuestro gusto intenta 
aberiguar quién se atreue 

a picarme, es vuestra nieue, 
poniue es como vna pimienta. 

Ay, lengua, que te desliças! 
Mi carne esta tan picada, 
que por berla bien lograda 
la liago toda lonçjaniças. 

Y aunque no es bien el decillo, 
os quiero dar a entender 

que ando con cierta muger, 
dias ha, de picadillo. 

Y no me falta razon 
para estar bien enojado, 

pues despues que me ha picado 
me hace comer salpicon. 

Y assi quanto digo yo 

es por dar gusto a mis celos. 



que me euro con los pelos 
del perro que me mordio. 

Mas bien conoce el prudente 
que es esto hacer la deshecha, 
que el que la yegua desecha 
la lleua ordinariamente. 

Que os confieso sin desden 
que es de hombres mal gênerai 
el decir de todas mal 
y el querer a todas bien. 

Decid, pues yo os satisfago, 
si essas seiioras conmigo 
se pican por lo que digo 
o por lo que no las hago. 

Que las digais os suplico 
que tiene el que las replica, 
para darlas gusto, pica; 
para entretenerlas, pico. 

Las palabi'as lleua el ayre, 
mas no son ayre las obras, 
que siempre son de las sobras 
todas las obras del frayre. 

En satisfacerlas medro, 
mas si no se satisfacen, 
bien se es todo lo que hacen 
andar a picame Pedro. 

Yo no tengo en que entender, 
y assi las podreis decir 
que las tengo de decir 
mientras no me den que hacer. 

Y si assi no satisfago, 
amenacen de mil modos, 
porque a sus enbites todos 
con mi resto digo y hago. 



134 



TRIBUTO DE CESAR 



Inuiando vn cordon a una dama a quien vno que venia la buelta de 
roma algo estropeado dio vnas qientas de perdon. 

Redondillas. 



Con esta dadiua poca 
no es bien que la ocassion pierda 
de daros hato de cuerda, 
Clara, pues soys virgen loca. 

Aunque bien de uer se os hecha, 
testigo es vuestro delcyte 
que no es por falta de aceyte 
sino por falta de mecha. 

Que mas de una vez dormida 
te has visto, que triste casso! 
con arto aceyte en el vasso 
y la lampara encendida. 

No malicia el que présume 
que si assi sin mecha arde, 
de noche, manana y tarde, 
cjue assi mesma se consume. 

Porque el licor que produce 
tu guerto dentro de cassa, 
humor es, Clara, que abrassa, 
pero no aceyte que luce. 

Busca, si que luzca espéras 
la lampara que compones, 
aceyte entre companones, 
pero no entre companeras. 

No te proueherâ el caudal 
romano a pedir de uoca, 
que es gente que si va a Coca 
se queda en el arrabal. 



Por lo menos vna ebra 
te ofresco que, aunque es delgada, 
quando esta mas estirada, 
aunque adelgaça, no quiebra. 

Dira te su proporçion, 
ya que mi dicha no pudo, 
lo que ay desde nudo a îïudo 
en esse tosco cordon. 

Poco tu amor se me inclina, 
y assi no dire: despojos 
son que has visto con los ojos, 
con el dedo lo adiuina. 

Va sin aima, porque arguya 
esta verdad que concluyo: 
que mi cuerpo con el tuyo 
no mi aima con la tuya. 

Si la borla te congoja 
por ser roja, a mi me agrada, 
cossaria ères renegada, 
seras de oy mas Barba Roja. 

Ase hecho tan despacio, 
porque apenas a quedado 
quien no aya hechado vn cnrnado 
en este gazofilacio. 

Piensso has de decir mil veces, 
cf)n cordon tan zaherido, 
que siempre en mi, Clara, a ssido 
mas cl ruydo que las nueces. 



TRIBUTO DE CESAR 



135 



Disculpa en esta ocassion 
tengo, por ser Sobremonte, 
que siempre partos de vn monte 
an producido vn raton. 



Liueral se représenta, 
mas es casso aberiguado 
que, aunque las quentas ha dado, 
anda alcançado de quenta. 



Pero arto liueral muestro 
my amor, y aun arto çencillo, 
pues te ynuio vn cabestrillo 
quando tù me haces cabescro. 



Que le lias de dar fin y quito 
espéra alegre y gallardo; 
al multiplicar le aguardo 
y a la prueiia le remito. 



Tienes mi aficion por lerda, 
pero ya abràs entendido 
que estoy de amor bien perdido 
pues que llego a dar la cueida. 



Porque yo tengo certeça, 
que, despues de hechos los cargos 
si aprietas en los descargos 
no a de leuantar caueça. 



Quàn aficionado quedo 
te dira en esta ocassion, 
senora, aquesse cordon, 
hecho a escote como el credo. 



Cierto es quedarâs cansada 
de liquidât sus partidas; 
pero con las reçeuidas, 
ni contenta ni pagada. 



Y pues que mi amor es llano, 
cierto es que no te hago afrenta 
en pedir que me des quenta 
de las quentas del romano. 



Falsas las quentas saldran 
si tomas, Clara, la pluma, 
que sus quentas son, en suma, 
quentas del Gran Capitan. 



Que te aliuiô es bien notorio 
con quentas y quentos tierno. 
como a vna noche de ibierno 
con aima de purgatorio. 



Despues de tantas jornadas 
por la mar y por la tierra, 
como viene de la guerra 
trae las armas destroçadas. 



Mas no me enojo por ello, 
porque por el mi retablo 
no estarâ en tu cuerpo el diablo 
aunque esté el rosario al cuello. 



Y assi llegô a esse conuento 
por qui tarse de va rajas, 
y no a pretender ventajas, 
sino vn entretenimiento. 



Que no ganarâs pei"dones 
con sus quentas es notorio, 
que no son del Purgatorio, 
aunque tienen purgaciones. 



Ceuad agora el ançuelo, 
pues anda rebuelto el rio, 
que quando esteis de bacio 
yo alquilaré el entresuelo. 



136 



TRIBUTO DE CESAR 



Pique la gente que passa 
y ande en su punto el enredo, 
porque yo en cassa me quedo 
V para trastos de cassa. 



Bended vucstros peregiles, 
que yo are muy buen paciente, 
pues que los dos solamente 
nos lleuamos los barriles. 



POR DESENOJAR ESTA DAMA. ReSPUESTA POR LOS MESMOS CONSONANTES. 

Contra si mesmo. 



RedotidiUas. 



A tu dadiua, aunque poca, 
no es bien que el respecto pierda, 
que en reciuirla ando cuerda 
como en borbertela loca. 



Porque como tu caudal 
solo consiste en la boca, 
no te daré a uer mi coca, 
a besar sî mi arrabal. 



Que en mi bien de uer se hecha^ 
siendo testigo el deleyte, 
que si me sobra el aceyte 
no me hace falta tu raecha. 



Que por lo menos tu ebra 
que ofreces es tan delgada, 
que al estar medio estirada 
me dicen que luego quiebra. 



Y aunque me hallaras dormida, 
se de cierto, y no es acasso, 
que aunque mas busqués mi vasso 
en él no estarâ encendida. 



luzgo de su proporcion, 
no la que otro tener pudo, 
pues no ha llegado a hacer nudo, 
siquiera como el cordon. 



Engânase el que présume 
el ser por ti por quien arde: 
Uegô la tuya muy tarde, 
que otras mejores consume. 



Mi aficion no se te inclina, 
y assi tan pobres despojos, 
ni los an visto los ojos 
ni mi dedo lo adiuina. 



Y es tanto lo que produce 
con estar dentro de cassa, 
que a ty y a otros les abrassa 
V en mî solamente luce. 



De mi gusto es bien se arguya 
vna raçon que concluyo: 
ny mi cuerpo con el tuyo, 
ni mi aima con la tuya. 



INIal lograrâs (si en mf espéras) 
la lampara que compones, 
si ya es que tus companones 
no das a otras companeras. 



Su borla no me congoja, 
ni el ser roja desagrada, 
ni el ser de ti renegada, 
por ser de ti Barbarroja. 



TRIBUTO DE CESAR 



i3r 



Que aunque le has hecho despa- 
es porque ternes he dado [ciO' 

en recompenssa vn cornado 
para tu gaçofilazio. 



Bien se no te pessa de ello, 
ni cubrirâs tu retablo, 
porque ères deuoto diablo 
con el rosario en el cuello. 



Y assi me acuerdo mil veces, 
considerandote herido, 
que todo a sido hacer ruydo 
por tener banas las nueces. 



Y aunque sus quentas perdones 
tienen, yo te hago notorio, 
son para ty purgatorif), • 
las tuyas de purgaciones. 



No ay disculpar la ocassion 
por llamarte Sobremonte, 
pues ères baca del monte, 
si de su parto raton. 



Si liueral se présenta, 
casso es bien aberiguado 
qudn galan y largo a andado 
quanto tû corto de quenta. 



Contigo humana me muestro, 
con my procéder sençillo, 
pues me ciiio vn cabestrillo 
que me présenta vn cabestro. 



Por esso de ti me quito 
y de él, con ser tan gallardo, 
pues de vno y otro no aguardo- 
prueua ni a ella me remito. 



No me juzgues por tan Icrda, 
que yo no te abré entendido, 
que como estas tan perdido 
no ay que dar mas que la cuerda. 



Tengo bastante certeça, 
si yo te hiciesse los cargos, 
que, al darme tu los descargos, 
humillaras la caueza. 



Necessario es llegar quedo, 
tratando de esta ocassion, 
si atestigua tu cordon 
que le escotas como el credo. 



Considerasme canssada 
liquidando sus partidas: 
las tuyas, ni receuidas 
son, ni de ti yo pagada. 



Y en casso que esta tan llano, 
no reciuiras afrenta, 
no ynuiarte yo alguna quenta 
de las quentas del romano. 



Y porque falsas saldran, 
no quiero tomar la pluma, 
que en ser tuyas son, en suma, 
quentas del Gran Capitan. 



Que me dicen es notorio, 
que, por lo picaro tierno, 
as de tener el yuierno 
mas uajo del purgatorio. 



No te acuerdes de jornadas 
del marques; ay en la tierra 
gorronas de cuya guerra 
traes las armas destrozadas. 



138 



TRiaUTO DE CESAR 



Si bienes a este conuento 
huyendo de sus barajas, 
en el no busqués ventajas, 
sino vn entretenimiento. 



Ya tu tratillo no passa, 
que, por ser todo el enredo, 
te juzgo, quando mas quedo, 
trazgo de toda vna cassa. 



f 



Pica de oy mas otro anzuelo, 
que, como se a buelto el rio, 
perdiste aqui, por bacio, 
altos, vajos y entresuelo. 



Cesso y cessen peregiles, 
toca, que estas inpaciente; 
yo enbayno, pues solamente 
nos lleuamos los barriles. 



A VN BOLLO QUE YKVIO VNA DAMA. 



Piden de Marta los pollos 
pan, y ella de agua les arta: 
o burla, o no entiende Marta 
el piar de sus crioUos. 
A my peticion dais bollos: 



Décima. 



o no me abeis entendido, 
o burlarme aveis querido 
quando mas me régalais, 
pues el pan nuestro me dais, 
quando vuestra carne os pido. 



A UNA MONJA QUE PIDIO V-NOS VERSOS, NO QUERIENDO ABLAR CON QUIEN LOS PEDIA 



Dezima. 



Mandastesme, reyna mia, 
que vnos versos os hiciesse, 
y a que la palabra os diesse 
me obligé vuestra porfia. 
Mas mi Musa se desuia. 



senora, de hacer tal cossa, 
y no porque no se ossa, 
mas porque es gusto peruerso 
gastar, Francisca, mi verso 
con quien no gasto mi prossa. 



A UN MANG[u]ir.LO QUE PARA UN CAMINO INVIO UNA DAMA EN IBIERNO. 



Décima. 



Llegô a mis manos dichossas 
cl regalillo dichosso 
que del frio rigurosso 
guarda las tuyas hermosas. 
A envidias mil amorosas 



su Ventura me prouoca, 
pues con quietud goça y toca, 
vuelto el iuierno en verano, 
los jasmines de tu mano 
y clabeles de tu boca. 



TRIBUTO DE CESAR 



139 



A UNA DAMA QUE SE LLAMA DoNA N. DEL YeRMO. 



Décima, 



Despues, yeimo, que mercsco 
adorar vuestra veldad, 
si no es con tal soledad 
la compania abonesco. 
Al yermo mi vida ofresco, 



donde contento estaré, 
pues es cierto no tendre, 
hermossa soledad mia, 
jamas mejor compaiiia 
que quando en el yermo esté. 



Cayo en suerte vna dama que se liamaua Rio a vn gaian bebedor. 



Décima. 



Perdio, dona Ana, tu moço 
con la suertf todo el brio, 
que como cayô en el rio 
cayô su goço en el poço. 
Y si he de ablar sin reboço, 



gran peligro le amenaza, 
que si Delio vuestra maza 
en el golfo no se vndi<3, 
del peligro se escapô 
porque era vna calabaza. 



A VNA DAMA DE MAL VIVIR, QUE PARA HACERSE PRENADA I LEUÔ EL NINO 

DE S. Antonio. 



Dccima. 



Faltô el Nino, y uno a uno 
los que alla estaua supieron 
que lo aveys hecho digeron 
por no perder el ayuno. 
No imaginara ninguno 



que amor de Niiïo os al)rassa; 

my ingenio adelante passa, 

y assi digo que no a ssido 

el primer Nino perdido 

que se ha allado en vuestra cassa. 



A UNA DAMA MUY RECATADA, PERO AMIGA DE REGALOS, QUE FUE CAESADA CON 
UN FRANGES, CUPO EN SUERTE VN FRAYLE. 



Déclina. 



Por la Ventura que engasta 
my suerte pienso se dijo: 
«Ventura te dé Dios, hijo, 
que el saber poco te basta». 
Dicen soys tortola casta; 



con la suerte os alegrad, 
pero mirando, mirad, 
si pedis mas que supinos, 
cata a Francia, Montesinos, 
cata a Paris la ciudad. 



140 



TRIBUTO DE CESAR 



A LA RESPUESTA TARDE DE VN BILLETE POR NO LA FIAR DE VNA TERCERA. 

Décima. 
Pues mi tenprana aficion en uyr del barbarismo 



pagais tarde en responderme, 
antes es fauorecerme 
que darme satisfacion. 
Y a f e que teneis razon 



de terceras, que el abismo 
de tu discrecion mayor 
puede hacer que sea tu amor 
el tercero de sî mismo. 



A UN PREDICADOR QUE DTJO QUE LAS SILLAS QUE PERDIERON LOS ANGELES MALOS 
AUIAN DE OCUPAR VNAS RELIGIOSAS DE VN CONUENTO ALGO DISTRAYDO. 



Los brinquillos virginales, 
paredes del camarin, 
yo se que a mas de algun ruin 
an seruido de orinales. 
Y asi, sillas celestiales 



Décima. 

por Luzbel desocupadas 
mal podran ser restauradas 
por estas virgines pocas, 
que las que escapan de locns 
estan todas anebladas. 



A UNOS GATOS QUE CORRIERON VNOS GENTILES HOMBRES NO MUY LIMPIOS. 

Décimas. 

O que rissa que me da 
ver tan lucido esquadron, 



Dige, viendo tanto yerro 
contra un gato, algo inpaciente: 
«Mas que a pensado esta gente, 
que es el gato de Alba el perror» 
Y a fe que fue grande yerro 
el que con tanto boato 
lleuasen un gato a trato 
tan nobles auentureros: 
pues meterse a caballeros 
fue buscar très pies al gato. 



don que qualquiera es leon 
y del tribu de Juda, 
a matar vn gato va. 
No se les yrâ a los cerros, 
blanco sera de sus yerros, 
que el natural les atiça: 
que sauida es la ogeriça 
entre los gatos y perros. 



A UNA DAMA ENCERRADA, DEVOTA DE VN FRAYLE MERCENARIO DESCALÇO. 

Décimas. 

decir que entre tanta red 



Debota de un mercenario 
te he hallado, seiiora mia, 
quando huyes de mi porfia 
alla por lo santuario. 
Y no es juicio temerario 



estais perdida. Atended, 
no os hagais, Ana, de pencas, 
que solo en cossas mostiencas 
se entremêle la Merced. 



« 



TRIBUTO DE CESAR 



141 



Mas ya lo pienso mejor; 
quiero ablarte con respetn, 

que por dicha es recoleto, 
como el amante, el ainor. 
Diiome vn mormurador 



que el fin de esta dcvocion 
es que el devoto santon, 
avispa de vuestra miel, 
os rescate de esse Ar^el 
en la primer redencion. 



A UNA DAMA QUE lA OMAN MAL LAS NARICES, Y MOTEJÔ DE FRIO 
Y DESCORTÉS A VN GALAN. 



Décimas. 



Senora dona letrina: 
no me dira, asi se goçe, 
para que, pues me conoçe, 
». rebuelto esta piscina? 
Desta satyra adiuina 
me dicen que se preuino, 
por Dios que fue gran destine! 
que en estos succesos malos 
la gansa es de Cantimpalos 
que salio al l(>bo al camino. 

Bien saue la vecindad 
que, dejandome por loco, 
me eligisle de ay a poco 
por valle de Josaphad. 
Pedisteme (que amistad!) 
seis bucaros; no son ruines 
mis intentes; que imagines 
quiei^o que hacen (niiïa loca) 
para tal nariz y boca 
mas al casso seis bacines. 

Por Dios que gusto del brio 
con que anteayer me vejaste 
de neçio, me motejaste 
de descortés y de frio; 
mas ya salgo al desafio: 



no soy, no, amante aprendiz; 
mas no siendo vos perdiz 
a quien oler mal la abona, 
cômo os su frira persona 
que tiene tan gran nariz? 

Si achacais my poco ardor 
quando es el vuestro sin tassa, 
tachad, pues es mas de cassa, 
niïïa, vuestro mal olor. 
Vn florentin tenga amor 
a haz que tal olor enbia; 
a Italia, senora mia, 
que se siruen del enbes, 
o acometate vn frances 
por lo de Fuente Rabia, 

Es tu rostro celestial, 
tus ojos cossa diuina, 
mas es fuente entrepecina 
y jardin en hospital. 
Entre romos tu caudal 
emplea, que yo me alabo 
de que si fuera tu esclabo 
te diera (y no es dicha poca) 
por no darte vno en la boca, 
doze bessos en el rabo. 



142 



TRUiUTO DE CKSAR 



A DOS RAMILLETES QUE INVIO VNA DAMA: VNO A SU GALAN Y OTRO 
A VN SU AMIGO. 



Décimas. 



Por Dios, que me da cuydado 
el entender que promete, 
Anarda, este ramillete 
con que me aveys regalado. 
Gandalin de vuestro amado 
me hiço la ventura mia; 
yo se que él dira algun dia: 
«Si assi honrrais al compaîiero, 
mal huuiera el caballero 
que de escuderos se fia». 

Con blancas flores coronas 
el que a tu Amadis ofreces: 
por casto le fauoreces 
o por casto le baldonas. 
Ciertas criticas personas 



dicen, y no son chymeras, 
que estas castas primaveras 
estan diciendo a su basto: 
«Alfonsso a quien llaman casto, 
pluguiera a Dios no lo fueras!» 

Si es assi, que bas intentado 
quando el que me das a mi 
coronas de carmessi 
con vn clabel encarnado? 
Si es que de muy Colorado 
me motejas, bien dira 
mi mano, quando le da 
la tuya taies fauores; 
«Ramo con taies colores, 
Ana, en buena mano esta.» 



A LA VISTA INOPtNADA-DE UNA DAMA MUY RECATADA. 



Décimas. 



Del sol de tus bellos ojos 
Icaro, my amor, la esfera 
toca con alas de cera, 
dando a Thetis mil despojos. 
Si muerte en taies antojos 
me amenaça tu belleça, 
en quien la naturaleza 
GÎfrô mil floridos maios, 
honrra es me maten tus rayos, 
Gerarda, y no my tiuieza. 

Inexorable deidad 
co!i dura disposission 
los yerros de my prission 
forjô de tu livcrtad. 
Pusso en tu seguridad 



my temor (o nifio ciego!), 
tu nieue augmenta mi fuego 
y asi, Gerarda, no dudes 
que todas mis inquiétudes 
son hijas de tu sosiego. 

En ti aile dichossa suerte, 
honrrossa culpa y disculpa, 
que si quererte es my culpa, 
es my disculpa quererte. 
Si me sentenciare a muerte 
tu deidad menos humana, 
mucho mi firmeça gana 
muriendo en esta ocassion, 
si despreciado Acteon, 
por aver visto a Diana. 



TRIBUTO DE CESAR 



143 



A VNA DAMA, HIJA DE VN CORREDOR DE MOATRAS, TAN LOCA QUE NO PONIA 
OLLA NI HAÇIA CORTESIA A NADIE. 



Quintillas. 



Grauissima Feliciana, 
como me estimaste en poco, 
muy severa, poco humana, 
pienso te ha hecho tu amor loco 
graue de puro libiana. 

Dice ères tan estremada 
en grauedad tu vecina, 
que pagas en tu possada 
de vacio la cocina 
V ères vna desollada. 



Si a tu grauedad atiendo, 
que toda la villa enfada, 
con raçon estoy temiendo 
que tû has de perder sentada 
lo que él te ganô corriendo. 

Y a f e que es gran marauilla 
ser loca y tan ensenada 
a nunca perder la silla, 
que soys la mas asentada 
muger de toda la villa. 



De decirme me haz fauor, 
si es que en tu condicion caue, 
que es extremado tu humor, 
cômo engendré hija tan graue 
vn padre tan corredor. 



Vaja vn poquito el pendon 
que mis satiras atiza, 
que me ha dicho vn socarron 
que es tu grauedad postiça 
y de moatra tu don. 



En vn certamen, a la conuersion de San Francisco Xabier por San Ignacio 
DE Loyola, en metaphora de vn juego de pelota. 



Qîcintillas. 



Ignacio, si en juego entrais, 
no temais caer en falta, 
que pues a Xabier tocais 
no se 03 passarâ por alta 
pelota que no voluays. 



En juego tan de importanzia, 
admire en vuestra ganançia 
que aya alladb vuestro intento 
entre pelotas de viento 
hombre de tanta sustançia. 



Tan grande primor teneis 
en el jugar y tal traça, 
que como a Xabier tireis, 
de quantas con el haceis 
ninguna suerte os rechaza. 



Al viento de vna pelota 
de Ignacio el fuego se encietjde, 
y como entre vientos prende, 
a la région mas remota 
viuas centellas estiende. 



144 



TRIBUTO DE "CESAR 



De fuego al sabido suelo 
se llegô apacible en trato, 
y por traça de su celo 
sacô de esse juego el cielo 
vnas Indias de varato. 



Y siendo Ignacio el maestro 
con quien de Francisco fundo 
el esfuerço sin segundo, 
no es mucho que saïga diestro 
en dar reueses al mundo. 



Tomô la pala viçarro 
el venturoso nauarro, 
y como Ignacio le mira, 
al primer vote que tira 
suue al estrellado carro. 

Saca con ligero buelo 
la pelota desde el suelo, 
mostrando asi su valor 
que aprende en glouo menor 
•a suuir mundos al cielo. 

Y a quedado tan notoria 
por Ignacio la Victoria, 
puesto Xabier a sus pies, 
-que pone en solo vn reues 
•el derecho de su gloria. 



Si de ambos los passos mido, 
todo el espacio anchurosso 
del mundo en los dos diuido, 
porque sea el mundo partido 
de este juego venturosso. 

De Ignacio los pios ruegos 
busquen las gentes mas fieras, 
adiuinando los ciegos 
por la suerte de los juegos 
quai sera la de las veras. 

Al fin, Ignacio sagrado, 
por este juego e notado 
que en altares no ha suuido 
ni sancto mas receuido 
ny sancto mas peloleado. 



A VNA ENSALADA QUE DIO A MSRENDAR VNA DAMA. 



Décimas. 



A créer de vos me inclino, 
aunque en ello mi honor pierde, 
que darme ensalada verde 
fue tratarme de pollino. 
Mas con todo esso, imagino, 
bella Clori, que es fauor, 
porque alli el verde color, 
-aunque vino en ensalada, 
por ser de tal mano dada 
dio esperanzas a mi amor. 

De tu jardin la verdura 
jnucha estimacion mereçe, 



que por el cuydado ofreçe 
a quien le riega ventura. 
Tal sabor ny tal dulçura 
'en ninguna parte asiste; 
mi amor animoso enviste 
y se afirma con voz clara, 
que en vn rauano pagara 
la lechuga que le diste. 

Direis que fue poco juicio 
lleuarme la porcelana, 
mas my voluntad se allana 
a respondcr que fue viçio. 



TRIBUTO DK CESAR 



145 



Si le Hamas ladronicio, 

de tal maldad no me arguyas, 

con tu ri^or me destiuyas, 



si querermela lleuar 
no fue solo por yustar 
de mear en cossas tuyas. 



Al GOUIERNO DE VN SUPERIOR CRUEL Y ALGO KELAJADO. 



Décimas. 



Los que de Segor mirais 
el incendio de Sodoma 
y las tragedias de Roma 
desde Tarpeya escuchais; 
si es que a mis desdichas dais 
oydos y entraîias pias, 
oyd de las quejas mias 
oy el dolor mas esquiuo, 
que de my pueblo cautiuo 
soy segundo Hieremias. 

Dadme, o vos! en mis enojos, 
coraçon, dolor vastante, 
y agua amarga y abundante 
a mis afligidos ojos 
para llorar les antojos 
que en Roma intenta Néron, 
aclamando adoracion 
a la imagen del Caldeo 
y afligido al pueblo hebreo 
en poder de Pharaon. 

Sentada en el lugar sancto 
esta la abominacion 
de ruyna y desolacion, 
digna de perene llanto; 
y lo que mas caussa espanto 
es que este Herodes cruel, 
Gain, al mas sancto Abel 
bautiça sus tyranias, 
llamando celo de Helias 
la crueldad de Gezabel. 

Revue Hispanique. — P. 



Tiene este Bel, tragador 
de opulentos sacrificios, 
si de Sodoma ios viçios 
no de Niniue el dolor. 
Tan publico peccador 
es, que mil beces le vy 
con su ramera corbi. 
Y pues esto verdad es, 
déjà el zelo de Phinees, 
escandalosso zamby. 

Su soberuia y ambicion 
va se me hacen tolerables, 
porque si ellas son culpables 
no lo es mi mormuracion. 
Tampoco su pi-esuncion 
es quien mi colera ynçita, 
mas quien my paciencia yrrita, 
tras sufrir lo que he sufrido, 
es ver que un viejo salido 
las salidas me limita. 

No perdona su traycion 
al Eurias mas priuado, 
y apenas Dios se ha escapade 
de su lengua de escorpion. 
No es, en su comparacion, 
madré de vicios Babel, 
presumido Achytophel, 
lascîuo a la uejez Loth, 
no soberuio a Dios Nemroth, 
ni ingrnto a Christo Isrrael. 



146 



'IRIHUTO DK CK.S\R 



A VNA VISITA QUE HIÇO A OTRVS VNA DAMA AMIT.A DEL CONDE DE Vh.I.AMRDIANA . 



Décimas. 



Visité ayer la condessa 
de corcho y carne vna bola; 
con el fauor ensanchola, 
quedô mas ancha que gruessa. 
Por Dios, don Luis, que me pcssa 
y que es raçon que me duela 
que la admitiesse mi aguela, 
que son muy putas sus t;ich:is: 
mas como tiene muchachas, 
quiça fue a poner escuela. 



Quedô con esta visita 
la Labradora hecha mueca, 
doiia Dorothea clueca, 
la Pichona con pepita. 
!a Coja no muy bendita 
y el padre de estas doncellas 
muy valido por tenellas, 
y tal fauor no te asombre: 
juega con el conde al homl^re 
y el conde es hombre con ellas. 



A VN CLERIGO QUE FORNICAUA MUCIIO Y QUE COMIA POCO, Y TODA LA VI3V 
ANDAUA CKÇANDO. 



Décimas. 



Lusa, no puedo entender, 
ni acauo de aberiguar, 
si no comeis por c.içar 
o caçais por no comer. 
Dicenme que a la muger 
de cierto sastre cerbal 
abotonais el ojal; 
mas, Lussa, si no comeis, 
la lujuria que teneis 
sera lujuria mental. 

No quereis que me dé rissa 
el afan que os enbaraça; 
canssado de andar a caça, 
decis a las doce missa; 
y ayuno, si os da la prissa, 
a la nnuia acometeis. 
Si perecer no quereis 
en el ijeligro que andais, 
comed quai fornicais 
o fornicad (]ual comeis. 



No es grande bellaqueria, 
y aora ablo, Lusa, de veras, 
que, matando tantas fieras, 
no mateis el ambre vn dia? 
Libro de caualleria 
viene vuestra vida a ser, 
pues siempre teneis que hacer, 
ya en la caça, ya en amores, 
y se os va la vida en flores 
sin comer y sin beber. 

Si son el Baco y la Ceres 
quien dan fuer^-as al amor, 
homl)re tan ayuuador, 
cômo busca las mugeres? 
Fantasma pienso que ères, 
y que quando andas encima 
de la hembra que se te arrima 
lleuada de tu donayre, 
que es tu cuerpo todo ayre 
y que vn incubo te anima. 



IRlliUlO DE CESAR 



147 



A VNA TORNERA DE VN CONUENTO, MUY FEA V QUE ABLAUA MUY BIEN Y TENIA 
■VN DEUOTO CAPON. 



Décimas. 



HermosSc'i Juana. no en bano 
(y bien saue Dios si miento), 
no he tenido otro contento 
que tenerte de mi mano. 
Con mi suerte estoy vfano, 
que, si bien no es escogida. 
es con gusto receuida 
de quien oy tu amor conquista 
por donde nunca ères vista, 
por donde ères siempre oyda. 

Yo me doy el parabien 
de la dicha que he alcançado, 
que a fe que me la ha enbidiado 
vn ciego que oye muy bien. 
Juana, no ha de auer desden 



ni parlar con estudiantes, 
porque no seran constantes 
mis regalos y caricias 
si te lleuas las primicias 
de todos los négociantes. 

Lograrâs mis espéra nzas 
sy por la reja te veo, 
que del torno en el torneo 
nunca se enristran bien lanças. 
Para aprender mis mudanças 
sera bien que te desueles, 
y que del castrado Apeles 
por quien morueco te adora, 
que por lo menos, senora, 
dançaré con cascabeles. 



A VNA DAMA EL MEDIO ROSTRO MUY HERMOSO Y OTRO MEDIO MUY FEO, DE UNA 
ENFERMEDAD: CU3RIA AL PRINCIPIO LA FEALDAD CON VN PARCHE Y AL FIN CON 

VN RICO. 



Décimas. 



Escucha la ronca voz 
de un poeta adocenado 
que, acometido y tentado 
de vn espiritu ferez, 
c jmete vn delito atroz, 
pues oy, con presuncion loca, 
Clio satyrica, inuoca, 
y siguiendo sus antojos 
clerra con miedo los ojos 
y abre con passion la boca. 

Terne algun successu ruin, 
porque sin ningun remedio, 



si ve de tu rostro el medio, 
verâ de su historia el fin. 
Porque a vira de rocin 
vyra la mussa espantada, 
y assi por ver acauada 
la ya començada historia, 
ciego voy, macho de noria, 
o rocin de dar lanzada. 

Quai si Angel fueras de luz, 
tu medio rostro adoré, 
y quando al otro miré 
hice de miedo vna cruz. 



148 



TRIBUTO DE CESAR 



Aunque vn tiempo ts hice el buz 
y idolâtré tu retablo, 
con escrupulo te ablo. 
Ya no mas conuersaçion. 
que es casse de inquisicion 
tcner pacte con el diable. 

Tan tierno de complexion 
soy, que a mirarte no osso, 
que tu medio rostre hermosso 
me hace entrar en tentaçion. 
Por vencer esta passion 
me ofreciera al matrimonie, 
mas no se dar testimonio, 
viendote espantable y linda, 
si es la carne quien me brinda 
o si me tienta el demonio. 

Suele decir, si reparas, 
el que a être agrauiar yntenta, 
por vituperio y afrenta, 
que es persona de dos caras. 
Pero vos bien a las claras 
se ve la siguridad 
que teneis, pues con verdad 
mal diran que teneis des, 
pues de vna que te die Dios 
diste al diable la mitad. 

El que mira por vn lado 
tu hermossa, aunque média, cara, 
viendo velleça tan rara 
queda en tu amor abrassado; 
mas si estando descuydado 
de la média que le incita 
a la oti-a se précipita, 
de su amor cessa la furia, 
que la média da lujuria 
y la otra média la quita. 

Yo se quien se enameré 
p )rque te miré al soslaye, 



y que era vn tloride mayo 
tu medio rostro jurô. 
El agestado miré, 
y haciendo de ambos cotejo, 
huyô, y no fue mal consejo, 
pues solo en tu rostro alla 
hermesura a média talla, 
como retable a le viejo. 

El mal atreuido que hiço 
cara a tu hermesura rara, 
no selamente hiço cara 
mas tambien te la deshiço. 
Y pues ya cessô el hechiço 
de tu veldad celebrada, 
da por paga moderada 
tu cara al amante necio, 
que cara es en qualquier precio 
vna muger descarada. 

Era en belleça tan rara, 
senora, tu cara entera, 
que al que comprarla quisiera 
le fuera tu cara cara. 
Y por esso média cara 
te ha, segun he reparado, 
naturaleça quitado, 
para que des tu hermesura 
al que comprarla procura 
por vn precio moderado. 

Por faite tengo de sesso 
al que de comprarte ordena, 
porque aunque es tu carne buena 
tiene muy gran contrapesso. 
Otro mal ay de mas pesso, 
y es que quando aduierta el daiïo 
no podra llamarse a eng.'iîïo, 
que en le que el gusto tropiezi 
no estd en medio de la pieza, 
sine en la muestra del pane, 



TRIBUTO DE CESAR 



149 



Con inuidia y sin razon 
en la perfecta pintura 
de tu diuina hermosura 
hechô vn mal este borron. 
Mas cubriô la imperfecion 
de cabello bello vn belo, 
en que consiste el consuelo 
de tu pena desigual, 
pues no diran de tu mal 
que no te le cubre pelo. 



Noaymal.quandonoesla muerte 
sin remedio en este suelo, 
ny jamas faltô consuelo 
al desconsuelo mas fuerte. 
Vn consuelo, si se advierte, 
a tu pena el cielo ordena, 
pues veras andar sin pena 
mil damas con pompa y gala 
con toda la cara mala 
y tvi tienes média buena. 



Contra vnos versos que vn galan, nieto de vn herrador, sobrino de vn 
mesonero, mui tonto v derritido, ynflo a su dama. 

Décimas. 



Si entra yerros disculpando, 
que yerros conoce es cierto 
el que de amor esta muerto 
y el que os enfada llorando, 
no es mi'cho esté siempre herran- 
aunque le queste desbelo; [do^ 

estimad, Lysi, su celo, 
que, aunque mil yerros escucho, 
no es milagro yerre en mucho, 
pues errô tanto su aguelo. 

Antorcha se os quiere hazer 
en vuestro amor encendida, 
que quando acaba la vida 
anhela mas por arder. 
Pero pudiera entender, 
Lysi, que en esta ocassion 
le diera comparaçion 
mas varata y mas de cassa 
algun candil que se abrassa 
en el portai de vn messon. 

Cansase este vuestro amante 
en prouar que no ha nacido 



de ausencia, Lysi, el oluido, 
sino de algun ignorante. 
Confiessa que es muy constante, 
mas yo, que sus versos leo 
y en ellos indicifjs beo 
del ingenio de este ausente, 
digo que es perenne fuente 
de las aguas del Letheo. 

Dice este amante troton 
que de amor ha de morir; 
pero quieroos advertir 
que ha de ser de tor[o]zon, 
si no hallare su passion 
remedio junto a Açuqueca. 
El que le enterra repeca; 
no os haga, Lysi, el amor, 
como a otro Cid Campeador, 
dar sepultura a Babieca. 

Mucho el amor le ha pessado, 
por Dios que fue sobrecarga, 
pues no es la jornada larga 
Y el a muerto de matado. 



150 



TRIBUTO DE CESAR 



Que antes que le hechen al prado 
le deserraran conclue, 
que, aunque mas se muestre altiuo, 
abrd en su linage, es cierto, 
quien deshierre vn macho muerto 
para errar vn asno viuo. 

Por testigos de su amor 
présenta, Lyssi, a sus ojos. 
Por Dios, que me caussa enojos 
en vn asno tanto ardor! 
Conocierale mejor, 
si no me engana la gente, 
vn muy cercano pariente; 



que vn macho [<\s\ yo te goce), 
solo vn albeytar conoçe 
por el ojo y por el diente. 

Contiessa que se hara astillas 
si de su fe desconfias. 
Muy necia ères si te fias 
de la fe de los Bonillas. 
Si su amor te haee cosquillas, 
a su fe |)oco te inclina, 
que mi ingenio, que adiuina, 
confiessa te darâ palos, 
que siempre tuue por malos 
a los buenos de Médina. 



A UNA DONCELLA MUY PRIA, QUE OFRECIA EL ALMA Y GUARDAUA EL CUERPO. 



Décimas. 



En vano, Anarda querida, 
quando de tu amor la palma 
alcanço, me das tu aima, 
pues que no soy la otra vida, 
con que tu cuerpo me convida, 
en quien se cifra el donayre. 
Eso de aima es cossa de ayre, 
que aunque es dadiua sin tassa, 
es moneda que no passa 
como los quartos del frayre. 

Tu virginal aima adoro; 
mas, por Dios, que me da pena, 
que es dadiua solo buena 
para el tiempo de Medoro. 
Que en parias algun rey moro 
la reciuiera confiesso; 
mas yo, que otra ley professo, 
mas carnal y menos tierno, 
no querria yrme al ynfierno, 
como Judas, por el besso. 



No te parccerâ mal, 
si de tu anima desisto, 
pues que es, sin aberla visto, 
comprar nabos en costal. 
Pues que mi aficion es tal 
que a tu aima desconoce, 
con tu cuerpo se arreboçe, 
que en el aima no ynteresa: 
quierala quien la confiessa, 
comprela quien ,1a conoce. 

Degemos el aima, Anarda, 
que artos enemigos tiene; 
a tu cuerpo el amor viene, 
que le incita y le acobarda. 
Mal fin pienso que me aguarda: 
tu cuerpo quiero cruel, 
seré mosca de tu miel 
y de tus ornaços cura: 
tu aima arrojo (que locura!) 
al pesso de San Miguel. 



TRIBUTO DE CESAR 



151 



A UN GALAN QUE ESTANDO DE PARTIDA PARA VNAS FIESTAS LE EMBARGARON 
POR VNA DEUDA: INUIARONSE A VNA TERCERA SUYA. 



Décimas. 



Pr)r lo que seruir desseo 
a madré que assi me quisso, 
quiero dar por esta auisso 
que escriua por el correo. 
Que este principe gineo 
que lleua a todos la palma, 
quedô aquesta vez en calma 
quando mas libre se suena, 
el cuerpo presso en Sansueiia 
y en Paris cautiua el aima. 

Ya se que os dio cl peccador 
quenta asi de su sucesso: 
«En Portillo estuue presso, 
mas no lo fiço mi honor». 
Tened del pobre dolor, 
que por vna tarde buena 
es dos meses aima en pena: 
o don Aluaro en Portillo, 
desde el miercoles corbillo 
asta el jueues de la ccna. 



No le aprouechô su lauia: 
ya esta donde, a su despecho, 
el cielo le viene estrecho: 
todo es ira, todo es rabia. 
Por grumete de esta gauia 
quedô, que es buen otiçial; 
dio la buelta el bendaual, 
y quando yrse a olgar intenta, 
sin la guespeda hechô quenta 
y saliô la quenta mal. 

Es el hijito vn Medoro; 
yo apostaré, madré honrrada, 
que al fin de aquesta jornada 
os prometio montes de oro. 
Acabosele el thesoro; 
no es buen hijo, si aduertis 
qui ni aun cien marauedis 
tiene ni en plata ni en cobre, 
porque ya en la Pena Pobre 
yace hermitano Amadis. 



A U.NA L)AM\ VjVA. MESMO EN OCASION QUE LE SUCEDIO OTRA DESGRACIA. 



Décimas. 



No ay, Gerarda, que dudar, 
siempre lo he oydo decir, 
que de ordinario el reyr 
es vispera del Uorar. 
Bien llegô a berificar, 
aunque con arta moyna, 
tu galan esta dotrina, 
que el martes (desgracia suya!) 
començô por Aleluya 
y acabô por disciplina. 



Mal su triste suerte ordena 
los passos de sus amores, 
pues para él Pasqua de Flores 
se hiço Jueues de la Zena. 
Passé la tarde sin pena 
con vuestra conuersacion. 
Pobre de cl, que colacion 
el maestresala le ha dado! 
Vino de alla muy picado 
y a cenado salpicon. 



152 



TRIBUTO DE CESAR 



O que desgraciado a ssido! 
Saliô de cassa el cuytado, 
y en la bulla de! mercado 
se hiço nino perdido. 
Tornô vn poquillo encendido, 
las sines aluorotadas, 
dolencias acostumbradas, 
que sin duda le afligicran 
si el dano no preuinieran 
ocho ventosas sajadas. 



(Juan diuertidos estan 
los amantes de aqui arguyo, 
pues los golpes no oyô el tuyo 
de aquel maço de batan. 
Pero abissado me han 
que quisso rematar prendas; 
dio a su pasatiempo riendas, 
temiendo su sucrte amarga: 
entra en Ouaresma muy larga 
y assi hiço Carnestolendas. 



Desgracias son de estudiante: 
el passô (braueça afuera!) 
en îunica la carrera, 
como buen diciplinante. 
Lastimaos de vuestro amante, 
no penseis que ha de parar 
aqui todo su pessar, 
que porque oy os hiço escolta 
manana abra otra quivolta 
la espalda de par en par. 



Arepentido estarâ, 
que como por tal descuydo 
buen diciplinante a ssido, 
buen pénitente sera. 
Por el bien suspirarâ, 
que su inquietud tan ufana 
perdio. y (luicn sus maies sana 
tendra cuydado a menudo, 
porque él os çurrô el lanudo, 
de zurrarle la badana. 



A UNA MONJA DEBOTA DE VN SACRISTAN QUE SE LLAMAUA OI.IUARES, HOMBRE 
HUMILDE, REGALADOR, CELOSO, TONTO Y BEBEDOR. 



Décimas. 



Agua va que las arrojo! 
Barbara, tened paclencia; 
très dias ha, en mi conciencia, 
que no hecomido de enojo 
asta cumplir vn antojo 
que de escriuiros me ha dado. 
Oyd, si sola os ha dejado 
por vn punto vuestro amante, 
ymportuno y vigilante 
mas que vn mastin de ganado. 

De perro de Alua le dan 
renombre los que le an visto, 
tan brauo, enojado y listo 



con los que van de Ahnaçan. 
Con quantos bienen y van 
tiene el pobre tal desgracia, 
que das gloria con tu gracia 
a vno y otro pasagero, 
a los moros por dinero 
y a los christianos de gracia. 

Deue de estar muy vfano 
con su cuydado el mastin, 
sin uer que es cuydado al fin 
del perro del ortelano. 
Todo feroz, nada humano, 
pues eu la fuga mayor 



TRIBUTO DE CESAR 



153 



en festejar vn fauor 
nunca es perro de Tobias, 
porque es solo este Macias 
donadito del amor. 

Ymportiinamente os vela, 
barbaramente es constante, 
no es para vos tierno amante 
sino dura centinela; 
sin prouecho se desbela, 
si no logra su deseo, 
pues por experiencie veo 
que para ynfundir letargos 
en los cien o;os de este Argos 
nunca os falta vn caduzeo. 

Guardeos él con vn lanzon 
y guardeme Dios a my; 
solos estamos, deci: 
es esta historia ficcion? 
Aunque os faite la aficion, 
no le perdais el decoro, 
que si es verdad que vn thesoro 
ofrece el asno sin tassa, 
no es malo tener eu cassa 
de Apuleyo el Asno de oro. 

Dicen que siempre varaja 
con vos furioso de celos 
y contra los mesmos cielos 
triumpha de espndas y raja; 
mas por aqui no auentaja 
de vuestro amor los thesoros: 
buen triumpho es contra los moros, 
mas con vos dice su lasto 
que nunca a priuado el basto 
quando no triumpha de oros. 

Con todo, e de ti mancilla, 
que sera bien que repares 
que si tienes oliuares 



no es en Cordoua o Sebilla. 
En lo mas ruin de CastiJla 
estan, y pues tan de ueras 
en vn oliuar espéras 
nacido en Valdeabellano, 
fuerça es comas (caso es llano) 
aceytunas zapateras. 

Direis tienen buen sauor; 
no seays, Barbara, ymportuna. 
No beis que tal aceytuna 
os trae quebrado el color? 
Pero ya os yrâ mejor, 
que vuestro oliuar cassero, 
gracias al dios vinatero, 
se mejora tan de ueras, 
que tal uez las zapateras 
son acevtunas de cuero. 

Degemos tanta aceytuna 
de este oliuar que os conquista, 
como zaori, con la vista 
sin ablar palabra alguna. 
Si en pedir soys importuna, 
no saue deciros ox: 
de mil regalos es trox, 
para vos poco fiel, 
pues tener quereis en el 
no galan sino relox. 

No era muy malo el cachorro, 
Barbara, si no tuuiera 
nariz de Christo de cera 
y la barbaza de zorro; 
pero no es muy mal albrro, 
que es de ramplon y très suelas, 
porque como pone espuelas 
amor al vuestro Leandro, 
mano es con vos de Alexandro 
la que es de matar candelas. 



154 



TRIBUTO DE CESAR 



A VNA DAMA ENCERRADA EN VN CONUENTO. 



Dccinia. 



Que ya por ti se çantaua, 
me escriuio tu companera: 
«En la ciudad de Antequera 
Jarifa cautiua estaua». 
Tal desgracia amenaçaua, 



nina. tu disolucion, 
y assi no es mormuraçion 
decir (o gran desuentural) 
que la culpa fue abertura, 
pues la pena es reclussion. 



A VNA SANGRIA DE ThEODORA. 



Villajiescd. 



Deten, sangrienta mano, 
el acero sutil, 
mas que cruel dichosso 
y el mas cruel que vi. 
Respeta el rostro vello, 
a quien da su matiz, 
entre miedo y berguenza, 
ya gualda, ya carmin, 
y la voca de rissa, 
que ya no competir 
puede con los clabeles, 
si con el alely. 
Las niiias de sus ojos 
temerosas vi uyr 
por mares de christal 
por campos de saphir. 
Con cinta de esmeralda 
el brazo de marfil 
aprietas a Theodora 
y el coraçon a my. 
Si la das por ladrona 
tormento. se decir 
que no me rouô el aima, 
porque yo se la dy. 
Con blandura la trata 
si puede auerla en ti. 



que es marfil en la albura 

mas no en el no sentir. 

Si te parece plata, 

pudieras aduertir 

que es plata con mucha aima 

y sentira el buril. 

En rosicler apenas 

la nieue vio tenir 

quando cubrio su nacar 

de mortal genoli. 

Ya queda sin sentido: 

dichosso soy, que al fin 

todos sus sentimientos 

se quedan para my. 

Donde, acero tan duro, 

pudiste preuenir 

que no fuesse de cera 

al sol que elado vy? 

Mas ay! que tu arpon bieue 

mal pueden resistir 

penascos de açucena, 

montaiias de jazmin; 

porque al golpe primero 

virtio en vena sutil 

a millones granates 

a millnnes rubis. 



TRIBUTO DE CESAR 



I5S 



Recoge los despojos, 

que oy açana ceuil 

por inhumano alcanças, 

que no por varonil. 

Rico te considero, 

pues que goças feliz 

mas bien que imaginaste; . 

celoso estoy de ti. 

A tu crueldad ofrece 

oro rubio cl Ofir, 

tliamantes el Chatay 

y plata el Poto.-i, 

la octaua espheia estrellas 

y flores el abril, , 

que es mi Theodora hermosa 

India, cielo y jardin. 



Partamos la ganancia, 
mas no podré sufrir 
que prendas de Theodora 
se partan para my. 
O tu, acertado yerro, 
que mereciste herir 
de mis dichas el blanco, 
de mis glorias el fin, 
si no ères de la tierra 
parto estupendo, di 
como vn hermoso cielo 
osaste conbatir. 
De la aljaua de Amor 
deuiste de salir, 
que solo el Amor pudo • 
herir vn séraphin. 



A VNAS DAMAS ENCERRADAS V ALGUNAS MONJAS DE BUEN GUSTO. 



End e chas. 



Moçuelas trauiessas, 
en gusto conformes, 
pues le poneis todas 
en goçar del hombre; 
dulces vasiliscos, 
de ojos burladores, 
que incitan trauiessos, 
que matan atroces; 
los que de fineças 
soys piedra de toque, 
do cae el que tropieça 
en mil tentaciones; 
vagios do encallan, 
escollos do rompen 
mil prenadas vêlas 
que van de alto borde; 
si no blanco, gafas 
de erguidos virotes, 
que yerros traspassan, 
que clausuras rompen; 



donde quier que o; allen 
aquestos borrones, 
suspended la solfa, 
dejad las laborcs, 
oyd los concentos 
de vn pédante pobre, 
renacuajo en Duero 
que no cisne en Tormes. 
Con todas me entrucho, 
grandes y menores; 
Gedeo me yncita, 
que no sin raçones. 
De paz es my enlrada; 
cessen los temore^, 
toda es agua limpia, 
nadie se alvorote. 
Escuchadme todas, 
assi el cielo logre 
vuestras esperanzas 
con las possessiones. 



156 



TRIBUTO DE CESAR 



Por Solier comienzo, 
cuyos bellos soles 
saltean braguetas, 
roban corazones. 
No ui en tal sosiego 
tiesgarros mayores, 
graue mas picana, 
picara mas noble. 
Demoslas caréna 
a las Castrejones; 
gente de la heria 
y de leua y monte. 
En mas culto estilo 
seran mis canciones 
clarin a sO fama 
lisonja a sus torres, 
que aora a lo casseio 
solo quiere el hombre, 
porque le an picado 
darles dos picones. 
Dejo a la Maria 
que tortola llore 
vallestero tuerto 
<ivsente ciclope. 
A Gerarda pido 
que, pues es tan noble, 
la dé a la Rebollo 
de varato vn hombre. 
Picaças la pican 
celanla gorriones, 
incita Josephes 
y embriaga Lodes. 
Barbara, condesa 
de Oliuares, goçe 
ei titulo vn siglo 
sin competidores. 
La lealtad la encargo, 
que no es bien mal logre 
oliuar tan fertil 
por esteril monte. 
En topando en Clara 



entre con temores, 
si a la mano me ablan, 
de hacer dos borrones. 
Dijome el que pudre, 
que mal siglo logre, 
que en bâtir dos yemas 
muestra sus primores. 
Aqui de Barnueuos 
Maria responde, 
en fineça oro, 
en firmeça bronce. 
Pero yo, primero 
que la bula tome, 
haré dar traslado 
a vn par de Chrisoles. 
Doîïa Chatalina 
a vn lindo se acoge 
que temple su fuego 
con sus cerriones. 
La aloque Barnueuo 
no quieren que engorde, 
si nunca a la messa 
la faltan capones? 
Si es capon lechar, 
enbidiadla, pobres, 
tratillo es que passa, 
moneda es que corre. 
A la Baldiuiesso 
dejo entre renglones, 
porque no me entreuo 
con las niquipotes. 
En vn alto cerro 
borradas facciones 
auer sido Troya 
publican a uoces. 
Por tierra la hecharon 
fran cesses humores, 
paladiones griegos, 
troyanos sinones. 
Antes que a Seuilla 
vaya, es fuerza tope 



TRIBUTO DE CESAR 



157 



con Sierra Moren.i, 

con el Negro monte, 

Monte Negro digo, 

que en negros amores 

quiere monja negra 

otro negro monge. 

Aunque a su Sicheo 

la Seuilla Uore, 

muerto en su presencia 

viuo en sus fauores. 

No uenda finezas, 

pues no ay en el orue 

pasagero Heneas 

que no la de vn trote. 

Francisca de Gaue 

h ace que no oye; 

dona Ana es ciguena 

de capigorrones. 

A Aluiz comprar puede 

el que no conoce 

sus facilidades, 

sus transformaciones. 

Asta que del mal 

de tia mejore 

pretendala vn yelo, 

esperela vn robre. 

Aguila es Marcela 

en las presumpciones, 

fenix en belleza 

y tordo en lo docil. 

De su frente y ojos 

cisnes y pabones 

imitan zaphyros 

emulan candores. 

De aues salio el triumpho, 

por Dios que perdone, 

explicarme intento 

no miro en primores. 

Los ojos zaories 

de Francisca Lopez 

mas varas levantan 



que alcaldes de corte. 

Quiero a las Carrillos 

dar dos repelones, 

aunque ay quien me auisse 

de que tiran coçes. 

Asta que Maria 

su romano goce, 

o deuota reçe, 

o amorosa llore, 

que aunque por Vlises 

que los mares rompe, 

lo que hace de dia 

deshaga de noche, 

primero ver pienssan 

los opositores 

el fin de la tela 

que los galeones. 

Dona Chatalina 

es moça de golpe; 

sutil algibrista 

de las afiçiones, 

harâ que se mesclen 

cieruos y leones, 

que los elementos 

hauiten conformes. 

La Clara Salcedo 

muere por vn hombre 

que de galan suda, 

sentenciado a vnciones. 

Que es vn sol présume; 

pero el orizonte 

de tanta gurdura 

son los bodegones. 

En ellos me quedo 

con el matalote, 

porque ha grande rato 

que la posta corre. 

Darele dos piensos, 

y de otro galope 

fin a mi jornada, 

si no ay quien me estorue. 



158 



TRIIUITO DE CESAR 



Las de Mazngatos 
cito para entonces: 
bien se las que fueron 
■de toque y enboque. 
A las ocho y nueue 
•daré sus raciones, 
que en vinagre queda 
•desde hoy el azote. 



Si alguna melitlua 
terne de mis golpes 
agridulces mates 
o picantes motes, 
tcmpleme la lengua 
con dos canelones: 
quedaré mas dulce 
que cacho en arrope. 



A Theodorv, despues de vna larga avsencia. Epistola. 



f 'illaiicsca. 



Zagala de mis ojos, 
vella Theodora mia, 
îilma de my cuidado, 
lie my aima delicias: 
si es que ya, a fuer de ausente, 
ingrata no me oluidas, 
perjura a tus promessas 
y ynci'edula a las mias, 
o ya en labor curiossa 

te aile esta entretenida, 
o ayrossamente honesta 
■en vn balcon présidas, 

el canto de mis voces, 
las voces de my lyra, 

por dulces no, Theodora, 

escucha si por mins. 

Oue al sol de tu belle^a, 

no ya el que ser solia 

■sirguero dulce, canto 

alegres bienbenidas. 

Tristes si endechas lloro 

<le Duero en las orillas, 

cisne a muerte cercano, 

ausente tortolilla, 

que vn lustro corrio cassi 

desde el primero dia 

que de la fe mas pura 

te libé las primicias, 



y que mis espcranzas, 

que a deidades aspinm, 

si bien no son logradas, 

son bien entretenidas. 

Por las dichas que logra 

mi amor, no solicita 

el tuio, por el solo 

lograr dichas estima. 

Mi fe firmeças taies 

a su Costa confirma, 

pues mas te amaua quando 

tù mas me aborrecias. 

Quando fue mi esperanza 
tropheo de la ynuidia, 
a amantes desengaîio 
y engano a mis porfias; 
quando mis presumpcioncs, 
viçarras si no altiuas, 
de otro sol Phaetontes 
como de otro sol hijas, 
como aquel que epicyclos 
fatigô indocto auriga, 
fueron fabula al vulgo 
y a mis emulos rissa. 
Dos veces vi la cambre 
de Guadarrama altiua 
alternando libreas, 
ya cana, ya florida. 



TRIHUTO DE CESAR 



159 



Mientras sufrio innocente 
mi lealtad ofendida 
culpa mal ymputada, 
l)ena bien receuida, 
no porque la meresca, 
SI porque tù la ymbias, 
q le aun los agrauios tuyos 
por fauores estima. 
Los que intenté despechns, 
sufri melancholias, 
ni memoria las guarda 
ni numéro las cifra, 
que me sera mas facil 
contar el poluo a Lybia, 
al firmamento luces 
y a tu deidad ynuidias, 
que penas a mi ausencia: 
tu alla las imagina, 
si bien quisiste aiisente, 
si amaste aborrecida. 
Passaron los rigores 
y tornô mi alegria 
instable, que de dura 
son solas mis desdichas, 
que a dos continuos anos 
de tristeças continuas, 
de dura amarga ausencia, 
de celosas fatigas, 
por gloria a tanta pena, 
si bien no merecida, 
en dos obscuras noches 
me fuiste claro dia. 
Tome apenas el puerto, 
quando vuelue oprimida 
n\ golfo mi ventuia, 
a la ausencia my dicha. 
Quando entre obligaciones 
contrarias, si precissas, 
freno el amor me pone, 
espuela honor me aplica. 
Suspensso quedé quando 



miré que me ofrecia 
honor sin vida honrra, 
amor sin honrra vida. 
Vencio el honor. Mala\ a 
quien sus leycs intima, 
seueras al que sigue 
de amor blanda miliçia! 
Ausente viuo donde 
tu dulce compaîïia 
acordada me alegra 
y me aflige perdida. 
Ay, cielo, quântas veces 
pensé allarte escondida, 
va en sombras burladoras 
ya en tierras fugitiuas! 
Oiiântas mi pensamiento, 
por uerte, dulce amiga, 
plumas viçnrro viste, 
avres ligero pissa! 
Ouântas Uegô atreuido 
a correr la cortina 
del pabellon que encierra 
su prenda mas querida, 
do veldad no pleueya 
colora de su ossadia 
admiracion humana, 
adoracion diuina! 
No ay para el aima ausencia, 
que, en presencia indiuissa, 
viuir saue donde ama 
y morir donde anima. 
En quantas tu hermosura 
humanas participan 
belleças, busco rastru 
de la tuya diuina. 
Del sol sigo helyotropo 
la madeja que enriza 
por tuya, que a no serlo 
no fuera tan lucida. 
Y el emispherio apenas 
vana de luz ambigua, 



i6o 



TRIBUTO DK CKSAR 



quando en sus arreboles 
salgo a ver tus megillas. 
El reir del alua hermossa 
de tu boca de rissn, 
el rosicler hurtado 
restituye a mi vista; 
la plata de tu frente 
de Duero el cristal cifra, 
ni entre riscos sonoro, 
ni risueiio entre guijas. 
La nieue que en Moncayo 
en eterna porfia 
al gente pez congela 
tiamante can liquida. 
Ouando oye de tu cuello 
el candor que publica 
mi voz, mas blanca queda, 
o espantada o corrida. 
Tus bellissimos ojos, 
palestra en quien dos niîïas 
inquietan juguetonas, 



rasgadas desafian. 
En los cielos vencra 
parte que al sol propinqua, 
nacares no la hemulan, 
saphiros si la enuidian, 
que mal no seran cielos 
orues donde propicias 
inquiétas luces bullen 
y graues soles giran. 
Pero de tu belleza 
son todas estas dichas 
vestigio que la acuerdan, 
no imagen que la imitan. 
Solo allô en mi aima, 
y mi aima en ti misma, 
en ti por ti ganada, 
si en ti por ti perdida. 
Que en solo ser tu esclauo, 
amado bien, se cifra 
mis goços y mis glorias, 
mis gustos y mis dichas. 



Despedida de las Mussas. 



Soncto. 

Dejad el canto, sonorosa Clio; 
vos, Polyphymia, suspended la lyra. 
que de la hedad la primauera espira 
y estamos a la puerta del estio. 

Dulce Thalia, al amoroso brio 
lasciua no inspireis, que se retira 
la juuentud, y irreuocable aspira 
de la muerte a la mar, la vida rio. 

Adios, culto decir, pensar valiente, 
satyra, Momo vil, de agenas vidas, 
que entrar en quenta con la mia quiero, 

y de mi amargo llanto a la corriente 
l'o inspiraciones sanctas bien venidas!) 
cisnc Uorar lo que canté sirguero. 



BIBLIOGRAFIA 
DE SOR JUANA INÈS DE LA CRUZ 



La formacion de la bibliografia de Sor Juana comienza en la 
Biblioteca hispano-aniericaua septentrional del Canônigo D. José 
Mariano Beristâin de Souza (Mexico, 1816-182I). Très obras 
muy posteriores contienen mayor numéro de datos: el estu- 
dio de D. Marceline Menéndez y Pelayo que précède a la An- 
tologia de poetas hispano-avicricanos (Madrid, 1893-1895), reim- 
preso después bajo el titulo de Historia de la poesîa hispano- 
americana (Madrid, 1911-1913); la edicion de obras selectas de 
la poétisa, hecha en Madrid por D. Antonio Elias de Molîns ha- 
cia 1901, y los Apuntes para una biblioteca de escritoras espano- 
las de D. Manuel Serrano }- vSanz (]\Iadrid, 1903-1905). Final- 
mente, prestan grande utilidad el Ensayo bibliogrâfico mexicano 
del siglo XVin, del Canônigo D. Yicente de P. Andrade (Me- 
xico, 1899); los diverses volûnienes de la Bibliografia mexicana 
del siglo XVIIP del Dr. D. Xicolâs Leôn, y, sobre todo, los 
libres de D. José Toribie Médina: la Biblioteca Jiispano-auieri- 
cana, en siete volûmenes (Santiago de Chile, 1898-1907); La 
Imprenta en Me'xico, en oche volûmenes (Santiago de Chile, 
1907-1912), y la La Luprenîa en la Piiebla de los Angeles (San- 
tiago de Chile, 1908). 

A principios de 1914, di a la revista Mexico — digna de mejor 
vida y circulacion ma^'or de las que alcanzô — un brève articule 
En pro de la ediciôn défini tiva de Sor jfnana^ al que acempaîïa- 

Reziic Hisfinuiqiie. — P. ii 



l62 PKDl^O Hr.NKi''.jUEZ UKtNA 

ban SLicintas notas bibliograficas (52 numéros). La idea de la 
ediciôn crîtica fue acogida por la modesta Sociedad Hispanica 
de ]\Iôxico, que iniciaba entonces su labor pûblica con el volu- 
nien de Las cien mejores poesîas mexicanas. Pero la posterior 
■situacion de aquel pais ha impedido realizar el proyecto. 

F.ntre lanto, he anadido nue vos datos a mi bibliograffa, en 
\\ âshington y Nueva York, y considère que en America no me 
serîa fâcil obtener muchos mas. 



No es mucho pedir para Sor Juana los honores de la ediciôn 
crîtica. Las hay de poetas quizâ inferiores, o, por lo menos, no 
superiores a ella, como Gutierre de Cetina, Luis Barahona de 
Soto, Pedro Espinosa. 

Debe restablecerse el texto de Sor Juana, estragado en mu- 
chas reimpresiones modernas. El trabajo sera difîcil; habra que 
acudir a las ediciones antiguas — -no solo a una, sino a varias, las 
principales — , y convendrâ clasificar cronologicamente las com- 
posiciones hasta donde sea posible. La ediciôn debe ser complé- 
ta; es verdad que no toda la producciôn de la poétisa puede so- 
brevivir; pero las selecciones futuras deben hacerse sobre la 
ediciôn definitiva. 



Menéndez y Pelayo hace brevemente la historia de las princi- 
pales ediciones de Sor Juana. 

«Sus obras — dice — , que habîan corrido profusamente en co- 
pias manuscritas, imprimiéndose suellos El Diviiw Narciso., el 
Neptuno nlegôrko y varios villancicos, comenzaron a ser colec- 
cionadas, en 1680, por D. Juan Camacho Gaina, bajo los aus]ji- 
cios de la Condesa de Paredes... Este primer tomo lleva el rc- 
tumbante tîtulo de Innudaciôn Castàlida de la luiica poétisa, 
musa décima... (Madrid, 1689). Esta primera ediciôn es rara; re- 



l'.II'.l.lOGKAHA l6S 



pitiose al ano siguiente con el titulo, mas modesto y adecuado, 
de Poemas. 

>EI segundo tonio de las obras de Sor Juana se publicô en 
Sevilla, 1691 ( ' ). No hemos visto esta edicion, pero tenemos la 
■de Barcelona, 1693, [ior Joseph Llopis... Con ella hace juego cl 
primer tomo impreso por el mismo Llopis en 1691. 

»E1 tomo tercero no se imprimiô hasta I/OO, con el tftulo de 
Faina y obras pôstumas del Fénix de Mexico^ décima musa, poéti- 
sa americana... (Madrid)...» 

Continua diciendo ^lenéndez y Pelayo, no con mucha exacti- 
tud, que «los très tomos juntos se reimprimieron varias veces 
durante el siglo xviii, en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia 
y otras partes.» De Zaragoza solo hay una edicion del primer 
tomo, hecha en I692; y durante el siglo xviii solo hay dos gru- 
pos de ediciones que pueden formar séries de très tomos: am- 
bos grupos son de Madrid, 1714-1715, y 1725- 

Continua Menéndez y Pelayo: « Todas estas ediciones, que an- 
tes eran vulgares en h'spaiia, pero ya comienzan a escasear, son 
<\ cual mas infelices en papel y tipos. No he visto ediciones de 
]\Iéxico, pero las habrâ seguramente, totales o parciales, porque 
■el nombre de Sor Juana sigue siendo popular en su patria.» 

Las ediciones mexicanas, como se verâ, nunca fucron totales, 
ni tampoco muchas. 

Termina Menéndez y Pelayo su reseîîa diciendo: «Lo ùnico 
■que conozco de America es una pequeîla antologîa formada, con 
buen gusto, por un literato ecuatoriano» (alude a 1). Juan Léon 
Mera)... 

»La ûltima edicion peninsular que he visto es de 1725, y es 
probable que no se hicieran mas, porque ya habia comenzado el 
cambio de eusto 



( ' ) Error: fue en 1692. 



104 PEDRO HENRfQUEZ URENA 

Don Juan Ignacio de Castorena y Ursûa, en su Prélogo a 
giiien leyere de Fama y obras postmiias, dice que Sor Juana dejô 
escritos, ademâs de lo publicado: 

cUna glosa en décimas a la inclita religiosa acciôn de nuestro 
Catôlico Monarca (que Dios guarde) en haber cedido el trono a 
la Divina Majestad Sacramentada. 

»Las Sûniulas que de su letra tenîa el R. P. M.José de Porras^ 
de la Compaîlîa de Jésus, en el Colegio Mâximo de San Pedro y 
San Pablo, de Mexico. 

»E1 Equilibrio Moral, Direcciones Prâcticas Morales, en la se- 
gura probabilidad de las acciones humanas. Los borradores nie 
dijo los tenîa... D. Carlos de Sigiienza y Gôngora... 

»Un Poema, que dejô sin acabar D. Agustîn de Salazar y per- 
ficionô con graciosa propiedad la Poétisa, cuyo original guarda 
la estimaciôn discreta de D. Francisco de las Heras. 

»()tros discursos a las finezas de Cristo Senor Nuestro, que> 
sobre los que escribiô, ofrece la poétisa en su respuesta a Sor 
Filotea. 

îUn Romance gratulatorio a los C'isnes de la Europa que elo- 
giaron su segundo tomo, y va truncado en este libro {Fama y 
obras pôstumas) . 

»Otros muchos discretos papeles y cartas, sin duda que escri- 
biô la poétisa; pero como jamâs desvaneciô su humildad la espe- 
ranza de darlos a las prensas, los despedîa hasta en los borrado- 
res, y sin dificultad se perdieron; algunos de estos discursos 
serân los que otreciô en la dedicatoria de su segundo tomo, 
impreso en Sevilla, a D. Juan de Orué, pues este caballero me 
afàrmô tenerlos en la Andalucîa.» 

Beristâin hace notar que Sor Juana habla de otra obra suya,. 
inédita — El Caracol, o arte para aprender la mûsica, — en el ro- 
mance que comienza: 

• Después de estimar mi amor... 
Serrano y Sanz, en los numéros 756 y 757 c'e sus Apnntcs 



lilBLIOGRAFIA l6S 



para iiiia biblwtcca de cscritoras espaiioIaSy cita dos copias nia- 
nuscritas de versos de Sor Juana, en letra del siglo xviii. El pri- 
mer manuscrito es un «X'illancico de los cjue conipuso la Monja 
de Mexico para su Cathedral, ano de 1679, a Maria Santissima 
en su Asumpcion gIoriosa>; existe en el Museo Britanico, y 
principia: 

De hermosas contradicciones... 

Es el villancico III de los dedicados por la poétisa a la Asun- 
cJôn de la \ irgen en 1679, el primero de los cuales comienza: 

De tu ligera planta... 

El segundo manuscrito que cita Serrano existe en la Biblio- 
teca Nacional de Madrid, y es una Xdcara que principia: 

Alla va, que fuera sale 
aquel divino portento 
en quien de su poder sumo 
quiso Dios echar el reste. . 

Esta jacara es parte de los Villancicos de Sor Juana a la Puri- 
sinia Concepcion, cantados en la Catedral de Puebla en 1689; 
comienzan: 

Oigan un misterio que... 



He aqui, en orden cronologico, el mns aproximado posible, la 
lista de las ediciones de que he alcanrado noticia. 



f Villancicos f \ qve se cantaron en la Santa | Iglefia Cathe- 
dral de Mexico, a los Maytines del Gloriofiffimo Principe de la 
7 Iglefia, el Seiîor San Pedro, f ' Oue fundô, y dotô el Doct. y 



l66 PEDRO HENRfQUEZ URENA 

M. D. Simon Eftevan Beltran, de Alzate, y Efquibel (que | Dios 
aya), jMaeftre-efcuela, que fue, defta S. Iglefia Cathedral, y Ca- 
thedratico Jubilado de | Sagrada Efcriptura en efta Real Vniver- 
fidad de Mexico. | Aiio de {Grabado de S. Pedro entre vinetas) 
1677. j (Entre viiletitas:) Dedicalos | Al Senor Lic.*^" D. Garcia 
de Legafpi, \^elazco, Altamirano, y | Albornoz, Canonigo defta 
Santa Iglefia Cathedral de Mexico, &c. ! 

Colofchi: Con licencia. En Mexico, por la Uiuda de Bernardo 
Calderon. 

P2n 4.". En la primera pigina, el tîtulo transcrito y la caria 
dedicatoria de Sor Juana, fechada en el convento de San Jeroni- 
nio, a 20 de Junio de 1677. Texto, a la vuelta, con 3 hojas 
mas s. f. 

Descrita por D. José Toribio Médina, La Iinprenta en MexicOy 
numéro I.I57. y por D. Vicente de P. Andrade, Ensayo hiblio- 
c^rdfico mexicano del siq;lo XVII^ numéro 693, sin indicar el au- 
tor. Hay ligeras diferencias entre la transcripciôn de la portada 
que da Médina y la que da Andrade. ]\Ie atengo a la de Médina, 
en este como en los demds casos en que difieran él y Andrade. 



Villancicos que se cantaron en los Maitines del Gloriosisimo 
Padre San Pedro Xolasco, l'undador de la Sagrada Eamilia de 
Redentores del Orden de Nuestra Sefiora de la ^lerced, dîa 31 
de Enero de 1677 anos, en que se imprimieron. 

La Inundaciôn Castdlida da noticia (como lo indica el titulo 
arriba copiado) de que los Villancicos de Sor Juana se imprimian 
en los anos mismos en que su autora los componia y daba a las 
iorlesias. Xo de todos, sin embargo, se conocen las ediciones pri- 
mitivas. 

çCompondria Sor Juana, segûn sugiere Menéndez y Pelayo, la 
mûsica de algunos de ellos.^ 



bibliografIa 167 



Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Metropolitana 
«le Mexico, en honor de Maria Santîsima Madré de Dios en su 
Asuncion triunfante, y se imprimieron ano de 1679. 

La IniDidaciâu. Castâlida da noticia de la inipresion de estos 
\"illancicos. 



Xeptvno I alegorico, oceano ! de colores, simvlacro politico, | 
qve ] erigio la mvy esclarecida, j sacra, y avgvsta Iglesia | Me- 
tropolitana de j ^lexico, j en las Ivcidas alegoricas ideas | de va 
Arco Triumphal, que confagrô obfequiosa, | y dedicô amante a 
kl feliz entrada j de el | Ex.""" Seàor Don Thomas, Antonio | Lo- 
renço,?kIanuel de la Cerda.Manrique de Lara, | Enriquez Afan de 
Ivibera, Portocarrero, y | Cardenas: Conde de Paredes, Marques 
de la I Laguna, de la Orden, y Cavalleria de Alcantara, | Co- 
mendador de la Moraleja, del Confejo, y | Camara de Indias, y 
Junta de Guerra, Virrey, | Governador, y Capitan General de 
•-■fta ( Xueva-Efpana, y Prefidente de la Real | Audiencia, que en 
(^',la refide, &c. | Qve hizo | La Madré luana Inès de la Cruz, Re- 
ligiofa I del Convento de S. Geronimo de efta Ciudad. | (Fileté.) 
'on Licencia. En Mexico, por Juan de Ribera en el Empedra- 
.lillo. I 

En 4." Portada orlada y sembrada de adornos tipogrâficos. 
\'. en bl. 2 hojas s. f. con la dedicatoria de la Iglesia al Virrey. 
l'J hojas de texto, terminadas por un romance octosilabo con la 
explicaciôn del arco. 

Debio de publicarse a fines de 1680 o a principios de 168 1, 
ano en que lo coloca Beristain. El Virrey entré a Mexico el 30 de 
Xoviembre de 1681. 

Describen esta edicion Médina, numéro 1.203 de La Iinprenta 
'H Mexico; Andrade, numéro 736 del Ensayo bibliogrâfico (con 



l68 PEDRO HENRfQUEZ URENA 

diferencias respecte de Médina), y Menéndez y Pelayo, en la His- 
toria de la poesia hispano-aviericana. 



Explicacion svccinta del ] Arco Trivmphal, qve erigio la | 
Santa Iglefia Metropolitana de Mexico en la feliz entrada | del 
I*!x.™° Sefïor Conde de Paredes, Marques de la Laguna, | Virrey, 
Governador, y Capitan General de elta Nueva-|Efpana, y Prefi- 
dente de fu Real Audiencia, ! y y Chancillei-ia. f | Que hizo la 
Madré luana Inès de la Cruz, Religiofa | del Convento de San 
Geronimo de efta Ciudad. | 

Es de 1680 u 81. En 4.° 8 paginas s. f., orladas por dos la- 
dos, desde la segunda. El texto comienza: 

Si acaso, Principe excelso, 
cuando invoco vuestro influjo... 

Deben de seguir la Silva y el Soneto final, que se incluyen, 
bajo el titulo de Explicacion del Arco, en las ediciones del pri- 
mer tomo de poemas de Sor Juana. Por la descripciôn que hace 
Médina del Neptuno alegôrico, parece que por lo menos el ro- 
mance inicial de esta Explicacion aparecîa ya en la obra an- 
terior. 

Descrita por Médina, numéro I.204 de La Iniprenta en Me'xl- 
co, y por Andrade, numéro 738 del Ensayo bibliogrâfico. 



Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Catedral de 
Mexico, en los ?\Iaitines del Gloriosîsimo Principe de la Iglesia, 
el Seîior San Pedro, afio de 1683, en que se imprimieron. 

Como de los Villancicos de 1677 a San Pedro Nolasco y los 
de 1679 a la Asunciôn, se tiene noticia, por la Inundaciôn Cas- 



lUBLIOGRAKIA 1 69 



fdlida, de que se imprimieron. Creo que, ademâs, deberîa estu- 
diarse el contenido de los siguientes Villancicos, que registrau 
Médina (numéro I.269 de La Imprenta en Mexico) y Andrade 
(numéro 806 del Ensayo bibliogrdjîco) como anônimos en cuanto 
a la letra, la cual pudiera ser la de Sor Juana: 

(Entre vinetitas:) Villancicos, j qve se cantaron en la Santa 
Iglesia I Cathedra! de Mexico: En los Maytines del Glorionffi- 
mo I f Principe de la Iglefia, el Seîïor San Pedro, f | Que InRi- 
tuyô, y Doté la devocion del Seiior Doctor, y M. Don Simon | 
Eftevan Reltran de Alzate, y Efquibel, (que Dios aya) Cathedra- 
tico j Jubilado de Prima de Sagrada Efcriptura, en efta Real 
Vniverfidad, y | t digniffimo Maeftrefcuela de dicha Santa Igle- 
fia. t I Ailo (Grau estampa del santo^ grabado en madera, entre 
vinetas) 1683. | Compueftos en métro MuHco por el B.r (sic)]o- 
feph de Agurto y Loayfa, j Maeftro de dicha Santa Iglefia. | 

Colofôn: Con Licencia. En Mexico: | Por la \^iuda de Bernar- 
do I Calderon, en la calle de | S. Auguftin. 

En 4.° Portada; vuelto en blanco; 3 hojas s. f. a dos columnas. 

Obsérvese que los Villancicos a San Pedro Apôstol, de 1677, 
escritos también para la festividad instituîda por el maestrescue- 
la Alzate, no traen en la portada el nombre de la autora: Médi- 
na lo descubriô en la dedicatoria. 



Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Metropolitana 
de Mexico, en honor de Maria Santîsima Madré de Dios en su 
Asunciôn triunfante, y se imprimieron aiio de 1685. 

.Segûn noticia de la Iniindaciôn Castdlida. 

Convendria cotejar estos [Villancicos con los siguientes, que 
registra Médina (numéro I.339 de La Imprenta en Me'xico): 

f Villancicos, f | qve se cantaron en la .Santa Iglefia | Metro- 
politana de Mexico: en honor de Maria Santiffima | f Madré de 
Dios, en sv y ' Assumpcion Triumphante. | Que inftituyo, y 



170 PEDRO HENRÎQUEZ URENA 

Dotô la devocion del Seiîor Dr. y M. D. Simon | Esteban Bei- 
tran de Alzate, y Esqvivel, j Cathedratico Jubilado de Prima de 
Sagrada Efcritura en efta Real | Vniverfidad, y digniffîmo Maes- 
tre-Efcuela de dicha Santa | Iglelia (Oue Dios aya). | Ano de 
(Estampa^ en niadera^ de la Asiiitcién, entre vinetas) 1685. | Pu- 
Iblos en métro Mufico el Br. Jofeph de Loayfa, y Agiirto, Maef- 
tro de I Capilla de dicha Santa Iglefia. | Con licëcia, en Mexi- 
co: Por los Herederos de la Viuda de Bernardo Calderon. | 

En 4." Portada; vuelto con el comienzo del texto, que tiene 
très hojas mas s. f., a dos columnas. 

Tanto estos Villancicos, como los de 1677 a San Pedro Apos- 
tol, aparecen, segûn Aledina, en el Catâlogo de la hibliotcca dd 
marqués de Xerez de los Cahalleros (paginas 46 y 86). El cuer]:)o 
de la biblioteca del marqués, como es bien sabido, pasô a poder 
de j\Ir. Archer M. Iluntington, y de él, a su creaciôn, a la So- 
ciedad Ilispânica; pero en la biblioteca de la institucion no he 
podido encontrar estas obras. 

8 

Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Metropolitana 
de ]\Iexico, en honor de Maria Santîsima Madré de Dios, en su 
Asunciôn Triunfante, ano de 1687, en que se imprimieron. 

Da noticia la Iniui/laciéii Castdlida. 

Aunque no corresponden a éstos en cuanto a la fecha (1686), 
convendria estudiar el contenido de los Villancicos que registra 
Médina en el numéro I.375 de La Imprcnta en Mexico, y An- 
drade en el numéro 866 de su Ensayo bibliogrdfico; son com- 
puestos, como los mencionados en numéros anteriores, para las 
testas instituîdas por el maestrescuela Alzate; llevan mûsica del 
Br. Loaisa, y se imprimieron en ^léxico, 1686, por los herede- 
ros de la viuda de Bernardo Calderon. 

Acaso no estari'a demas cotejar otros Villancicos a la Asun- 
ciôn, de 1677, que registran Médina (numéro I.152 de La Lu- 



BIBLIOGRAFIA 171 



prenta en Mexico) y Andrade (numéro 694 del Ensayo hihliogrd- 
fico) con los de Sor Juana correspondientes a 1679, 



IX\\\DACIOX CASTALIDA | DE 1 LA VNICA POETI- 
SA, ^I\'SA DEZIMA, I SOROR JVANA INES | DE EA 
CRVZ, RELIGIOSA PROFESSA EN | el Monafterio de San 
Geronimo de la Impérial | Ciudad de Mexico. ] OVP^ | EN 
VARIOS METROS, IDIOMAS, Y ESTILOS, | Eertiliza varies 
arfumptos: 1 CON | ELEGANTES, SVTILES, CLAROS, IN- 
(];ENI0S0S, I \"riLES VERSOS: I PARA PZNSENANZA, RE- 
CR1^:(), Y AI)MIR.\CION. | DEDICALOS | A LA EXCEL.-'-' 
SENORA. SENORA D. MARIA \ Lui fa Gonçaga Mann- 
que de Lara., Coude fa de Paredes, \ Marque fa de la LMgima, 
Y LOS SACA A LVZ i D. JVAN CAMACHO GAYNA,. 
CAVALLERO DEL ORDEN i de Santiago, Mayordomo, y 
Cavallerizo que fue de fu Excelencia, | Governador actual de la. 
Ciudad del Puerto | de Santa MARIA, | CON PRIVILEGES- i 
(Eilete.) \ EN MADRID: POR J\LVN GARCIA INEANZON. 
Aiîo de 1689. I 

Volumen de 20 X I4î <^ hojas, 328 paginas, sin mdice. Co- 
nozco los ejemplares que existen en Nueva York, en la Biblio- 
teca Pùblica, y en la Sociedad Hispânica. 

Es la primera ediciôn del primer tomo de Poemas. 
Contiene: portada (la reproduce fotogrâficamente Amado 
Nervo en su libro Juana de Asbaje, Madrid, 19 10); vuelto en 
blanco; en la hoja siguiente, romance de D. José Pérez de Mon- 
toro, que comienza: «Citaras europeas, las doradas...», y soneto 
de dona Catalina de Alfaro Eernândez de Côrdova, c[ue comien- 
za: «La !Mexicana !Musa, Hija eminente...»; en la tercera hoja, 
Aprobaciôn del P. Fr. Luis Tineo de Morales, Madrid, 20 de 
Agosto de 1689; en la sexta, Licencia del Ordinario, Madrid, 22 
de Agosto de 1689, y Aprobaciôn del P. Diego Calleja, Madrid,. 



172 PLDRO HKN'klOUEZ URhNA 



12 de Septiembre de 1689; en la séptima, Suma del Privilégie, 
iVIadrid, 19 de Septiembre de 1689; Fe de erratas, 17 de No- 
viembre de 1689; Suma de la tasa, Madrid, 19 de Noviembre 
■de 1689, y Prôlogo al lector, en prosa, anônimo, que comienza: 
«Gusto suele ser de los entretenidos...»; llega hasta el final de 
/la octava hoja. 

Pâg. i: Soneto, dedicatoria a la Virreina Condesa de Paredes: El hijo 
que la esclava ha concebido... 
En blanco. 

Softeto. Este que ves, engano colorido... 
Soneto. Que no me quiera Fabio al verse amado... 
Soneto. Al que ingrate me déjà, busco amante... 
Soneto. Feliciano me adora, y le- aborrezco... 
Soneto. Fabio, en el ser de todos adoradas... 
Soneto. ;En perseguirme, mundo, que interesas?... 
Soneto. Tan grande ;ay hado! mi delito ha sido... 
SoJieto. Miré Celia una rosa que en el prado... 
Soneto. Oh famosa Lucrecia, gentil dama... 
Soneto. Intenta de Tarquino el artificio... 
Soneto. La heroica esposa de Pompeyo, altiva... 
Soneto. Que pasiôn, Porcia, que dolor tan ciego... 
Soneto. De un funesto moral la negra sombra... 
Soneto. Vesme, Alcino, que atada a la cadena... 
Soneto. Mandas, Anarda, que sin llanto asista... 
Soneto. El ausente, el celoso, se provoca... 
Romance. Grande Marqués, mi senor... 
Redondillas. Dos dudas en que escoger... 
Glosa. Rosa que al prado encarnada... 
Glosa. Presto celos llorarâs... . 

Romajice. El daros, senor, los anos... ,_ 

Romance. Pues vuestro esposo, seiïora... ;|| 

Soneto. En la vida que siempre tuya fue... 
Romance. Darte, senora, las Pascuas... 
Ro?na?ice. Por no faltar, Lisi bella... 
Décima. Esta que alegre y ufana... 
Décima. Este concepto florido... 
Décima. Tersa frente, oro el cabello... 

Loa en las huertas donde fué a divertirse la Condesa de 
Paredes; comienza: Hoy la Reina de las luces... 



Pâg. 


2 


Pâg. 


3 


Pâg. 


3 


Pâg. 


4 


Pâg. 


5 


Pâg. 


5 


Pâg. 


6 


Pâg. 


6 


Pâg. 


7: 


Pâg. 


8: 


Pâg. 


8: 


Pâg. 


9: 


Pâg. 


q- 


Pâg. 


10: 


Pâg. 


1 1: 


Pâg. 


1 1: 


Pâg. 


12: 


Pâg. 


13: 


Pâg. 


14: 


Pâg. 


16: 


Pâg. 


17: 


Pâg. 


18: 


Pâg. 


19: 


Pâg. 


20: 


Pâg. 


21: 


Pâg. 


22: 


Pâg. 


24: 


Pâg. 


24. 


Pâg. 


24: 


Pâg. 


-5" 



BIBLIOGRAFtA 



173- 



Pag. 31: Romance. Si es causa amor productiva... 

P.'ig. 37: Romance. Si darns los buenos aiios.., 

P'''g- 39- Romance. Vâlgame Dios, quién pensara... 

P.îg. 42: Liras. A estos peiïascos rudos... 

Pâg. 45: Endechas. Agora que conmigo... 

Pâg. 47: Romance. Finjamos que soy feliz... 

Pâg. 49: Soneto. Diuturna enfermedad de la esperanza... 

Pâg. 50: Loa a los arïos del Yiriey Conde de Paredes; comienza: 

Hoy es el feliz natalicio de Adonis... 

Pâg. 59: Romance. Ilustn'simo Don Payo... 

Pâg. 63: Romance. No he querido, Lisi mîa... 

Pâg. 65: Zc7£2 a los aiïos de la Reina Maria Luisa de Borbôn; comienza:; 

Para celebrar los aîïos... 

Pâg. 73: Ovillejos (silva). El pintar de Lisarda la belleza... 

Piig. 85: Redondillas. Hombres necios, que acusâis... 

Pâg. 86: Loa a los anos del Rey Cai'los II; comienza: Hoy al clan'n de 

mi voz... 

Pâg. 87: Loa al mismo asunto; comienza: A los anos alegres y fes- 

tivos... 

Pâg. 100: Loa al mismo asunto; comienza: Aunque de la vida son... 

Pâg. 108; Décimas. Al amor cualquier curioso... 

Pâg. 1 10: Soneto. Dulce deidad del viento armoniosa... 

Pâg. iii: Redondillas. Cantar, Feliciana, intento... 

Pâg. 112: Z>(?67/M^J". Amarilis celestial... 

Pâg. 112: Décimas. Cogiômc sin prevenciôn... 

Pâg. 1 13: Romance. Gran Marqués de la Laguna... 

Pâg. 1 17: Romance. Senor, ya el reloj del cielo... 

Pâg. 118: Décimas. Vuestros anos, que la esfera... 

Pâg. 1 19: Rojuance. Hete yo. divina Lisi... 

Pâg. 120: Romance. Alla van para que pases... 

Pâg. 121: Romance. Alto Marqués, mi senor... 

Pâg. 122: Loa al primer ano que cumpliô el hijo de los Virreyes;. 

comienza: Si la Tôrrida hasta aquf... 

Pâg. 130: Romam-e. Para aquel que lo muy grande... 

Pâg. 132: Romance. Grande duquesa de Aveiro... 

Pâg. 135: Endechas. Discreta y hermosa... 

Pâg. 137: Soneto. Que es esto, Alcino, cômo tu cordura... 

Pâg. 137: Soneto. Yo no dudo, Lisarda, que te quiero... 

Pâg. 138: Romance. Seiïor Don Diego Velarde.., 

Pâg. 141: Romance. Cômo estarâs, Filis mîa... 

Pâg. 143: Loa a los anos del Rey; comienza: Al luminoso natal... 



1/4 



PEDRO HKXRÎQUEZ UKFSA 



Pâg. 


54 


Pag. 


55 


Pâg. 


56 


Pag. 


56 


Pâg. 


57 


Pâg. 


66 


Pâg. 


66 


Pâg. 


67 


Pâg. 


68 


Pâg. 


68 


Pâg. 


69 


Pâg. 


7- 


Pâg. 


73 


Pâg. 


73 


Pâg. 


74 


Pâg. 


75 


Pâg. 


■75 


Pâg. 


76 


Pâg. 


'77 


Pâg. 


178 


Pâg. 


79 


Pâg. 


80 


Pâg. . 


81 


Pâg. 


182 


Pâg. 


83 


Pâg. 


S4 


P,-,g. 


84 


Pâg. 


<^5 


Pâg. 


85 


Pâg. 


86 


Pâg. 


89 


Pâg. 


92 


Pâg. 


93 


Pâg. 


94 


Pâg. 


95 


Pâg. 


96 


Pâg. 1 


97 


Pâg. 


97 


Pâg. . 


98 


Pâg. 


98 



Décimas. Admiraciôn con razôn... 

Glosa. Aunque cegiié de mirarte .. 

Sojieto. De la lieldad de Laura enamorados... 

Soneto. Bello compuesto en Laura dividido... 

Loa a los aîïos del P. Diego Velâsquez de la Cadena; co- 

mienza: Pues como reina absoluta... 
Soneto. Docto Mansilla, no, para aplaudirte... 
Soneto. Si los riesgos del mar considerara... 
Soneto. Probable opinion es que conservarse... 
So7ieto. Aunque es clara del cielo la luz pura... 
Soneto. Mueran contigo, Laura, pues moriste... 
Roynance. Yo, menor de las ahijadas... 
Décimas. Los buenos di'as me allano... 
Décimas. El delito de callado... 
Décimas. Tulio espaiiol, mal al veros... 
Décima. El paje os dira discreto... 
Décima. Este retrato que he hecho... 
Décima. Este que a la luz mâs pura... 
Décitnas. Copia divina en quien veo .. 
Décimas. Juzgo, aunque os cause mi trato... 
Décimas. Hoy que a vuestras plantas llego... 
Décimas. Esta grandeza que usa... 
Redondillas. Senora, si la belleza... 
Endeclias. Llegôse aquel dîa... 

Soneto. Vuestra edad, gran sefior, en tanto excéda... 
Romance. Rey coronado del ano... 
Décirna. Lisi, a tus manos divinas... 
Décimas. Vuestra edad felice sea... 
Romance. Enhorabuena el gran Carlos... 
Ro?nance. Daros las Pascuas, senora... 
Romance. Acuérdome, Filis mîa... 
Romance. Lo atrevido de un pincel... 
Endecasîlabo romance (7-7-7-1 i ). Divina Lisi mi'a... 
Endecasilabo romance (7-7-7-1 1). Oué bien, divina Lisi... 
Copias de mâsica. Cfrculos de luces cumple... 
Romance. Excusado el daros anos... 
Soneto. Cuando mi error y tu vileza veo... 
Soneto. Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno... 
Soneto. Dices que yo te olvido, Celio, y mientes .. 
Soneto. Dices que no te acuerdas, Clori, y mientes... 
Romance. Ilustre Mecenas mîo... 



lîlBLIOCRAFIA 175 



Pâg. 200: Décima. P'ucrza es que os llegiie a decir... 

P.lg. 200: Décima. Tenazmente porfiado... 

Pâg. 200: Retrato de la Condesa de Paredes, en métro inventado por 

Sor Juana: Lamina sirva al cielo el retrato... 
P.'ig. 203: Rouiaftce. Hermosa, divina Elvira... 
P;ig. 204: Soneto. Altîsimo senor, monarca hispano... 
Pâg. 205: Romance. Que hoy bajô Dios a la tierra... 
Pâg. 205: Villancico a la Encarnacion: Hoy es del Divino Amor... 
P.ig. 206: f7//rt;/f/V<?almismo asunto:Oigan una palabra, senorcs, oigan- 
Pug. 207: Villancico (métro de endechas castellanas, en idioma latino)- 

comienza: O Domina Cœli... 
P.'ig. 208: Glosa. Cuân grande, José, seréis... 
Pâg. 209: Romance. Escuchen que cosa, y cosa... 
Pâg. 209: Romance. Del descuido de una culpa... 
Pâg. 210: Soneto. Firma Pilatos la que juzga ajena... 
Pâg. 210: Sonelo. Ves, caminante, en esta triste pira... 
Pâg. 211: Soneto. Detén el paso, caminante, advierte... 
Pâg. 211: Soneto. Moriste, Duque excelso, en fin moriste... 
Pâg. 212: Ro7nance. De la mâs fragante rosa... 
Pâg. 213: Villancicos a San Pedro Apostol, 1677, con dedicatoria en 

prosa; comienzan: Serafines alados. célestes jilgueros... 
Pâg. ?2-^: Mllancicos a San Pedro Apostol, 1683; comienzan: Evami- 

nar de Prelado... 
Pâg. 231: Villancicos a la Asunciôn de la Virgen, 16S5; comienzan: Al 

transite de Maria... 
Pâg. 240: Villancicos a la Asunciôn, 1679; comienza la dedicatoria: Hoy. 
Virgen bella, he querido..., y los Villancicos: De tu ligera 
planta... 
Pâg. 249: Villancicos a San Pedro Noiasco, 1677; comienza la dedica- 
toria: En fe de sentencia tal..., y los Villancicos: En la 
mansiôn inmortal... 
I''^»- 259: Villancicos a la Asunciôn, 1687; comienzan: Vengan a ver 

una apuesta... 
Pâg. 267: XepiJino alegôrico. 
Pâg. 321: Explicacion del Arco. 



10 

\^illancicos, | que se caiita-|ron, en la Santa Iglesia ] Cathe- 
dra] de la Puebla de los Angeles, en los 1 Maytines Solemnes de 



ly^) PEDRO HENKIQUEZ URkNA 

la Purifsima Concepcion [ de Xueftra Senora, efte Ano de 1689. j 
Y los escribia para dicha Santa | Iglefia la Madré juana Inès de 
la Cruz, Religiofa Profeffa del Convento de San (jeronimo de 
Mexico. I Pvestos en métro mvsico por ! el Lie. Don ]\Iiguel 
Matheo Dallo, y Lana, INIaeftro | (Entre vinetitas) de Capilla de 
dicha Santa Iglefia. ! [Estampa de la Pureza^ en inadera, entre 
viiietas.) \ Con Licencia, en la Puebla, Por Diego Fernandez de 
Léon. Ano 1689. | 

En 4." Portada orlada; vuelto en blanco; 3 hojas s. f., a dos 
columnas separadas por vifietas. 

Descrita por Médina, numéro 114 de La buprenta en la Pue- 
bla de los Angeles {16^0-1821), Santiago de Chile, 1898. Andra- 
de, en la pagina 799 de su Ensayo bibliografico (Bibliografia de 
Puebla), la menciona sin dar el nombre de la autora. 

Es extrana la afirmacion de Médina, de que estos Villancicos, 
asî como los posteriores de la Navidad y de San José, no se 
reimprimieron con las demâs obras de la poétisa: acaso no tom(> 
en cuenta sino las dos primeras ediciones del primer tomo de 
Poemas. Aunque no los conozco en sus ediciones primitivas se- 
paradas, estoy seguro de que son los mismos très Villancicos 
que se aiiadieron en la tercera ediciôn del dicho primer tomo; 
coinciden en las fechas y demâs circunstancias del tîtulo. 



11 



{Estampeta de la Virgen) Villancicos ] qve se cantaron | en 
la Santa Iglesia | (^athedral de la Puebla de los Angeles, [ en los 
Maytines Solemnes de la Purifsima | Concepcion de Nueftra Se- 
nora, I efte Ano de 1689. | Y los efcrivia para dicha Santa 
Iglefia I la Madré Jvana Inès de la Crvz, | Religiofa Profeffa del 
Convento de San Geronimo | de la Ciudad de Mexico, j Pvestos 
en métro mvsico por el Lie. | Don Miguel Mateo Dallo y Lana, 
Maeftro de Capilla de dicha I Santa Iglefia. | {Fileté.) I Con Li- 



?UHLIOGRAFiA IJ/ 



cencia: En la Puebla, l'or Diego Fernandez de Léon. | Ano 

de 1689. I 

En 4.° Portada orlada; vuelto con el comienzo del texto que 
termina en la pagina 8. 

Médina (numéro II5 de La Inipreuta en la Puebla de los An- 
geles) supone que esta ediciôn, a pesar de su pie de imprenta, 
fue contrahecha en Espaàa. 

Menéndez y Pelayo se refiere a los datos de Médina y dice, 
por error, que las ediciones son très: equivocadamente sumo a 
■estas dos la de los Villancicos de la Navidad que trae Médina en 
el numéro II6 del libro arriba citado. 

12 

\^illancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Catedral de la 
l'uebla de los Angeles, en los Maitines Solemnes del Nacimiento 
de Nuestro Senor Jesucristo, Aiio de 1689. 

Andrade menciona (pagina 798 de su Ensayo bihlio^rdfîco, 
bibliografia de Puebla) unos «Villancicos del Nacimiento del 
Nifio Dios, en 4.", impresos por Fernandez de Léon», en 1690. 
No anota el nombre de la autora; pero esta ediciôn debe de ser 
la primitiva y auténtica poblana de los Villancicos de la Navidad. 

13 

f Villancicos, j qve se cantaron en la Santa Iglesia | Cathe- 
dral de la Puebla de los Angeles, en los Maytines | Solemnes 
del Nacimiento de Nueftro Seiîor Jefu- j Chrifto, efte Ano 
de 1689, I Escritos por la Madré Jvana Inès de la Cruz | Reli- 
giofa Profefla en el Monafterio de San Geronimo de la Ciudad [ 
de Mexico. ] Puestos en métro mvsico por el Lie. D. Miguel 
Mateo j Dallo y Lana, Maeftro de Capilla de dicha Santa Iglefia. j 

Colofôn: Con Licencia. En la Puebla (sic)^ por Diego I-'ernan- 
dez de Léon. Aiio 1689. 

En 4." 8 paginas. 

Jiezue Hispanique.— V . n 



IJS 



PEDRO HENRIOUEZ URENA 



Médina (numéro Il6 de La luiprenta en Piiehîa) considéra 
que esta ediciôn fue contrahecha en Espaîîa. 



14 

Villancicos con que se solemnizaron en la Santa Iglesia Cate- 
dral de la ciudad de la Puebla de les Angeles les Maitines del 
Gloriosîsimo Patriarca Senor San José. Ano de 1690. 

-Vndrade menciona (pagina 800 de su Ei/sayo hibliogrdficd], 
entre las publicaciones de Puebla, en 1690, sin nombre de au- 
tor, «Villancicos de S. José». Son indudablemente los de Sor 
Juana. 

15 

f I Villancicos, j con qve se solemnizaron en la Santa Igle- 
sia Cathedral | de la Ciudad de la Puebla de los Angeles, los 
Maytines j del glorionfsimo Patriarca | Senor San Joseph, ] este 
aiîo de 1690. ] Dotados por el reverente afecto, ] y cordial dc- 
vocion de vn indigno Efclavo defte felicifsimo | Efpofo de Maria 
Santifsima, y Padre adoptivo | de Chrifto Senor nueftro. [ Dis- 
cvrriolos la ervdicion sin segvnda, | y iiempre acertado entend i- 
miento de la Madré [ Juana Inès de la ("ruz, ! Religiofa ProfelTa. 
de Vélo y Coro, | y Contadora en el muy Religioib Convento 
del Maximo Doctor j de la Iglefia San Geronimo, de la Impérial 
Ciudad de Mexico, | en gloriofo obfequio del Santifsimo Patriar- 
ca, a quien los dedica. j Puestos con métro niusico por el 
Lie. D. ]\Iiguel Mateo | Dallo y Lana, Maeftro de Capilla de di- 
cha Santa Iglefia. | [Fileté.) \ Con licencia: En la Puebla, en la 
(3ficina de Diego Eernandez | de Léon, Ano 1690. | 

I^n 4.° Portada; vuelto con la dedicatoria de la autora a San 
José, en verso. J^exto, paginas 3 a 16. 

Descrita por JNIedina (numéro 130 de La Iiiipreuta en PnebLi), 
quien dice: «A pesar del pie de iniprenla, por el papel, tipos y 



iUKi.i(ii;KAn.\ 1/9 

' arâcter gênerai externo del libro, me inclino a créer que es esta 
iinpresion madrilena, si bien debe existir la de Puebla.» 

16 

Avto sacramcntal ] del Divino Xarciso, | por alegorias. j 
Compvesto por el singvlar nvmen, | y nunca dignamente alaba- 
do ingenio, claridad, | y propriedad de frafe Caftellana, | de la 
Madré | Juana Inès de la Cruz, | religiosa professa en el jMonas- 
terio I del Seiîor San (jeronimo de la Impérial Ciudad | de ]\Ie- 
xico. I A instancia de la Exelentissima Sefïora | Condefa de Pa- 
redes, Marquera de la Laguna, Virrevna defta | Nueva-l'^ipana» 
fingular Patrona, y aficionada de la Madré | Jvana, para llevarlo 
a la Corte de Madrid, | para que le repreientalTe en ella. Sa- 
calo a la Ivz pvblica | el Doctor Don Ambrosio de Lima, [ que 
lo fue de Camara de Tu Excelencia, y pudo lograr | vna copia. ] 
Con las licencias necessarias. | [Fileté.) En la Imprenta de la 
V'iuda de Bernardo Calderon. | Aiio de 1690. | 

En 4.° Portada orlada; vuelto en blanco; paginas 3 a 1 1 con 
la loa para el auto; pagina en blanco; texto del Auto, paginas 
12 a 32. 

Descrita por Médina (numéro I.47 1 de La luipreiita en Mexico)- 

17 

Avto sacramental | del Divino Xarciso, ' por alegorias. ! 
Compvesto por el singvlar nvmen, \ y nunca dignamente alaba- 
do ingenio, claridad, | y propriedad de frafe Caftellana, de la 
-\Iadre | Juana Inès de la Cruz, [ religiosa professa en el Monaste- 
rio I del Senor San Geronimo de la Impérial Ciudad | de Me- 
xico. I A instancia de la Excelentissima Sefiora | Condefa de Pa- 
redes, Marquefa de la Laguna, \^irreyna defta [ Xueva-Efpana, 
fingular Patrona, aficionada de la Madré ] Jvana, para llevarlo a 
la Corte de ^Madrid, | para que fe reprefentaffe | en ella. | Saca- 
lo a la Ivz pvblica \ el I )octor Don Ambrosio de Lima, que lo 



l80 PKDXT) HKXKioUlCZ rRKNA 



fue de Camara de fu Excelencia, y pudo lograr j vna copia, j 
Con las licencias necessarias. | [Fi/ete.) P3n la Iniprenta de la j 
Viuda de Bernardo Calderon. | Afio de 1690. | 

En 4.*' Portada orlada; vuelto en blanco; paginas 3 a 1 1 con 
la loa para el auto; pagina blanca; texte del auto, pagina 12 a 32. 

r3escrita por Médina (numéro 7.863 de la Biblioteca liispano- 
aiiiericana), quien dice: «A pesar del pie de imprenta, tengo por 
madrileiia esta ediciôn, fundandome en los tipos empleados, en 
el papel y en el aspecto gênerai de la impresion.» 

18 

CARTA I ATHENAGORICA ] DE LA MADRE | JVANA 
YNES ! DE LA CRVZ, | RELIGIOSA PROFESSA DF. 
VELO, I y Choro en el muy Religiofo Convento de San Gero-j 
nirao de la Ciudad de Mexico cabeça de la | Xueba-Efpana. ! 
OVE IMPRIME, Y DEDICA A LA MISMA | SOR, PHYLO- 
TEA DE LA CRVZ, | Su eftudiofa aficionada en el Convento 
de la San-|tiffima Trinidad de la Puebla ' de los Angeles. I 
(Linea ornamental). \ ConUcencia (sic) en la Puebla de los Angeles: 
en la Impi-enta \ de Diego Fernandez de Léon. Ano de t6ço. I 
{Linea ornamental). \ Hallarafe efte papel en la libreria de Die- 
go P'ernandez de Léon | debajo de el Portai de las Flores. 

Volumen de 18 X ^4^ ^^ hojas s. f. Portada orlada; vuelto 
con la licencia del Ordinario, fechada el 25 de Noviembre de 
1690. La carta de Sor Filotea, de 25 de Noviembre de 1690, 
Puebla, va en la hoja 2, y comienza: «He visto la carta de Vmd. » 
En la hoja 5 comienza la «Carta de la Madré Juana Inès de la 
Cruz, religiosa del Convento de San Jerôninio de la Ciudad de 
Mexico, en que hace juicio de un Sermon del Mandato que prc- 
dicô el Reverendfsimo Padre Antonio de Vieira, de la Companfa 
de Jésus, en el Colegio de Lisboa». Principia: .Muy senor mio. 
De las bachillerias de una conversacion...>, y termina: «Como 
su mas obediente hija>. 



BIHLIOGRAKIA l8l 



Conozco el ejemplar que posée la Sociedacl Ilispanica de 
America, en Xueva York. 

Médina (numéro 13 1 de La ImpreJita en la Puebla de los An- 
:^eles) omite anotar, en su descripciôn de la portada, la indica- 
cion: «Hallarase este papel...* hasta «las Flores». Ademâs, en su 
cuenta de las hojas delfolleto resultan aquéllas 17 y no 18. ^Se 
tratar^ de otra edicion.? 

And rade (pagina 799 del Ensayo hibliogrâfico) anota, como 
dos obras distintas, la Carta de vSor Filotea (a la que llama equi- 
vocadaniente, siguiendo a Beristâin, Carta atenagorica, siendo 
asî que este titulo corresponde a la de Sor Juana) y la Crisis de 
un sermon del P. Vieyra, de Sor Juana. Las dos cartas se publi- 
caron juntas, pues la de Sor Filotea es brève comentario de la 
obra. Sor Filotea de la Crus es seudônimo del Obispo de Pue- 
bla, D. ^lanuel Fernandez de Santa Cruz y Sahagûn, segûn dice 
pjeristâin. 

19 

POEMAS I DE LA VNICA POETISA AMERICANA, | 
MVSA DEZIMA, | SOROR JVANA INES | DE LA CRUZ, 
RELIGIOSA PROFESSA EN EL | Monafterio de San Geroni- 
mo de la Impérial | Ciudad de :\Iexico. | OVE | EN VARIOS 
METROS, IDIO:\IAS, Y ESTILOS, | Fertiliza varios affumptos: [ 
CON I PXEGANTES, SVTILES, CLAROS, INGENIOSOS, j 
VTILES VERSOS: [ PARA ENSENANZA, RECREO, Y 
ADMIRACION. | DEDICALOS | A LA EXCEL?'^ SE- 
NORA. SENORA D. MARLA \ Lui fa Gonçaga Manrique de 
Lara, Condefa de Paredes, \ Marque/a de la Laguna. \ Y LOS 
SAGA A LVZ I D. JVAN CAMACHO GAYNA, CAVA- 
LLERO DEL ORDEX DE | Santiago, Mayordomo, y Cavalle- 
rizo que fue de fu Excelencia, î Governador actual de la Ciudad 
del Puerto j de Santa MARIA. | Segunda Ediciou, corregida.y 
mejorada por fu Authora. \ CON I^RIMLEGIO. | [Fileté.) \ En 
MADRID: Por Juan Garcia Infançon. Aiîo de 1690. 



l82 PEDRO HtNRÎ(,)UEZ URKNA 

Volumen de 25 X I5l ^ hojas s. f., 338 paginas y 6 de indi- 
ce. Conozco los ejemplares que existen en la Biblioteca Nacio- 
nal de Mexico y en la Biblioteca Pûblica de Nueva York. 

l'2s la segunda ediciôn del primer tomo de Poemas. 

Contiene pocas adiciones. En lugar del Prôlogo al lector, aje- 
no, en prosa, aparece el Prôlogo al lector de Sor Juana, roman- 
ce que comienza: 

Estos versos, lector mîo.... 

y que se reimprime en todas las ediciones posteriores. 
Otras: 

Pag. 20: Soncio. La compuesta de flores maravilla... 

Pâg. 46 y siguientes: Cinco sotietos burlescos: Inès, cuando te rinan 
por bellaca... Aunque ères, Teresilla, tan muchacha... Inès, 
yo con tu amor me refocilo... Vaya con Dios, Beatriz, el 
ser estafa... Aunque présumes, Nise, que soy tosco... 

Pâg. 126: Roynancê. Salud y gracia: sepades... 

Pâg. 164: Redondillas (mùsica del Cardador). A Belilla pinto... 

Pâg. 165: Redondillas (mûsica de San Juan de Lima). Agrîsima Gila... 

20 

POËMAS I DE LA VNICA POETISA AAIERICANA, | 
:\IUSA DEZIMA, 1 SOROR JUANA INES | DE LA CRUZ, 
RELIGIOSA PROFESSA EX EL | Monafterio de San Gero- 
nimo de la Impérial Ciudad | de jMexico. j OLE | EN VARIOS 
METROS, IDIOAIAS, Y ESTILOS, \ Fertiliza varios Affumptos: 
CON i ELEGANTES, SUTILES, CLAROS, INGENIOSOS, j 
\^TILES VERSOS: | PARA ENSIiNANZA, RECREO, \' 
ADMIRACION. | SACOLOS A IJTZ\ DON JUy\N CAMA- 
CHO GAYNA, CAX'ALLERO \^V\. ORDEN | de Santiago. 
Governador actual de la Ciudad del Puerto de | Santa MARIA, j 
Tercera Edicion., corregida^ y ariadida por fit Anthora. \ {Escudo 
del impresor.) \ Impreffo en BARCELONA, por Jofeph Llopis, 
y d sji cofta. A no 1691. | 



1 



IUliIJOGRAFiA 183 



Volumen de 20 X ^S- ^ hojas s. f., 406 paginas y lO de fn- 
■dice. Existe un ejemplar sin portada en la Biblioteca Nacional de 
Mexico; poseen ejeniplares completos la Sociedad Hispanica y 
la Biblioteca Pûblica de Nueva York. 

Es la tercera ediciôn del primer tomo de Poemas. 

En los preliminares se han hecho supresiones (Licencias y de- 
mas pormenores de tramite). Las jDoesias aparecen en el mismo 
•orden que en la segunda edicion (Madrid, 1690). En los Villan- 
cicos a San Pedro Apostol, de 1677, se ha suprimido la dedica- 
loria en prosa; en los de la Asuncion, 1679, y San Pedro Xolas- 
■co, 1677, las dedicatorias en verso. 

Adiciones: 

Pdg. 327: Los V/Hajicicos de la Pun'sima Concepciôn, cantados en 

Puebla, 1689; comienzan: Oigan un misterio que... 
râg. 334: Los Villancicos a la Natividad, cantados en Puebla, i68q: Por 

celebrar del Infante,.. 
Pâo. 344: Los Villaiicicos a San José, cantados en Puel)la, 1690: Av, 

ay, ay, cômo el cielo se alegra... 
P<'^g' 358: Loa para el Auto del Divino Narciso: Nobles mexicano^... 
P'îg- 367: Auto Sacramental àe\ Divino Narciso: Alabad al Senor todos 

los hombres... 

El indice déclara que dichas obras «se han anadido en esta 
tercera impresiôn.» 

21 

\"illancicos, | con que se solemnizaron | en la Santa Iglefia, 
y primera Cathedral de la Ciu-|dad de Antequera, Valle de 
Oaxaca, los Maytines | de la Gloriofa Martyr Santa Catharina, | 
eite afio de mil leifcientos y noventa y uno. [ Dotados por el re- 
verente | afecto, y cordial devocion de el Doctor Don lacinto | 
de Ladehefa X'erastegui, Chantre de la Santa Igle-jfia Cathe- 
■draljComiffario Apoftolico, y Real, Subdelegado de la Santa Cru- 
zada, y affi mifmo Comiffa-]rio de el Santo Oficio de la Inqui- 
licion, y fu Oua'.iticador. | Discurriolos la erudicion fin fegund:!, 



184 PEDRO HENRfQUEZ URENA 

y admirable entendimiento de la Ma-jdre Juana Ynes de la Cru? 
Religiofla Profeffa de j Vélo, y Choro de el Religioffo Convento 
de el Se-|nor San Geronimo de la Ciudad de Mexico en ob-| 
fequio de efta Roffa Alexandrina. | Pvsolo en métro mvsico ! 
el Licenciado Don !Matheo Vallados Maeftro | de Capilla, | de- 
dicalos dicho Senor Chan-jtre, y Comissario: | a el M. R. P. 
Maestro j Fray Francisco de Reyna, | Provincial Actual de la 
Provincia de San Hypolito j Martyr de dicha Ciudad de Oaxa- 
ca. I (Gnif)o de inhetitas.) \ Con licencia, en la Puebla de los An- 
geles, en la Im-]prenta de Diego Fernandez de Léon. Ano 
de 1691. I 

En 4.° Portada orlada y sembrada de adornos tipogrâficos; 
vuelto con gran escudo dominico y la licencia del Ordinario, de 
3 de Septiembre de 1691. Dedicatoria de D. Jacinto de la Dehesa 
a Fray Francisco de Reina, 3 hojas s. f.; texto de los Villancicos,. 
10 hojas s. f. 

Descrita por Médina (numéro 137 de La Imprenta en la Pue- 
bla de los Angeles) y mencionada por Andrade (pagina 800 del 
Ensayo bibliogrdjîco), sin el nombre de la autora. 



22 

Ejercicios devotos para los nueve dias antes del de la Purisima 
Encarnaciôn del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Senor. 

Dice Sor Juana, al final de su carta en respuesta a la de Sor 
Filotea, l.° de Marzo de 1691: «Y asi, en lo poco que se ha im- 
preso mio, no solo mi nombre, pero ni el consentimiento para 
la impresion, ha sido dictamen propio, sino libertad ajena, que 
no cae debajo de mi dominio: como io fue la impresion de la 
Carta atenagôrica'. de suerte que solamente unos Exercicios de 
la Encarnaciôn y unos Ofrecimientos de los Dolores se imprimie- 
ron con gusto mîo, por la pûblica devocion, pero sin mi nombre: 
de los cuales remito algunas copias...» 



BIBLIOGRAFÎA 18 = 



23 

Ofrecimientos para el rosario de quince misterios, que se ha 
de rezar el dia de los I )olores de Nuestra Senora la \ irgen Maria. 

Segûn la autora (véase el pârrafo transcrite en el numéro an- 
terior de su carta a Filotea) esta obra se imprimiô suelta, antes 
de Marzo de 1691. El P. Fischer, bibliôfilo bien conocido en Me- 
xico, colocaba en 1691 (segûn Andrade, Ensayo bihliogrâfico) una 
ediciôn que, a mi juicio, es posterior a la muerte de la poétisa^ 
A la ediciôn primitiva, hecha en vida de la autora, debieron de 
seguirle las dos que registro mas adelante, sin fecha, y, final- 
mente, la de 1709, que dice «quarta impression>. 

24 

CARTA I ATHENAGORICA | DE LA MADRE | IVANA 
YNES I DE LA CRUZ | RELIGIOSA PROFESSA DE VE- 
LO, I y Choro en el muy Religiofo Conuento de | S. Geronimo 
de la Ciudad de Mexico, | cabega de la Nueua Efpana. | [Ador- 
?ws) I O VE IMPRIME, Y DEDICA A LA MISMA \ SOR 
PHYLOTEA DE LA CRVZ\ Su ertudiofa aficionada en el 
Conuento de la j SantilTima Trinidad de la Puebla | de los \n- 
geles. I {Adornos.) \ COX LICENCLV. | En Mallorca. Por Mi- 
guel Capô Imp. Ano 1692. 

Portada envuelta en orla. 

Volumen de 19 X ^4! 23 hojas s. f. Existe ejemplar en la bi- 
blioteca de la Sociedad Ilispânica de Nueva York. 

25 

SEGVNDO VOLVMEN | DE LAS OBRAS | DE SOROR \ 
JVANA INES I DE LA CRUZ, [ MONJA PROFESA EN EL. 
MONASTERIO | DEL SENOR SAN GERONIMO \ DE LA. 



lS6 PEDRO HEXRÎQUEZ URtS'A 



■CIVDAD DK MEXICO, | DEDICADO POR SV MISMA 
A VTORA I A D. j\\\N DE ORUE | Y ARBIETO | CAVA- 
LLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO. ] Ano (ador- 
i/o) 1692. I [Fileté.) \ Con Privilegio, en Sevilla, por TOMAS 
LOPEZ DE HARO, | Impreffor, y Mercader de Libres, j 

\'olumen de 20 X 15; 52 hojas s. f., 542 paginas y 6 de in- 
dice. Portada impresa en rojo y negro. Conozco los ejemplares 
que existen en el Archive Oeneral de Mexico y en la Biblioteca 
Pûblica de Xueva York. 

Es la primera ediciôn del segundo tomo de Poemas. Segiin la 
Tipografîa Hispaleitse, de Escudero y Peroso (Madrid, 1894), se 
imprimiô en 1691. Médina, en su Biblioteca Jmpano-americana 
(numéro 1.871), y ?*Ienéndez y Pelayo, en su Historia de la poesia 
Jiispano-americaJia^ repiten esta fecha equivocada. Diverses pre- 
liminares de trâmite que aparecen en el volumen llevan fecha 
de 1692; no pudo, pues, existir ediciôn del aiio anterior. 

Contiene: portada; vuelto en blanco; hoja con el frente en 
blanco; vuelto con el escudo de Orué; en la tercera hoja, carta 
dedicatoria de Sor Juana a Orué, sin fecha; en la cuarta hoja, 
censura del P. Juan Navarro \'élez, Sevilla, 18 de Julio de 1691; 
en la séptima hoja, licencia del Ordinario, Sevilla, 28 de Julio 
<le 1691, y censura de D. Cristobal Baîies de Salcedo, Sevilla, 15 
de Julio de 1691; en la novena hoja, licencia del Maestre de 
Campo General de Sevilla, Conde de Montellano, Sevilla, 18 de 
Julio de 1691, y nota; de la hoja décima a la cuadragésima sex- 
ta, elogios de Sor Juana, en prosa o en verso, por el Dr. Ambro- 
sio de la Cuesta y -Saavedra, el P. Pedro Zapata, el P. Pedro del 
Santîsimo Sacramento, Fray Gaspar P^ranco, P. José Zarralde, 
P. Juan Silvestre, Hermano Lorenzo Ortiz, D. Martin Leandro 
Costa y Lugo, D. (jabriel Alvarez de Toledo, D. Antonio Dongo 
Harnuevo, D. Juan Bautista Sandi de Lribe, D. José Pérez de 
Montoro, D. Pedro del Campo, D. José Bonet Capo de Arué, 
I). Antonio de Alrrieida Coutino y D. Pedro Juan Bogart; en la 
ihoja xi.vii, aprobaciôn de D. Pedro Ignacio de Arce, regidor, 



BIBLIOGRAFIA 18/ 



Madrid, l6 de Mayo de 1692; en la hoja xlix, privilégie del 
key, Madrid, 20 de ?kIayo de 1692; en la li, fe de erratas y 
tasa; en la lu, trente en blanco y vuelto con el retrato de la 
poétisa, dibujado por D. Lucas de \"aldés, y fechado en i6Q2. 

P,'i<;. i: Cr/sis sobre un sermon de un orador, grande entre los mayo- 
res, que la Madré Soror Juana llamô respuesLa, por las ga- 
Uardas soluciones con (jue responde a la facuudia de sus dis- 
cursos. — Es la Caria atetiagôrîca, y comienza: «Miiy sciiDi- 
raîo: De las liachillen'as de una conversacion...», y termina. 
«Como su mâs obediente hija.» 

Pâg. 33: Secciôn de Poesias lirico-sacras: Anagramas a la Concepciôn. 

■Pâg. 37: Letras sai!;radas que se cantaron en los Maitines de la Con- 
cepciôn de la Santa Iglesia Catedral de la Piiebla de los 
Angeles el ano de 1689. — Son los Villancicos de la Concep- 
ciôn, ya anadidos en la tercera ediciôn del primer tomo de 
poemas (1691); llevan esta indicaciôn: «Repîtese aquf, por 
no haber salido en la primera impresion del tomo I de las 
Obras de la Seîiora Sor Juana, porque le vean los que no 
tienen la segunda impresion de dicho tomo. > Comicnzan: 
Oigan un misterio que... 

Pâg. 44: Otra letra sagrada a la Concepciôn: Entre la antigua cizaTaa... 

Pâg. 45: Otra lelra sagrada a lo mismo: Un herbolario extranjero... 

Pâg. 46: Letra para cantar en la solemnidad del Nacimiento: jCômo 
sera esto, mi Dios? 

Pâg. 46: Letra para lo mismo: Un dîa que amaneciô... (Ninguna de 
estas cuatro letras brèves se halla en ninguna otra ediciôn 
de Poemas, ya sea segundo o primer tomo.) 

Pâg. 48: Letras que se cantaron en los maitines del Nacimiento en 
Puebla, 1689. — Son los Villancicos de la Navidad, con la 
indicaciôn de que se lepiten, a pesar de haber apareciclu 
va en la ûltima ediciôn del primer tomo de Poemas. Ce- • 
mienzan: Por celebrar del Infante... 

Pâg. 62: Letras que se cantaron en los Maitines de San José, en Pue- 
bla, 1690. — Son los Villancicos de San José, impresos ya en 
el tomo de 1691. Comienzan: jAy, ay, ay, cômo el cielo se 
alegra! (Se les ha anadido la dedicatoria en verso: Divino 
José, si son...) 

Pâg. 77: Letras sagradas en la solemnidad de la profesiôn de una re- 
ligiosa: Zagalejos de la aldea... 



i88 



PEDRO HENRIQUEZ URENA 



Pag. 8i: Leiras sagradas en la celebiidad de la dedicaciôn de la Igle- 
sia del Convento de Monjas Bernardas en Mexico: Si es^ 
Maria el mejor templo... 
Pag. 105: Secciôn de Poesias comico-sacras: Loa que, celebrando la 

Concepciôn de Maria, se representô en las casas de don 

José Guerrero en la ciiidad de Mexico: Sagrado asunta 

en mi voz... 
Pag. I 13: Loa para el Auto de San Hermenegildo: Que niego la ma- 

yor digo... 
Pag. 121: El Mârtirdel Sacramento, San Hermenegildo. Auto liistorial 

alegârico: Ah de las claras antorchas... 
P<4g. 158: Loa para el auto El Cetro de José: Al nuevo S(j1 de la Fe... 
Pâg. 166: El Cetro de José. Auto lùsiorial alego'rico: Vaya a la sima 

arrojado... 
Pâg. 198: Loa para el Aiiio del Divine Narciso: Nobles mexicanos... 
Pàg. 207: Auto sacramenial alego'rico, intitulado El Di\rino Narcisoi 

Alabad al Seîior todos los hombres... (Con la indicaciôn 

de por que se repiten este auto y su loa en este vo- 

lumen.) 
Pâg. 247: Secciôn de Poesias liricas: Primero Sueno, que asi intitutô 

y compuso la Madré Juana Inès de la Cruz, imitando a 

Gôngora: Piramidal, funesta, de la tierra... 
Pâg. 277: Soneto. Oh, cuân frâgil se muestra el sér humano... 
Pâg. 277: Soneto. El que hipôgrifo de mejor Rugero... 
Pâg. 278: Soneto. Mâquinas primas de su ingenio agudo... . 
Pâg. 278: Soneto. Viste tus hombros el verdor lozano... 
Pâg. 279; Soneto. Rosa divina que en gentil cultura... 
Pâg. 279: Soneto. Seiiora Dona Rosa, hermoso amago... 
Pâg 280: Sotieto. Amor empieza por desasosiego... 
Pâg. 280: Soneto. Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba... 
Pâg. 281: Soneto. Oh, quien, amado Anfriso, te ciiïera... 
Pâg. 281: Soneto. Con el dolor de la mortal herida... 
Pâg. 282: Soneto. Détente, sombra de mi bien esquivo... 
Pâg. 282: Soneto. Yo no puedo tenerte ni dejarte... 
Pâg. 283: Soneto, En pensar que me quieres, Clori, lie dado... 
Pag. 283: Soneto. No es solo por antojo el haber dado... 
Pâg. 284: Soneto. Yo adoro a Lisi, pero no pretendo... 
Pâg. 284: Liras. Amado dueiio mîo... 
Pâg. 287: Liras. Pues estoy condenada... 
Pâg. 289: Glosa. Si de mis mayores gustos... 
Pâg. 290: Glosa. Luego que te vi te amé... 



KIBLIOCIRAKIA 



189 



P.lg. 291: 

Pâg. 291: 

Pag. 292: 
Pâg. 292: 
Pâg. 293: 
Pag. 293: 
Pâg. 293: 
Pâg. 294: 
Pâg. 295: 
Pâg. 295: 
Pâg. 296: 
Pâg. 296: 
Pâg. 297: 
Pâg. 297: 
Pâg. 297: 
Pâg. 298: 
Pâg. 298: 
Pâg. 298: 
Pâg, 299: 
Pâg. 300: 
Pâg. 301: 

Pâg- 303: 
Pâg. 305: 

Pâg. 307: 
Pâg. 30S: 



Pâg. 3 «6: 
P'îg- 3I7- 
Pâg. 318: 

Pâg. 330: 

Pâg. 323: 
Pâg. 326: 
Pâg. 327: 
Pâg. 328: 
Pâg. 329: 
Pas. 3.^r. 



Quintillas y redo7idillas. Senora, aquel primer pie... 
Décima. Ya el aima al verbo se ase... (con dos versiones al 

latîn.) 
Décima. Va de exornaciôn escasa... 
Décima. Tus plumas, que indice infiero... 
Décima. Si el rcgalaros me toca... 
Décima. Si a tu musa levantada... 
Décimas. Bien de la fama parlera... 
Décimas. Dîme, vencedor rapaz... 
Décima. Quien de tu vida es rapaz... 
Décimas. A tus manos me traslada... 
Décima. Ese breveté mirad... 
Décimas. Licencia para apartaros... 
Redotidillas. Que te dan en la hermosura... 
Redondtllas. Por que tu sangre se sepa... 
Redojidillas. El no ser de padre honrado. . 
Redondillas. Capitân es ya Don Juan... 
Redondillas. De alabarda vencedora... 
Redondillas. Mis quejas pretendo dar... 
Redondillas. Silvio, tu opinion va errada... 
Redondillas. Este amoroso tormento... 
Redondillas. Pedirte, senora, ciuiero... 
Redondillas. Acciôn, Lisi, fué acertada... 
Romatice (en versos decasîlabos, inventados por ella): Vîs- 

peras son felices del dîa... 
Labyrintho Hendecasyllabo: Amante, caro,dulce esposo mîo.. 
Romances, bailes y tonos provinciales del fcstejo a los Virre- 

yes cuando visitaron el Convento de las Monjas Jerôni- 

mas: Al privilégie mayor... 
Romance. Cândido pastor, sagrado... 
Romance. Gallardo joven, ilustre... 
Romance de un caballero a Sor Juana: Madré que haces 

chiquitos... 
Romance con que respondiô Sor Juana: Vâlgate Apolo por 

hombre... 
Romance. Después de estimar mi amor... 
Romatice. El soberano Gaspar... 
Endechas. Con los héroes a Elvira... 
Romatice. Si cl dîa en que tu naciste... 
Romance. Sobre si es atrcvimiento... 
Romatice. Tirar el guante, sefiora... 



igo 



PKDKO IIKNRIilUF.Z l'REN.X 



P'îg- 333: 
Pâg- 333: 
Pâg. 334: 
Pâg- 334: 

Pag. 336: 
Pâg. 339: 
Pâg- 341: 
Pag. 343: 
Pâg. 344: 
Pâg. 346: 
P%. 347: 
Pâg. 347: 
Pâg. 3 4 S: 
Pâg. 349: 
Pag. 35': 

Pâg- 361: 

Pâg. 368: 

Pâg. 378: 
Pâg. 389: 



Pâg. 450: 



Pâg. 461: 



Pâ 



533: 



Letra para caniar. Hiri(') lilandamente el aire... 

Otra leira. Afucra, afuera, ansias mias... 

Otra Ictra. Seguro me juzga Gila... 

Romance. Alla va, Julio de Enero... 

Romance. Senor, para responderos... 

Romance. Supuesto, discurso mîo... 

Romance. Si el desamor o el enojo... 

Roma7ice. Ya que para despedirme... 

Endeckas. Sabras, querido Fabio... 

Endechas. Si acaso, Fabio mfo... 

Endeclias. Me acerco y me retiro... 

Endechas. Ya, desengano mîo.. 

Endeckas irregnlares. Divino dueno mîo... 

Endechas. Prolija memoria... 

Secciôn de Poesias comicas. Loa a los anos dtl Rey Car- 
los II: Escuche mi voz el Orbe... 

Loa a los anos de la Reina Madré Dona Mariana; Al feliz 
natalicio... 

Encomiâstico/^^;«rt a los aîïos de la Condesa de Galve: Si 
en proporciones de partes... 

Loa a los anos del Conde de Galve; A la entrada dichosa... 

Amor es mas laberinto. Comedia de la que las jornadas pri- 
mera y tercera son de la Madré Juana, y la segunda del 
Licenciado Don Juan de Guevara, ingenio conocido de la 
Ciudad de Mexico: En la hermosura de Fedra... 

Loa de la comedia Los empeîios de una casa: Para celebrar 
cuâl es... 

Los empenos de una casa, Comedia famosa. Hasta que venga 
mi hermano... Lleva, ademâs, intercalados todos los adi- 
tamentos con que se estrenô; pâg. 460: Letra que se can- 
to. Divina Lisi, permite...; pâg. 478: Letra. Bellisima Ma- 
ria...; pâg. 479: Sainete primero de Palacio. Alcalde soy del 
tercero...; pâg. 499: Letra. Tierno pimpollo hermoso...; pa- 
gina 500: Sainete segundo. Mientras descansan nuestros 
camaradas...; pâg. 526: Sarao de cuatro naciones, que son: 
espaiioles, negros, italianos y mexicanos. A la guerra m is 
feliz... 

Secci(jn ^f as poesias lirico-sacras. Leiras (\\\e se cantaron en 
la Santa Iglesia Metropolitana de Mexico, en honor rh- 
Marîa Santîsima, en su Asunciôn triunfante. .Si subir Ma- 
ria al cielo... 



BIBLIOGRAFÎA IQI 



Pag. 542: Letras a la presentaciôn de Nuestra Senora. Pues huy se- 

celebra la Presentaciôn... 

P.îg. 54,1: Otra Lefra. .\y, ay, ay, nina bella... 

Pâg. 54 V Otra Leira. Con los pies sube al templo... 

Pâg. 544: Glosa. Siguiendo un miido cl.irin... 

f'*g- 545: Glosa. De tu planta la pureza... 

Pâg. 546: Soneto. Nace de la escarchada t'resca rusa... 

El indice anota los primeros versos de las composiciones. 
Ademas, como las clasifica por géiieros, las de la ûltima secciôn 
estân registradas junto a las semejantes de las secciones anterio- 
res, y no segûn el orden de paginaci(3n. 



26 

POIAIAS i DE LA VXICA POETISA AMERICANA;! 
MVSA DEZLMA. | SOROR IVANA INES | DE LA CR\'Z, 
RELIGIOSA PROFESSA ItN EL | Monafterio de San Geroni- 
mo de la Impérial | Ciudad de Mexico, j OVE j EX | X^A.RIOS- 
METROS, IDIOMAS, Y ESTILOS, | Fertiliza varios aflumptos: | 
CON ! ELEGANTES, SVTILES, CLAROS, INGEXIOS(3S, [ y 
vtiles Verlbs. | PARA ENSEXAXZA, RECREO, Y ADMIRA- 
CIOX. j DEDICAXSE j A DON IVAN MIGUEL DE LA- 
RRAZ, I Iiifdnzon,y A [ferez por fie Mageftad, de las Giiardias 
Ordina-\rias de à pie, y à cavallo en el Reyno de Aragon. \ TER- 
CERA IMPRESSION'. | Corregida, y aiiadida en diferentes par- 
tes, debaxo de efta feiial {niattecilla). \ Va al fin vn Romance de 
D. loieph Perez de :\Iontoro. | COX LICENCIA: ] En Zarago- 
za, Por MANVEL ROMAN, ImprelTor de la Vniverfidad. 
Aiïo de M.DC.LXXXII. 1 (Fileté.) \ A cofta de Mathias de Lc- 
zaïiu, Mercader de Libros,y Librero del Reyno \ de Aragon, y 
del Hofpital Real, y General de N. Senora de Gracia. \ 

Volumen de 20 X ^5'» ^O hojas s. f., 336 paginas, y 8 de in- 
dice. Conozco los ejemplares de la Sociedad Ilispânica de 
Xueva York v de la Hiblioteca del Conereso de W'ashinpton. 



192 PEDRO HENKÎQUEZ URENA 

Es la cuarta edicion del primer tomo de Poemas. En la por- 
tada dice 1682, debiendo ser 1692. En la segunda hoja lleva una 
carta dedicatoria de Matias de Lezaun a D. Juan Miguel de La- 
rraz, fechada en Zaragoza el 8 de Enero de 1692. No contiene 
verdaderas adiciones. Las que se indican bajo la manecilla a que 
se refiere la portada son las poesias que ya habian sido aiîadidas 
en diferentes lugares de la edicion segunda (1690) y que ahora 
se agrupan en las paginas 202 a 210: el soneto «La compuesta 
de flores maravilla...», los cinco sonetos burlescos, el romance 
«Salud y gracia: sepades...», y las dos canciones en redondiUas 
para mûsica. Falta, en cambio, todo lo que se anadiô en la ter- 
cera edicion (1691): très \"ilIancicos y el Auto del Diviuo Narci- 
so con su loa. 

27 

SEGUNDO TOMO | DI^ LAS OBRAS | DE SOROR | JUA- 
NA INES I DE LA CRUZ, | MONJA PROFESSA EN EL MO- 
NASTERIO I DEL SENOR SAN GERONIMO I De la Ciudad 
de Mexico. | ANADIDO EN ESTA SEGUNDA LMPRESSION| 
POR SU AUTORA. I Ano ( Vineta) 1693. | CON LAS LICEN- 
CJAS NECESSARIAS. | {Fileté.) \ Impreffo en BARCELONA: 
Por JOSEPH LLOPIS. I Y à f u cofta. ] 

X'olumen de 20 X I5î 4 hojas s. f., 46" paginas y 5 de indi- 
ce. Existen très ejemplares en la Biblioteca Nacional de Mexico: 
uno posée la Sociedad Hispânica, y otro la Biblioteca Pi'iblica, 
en Nueva York. 

Es la seeunda edicion del seefundo tomo de Poemas. Parece 
tener razon Beristâin cuando afirma que los dos primeros tomos 
fueron impresos «seis veces antes del ano de 1700»; como se ve, 
hay cuatro ediciones del primer tomo y dos del segundo. 

Los preliminares se han reducido a la censura del P. Navarro 
Vélez. 

Contiene las mismas seis secciones que la primera edicion 
{1692): Crisis de un sermûn o Carta atenagôrica; Poesias lirico- 



i 



iu:;i,i()f;i<Ari\ 193 



sacras; Poesias comico-sacras; Poesîas liricas; Poesîas cômicas; 
Mas poesfas Iirico-sacras. En la secciôn segunda se ha suprimi- 
do todo lo que en la ediciôn primitiva ocupaba las paginas 37 a 
j6: los X'illancicos de la Concepciôn, las otras dos Letras brèves 
al mismo asunto; las dos Letras brèves al Nacimiento; los \'^illan- 
cicos de la Navidad y los \ illancicos de San José. En cambio, 
se anaden, en la pagina 65, los \"illancicos de Santa Catalina, 
cantados en Oaxaca en 1691, que coniienzan: «Aguas puras del 
Xilo...» En la secciôn tercera se suprimenel Auto del Divino Nar- 
ciso y su Loa. Las demâs secciones permanecen iguales a las de la 
primera edicion. Iil indice, que comienza en el vuelto de la pa- 
gina 467, es semejante al de la ediciôn de 1692 en cuanto a cla- 
sificaciôn de las obras y anotaciôn de los primeros versos. 

28 

Ofrecimientos para el Rosario de quinze Misterios, que se ha 
de rezar el dia de los dolores de X. Senora la \'irgen Maria. Sa- 
cados solo de lo que padeciô desde que llegô al Calvario, si- 
guiendo los passos dolorosos de Xuestro Salvador y las consi- 
deraciones que en su Soledad atormentaron, y traspassaron su 
Santissima Aima aquellos très dias: cenidos à la brevedad que 
pide una hora. Dispuesto -V devocion de la Madré Juana Inès de 
la Cruz, Religiosa del Convento de San Geronimo de esta Ciu- 
dad (que Dios aya). (Grahatk), en niadtra, de Nnestra Senora de 
los Dolores.) Con Licencia: en Mexico por los Herederos de la 
Viuda de Bernardo Calderon. 

En 8.° Portada, mas 7 hojas s. f. Sin aîîo. 

Descrita por Andrade (numéro 958 del Ensayo hibliogrLÎfico]y 
quien anota: «P. Fischer.» Guiôse, pues, por los apuntes del 
P. Fischer, y de acuerdo con ellos, sin duda, coloca esta ediciôn 
en 1691. Creo, sin embargo, que esta fecha no es exacta: la in- 
dicaciôn «Que Dios haya>, de la portada, implica la muerte de 
la autora. Xo puede, pues, colocarse esta ediciôn antes de 1695. 

Rtvne His/>a;iitfit:. — P. 13 



194 pi-:dko hkxkii^ukz ukena 



29 

( )frecimientos | Para el Rofario de quinze Mifterios, que | Te 
ha de rezar à los Dolores, y Soledad de [ N. Senora la Virgen 
Maria. [ Sacados j Solo de lo que padeciô defde que Uego al 
Calvario, figuiendo | los paffos dolorofos de Nueftro Salvador, y 
las confideracio-jnes, que en fu Soledad atormentaron, y trai- 
paffaron, | fu Santiffima Aima, aquellos très dias; ceni-|dos à la 
brevedad que pide vna hora. | Dispuesto | A devocion de la 
Madré Juana Inès de la Cruz, Religiofa del | Convento de San 
Gcronymo de efta Ciudad | (que Dios aya). {Estampa de la Vir- 
f^eii entre vinetas.) J Con licencia en Mexico. | Por los Ilerederos 
de la Viuda de Francifco Rodriguez Lu-|percio. En la puente de 
Palacio. | 

En 8.° Portada orlada; vuelto en blanco; 7 liojas s. f. Termina 
con un soneto a San José. Sin ano. 

Descrita por Médina (numéro 1.859 de La Imprenta en Mexi- 
co)^ quien parece confundirla con la otra ediciôn de los Ofreci- 
mientos que registra Andrade. Hay suficientes diferencias entre 
las dos portadas, especialmente respecto de los impresores, para 
justificar la idea de que se trata de dos ediciones distintas. Ni la 
una ni la otra, por supuesto, pueden ser anteriores a 1695, 
puesto que traen sobre la autora la indicaciôn «Que Dios haya». 

30 

FAMA Y OBR.VS | POSTHUMAS | DEL FENIX DE ME- 
XICO, I DECIMA MUSA, POETISA AMERICANA, | SOR 
jVANA INEZ DE LA CRVZ, | RELIGIOSA PROFESSA; 
EX EL C0XVP:NT0 DE SAN (;1':R()NIM() j de la IM- 
PERIAL CIUDAD DE MEXICO; | CONSAGRALAS | A LA 
MAGESTAD CATIIOLICA | DE LA RI=:YXA NVESTRA 
SENORA DON A MARIANA | DE NEOI^URG BAVIERAj 



HinLlOGRAFÎA IQ- 



PALATINA DEL RHIN, | POR MANO DE LA EXC.^^-^ SE- 
XORA DOXA JUANA | De Aragon y Cortès, Duquefa de 
Monteleon y Terra-Nova, | Alarquefa del Valle de Goaxaca, &c. 
EL DOCTOR DON JVAN IGNACIO \ deCaftorenay Vr- 
lita^ Capellan de Honor de fu Mageftad, \ Protonotario Ihcz 
Apoftolico por fu Santidady Theoîogo^ \ Exaviniador de la Niui- 
ciatura de Efpana^ Prebendado \ de la Santa Iglefia MetropoU- 
tana \ de Mexico \ CON PRRILEGIO. | {Fileté.) \ EN \\h- 
DRID: En la Imprenta de AL^NUEL RUIZ DE MURGA, | a 
la Calle de la Habada. Ano de 1700. | 

Volumen de 20 X Mi 7- l^ojas s. f., 210 paginas y 3 fîe indi- 
ce. Existen ejemplares en la Biblioteca Nacional de ^Mexico, en 
Ja Sociedad Hispânica y en la Biblioteca Pûblica deNueva York. 

Es la primera edicion del tercer tomo de las obras de Sor 
Juana. La menor parte de él son poesîas de la monja; lo mas lo 
ocupan las coronas poéticas de autores espaiioles y mexicanos, y 
producciones en prosa. 

Portada impresa en rojo y negro. \uelto en blanco. En la se- 
gunda hoja, suma del privilégie, Madrid 17 de Enero de lôçQ; 
fe de erratas, Madrid 12 de Febrero de 1700, y ccrtificaciôn de 
la tasa, Madrid 5 de Febrero de 1700; en la tercera hoja, dedi- 
•catoria del Dr. Castorena y Ursûa a la Reina Mariana; en la 
quinta hoja, carta del Dr. Castorena a la Marquesa del Valle de 
Oaxaca; en la séptima hoja, aprobaciôn del P. Diego de Pleredia, 
19 de Diciembre de l6g8; licencia del X'^icario de Madrid, 20 de 
Diciembre de 1698; en la octava hoja, aprobaciôn del P. Diego 
Calleja, la cual contiene muchos datos biogrâficos; de la hoja 
XIX a la Li van los homenajes de los ingenios espafioles a la me- 
moria de la poétisa, en verso (comprenden poesias del Duque de 
Sesa, del Conde de Torrepalma, del Marqués de Corpa, de don 
Diego Rejôn de Silva, de D. José de Canizares, de Dona Catalina 
Alfaro y de otros muchosj; en la hoja lu, papel de Castorena, 
Posada, I." de Enero de 1700, y parecer del Dr. Jacinto Muiîo^ 
de Castilblanque, Palacio, 5 de Enero de 1700; en la lv, elegia 



196 PEDRO HENRÎQUEZ URENA 



anônima; en la lix, Prôlogo a quien leyere, de Castorena, con 
muchas noticias sobre Sor Juana y sus obras; de la hoja lxv a la 
Lxxi, versos de admiradores; en la lxxii, retrato de la poétisa, 
obra de Clémente Puche (falta esta hoja en algunos ejemplaresu 

Pâg. I : Car ta de Sor Filotea a Sor Juana al publicar la Crisis sobre im 

sermon; comienza: «He visto la carta de usted...» Lleva 

nota de que la Crisis no se reimprime aquf; porque ya ha- 

bîa aparecido en el segundo tomo de Obras. 

Pâg. 8: Respmsfa de la poétisa a Sor Filotea; comienza: «No mi volun- 

tad, mi poca salud...» 
Pâg. 61: Ejercicios devotos para los nueve dîas antes del de la Pun'si- 
ma Encarnaciôn del Hijo de Dios Jesucristo Nuestro Se- 
nor. Dedicatoria: «Emperatriz suprema de los ângelcs...»; 
introducciôn: «En estos nueve dias...»; dfa primero: «Criô 
Dios...'> 
Pâg. 109: Ofrecimientos para el Santo Rosario de quince misterios que 
se ha de rezar en el dia de los Dolores de Nuestra Seiiora 
la Virgen Maria. Comienza: «Oh Madré Sant(sima...>^ 
Pâg. 124: Protesta que, rubricada con su sangre, hizo de su fe y amor 
a Dios la Madré Juana Inès de la Cruz al tiempo de aban- 
donar los estudios humanos para proseguir, desembara- 
zada de este afecto, en el camino de la perfecciôn. Co- 
mienza: «Yo, Juana Inès de la Cruz, protesto... > 
Pâg. 127: Doc ta explicacion del misterio y voto que hizo de defender la 
Purîsima Concepciôn de Nuestra Senora, la Madré Juana 
Inès de la Cruz. Comienza: «Yo, Juana Inès de la Cruz, la 
mâs mi'nima de los esclaves...» 
Pâg. 128: PeiiciJu que en forma causîdica présenta al Tribunal Divi- 
no la Madré Juana Inès de la Cruz por impetrar perdôn 
de sus culpas. Comienza: «Juana Inès de la Cruz, la mâs 
indigna... 3- 
Pâg. 132: Oraciân publicada en latîn por elPapa Urbano VIll, traducida 
en redondillas: A)itc ociilos tuas... Ante tus ojos benditcs..- 
Pâg. 134: Romance. Traigo conmigo un cuidado... 
Pâg. 137: Romance. Mientras la gracia me e.Kcita... 
Pâg. 138: Romance. k.vn-&x\\.ç. dulce del aima... 
Pâg. 140: Glosa. ]\Iientras él mira suspenso... 

Pâg. 142: Romance de un caballero del Perù a Sor Juana: k vos, mc.\"i- 
cana musa... 



BIBLIOGRAFÎA 197 



Pig. 150: Romance en respuesta. Alla va, aiinqiie no debiera... 

Pâg. 157: Romance. Cuàndo, nùmenes divinos... (incompleto, segùn 
Castorena). 

Pag. 163: Soneto. Si un pincel, aunque grande, al fin humann... 

Pâg. 164: Soneto. Quien que regale visto y no comido... 

Pâg. 165: De'cima. Favores que son tan llenos... 

Pâg. 165: Advertettcia ^ç.Q-AsXoxç.vi^. 

Pâg. 167: Elogios y liantes de los ingenios de la ciudad de Mexico, en 
latin y castellano (comprende versos de Fr. Juan de Rue- 
da, [uan Juliân de Villalobos, José de Guevara, Tiburcio 
Dîaz Pimienta, Martin de Olivas, el puertorriqueno Fran- 
cisco de Ayerra y otros). 



31 

FAMA I Y OBRAS POSTHVMAS, | TOMO TERCER(3, i 
DEL FENIX DE MEXICO, Y DEZIMA MWSA, | POETISA 
DE LA AMERICA, | SOR JVANA INES DE LA CRVZ, j 
RELIGIOSA PROFESSA | EN EL CONVENTO DE SAN! 
Geronimo, de la Impérial Ciudad | de Mexico. | RECOGIDAS, 
Y DADAS A LVZ | POR EL DOCTOR DON JVAN | Igna- 
cio de Caftorena y Vrfua, Capellan de [ Honor de fu Mageftad y 
Prebendado | de la Santa Iglelia Metropolitana [ de Mexico. [ En 
Barzelona: | Por Rafaël Piguero. Aiîo de M.DCCI. | {Filete.)\ 
Con todas las licencias neceffarias. | 

Volumen de 21 X 15; 66 hojas s. f., 212 paginas y 4 de in- 
dice. Conozco los ejemplares que existen en Mexico, en poder de 
D. Genaro Garcia y en la Biblioteca Nacional, asi como los de 
la Biblioteca Pùblica y la Sociedad Hispànica, en Nueva York. 

Es la segunda ediciôn del tercer tomo. Portada con doble 
orla. Faltan las dedicatorias de Castorena y hay otras diferen- 
cias de poca importancia en los preliminares. Las obras de la 
poétisa son las mismas que aparecen en la edicion primitiva. En 
los homenajes de los ingenios espafioles, al principio, hay varia- 
ciôa en el orden; no asi en la corona poética de los ingenios me- 
xicanos. 



IQS pkdro henri'quez LUENA 



32 

FAMA, I Y OliRAS POSTIIVMAS, | TOMO TERCERO, j 
DEL FENIX DE MEXICO, Y DEZIMA .MUSA, | POETISA 
DE LA AMERICA, | SOR JVANA INES DE LA CRVZ, | 
RELIGIOSA PROFESSA EN P:L CONVENTO DE SAN} 
Geronimo, de la Impérial Ciadad de | Mexico. | RECOGIDAS 
Y DADAS A LUZ | POR EL DOCTOR DON JUAN | Ig- 
nacio de Caftorena y Urfua, Capelian de j Honor de fu Magef- 
tad, y Prebendado | de la Santa Iglefia Metropolitana | de Me- 
xico. I EN LISBOA: j (fjHea.) \ Por Miguel Deslandes. Aîia 
de M.DCCI. j {Fllete.) \ Con todas las licencias neceffarias. | 

Volumen de 20 X 1 5; 66 hojas s. f., 212 paginas y 4 de in- 
dice. Conozco los ejemplares de la Sociedad Hispânica y de la 
liiblioteca Pùblica de Nueva York. 

Es la tercera ediciôn del tercer tomo. Portada orlada, impresa 
en negro y rojo. Por el contenido, es exactamente igual a la de 
Harcelona del mismo ano. 

33 

Avto Sacramental | El Divino Narciso, j Por j-Vlegorias. j Com- 
])vesto por el singvlar nvmen, j y nunca dignamente alabado in- 
genio, claridad, | y propiedad de la frase castellana, | de la Ma- 
dré I Ivana Inès de la Cruz, | Religiosa professa en el Monaste- 
rio I del Senor San (jeronimo de la Impérial Ciudad ( de 
Mexico. I 

Al fin: Vendese en Madrid j en la Imprenta de Francisco 
Sanz, en la calle de la Paz. | 

Sin lugar ni aiîo. En 4." 16 hojas a dos columnas. PVontis. Loa. 
Texte del Auto. Colofôn. 

Descrita por Médina (numéro 7.111 de la Bibliotcca hispano- 
americana)^ como correspondiente al siglo xviii. Da noticia tam- 
bién Serrano v Sanz. 



P.IBLIOGRAFIA 199 



34 

POEMAS I DE LA UNICA POETISA A.AIERICANA, j 
MUSA DEZIMA, | SOROR 'JVANA INES | DE LA CRUZ, | 
KELIGIOSA PROFESSA EN EL MONASTERIO DE SAN | 
' îeronimo de la Impérial Ciudad de Mexico. | QVE | EN VA- 
KIOS METROS, IDIOMAS, Y ESTILOS, | Fertiliza varios 
Alïumptos: | COX | ELE(}ANTES, SVTILES, CLAROS, IN- 
GENIOSOS, I vtiles Verfos, | PARA ENSENANZA,RECREO, 
y ADMIRACION. | SACOLOS A LVZ \ DON JVAN CA- 
MACHO GAYNA, CAVALLERO DEL | Orden de Santiago, 
(lovernador actual de la Ciudad del | Puerto de Santa I\Iaria. | 
Tercera edicioii, corregida y anadida por JH Authora. \ (Adonio 
îipogrdfico) I ImprelTo en Valencia, por ANTONIO BORDA- 
ZAR. -\iio 1709. I A cofta de Josepli Cardona, Mercader de 
Libros. \ 

Volumen de 20 X 15! 8 hojas preliminares, 406 paginas, y lO 
de indice. Poseo ejemplar; otro posée, en Mexico, D. Antonio 
Castro Leal. Existe también en la Biblioteca de la Sociedad Ilis- 
pânica, en Nueva York. 

Es la quinta ediciôn del primer tomo. Es reproducciôn de la 
tercera, de Barcelona, 1691; contiene las mismas obras que 
aquclla, y en el mismo orden. En los preliminares si hay dife- 
rencias: la principal, la dedicatoria de José Cardona «A la Vir- 
gen mas pura»..., en la segunda hoja. Ilay también una censura 
del Examinador sinodal Er. \^icente Bellmont, fechada en Valen- 
cia, a 26 de Agosto de 1709. 

35. 

POEMAS I DE LA UNICA POETISA AMERICANA, ,1 
^sIUSA DEZIMA, I SOROR JUANA INES | DE LA CRUZ,] 
RELIGIOSA PROEESSA EN EL MONASTERIO \ de San 
Geronimo de la Impérial Ciudad | de Mexico. | QUE EN 



200 



PEDRO HENRfQUEZ URENA 



VARIOS METROS, IDIOMAS, Y | eftilos fertiliza varies 
Affumptos. I COX FXEGANTES, SUTILES, CLAROS, IX- 
GENIOSOS, vtiles Verfos, | PARA EXSEXAXZA, RECREO, 
V ADMIRACIOX. | SACOLOS.A LVZ\ DOXJUAN CA- 
AIACHO GAYXA, CAVALLERO ] del Orden de Santiago, 
Governador actual de la Ciudad ( del Puerto de Santa Maria. | 
l'ercera Edicion, corregida^y aùadida por fii Authura. (Fileté.) \ 
Inipreffo en \'alencia, por AXTONI(3 BORDAZAR. Aiio 
1709. — A cojta de Joseph Cardoria, Mercader de Libros. \ 

Volumen de 20 X 15; § hojas preliminares, 35 1 paginas, y 
nueve de indice. Conozco los ejemplares que poseen, en Mexico, 
la Biblioteca Xacional y D. Manuel Toussaint y Ritter; en \\'ash- 
ington, la Biblioteca del Congreso, y, en X'^ueva York, la Socie- 
dad Hispânica y la Biblioteca Pûblica. 

Es la sexta edicion del primer tomo. Es de la misma casa y 
aîïo que la anterior, y su contenido es exactamente igual; solo 
se diferencia de aquélla en la parte tipogrâfica: tiene menos 
paginas; en la portada le falta un tosco adorno que ostenta la 
otra antes del pie de imprenta. 



36 



Ofreciniientos | para el Rofario de quinze Mifterios, | que fe 
ha de rezar el dia de los Dolores | de X. Sefiora la Virgen Maria. 
Sacados | solo de lo que padeciô defde que llego al Calvario, 
fi-lguiendo los paffos dolorofos de Xuestro Salvador, y las 
confideraciones, que en fu Soledad atormentaron, y traf- 
paffaron fu Santifsima Aima, aquellos très dias; cerii-|dos a la 
brevedad que pide vna hora. | Dispvesto | A devocion de la 
madré Juana Inrs de la Cruz, | Religiofa del Convento de S. Ge- 
ronimo de efta j Ciudad ((|ue Dios aya.) | {Estampa de la Vir- 
gen.) I Ouarta Impression. | Con licencia, en Mexico, por Fran- 
cifco de Ribera Cal-jderon, en la calle de San Aguftin, aiio 
de 1709. I 



BIBLIOGR^FÎA 20 1 



En 8.° Portada; vuelto en blanco; 14 paginas s. f. 

Descrita por Médina (numéro 2.206 de La Imprenta en Mexi- 
co) y por el Dr. Nicolas Léon, Bihliografîa mexicana del 
siglo XVIII. 

37 

FAMA, Y OBRAS | POSTHUiMAS | DEL FENIXDE ME- 
XICO, ] DEZIMA MUSA, POETISA AMERICANA, j SOR 
JUANA INES DE LA CRUZ, ] RELIGIOSA PROFESSA | 
EN EL CONVENTO DE SAN GERONIMO | DE LA IMPE- 
RIAL CIUDAD DE MEXICO: | QUE SACO A LUZ | EL 
DOCTOR DON yV AN IGNACIO DE \ Caftorena y Vrfua, 
CapeUan de Houor de fu Mageftad, Proto-\notario, Juez ApoJ- 
tolico por fu Sanîidad, Tlieologo, Exaniinador \ de la Nunciatura 
de Ejpava, Prebeudado de la Santa \ Iglejia Metropolitana de 
Mexico. I CONSAGRADAS | A LA SOBERANA EMPERA- 
TRIZ I de Cielo, y Tierra, Maria | nueftra Seiïora. | CON LI- 
CENCIA, I (Eilete) \ en Madrid: En la Imprenta de Antonio 
Gonçalez de Reyes, \ Ano de 1714. | A cofta de Francifco LaJ'o, 
Mercader de Libres, vende fe en fu cafa, en\ (rente de las Gra- 
^^as de San Felipe el Real. \ 

Volumen de 21 X 15- ^^ hojas preliminares, 318 paginas, y 
dos de indice. 

Posée ejemplar; conozco, ademâs, los que poseen, en Mexico, 
don Luis Gonzalez Obregon y la Biblioteca Nacional, y, en 
Nueva York, la Sociedad Ilispanica y la Biblioteca Pûblica. 

Es la cuarta ediciôn del tercer tomo. Portada; vuelto con 
escudo; en la hoja segunda, Licencia del Real Consejo, te de 
erratas, y Tasa, todas de 1714; en la hoja tercera, dedicatoria 
del librero Francisco Laso <A la soberana Emperatriz de Cielo 
y Tierra >; siguen la Aprobaciôn del P. Ileredia, la Licencia del 
Ordinario, y la conocida Aprobaciôn del P. Calleja. En la pagi- 
na I comienzan los homenajes de los ingenios espafioles, en el 
orden que llevan en la ediciôn primitiva de 1700; en la pagina 



202 PEDRO HE^RIQUEZ URliXA 

107 comienzan las obras de Sor Juana; en la pagina 273, los 
homenajes de los ingenios mexicanos. 

38 

POEMAS I DK LA UNICA POETISA AMERICANA, | 
MUSA DEZIMA, | SOROR JUANA INES DE LA CRUZ, | 
RELIGIOSA PR(3FESSA EN EL AIONASTERIO | de San 
Geronimo de la Impérial Ciudad ] de ?^Iexico. | QUE P'N VA- 
RIOS METROS, | IDIOMAS, Y ESTILOS, | FERTILIZA VA- 
RIOS ASSUMPTOS. | CON ELEGANTES, SUTILES, CLA- 
ROS, INGENIOSOS, | y vtiles Verfos, para enseiïança, recreo, | 
y admiracion. | TOMO PRIMERO. | DEDICADO ] AL GLO- 
RIOSO PATRIARCA | Senor San Jofeph, y à la Doctora Mys- 
tica, y } P"ecunda Madré, Santa Terefa | de Jesvs. | CON LI- 
CENCIA. I (Unea.) j En Madrid: En la IMPRENTA REAL. 
Por Joseph Rodriguez y | Efcobar, Impressor de la Santa Cru- 
zada. Aiio de 1714. | Vende Je en Cafa de Francifco LafOy 
Mercader de Libros^ f rente de las \ Gradas de San Felipe. \ 

Volumen de 21 X 15; 16 hojas preliminares, 334 paginas, 
y 10 de indice. Conozco los ejemplares que poseen, en Mexico,, 
la Biblioteca Nacional y D, Luis Gonzalez Obregôn; en Was- 
hington, la Biblioteca del Congreso, y, en Nueva York, la Socie- 
dad Hispânica. 

Es la séptima ediciôn del primer tomo. Reproduce el conte- 
nido de la segunda, Madrid, 1690. Le faltan, pues, los très 
Villancicos y El Divino Narciso^ que se aiiadieron en la ediciôn 
tercera, 1691. Lleva en la hoja 11 una dedicatoria «Al Glorioso, 
Patriarca San José y a la Doctora mîstica Santa Teresa de 
Tesûs». 

39 

OBRAS POETICAS | DE LA MUSA MEXICANA | SO- 
ROR ' TUANA INES DE LA CRUZ, | RELIGIOSA PR(^ 



P.IBLIOGRAFIA 20,v 



FESSA EN EE MONASTERIO | del Gran Padre, y Doctor 
de la Iglefia S. Geronimo, i de la Ciudad de Mexico. \ TOM(^ 
SEGUNDO, I ANADIDO POR SU AUTORA, | EN OLE 
VA EE CRISIS SOBRE UN SERMON | de vn Orador Gran- 
de entre los | mayores. | Ano (Vineta) 1715. | CON LICEN- 
CIA I (Lwea) I En Madrid: En la IMPRENTA REAL, por 
Jofeph Rodriguez de Efcobar, | Impreffor de la Santa Cruzada, 
y de la Real Academia Efpanola. | 

Volumen de 20 X ^5; 4 hojas preliniinarcs, 470 paginas, y 6 
de indice. 

Conozco los ejemplares que poseen, en Mexico, la ]3iblioteca 
Nacional y el Sr. Gonzalez Obregôn; en \\ âshington, la Biblio- 
teca del Congreso, y, en Nueva York, la Sociedad Hispânica y 
la Biblioteca Pîiblica. 

Es la tercera ediciôn del segundo tomo, y se publico como 
segundo volumen de la ediciôn anterior (17 14) del tomo prime- 
ro. Su contenido es igual al de la ediciôn segunda (BarceJona, 
1693), hasta en los preliminares. 



40 — 41 

Tomo Primero. | Poemas | de la vnica poétisa americana j 
Musa Dezima, | Sor Juana Inès | de la Cruz, | religiosa professa 
en el monasterio de | San Geronimo de la Ciudad de Mexico. I 
Dedicalas j a Maria Santissima en su milagrosa Imagen j de la 
Soledad. | Sacolos a luz | Don Juan Camacho Gayna, Cavallero 
del I (^rden de Santiago. | Ouarta impreffion compléta de todas 
las obras de lu Author. | Pliegos (Efigie de Sor Juana, en made- 
ra, cou leyendas) 50. | (Fileté.) \ Con Licencia: En Madrid: En, 
la Imprenta de Angel Pafcual | Rubio. Ano de 1725. 

En 4.° Portada orlada; vuelto en blanco: 7 hojas prelimina- 
res s. f.; 374 paginas; tabla, 5 hojas, el vuelto de la ûltima en 
blanco. Preliminares: dedicatoria del librero; aprobaciôn de 



204 PKURO HP:NRi(jUb:Z URKNA 

Tinero, 1689; parccer de Fray Vicente. Bellmont, I/OQ; dos im- 
primatur, sin fecha; romance de Montoro; prôlogo en verso. 

l*>ste volumen es la octava ediciôn del primer tomo de obras, 
y forma parte de una colecciôn compléta en très; los otros dos 
van anotados en los numéros siguientes. Esta ediciôn de Obras 
complétas es la ûltima reimpresiôn de los très tomos de Sor 
Juana. Posteriormente solo se hallan ediciones de obras sueltas, 
o selecciones de poesias. 

Médina describe este primer tomo (numéro 2.540 de la Bi- 
blioteca hispano-aniericava) con los pormenores arriba transcritos. 
I^n la Kiblioteca Nacional de Mexico existe un ejemplar cuva 
jDortada coïncide con la que da Médina, y en cuya segunda hoja 
va una dedicatoria: «A la Virgen mas pura, a la Madré del 
Mejor Hijo, Maria Santissima de la Soledad.» 

En cambio, la portada que transcribe Serrano y Sanz (numé- 
ro 751 de sus Apuntes para una biblioteca de escritoras espano- 
lasj dice: «Poemas de la ûnica poétisa americana, Sor Juana 
Inès de la Cruz, Religiosa Professa en el Monasterio de San 
Geronimo de la ciudad de Mexico. Dedicalas a la Excelentissima 
Seùora Duquesa de Fuensalida. Sacolas a luz Don Juan Camacho 
(îayna, cavallero del Orden de Santiago. — Ouarta impression, 
compléta de todas las obras de su Authora. — Con licencia: En 
Madrid. A costa de Francisco Lopez. Aiîo de 1725. — En la 
Imprenta de Angel Pasqual Rubio. Aiio 1725.» En la hoja 
siguiente va una dedicatoria «A la Excelentissima Seiîora Dona 
Hernarda Dominica Sarmiento de Valladares... Condesa de 
l'uensalida», por l'rancisco Lopez: Madrid 1 5 de Noviembre 
de 1725- Siguen la aprobacion de Tineo, la de Bellmont, el 
romance de Montoro y el prôlogo en verso; luego el texto. Las 
hojas preliminares son 9, en vez de 7; las paginas, 374, como en 
la descripciôn de Médina; las hojas finales, 5 también. 

Don Juan Pérez de Guzmân, en su antologia La rosa (Madrid, 
1891), senala esta ediciôn como de «Madrid, por F"rancisco 
Lopez, 1725 >, tanto el tomo primero como el segundo. En el 



BIBLIOGKAFIA 20 = 



Catâlogo de la Bibliotcca de Salvâ (\'alencia, 1872) se anota 
(numéro I.203): «Quarta impression, compléta de todas las. 
obras de su Authora. Madrid, Francisco Lôpez, 1725- 3 vols. 4."' 
!Marq.» Agrega: «El tomo I es reimpresiôn del de Barcelona, 
con las adiciones». Sin embargo, al referirse a otro ejemplar, 
suelto, del tomo II (numéro I.202), dice el Catâlogo: «Segundo 
Tomo. INIadrid, Ange! Pasqual Rubio, 1725. 4 hojas prelimina- 
res, 438 paginas, y 3 hojas de indice.» 

Pudieran existir dos ediciones de 1725; pero acaso no seasinO' 
una la ediciôn, con solo la portada y los preliminares diferentes. 

Tomo Segundo. ^Madrid, Angel Pascual Rubio, 1725. 

Este es el volumen segundo de la ediciôn madrilena de 1725- 
Es cuarta ediciôn del segundo tomo de obras de Sor juana. 

Médina (numéro 2.541 de la Biblioteca hispa)io-ai)iericaiia) 
indica: Portada orlada; vuelto en blanco; 3 hojas preliminares 
s. f., con censura del P. Navarro Vêlez, de 1691; 438 paginas; 
indice, 3 hojas s. f., el vuelto de la ûltima en blanco. 

P^stos pormenores coinciden con los de Serrano y Sanz y con 
los del Catâlogo de la Biblioteca de Salvâ sobre el ejemplar 
suelto de este segundo tomo que va anotado en el numéro I.202. 

Existen, sin embargo, ejemplares cuya portada Ueva el nom- 
bre de Francisco Lôpez: y el problema de discernir si existen 
dos ediciones o solo una con variaciôn en portada y prelimina- 
res, es igual al del primer tomo de esta colecciôn de Obras 
complétas. 

42 

FAMA, Y (3BRAS | POSTIIUMAS | DEL FENIX DE 
MEXICO, I DEZIMA MUSA, POETISA AMERICANA, ] 
SOR JUANA INES | DE LA CRUZ, | MONJA PROFESSA 
EN EL I Monafterio del Seiior San Geroni-|mo de la Ciudad 
de I Mexico. | Pliegos {Retrato pequeno y tosco de la poétisa) 47. ^ 
(Fileté.) j Con Licencia: En Madrid. En la Imprenta de Angel 
Paf-'qual Rubio. Ano de 1725. | 



206 



PEDRO HENRfQUEZ UREXA 



A'olumen de 20 X I5; lO hojas preliniinares, 352 paginas, 
y 3 de indice. Existen ejempjares en la Biblioteca del Congreso 
de Washington, en la de la Sociedad Hispânica y en la Pûblica 
de Nueva York. 

Es la quinta ediciôn del tercer tomo, y forma el tercer volu- 
nien de la edicion gênerai, y ûltima, de las obras de Sor Juana. 
Portada con orla; vuelto en blanco; en la segunda hoja, aproba- 
cion del P. Calleja, tomada de la Imindaciôn Ca.sîdlida (12 de 
-Septiembre de 1689); licencia, fe de erratas, y tasa, todas de 
Madrid, Mayo a Noviembre de 1725; en la tercera hoja, aproba- 
ciôn del P. Heredia; en la cuarta, aprobacion del P. Calleja (la 
bien conocida por su caracter biogrâfico), que llega hasta la 
hoja décima, y continua en la pagina I, hasta terminar, con el 
soneto adicional, en la 3. En la pagina 4 comienzan los homena- 
jes de los ingenios espaiïoles; en la pagina 145, las obras de Sor 
Juana; en la 295, los homenajes de los ingenios mcxicanos. 



43 



Comedia famosa. Por Sor Juana Inès de la Cruz. Sevilla, 1730. 
En 4-° 

Médina (numéro 2.77 1 de la Biblioteca hispano-americana). 
Xo dice sino lo arriba copiado. Es probable que se trate de una 
•ediciôn de I^os empenos de uiia casii. 



44 



Vieyra impugnado por la Madré Sor Juana Incs de la Cruz, 
Keligiosa del Orden de San Geronimo, de la ciudad de Alexico. 
Y defendido por la Madré Sor Margarita Ignacia, Religiosa de 
San Agustin, en su Convento de Santa Monica de la ciudad de 
Lisboa. Ponese al principio el sermon de Mandato del Padre 
Antonio Vieyra, que impugna la Madré Sor Juana. Y al fin se 
anade la (^racion funèbre que dixo en las Ilonras del Padre 



BIBLIOGRAFIA 20/ 



X'icyra el ... Senor Manuel Cayetano de Sousa. — Madrid. En la 
Imprenta de Antonio Sanz. Aiio de 1/3 1- 

Volumen en 8.°, de 509 paginas. La impugnaciôn de Sor Jua- 
na {Carta atenagérica o Crisis de un sermon) va en las pagi- 
nas 65 a 124; le sigue la defensa que hace Sor Margarita Igna- 
cia, en las paginas 12 5 a 43 5- 

Descrita por Serrano y Sanz en el numéro 752 de sus Apun- 
tcs para una biblioteca de escritoras espano/as. Médina (numé- 
ro 2.809 de la Biblioteca hispano-arnericaiia) dice solamente: 
«X'ieyra impugnado. Por Sor Juana Inès de la Cruz. Madrid, 
1731.8.% 

45 

( )trecimientos | para el Rosario de [ quinze Mysterios, | que 
se ha de | rezar el dia de los Dolores de | Xuestra Senora la 
X'irgen | Maria, sacados | Solo de lo que padeciô desde que 
lie- gô al Calvario, siguiendo los passos dolorosos de nuestro 
Salvador, y las | consideraciones que en su Soledad ] ator- 
mentaron, y traspassaron su Santis-jsima Aima, aquellos très 
dias: cenidos j a la brevedad que pide una hora. \ Dispuesto ] à 
devocion de la Madré Juana Inès | de la Cruz, Religiosa del 
Convento [ de San Geronimo de esta Ciudad ] (que Dios aya). | 

Colofôn: Con licencia, en ]\Iexico: | En la Imprenta RI. del 
Superior Gobier-|no, y del Nuevo Rezado de Dona Maria | de 
Rivera, en el Empedradillo. 1735. 1 

l^n 16." Portada; grabado en el vuelto; 15 hojas s. f. 

Descrita por Médina (numéro 1 2.3 50 de La Imprenta en Me- 
xico) y por el Dr. Léon (Bibliografia me. ricana del sigh XVfll). 

46 

Ofrecimientos | para el Rosario de | quinze Myfterios, ! que 

■fe ha de ! rezar cl dia de los Dolores de ] Nueftra Senora la 

N'irgen | Maria, | sacados | Solo de lo c[ue padeciô defde que 



208 PEDRO HKNRÎQUEZ URF.N'A 



lle-|gô al Calvario, figuiendo los paffos | dolorosos de nuestro 
Salvador, y ias | confideraciones que en lu Soledad ] atormen- 
taron, y trarpalTaron fu Santif- 1 fima Aima, aquellos très dias; 
cenidos a la brevedad que pide una hora. Dispvesto | A de- 
vocion de la Madré Juana Inès | de la Cruz, Religiofa del Con- 
vento I de S. Geronymo de efta Ciudad | (que Dios aya.) j 

Colofôn: Con licencia, en Mexico: | En la Imprenta RI. del Su- 
premo Gobier-|no, y del Nuevo Rezado de Dona Maria ; de 
Ribe ra, {^sic) en el Empedradillo. 1736. 

En l6.° Portada con orla. Vuelto con la estampa de la Dolo- 
rosa, en madera. 30 paginas s. f., y al pie de la ûltima el co- 
lofôn. 

Descrita por Médina (numéro 3.410 de La Imprenta en Mexi- 
co, y por Léon (Bibliografia mexicana del sigio XVIII). 



47 



(Vineta conipuesta., y dentro:) Pliegos quatro y medio. X. 8. 
Los empeiios de vna casa, | Comedia famosa | del Fenix de la 
Xueva-Espafia [ Sor Ivana Inès de la Cruz. j 

L 'olofthi: Con licencia: En Sevilla, por los herederos de Tomàs 
Lopez de Ha-jro, en calle de Genova. | 

Sin ano. En 4.° 36 paginas a dos columnas, separadas por vi- 
netas. 

Descrita por ]\Iedina (numéro 7 .10/ de la Biblioteca Jii^pano- 
aniericana), como correspondiente al siglo xviii. 



48 

Xum. 210. I Comedia famosa. | Los empeùos de una caso 
i^sic). I De sor Juana Inès de la Cruz, | Fenix de la X'ueva-Espaiia. 

Al fin: Con licencia: En .Sevilla, en la Imprenta de loseph Pa- 
drino, Mercader | de Libros, en calle de Genova. | 



HIBLIOGRAFIA 209 



Sin aùo. En 4.° 32 paginas a dos columnas. Frontis. l'erso- 
nas. Texto. Colofon. 

Descrita por Médina (numéro 7. 108 de la Bihlioteca Jiispann- 
aniericana)^ como correspondiente al siglo xviii. 

49 

Num. 306. I Los empenos de vna casa. 1 Comedia tamosa, | 
del Fenix de la Nueva-Espaiîa | Soror Juana Inès de la Cruz. 

Al fin: Con licencia: En Sevilla, en la Imprenta de la Viuda 
de Francisco de Leefdael, en la Casa del Correo Viejo. 

Sin aiio. En 4.° 32 paginas a dos columnas. l-'rontis. Texto. 
Colofon. 

Descrita por Médina (numéro 7.109 de la Bihlioteca hispano- 
americana), como correspondiente al siglo xviii. 

50 

Comedia | famosa | Los empeiïos de vna casa. | Por | Ivana 
Tnes I de la Cruz, | Monja Professa en el Monasterio j del Seîïor 
San Geronimo de la Ciudad | de Mexico. | (Adorno tipogrâfîco.) \ 
En Barcelona. | Por Joseph Llopis, y a su costa. | Con las licen- 
cias necessarias. 

Sin aiîo. En 4.° I hoja de portada y 43 paginas de texto a 
dos columnas. 

Descrita por Médina (numéro 7.IIO de la Bihlioteca Jiispano- 
auiericana)^ como correspondiente al siglo xviii. 

51 

AMOR ES Î\L\S LABYRLXro. Sevilla, sin ano. 40 paginas. 

Hay noticia de esta edicion en la bibliografîa del Sr. Elias de 
Molins que aparece en la moderna reinipresion madrileiïa de 
poesîas de Sor Juana, y en el Catalogue of the Spajiish Lihrary 

Revue Hispamqitc. — P. 14 



2IO PEDRO HENRfQUEZ URENA 



and of the Fort lignes e Books Bequeathed by George Ticknor to the 
Boston Public Library (Boston, 1879). Segûn este catâlogo, el 
ejemplar esta encuadernado junto con otras obras dramâticas en, 
un volumen que lleva el tftulo de Comedias de diferentes autores 
y que comienza por la de D. José Concha, En el lance mas cnieL 
A la de Amor es mds laberinto le sigue, en dicho volumen, la 
ediciôn de Los empehos de vna casa, Sevilla, sin ano, 32 paginas, 
que anoto en el numéro 49. 

52 

Pliego de cuatro paginas, encabezado por una vineta y este 
titulo: RELACION FAMOSA: | AMOR ES MAS | LABY- 
RINTHO. I POR LA MONJA DE MEXIC(3, \ Fenix de la 
Nueva-Efpaùa. \ 

En seguida comienza el texto: Generoso rey de Creta... — E& 
la relaciôn que hace Teseo en el primer acto de Amor es nids la- 
berinto. 

Colofôn: Con licencia. En Sevilla, en la Imprenta de la VIVDA 
de FRANCISCO J de LEEFDAEL, en la Cafa del Correo Viejo. 

El pliego es de 21 X H- El texto va a dos columnas. 

Existe en la biblioteca de la Sociedad Hispanica, en Xueva 
York. 

53 

Ofrecimientos [ Para el Rosario de quinze Mifterios [ que fe 
ha de rezar el dia de los Dolo-'res de X. Seiiora la Virgen j Ma- 
ria. I Sacados | Solo de lo que padeciô defde que llegô | al Cal- 
vario, figuiendo los palTos Dolo-'rofos de Nueftro Salvador, y 
las j confideraciones, que en fu Soledad | atormentaron, y traf- 
paffaron fu San-jtilTima Aima, aquellos très dias, | cenidos à la 
brevedad que pide | una hora. [ Dispuestos | .\ devocioa de la 
Madré Juana [ Inès de la Cruz, Religiosa de el i Convento de San 
Geronymo | de efta Ciudad (que Dios aya). j {Fileté pitntuadoJ) \ 



BlBLIOr.RAFIA 211 



IveiniprelTos: En Mexico, en la Imprenta nueva de | la Biblio- 
trca Alexicana, enfrente de San Augustin, j Aiio de 175 5- i 

En l6.° Portada, vuelto en blanco, estampa de la Dolorosa, 
grabada en madera, 27 paginas s. f. de texto, y la ûltima con 
un soneto a San José. 

Descrita por Médina (numéro 4.23 1 de La Imprenta en Mexi- 
co) y por Leôn {Dihliografia viexicana del siglo XVflD. 

54 

De la Protesta de la Fe de vSor Juana no se conoce edicion 
suelta anterior a la de 1763, que anoto en seguida; pero como 
esta se da como reimpresiôn, parece que hubo, por lo menos, 
vma anterior. 

55 

Protesta | de la Fee, | y renovacion | de los votos religiosos, | 
que hizo, y dejô efcripta | con fu fangre | la M. Juana Inès | de 
la Cruz, I Monja Profeffa de S. Ge-lronymo de Mexico. | (Z,/- 
nea de adornos.) | Reimpressa [ A expenfas de la M. INIaria Jo- 
fepha de ] San Ignacio, Religiofa Profefra de el Convento Real 
de Jefus Maria: por | los Herederos de la Viuda de D. Tofeph j 
de Hogal. Aiio de 1763. | 

En l6.° Portada dentro de filetes; vuelto con una estampa en 
madera; 6 paginas s. f. 

Descrita por ]\Iedina (numéro 4.826 de La Lnt>renta en Me- 
xico.) 

56 

Ofrecimientos j para el Rossario | de Quinze Mysterios | (Jue 
fe hade {sic) rezar el dia de los | dolores de Nueftra Seiiora | la | 
Virgen Maria ] sacados | Solo de lo que padeciô defde que llegô 
â 1 el Calvario figuiendo los paffos Dolorofos | de Nuestro Sal- 
vador, y las concideraciones [sic') q | en su Soledad atormenta- 



212 PEDRO HKNRIQUKZ URKInTA 



ron, y trafpafaron | fu Santiffima Aima a(|uellos très Dias, ce- 
rii-|dos à la brevedad que pide una hora. | Dispuestos | A devo- 
cion de la M. R. M. Juana Inès de la I Cruz, Religiofa del Coii- 
vento de S. Geronimo | de efta Ciudad. [ [Fileté.) \ Reimpreffo 
en Mexico en la Imprenta Nueva | Antuerpiana de D. Phelipe de 
Zniga, (sic) y Onti-|veros. Calle de la Palnna. Ano de 1767. ] 

I^n l6.° Portada; vuelto con una estampa en madera; 41 pa- 
ginas s. f., y una al fin con un escudo religioso y Licencia de la 
Archicofradîa del Rosario de Mexico. Ano de 1767. 

Descrita por Médina (numéro 5.162 de La Imprenta en Me- 
xico.) 

57 

Ofrecimientos | para el Santo | Rosario j de quince miste- 
rios, j que se han de rezar el dia de los | Dolores de Nrâ. Srà. l;i 
Virgen | Maria, y el Viernes Santo. | Sacados ] del Tomo ter- 
cero de las Obras de la | Madré Sor Juana de la Cruz, | [Ador- 
)ws.) I Reimpresos en la Oficina de Doiîa Maria ] Pernandez de 
Jauregui, calle de Santo Do-|mingo, aîio de 1804. j 

En 16. ° Portada; vuelto en blanco; 30 paginas s. f. 

Descrita por Médina (numéro 9.670 de La Impj-enta en Me- 
xico.) 

58 

OBRAS SELECTAS ] DE LA CELEBRE | MONJA DE 
MEJICO, I SOR I JUANA INES DE LA CRUZ, ] PRECEDI- 
DAS DE SU BIOGRAFIA Y JUICIO ] CRITICO SOBRE 
TODAS SUS PRODUCCIONES, | POR | JUx\N LP:ON MF- 
RA. I (Adorno.) \ QUITO. | IMPRENTA NACIONAL. | 1873. \ 

Vohimen de 15 X ^^'■> ^ hojas s. f., luego lxxxvi -f- 402 pa- 
ginas. 

('ontiene muchas poesias; la comedia Los empenos de una casa: 
la carta de Sor Filotea y la respuesta de la poétisa. Las paginas 



BIHLIOGRAKIA 213 



con numeracion romana las ocupa el discreto juicio de D.Juan 
Léon Mera. 



59 



La ediciôn de Pari's-México, sin ano, de la casa A. Donnamette 
y C.'^, debiô de aparecer por los anos de 1890. No la tengo a 
mano, pero recuerdo que contiene solamente poesîas liricas. 

60 

POESIAS ESCOGIDAS i DE | SOR JUANA INÈS DE LA 
CRUZ ] (LA DÉCIMA MUSA MEJICANA) | PRECEDIDA 
DE SU BIOGRAFIA, | NOTAS BIBLIOGRAFICAS Y JUI- 
CIOS CRITICOS de 1 ESCRITORES ESPANOLES Y AME- 
RICANOS I por \ Don Antonio Elias de MoUns, [ Correspon- 
(Hente de la Real Academia | de la Historia. [ {Adorno) j Libre- 
rîa de Victoriano Suârez, | Calle de Preciados, 48. [ 

Sin ano. Es de 1901. 

Vokimen en 4.°; 222 paginas. 

Contiene poesias y la comedia Los empcnos de 11 na casa; trae 
citas de diversos juicios sobre Sor Juana (Gallego, Menéndez v 
Pelayo, Vigil y otros.) Las notas bibliograficas del Sr. Elias de 
Moli'ns son utiles. Desgraciadamente, la ediciôn esta afeada por 
extraordinario numéro de erratas graves. 



Puera de las ediciones separadas de obras de Sor Juana Inès, 
hay unas cuantas reimpresiones que merecen mencionarse: la de 
seis poesias en el tomo XLII y la de Los enipehos de una casa 
en el tomo XLIX de la Biblioteca de Autores EspaiJoIes; las se- 
lecciones del Parnaso aniericano^ de J. J. Pérez (Bogota, 1889) y 
de la pequena colecci 'm El Parnaso Mexicano^ de Aguilar e îlijos 



214 PEDRO HENRfoUEZ UREXA 

(el folleto, cuya parte principal esta dedicada a Sor Juana, con su 
nombre al frente, se publicô hacia 1893); finalmente, la seleccion 
que hizo I). Marcelino Menéndez y Pelayo en la Antologia de 
l^oetas hispano-americanos. 

Pedro IlENRfQUEZ Ure5ca. 



ROMANCERO NU'EVOMEJICANO 



ADDENDA 

En una pequena colecciôn de folklore nuevomejicano, reco- 
gido por la senorita Barbara l'Veire-Marreco, de Oxford (Ingla- 
terra), entre losindios del Pueblo de Santa Clara (Nuevo Méjicoj 
y nuevomejicanos de la vecindad, y que nos envia para publica- 
ciôn en la Journal of American Folk-lore, encontramos dos pre- 
ciosas versiones de romances tradicionales, la una muy complé- 
ta y muy bien conservada, y la otra incompleta y estropeada. 
Los dos son romances devotos y conservados en la memoria de 
los fieles, convertidos en oraciones, como se ve a las claras por 
el final que cada version lleva. Al mismo tiempo que Ilegaba a 
mis manos la colecciôn de la Srta. Freire-Marreco (que publiée, 
segûn su deseo, en la Journal of American Folk-lore, October- 
December, 1916) recibia yo mismo demi padre, que ahoravive 
en Colorado, una preciosa version del romance primero de la 
colecciôn Freire-Marreco, poco mejor conservada, aunquè'no 
mas larga. Siendo estas versiones preciosos hallazgos, forman 
una adiciôn muy importante a mi Romancero Xiievomejicano, ya 
publicado en esta revista. 

El primer romance de la colecciôn Freire-Marreco, Camitio 
del Calvai io, proviene de una copia manuscrita que se encuen- 
tra en un libro manuscrito de una nuevomejicana de Guchupan- 
ge (Nuevo Méjico), doiia Perfilia. Segûn nos indica la Srta. Frei- 
re-]\Iarreco, contenîa este libro manuscrito, ademâs del romance, 



2l6 ROMANCERO NUEVOMEJICANO 

varias oraciones y cânticos espirituales, y los milagros de San 
Antonio, tomados éstos de una novena (véase la Jonrnal of 
American Folk-lore, ya citada). 

La version recibida de mi padre viene de la tradiciôn oral, y 
fué aprendida por él en Tacs (Nuevo Méjico), cuando niiîo. Se 
diferencia muy poco de la version de (luchnpange y es version 
del mismo romance primitivo. Segim me dice mi padre, cl 
romance forma parte del ritual de los Pénitentes ( ' ) de Xuevo 
Méjico y Colorado. Para estos religiosos fanaticos el romance es 
una oraciôn que llaman pasiôn. Kntre el pueblo de Nuevo Méji- 
co, el romance es conocido por el nombre de La Pasiôn de los 
Pénitentes. En tiempos pasados, el pueblo acompafiaba a los 
pénitentes en sus procesiones de la morada al calvario^ azotân- 
dose éstos y cantando todos oraciones, cânticos y romances 
devotos, traîdos todos, sin duda, de P^spafia, por los franciscanos 
y los demâs misioneros que vinieron a Nuevo Méjico en los pri- 
meros afios de la colonizaciôn en el siglo xvii. De esta manera, 
e! pueblo aprendîa estos romances devotos. Mas tarde, cuando 
la Iglesia se oponfa terminantemente a que continuasen estas 
sociedades de flagelantes, muchos de sus cânticos no serian favo- 
recidos, y muchos de ellos olvidados. Solamente de esta manera 
se puede explicar la poca difusiôn que alcanzan estos romances. 
jCuântas oraciones viejas, cânticos ya olvidados por la mayoria 
de los nuevomejicanos, y romances devotos traîdos de Espana 
en siglos pasados, se encontrarân en el ritual complète de esta 



(') Los Hermanos Pénitentes, una sociedad de flagelantes que aûn 
existe en Nuevo Méjico, ûltimos y degenerados hijos de la famosa Terccr 
Orden de San Francisco, a que pertenecîa nuestro Lope de Vega. En la 
segunda mitad del siglo xvm y la primera del xix, esta sociedad era muy 
poderosa en Nuevo Méjico. Sus primeros organizadores fueron, sin dud.i, 
franciscanos espanoles. (Véase mi artîculo Los Hermajius Penifcntes, en la 
Catholic Encyclopedia. Tomo XI (1911)- 



ROMANCERO NUKVOMEJICANO 2 1/ 

socieclad de flagelantes! Tenemos la intenciôn de hacer mas 
indagaciones, y esperamos muchos hallazgos sorprendentes. 

\i\ segundo romance no tuvo tan buena suerte. Fue recitado 
a la Srta. Freire-Marreco por una india del pueblo indio de 
Santa Clara, Juanita Cisneros, y en este hecho, mejor que en el 
romance mismo, estriba su importancia capital. Los indios de 
Xuevo Méjico conservan en la tradiciôn oral romances tradicio- 
nales espanoles. El romance mismo es uno de los nias raros de 
la tradiciôn espanola. Los indios de Xuevo Méjico saben, sin 
duda, otros romances, y una indagaciôn metôdica y compléta 
por los varios pueblos de indios deberia dar felices resultados, 
con muchas sorpresas agradables. Y hay que observar que los 
indios de Nuevo ^léjico no se asocian con los nuevomejicanos. 
Viven aislados en sus pueblos, conservan sus antiguas costum- 
bres y lengua, separados casi en absoluto de los nuevomejicanos 
de habla espaîîola. La mayorîa de ellos habla también espanol, 
y fue desde hace mucho tiempo convertida al Catolicismo por 
los misioneros espaiioles de los primeros anos de la colonizacion 
en el siglo xvii. La tradiciôn folklôrica espanola que entre ellos 
se conserva, por consiguiente, debe remontarse a la época cuan- 
do los misioneros espaiioles vivian y predicaban entre ellos,. 
enseîiandoles la religion cristiana. De esta manera- hubieron de 
aprender los indios de Xuevo Méjico las oraciones, los cânticos, 
tradiciones religiosas y romances devotos de la Espaiia del 
siglo XVII. Los padres religiosos les enseiîaron romances devotos, 
que ellos sabîan de memoria, anadiéndoles un final gratificador 
o amenazador, que lo convertia en oraciôn. En la colecciôn de 
la Srta. Freire-Marreco, los dos romances de que hemos habla- 
do llevan el nombre de oraciôn. 

Damos en seguida los romances, con las pocas notas compa- 
rativas que hemos encontrado. Se ha corregido la ortografia de 
la version manuscrita, y algunas lecciones, segûn se indica en las 
notas, aprovechândonos de la version oral, que es la mejor. La 
copia manuscrita original, con todos sus defectos ortogrâficos,. 



i 



.2lS ROMANCERO NUEVOM EJICANo 

se puede ver en la 'Journal of Avierican Folk-lore^ ya citada. A 
Ja version de Guchupange, del primer romance, sigue la version 
de Tacs. 

1 A (Guchupange). 

CAMINO DEL CALVARIO 

Por el rastro delà sangre— que Jesucristo derrama 
camina la Virgen pura — en una fresca manana. 
Como era tan de manana — a la hora que caminaba 
las campanas de Belén — todas tocaban al alba. 
Se encontrô con Juan Bautista, — de esta manera le hablaba: 
— r"No ha pasado por aquî — el hijo de mis entranas? 
— Por aquî pasô. sehora, — antes que el gallo cantara. 
Cinco mil azotes lleva ( ' )~ ^" ^^s sagradas espaldas. 
Très clavos lleva en sus manos — con que ha ( » ) de ser clavado, 
y una corona de espinas — con que ha ( » ) de ser coronado; 
un madero muy pesado— en sus hombros lo llevaba. 
Tafito el peso le rendi'a ( 3 ) — que caîa ( 4 ) y se levantaba; 
una soga en la garganta — que era una pena doblada. 
Cada estirôn que le daba — mi Jesûs se arrodillaba. 
Luego que oyô esto la Virgen — luego cayô desmayada. 
San Juan, como buen sobrino, — luego corriô a levantarla. 
— Levântate, ti'a mui, — que no es tiempo de tardanza. 
que el tormento de lesùs— es libertad de las aimas. 

Sigue el final, que lo convierte en oraciôn, que seguramente 
ijio pertenecîa al romance original; pero debe ser anadido anti- 
guo, porque un final idéntico se encuentra en la version 96 del 
romance devoto de Ramôn A. Laval, de que hablamos mas ade- 
lante, y otro semejante en 95. El final aîïadido al romance nue- 
■vomejicano es el siguiente: 



I ' ) Leccion original llevaba. Véase version B. 

( * ) Lecciôn original liabia. Véase version B. 

( 3) Lecciôn original El peso que rend/a. Véase version B. 

•(4) Lecciôn original (T^/^a. 



ROMANCERO NUEVOMEJICANO 219 

El que esta oraciôri rezare Ouien la oye y no la aprende, 

todos lo3 viernes del ano, quien la sepa y no la ensene ( ' }, 

saca una anima de pena el dîa del juicio sabra 

3' la suya de pecado. lo que esta oraciôn contiene. 

1 B (Taos). 

CAMINO DEL CALVARIO 

Por el rastro de la cruz (^ue Jesucristo llevaba 
camina la Virgen pura en una fresca manana. 
Como era tan de manana a la hora que caminaba 
las campanas de Belén tristes tocaban el alba. 
Encontrô a San Juan Bautista y de esta manera le habla: 
— ;No me bas visto por aquî al hijo de mis entraiïas? 
— Por aqui pasô, senora, antes que el gallo cantara. 
Cinco mil azotes lleva en sus sagradas espaldas. 
Très clavos lleva en sus manos con que ha de ser enclavado, 
ima corona de espinas con que ha de ser coronado. 
Una cruz lleva en sus hombros de madero muy pesada; 
tanto el peso le rendi'a que caia y se levantaba; 
una soga en su garganta, que era una pena doblada. 
Cada estirôn que le daba mi Jesùs se arrodillaba. 
Al punto que oyô la Virgen cayô al suelo desmayada. 
San Juan, como buen sobrino, luego acudiô a levantarla. 
— Levântese. tia mfa, que no es tiempo de tardanza, 
que el martirio de Jesûs es libertad de las aimas. 

Sigue el final, que lo convierte en oraciôn, algo diferente del 
de la version A. Se déclara que la oraciôn se Uama pasiôn, como 
\'a hemos dicho, y que se canta. 

El que esta pasiôn cantare El que la oye y no la aprende, 

todos los viernes del ano quien la sepa y no la enseiie, 

saca una anima de pena el dia del juicio sabnî 

y la suya de pecado. lo que esta pasiôn contiene. 



( ■ ) Lecciôn original enccna. 



220 ROMAN'CERO NUEVOMEJICANO 



Las dos versiones nuevomejicanas vienen del niismo romance 
y de una version nuevomejicana, ûnica (jue, sin duda, se cono- 
cia en Nuevo Méjico en el siglo xviii, traîda por los misioneros 
franciscanos. Creo que es un buen ejemplo de romance tradicio- 
nal conservado con fidelidad. La version oral es superior a la 
manuscrita y nos ayuda a corregir algunos defectos de esta, 
ejemplo elocuente de la vitalidad de la tradicion oral y prueba 
évidente de que la tradicion puede conservar un romance con 
mas fidelidad que las fuentes manuscritas. 

Como ya queda dicho, este romance es casi desconocido. Las 
versiones nuevomejicanas son las mejores versiones conocidas 
(pues la chilena, de que hablamos en seguida, es un mero frag- 
mentoj y las mas complétas, aunque tengan solamente diez y 
ocho versos. 

En las publicaciones espafiolas peninsulares no he encontrado 
ni rastro, mucho menos version, de este romance tradicional- 
En la tradicion chilena, al contrario, se han encontrado muchos 
vestigios del romance. Varios versos de unas largas séries de 
copias que el pueblo chileno llama oraciones, y verdaderamen- 
te lo son, y un fragmente de romance que forma la ûltima parte 
de una oracion compuesta a todas luces de dos romances tradi- 
cionales, todos publicados en la importantisima obra del distin- 
guido folklorista chileno D. Ramôn A. Laval, Oraciones, Ensal- 
mos i CoujiD'os del Pnehlo Chileno, Santiago, 1910, es lo ûnico que 
conozco que se puede comparar al romance nuevomejicano. 

En paginas 86-92 de la citada publicaciôn de nuestro colega 
chileno se puede ver una larga série de copias que forman una 
oracion, llamada las alabanzas, que el pueblo chileno reza, can- 
tando una persona mayor las estrofas y los demas respondiendo 
con el coro. \\n esta primera version de las alabanzas chilenas 
se encuentran algunos versos que parecen tener relaciôn con el 
romance de que se trata, pero no directa. 



ROMXN'CI-.RO Nl'EVOMEJICANO 221 



Nùm. lo. 



Xûni. II. 



El Seiior anda perdido, 
la Virgen lo anda buscando. 
— ^No me han visto por aquî 
una estrella relumbrando? 

Alabemos al Setioi ... 

— Yo lo vi pas.ir, senora, — 
los gallos 'taban cantando, — 
con una cruz en los hombros 
y un madero muy pesado, 
y del peso de la cruz 
Jesucristo arrodillado. 

Alabemos al Senor... 



La semejanza salta a la vista, pues algunos versos son casi 
idénticos; pero no creo que vengan de la misma version primi- 
tiva. Los versos chilenos vienen, tal vez, de un romance antiguo 
que trataba del mismo asunto, pero que se diferenciaba bastante 
del romance que diô origen a las versiones nuevomejicanas. 

F.n los versos chilenos no veo la discrepancia que Laval quiere 
conegir. Los versos, 

— ;No me han visto por aquî 
una estrella relumbrando? 

dicen lo mismo que los de la version nuevomejicana, 

— ;No ha pasado por aquî el hijo de mis entranas? 

y pueden referirse, lo mismo que éstos, a la \^irgen que sigue a 
Cristo, camino del Calvario, y no al nino perdido. 

En la segunda version de las alabanzas chilenas (Laval, 92-97) 
hay también versos de varias procedencias, algunos de ellos 
tomados seguramente de romances tradicionales. Las estrofas lOi 
II y 12 son parte de un romance tradicional muy bien cono- 
cido. Véase Traditional BaUads front Andalnda (Espinosa) en 



222 ROMANCKRO NUKVOMKJICANO 



Flûgel Mémorial Volume^ Stanford University, California, 1916,. 
paginas IO6-IO7, y el romance de Alnaeria, numéro II, que 
también lleva elementos de dos romances: Camino de Belén, 
del cual se han sacado las estrofas arriba citadas, y Camino del 
Calvario. Las estrofas 12, 13 y 14 de esta segunda version de 
las alabanzas chilenas parecen llevar relacion con el romance 
nuevomejicano que vamos estudiando, pero no vienen tampoco 
del mismo romance primitive, sino de uno parecido: 

Jesiicristo se ha perdido, 
la Virgen lo anda buscando: 
— ;Dônde han visto por aquî 
una estrella relumbrando? 

Angeles y serajïnes... 

— Por aqui pasô el Senor 
dos horas antes del dîa, 
con una cruz en los hombros 
y una corona de espinas. 

Angeles y serafines... 

Ya lo llevan, ya lo traen 
por la calle e l'Amargura, 
como mil azotes lleva 
atado en una columna, 

Atigeles y serafines... 

Pasando adelante a la estrofa numéro 17, nos encontramos- 
con el principio del romance nuevomejicano, version A, pero- 
creo que version B es la que conserva el verdadero principio de 
la version primitiva: 

Por el rastro de la sangre 
que Jesucristo derrama 
camina la Virgen para 
con su divina compana. 

Solamente el ûltimo verso no es idéntico en ambas versiones- 
l'^n lugar de con su divina conipaùa, las dos versiones nuevome- 



KDMANXEKO NUEVO.MEJlCANi > 22; 



jicanas dicen oi mm fresca niaùana^ que creo es la lecciôn primi- 
tiva. Cuando salgan a luz otras versiones del romance, se sabra 
esto con mas seguridad. Lo que si podemos decir ahora coa 
entera seguridad es que estos versos chilenos y el romance 
nuevomejicano vienen de la misma version antigua. 

La estrofa l8 de las alabanzas chilenas recucrda algunos ver- 
sos del romance; pero la relacion no puede ser directa, y creo- 
(jue su procedencia debe buscarse por otros rumbos. 

En la obra, ya citada, de Laval, encontramos otra version de 
romance devoto, pâg. 141, Des Je el monte de Belén siete léguas 
al Cahurrio, que ofrece también algunos versos que recuerdan. 
el romance nuevomejicano. La relacion esta en el asunto y no 
en el romance mismo, aunque Ueva la misma asonancia. EL 
romance chileno es un romance diferente. En el siglo xvi exis- 
tieron, sin duda, varios romances que trataban de este asunto. 

Kn paginas 145-147 de la publicaciôn de Laval hay una com- 
posiciôn de gran interés, donde entran, por lo menos, dos ver- 
siones de romances tradicionales. Los primeros trece versos son 
idénticos a la oraciôn de San Aliguel, numéro 98, y entran en lii 
relacion el santo (en este caso San Cristôbal), Santa Magdalena 
y Jesucristo. Estos trece versos vienen de otro romance y no 
pertenecen con los versos 15-29, que son una version fragmen- 
taria del romance primitivo de que se derivan las versiones- 
nuevomejicanas. Fuera del romance nuevomejicano en sus dos. 
preciosas versiones, esta version chilena, aunque muy fragmen- 
taria, es la ûnica que se conoce de este romance. Las versiones 
nuevomejicanas tienen 18 versos y la chilena solamente siete. 
Son versiones del mismo romance antiguo. Por desgracia, falta 
en esta version chilena el medio verso en una fresca manana. 
-San Juan camina con la Virgen, y también la Magdalena; por 
otra parte, los siete versos de la version chilena cuentan lo' 
mismo, y con los mismos vocablos, que otros tantos versos de- 
las versiones nuevomejicanas. Las versiones nuevomejicanas son 
bastante complétas, mientras que la chilena es un mero frag- 



'.24 ROMAXCKRO NUEVOMFJICANO 



mento; pero solamente en esto consiste la diferencia entre ks 
très versiones. En fin, para no defraudar los deseos del lector 
que no tenga a la mano la publicaciôn del senor Laval, damos 
en seguida la version chilena del romance que tanto nos intere- 
sa. Arreglo los versos segûn me parece que deben arreglarse, y 
van en bastardilla todos los versos y vocablos que son idénticos 
a los de la version nuevomejicana A, y entre paréntesis los que 
son idénticos a los de la version B: 

[/*or el rastro de la sangre] 

ca/nùian la Virgen santa 

San Junn y la Magdalena juntos los très caminaban. 
Las campanas de Belén tocan la oraciôn del alba ( ' ). 
■ — (No me han visto/c;- aqin pasar al hijo de mi aima? 
— Si, seiiora, si lo vi antes que el gallo cantara, 
con [una cruz] en los [hombros] [de madera muy pesada] 
que apenas andar podîa del gran peso quf llcvaba. 

Comparando todos los versos con los de las versiones nuevo- 
mejicanas, los que no resultan idénticos en absoluto, son tan 
semejantes que no cabe ninguna duda que pertenecen todos al 
mismo romance primitivo. 

El segundo romance nuevomejicano fue recitado por una 
india del pueblo indio de Santa Clara. Es version muy estropeada 
y evidentemente faltan algunos versos. Su reconstrucciôn es 
muy difîcil, y nos contentamos con publicarla tal como la sefio- 
rita Freire-Marreco la oyo. 



I.A VIRGEN PRESIENTE LA PASION 

En cl monte Luci'a 
'staba Madré Marîa 



( i) Version nuevomejicana A, todos tocaban al alba; vcisiôn B, trts- 
. tes tocaban el alba. 



b 



ROMANCERO NUEVOMEJICANO 22$ 

con un libro de oro; 
la mitad rezaba, 
la mitad leia. 

vino 

su hijo unigénito. 

;Qué 'stâs haciendo, 

mi Madré Maria? 

— Que no duermo, ni ko, 

pero sorié un sueiio; 

que en el monte Calvario 

estaban très cruces, 

y en la mas alta 

'stabas tu clavao 

pies y manos. 

— Verdad sea, Madré !Maria. 

Sigue también un final que lo convierte en oracion, pero dife- 
rente del que hemos visto al fin del primer romance: 

El que rezare esta oraciôn 
très veces al dîa 
hallarâ las puertas 
del cielo abiertas, 
y las del infîerno 
nunca jamâs. 
Amén, Jesùs. 

De este romance conozco très versiones chilenas, ]:)ublicadas 
por Ramôn A. Laval en la obra arriba citada, n^^ 95-97' ^■'^^ 
très versiones son mas brèves que la nuevomejicana y son dife- 
rentes en algunos versos, pero creo que todas cuatro vienen del 
mismo romance primitivo. El versito que solo conserva la pala- 
bra vino de la version nuevomejicana debe ser el de las chilenas 
que dice //ega su hijo precioso, le dice su hijo precioso, o puede no 
faltar nada y la palabra vino ser parte del verso que sigue, cosa 
que me parece mas verisfmil. Los ûltimos versos de las très 
versiones chilenas son muy semejantes entre si y se diferencian 

Revue Hispanique. — P '.S 



226 ROMANCERO NUEVOMEJICANO 

bastante de la nuevomejicana. En esta el sueno de la \"irgen se 
refiere solamente a las très cruces del monte Calvario y que en 
una de ellas estaba clavado Cristo pies y manos, mientras que 
en las primeras se habla de v tu santisima hoca cou liiel y vinagre 
eitjugada, etc. La segunda version chilena tiene por final uno 
semejante al que da fin al primer romance nuevomejicano ya 
estudiado, primeros cuatro versitos, y la tercera version trae 
uno semejante a los ûltimos versitos de ese romance, contenien- 
do estos cuatro versos una verdadera clausula pénal. 

La version espaiiola publicada por Kodrfguez Marin (Ci2t!fo.'>- 
Pop/i/ares Bspûùo/cSy I, I.051) parece pertenecer al mismo ro- 
mance, lleva la misma asonancia, etc., pero es version muy frag- 
mentaria y estropeada. Véase también la observacion de ]. V\- 
cuha. Cifuentes (Romances Popiilares y Viilgarcs, Santiago, 1912, 
p. 107). 

.Vdemas de estas versiones chilcnas y espainolas, conozco una 
version portuguesa de la Isla de San Jorge (Azores) ( ' ), que creo 
relacionada directamente con todas ellas y con la nuevomejica- 
na. Por ser esta version la mas larga de todas, la damos en se- 
guida para que nuestros lectores puedan comparar: 

PRESENTIMENTO DA PAIXÀO 

Senhora Santa Maria, Que o meu filho era morto 

seu cabello de ouro fino! N'uma cruz crucificado. 

Preguntou seu bento filho: Seus sagrados pés e maos 

«Se velava, se dormia? N'inna cruz estào pregados! 

Respondeu Nossa Senhora: A sua sagrada bocca, 

— Filho, perguntas se vélo? cheia de fel e vinagre! 

Eu nào vélo e nào durmo, «Calae-vos, oh minha màc, 

Pela vossa vinda espero! Senhoi-a Santa Maria! 

Sonhei esta noite um sonho, Nào valera nào sonhar, 

Mais valera nào sonhal-o: Que isso verdade séria! 



( ' ) Thcophiio Braga, Romanreiro Gérai Porhiguez {2.^ éd.), 1907, II, 
446-447. 



KOMAN'CKRO NUEVOMEJICANO 



El ûltimo verso de esta version se encuentra también en la 
nuevomejicana, Verdad sea^ Madré Maria, pero no en las chile- 
nas ni en la espanola. Y no solo en eso se acerca esta version 
portuguesa mas a la nuevomejicana que a las demâs. El final que 
convierte al romance en oracion se halla también, y por curio- 
sa coincidencia es casi el mismo de la nuevomejicana. Siguen 
los dos: 



El que rezare esta oracion 
très veccs al dîa 
hallara las puertas 
del cielo abiertas, 
y las del infierno 
nunca jamâs. 
Amén Jesûs. 



Quem esta oraçào souber, 
Quando este mundo largar, 
As portas do céo abertas 
De par em par acharâ; 
Pelas portas do inferno 
Nunca por la p^assant. 



Il 



Aurelio M. Espinosa. 



MEMORIAL 
DE ALGUNOS CASOS 



Très copias conozco de este manuscrite: la primera y mas antigua se 
guarda en la Biblioteca Provincial y Universitaria de Sevilla ( ' ;; las otras 
dos, algo mâs recientes, pueden leerse en la Biblioteca Colombina (2). 

Comenzô a publicarse este interesante manuscrito en la Revista de 
lùlosofia, LUeratura y CienciasAç. Sevilla, en el ano de 1869 ( 3 ). Juzgando 
su propia obra, advierte la Revista à sus lectores que en la publicaciôn 
del «Mémorial» se omitieron algunos pârrafos ( + ); y después de leer lo 
que antecede, no he de encarecer yo el interés que tiene su publicaciôn. 

Las très copias son de letra del siglo xvii, y, segûn nota que lleva es- 
crita al margen la de la Biblioteca Provincial y Universitaria, de puno de 
Gallardo, la letra es de D. Juan de Loaisa. 

Desde luego es obra de autor anônimo; pero debe notarse que el en- 
cabezamiento del manuscrito de la Biblioteca Provincial y Universitaria 
asegura que el libro oi'iginal era propiedad del Deân de la Catedral de 



( > ) Es el 6.° manuscrito del tomo 75 de «Varios.» Estante 333. Fo- 
lios 130 â 153. 

(2) El ûltimo manuscrito del tomo 112, 2 de «Varios», 17 hojas sin 
foliar, y el 27 del tomo 103 de «Varios», 34 hojas sin foliar. El ilusti-e his- 
panôfilo Morel-Fatio asegura que existe otro en la Biblioteca de Bruselas. 

(3 ) Lo copiô del manuscrito de la Biblioteca Provincial y Universita- 
ria (nùm. 75.328), tomo I, pâgs. 249, 251, 270 y 273; tomo II, 328, 329, 425 
y 42S. La Revista esta agotada. 

( + ) Asi dice la nota de la pagma 518 del tomo VI, y. en efecto, no pu- 
l)licaron ni la mitad, pues se dctuvo en el caso de D. Pedro Gii"6n, que 
se narra al folio 144. 



DR ALGUNOS CASOS 229 



Sevilla, D. Diego de Curdov;i; en i;i lista de los Deanes aparece Don 
Diego Fernândez de Côrdoba, Marqués de Alminar, nombrado para este 
cargo en el ano 1593, que tomô posesiôn en el siguiente, à 4 de Julio, y 
que muriô en Madrid en el aîïo de 1624 ( • ). Pero las dos copias de la Bi- 
blioteca Colombina no citan el nombre, sino las iniciales D. D. C, y 
<Tunque le llama Dean, no especifican dônde ejerciera el cargo. Fâcil- 
mente podrîa creerse que indicaban lo mismo que en el anterior manu- 
scrito, si el Sr. D. Joaquîn Guichot, en una obra, al citar un caso de este 
manuscrito, no hubiese anadidn que lo tomaba de un «-Mémorial de cosas 
aji lignas, que se dice escribiô el Dean de Toledo D. Diego de Castilla», y que 
anda manuscrito (2). Como no dice dônde tomô semejante noticia, han 
sido inutiles mis gestiones para averiguarlo; solo puedo asegurar que el 
diligente D. Nicolas Antonio, que cita a D. Diego de Castilla ( 3), no hace 
la mas levé indicaciôn de que escribiese tal obra, y que quita todo valor 
a la ascvcraciôn del Sr. Guichot el haberla hecho précéder del se dice. 

Me inclino, pues, a suponer que el poseedor del libro original de dôn- 
de se tomaron estas copias era el Deân de Sevilla D. Diego Fernândez de 
Côrdoba, muy conocido en la Corte, y donde tuvo amistad, como vere- 
mos luego, con D. Luis Zapata. Y mas aûn puede llegar hasta sospe- 
charse que el anterior dueno del manuscrito fué D. Francisco de Mendo- 
za, grande aficionado â las letras, autor de preciadas obras, Cardenal de 
la Iglesia Romana y Obispo en Burgos de 1550 a 1566, en que muriô ( + ). 
Me fundo en que un manuscrito de la Biblioteca Colombina ( :• ), refi- 
riendo los consejos que el Rey D. Enrique II diô à su hijo en el moments 
de morir, cita las palabras, tomândolas de «?/« libro antiguo de cosas no- 
tables» que ténia el Cardenal de Biirgos D. Francisco de Mondoza^ , y esos 
consejos se leen en el Mémorial casi con las mismas palabras ( 6 ). 



( ■ ) V. la Revis ta tomo I, pâg. 249. 

f-) Pagina 264 del Eiisaxo de revindicacidn del Rey D. Pedro I de Cas- 
tilla, Sevilla, 1878. Lo repitc D. j. B. Sitges, Mugeres del Rey D. Pedro, 
Madrid, 19 10, pâg. 64. 

( 3 ) Bibliotlieca nova, II, 273. 

( + ) V. la Espana Sagrada del P. Flôrez, tomo XXVI, pâg. 431. 

( 5 ) Folio 32 v. de la «Historia verdadera del Rey D. Pedro, el Justi- 
clero, escrita por Gratia Dei, y sacada esta copia por una que se sacô en 
tiempos de Phelipe II» (RR. 247. 16 (83.5)). 

(6) Copia de la Biblioteca Provincial y Universitaria, fol. 150; en el 
mismo lugar se encuentran en las dos copias de la Biblioteca Colombina. 



230 MEMORIAL 



El contcnido de este lo forman anécdotas, hechos histôricos, frases 
agudas ô ingeniosas, y de su contexte se puede concluir que fut- termi- 
nado en la primera mitad dcl siglo XVI ( ■ ). 

Por su contenido, por su estilo, sencillo, sin pretensiones retôricas y 
hasta por hallarsc algùn caso en ambas obras, présenta el «Mémorial» 
bastante analogîa con la «Miscelânea» de D. Luis Zapata, y, aunque de 
mener extension, es de mayor antigûedad. 

Es un hecho comprobado la amistad que unie al Dein de Sevilla con 
D. Luis Zapata, quien le dedicô una obra titulada «Libro de Cetrcria», 
que se conserva incdita en la Biblioteca Nacional {'). 

Juzgando la «Miscelânea» de Zapata, dice Menéndez y Pelayo que es 
«Repertorio inagotable de dichos y anécdotas de espaiioles famosos del 
siglo XVI, mina de curiosidades que la historia oficial no ha recogido, y 
que es tanto mâs apreciable cuanto que no tenemos sobre los dos gran- 
des reinados de aquella centuria la copiosa fuente de «Relaciones y Avi- 
sos», que suplen el silencio 6 la escasez de crônicas para los tiempos de 
decadencia del poderi'o espaîîol y de la Casa de Austria. Para todo gé- 
nère de estudios literarios y de costumbres; para la biograffa de célèbre-^ 
ingenios, mâs conocidos en sus obras que en su vida intima; para alardes 
y bizarn'as de altivez y fortaleza en prospères y adverses cases, conflictos 
de honra y gloria mundana, sutilezas corteses, donesas burlas, chistes, 
apodes, motes y graccjos... ofrece la Miscelânea de Zapata mies abundar-- 
tîsima y que todavîa no ha sido enteramente recogida en los trojes, â pe- 
sar de la frecuencia con que la han citado los crudités». «Para cenocer 
ideas, sentimientos y preecupaciones de una épeca ya remota, escrites 
sin plan ni mctodo, conio gârrula cenversaciôn de un vieje, son docu- 
mentes inapreciables, mayormente en nuestra literatura, donde este gé- 
néra de misceldiieas familiares son de hallazgo poco frecuente ( 3 ). 

La analegi'a de ferma y fonde entre la «Miscelânea» y el «Mémorial»; el 
ser el auter de este menés crédulo que el bueno de Zapata; el censer- 



( ' ) La anécdota mâs reciente que refierc es de 1540, este es, del rei- 
nado de Caries V (15 17- 1556). 

(a) Dos manuscrites se censervan de esta (jbra en verso, L 88 y 174 
y T. 298, segûn el Mémorial histârico espariol, tome XL p- ix, y acaba asi: 

«Ya acaba aquesta obra, y â Dios ruego, 
Caro seîior D. Diego, que lo hecho.» 

(3) Origcnes de la Novela, tome II, pâgs. xxxvii y siguientcs. 



DE ALGUNOS CASOS 23 I 



varse, en el tantas veccs citado manuscrito, aliiûn caso lecuerdo de la 
tradiciôn bocachesca; el haber sido arsenal de donde se sacaron anéc- 
dotas para obras postcriores y, sobre todo, el juicio antes transcrite del 
Principe de los crîticos espaholes, justifican y avaloran la publicaciôn del 
«Mémorial». 

Si la lectura de este da al lector una idea de aquella Espafia viril de la 
época de los Reyes Catôlicos, se darâ por muy satisfecho de haberlo pu- 
blicado por primera vez fntegro y sin alteraciones 

C. Saxz Arizmendi. 



MEMORIAL DE ALGUNOS CASOS REFERIDOS EN UN 

LIBRO ANTIGUO MANUSCRIPTO QUE DEX(') DON 

DIEGO DE CORDOXA, DEAN DE SEVILLA 



Al Duque Charles de Rorgona desalîaron en un dia el Rey 
de Francia, el de Inglaterra y el Emperador de Alemania, cada 
uno por su parte. El, oyendolo, y teniendo cerca de si una pe- 
rrilla sin cola, dixo: «Cien mil ducados diera porque el Rey de 
Castilla me desafiasse tambien, y porque esta perrilla tuviese 
rabo.» Venciô todas très batallas; pero en la ûltima, que fue del 
Rey de Francia, no parecio vivo ni muerto. 

2(0 

Un soldado de los del Rey de Francia se hallo un almete 
guarnecido de piedras de gran valor, y Ilevôlo al Rey de Fran- 
cia a que lo comprasse. Violo el Rey, contentole, mandôlo apre- 
ciar, y apreciaronlo en tanto que lo dexô al soldado, mandan- 
dole dar por su buen comedimiento de traherselo, très mil coro- 



( ' ) Esta anécdota falta en las dos copias de la Biblioteca Colombina. 



2 32 MEMORIAL 



nas de oro. Oydo esto por un soldado espanol, dixo alto que lo 
oyô el Rey: «Si esse soldado hubiera ido al Rey de Castiila, 
dieranle tormento porque dixesse de la bavera.» 



Don Pedro Giron, hijo mayor de D. Rodrigo (liron, primer 
conde de Lreiia, casado con una hija del Duque de Médina Si- 
donia, muerto el Duque D. Henrique, su cuiîado, sin dexar hijos 
légitimes (que unos que dexô no eran legitimos), se intitule Du- 
que de Médina Sidonia, y originaronse pleytos. Era muerto el 
Rey D. Fernando el Catholico; governaba estos Reynos el Car- 
denal Zisneros, Arzobispo de Toledo, mientras venia de Flandes 
el Rey D. Carlos, y llamô a Madrid, donde estaba, al Pedro Gi- 
ron, Conde de L refïa. Pue, y passando un dia por la Puerta d(; 
Guadalaxara, vio en la tienda de un platero una joya que le pa- 
reciô bien; dixole: «Llevadmela a casa.» El platero, que no lo co- 
noscia, le dixo: «Ouién es V. Merced.^» El Conde, que estaba 
arrepentido de la venida al llamamiento del Cardenal, dixo: «Xo 
nadie, pues venimos aca.» 

4 ( ' ) 

Llegô a este D. Pedro Giron cierto cavallero que fue criado 
de su padre y dixole: «Seiïor, ando para casarme y nécessite de 
que V. S. me haga merced de mandarme prestar dos mil duca- 
dos, que dentro de veinte dias los bolveré.» El Conde mandôse- 
los dar luego. Diolos el camarero, quedandole una cédula. Cum- 
plidos los veinte dias, bolviô el cavallero con los dos mil duca- 
dos. Entrô donde el Conde se passeaba, hizo su acatamiento. 



^ ' ) Desde aquî cstân sin numemr las siguientes anécdotas, en cl ori- 
ginal. 



DE ALGLINOS CASOS 233 



rairôlo el Conde y prosiguiô su passeo. Dixole el cavallero: «Se- 
nor, los dos mil ducados que V. S. me hizo merced fueron parte 
para que yo me casasse; ya los buelvo aqui, suplico a \". S. man- 
de que los reciban y que me buelvan una cédula que dexé.» El 
Conde, como ageno de lo que le dezian, dixo: «Oué cédula o que 
ducados son estos, que no os entiendo? Quien sois vos?» «Yo, 
senor, dixo el cavallero, soy fulano, a quien \^. S. hizo merced de 
mandar prestar essotro dia dos mil ducados. > Dixo el Conde: 
«Andad, amigo, con Dios, que ni os conosco, ni se lo que decis.:> 
Tornô a replicar el cavallero. El Conde bolvio a decir: -> Amigo, 
andad con Dios, que ni os conosco, ni se lo que decis. » Dixo el 
cavallero: «l'ues mande V. S. que me buelvan mi cédula.» El 
Conde mandô llamar al camarero y dixole: «Mira que cédula tie- 
nes de esse hombre, y dasela. Trajola y diosela. Y dixo el Con- 
de al cavallero: cAndad con Dios y no bolvais mas aca con 
esa demanda.» 



El Rey D. Alonso Onceno huvo en Dona Leonor de Guz- 
man un hijo llamado D. Fadrique Henrriquez, el quai en Dona 
Paloma, judia de Guadalcanal, huvo a D. Alonso Henrriquez, 
primer Almirante de su casa. 

Este D. Alonso huvo en Doiia Juana de Mendoza, con quien 
casô (mas por fuerça que por voluntad) très hijos y nueve hijas, 
a todas las quales casô con grandes seiiores de Castilla, y el hijo 
mayor D. Fadrique casô cinco, v la una fue madré del Rey Don 
Fernando el quinto. De manera que en Castilla, casi no hay se- 
fior que no descienda de D.^ Paloma. 

Supuesto esto, sucedio que andando el dicho Rey D. Fer- 
nando a caça, fue un halcon con una garça, y alexôse tanto, que 
el Rey la dexo, passando adelante y siguiendo Martin de Roxas, 
hasta que le vio dexar la garça y tirar tras una paloma. En esso 
se bolvio don de estaba el Rey. El Rey que le vido, preguntole 



234 MEMORIAL 



por SU halcon. Martin de Roxas dixo: «Senor, alla va tras nues- 
tra aguela.» Que este Martin era tambien descendiente de la 
misma Paloma. 



En nuestras Chronicas de Espana ay muchas faltas de niu- 
chas cosas dignas de memoria, cjue se quedaron sin escrivir, o 
por descuydo, o inadvertencia, o porque los Reyes passades no 
permitieron ponerlas, o porque tocaban a personas de sangre 
no tan clara. Esta ultima me pareze cosa contra razon mas que 
las otras, porque quanto mas baxa la sangre de uno, tanto en 
mas se ha de tener qualquiera hazaiia suya, que no de aquellos 
que de sus passados se las traheron y el ser virtuosos y fuertes, 
y los que no lo son, son mas llenos de culpa, y esta razon, haze 
mayor la gloria de los primeros. Y sin passion mirandolo, ape- 
nas se hallarâ linage, cuyos principios no ayan sido de baxas 
personas, y tan valerosos que despues sus descendientes se ayan 
preciado de venir de ellos. 

El escriptor verdadero y sin lisonja de Julio César, por hijo 
de un procurador de causas o abogado lo pone. Los primeros 
pobladores de la gran ciudad de Roma, sefiora del mundo, adul- 
terinos fueron, y de virgen consagrada a los falsos dioses, porque 
Mars, de quien fingen sus escriptores ser hijos Remo y Romulo, 
era ya muerto, y los muertos no engendran, aunque la falsa ley 
de los gentiles lo finge; ni estos pudieron ser hijos de Macs, ni 
Hercules de Jupiter, porcjue ya eran muertos, y aunque los gen- 
tiles los adorassen por dioses, ellos como viciosos estaban en el 
Infierno. De donde se sigue que la madré de Remo y Romulo, 
encendida de apetito carnal, se juntô con el primer hombre que 
topo; y por ventura séria de tan baxa condicion que no lo quiso 
dar por padre a sus hijos, y, como cosa que no se sabia, esco- 
giôles padre que luesse tenido y adorado por tlios, porque por 
este titulo tuviesse color de escusarse de la culpa del adulterio; 



DE ALGUNOS CASOS 23$ 



o por Ventura los escriptores, para lisongear a los que de elles 
vinieron, lebantaron esse testimonio a Mars, y con todas essas 
condiciones, si alguno pudiesse probar venir de essos en nues- 
tros tienipos, su sangre y linage séria tenido por el mexor del 
mundo. () quan barbaro y vil linage fue el de los godosl y por 
preciarse los Reyes de Espaàa de venir de ellos se aprecia mucho. 
Ahora en nuestra Espaiîa no aprovecha la antiguedad y nobleza 
de sangre mas que para hazer a los hombres altivos y desdefîo- 
fios, y mas si ay copia de hazienda, y lo que avia de hazer vir- 
tuoses, los haze desabridos. Xo ay linage en el mundo que en 
sus principios no aya tenido escoria, y mas en nuestra Espana. 
Y esto se prueba porque no ay alguno que pueda probar ve- 
nir de extrangeros que no sea tenido por mejor que los natura- 
les, despues de la destruccion de l^spana, que en ios godos se 
hizo por la voluntad divina, por los alarabes moros, enemigos de 
nuestra fee, por los graves peccados suyos, no por solo el pecca- 
do de D. Rodrigo con la Caba; despues muchos Reyes en Espa- 
na han sido malos como I). Rodrigo, y no ha sucedido castigo 
tal. Alli digo, en aquella destruccion, fenesciô toda la nobleza 
goda, y de los naturales, y començaron nuevos linages en Casti- 
11a. Y esto creo ser lo principal por que se precian muchos de 
venir de extrangeros, porque quedaron pocos y vaxos, bien que 
quedaron algunos nobles de quien vienen algunos que ahora lo 
son. 

Las Casas y linages de CastiUa son quatre: Lara, Haro, Cas- 
tro, Cisneros. 

De la Casa de Lara pretenden venir los Manriques, por hem- 
bra, que ellos extrangeros son, alemanes, que vinieron a Castilla, 
a la fama de la guerra de los moros, dos hermanos, uno llamado 
Manrique, id est, hombre rico; otro Guzman, id est, fuerte 
hombre, y assi trahen unas armas con poca diferencia. Estes 
probaron bien, y los Reyes les hicieron varias mercedes, como 
se ve en las grandes Casas de ellos en Espaiia. 

De Haro ya casi no ay alguno, sino es en Cordova D. Luis 



236 MEMORIAL 



Mendez de Sotomayor, senor del Carpio, hijo de D. Diego Lo- 
pez de Haro )'• nieto de Luis Mendez de Sotomayor, senor del 
Carpio, de donde heredô el nombre de Sotomayor y la casa del 
Carpio. Es assi que en Côrdova ay otro hermano llamado Don 
Diego Lopez de Haro. La Casa de Castro fue muy grande en 
(ialicia, y aun fuera. Ahora de nuevo torna a convalescer, aun- 
que no en el estado que solia. 

La de Cisneros es del todo acabada. Oy decir al Duque del 
Infantado que él era la cabeça de ellos, y que estaban metidos 
en su casa algunos de los lugares que ellos posseyan. 

Tambien era gran Casa la de Coroneles, y ninguna memoria 
queda de ella. 

La Casa de Guevara, que es del Conde de Onate, es de tanta 
antiguedad, que primero huvo Condes de Oiiate que Reyes de 
Castilla. Diz que vinieron de Inglaterra. 

El que puede, en nuestra Espaiia siempre apella al origen de 
afuera. Al comienço de la poblacion, gente barbara fueron; mas 
esso durô muy poco, y huvo luego muchas y muy valerosas per- 
sonas en armas y en letras. El Gran Capitan decia que, traspues- 
to, cada espanol se bolvia valeroso, por ruin que fuera. 

Es tradicion inveterada que Toledo se perdio en la forma er. 
que se ganô por el Rey D. Alonso: que fue por trato con los ju- 
dios que la moraban, y que, ganada, tratô el Rey de pagar a los 
judios el servicio, haciendoles principales de la ciudad, bolvien- 
dose chistianos; que en esto huvo mucha resistencia, y en fin se 
efectuo, tomando los converses el nombre de la ciudad por ape- 
llido, y que todos los Toledos antiguos venian de ahi. 

La Casa de Mendoza, grande y extendida en estos reynos, 
desciende de Pero Gonzalez de Mendoza, seiîor de Hita y Buy- 
trago, a quien no se conoce padre. Verdad es que el Rey Don 
Sancho el Bravo, en un privilégie en que hizo villa a Salvatierra 
de Alava, confirmado por los seiîores y ricos homes de Castilla, 
confirma, y dize una de las confirmaciones: «El Conde D. Inigd 
Lopez de Mendoza confirma. > Dicese que estos senores ]\Iendo- 



DE ALGUNOS CASOS 23/ 



zas vienen de aqucl capitan que defendio la entrada de los ro- 
manos en Espana. 

Cordova viene de dos adalides, Benito de Vanos y Domingo 
Colodro, naturales de Coveria, los primeros que escalaron la 
muralla cuando el Rey D. Fernando la ganô. Ay pocas casas en 
Espana donde tantos senalados varones aya avido. Ay entre ellos 
cinco o seis casas niuy principales. 

Don Juan I de este nombre, Rey de Portugal, hijo de D. Ilen- 
rique el Bastardo, fue vencido en la de Aljubarrota por el Maes- 
tre de Avis, y por los portugueses que tenian su voz. Espanta- 
ronse muchos de tal vencimiento, siendo los portugueses menos 
en numéro, y menos exercitados, y atribuyenlo a la corta Ven- 
tura del Rey D. Juan, y otros al juycio justo de Dios. 

Xo se haze mencion en su chronica de esto, ni de algunas 
otras cosas que se diran, y anotanse, para que se este en el ori- 
gen de los sefiores de la Casa de Benavente. 

Don Fernando, rey de Portugal, se enamorô de D."* Juana de 
Meneses, muger de Juan Lorenzo de Acuna, cavallero portu- 
guez, padres de D."" l>eonor de Meneses. 

Crescio tanto el amor del Rey, que, sacada dipensacion del 
Papa, a quien en tiempo de scisma avia dado obediencia, y pres- 
tado por el Rey consentimiento para que, cada vez que Juan Lo- 
renzo quisiesse pudiese ella, sin impedimento, juntarse con él, 
se casô con ella, contra todo derecho y razon. Pero Juan Lorenzo 
se desterrô por su voluntad y se passo a Castilla en vida de Don 
Henrique el Bastardo, y todo el tiempo que vivio trajo puestos 
en la cabeça de su cavallo unos cuernos. 

El dicho D. Fernando, ya casado con esta D.' Juana de Mene- 
ses, tubo en ella una hija llamada D."' Beatriz, que, jurada por 
los ricoshomes y Consejos de Portugal por Infanta heredera, 
casô con el Rey D. Juan Primero de Castilla. 

]\Iuerto el D. Fernando, Rey de Portugal, tue llamado el Rey 
D. Juan de Castilla para ([ue junto con su muger D."'' Beatriz he- 
redasse el Reyno. 



238 MEMORIAI- 



El Rey D, Juan con algunas ocupaciones se detuho. \'inieron 
a Castilla muchos fidalgos de Portugal a le ver y hazer sumi- 
ssion; y como el Rey no los recibiesse con la gracia, benevolen- 
cia y amor que ellos con su presumpcion se querian, bolvieronse 
y llegaronse al Maestre de Avis, que ya y desde luego se llamô 
Rey de Portugal. Y de aquî se lebanto la guerra, y resultô la ba- 
talla de Aljubarrota, como en la cronica del Re}' D.Juan lo pue- 
de ver quien quisiere. 

Resta saber que fue de esta Reyna de Castilla D.^ Beatriz. El 
Rey D. Juan su niarido le dexô por heredad a Arjona y Arjo- 
nilla, en la quai vivia juntamente con D." Juana de Meneses, su 
raadre, y con la D.^ Leonor de Meneses, su hermana, hija del 
dicho Juan Eorenzo de Acuna, hasta que el Rey D. Henrique 
el Uoliente le quito a Arjona y Arjonilla (para el Duque de 
/Vrjona, hijo del Maestre D. P^adrique, hermano del Rey Henrique 
el Bastardo), dandole en recompensa a Henavente y su tierra. 

Con esta Reyna D.^ Beatriz vino de Portugal un Juan Alonso 
Pimentel, cavallero portuguez, que solo de los portugueses per- 
manescio con esta Reyna. Por esso ella lo caso con su hermana 
la dicha 1)."^ Leonor de Meneses, y le dio a Benavente y su tierra. 
Y este es el origen de los Condes de Benavente. 

Muerta esta Reyna D.'^ Beatriz, fue enterrada en Sancti Spiri- 
tus de Poro, y de alli despues fue llevada a Portugal. 

Doiîa Juana de Meneses fue enterrada en el claustro del con - 
vento de la Merced, en Valladolid, en una pared. 

Juan Lorenzo de Acuna fue enterrado antes en el mismo 
claustro, en la misma pared, debaxo de donde despues fue ente- 
rrada la dicha I ).^ Juana su muger. 



Don Gonzalo Eernandez de Cordova, Gran Capitan, el niayor y 
mas senalado que de nuestra l'^spaîia ha salido, fue de la zepa de 
Cordovi>, hijo segundo de D. Pedro P'ernandez de Cordova, se- 



DE ALGUNOS CASOS 239 

nor de la Casa de .Vg'uilar y Montilla, principal y cabeza de todos 
los de Cordova. .Monso de Barrionuevo, natural de Madrid, que 
fue secretario del F.mperador I). Carlos, escribio una historia de 
este exceiso varon, y en ella hazanas espantosas, pero como es- 
cribio por relacion y no j)or hallarse présente, dexô cosas que es 
justo que no se olviden. 

Es assi quemuerta laReyna D. Isabel, que le puso el renombre 
de Gran Capitan, el Rey D. Felipe I quiso posseer a solas estos 
Reynos, por lo quai el Rev D. Fernando su suegro huvo de pas- 
sarse a su Reyno de Xapoles, harto dolorido de dexar esteReyno. 

A pocos dias murio el Rey I). F^elipe, y fue Uamado el Re\' 
D. Fernando para que bolviesse a governar por su hija I )."\|uana. 
Y como este llamamiento entendiesse no ser de voluntad de 
todos, y que algunos grandes de estos Reynos eran de contrario 
afecto, pareziale no quedar seguro Napoles, si no desarraygaba 
de alli al Gran Capitan, que alli, despues que la gano, avia liecho 
su mansion como \ isorey, por volunlad de la Reyna D.^ Isabel 
y aun del mismo Rey I). Fernando. 

Era el Gran Capitan alli tan amado,que a qualquiera cosa a que 
se pusiera se inclinaran, porque tubo, entre las otras buenas par- 
tes, dos que lo hizieron muy amado: gran liberalidad y buena 
crianza, y una y otra con gran prudencia y discrecion. 

De aqui se rezelaba el Rey D. Fernando, y tratô de arrancarlo 
de Napoles. Diole para ello el Maestrazgo de Santiago, y hizole 
sacar las Bullas, y trahoselo consigo. 

Viniendo a Espana, llegô a Marsella a verse con el Rey Luis 
de Francia, el quai no conoscia de vista al Gran Capitan; dioselo 
a conoscer el Rey D. Fernando; y hizole Luis grande honra, y 
lebantôlo, y dixole: «Si fuerades mio, yo os hiziera Rey de Na- 
poles, y Vos a mi del L^niverso. Hizole 9I tiempo sentar a corner 
con él }- con el Rey D. Fernando, diciendole: «Sentaos, que 
quien a Re}'es vence con Reyes ha de corner. ■>. (Como dixo el 
Rey D. Alonso, que gano a Toledo, al Cid Ru\- Diaz). Sentôse y 
comio con ellos, y fue como ellos servido. 



240 MEMORIAL 



Sin embargo de todo esto, no le dio el Rey D. Fernando el 
Maestrazgo de Santiago que le avia prometido, antes, sucediendo 
cierta rebelion fecha por D. Pedro de Aguilar, Marques de Priego, 
su sobrino, le derribô en Alansilla la casa y fortaleza que alli 
ténia, la mas antigua y mejor de su solar. 

Ouiso el Gran Capitan casar una hija que ténia con el condes- 
table D. Bernardino de Velasco (viudo de D."* juana de Aragon, 
hija del Rey Catholico y padre de D.^ Juliana de Velasco, casada 
despues con D. Pedro de Velasco, que heredô la casa y estado 
de D. Bernardino). El Rey D, Fernando procuraba estorbar este 
casamiento, con mira de que el dicho Condestable no huviesse 
hijo que quitasse a D.^ Juliana su nieta la succession, y porque 
tan grandes dos Casas no se juntassen. Estando, pues, en Burgos 
en Palacio el Gran Capitan y el Duque de Alva altercando sobie 
este casamiento y otras cosas, se fueron encendiendo y dixo cl 
Duque de Alva: < Ya os vimos acâ en la guerra de Granada y no 
hizistis en ella mas que otro». Respondio el Gran Capitan: 
«Porque la guerra de Granada era para vos y para otros como 
vos, y la de Italia para mî solo». P^ueron ataxados por los circun- 
stantes, y la cosa no passô a mas. 

Posaba en Madrid en casa de Luis Xuiîez, senor de Villatranca. 
Una noche, estando él acostado, se prendio fuego en la casa, 
en la quai avia muchas riquezas. El Gran Capitan al ruydo se 
levante con una ropa sobre la camisa, y salio a los corredores 
preguntando que era aquello. Dixeronle que fuego sobre su re- 
camara, y respondio: «Pues matadlo; pensé que era en casa del 
huesped». Y tornôse a acostar como estaba, y tan sosegado como 
si fuesse cien casas de alli. 



A'iendo la Ilistoria del Rey D. Pedro de Castilla, a quien Da- 
man el Cruel, pareze averlo sido sobre quantos en Castilla reyna- 
ron. Y he visto a muchos de otro parczer, que no le llanian sino 



DE ALGUNOS CASOS 24 1 



lusticiero, considerando los desafueros que en su tiempo y en su 
presencia se usaron; v que el Choronista fue buscado a proposito 
y tiznado conio él mismo lo confiessa; \' que el Rey D. Henrique 
cl Bastardo, su hermano, que lo matô y le quitô el Rey no, por 
colorear su causa y embelezar bobos le hizo al Choronista poner 
tantas crueldades que no passaron, y taies cosas que passaron 
bolverlas de lado, y cou tal traza que parescan otra cosa. Yo oy 
a un hombre de verdad decir que avia topado un pedazo de chro- 
n^ca de I). Pedro, escrita de una no muy diferente de la que se 
iniprimio, y que en particular se acordaba que quando Mosen 
Heltran de Claquin traho al Rey D. Pedro a su tienda, despues 
de tenerlo alli enibiô por D. Henrique, el quai no conoscia a 
D. Pedro, como huviesse mucho tiempo que no le veya, y mos- 
trôselo Beltran que estaba a sus espaldas. Bolvio el rostro don 
Pedro, y como vio a D. Henrique, dixo: «O hi de la vagasa! aqui 
estas?» V esto cuenta muy diferente la Chronica de molde. \ 
otro caso fue que un Dignidad de (') la Iglesia de Sevilla 
matô a un çapatero de la misma ciudad, cuyo hijo salio quc- 
rellando contra el matador. Siguiose la causa y salio senten- 
cia del juez ecclesiastico condenando al homicida en que por 
tiempo de un afio no célébrasse. Ouedo muy sentido el quere- 
llante, y venido a pocos dias a Sevilla el Rey D. Pedro, acudio a 
él, repitiendo el caso, y su agravio. Dixole el Rey: «Seras ti'i 
hombre para matar al Arcediano.') Respondio el moço: «Si, se- 
iîor». — «Pues hazlo», dixo el Rey, «y tomate tu justicia por tu 
mano, pues que no te la dan». P.ra esto en vispera del Corpus 
Christi. Kl dia siguiente, yendo en la procession el Arcediano 
bien cerca del Rey D. Pedro, llegô el çapatero, y con la espada 
le diô dos estocadas, de que alli luego murio. Prendieron al moço! 
mandolo el Rey traher ante si v preguntole: «Porque has hecho 
esto aqui, y has muerto al Arcediano?: Respondio: «Seiîor, por- 



(i ) Tachado: Arcediano dt la Iglesia de Sevilla. 



242 MKMORIAL 



que me matô a mi padre injustam.ente, y aunque he pedido jus- 
ticia, no me la han hecho». El juez ecclesiastico que iba alli, dixo: 
«Senor, sî se le ha hecho, que al Arcediano se condeno en un 
ano de suspension de celebrar . El Rey bolvio a sus ministros» 
que tenian al moço, y dixoles: <Yo condeno a esse hombre en 
que en un aiio no cosa zapatos. Notificadselo, y soltadlo». Si esto 
fue crueldad o zelo de justicia, juzguelo el lector. ]{l Choronista 
de molde no conto esto, que \o contara de otr(i modo (' ). 



Don liernardino de \'elasco, Condestable de Castilla, el mejor 
que huvo antes ni despues (hijo de D. Pedro de Velasco, Con- 
destable, nieto, por su madré, de I). Inigo Lopez 'de Mendoza, 
]\Iarqués de Santillana, viudo de D.'^ Blanca, hija de (jarcia de 
1 terrera, Seiîor de Pedraza), casô segunda vez con D.^ juana de 
Aragon, hija del Rey D. Fernando el Catholico, en quien huvo 
a D.^ Juliana, que caso coai D. Pedro de Velasco, etc. 

Posando el Rey D. Fernando en Burgos, en las casas del dicho 
Condestable, su yerno, se despachô una cédula firmada del 
Rey contra el dicho Condestable, a su parezer injusta. Quexose 
al Rey, suplicandole la mandasse revocar. El Rey respondio que 
lo haria en el Consejo y le guardaria su justicia. Otro dia, aca- 
bando de comer el Rey, y quando todos llegaban a negociar, 
llegô el Condestable con una pluma en la mano y con una cédu- 
la revocatoria de la otra, dada contra él, y dixo al Rey: «Senor, 
firme V. A. essa cédula». El Rey la leyo, y dixo: «Esta bien; yo 
haré que la vean los del Consejo, y la firmaré». Replicô el Con- 
destable: «Seiior, catad que estais en mi tierra y en mi casa; no 
me afrenteis, que tengo très mil lanças y muchos parientes>->, y 



( I ) Esta anc'cdota apareciô en la /■'loresia, de Melchor de Santa Cruz, 
publicada en 1574. Menéndez y Pelayo, Or/a^enfs de la Novela, II, lxviii. 



DK ALGL'NOS CASjS 2^3 



quedandose un poco, prosiguio: «para vuestro servicio». Kl Key 
vio la alteracion y las veras y dixo: «Condestable, reniego de 
vuestras priessas>, y firmo. Al présente no se ve quien ossase 

dezir ta!. 

10 

Al ]\Iaestre D. juan Pacheco dio el Rey D. ITenrique I\' la 
ciudad de Truxillo, y el Maestre dio la tenencia de ella a un su 
criado, Pedro de Baeza, cavallero niuy digno. 

Muerto D. juan Pacheco, D. Diego Lopez Pacheco, su hijo, 
Marques de X'illena, Duque de Escalona, conservô en la tenen- 
cia al dicho Pedro de Baeza. 

Muerto el Rey D. Henrique, el dicho .Marques de \illcna, a 
quien el dicho Re\' avia encomendado a la Beltraneja, que se 
decia su hija, ténia la parte de ella, junto con algunos otros del 
Rey no, y con el Rey de Portugal, y todos essos la favorecian 
para cjue quedasse por heredera de estos Reynos. 

Doîia Isabel, hermana del dicho I ). Ilcnrique, casada con D. Fer- 
nando, Rey de Aragon, hizieron su diligencia y quedaron con el 
Reyno. Cercaron a Truxillo y al dicho Pedro de Baeza, y él tan 
valerosamente la defendiô, que aunque los dichos Reyes con todo 
su poder la acometieron, no pudieron tomarla. Ilicieronle ofre- 
cimientos de trecientos cuentos de renta sobre vasallos, y de 
casarle a su hijo con hija del Almirante, hermana del Rey don 
Fernando; y remitieronle carta del Maestre, por quien él la ténia, 
en que le mandaba que la entregasse, y sin embargo no quiso 
entregarla. 

Entrôse dentro el Maestre, y viendolo Pedro de Baeza, le dixo: 
♦ Senor, catad ahi vuestras llaves que me entregastis; hazed de 
vuestra fortaleza lo que mandareis, que vos podeis. l^o que quiero 
que sepais es que ella esta bien bastecida de todo lo necessario 
j)ara très aiîos, y que yo con estos cavalleros que aqui estan a 
vuestro servicio os la delenderemos, como hasta aqui >. El Maes- 
tre le respondio: «Pedro de Baeza, vos lo dezis y lo aveis hecho 



244 MEMORIAL 



como buen cavallero; pero las cosas ciel Rey y de la Reyna estan 
oy en estado que no se puede hazer ya otra cosa». Pedro de Baeza 
le respondio: «Senor, pues assi lo quereis, entregadla. Pero ha- 
goos saber que yo y todos les criados de vuestro padre, primero 
os dexariamos cortar la cabeça que consentirlo». 

Siendo esto assi, passa por ello el dicho Historiador tan ligc- 
ra mente que casi no haze mencion de ello, ni de muchas cosas 
muy honrosas a Pedro de Baeza que passaron en aquel cerco. 

El dicho Pedro de Baeza una vez entré en la Capilla Real a una 
-\Iissa que se empezaba, y arrodillôse delante y sin ver a Martin 
de Alarcon, uno de los privados de la Rej'na D.'' Isabel. Martin 
de Alarcon, imaginando ser mala criança y no inadvertencia, le 
dixo: «Quitaos delante, traydor». Bolvio Baeza y dixo: «Traydor? 
Mentis, y os lo haré conoscer». Alarcon dixo: «No sois vos 
hombre con quien yo he de hazer armas; daré os un criado mio 
que os lo haga conoscer >. Dixo Baeza: «Yo lo otorgo, que no 
puede ser tan ruin vuestro criado, que no sea mejor que vos>. 
Despues la Reyna los hizo amigos y lo quedaron adelante. 

11 

^Viîo 1540, jueves santo, un Cavallero, D. Francisco Ramirez, 
en Madrid, llegando a recebir la eucharistia, reparô en que el 
clérigoque administraba, llaniado Diego de Parraga, ténia leproso 
el rostro como de San Lazaro, y huvo asco, y levantôse y fuesse 
a otro altar, y comulgo. Luego al punto se sintio enfermo, fuesse 
a casa, y luego que entro le dixo D.^ Mencia de Cardenas su 
niadredesde el corredor: < Uue es esso, Francisco, que parecesen 
la cara a Diego de Parraga?» D. P'rancisco respondio: *Muy malo 
vengo», y contô lo sucedido. Acudieron médicos y cirujanos, y 
hechas todas diligencias, sin embargo fallecio al quarto dia ( ' 1. 



(') Lo narra Z;i]);it;i en la <^[iscelanea-> con el tîtiilo -De un famoso mi- 
lagrn», {.\femorial /ustJr/ro cs/'a/u'/. t. XI, p. 143.; 



DE ALGUNOS CASOS 245 



I 



12 

Llegose a D. Pedro Giron, Concle de Urena, un CavalJero, 
D. Pedro de Guzman, y suplicôle de merced le hiciesse dar al- 
gun pan, porque no se hallaba en aquel ano falto. El Conde man- 
dôle librar mil fanegas de trigo; y mientras se hacia la libranza 
estuvose con él en conversacion. Vino la libranza, y dezia: «Da- 
reis a D. Pedro mil fanegas, de que yo le hago merced». Rom- 
piola y dixo: « Andad, que yo no hago merced al Sefior D. Pedro; 
sino su merced me la haze a mi en recebir». 

13 

Don Pedro Gonzalez de ^lendoza, Cardenal de Espana, Arzo- 
bispo de Toledo, etc., fue hijo de D. Ifiigo Lôpez de Mendoza, 
Marques de Santillana, y de Catharina de P'igueroa, hija del 
Maestre D. Lorenzo Suarez de Figuefoa. 

Fue uno de los privados de la Reyna D.^ Isabel, la quai le daba 
audiencia todos los domingos, para la quai trahia siempre la 
boisa llena de memoriales de parientes }' amigos y servidores. 
Dixo a la hora de morir: «No debo nada a mis Iglesias, ni llevo, 
pienso, querella de parte delante de Dios; lo que es entre mi y 
Dios, Dios y yo nos avendremos». 

Llegabase a casa de este Cardenal un cavallero, D. Luis Ln- 
dron; y de este se le hallaron a una dama de la Reyna unos pa- 
pales, por lo quai la Reyna lo mandô prender. El, que lo supo, 
huyo a Aicalâ, donde estaba el Cardenal, y contôle el caso. El 
Caldenal (sic) lo socego y consolô, y detuvolo alli, prometiendole 
que en passando pasqua, que entonces era quaresma, iria a la 
Corte a componerlo. Sabido por la Reyna que D. Luis Ladron 
estaba en Aicalâ con el Cardenal, llamô a l'rancisco Gandiel, 
Alguacil de su casa, que vivia en Aicalâ, y encargôle la prision de 
D. Luis Ladron. El se ofreciô a ello, dando para ello Su Alteza 



146 MEMORIAL 



una firma. La Reyna sela dio, y con ella se fue (jandiel a Alcalâ 
sia descubrirse a persona alguna. Fue a besar la mano al Carde- 
nal; trabo con D. Luis amistad, y fuela cultivando yendo a su 
casa, y trahiendolo a la suya. Venida la Semana Sancta, el Car- 
denal se partio a 1 oledo, dexando en Alcalâ a D. Luis hasta la 
buelta; de donde cntonces partirian para Madrid. Partido el Car- 
denal, el Gandiel combidô a D. Luis a salir al campo a pasear al 
sol en sendas mulas; salieron, y en llegando a Torote, donde es- 
taban prevenidos ciertos hombres y una azemila, saco la zédula, 
y mostrôla a D. Luis, diciendo: «Seiior, leed essa cédula de Su 
.\Iteza y tened passiencia>. Los hombres rodearon a D. Luis, 
apearonlo de la mula, subieronlo en la azemila, echaronle una 
cadena al pie, y dieron con él en \ alladolid, do la Reyna estaba. 
La quai, sabido el efecto, mando poner al presso en casa del Al- 
calde Proaiîo, que le tubiesse a buen recaudo. 

Sabido el caso por el Cardenal, sin bolver a Alcalâ partio a 
Valladolid, y entrôse a la Reyna, e intercedio y rogô por el preso. 
La Reyna ni despedia ni le daba esperança. El Cardenal repetia 
sus sûplicas. La Reyna mando secretamente al Alcalde que a la 
média noche sacasse a D. Luis a la plaza y le cortasse la cabeça, 
y seio dexasse alli. 

Solian irse con D. Luis a cenar, y a jugar, y estarse alli, mu- 
chos cavalleros valencianos y aragoneses y castellanos; y solia el 
Alcalde estarse alli en buena conversacion y viendolos jugar 
hasta muy tarde; y aquella noche vino de Palacio a las once, y 
entrando, dixo: «Seiîor D. Luis, los presos no han de estar tan 
descuydados; ya es hora». Los que alli estaban, que lo oyeron, 
se fueron. Pero reparando en la novedad, congecturaron que no 
era sin misterio, y fueronse al Cardenal. El quai se estaba desnu- 
dando para acostarse. Oyda la relacion, tornôse a vestir y fuese 
a Palacio, do la Reyna y el Rey estaban ya durmiendo. Los 
monteros no le osaron detener; abrio la puerta rezio, y un mon- 
tero metio una hacha encendida. VA Rey, que lo oyo, dixo: «Que 
es esso?» Dixo el montero: «El Senor Cardenal». Dixo el Rey: 



DE ALGl'NOS CASOS 24;- 



«(Jué es esto, Senor, a tal hora?» Dixo el Cardenal: «Senor, vengo 
a despedirme de V. A., que me voy a mi casa para no bol ver a 
la VLiestra en toda mi vida>. Dixo el Rey: «Pues que es la causa?» 
Dixo la Reyna: <'Oue el Cardenal no quiere que haga Yo justicia 
en mi tierra>. Dixo el Cardenal: «Si quiero, Seîiora; pero no me 
quiero hallar présente a la injusticia que V. A. manda hazer; y 
esso merece el que quiso que no le besassedes el pie por besaros 
la mano>;. El Rey no entendia. Instô a la Reyna en que lo di- 
xesse. Dixo la Reyna: <Porque he mandado hazer justicia de don 
Luis Ladron». Aqui fue el Cardenal representando sus razones, 
y la Reyna su seriedad, y el Rey mediando; y finalmente saco 
el perdon con ciertas relegaciones. No se si los Seîiores de ahora 
serian para otro tanto. 

14 

En Benavente, en casa del Conde D. Rodrigo .\lonso Pimen- 
tel, se retrajo un hombre huyendo de la justicia, no se por que 
delicto. Sabido el caso por la Reyna, embio a Hermana el Al- 
guacil a Benavente con carta para el Conde que le entregasse al 
hombre. El Conde, que al entrar en su casa recibio la carta y la 
leyô, dixo al Alguacil que no sabia de tal hombre. El Alguacil 
respondio que alla dentro estaba, y que él lo sabia. El Conde, 
suspenso un poco, llamo al Alcayde y clixole: «Mirad que dize 
este Alguacil que esta alla dentro en vuestra fortaleza fulano re- 
trahido, y vienele a prender; hazedle la casa franca, y entre, y si 
le hallare, prendalo, que lo manda la Reyna nuestra Sei^ora>. Y 
llegandose al Alguacil, le dixo quedo: «Y juro a Dios que si en- 
trais os han de echar a los leones». El Alguacil dixo al escrivano: 
«Dadme por testimonio esto que el Conde dize». Dixo el Conde: 
«Dadle por testimonio como mando al Alcayde que le entregue 
luego a fulano, si alla lo tiene, y a él le requiero que entre y Jo 
busqué >. Y tornando a acercarse le dixo quedo: <Y juro a Dios 
que si alla entrais, os han de echar a los leones>. Tornô el A!- 



148 



MEMORIAL 



guacil a pedir el testimonio; tornô el Conde a dezir las niismas ' 
palabras pûblicas y sécrétas. Al Alguacil parecio que no era cor- 
dura entrar, y con esso se bolvio. 



15 



Avia hecho a este Conde de Benavente un cierto hidalgo cierto 
disgusto, por donde se temia mucho del Conde, y huvo de sacar 
y sacô seguro de la Reyna, el quai trahia en el pecho. Sin em- 
bargo, fue muerto a estocadas, una de las quales le pasô el 
seguro. 

Andados unos dias, sucedio que yendo el Conde de Benavente 
con la Reyna llevandola del braço, comparecio la muger del 
muerto, querellando el homicidio, y aver sido por mandado del 
Conde de Benavente, y ponderando averle passado el seguro de 
su Alteza que Uevaba en el pecho, con una estocada. La Reyna, 
muy alterada, bolvio al Conde y dixo: «Gué os pareze de esto, 
Conde?* Respondio: <Senora, parezeme que le valieran mas unas 
corazas» ( ' ). 



16 



Vacô en su tiempo, por muerte de D. Alvaro de Luna, el 
Maestrazgo de Sanctiago. Apeteciolo este Conde, y para conse- 
guirlo valiôse de D. Juan Pacheco, su suegro, iavorecido del Rey 
Ilenrique Quarto. D.Juan Facheco agenciôlo, y consiguialo para 
si. Este Conde lo sintio de manera, que resolvio matar al suegro. 
Supolo D. Juan Pacheco, y huvole tanto miedo a su resolucion y 
eifuerço, que por quietarlo le dio a Portillo y su tierra y fortale- 
z:i, quatro léguas de Valladolid. Lo quai tienen oy los Condes 
de Benavente. 



, - ) Véase «Miscelanea», de Zapata, pâg. 332, en querefiere el mismo 
hc'cho con algunas variantes. Mémorial histôrico esJ>anol, tomo XI. 



DE ALGUNOS CASOS 24O 



17 



Don Bernardino Velasco, Condestable de Castilla, fue notable- 
mente aficionado a ballestas, y ténia muchas y muy preciosas en 
una recâmara toda colgada de ellas, sin mas tapizeria. Hubo me- 
nester cincuenta mil ducados para comprar dos lugares. Buscôlos 
el camarero, traholos y metiolos en un cofre y pusolo en la ca- 
niara de las ballestas. Vino el Condestable, hallose alli aquel 
cofre, pregunto que fuesse, no se lo supieron decir. Vino el ca- 
marero y dixo lo que alli avia. Dixo el Condestable: «Andad con 
Dios, hermano, sacadlo de ahi, no sea que por liurtarmelo, me 
lleven alguna ballesta (^). 

18 

Estaba este Condestable para morir y llegô Vaiiuelos su ma- 
vordomo y dixole: «Senor, he gastado malamente de vuestra ha- 
cienda en mugeres, mientras he sido vuestro mayordomo, qui- 
nientos mil marabedis y no los tengo para pagar; suplico a \'. S., 
por amor de Dios, me los perdone». Respondiole: «Anda C(in 
Dios, hermano; yo te los perdono, y pkiguiera a Dios fueran diez 
cuentos» . 



19 



La Condesa de Haro, madré de este Condestable, fue extraor- 
dinariamente altiva, vana y presumida. Tuvo otra hermana tal y 
tan presumida como ella, Condesa de los Molares, viuda en Se- 
villa de D. Pedro de Ribera, de quien vienen los Marqueses de 



ï) Véase «î\Iiscelaneai\ de Zapata, pâg. 379. Allî se i"efiere el misma 
caso, pero en forma y con intencién distinta. 



250 iMEMORIAL 



Tarifa. ^Vvia mas de veinte anos que no se veyan, y trataron de 
verse, senalando un lugar para donde partie una de Burgo y otra 
de Sevilla. Llegadas cerca del lugar senalado, pararon ambas cou 
un mismo reparo. Dixo la de Haro: «Si piensa mi hermana que^ 
por ser mayor, le he yo de hazer rnas cortesia que ella a mi, se 
engana; que ha de mirar quan mayor seîiora soy yo». Dixo la de 
los Molares: «Pensarâ mi hermana que porque su marido aya sido 
tan gran seiior, no me ha de hazer a mi mas cortesia, como a 
hermana mayor, pues se engaîîa, que esto es ser mayor por na- 
turaleza, y lo otro por fortuna». Andubieron sobre este ajuste 
mensages de parte a parte, con demandas y replicas, y fuesse 
encrespando el negocio, y no se pudieron ajustar, y bolvieronse 
sin verse. 

20 

Don Ilenrique el Bastardo, despues que mato en Montiel al 
Rey D. Pedro, se dio a andar por el Reyno para que se le en- 
tregasse. Penafiel y Curiel se le resistian; fue de Burgos a Cu- 
rie!, V entregôsela el Alcayde. Invio de alli su mandado a Pefia- 
fiel, y el Alcayde respondio que la ténia por el Rey D. Pedro, 
su seiior, y que a él solo o a su cierto mandado la entregaria. 
kespondiosele que el Rey D. Pedro era muerto, y que D. Ilen- 
rique era senor pazifico de todo el Reyno. Sin embargo el Al- 
cayde no se quiso entregar. Acordô el Rey D. Ilenrique ir de 
paz a Peîiafiel, pensando que, viendole, el Alcayde se entregaria; 
sabiendolo el Alcayde, le enviô a dezir que no se llegasse a la 
fortaleza, o le tiraria. VA Rey siguio y llegô cerca; el Alcayde ti- 
rôle; el Rey se retirô y se bolvio a Curiel. 

A la noche, estando cenando, le dixo el Alcayde de Curiel: 
«Que le parece a V. S. del Alcayde de Peîiafiel? Que ruinmente 
lo ha hecho!» Dixo el Rey: «Verdad es que me ha dado enojo; 
pero sin embargo, mas antes criaria yo sus hijos que los vues- 
tros.» 



DK ALGl NOS CASO.S 251 



21 



Estando este Rey I). Henrique para morir, mando llamar a su 
hijo D. Juan I y le dixo: «Très géneros de hombres te quedan 
en el Reyno: unos que estuvieron neutrales entre mî y el Re}' 
J). Pedro; otros que me siguieron, y otros que siguieron a él. A 
los primeros haras justicia; a los segundos merced. y de los ter- 
ceros puedes fiarte» ( ' ). 



22 



Don Gutierre de Cardenas, pariente muy cercano del Maestre 
D. Alonso de Cardenas, se hallaba continuo en casa del Arço- 
bispo D. Alonso Carrillo con quinze mil marabedis de partido. 

Pareziôle poder medrar a!li poco, no aviendo de ser de la 
Iglesia, y trato de passarse a servir al Condestable D. Pedro de 
Velasco. En esto, le dixo, (}arcia de Escalante, hidalgo muy hon- 
rado, criado del Condestable, que mejor era irse a la Corte y 
procurar assentar con el Rey, donde con su habilidad podria me- 
drar; porque del Condestable solo podria sacar un acostamiento 
de veinte o veinte y cinco mil marabedis. 

Gutierre de Cardenas siguio este parezer; fuese a la Corte, y 
por medio del /Vrzobispo D. Alonso Carrillo y de Gonzalo Cha- 
con, que fue despues Senor de Casarrubios y Arroyomolinos, 
que era su primo hermano, asentô con la Infanta D."^ Isabel. Sir- 
viola tan bien y supola agradar, que llegô a tener diez y siete 
cuentos de renta, a ser Mayordomo mayor de dicha D.'^ Isabel 
ReAna, y su Contador mayor y Comendador mayor de Léon, etc. 

Estando en este estado y privança vino a la Corte el dicho 



( > ) V.. lo dicho en la introducciôn. 



'52 MEMORIAL 



Garcia de Escalante a negociar el libramiento de ciertos mara- 
vedis que se le debian de très lanzas que ténia. Cayo enfernio 
en un meson antes de empezar la diligencia, e ibasele acabando 
el dinero, e ibase hallando aflixido. La necessidad le dio indus- 
tria. Escribiole una carta al Comendador mayor D. Gutierre de 
Cardenas, dandosele a conoscer y acordandole los tiempos pa- 
ssades, contandole la causa de su venida y el estado en que se 
hallaba, falto de salud y de dineros, y embiosela con un moço. 
Leyola el Comendador y dixo al moço: Buelvete aqui esta tar- 
de a las très»; y mandô tener alli para esa hora su mula. 

.\ la tarde, venido el moço, él cavalgando en su mula, le dixo 
que lo guiasse. Llego al meson, apeôse, subio a la cama del en- 
termo, mostrôsele muy alegre de verlo, muy doloroso de lo ver 
enfermo, muy compadescido de lo ver alli, ofresciole quanto 
huviese menester, y su persona y su favor para la pretension; y 
dexôle un muy gentil socorro. Sacolo de aquella posada in- 
commoda y passôlo a otra; dexôle alli un su criado que le asis- 
tiesse, inviô los dos mexores medicos de la Corte, y la comida 
con aseo y ostentacion; y hizole haber su salario de lanzas, v 
diole finalmente a la partida docientos escudos para el viaje, y 
todos ofrescimientos. 



23 



Dona Maria de Mendoza, muger del gran Cobos, gustaba mu- 
cho de locos y ténia unos de asiento y otros de passo. Uno de 
los domesticos era una muger que, dandole a leer una carta, la 
leya ensartando bellos disparates. Comia un dia con Cobos y su 
muger Gutierre Lopez de Padilla, y dieronle entretanto a la loca 
una carta que leyese. Ella fue leyendo y ensartando disparates, 
V dixo: «Catad, Gutierre Lopez, que mirais mucho a D.^ Maria, 
(la muger de Cobos); guardad os de su marido, que os darâ dos 
pendoladas que os duelan mas que dos cornadas.» Acontecio 
que dos memoriales que el (îutierre Lopez ténia en la consulta, 



DE ALGUNOS CASOS 253 



salieron mal despachados. Y esto decian era las dos corna- 
das ( ' ). 

24 

Acordôse en el Consejo del Rey Ilenrique Ouarto prender al 
]\Iaestre D. Juan Pacheco, Marques de \'illena. Avisôle Alvar 
Gomez, Secretario del Rey, secretamente, y el se puso en cobro. 
Sabido que Alvar Gomez fue el del aviso, mandôse prender a 
Alvar Gomez. D. Pedro Gonzalez de Mendoza, Obispo de Cala- 
horra (despues de Siguença y Arzobispo de Toledo), que estaba 
en el Consejo, en saliendo fuese por casa de Alvar Gomez y hi- 
/olo cabalgar y que se fuesse a Buytrago, fortaleza de su herma- 
no; }' quando lo tueron a prender, y a esta va en salvo. 

.M otro Consejo, D. .Monso de Fonseca dixo al Rey: cl'ucrte 
cosa es que f^n vuestro Consejo tenga \ . A. quien avise de lo 
que passa para que no se pueda executar la jusficia.^ Respondio 
el Obispo: «Yo avisé, y por hacerlo yo no es mal hecho: si vos 
lo hicierades, cortaran os la cabeça, y a mi no, y essa diferencia 
va de vos a mi.> De aqui resultaron debates mas largos. Contra 
Alvar Gomez se hizo processo, y le confiscaron los bienes, etc. 

25 

La Reyna D.""* Germana, muger del Rey I ). Fernando, tubo 
muy gentiles damas, y en especial a D." Beatriz de Icarte, natu- 



( ' ) En las dos copias de la Bibliotcca Colombina. a continuaciôn de 
este se narra la anécdota siguiente: «Competian con Don Alonso de 
Aguilar, Senor de Montilla, con mui pesados vandos, el Alcaide de los 
Donzeles y el Conde de Cabra; y si alguna fiesta hazia el D. Alonso en 
Cordova o algun vanquete, luego el Alcaide de los Donzeles hazia otro 
tanto; y burlando desto algunos Cavalleros de la parte del D. Alonso, por 
la mucha ventaja que el D. Alonso hazia en renta al Alcaide, respondio 
Don Alonso; «Esso cese, no se hable en elle, qu(e) mucho mas me pesa a 
mî de lo que el Conde de Cabra guarda que de lo que el Alcaide de les 
Donzeles sasta.> 



* 



2 54 MF.MOKIAL 

rai de Barcelona, que caso con D. Frances de Xavarra. A esta 
sirvieron el Conde I). Fernando de Andrada y 1). Alonso de 
Fonseca, .\rçobispo de Toledo, al quai la Seiïora favorescio mas 
que al Conde. 

Estando esta senora una vez a una ventana, se le cayé una 
marta que ténia al cuello, forrada en tcrciopelo leonado. I^^l Con- 
de, que passaba, la tomô, y entrandose en un zaguan, escribio 
este mote, y prendiendolo en la marta con un alfiler, lo embio a 
la dama: 

En Galicia fuistis m.irtha, 
marta de congojas llena, 
y en Toledo Ma^jdalena ( ■ ). 

26 

Quemose una vez la fortaleza de Buytrago, del Duque del In- 
fantado, D. Inigo, primero de este nombre: y el Alcayde desati- 
nado se entro al Duque y le dixo: «Senor, justo es que \''. S. me 



( ' ) Las dos copias de la Hibliotecn Colombina refieren después la 
anécdota siguiente, qne falta en la Bihlioteca Provincial y Universitaria: 

Ovo en la Corte del Rey D. Fernando y de la Reina Doi^a Isabel, en su 
casa, vn mai gentil Cortesano, y mui del Palacio, llamado D. Francisco 
Bazan, y aun algunos, porque era mui recio, le llamaban D. Franciscaso. 
y viniendo de! Andaluzia pass(3 el Puerto del Muladar y llegô a vna venta 
que llaman de Siruela, y en ella cstaba una muger del mundo, y agradose 
de la buena dispossicion del D. Francisco, y aguardô a tomalle solo, y 
viendolo entrar en una de las Camaras de la Venta entrôse tras el, y 
cerrcj la puerta tras si. Don Francisco le dixo: Que mandais, senora? Ella 
dixo: Senor Cavallero, Vm. me a parecido bien, gentil Cavallero, y de 
buena dispossicion, y entréme aqui a que Vm. se aprobeche de mi, si 
fuerc servido. Senora, dixo D. Francisco: si esso os haze hazer alguna ne- 
ccsidad, yo la mandaré proveer sin que aventureis vuestra pcrsona. La 
dama le respondio: No por cierto, senor, antcs si Vm. a menester dos do- 
zcnas de ducndos vo le serviré con ellos. Don Francisco que la vio de- 
terminada la dixo: Aora, seiiora, salios alla, (lueyo estoy determinado de 
ni) pasar el puerto de nuiiadar dos veccs en un dia. 



PIC ALGUNOS CASOS 



mande cortar la cabeça: porque la fortalcza que \ . S. me enco- 
niendô se ha quemado.» El Duque ténia alli ciertas redes para 
los venados, y dixo: <Y las redes?» Oixo el Alcayde: «No, Se- 
nor.> Dixo el Duque: Pues bien esta: que lo demâs yo cjucria 
derribarlo.» 

27 

Contaba el Capitan Salazar, natural de Toledo, que estando >-l 
preso en Constantinopla, llegô alli y dio fondo una nao en la 
quai el Maestre hizo poner de forma que se viessen los retratos 
del Emperador Carlos V y de la Emperatriz su nuiger, y el del 
Infante I). Fernando su herniano, Rey de Ungria, y el de su mu- 
ger. Y que el Gran Turco, que lo supo, se entro en una galera 
y fue a verlos. Llegado alla, uno de los remerop en alta voz co- 
menzo a dezirles denuestos a los retratos, y con una vara le dio 
un golpe al del Emperador. El Turco que lo vio se enojô murho 
y dixole: «Rellaco, a un Principe de la Christiandad, que aun acâ 
lo acatamos, tratas assi, y en nii presencia!-> Y luego lo mando 
echar al agua y se ahogô. 

28 

Aiio de 1499, la Infanta D."* Catharina, hija de los Reyes Ca- 
tholicos, yendo a la Coruina para passar a biglaterra a casar con 
el Principe de Cales, lleg(3 a Santiago y esperc) id Juvileo del aîîo 
fancto. Esse dia oyo misa en la Iglesia mayor, y fue el concurso 
grandissime quanto pudo ser. Andaba en el cruzero de la Igle- 
sia, por cima de la gente, un incensario como una gran caldera, 
colgado de cadenas de fierro, lleno de brasas, con incicnso y 
otros olores: y desde arriba con un artificio le hazian andar de 
una parte del cruzero a otra incesantemente, y andando assi, se 
quebrô la ultima cadena de que pendia, al tiempo de dar la ida 
hazia la puerta, y salio todo por ella como disparado con lom- 
barda, y alla fuera se hizo pedazos sin caer dentro ni una ascua. 

FIN 



VARIA 



Note sur le romance El fraiic fingîdo. 

A la page 550 de ses Studien zur Geschichte dtr spa^tischen 
iind portiigiesiscJien Nationalliteratur {Y^QvWn, 1850), A\'olf men- 
tionne, dans son compte rendu du Romancero gênera! de Duran, 
un conte populaire sous forme de romance, Ei fraile fingido 
(Rom. gen. 11, 411 ss.), k propos duquel il dit: <: El fraile fin- 
gido ne vient pas, comme on pourrait le supposer d'après son 
titre, du fabliau français iJn mari qui confessa sa femme, et pro- 
\ient d'ailleurs à peine d'une source française, car les traits fon- 
damentaux sont purement espagnols». Le sujet de ce romance 
que fit naître chez AV'olf l'impression qu'il est purement espa- 
gnols, se trouve aussi dans la littérature italienne, chez Bandello 
(Novelle, iv, 8), sous le titre Accorto avvedimento diiina fantesca 
a liberare la padrona e f inuaniorato di qnella da la morte. Suivant 
son habitude, Bandello raconte les événements d'une manière 
très concise, sans se laisser entraîner à des descriptions ou à des 
réflexions. Nous avons certainement affaire, avec lui, à la forme 
originale à peine amplifiée. Le sujet est le suivant. A Anvers vit 
un homme qui, après de longs services militaires, se décide à 
devenir marchand. 11 fonde une maison de commerce à Anvers, 
avec succursale à Bruxelles, où il se rend le samedi soir afin 
d'y recevoir les comptes de son gérant. Ce marchand épouse 
une jolie jeune fille, dont ne tarde pas à s'éprendre un marchand 
florentin. ]\îais les efforts de l'amoureux sont en pure perte; 
c'est seulement (juand il a gagné à ses vues la femme de cham- 



VARIA 257 

bre, que celle-ci décide sa maîtresse à lui accorder une entrevue 
lors de la prochaine absence du mari. Ce dernier va à Bruxelles 
comme à l'ordinaire, l'amoureux est introduit et la femme de 
chambre s'en va passer la nuit chez un ami qui demeure dans la 
même rue, mais laisse comme garde un domestique, mis dans la 
confidence, qui devra la laisser rentrer au logis avant le jour. Le 
mari revient avant le moment fixe, le domestique effrayé le 
laisse entrer et il trouve endormis dans le même lit sa femme et 
l'amant. Il saisit son épée dans l'intention de les tuer, mais songe 
que si elle mourait sans confession elle serait damnée: aussi 
envoie-t-il son domestique chez le père gardien des franciscains 
en le priant de venir immédiatement pour une affaire importan- 
te. Le domestique rencontre la servante qui rentre à la maison 
et l'envoie à sa place chez les franciscains. Elle obtient du père 
gardien des habits de moine qu'elle revêt. Ainsi accoutrée, 
elle entre, sur l'ordre du mari, dans la chambre à coucher, ré- 
veille les amoureux, dit au Florentin de revêtir l'habit de moine, 
et se couche dans le lit, à côté de sa maîtresse. L'amant, habillé 
en moine, va trouver le mari et lui reproche violemment d'a- 
voir faussement accusé sa femme innocente, près de laquelle sa 
servante était couchée. La femme se joint à lui en le menaçant 
de se plaindre à ses parents qu'il se livre à l'ivrognerie et l'ac- 
cuse ensuite d'infidélité. Il ne reste plus au mari qu'à faire ce 
que font dans les nouvelles italiennes tous les maris trompés: 
il demande humblement pardon et la femme, ainsi justifiée, peut 
retrouver son amant aussi souvent qu'elle le désire. 

Le sujet du romance espagnol est un peu plus compliqué; la 
belle Eufrasia aime l'amant antérieurement à son mariage forcé 
avec le riche commerçant, et le reçoit souvent dans sa maison. 
Le mari es pris de soupçons, prétexte un voyage, revient à l'im- 
proviste et est introduit par un esclave qui lui est dévoué (pas 
le servitore des Italiens, mais Vesclavo des maisons espagnoles)! 
et voit dans le lit <dos bultos> — ce qui rend l'erreur ultérieure 
plus vraisemblable que s'il avait reconnu l'amant. Lui aussi dif- 

Xeviii His/nnifui. — P. 17 



258 VARIA 

fère la vengeance, «no queriendo que estas aimas perdiesen la 
vida eterna» et expédie l'esclave au couvent des franciscains en 
priant le père gardien d'envoyer un moine recevoir la confes- 
sion d'une mourante. Pendant ce temps il se tient devant la 
porte de la chambre pour que les coupables ne lui échappent 
pas, car, ajoute l'espagnol, 

« las manchas de] honor 

se curan, limpian, y asean 
con sangre, que es el remedio 
de mas importancia y fuerza». 

L'esclave est questionné en chemin par une nourrice d'Eufra- 
sia et celle-ci se conduit exactement comme la servante dans la 
nouvelle italienne et provoque le même dénouement. La menace 
de la plainte aux parents provient ici, chose moins vraisembla- 
ble, non de la femme, mais du pseudo-moine. L'intrigue, à part 
la reconnaissance de l'amant couché, est beaucoup plus habile- 
ment présentée dans la nouvelle italienne que dans le romance 
espagnol. 

Il est manifeste qu'il y a un rapport entre les deux histoires, 
mais lequel.^ Duran a pris le romance espagnol dans un recueil 
de pliegos siieltos, qui furent publiés en 1822 à Cordoue par Ga- 
briel Garcia Rodrîguez, et qui contient des réimpressions de 
romances du dix-septième siècle. L"n certain Alonso de Morales 
se déclare auteur du Fraile fingido. Le récit de Bandello se trou- 
ve dans la quatrième partie de ses Novelle , qui ne furent pu- 
bliées qu'en 1573 à Lyon, après la mort de l'auteur, mais il 
manque dans l'édition italienne publiée en 1656 par l'Espagnol 
Alfonso de Ulloa, et qui ne comprend que les trois premières 
parties; il manque aussi dans la traduction espagnole que Vi- 
cente Millis publia en 1589 d'après le remaniement de Pierre 
Boaystau et l'rançois de Belleforcsl, lequel ne comprend que 
quatorze nouvelles. Mais Bandello, de même que les autres con- 
teurs italiens, était lu sans difficulté en italien par les Espagnols 



VARIA 259 

et rien ne s'oppose à ce que l'auteur de notre romance ait connu 
ce sujet par les Italiens et l'ait arrangé en conservant l'intrigue, 
tout en changeant quelques petits détails, tels que le personnage 
du père gardien, afin de rendre le récit plus conforme aux mœurs 
de son pays et de lui donner un développement romanesque 
plus étoffé. 

On peut aussi imaginer une autre hypothèse qui confirmerait 
l'opinion de W'olf. Ce conte, avec ses ruses et sa conception de 
la vie conjugale, nous semble plus italien qu'espagnol, bien que 
l'on ne puisse nier qu'il renferme un trait purement espagnol, 
qui décida certainement W'olf à considérer la patrie du Médico 
(le su honra comme celle de notre historiette: nous faisons al- 
lusion au passage où le mari offensé diffère sa vengeance afin 
de ne pas laisser les coupables mourir sans confession. D'un 
plus grand poids que cette conclusion toujours discutable est le 
fait suivant: dans sa dédicace à Giulio Calestano, Bandello dit 
qu'il a entendu raconter cette anecdote dans une réunion où se 
trouvait «Arnaldo da Bruggia di Fiandra, pittore», et il n'y a 
pas de raison pour mettre en doute cette déclaration, car on sait 
que Bandello, dans ses Nouvelles a narré beaucoup d'histoires 
qu'il avait entendu conter. On peut supposer la dérivation sui- 
vante: le fait fut réel, il fut connu en Espagne par transmission, 
fut traité par l'auteur du romance indépendamment de Bandello, 
et ce dernier l'aurait connu de son côté, localisé dans les Flan- 
dres. L'auteur du Fraile fingido tait le nom de la ville: «cierta 
ciudad que no conviene se sepa». 

Sans nier tout à fait la possibilité dune telle dérivation, il 
nous semble plus probable que si les deux récits n'ont pas été 
tirés d'une source commune, notre auteur de romance aura pris 
son sujet, peut-être originairement espagnol, chez Bandello, et 
nous avons alors, dans le Fraile fingido^ un exemple assez rare 
de l'influence des nouvelles italiennes sur les romances es- 
pagnols. 

A, Lenz. 



260 VARIA 



A propos de quatre sonnets attribués a Francisco de Figueroa. 

Au tome I de la Revis ta critica his[)ano-aniericana (pp. 169- 
171), A. U. publie, d'après le ms. II-3-5, Leg. 7, N° 13, de 
la Real Academia de la Historia, quatre sonnets, que je dési- 
gnerai par les lettres A, B, C, D, et qui commencent respective- 
ment comme suit: 

A. Mucho a la magestad sagrada agrada 

B. Ay, Dios, si yo cegara antes que os biera 

C. No ères niebe, que fueras derritida 

D. Remedio incierto que en el aima cria 

Le ms. de l'Académie de l'Histoire attribue les trois premiers 
à Francisco de Figueroa. A. U. dit: cCreo inédites los dos pri- 
meros sonetos». Cette croyance est erronée, aussi bien pour le 
premier que pour le deuxième. 



Le sonnet A n'est pas inédit. II a été publié: 

dans V Arte poética espafiola^ de Dfaz Rengifo, œuvre que je 
n'hésite pas à qualifier de très connue, et dont les éditions sont 
assez nombreuses; 

dans les Poesias de Andrés Falcào de Resende (éd. de Frei- 
tas, Coimbra, 1860, p. 82). — Ceci d'après Aime Carolina Michaè- 
lis de Vasconcellos. {Revue Hispanique, xxii, IQIO, p. 585). 

Tout récemment il a été republié d'après deux manuscrits de 
la Biblioteca Nacional de Madrid par M. Marcel Gauthier [Revue 
Hispanique., xxxv, 1915, pp. 15-16), qui le cite comme «l'exem- 
ple le plus célèbre de vers couronnés>. 

Dans le texte publié par A. U., il y a, à l'avant-dernier mot 
du cinquième vers un contre-sens ou peut-être une simple faute 



\ 



VARIA 261 

d'impression: afanada doit être remplacé par afaniada^ dont le 
mot suivant, aniada^ est l'écho parfait. La leçon de l'avant-der- 
nier vers entre locura cura, ne vaut pas celle des mss. de la Bi- 
blioteca Nacional: en tu locura cura. La correction éditoriale du 
quatrième vers est malheureuse: 

[y] que (pues) es al fin de la jornada nada 

doit certainement s'effacer devant: 

pues es al fin de la jornada nada 

des mss. de la Biblioteca Xacional, le vers entier étant l'explica- 
tion du vers précédent. 

A. L . dit qu'Anne-Marie d'Autriche, nièce et femme de Phi- 
lippe II, mourut le 27 octobre 1580; je crois que la date du 26 
octobre, indiquée par Mme Carolina Michaélis de \"asconcellos 
et par M. Marcel Gauthier, est la date exacte. 

B 

Le Sonnet H n'est pas inédit. Il a été publié: 

dans le Parnaso de Luis de Canioes (Porto, 1880, n." 378), à 
qui il estatribué «sem motivo justificado» dit Mme. Carolina Mi- 
chaélis de Vasconcellos {Revue Hispanique ., xxii, 1910, p. 546); 

dans le Cancionero de Principes y Seriores, de D. Juan Pérez de 
Guzmân (Madrid, 1892, p. 103), où il est attribué à D. Juan de 
Silya, conde de Portalegre; 

dans les ij6 Sonnets anonymes édités par M. P'oulché-Delbosc 
{Revue Hispanique, vi, 1899, pp. 389-390, n.° lio). Il est étran- 
ge que cette édition ait échappé à A. U., qui cite les tj6 Son- 
nets anonymes à propos du Sonnet C. 

Le Sonnet B se trouve dans les mss. suivants: 

Cancionero recopilado por D. Manuel de P'aria (1666); cf. Ga- 



202 



VARIA 



Uardo, Ensayo, t. ii, col. 992. Le sonnet y est intitulé «A la po- 
breza» et attribué au comte de Portalegre. Sur cette attribution, 
voir la note de Mme Carolina Michaëlis de Vasconcellos {Revue 
Hispanique, xxii, 1910, p. 546, n. l). 

Biblioteca Xacional de Madrid, M 4, f. 5; imprimé dans les 
1^6 Sonnets anonymes. 

Biblioteca Nacional de Madrid, ]\I. 381, deux fois. Les varian- 
tes de ces deux textes sont données dans les ijù Sonnets anony- 
nies. Le premier a pour titre «A una desconfiança>, le second 
«Soneto de Couarruuias>. 

Cancionero Riccardiano (f. 177 v.°); donne le sonnet sans titre 
et sans nom d'auteur. Cf. P^ugenio -Nlele y Adolfo Bonilla y 
San Martin, Dos cancioneros espanoles, dans Revista de Archi- 
vos, 1904. 

Cancioneiro da Bibliotheca da Academia das vSciencias de 
Lisboa, Cf. Carolina Michaëlis de Vasconcellos, dans Revue 
Hispanique, xxii, 19 10, p. 546. 

Real Academia de la Historia, ms. utilisé par A. U. 

Il se trouve aussi dans le ms. ]\L 84 (f. 56) de la Biblioteca 
Xacional de Madrid. 

On n'a pas encore fait remarquer que les deux tercets sont en 
vers enchaînés. 



Le Sonnet C «consta en numerosos manuscrites, y se ha pu- 
blicado en la Revue Hispanique (1899, pâgs. 384 y 385)>>, comme 
le dit avec raison A. U. Il est regrettable que A. L . ne nous cite 
pas quelques-uns de ces nombreux manuscrits. Quant à la pu- 
blication du Sonnet, elle est antérieure à 1899, puisqu'il est im- 
primé à la p. 124 du Cancionero de Principes y Sefiores de 
IJ. |uan Pérez de Guzman (Madrid, 1892) où il est attribué à don 
Luis Fernandez Manrique, Conde de Aguilar y Castaneda, ca- 
zador mayor de Felipe II, et dédié A la Duquesa de Xâjera, 
dona Luisa Manrique de Lara. Il a été imprimé pour la première 



VARIA 263 

fois, semble-t-11, en 1866, au tome u de V Ensayo de Gallardo 
(col. 996-997), et reproduit dans la Revue Hispanique (loc. cit.) 
d'après V Ensayo., à la suite de deux autres textes copiés sur le 
ms. M. 4, de la Biblioteca Nacional de Madrid, avec les varian- 
tes du ms. 2.856 de la même Bibliothèque. 

J'ai trouvé ce sonnet deux fois dans le ms. M. lO, de la Biblio- 
teca Nacional de Madrid: au f. 261 (Soneto del doctor Miguel 
de Cejudo, Fraile de Calatrava. A las ingratitudes, y dureça de 
una dama) et au f. 309 (Soneto a las ingratitudes y dureça de 
una dama, sans nom d'auteur). Les deux textes concordent en- 
tièrement. Un autre texte du Sonnet se trouve dans le ms. M. 84 
(f. 60) de la même Bibliothèque; un autre dans le ms. M. 152 
(f. 72 v.°) 

D 

Le quatrième sonnet n'est pas expressément attribué à Figue- 
roa par le ms., mais comme il se trouve entre un sonnet attribué 
à Figueroa et la poésie «De Betis a la orilla» qui est de Figueroa, 
«parece probable, dit A. L"., que, en la mente del colector, perte- 
neciera también a Tirsi>. Je n'oserais considérer cette attribution 
comme probable; je serais même porté à la croire assez hasar- 
deuse. Il y a, d'ailleurs, dans le ms., aussitôt après le Sonnet C, 
le mot Fin., qui se rapporte peut-être aux trois sonnets attribués 
à Figueroa, ce qui indiquerait que le Sonnet D était considéré 
comme anonyme par le collecteur. 

U. A. 



COMPTES RENDUS 



LA GRECIA CATALANA Y SU HISTORIADOR, EL PROFESOR RUBIÔ Y LLUCH 

Entre las atrevidas empresas de los catalanes en la Edad Media no 
existe otra con tan românticos caractères, ni que mas justamente merez- 
ca la calificaciôn de epopeya, que la expediciôn de Roger de Flor y lo.s 
sucesivos caudillos a Grecia, manteniendo por espacio de ochenta anos, 
y con muy diversas alternativas, la dominaciôn catalana en las poéticas 
tierras de Remania. Las gestas de aquellos almogâvares que, segûn la 
frase feliz de Muntaner, senyorejaven l'Orient v cavalcaven Vlmperi a Ibir 
gnisa, guardan estrecha semejanza con las hazaiïas de Amadis de Gaula 
y de los otros paladines de los libros de caballerîas. Si no hubiere mâs 
motivos para exigir que la historia de tal expediciôn se hiciese segûn los 
procedimientos modernos y a base de erudiciôn crîtica, no contentândo- 
se con tradiciones ni con cronicones, lo exigiria precisamente el aspecto 
maravilloso de aquella conquista y de aquella prolongada dominaciôn. 
Aquî no podemos contentarnos con narraciones tan bellas como las de 
Muntaner, ni con libros tan literarios como el de Francisco de Monca- 
da; es indispensable la investigaciôn en los Archivos y el acopio de las 
pruebas documentales o justificativas. Sin ellas serfa lîcito dudar de las 
fantâsticas hazanas y no dar crédito o tener por exagerados muchos de 
los hechos que viejas crônicas e historias générales han relatado. 

Muntaner pintô con vivos colores el primer acto de! interesante dra- 
ma, a partir de la célèbre conferencia del rey Federico con Roger de 
Flor, en Messina, y en la que el ûltimo manifestô que para defender al 
emperador griego de Constantinopla contra los turcos ab ?iules gents no 
farta tatii com ab catalans e aragoneses. Pero Muntaner ya habia regresa- 
do de Oriente en 1309, y su crônica acaba en 1327 con la muerte de 
Jaime II. 

También es incompleta la Expediciôn de los catalaties y aragoneses con- 
tra turcos y griegos, de Francisco de Moncada, terminando la narraciôn 
poco mâs o mcnos en la misma fecha que en la crônica de Muntaner. 



COMPTES RENDUS 205 



En 1841, el Pafithéon Littéraire publicô, en el tomo de crônicas ex- 
tranjeras, relativas a las expediciones francesas durante el siglo xiii, la 
traducciôn anotada de la obra de Muntaner, y si bien algunas de las no- 
tas establecîan aclaraciones del texto, la narraciôn, naturalmente, teimi- 
naba con el citado pen'odo inicial, alla por los aiios de 1316. Desde este 
aùo hasta 1388, fecha de la pérdida de Atenas por los catalanes, a las que 
siguieron, en 1390, la de Negroponto y, en 1394, la de Salona, quedaba 
largo espacio, lleno deacontecimientos intrincados sin crônica y sin his- 
toria especial en nuestro paîs y en los demâs de Occidente. 

Se necesitaba un hombre que, cmpezando por conocer las fuentes na- 
rrativas, no solo occidentales, sino de autores griegos, medioevales y mo- 
dernos, se lanzase seguidamente a larga investigaciôn en los archivos, y 
dotado de fino sentido histôrico, supiese después manejar y estudiar los 
documentos inéditos acopiados y establecer la verdad histôrica con sus 
comprobantes. 

Teniperamento caballeresco y poético, el profesor Rubiô y Llucli ena- 
morôse desde su juventud de la epopeya catalana en Oriente, y pronto, 
no satisfaciendo su afân por conocer la crônica de Muntaner, empezô 
â estudiar los autores griegos y presintiô va que en los archivos existian 
inestimables materiales secretos que era preciso escudriiiar. Esto ocurrîa 
por los aiios de 1879. Cabn'a la suposiciôn de si fue su propio padre, 
Rubiô y Ors, el primer cantor en la lengua de LuU y de Ausias Maixh de 
las hazaSas catalanas en la Romania, en su poema Roudor del Llobregai, 
el despertador en el joven Rubiô y Lluch de la predilecciôn por el estu- 
dio de aquellos dramâticos hechos. Pero dejando aparté esta suposiciôn, 
lo cierto era que aparecîa el candidato necesario, que al fin se presenta- 
ba el deseado erudito catalan, formado a la moderna, decidido a historiar 
la famosa expediciôn y conquista de Grecia. 

El profesor Rubiô y Lluch siguiô en su preparaciôn un orden lôgico. 
Primeramente se posesionô de Muntaner y de los otros pocos autores 
occidentales, y luego estudiô a fondo los cronistas y los historiadores 
orientales, y entre los ûltimos, sobre todo a Carlos Hopf, el Zurita del 
Oriente medioeval, en su utilisima obra Griechenlandim Mittelalter; y en 
cuanto domino estas fuentes narrativas comenzô la investigaciôn en los 
archivos. Asî le vemos inaugurar sus publicaciones en esta materia con 
los Estudios sobre los historiadores griegos acerca de la expediciôn catalana 
a Oriente, tratando con mucho conocimiento de Laônico Chalcocondy- 
las, trabajo insertado, en 1 881, en la Revisia de Ciencias histdricas, de Bar- 
celona. 

El ano anterior habi'a lefdo, en la «Associaciô Catalanista d'Excursions 
Cientifiques», un Esiudi sobre les fonts historiques de l'expediciâ y domitta- 



266 



COMPTES RENDUS 



l'io dels catalans a Orie?it, que peimanece inédito, lo propio que la tra- 
ducciôn que hizo entonces de la obra histôrica de Epaminondas Stama- 
tiades, Los catalanes en Oriente. 

La lectura de una obra dramàtica de Spiridion P. Lambros, El ûltiiiio 
coude de Salona, que no es otro que el infortunado principe Luis Federi- 
co de Aragon, le hizo publicar, en 1881, una Consideracions suggerides per 
un tnodern d? ama grech, y como el profesor Rubiô aùn no habi'a hecho 
verdadera labor histôrica y de investigaciôn directa y personal, se lamen- 
taba aquî de que tan alta empresa como la de nuestros antepasados en 
Oriente fuese mirada todavfa, en pleno renacimiento literario de Catalu- 
fia, con tanta indiferencia por los catalanes y de que los eruditos no hu- 
biesen emprendido sérias investigaciones en archives y bibliotecas para 
esclarecer hasta en los pequenos detalles los secretos de maravilloso he- 
roîsmo de la conquista de Grecia por nuestras armas. Y anadîa con noble 
amargura que la epopeya de Cataluna no habia encontrado aûn su Home- 
ro, y que si bien tiene su Xenofonte, aludiendo a Muntaner, estaba lejos 
de contar un historiador que levante el vélo que oculta sus mas precio- 
sos tesoros. Y no le faltaba ciertamente razôn para decir aun que «los 
catalanes olvidamos que tanto como los Hernân Cortés y los Pizarros 
vali'an aquellos que, al conquistar el oriente latino supieron también que- 
mar sus naves sin confiar mâs que en una Victoria incierta; que en An- 
drinôpoli repitieron la heroicidad de los numantinos y que supieron so- 
juzgar, no ya imperios medio civilizados, como los del Perù y Méxicoi 
sino grandes naciones de avanzada cultura y madré una de ellas de la ci- 
vilizaciôn europea». 

El Sr. Rubiô, al estampar estas lamentaciones, no se daba cuenta de 
que el historiador debîa ser forzosamente él, y que él rasgan'a el vélo 
que escondîa los mâs bellos episodios de la epopeya. Y no tardô en de- 
mostrarse. 

En efecto, en 1883, comenzô publicando, en làs «Memorias de la Real 
Academia de Buenas Letras de Barcelona», la importante monografia La 
(xpedicidn y domi/iacio'n de los Catalanes Juzgadas por los Griegos, seguida 
de otro trabajo, dado a luz en 1885, con el tîtulo de Niceforo Gregoras y 
la expedicio'n de los Catalanes en Oriente. Ambos trabajos eran prueba fe- 
haciente de cômo habîa estudiado los historiadores griegos y de su ex- 
tenso aparato bibliogrdfico. Su nombre era ya conocido en aquellos pue- 
blos de Levante, pues le contaban en su seno la Academia del Parnaso, 
de Atenas, y la del Museo de Esmirna, y figuraba como correspondiente 
del Syllogo Helénico de Constantinoplay de la Sociedad Histôrica y Etn(j- 
lôgica de Grecia. 

En la Memoria publicada por la Real Academia de Buenas Letras 



COMPTES RENDUS 26/ 



el Sr. Rubic) no se propuso, empero, anadir nada iiuevo a lo ya publicado, 
por no tener reunidos aûn todos los materiales que iba encontrando en 
el Archivo de la Corona de Aragon, y se limitaba a dar idea de la impor- 
tancia de la conquista, apoyândose, no en la opinion de historiadores es- 
panoles, ni en la de extranjeros benévolos, sino en la de los que un tiempo 
fueron nuestros enemigos y, por consiguiente, en libros llenos de ultrajes 
y menosprecios, que, en su exageraciôn precisamente, revelan la durade- 
ra impresiôn de terror que los catalanes vencedores dejaron en el pueblo 
vencido. 

Por esto los capitulos de esta Memoria estân dedicados al recuerdo de 
la expediciôn catalana en las tradiciones y canciones populares, a las 
obras de la literatura griega que tratan de dicha empresa, especialmente 
de ciertos dramas sobre asuntos de los ûltimos momentos de nuestra do- 
minaciôn en Oriente, y a las crônicas y obras histôricas que se ocupan 
de ella, deteniéndose en discutir el juicio que han hecho los autores bi- 
zantinos de los catalanes, extranando, con razôn, el doctor Rubiô cômo 
habiendo sufrido la Romania tan diversas invasiones y devastacione.s, 
hayan reservado los helenos todo el odio y dcsprecio para los catalanes, 
olvidando que fuei'on éstos los que salvaron a Andrônico de la amenaza- 
dora acometida de los turcos; que fueron las naves catalanas de Pedro e^ 
Ceremonioso las que se unieron a la flota griega para destruir el poderio 
genovés, y, finalmcnte, que el ùltimo monarca de Bizanzio entré en su 
capital en galeras catalanas. 

JVlâs extensa y mas depurada es la monogralîa que dos aîios después 
leyô en la Real Academia de Buenas Letras, con el tîtulo de Los navarros 
en Grecia y el Ducado catalan de Atenas en la época de su i7ivasion, publi- 
cada en el mismo tomo de Memorias, en 1886. Aquf utiliza el Sr. Rubiô 
por primera vez los numerosose interesanti'simos documentos quehabîa 
descubierto en el Archivo de la Corona de Aragon y en el de la Câmara 
de Comptos, de Navarra. El Sr. Rubiô ha empezado, por lo tanto, a rea- 
lizar lo que reclamaba cinco anos antes: penetrar por medio de sérias in- 
vestigaciones los secretos maravillosos de la conquista de Oriente. El 
apéndice de sesenta selectos documentos que tiene esta monografîa de- 
muestran la exactitud de nuestra afirmaciôn. 

No tardô en ampliar las investigaciones, y para visitar los archives de 
Italia y recorrer los lugares en que se desarrollaron los episodios de la 
Companîa catalana emprendiô su primer viaje a Sicilia y Grecia, durante 
el cual tuvo la desgracia de sufrir gravîsima afecciôn en los ojos, que ha 
perdurado y ha exigido la mayor abnegaciôn por parte de nuestro profc- 
sor para continuar sus trabajos histôricos y literarios; porque debemos 
recordar que, alternando con las monografîas sobre la Grecia catalana. 



268 COMPTES RENDUS 



el Sr. Rubiô ha publicado importantes estudios de historia literaria de 
Cataluila, la novela del cuatrocientos Curial y Guelfa, delicadas poesîas y 
la magnffica colecciôn de Documents per V historia de la cnltiira catalana 
mig-eval. Bien podemos decir que ha desafiado todas las contrariedades 
de la vida, y que cuanta mayor dificultad ha experimentado para el tra- 
bajo, mâs intensa ha sido su labor. 

Continuando sus publicaciones sobre la dominaciôn de nuestros ante- 
pasados en Oriente, diô a luz: en 1892, un estudio De la e'poca en que'ls 
catiilans perderen Atenes, en el «Butlleti del Centre Excursionista de Ca- 
talunya»; en 1896, otro titulado El Ducat caiald d' Atenes en el régnât de 
Don Joan I, en la «Revista de Catalunya»; en 1899, e! arti'culo destinado 
al «Homenaje a Menéndez y Pelayo en el aiio vigésimo de su profesora- 
do», con el tîtulo de La lengua v la cultura catalana en Grecia en el si- 
glo XIV; en 1906, la Memoria La llengua catalana d Grecia, presentada 
al Congreso Internacional de dicha lengua celebrado en Barcelona y pu- 
blicada en el toitio de trabajos del propio Congreso; en 1908, su discurso 
de recepciôn en la Academia Pi-ovincial de Bellas Artes de Barcelona 
verso sobre I^a Acropolis de Atenas en la e'poca catalana, donde hace notar 
la trascendencia extraordinaria de su descubrimiento, en un diploma del 
Archivo de la Corona de Aragon, del elogio del Parthenôn por el rey 
Pedro el Ceremonioso, por ser la primera manifestaciôn de la conciencia 
estética de Europa, de las maravillas de la arquitectura clâsica, en plena 
Edad Media, cuando todavia no se habia despertado el espîritu arti'stico 
moderno; y en el mismo aiio ûltimamente citado publicô aûn un curiosî- 
simo artîculo en el «Boletin de la Real Academia de Buenas Letras», ti- 
tulado Lapoblacio dels Ducats catalans de Grecia. Y citaremos también 
aquî, alterando el orden cronolôgico, el muy interesante estudio Contri- 
huciâ à la biografia de Vlnfa^it Ferran de Mallorca, insertado en 191 5 en 
la revista «Estudis Universitaris catalans». Este infante de la Casa real 
catalana fué el caudillo de mâs alto linaje entre los que tuvo la Compania 
en Oriente y al que el Sr. Rubiô denomina el Principe almogdver por ex- 
celencia. Su vida aventurera ha sido narrada y comprobada por nuestro 
autor por medio de preciosos documentes, en su mayoria inéditos. 

Adrede dejamos para el ùltimo lugar tratar consecutivamente de las 
cuatro monografîas que sobre la misma materia histôrica ha publicado el 
Sr. Rubiô en los Anuaris del «Institut d'Estudis Catalans», porque es en 
rllos donde aparece ya apurada la investigaciôn documentai y comple- 
tado el conocimiento de los territorios, gracias a un segundo viaje a Ita- 
lia y Grecia, efectuado en 1908. 

En la primera de esta série, y titulada Atenes en temps dels catalans, que 
se halla en el Anuario de 1907, nos comunica el autor que ha logrado du- 



COMPTES RENDUS 209 



plicar el numéro de los documentos incditos que tenîa, y que, merced a 
e.llos, podra rectificar errores fundamentales, que habian sido ya admiti- 
dos por los principales historiadores, como Hopf, Gregorovius, Lambros, 
Constantinidis, Miller y otros que se dedicaron a la Grecia medioeval. 
Trata aquî el Sr. Rubiô de las raras vicisitudes de los ûltimos anos de 
nuestra dominaciôn en el Ducado de Atenas, desde 1377 hasta 1388, pu- 
blicando precisamente una notable carta de Juan I de Aragon a Elena 
Cantacuzeno, condesa de Salona, cediéndole posesiones que debîa dar 
ya por perdidas, y que, como Atenas, no tardaron en caer en manos dt-l 
tiorentino Nerio Acciajuoli. Data mémorable la del 2 de Mayo de 138S, 
exclama el autor, di'a en que fuc arriado de la roca sagrada del helenis- 
mo, de la Acr(3polis de Atenas, el pendôn de las cuatro barras, después 
de haber ondeado en aquellos mures por espacio de setenta y très anos. 
La dominacicju de los catalanes en Atenas, aiiade el Sr. Rubiô, es el epi- 
sodio mas extraordinario del romântico drama del Oriente latino, y de 
él solamente ha quedado a nuestra lengua la gloria de haber resonado 
por espacio de cuasi una centuria en los lugares mas famosos de la his- 
toria del mundo. 

En el segundo Anuario, en 1908, publicô el Sr. Rubiô Els castells ca- 
talans de la Grecia continetiial, trabajo mas descriptivo que historien, 
fruto de las visitas a aquellos pai'ses y acompaiiado de un mapa de la 
Grecia en 1330, delineado por el propio autor con paciencia de benedic- 
tino y en el que senala fielmente las poblaciones de dominio griego, de 
dominio catalan, de dominio angevino y de dominio veneciano, ademâs 
de marcar las posesiones y feudos de los Brienne y de los diverses di- 
nastas italianos del archipiélago del Negroponto, de Morgo y otras islas. 
No creemos que para la Grecia medioeval haya aparecido hasta el pré- 
sente una carta geogrâfica mâs interesante y mis difi'cil de formar. 

Divide el Sr. Rubiô los castillos descritos en dos grupos: los de la Mo- 
rea, cuyo origen e historia pertenece generalmente a la época francesa, 
y los de la Grecia continental, de origen e historia principalmente cata- 
lanes. En todos ellos va estudiando, no solamente la situaciôn geogrâ- 
fica de las fortalezas y las denominaciones que recibîan en los documen- 
tos de la época, custodiados en los Archives de Palermo y Barcelona, sine 
también su correspondencia onomâstica catalana y la griega actual, 
para le cual se necesita haber conocido muchas ebras y muchos diplo- 
mas y haber sabido comparar los nombres geogrâficos. Por esta razôn, 
sin caer en exagcraciôn, podemos afirmar que nadie mâs que el senor 
Rubiô tenîa la preparaciôn suficiente para esta labor, que a primera vista 
parece fâcil y sencilla. En esta monografi'a también da noticias inéditas e 
interesantes sobre la historia de la isla de Egina en el siglo xv, ùltimo 



270 COMPTES RENDUS 



resto de la dominaciôn catalana, que se sostuvo alli todavîa medio sigio 
después de la caîda de Atenas. 

Es mas pronto visible la importancia del trabajo de nuestro autor en 
Els governs de Matheii de Moncada y Roger de Lluria en la Grecia catala- 
na, monografîa de alto interés hislôrico, publicada en 1912, en el cuarto 
Anuario. Corre la narraciôn desde 1359 hasta 1370, al morir el caudillo 
Roger, que es cuando se abre en la Grecia catalana un nuevo perfodo de 
anarquia. No tenemos espacio para indicar siquiera los principales epi- 
sodios que van aclarandose y completândose en este estudio, ni para 
apuntar los nucvos detalles que da de las hostilidades que estallaron en- 
tre los dos mencionados caudillos, de la tiranfa que sucesivamente esta- 
blecieron y de la escandalosa alianza que Lluria contrajo con los turcos. 
Todo a base de numerosos documentos y de una completi'sima biblio- 
grafi'a. 

La mis reciente de las monografîas del profesor Rubiô y Lluch, pu- 
blicada en el Anuario de 1914, bajo el ti'tulo de La Grecia catalana desde 
la mort de Roger de Lluria fins a la de Frédéric III de Sicilia, es la conti- 
nuaciôn inmediata de la anterior, acabando en el aîïo 1377. Todos los 
sucesos de tan intrincado peri'odo estân estudiados también con docu- 
mentos inéditos, algunos de ellos motivando en nosotros una intensa sa- 
tisfacciôn del espi'ritu patriôtico, como aquel privilegio de franquicia, 
de 1372, en favor del baile de Atenas, donde el notario hizo constar que 
habîa sido redactado en lengua catalana, vulgari catalanorum eloquium 
secundum usiim et mores civitatis eiusdem, es decir, segûn costumbre en 
Atenas; lo que hace declarar al Sr. Rubiô que, si bien era ya tradiciôn 
admitida la de que la lengua catalana se habîa mantenido en Grecia 
como idioma cancilleresco, en realidad faltaban las pruebas por completo 
de un hecho a la vez tan glorioso como interesante; y por esto el descu- 
l)rimiento reciente de taies pruebas y sobre todo de los largos e intere- 
santes capîtulos de Atenas, de 1380, redactados también en catalan, lo 
debe considerar como una de las mas grandes recompensas de sus pe- 
nosas investigaciones en los archivos. 

No podemos entretenernos en apuntar todos los asuntos que va cs- 
tudiando el Sr. Rubiô en esta monografîa, la mas extensa y nutrida de 
toda la série y que ciertamente no sera la ûltima, {)ues nos consta que 
tiene materiales de primera mano destinados a historiar la Grecia cata- 
lana hasta la definitiva expulsion de la Companîa. Y sabemos también 
que va a ofrecernos, como digno remate o coronamiento de su labor, el 
Diplomatarl de l'Orient Catald en el XIV' segle, selecta colecciôn de mâs 
de qiiinientos documentos encontrados en los archivos de Cataluna, 
Francia é Italia, que ya ha comenzado a imprimir y que sera el arsenal 



COMPIES RENDUS 2Jl 



de las pruebas justificativas de la historia de la expediciôn de catalanes 
y aragoneses contra turcos y griegos. 

La erudiciôn catalana debe agradecer profundamente al profesor Ru- 
biô y Lluch el que se haya dedicado a escribir unos capitulos de la his- 
toria de Cataluna, que nadie habri'a podido producir actualmente, y por 
lo que podemos presumir, ni aun en un porvenir mâs o menos dilatado. 
Es cl mismo caso del Sr. Giménez Soler, que resultô tambiéa, por espe- 
ciales circunstancias, la ûnica persona capaz de escribir los capftulos que 
en nuestra historia régional debian narrar las relaciones de la Corona de 
Aragon con el reino moro de Granada en los siglos xtv y xv. Rubiô y 
Lluch, helenista, conocedor de la literatura histôrica medioeval y mo- 
derna de Grecia, excursionista en aquel pai's y autor de una fecunda in- 
vestigaciôn en los mâs importantes archivos, era el erudito y critico que 
podia llenar satisfactoriamente el primero de los indicados vacîos de 
nuestra historia. Giménez Soler, arabista, conocedor de la historia de 
los monarcas granadinos y primer oficial del Archivo de la Corona de 
Aragon, pudo ir investigando con toda libertad, estimar el verdadero 
valor de cada diploma y reunir toda la documentaciôn arabe con las co- 
rrespondientes traducciones catalanas de cancillen'a que allî se custodia- 
ban, y por estas circunstancias nadie sino él podîa llenar el segundo 
vacio observado. La labor del Sr. Giménez resultô, empero, mâs precipi- 
tada, con menos estudio preparatorio y menos caudal bibliogrâfico, 
aparté de una redacciôn un tanto seca y descuidada. El Sr. Rubiô, con- 
serv^ando la forma v estilo literarios y presentando un aparato bibliogrâ- 
fico completîsimo, ha hecho obra de mâs agradable lectura para eruditos 
y para profanes. Ambos, con todo, merecen gratitud y elogio por su ex- 
traordinario esfuerzo. 

Y en cuanto se refiere al profesor Rubiô, es innegable que sus publica- 
ciones deben interesar â la erudiciôn mundial, pues su asunto pertenece 
a aquella incomparable tierra helénica, centro de la mâs brillante civiii- 
zaciôn que ha existido jamâs. Para la erudiciôn catalana, en particular, 
ofrece la labor del respetable profesor un peculiar interés, interés que 
nos conduce a un doloroso resultado. Cataluna nada obtuvo de la expe- 
diciôn de la Compania catalana. Por esto ha dicho el propio Sr. Rubiô 
que es muy cierto que nuestro pueblo tuvo en la Edad Media extraordi- 
naria influencia en los destinos del pueblo griego. Las Visperas Sicilia- 
nas hicieron imposible la restauraciôn del imperio latino de Constanti- 
nopla, tan codiciada por los angevinos; la batalla del Cefis destruyô el 
poder franco de las gloriosas ciudades de Pericles y Epaminondas y des- 
organizô para siempre jamâs la soberanîa que los caballeros franceses de 
la cuarta cruzada fundaron en la tierra de Nestor y Agamenôn; pero que 



272 



COMPTES RENDUS 



no es menos cierto que la obra de Cataluna en Grecia no résulté en 
conjunto constructiva ni fecunda; fué, por cl contrario, obra negativa y 
tan estéril como casi todas las gloriosas empresas guerreras de nuestra 
lîistoria medioeval en determinados momentos trâgicos, en^presas e in- 
tentes de colonizaciôn que no nos produjeron el mâs pequeno provecho 
nacional, «ni tant sols un modest Hoc al sol en la terra». 



J. MiRET Y Sans. 



LITERATURA DOMINICANA 



(') 



LA VIDA LITERARIA EN LA EPOCA COLONIAL 

No se ha escrito aûn la historia de la cultura dominicana en 
les siglos coloniales. No es mucho lo que de ella se sabe. La le- 
yenda local dice que la ciudad de Santo Domingo, en el si- 
glo XVI, mereciô el nombre de A tenus del Niievo Mimdo. La 
frase es muy del gusto espanol; pero [que extraiîa concepciôn 
del idéal ateniense: una Atenas militar en parte, en parte con- 
ventual y escolâstica! ^En que se fundaba el pomposo tîtulo? En 
la Universidad, desde luego; en el saber de los conventos, del 
Palacio arzobispal, de la Real Audiencia, después. 

En el orden de la cultura, Santo Domingo précède a todos los 



( I ) He deseado ofrecer el présente trabajo a los lectores de la Revue 
Hispanique para completar, en lo que se refiere a la época colonial, el es- 
tudio va publicado por el Sr. Garcia Godoy sobre la literatura de mi 
pafs. 

En el curso de mi trabajo usaré el nombre de Santo Domingo para de- 
signar el paîs, ya que asî se le Uamô en los tiempos coloniales, y sôlo en 
1844 se le dio el tîtulo de Repûblica Dominicana, nombre poco feliz, que 
nuestros Congresos debieran haber cambiado ya, siguiendo la indicaciôn 
de Host'-s, por el de Repûblica de Quisqueya. El nombre Santo Domin- 
go es motivo de confusiones, pues désigna très cosas: la isla, la Repûbli- 
ca, y la ciudad capital. A esta la designaré generalmente por su titulo. 

Revnt Hispanique. — P. 18 



2/4 PEDRO HENRÎQUBZ URENA 

paîses de America. Fue el primero que tuvo escuelas y conven- 
tos; el primero que tuvo sede episcopal; el primero que tuvo 
Real Audiencia; el primero a que se concediô Universidad. No 
fue el primero que tuvo imprenta: Mexico (l539) y el Perii 
(1584) se le adelantaron. No se sabe cuândo apareciô la tipo- 
grafia entre nosotros; la version usual, no confîrmada, la coloca 
en el siglo xvii. Del xvni, al menos, si se conocen impresos do- 
minicanos ( ' ). 

Y hubo de ser Santo Domingo el primer pais que produjera 
hombres de letras, aunque los conocidos no son anteriores a los 
que produjo Mexico. Dominicanos fueron, en el siglo xvi, el 
fraile dominico Alonso de P2spinosa, uno de los mas antiguos 
escritoi'es nacidos en America, y doiîa Leonor de Ovando y dona 
Elvira de Mendoza, las mâs antiguas poétisas del Nuevo 
Mundo ( ^). 



(ï ) El dato sobre el siglo xvti lo tracn Henri Stein. Manuel de biblio- 
graphie gc'nêr aie (Paris, 1897; pagina 636) y antes Isaiah Thomas, Histo- 
r\ of Prinfing in America {\<Ioyce^\.ftr, 1810; reimpresa en Alljany, 1874). 
Moreaii de Saint-Méry ('Z>^j7.v"^)>//^« topographique et politique de la partie 
espagnole de V Isle de Saint-Domingue^ Filadelfia, 1796) mKiiciona la im- 
prenta que existia en la capital a fines del siglo xviii, destinada a publi- 
-caciones oficiales. 

(2) De las poétisas hay suficientc noticia en la IlisLoria de la poesta 
Jiispanoamericana (primer tomo, Madrid, 191 1, nombre que lleva la re- 
impresiôn de los prcilogos puestos a la Antologia de poefas liispanoameri- 
iTfzw^.r de la Real Academia Espaîïola (Madrid, 1893-1895), por D. Marcr- 
lino Menéndez y Pelayo. 

De Fray Alonso de Espinosa hablo extensamentc en mi artîculo Kl 
frimer libro de escritor americano, en la Romanic Review, de Nueva York. 
i()i V Es scguro que Santo Domingo produjo en el siglo xvi un escritor 
de ese nombre, fraile dominico, de quien dice Gil Gonzalez Dâvila {Tea- 
tro Ecleaidstico de la Primitiva Iglcsia de las indias Occidentales, Ma- 
drid, 1649-1655) que compuso «un élégante comcntario sobre el Sal- 
mo XLIV, Eruclavit cor meuin verhum bonuin^. No se conserva el trabajo 
de Fray Alonso. ;Es este religioso el mismo de quien sa1)emos que visti(5 



LITKRATURA DOMINICANA 2/5 

No es fantasia afîrmar que en la isla comenzô a escribirse 
■desde su descubrimiento. El diario de Colon, que conservâmes 
-extractado por el P. Las Casas, contiene las paginas con que te- 
nemos derecho de abrir nuestra historia literaria, el elogio de 
nuestra isla que comienza: <La Espafïola es maravilla...» 

Con el primer AIrnirante vinieron, en viajes posteriores, el 
benedictino Fray Bernardo Boil, primer représentante de la 
Santa Sede en el Nuevo Mundo, y el jerônin^.o Fray Roman 
l'ane, autor de las primeras noticias sobre las costumbres reli- 
giosas y artisticas de nuestros indios ( ' ). 



•el hâbito dominico en Guatemala y luego, en las islas Canarias. escribiô 
el curioso e interesante libro Del On's;en y rnilagros de la Sancta Tmagen de 
Nuestra Senopa de Candelaria, que apareci(^ en la isla de Teîterife, con la 
descripcion de esta isla, asî como la hoy perdida Exposiciôn, en verso 
castellano, del Salmo XLI, Quid ad modiim desiderat cervus? Del autor de 
■estes dos trabajos se decîa que era natural de Alcalâ de Henares. La 
identificaciôn de estos dos escritores homônimos y coetAnens tiene visos 
de prohal^ilidad, pern no la considerf) probada. Acept<1ndoIa, v aceptan- 
do el ano de 1541 como fecha de la publicaciôn del libro sobre la Can- 
delaria, el estimado bihliôgrafo eubario D. Carlos M. Trelles atribuîa a 
Santo Domingo la gloria de haber dado cuna «a! primer americano que 
■escribiô y publicô un libro». Pero." acéptese o no la inflicacion, el libro 
■del Espinosa résidente en Canarias no se escribiô sino hacia los ùllLmos 
anos del siglo xvi y no se publicô hasta 1594, en Sevilla; la fecha de {541 
es una errata en las ediciones de la Bihliotera Hispatia Nflva^ de Nicolas 
Antonio. Los primeros escritores de America de quienes hasta ahora se 
sepa que publicaron libros son mexicanos. 

(' ) La historia literaria de Santo Domingo no tiene por que c«jmeu- 
zar con la exposiciôn de esas elementales costumbres religiosas y artisti- 
cas, que pertenecen a la etnologfa y no a la literatura. Mencionaremos, 
sin embargo, estos hechos: se crée que los indios llegaron a producir je- 
roglîficos toscos, que grababan, por ejemplo, en las cibas mortuorias f) 
piedras de los sepulcros. Tenian ritos de canto y danza combinados 
(areitos). También se dice que la palabra v^zr^î'/significaba cantar (aun- 
que a mi juicio esta palabra no existi'a en nuestra isla, sino que pertene- 
•ce a! continente méridional) y que la palabra diuinba significaba danza 



2/6 PEDRO HENRfQUEZ URKNA 

Luego toda la inundacion de la conquista, los exploradores,. 
los futures grandes capitanes Ponce de Leôn y Nûnez de Bal- 
boa, Velâzquez, Ojeda, Pizarro, Cortés, y los religiosos, secula- 
res y regulares, los prelados y sus familiares, los maestros, los- 
hombres de letras, los hombres de ley... Y, fînalinente, las da- 
mas cultas de la corte de Dona Maria de Toledo y las religio- 
sas aficionadas a escribir... Cu.ll mas, cuâl menos, todos escri- 
bîan en la Espana de entonces; la literatura fue, como dice don 
Rafiiel Altamira, «fenômeno verdaderamente colectivo, en que 
participa la mayoria de la naciôn>. 



(como parece confirmarlo la palabra ////«3a, empleada por nuestros cam- 
pesinos para designar bailes). La reina de Maguana, Anacaona, esposa 
del cacique Caonabo y victima de la crueldad de Ovando, es el linico 
poeta y corifeo cuyo nombre conservamos. En su Historia gênerai y na- 
tural de las Incitas (Libro V, capitulo I) dice Gonzalo Fernândez de 
Oviedo: «En el tiempo que el comendador mayor don Frey Nicolas de 
Ovando gobernô esta isla, hizo un areyto antél Anacaona, muger que fue 
del cacique o rey Caonabo ila quai era gran senora): e andaban en la 
dança mâs de trescientas donçellas, todas criadas suyas, mugeres por 
casar: porque no quiso que hombre ni muger casada (o que oviesse co- 
nocido varon) entrasen en la dança o areyto». Antes explica que areito- 
es clo mismo que nosotros llamamos baylar cantando>. 

De la letra de los areitos solo queda una muestra, cuya traducciôn 
compléta no se conoce: el himno de guerra, Igi aya bojigbe o Aya bombe,. 
cuyo primer verso, segùn tradiciôn, cuyos orîgenesignoro, significa cPrl- 
mero mueito que esclavo», y cuyo segundo renglôn alude a la reina poé- 
tisa. He aquf el curioso fragmento: 

Aya bomba ya bombai (bis) 
Lamassam Ana-Caona (bis) 
Van van tavana dogai (bis) 
Aya bomba ya bombai (bis) 
Lamassam Ana-Caona (bis). 

Estos versos se encucntran en el artîculo del Reverendo Hamilton W. 
Pierson sobre Anacaona (equivocadamente intitulado A/iacoana), impre- 



LITERATURA DOMINICANA 2/7 



LAS UNIVERSIDADES 

La Impérial y Pontifica Universidad de Santo Tomâs de 
Aquino fue, originariamente, el colegio de los frailes dominicos, 
cuyo convento fue el segundo establecido en la isla (hacia 1515), 
anos después que el franciscano. Dieron categorîa universitaria 
al colegio el Emperador Carlos V y el Pontifice Paulo III, cuya 
bula In Apostolatus culmine, de 26 de Octubre de 1538, le con- 
cède los privilegios y honores de la Universidad de Alcalâ de 



so en las paginas 309 a 312 del tomo 11 de la énorme obra que lleva el 
nombre de Information respecting ihe History, Conditiott and Prospects of 
■ihe Indlan Tribes of the United States. Collected and Prepared... by Hen- 
ry R. Schoolcraft (seis volûmenes, Filadelfia, 1851-1860). Junto con los 
versos aparece la mûsica. Unos y otra los obtuvo Mr. Pierson del aboga- 
do Mr. William S. Simonise, nativo de la Carolina del Sur y résidente de 
Haitî. D. Antonio Bachillery Morales transcribiô los versos, con erratas, 
■en su Cuba primidva (segunda ediciôn, Habana, 1883), aunque nada tie- 
nen que ver con Cuba. Como el primitive transcriptor de ellos vivfa 
en pafs de lengua francesa, es indudable que en ortografîa castellana de- 
ben escribirse asî estos renglones: 

Aya bomba ya bombé... 
Van van tavana dogue.... 

No es de créer que el areito de nuestros indios hubiera llegado, como 
dice Oviedo, a la narraciôn muy extensa, precursora del poema épico. 
Parece cuerdo atribuirles poesîa mas elemental; lo que no implica negar- 
les la conservaciôn de leyendas mitolôgicas e histôricas, entre las cuales 
las mas interesantes son las relativas al origen de los astros (la caverna 
de Cacibajagua), al origen del hombre y a la inundaciôn oceânica que, 
segûn ellos, habîa convertido en islas a las Antillas, unidas antes a la tie- 
rra firme. 



2/8 PEDRO HENRfQUEZ URENA 



Henares. La nuestra funcionô con su carâcter propio desde 
I558(').' 

Tuvo cursos de Teologîa, Filosofîa, Derecho y Medicina; aca- 
so también de Astrologîa, como la de Mexico. li^l convento do- 
minico ténia a su cargo la ensenanza teolôgica y una de las ca- 
tedras filosoficas; a la Universidad tocaba atender por su cuenta 
al resto de las câtedras de Filosofîa (entre ellas la especial sobre 
el estudio de las Sentencias de Pedro Lombardo) y a las de De- 
recho canônico, Derecho civil y Medicina. Poco sabemos de las 
orientaciones y los resultados de esta enseilanza, fuera de lo que 
lôgicamente se infiere de la constituciôn del plantel; como este 
se hallaba bajo el patrocinio de los dominicos, la Filosofîa esco- 
lâstica que allî predominaba era la de Tomâs de Aquino, cuyo 
nombre llevaba la Universidad. Aristôteles era, como en la 
Edad Media, el patriarca de la Ciencia. Hay un curioso dato so- 
bre la enseilanza de la Medicina. El valenciano Francisco Pujol 
imprimiô en Câdiz, hacia mediados del siglo xvni, una carta a 
nuestra Universidad, donde habia recibido su titulo de doctor 
en Medicina; allî pide, segûn el bibliôgrafo mexicano Beristain, 
«que \os pioîtos para disertar en las oposiciones escolâsticas a las 
câtedras de Medicina no se den en las obras de Avicena, sino en 
el texto de Hipocrates, y para la câtedra de Anatomla se sa- 
quen de la obra de Martin Martinez» (el maestro espanol de 
aquel siglo). Es decir, que todavîa en los comienzos de la Me- 
dicina actual, la del Renacimiento imperaba en Santo Domingo; 
volver a Hipocrates era un progreso, como lo habia sido siem- 
pre hasta el siglo xv, segûn advierte (îilbert Murray. 

Aun asi, la Universidad de Santo Tomâs sirviô de modelo 



( • ) La de Mexico funcionô desde 1553, de acuerdo con cédula dada 
por Carlos V en 1551; pero la nuestra, como queda dicho arriba, funcio- 
naba desde mucho antes como colegio de la Orden de Predicadores, y 
desde 1538 estaba en vîas de elevarse a la dignidad universitaria. 



LITERATURA DOMINICANA 279 

para la de la Habana, fundada en el siglo xviii, y todos los cro- 
nistas aseguran que a la nuestra acudian estudiantes de las co- 
lonias vecinas: Cuba, Puerto Rico y Venezuela. 

Pero la ciudad de Santo Domingo tuvo, no una, sino dos Uni- 
versidades. El esîudio o colegio de los jesuîtas adquirio grande 
importancia en el siglo xviii, al igual que todas las instituciones 
de la Compania en America (en Mexico fueron el centro de la 
brillante cultura literaria é histôrica de aquella centuria), y entrô 
en pugna con la instituciôn regida por los dominicos. Obtuvo del 
Rey, en Octubre de 1747» el privilegio de erigirse en Universi- 
dad; y la categorîa se la concediô Benedicto XIV en el Brève 
In supereminenti^ de 14 de Septiembre de 1748. con el derecho 
de expedir tîtulos universitarios. Se ensenaban allî Gramâtica, 
Retôrica, Logica, Fîsica, Filosofîa, Teologia, Derecho civil y 
Medicina. Pero este colegio viviô, después de su elevaciôn, poco; 
en 1767 ocurriô la expulsion de los jesuitas, y las rentas de su 
colegio dominicano se aplicaron al fîstii'lio de San Fernando, 
que fué establecido hacia 154O por el iîiantrôpico Hernando de 
Gorjôn y durô hasta fines del siglo xviii. 



LOS RELIGIOSOS 

Los conventos de la ciudad capital fueron centros de cultu- 
ra (*); junto al dominico, su precursor y antagonista el francis- 
cano, en cuyas ensenanzas filosôficas hubo de predominar la 



( ' ) Sobre la cultura religiosa debo muchos datos a la Historia ecle- 
sidstica de la Arquidiocesis de Santo Domingo, del canônigo D. Carlos 
Nouel (dos volûmenes, Roma, 1913, y Santo Domingo, 19 14), y màs aûn 
a las notas que sobre este libro publicô, en el semanario El Progreso, 
de Santo Domingo, en 191 5, D. Américo Lugo, cuyas investigaciones en 
los archivos europeos estân renovando muchas cuestiones de nuestra 
historia. 



280 PEDRO HENRÎQUEZ URENA 



escolâstica de Duns Escoto, y el de la Orden de la Merced, en 
Guya reforma intervino, a principios del siglo xvii, no menor 
maestro que Tirso de Molina, Fray Gabriel Téllez, en compania 
de Fray Juan Gômez, catedrâtico del colegio mercedario de 
Alcalâ; Fray Diego de Soria, Fray Hernando de Canales, Fray 
Juan Lopez y Fray Juan Gutiérrez. Tirso déclara que, al partir 
«Uos, dejaron organizada la enseîianza de su convento con cate- 
drâticos nacidos en la isla, que desde entonces producia grandes 
talentos, aunque atacados de negligencia («el clima influye inge- 
nios capacîsimos, puesto que perezosos>). Ademâs, los conventos 
de monjas, el de Santa Clara, y el de Regina Angelorum, que 
se ilustra con el nombre de Sor Leonor de Ovando. Después 
hubo también monjas junto a la ermita del Carmen. 

Centro de vida intelectual no inferior a los conventos era 
el Palacio arzobispal, por donde paso larga série de prelados 
cultos, escritores muchos de ellos. El primer obispo en funcio- 
nes fué el italiano Alejandro Geraldino (1455-1525). En Espana, 
adonde le llamaron los Reyes Catôlicos como preceptor de Pa- 
lacio, habîa sido, junto con su hermano Antonio, y como Lucio 
Marineo Siculo y Pedro Màrtir de Angleria, uno de los porta- 
dores del esplritu del Renacimiento italiano. Aunque fué escritor 
fecundo en latin, dejo mayor fama como pedagogo, y «tiene el 
mérito — dice Menéndez y Pelayo, en la Antologia de poetas 
liricos casiellanos (tomo \^I, cap. vu) — de haber sido uno de 
los primeros que empezaron a recoger lapidas e inscripciones 
romanas en Espaiïa». En su Itinerarium, publicado en Roma 
en 163 1, se hallan sus observaciones sobre vSanto Domingo. 

Le siguio D. Sébastian Ramîrez y F"uenleal (f 154/)) a quien, 
por sus cartas, se coloca entre los escritores. Ni debe olvidarse 
al obispo de Venezuela, Rodrigo de Bastidas, que rigio la iglesia 
d^minicana durante interregnos. 

El primero a quien tocô ya el titulo de arzobispo, desde 1548, 
D. Alonso de Fuenmayor (t 1 560), dejô manuscrita una Relaciôn 
de cosas de la Espaiiola. Y tras este mencionan los bibliôgrafos, 



LITERATURA DOMlNICANA 28 1 

principalmente Beristain y Trelles, a otros prelados que dejaron 
libres, relaciones o cartas, en impresos o solo en manuscritos ( ' ). 
Asi, a fines del sigio xvi, el teôlogo y predicador palentino Fray 
Nicolas de Ramos, que terciô en !a controversia sobre las tra- 
ducciones de la Biblia en Espaîla, escribiendo en defensa de la 
Vulgata latina, y el mexicano Fray Agustin Dâvila Padiila (1562- 
1604), historiador y arqueôlogo (^). En el siglo xvii, Frav 
( "ristôbal Rodri'guez Suârez, antes catedrâtico de Teologia en la 
Universidad de Salamanca; el ecuatoriano Fray Domingo Val- 
derrama, teôlogo, muerto hacia 1624; Fray Pedro de Oviedo 
(t 1650), comentador, en latin, de Aristôteles y Tomàs de Aqui- 
no; Fray Facundo de Torres; Fray Domingo Fernândez de Na- 
varrete, escritor fecundo, que muriô como mârtir del cristianis- 
ino en China (1685), y Fray Facundo Carvajal y Rivera, cuyas 
admirables cartas, como cle fino lector de Graciân, ha recogido 
V en parte publicado Américo Lugo. 

En el siglo xvui, Fray Francisco del Rincon, el Dr. Domingo 
Pantaleôn Alvarez de Abreu, de las islas Canarias (f 1763) y el 



( ' ) José Mariano Beristain de Souza, Biblioteca hispanoamericana sep- 
tentrional {irç:s volûmenes, Mexico, 1816-1821), y Carlos M. Trelles, En- 
sayo de bibliografia cubana de los siglos xvii^ xviii (Matanzas, 1907). 

(2) Gil Gonzalez Dâvila dice que en tiempos de monseiior Dâvila 
Padiila, «D. Nicolas de Anasco, deân de la iglesia de Santo Domingo, 
quemô en la plaza de la ciudad trescientas Biblias en romance, glosadas 
conforme a la secta de Lutero y de otros impi'os; que las halle andando 
visitando el Arzobispado en nombre del Arzobispo». Esta traducciôn de 
la Biblia es la admirable— ûnica de primer orden que existe en castella- 
no, segûn Menéndez y Pelayo — , hecha por el protestante Cipriano de 
Valera sobre la base de otra anterior, obra de Casiodoro de Reina. — 
Es curioso este dato sobre la herejfa en nuestro pais. La Inquisiciôn, 
que se implanté entre nosoti'os a mediados del siglo xvi, parece haber 
hccho pocas vi'ctimas; sin embargo, el pueblo diô el nombre de calle de 
los Mârtires a la que hoy se llama de Duarte, donde se hallaba estable- 
cido el terrible tribunal. 



282 PEDRO HENRÎQUSZ URENA 

mexicano Fray Ignacio de Padilla. Entre tanto, Santo Domingo 
daba a Cuba un obispo escritor, D. Pedro A. Morell de Santa 
Cruz (1694-1768), autor de la Historia de la isla de Cuba y de 
la catedral de Santiago^ que, aûn inédita, ha prestado grandes 
servicios a la investigaciôn de los orîgenes de la literatura 
cubana. 

Entre los sacerdotes y frailes que visitaron la isla o en ella 
nacieron, no eran pocos los que escribian. Después de los Pa- 
dres Boil y Pane, vinieron en 1502 los franciscanos, que funda- 
ron el monasterio de la ciudad capital y otros très en poblacio- 
nes diversas, y en 1510 los insignes dominicos, fundadores del 
convento de su Orden, Fray Pedro de Côrdoba, Fray Anton de 
Montesinos y Fray Bernardo de Santo Domingo, a quienes, 
pronto se uniô Fray Domingo de Mendoza. Fueron estos domi- 
nicos grandes defensores de la raza indigena con la palabra, con. 
la pluma y con la accion. Los ruidosos sermones del P. Montesi- 
nos contra las encomiendas de indios, son el origen de la gran 
controversia, cuyo héroe habîa de ser Fray Bartolomé de Las 
Casas (|j 1474?-! 566). A este, cuyas obras son la fuente principal 
de la historia primitiva de Santo Domingo, en buena parte le 
llevô a entrar en la Orden de Predicadores, cuyo hâbito vistiô 
entre nosotros, la persuasiva palabra de Fray Pedro de Côrdoba. 
Si Las Casas fué la mayor adquisiciôn hecha por los dominicos 
para la causa de la libertad de los indios, en cambio al principio 
tropezaron con un impugnador influyente, el P. Carlos de Ara- 
gon, acaso pariente de reyes y aficionado al movimiento eras- 
niista precursor de la Reforma; estas aficiones, junto con los 
ataques de los padres predicadores, le hicieron caer en manos de 
la Inquisiciôn en Espaiîa, donde se le condenô a réclusion 
perpétua. 

Luego, en todo el siglo xvi, junto con nuestro Fray Alonso 
de Espinosa, figuran Juan de Castellanos, el autor de las fatigo- 
sas pero utiles Eleg'ms de varones ilustres de Indias, quien hubo' 
de detenerse en nuestro pafs antes de trasladarse a la costa. 



LITERATURA DOMINICANA 2$^ 



firme; el Bachiller Alvaro de Castro, autor de Relaciones; el bur- 
galés Fray Pedro de Angulos, acompanante de Las Casas; el ex- 
tremeno Fray Tomâs Ortiz (f 1538), obispo de Venezuela; Fray 
Tomâs Berlanga (f iSSOî Fray Tomâs Torre (f 1567), y el 
P. Martfn Ignacio de Loyola, autor de un curio&o itinerario im- 
preso en Madrid en los anos 1585 y 86. 

En el siglo xvii ha de mencionarse a Baltasar P'ernândez de 
Castro, arcediano de la Catedral metropolitana y, a menudo, go- 
bernador de nuestra iglesia durante las vacantes de arzobispo, 
y a Fray Diego Martinez, ambos dominicanos de nacimiento, al 
parecer, y poetas, de quienes se conservan versos en latin; a 
Fray FVancisco Jarque (1636-1691), que naciô en Santo Domin- 
go y fué catedrâtico en Buenos Aires, donde escribiô una rela- 
ciôn sobre las misiones del Tucumân, d 1 Paraguay y del Rio 
de la Plata y un Tesoro de la lengiia guarani., estimado por 
Leôn Pinelo como el mejor trabajo hecho sobre aquel idioma; 
y, fînalmente, a los dos mayores ingenios que visitaron la isia 
durante la época colonial: Tirso de Molina (1571-1648) y Ber- 
nardo de Valbuena (1568- 1627). Tirso tomô parte en la misiôn. 
reforniadora del convento mercedario y estuvo entre nosotros 
de 1616 a 1618. En su Historia de la Orden de la Merced hay 
largas paginas, que ha publicado Américo Lugo, sobre Santo- 
Domingo; en Deleitar nprovechando hay versos escritos alli por 
cl y premiados en certamen concurridîsimo por ingenios del 
lugar, segùn su propio testimonio; y todavfa en La Villana de 
Vallecas (acto II, esccna ixj hay rccuerdos de su visita a las-. 
Indias: 

^Cômo se coge el cacao? 
Guarapo ^qué es entre esclaves? 
(Que frutos dan los guayabos? 
jQué es cazabe, y que jaojao? 

La visita de Valbuena, quien, si nacido en Espana, es «el pri- 
mer poeta genuinamente americano, el primero en quien ser 



284 PEDRO HENRfQUEZ URENA 

siente la exubérante y desatada fecundidad génial de aquella 
prodigiosa naturaleza», segûn el decir de Menéndez y Pelayo, 
fué mas brève: vino de Jamâica, donde era abad, a consagrarse 
obispo de Puerto Rico en la catedral de Santo Domingo durante 
el sînodo provincial de 1622, y partio luego a su obispado. 

Al siglo XVIII pertenecen Fray Agustin de Quevedo Villegas, 
teôlogo; el P. José A. de Castro Palomino, autor de una Brève 
descripciôn de la isla; el Dr. Agustin Madrigal; el P. Juan Vâz- 
quez, versificador de Santiago de los Caballeros, que muriô, que- 
mado por los invasores haitianos, en 1800, y el benemérito 
Sanchez Valverde. 

LOS SEGLARES 

Ouedan los seglares, los hombres de accion, los hombres de 
profesiones libérales. Visitô la P^spanola, junto con el primer 
Almirante, su hijo D. Fernando Colon, «el patriarca de los bi- 
bliofilos modernos», autor de la discutida biografia del Descu- 
bridor, probablemente retocada después por manos ajenas e 
imperitas, y autor también del proyecto de organizaciôn de 
nuestra Real Audiencia. Con el Descubridor vino también el 
])r. Diego Alvarez Chanca, primer observador de la flora domi- 
nicana. Alcaide de la fortaleza de la capital fué, y alli muriô, el 
capitân Gonzalo Fernândez de Oviedo (1478- 15 57)» que entre 
nosotros escribiô la mayor parte de sus énormes obras, entre 
ellas las Qiiincuagenas^ en verso. Oviedo, ademâs, como el con- 
quistador D. Pedro de Pleredia, dejô entre nosotros larga y dis- 
tinguida descendencia. Al célèbre tesorero Miguel de Pasamontc 
(t 1526), fundador de la iglesia de San Miguel, se le menciona 
también como autor de unas perdidas Relaciones. 

Después, durante todo el siglo xvi, tomaron parte en la vida 
intelectual de la colonia el gobernador Rodrigo de P'igueroa; los 
oidores Alonso de Zuazo (1466-1539)) defensor de los indios, 
Echagoya o Echagoian, anciano vizcafno; Eugenio de Salazar 



LITERATURA DOMINICANA 28$ 

de Alarcôn, y el escribano Baltasar Lopez de Castro, empenado- 
en repoblar la isla con indios. (Representaciones, impresas de 
1598 a 1607). 

Gracias al excelente poeta madrileno Salazar, de cuya inédita 
Silva de poesia los extrajo Menéndez y Pelayo, poseemos curio- 
sos datos sobre nuestra vida literaria de 1573 a 1580: él habla 
de las antigiias poétisas; él habla de otro poeta nuestro, al pare- 
cer menos que mediano, Francisco Tostado de la Peiîa, y hasta 
de un astrôlogo dominicano, Castaiïo, que fué vîctinia de corsa- 
rios franceses. 

El americanista D. Alarcos Jiménez de la Espada recogiô otros- 
datos, no menos curiosos, del manuscrito de los Discursos médi- 
cinales de Juan jNIéndez Nieto. Este médico de la L^niversidad 
de Salamanca, que naciô hacia 1531 y muriô hacia 1617 en Car- 
tagena de Colombia, viviô en Santo Domingo de 1559 ^ 1567- 
Como escritor en prosa fué fâcil y agudo; de sus versos, poco 
queda y no valioso. Habla de otro poeta local, el alguacil mayor 
Luis de Angulo, a quien satirizô por haber imitado pobremente- 
a Jorge de Montemayor. También nos habla, pero con gran elo- 
gio, del versificador satlrico Lâzaro Bejarano, de Sevilla, y cita 
de él versos ingeniosos sobre casos de Santo Domingo. 

Aùn deben mencionarse, en el siglo xvi, Alonso de Ojeda, 
hijo del conquistador, y tal vez nacido entre nosotros; Sancho de 
Arciniega y Juan de Melgarejo, que dejaron memorias escritas. 

En el siglo xvii la colonia decayô; pero se cita, comohombres- 
de pluma, al gobernador D. Juan Francisco de Montemayor y 
Cuenca, jurista y teôlogo, escritor latino y castellano; a los oido- 
res Jerônimo Chacôn y Pedro Sanz o Nûfiez de Morquecho, tra- 
tadista de jurisprudencia y amigo del gran novelista Espinel; al 
escribano Francisco Facundo Carvajal, que describio la defensa 
de los dominicanos contra el sitio de los ingleses en 1655 {Ri-- 
laciôn^ impresa en Mexico, 1656); a los abogados Luis Jerônimo 
Alcocer, Esteban Prado y Juan Vêla, toledano, que escribiô una 
Politica sag-7-ada (Madrid, 1675), probablemente con reminiscen— 



^86 PEDRO HENRfQUEZ URÊNA 



cias de la Politica de Dios^ de Quevedo; al médico sevillano Fer- 
nando Dîez Leiva, autor de un curioso libro de Anti-axiomas 
(Madrid, 1682 ( ' ); al contador Diego Nûnez Peralta, que abrevio 
la Historia de /as Indias^ de Herrera; a Gabriel Navarro de Cam- 
pos, autor de un Discurso sobre lafortificnciôny defensa de la ciu- 
■dad de Santo Domingo, dirigido al Conde de Penalva; a Andrés 
Nûnez de Torra, y finalmente, a Francisco Morillas, poeta que 
compuso, en 1691, una glosa en honor de la Victoria de los do- 
minicanos contra tropas francesas que ocupaban la parte occi- 
dental de la isla, glosa de la cual solo quedan estos versos pue- 
rilmente arrogantes: 

Que para sus once mil 
sobran nuestros setecientos... 



EL SIGLO XVIII 

Todavia en el siglo xviii, en que la decadencia se acentuô, 
■visitaron la isla hombres de letras como los distinguidos juris- 
corisultos Francisco Javier Gamboa, de Mexico; Francisco de 
Arango y Parreno, de Cuba, y Diego Antonio de Oviedo y l>a- 
nos, de Colombia, y mns tarde los poetas cubanos Manuel Justo 
■de Rubalcava y Manuel de Zequeira y Arango, que caso con 
-dama dominicana. Las continuas invasiones de piratas, corsarios 
y bucaneros; la lenta conquista de la parte occidental por los 
franceses: el descuido de la metrôpoli, cuya ineptitud para admi- 
nistrar la colonia fué tal, que esta, poseyendo in.liscutibles rique- 
zas naturales, llegô a ser totalmentc iniproductiva, y se hizo ne- 
•cesario pagar a sus autoridades con dinero de Mexico; la despo- 
blaciôn progresiva, que redujo el numéro de sus habitantes a 



( ' ) La (^bra de Vêla y la de Dîez Leiva exislen en Nueva York, en la 
l)il)Hoteca de la Sociedad Hispânica. 



LITERATUSA DOMINICANA 28/ 

poco mas de cien mil ( ' ), toda esta série de calamidades sumio 
al pais en la ruina. 

Y, sin embargo, la vida intelectual continuaba, acaso conio 
ûnico refugio y consuelo de nuestras clases mas acomodadas. 
Las Universidades se haliaban en plena actividad. La Impérial y 
Pontificia ténia alrededor de doscientos alumnos, segi'm la Guia 
ftistôrica de las Universidades, publicada en Madrid en 1786. Se 
cultivaban las letras; se escribia constantemente, sobre todo 
versos satîricos (de los cuales quedan muestras), y hasta obras 
dramâticas. El teatro no era desconocido: probablemente habia 
entrado desde el sigio xvi bajo la protecciôn de la Iglesia. Con- 
tinuo después con la representaciôn de obras cortas, de carâcter 
profano, en calles y casas, hasta llegar al palacio de los gober- 
nadores, con D. José Solano (1771), bajo cuyo estîmulo se inter- 
pretaron comedias largas (=*). El gusto prédominante debiô de 
ser, para la poesîa elevada, el culterano; imperaba, sobre todo, 
Calderôn, segûn la reverencia con que se cita su nombre: 

Y el poeta mâs novicio 
murmura de Calderôn... 

dice uno vieja sdtira dominicana. 

Produciamos entonces hombres de t^^ran valer: taies fueron el 
Obispo Morell de Santa Cruz, Meléndez Bazân, Sânchez Valver- 
de y los \'illaurrutia. D. Antonio Meléndez Bazân, abogado do- 



( ' ) Menéndez y Pelayo dice, sin que sepamos de dônde proviene el 
d.ito, que en 1737 la poblacion ùr la parte espanola de la isla se habîa 
reducido a seis mil. El dato es absurdo, puesto que cuarenta afios des- 
l)ués, por los padrones parioquiales. se la calculaba en 1 17.300. 

(2) Don Américo Lugo viô en Madrid la copia de una obra dramiticn, 
de carâcter profano, escrita en Santo Domingo en el siglo xvn. Entre los 
papck'S del poêla D. Nicolas l'rena <le Mendoza sr, conservalmn manu- 
scritos del siglo xvin: uno de ellos, que aùn existfa en 1900, pero va poco 
legibîe por la mala calidad de la tinta, contenia una obra dramâtica. 



288 PEDRO HENRfQUEZ URENA 



minicano, llegô a ser Rector de la Universidad de Mexico, donde 
muriô en I74I- Hl canônigo D. Antonio Sànchez Valverde, pro- 
sador de mérite, que también muriô en la Nueva Espana, en 1790, 
dejô impresas no pocas obras, entre ellas la patriotica y valiosi- 
sima Idea dcl valor de la isla Espanola^ una de las mejores fuentcs- 
de nuestra historia. D. Antonio y D. Jacobo de Villaurrutia, na- 
cidos en la ciudad de Santo Domingo, respectivamente, en 1/55 
y I757> fueron abogados y periodistas. El segundo fué alta per- 
sonalidad en la magistratura mexicana y se distinguiô también 
en Espaiàa, donde muriô (1833); en companîa del célèbre hom- 
bre pûblico e historiador Carlos Maria Bustamente fundô el pri- 
mer periôdico diario de la America espanola, el Diario de Me- 
xico^ en 1805; tradujo del inglés una novela richardsoniana, una 
de las poquisimas obras del género novelesco, originales o tra- 
ducidas, en que puso mano escritor nacido en America antes 
del siglo xix: Memorias para la historia de la virtud (Alcalâ de 
Flenares, 1792); y tué hombre de influencia intelectual y social 
en su tiempo. A estos nombres puede agregarse el de D. José 
Francisco Heredia, padre del cantor del Niagara, juez întegro y 
autor de unas interesantes Memorias sobre las revoluciones de Ve- 
nezuela^ que sacô a luz el distinguido crftico cubano D. Enrique 
Piiïeyro (Paris, 1895). 

Espana, finalmente, en 1795, cediô la parte espaiîola de la isla 
a Francia, duena de la parte occidental, que hoy es Repûblica de 
Haitî. La cesiôn fué lamentada por los poetas dominicanos, y la. 
Resena histôrico-cj-îtica de la poesia en Santo Domingo {l%(^2) copia 
unos largos e incorrectes ovillejos que circularon entre el pueblo. 
Al ano siguiente se efectuô el supuesto traslado de las cenizas de 
Colon a la Habana, y también diô materia a ramplones copleros 
populares: 

Llorar, coiazôn, llorar, 
Los restos del gran Colon 
los sacan en procesiôn 
• V los llevan a embarcar. 



UTERATURA DOMINICANA 28Q 



LA EMIGRACION 

La cesiôn a Francia, las invasiones que la parte espanola su- 
frio poco después, como consecuencia de los trastornos de 
Ilaitl y las espantosas matanzas y depredaciones de que nos hi- 
<:ieron vfctimas los insurgentes haitianos, consumaron la ruina, 
al parecer compléta, de Santo Domingo. En medio de su po- 
hreza la isia conservaba un nutrido nûcleo de familias distingui- 
das y de hombres cultos; ahora la emigraciôn lo redujo lastimo- 
samente. Con todo, mas que el numéro de los que huyeron, 
asombra el de los que permanecieron en aquel lugar sometidos 
al terror; no todas las ramas de la familia Heredia o de la familia 
Del Monte, por ejemplo, se trasladaron a otras colonias espano- 
las, y todavîa existen en Santo Domingo descendientes suyos. 
Pero la terrible significaciôn de taies emigraciones puede apre- 
•ciarse con un hecho: la aparicion en Cuba del grupo de hombres 
ilustrados procedentes de Santo Domingo fu6 factor poderoso 
que contribuyo a elevar inmediatamente el nivel de la cultura en 
el pais, muy inferior hasta entonces a la nuestra. La primera gene- 
raciôn de escritores y poetas cubanos de primer orden esta com- 
puesta, en buena parte, de hijos de familias dominicanas, como 
Domingo del Monte y Aponte, cuya casa fué el centro de la 
actividad literaria en Cuba entre 1830 y 1840; José Maria Here- 
dia, Narciso Foxâ, Ksteban Pichardo, a quien se debe el primer 
-diccionario publicado de americanismos {Diccionario provincial, 
rasi razonado, de voces cuhanaSy 1836); el élégante historiador 
Antonio del Monte y Tejada, cuya extensa Historia de Siwto 
Domingo esta escrita en prosa magistral; el poeta Francisco 
Muiioz del Monte; Francisco Javier Foxa, uno de los primeros 
dramaturgos que en lengua castellana se lanzaron al romanticis- 
mo (desde 1836). Los cuatro ûltimos, nacidos en Santo Domin- 
go, son los mas notables entre nuestros escritores de la emi- 
graciôn. 

Revue His/xtiiûjuf. — P. 19 



290 PEDRO HENRfQUEZ URKNIA 

No solo en Cuba se refugiaron las familias pudientes, sino- 
también en Venezuela, Colombia y Puerto Rico; al menos eu 
parte, son de abolengo dominicano, entre otros, Rafaël Maria 
Baralt, José Maria y Arfstides Rojas (nacidos en Santiago de los- 
Caballeros), Eugenio M. Hostos, Lola Rodriguez de Tiô ( ' ). 



EL FIN DE LA COLONIA 

Kn 1808 los dominicanos decidieron no continuar bajo el do- 
minio francés, que les habîa traido, entre otros maies, las devas- 
taciohes de los haitianos. La colonia, pues, se alzô en insurrec- 



(') Las familias dominicanas de Heredia, Angulo y Del Monte lian 
fructificado en Cuba en gran numéro de descendientes notables o, al 
menos, conocidos en las letras. De la primera proceden el impecable so- 
netista francés José Maria de Heredia y Severiano Heredia y Arredondo, 
que llegô a miembro del Gabinete en Francia. De ellas proceden también 
Antonio Angulo y Heredia, escritor de amplia cultura, y Ricardo Del 
Monte, élégante poeta y crîtico. 

Entre lf)S personajes secundarios que nacieron en Santo Domingo y 
pasaron a Cuba a fines del siglo xviu y principios del xix se cuentan el 
doctor fray José Félix Ravelo, Rector de la Universidad de la Habana 
hacia 1817; el sacerdote Manuel Miura y Caballero; los versificadores 
Manuel Garay y Heredia y José Miguel Angulo y Heredia; el jurisconsiillo^ 
y escritor José Miguel Angulo y Guridi (probablemente hermano de 
nuestros bien conocidos Javier y Alejandro Angulo Guridi ; el juris- 
consulto e introductor de la litografia en Cuba, Juan de Mata Tcjada 
(17ÇO-1835); el jurisconsulto Gaspar de Arredondo y Pichai-do (1773-1859); 
el matemdtico y profesor Manuel Ferndndez de Castro y Pichardo, y, 
finalmente, el naturalista y escritor Manuel de Monteverde (1871). Sobre 
ellos puede consultarse el Diccionario biogrdfico cubano, de Francisco 
Calcagno (Nueva York, 1878). 

De Narciso Foxâ fué hija Margarita Foxâ de Aiellano, de cuyas Mémo- 
rias pâsUimas hizo caluroso elogio D. Enrique Piiïeyro. Wenceslao de 
Villaurrutia (1790-1862), escritor y hombre de acciôn, nacido en Alcnlâ 
de Henares, fué hijo del notable D. Jacobo. 



LITERATURA DOMINICANA 291 

ciôn contra Francia, a los doce anos de efectuada la cesiôn, y se 
reincorporô a Kspana. La metropoli implant(3 un régimen inefi- 
caz, al que el pueblo di6 cl nombre de Espaha hoha. Regresaron 
familias (aunque pocas) de las que habian huîdo: entre ellas, la 
de José Maria Heredia y la de Rafaël Maria Baralt (cuya ma- 
dré, D.* Ana Maria Pérez, era dominicana); uno y otro pasaron 
parte de su infancia en Santo Domingo. 

Representaban todavîa la cultara hombres como el doctor 
Morilla, el autor de interesantes Noticias sobre la época, y pro- 
bablemente el mismo dominicai^o que tué catedratico en la Uni- 
versidad habanera; los sacerdotes doctores EHas Rodrfguez 
Valverde, Manuel Gonzalez Regalado y Bernardo Correa y Ci- 
drôn, orador sagrado que sufriô largo proceso en Espana porque 
se le acusô como amigo de Francia; el doctor Lôpez de Medrano; 
D. Francisco Javier Caro, descendiente del conquistador Oviedo, 
représentante nuestro en la Junta de Sevilla, luego en las Cortes 
générales y, finalmente, ministro del Supremo Consejo de Indias 
y albacea testamentario del Rey Fernando VII, que le tuvo en 
singular estima; el Licenciado José Nûnez de Câceres, cuya activa 
personalidad fue el centro de las nuevas aspiraciones del paîs. 
Aun D. Juan Sanchez Ramirez, el jefe del movimiento de rein- 
corporaciôn a Espana, escribiô el Diario, que conservâmes en la 
Historia de Del Monte y Tejada. 

La Universidad de Santo Tomas de Aquino, que sufriô un 
éclipse durante la dominaciôn francesa (hubo de ser después 
de l8oi, aiio en que se publicaron los Estatutos universitarios en 
la imprenta de la ciudad capital), se reinstalo solemnemente 
en 1815, gracias a los esfuerzos del arzobispo D. Pedro Valeray 
Jiménez (f 1832). Este docto prelado, dominicano de nacimien- 
to, habîa establecido antes en su palacio câtedras de Filosofia y 
Literatura, y bajo sus auspicios se instalô también el Seminario 
conciliar. De la Universidad se nombrô rector al anciano cate- 
dratico doctor Nûiîez. 

La imprenta, que desde fines de! sigio xviii habfa entrado er» 



292 PEDRO HENRIQUEZ URENA 

actividad relativa, comenzô a hacer papel importante en la vida 
del pais, y aûn, segûn el doctor Morilla, se abusô de la libertad 
concedida por la Constituciôn espanola de|l8l2. Entre otras obras 
salidas de nuestras prensas, se cuenta un tratado de lôgica en 
latin, del catedrâtico de Filosofîa D. Andrés Lôpez de Medrano; 
se diô a luz en 1814. Finalmente, en Marzo de 182 1 principiô a 
publicarse el primer periôdico dominicano, bajo el tîtulo de Te- 
Icgrafo Constitucional de Santo Domingo^ les jueves de cada sema- 
na. Su director fuc el doctor Antonio Maria Pineda. 



IT 



FX SIGLO XIX 

Entre tanto, toda la America espaiîola continental se levantaba 
contra la metrôpoli. En 1821, cuando la independencia defini- 
tiva se habia consumado o estaba prôxima a consumarse, desde 
Mexico hasta la Argentina, Nûtïez de Câceres proclamé la inde- 
pendencia de Santo Domingo y deshizo aquel imperfecto régi- 
men colonial. Espaiîa no hizo esfuerzos por reconquistar la im- 
productiva colonia. La embrionaria nacion comenzô su vida pro- 
pia aspirando a cooperar en la federacion organizada por Bo- 
livar, la gran Colombia, el I.*" de Diciembre de 1S21. 

Cuatro meses después, los haitianos, constituidos también en 
naciôn desde 1804, y niucho mas numerosos que los dominica- 
nos, invadicron el pais con lujo de crueldad y barbarie. Huyo 
todo el que pudo hacia tierras extraïîas; se cerrô definitivamente 
la Universidad; palacios y conventos, abandonados, fueron bien 
pronio ruinas... Todo hacia pensar que la civilizaciôn espafiola 
habiu muerto en la isla predilecta del Descubridor. 



LlTERATURA DOMINICANA 293 



EL CAUTIVERIO 

Pero no. Aquel pueblo no habia muerto. Entre los que que- 
daron sobrevivio el esplritu tenaz de la familia espanola. Los do- 
minicanos janiâs se mezclaron con los invasores. La desmedrada 
sociedad de lengua castellana se reunia, apartada y silenciosa, 
en aquel cautiverio babilônico, como decîa la pédante y bondadosa 
Dona Ana de Osorio. Aûn se leia, aunque no luese mas que el 
Parnaso espanol^ de Sedano; pero no laltaba quien poseyera 
hasta-el Poema del Cid^ en las Poesias anteriores al sigloXV, colec- 
cionadas por D. Tomâs Antonio Sânchez. Aûn se escribîa y para 
cada ocasiôn solemne la ciudad capital se llenaba de versos ini- 
presos en hojas sueltas ( ' ). Y en torno a dos hombres de pea- 
samiento se forjaba la nueva nacionalidad. Uno de ellos, extran- 



(') Dpna Gregoria Di'as de Urena, que nacié en 1819 y muriô 
en 1904, daba testimonio de la fecundidad de aquel curioso perîodo re- 
citando centenares de versos de religion, de amor o de patriotisme, o 
bien solo de amistad, o de ocasiôn, sobre sucesos locales. La Resena his- 
tôrico-critico de la poesia en Santo Domingo xn^x\z\ov\.s. pocos versificado- 
res de entonces, y esto hizo a Menéndez y Pelayo suponer, equivocada- 
mente, que no hubo mâs. Hubo, al contrario, multitud de ellos: taies, 
Dona Ana de Osorio, Dona Manuela Rodn'guez, llamada también Dona 
Manuel Aibar, como sobrina del deân D. José Gabriel Aibar (los versos 
de estas dos damas parece que solo circulaban manuscritos"^; el ciego don 
Manuel Fernândez, populari'simo autor de décimas de barrio para fiestas 
religiosas; D. Manuel Rodrîguez, D. Juan de Dios Cruzado, D. Marcos 
Cabrai y Aibar, el francés Chevremont Darvigny, el capitân venezolano 
D. Juan José Illas y, finalmente, dos personajes de mayor significaciôn: 
D. Manuel Joaquîn Del Monte (que escribîa versos en castellano o en 
l'rancés) y el Padre Gaspar Hernândez. Del capitân Illas se imprimiô ha- 
cla 1880, como curiosidad histôrica, una énorme y lamentable Elegia sobre 
el terremoto de 1842. El famoso improvisador Meso Mônica es anterior 
a todos estos; pertenece al final del siglo xvni. 



294 



PEDRO HENRfQUEZ URESTA 



tranjero, fué el Padre Gaspar Hernândez, a quien solîa llamârsele 
el limeno. Kl otro, doaiinicano, fué Juan Pablo Duarte. Uno y 
otro alimentaron la idea de patria; uno y otro sostuvieron la 
cultura. El Padre Hernândez dedicaba cuatro horas diarias a en- 
senar a los jôvenes, gratuitamente, Filosofia y otras disciplinas. 
Juan Pablo Duarte, hijo de familia rica, educado en Espana, hacîa 
venir de la antigua metrôpoli los ûltimos libros y enseiïaba a sus 
amigos Filosofia, Letras, Matemâticas y hasta manejo de armas. 
Duarte fundô, el i6 de Julio de 1838, la Sociedad La Trinitaria. 
De La Trinitaria surgiô la Repûblica Dominicana. 



Pedro HenrIquez UreSa. 



VIDA 
DE DON SANTIAGO GONZALEZ MATcO 



El manuscrito de esta obra, inédita hasta ahora, existe en la Biblioteca 
Nacional de Madrid (signatura 19.500). Consta de 204 p.-îginas numeradas 
y 22 sin numerar, 14 al principio y 8 al fin. En la primera dice: «Vida 
trâgica del Job del siglo xviii y || xix || Don Santiago Gonzalez Mateo. 
Presbftero || y Beneficiado de la Villa de Laguardia || Ano M.D.CCC.IX.» 
El manuscrito es autôgrafo, en 8.", encuadernado en pasta; en el tejuelo 
se lee: «El Job del siglo xviii», y mâs abajo, «M. S. F.». 

En la transcripciôn he conservado la ortografia del original, sustitu- 
yendo, sin embargo, v por u, y viceversa, cuando estas letras siienan asî. 
Las correcciones que he hecho al texto van siempre indicadas en nota; 
también he anotado algunas particularidades del manuscrito. Suprimo un 
indice de capitulos que précède a la Vida, poniendo en sus correspon- 
■dientes lugares y entre [ ] las rûbricas de cada une que en el manuscrito 
integran el indice mencionado. 

El Sr. Serrano y Sanz dice ( ' ) f^'^ Santiago Gonzalez Mateo, entre otras 
cosas, que es su vida «desordenada y poco edificante; pero dado el gro- 
sero cinismo con que se expresa, le cuadrarîa mejorel ti'tulo de Didgenes 
del siglo XV, ir, y aun creo que el cinico griego fué un modelo de circuns- 
pecciôn al lado de Gonzalez Mateo. Taies atrocidades refiere este, que 
<:on harto trabajo me convencî de que el libro no era novela compuesta 
•en odio a los frailes y a la Inquisiciôn por un seudônimo; mas compro- 
bada la existencia del autor y de los personajes a que alude, y después 



(' ) Autobiografias y Memorias coleccionadas e ilustradas por M. Se- 
rrano y Sanz (tomo II de la Nueva Biblioteca de Auiores esponoles). Ma- 
drid, 1905, pâgs. ciii-cvi. 



296 VIDA 

de una letcura detenida, creo que se trata de una autobiografi'a, si bien la 
mâs desvergonzada que se ha escrito... pocas veces un hijo habrâ hecho 
real aquella frase de Horacio: minxerit in pairios cincres como Gonzalez 
Mateo hablando de su padre»; y, en fin, le llama mal hijo, poco recomen- 
dable sacerdote y mal patriota. 

Naturalmente, esta série de improperios sirve, al menos, para fijar el 
.ingulo Visual del distinguido erudito que asi' los prodiga. El lector exen- 
to de ciertos prejuicios hallarâ sumamente interesante la autobiografia 
de Gonzalez Mateo. La Inquisiciôn y Bonaparte, los frailes franciscos y 
Samaniego, toda la Espana del antiguo régimen en sus postrimerîas y la 
apariciôu de una nueva era, han dejado reflejada aqui la impresiôn que 
produjeran en un contemporâneo. Nuestro autor nos cuenta crudamente 
y confidencialmente su vida entera, susodios, sus anormalidades ( i \ sus 
amarguras, sus esperanzas. Se sabe lo escaso que es en Espana este gé- 
nero de obras. 

La familia Gonzalez Mateo era una familia grafômana. Fray Diego, tio 
de Santiago, publicô los libros siguientes: Belliim Theologictim adversus- 
diabolicas violentias circa externa de se prava et tutpia, Pampelone, 1745; 
Mysiica Civitas Dei vindicaia ab observationibus R. D. Eusebii Amort (2 ),. 
Matriti, 1747 (2.^ éd. Augustae Vindelicorum et Oeniponti, 1748); Thcolo- 
gia Scoiica in primum sententiaru7n Afagisiri, Matriti, 1749; ApodixisAgrc- 
dana pro mysiica Civitas Dei technas detegens Eusebzanas ( 3 ). Matriti, 1 75 r . 
Suma Moral, 1758 (2.^ éd. Pamplona, 1765); obras pintorescas y barrocas, 
en que se hallan tratados los mâs sorprendentes asuntos (4) que podrîan 



( ' ) Ha parecido conveniente no supi imir ciertos pasajes del texto en 
la présente ediciôn, ya que, de hacerlo, se hubiera privado al lector de 
otros tantos datos que documentan la extraiia psicologi'a de Gonzalez 
Mateo. 

( 2 ) Se refiere a la obra del teôlogo aleman E. Amort, De revelationi- 
bus, visionibiis et apparitionibus privatiis regtdae iutae, Aug. Vindel, 1747 
(2.^ éd. Venetiis, 1750), 

( 3 ) Contra E. Amort, Controversia de revelaiionibus Agredanis expli- 
tfl/a, Aug. Vindel, et Herbipoli, 1749. En el fol. 374 trata Amort de 
«quantus et qualis sitidiota Gonzalezius»; en el 725 de «quanta sit inso- 
lentia ac petulantia Gonzalezii»; el fol. 786 contiene «specimina latinita- 
tis aiirae Gonzalezianae>. 

(4) En la Suma Moral, fol. 10 (éd. 1765): «^Serâ lîcito al cirujano ad 
curandam foeminam in partibus secretioribus ver y tocar dichas partes?»; 



DE GONZALEZ MATEO 297- 



componer una antologîa regocijante. El Sr. Serrano y Sanz ha encontra- 
do en cl Archivo histôrico nacional el expediente incoado (ano 1762) 
por Fray Diego para que se le permitiese dar a luz dos tomos de Teolo- 
gîa escolâstica (scotica?) sobre el libro tercero de las sentencias (5), quer 
ignoramos si llegô a publicar. Tadeo Gonzalez Mateo, hermano de nues- 
tro autobiografiado, es autor de unas anodinas Rejlexiones de un patriolœ 
a la flebe de Madrid con moiivo de los arraslrados v demds ocurrido la iai - 
de del 14 del que rige [octubre, 1808] ("). 

De Santiago Gonzalez Mateo no conocemos mas noticias que las que 
él mismo nos da. Ignoramos, pues, cuândo ocurriô su tallecimiento. En 
1809 contaba cuarenta y cuatro aiios de edad. 

Galo Sânchez. 

DEDICATORIA 
AL EXMO. SENOR MINISl RO DE POLICfA D. PABLO ARRIHAS 

Las obras de poco mérito siempre han necesitado un protec- 
tor savio y de autoridad para que sean gratas. La mia, reducida 
a un brève estracto de la mas amarga y penosa vida por los- 
contratiempos que en ella se expresan, y que, por mi natural 
desdichado, he tenido que padecer, necesita con mas razon un 
protector cuia dignidad y talento prevengan a los lectores a créer 
los hechos que se mencionan. ^-Y de quien podia valerme con 
tanta justicia como de V. E., en quien todos hallan respectiva- 
mente lo que necesitan? Hallan, digo, sus Bienaventuranzas: 



en el 265: «el chocolaté ;debe reputarse por bebida?»; en el Index rerum 
notabilium de la Mystica Civiias: «Lac Virginis Deiparae propter opti- 
mum temperamentum posset conservari multo plus quam lac aliarum 
foeminarum. Generatio pro statu innocentiae ex parte utriusque parentis 
non de semine sed de sanguine nutritive foret iuxta satis probabile sen- 
tentiam>. 

( 5 ) Serrano y Sanz, loc. cit. 

(6) De este raro folleto existe cjemplar en Madrid, en la Biblioteca. 
Nacional. Perteneciô a D. Santiago de Usoz. 



298 VIDA 

Bienaventurado el superior, porque en V. E. encuentra res- 
peto; bienaventurado el soverano, porque halla fidelidad; bien- 
aventurado el igual, porque (') ve franqueza; bienaventurados 
los humildes, porque logran afabilidad; bienaventurados los vir- 
tuosos, porque hallan amor; bienaventurados los savios, porque 
alcanzan veneracion; bienaventurado el ignorante, porque logra 
ensenanza; bienaventurados los pobres, porque ellos seran har- 
tos; bienaventurados, finalmente, todos, porque en V. E. hallan 
-dulzura, veracidad y amor. 

Bien penetrado de estas circunstancias nuestro augusto sobe- 
rano José primero, coloco a V. E. en la plaza del Consejo de 
Estado; y aun mas cerciorado de las singulares prerrogativas. Je 
elevô a la alta dignidad de ministro de Policia del reyno. Su 
Magestad necesitaba un ministro de corazon magnanimo, justo 
y bénéfice, que, al tiempo de inspirar terror a los perversos, 11e- 
nase de confianza a los buenos, asegurandoles la paz y tranquili- 
dad interior; y todo lo hallo en V. E. 

Una sola cosa no halla avrigo en V. E., y es el heroyco verso 
del poeta, que dice: 

Non bene conveniunt neque una sede morantur 
Amor et mavestas... ( 2 ). 

Porque save V. E. hermanar la debida magestad con el mas 
fino carino. Yo, verdaderamente, me pasmo al contemplar el 
amor de hijo con que V. E. favorece a una criatura tan despre- 
-ciable como yo; me aberguenzo de que el mas elevado cedro 
del Libano tenga la bondad de registrar con sus beneficas in- 
fluencias el mas vil y despreciable arbusto de la naturaleza, con- 
fundido hasta oy entre los mayores desprecios de abatimiento y 
miseria; y no puedo mènes de cantar con el poeta (faborecido 



( « ) Um palabra raspada después de porque en el manuscriio. 
( 2 ) Sic. 



DE GONZALEZ MATEO 299 



«n otro tiempo), reconocido a tantos fabores como V. R. me 
dispensa, el 

Invenl fortiim, spes et fortuna valete 
Sat me Imistis, hidite ftunc alios. 

Y aunque las adulaciones comunmente se prodigan en las de- 
dicatorias, no podré yo incurrir en tal defecto, por lo heroico 
<iel objeto. Dire por conclusion que Y. E. ha correspondido a 
toda la significacion de su apellido Arribas, es decir, superior a 
a los mas en todas circunstancias. 

A vista de tan extraordinaria liberalidad, no puedo menos de 
solicitar (dixe mal) de esperar, con confianza de hijo, la protec- 
cion que tanto necesita esta debil obra. 

Dîgnese, pues, V. E. dispensar su poderosa proteccion a su 
mas humilde hijo y reconocido capellan, 

g. B. L. M. de V. E., 
Santiago Gonzalez Mateo. 

PROLOGO 

Muchas causas, lector amado, han intervenido para resolverme 
a escribir mi tragica vida. La primera, las instancias de un ta- 
Jento superior (D. P. E.), escritor el mas digno y de la maior 
acectacion, confiado en que moderara y corrigiera tantos defec- 
tos consiguientes a mis cortos conocimientos y a tantos moti- 
vos de acalorarme como se podrâ inferir de! contenido de la 
obra. 

La segunda ha sido ocupar el tiempo, separado de la comuni- 
cacion de las gentes de mi pueblo, cuio trato me ha deparado 
siempre las mas infaustas consequencias. Asi por mi natural 
sencillo como por la malicia de los que me rodean, especial- 
mente en esta ultima epoca, que, por la diversidad de tantos pa- 



300 VIDA 

leceres y obcecacion de tantos alucinados sobre la acectacion de 
nionarca, ha llegado a tal extremo en Espana la turbacion, que 
solo la poderosa y savia mano de su magestad José Primero, 
que por Divina Providencia govierna, puede tranquilizarla. 

La tercera es inducir a una s.'^ conformidad a todos los que 
por su desgracia se hallen comprehendidos en mi condenacion, 
consolândolos con el axioma de «mal de muchos consuelo es». 

La quarta causa es el haver recogido la Inquisicion otra vida 
mia que en otro tiempo escribi por desahogo de mis inauditos 
atropellamientos y trabajos, ocasionados principalmente por el 
mismo que me dio el ser, siendo consiguiente insistir en el mismo 
empeno, segun maxima filosofica: privatio est causa apetitns. 

Estas fueron las causas impulsivas; pero la eficaz motiva, de 
la que no he podido prescindir y que ha hecho correr la pluma 
con mas velocidad y acatamiento que lo preciso a una individual 
noticia de mis infortunios, ha sido la indolencia con que los in- 
quisidores de Logroiio han publicado otra vida mia tan agena 
de verdad conio abominable a los ojos de todo el mundo. Si, lec- 
tor mio, estos fugitives insurgentes abandonaron sus casas sin 
dejar espuestas a la casualidad ni saqueo ni cazo, sarten, ni el 
mas despreciable ajuar de sus aposentos ('); solo se desenten- 
dieron de lo mas sagrado, que era el quemar las causas crimina- 
les, las que han sido el juguete y el ludibrio hasta de los orza- 
yas y escoria de la republica, con tanto vilipendio de los suge- 
tos mas savios (por la maior parte inocentes) y desonor de las 
familias mas ilustres. 

Estos imitadores de los Fariseos de la Ley han hallado el des- 
potisme de rebelar de una vez el sigilo mas respetable, retra- 
yendo a los pénitentes de la confesion sacramental, temiendose 
semejantes fragilidades de los confesores, pues uno y otro asunto 
es homogeneo y de la misma naturaleza. 



( «) Parece que primero f ne escriio casas ^' luego raspada esta palabra. 



DE GONZALEZ MATEO 30I 

Restan las advertencias siguientes: Primera, que no se veran 
•en la Vida concectos dignos ni limado estilo, pero si una senci- 
llez desalinada, que es el caracter de la verdad. Segunda, que 
aunque parezca a algunos escrupulosos de mal genero disonante 
ol parangon de mi titulo con el del Job primero, pero el que me 
considère por lo mucho que he sufrido disimulara la compara- 
<:ion. Tercera, que el libro va dividido en capitulos, y estos en 
paragrafos, para maior descanso de los lectores. Ouarta, que las 
voces con la nota siguiente * ( ' ) manifiestan estar explicadas en 
el indice de cosas notables al fin por abecedario. 

Ultimamente digo que los indigestos que arruguen las cejas y 
frente al ver la pintura y descripcion de mi padre, se constituian 
hijos de su merced en los terminos que yo lo he sido quarenta 
y quatro anos, y yo les aseguro que a los ocho dias me gra- 
■duaran de santo y martir. Va/e. 



VIDA TRAGICA 

DE D. SANTIAGO GONZALEZ MATEO, 

JOB DEL SIGLO XVIII Y XIX 

CAPfXUl.O I 

[Contiene la concepcion, el tiempo y su causa; el iiacimiento y gcnea- 
logia; el padre, madré, fray Diego y Pradejon; circnnstancia en el casa- 
micnto de mis padres, con varies lances divertidos]. 

Es comun estilo principiar la relacion de las vidas por el na- 
cimiento; pero esta comienza desde la concepcion, por ser en 
todo extraordinaria, y que la oliscuridad y réclusion en el utero 



■ j /'>/ lugar del asierisco^ una fecka en el fns. 



302 



inaterno tiene santa analogia con las carceles, calabozos y otras 
jjenalidades toleradas por el referente todo el discurso de su fa- 
tal ado y desconsolada suerte. 

Fue mi concepcion (a lo que pienso) sacrilega si mi padre 
fue Pradejon; pero mistica y patetica si lo fue D. Ramon, cuias 
pruevas se harân manifiestas en el caracter que manifestaré de 
dichos dos padres. 

Mi madré, Dofia Josefa Salazar y Guréndez quien me concivio 
por la noche, si se estima la respuesta del célèbre pintor Lucio 
Mallo, romano, quien preguntado por que haciendo los santos 
tan hermosos, eran tan feos sus hijos, respondio pronto y gra- 
ciosamente diciendo: «Senor mio, eso consiste en que tenebris 
fin go ^ die pin go. y 

Mi nacimiento fue en la villa de Lapuebla de la Barca, pro- 
vincia de Alava, en la Rioxa, el nueve de Abril de mil setecien- 
tos sesenta y cinco. 

Mi genealogia es verosimil sea de linea judaica, por el ape- 
IHdo Gonzalez, y por el de Mateo (apellido de santo) de bastarda. 
e incognita generacion: cuia primera proposicion pruebo con el 
axioma filosofîco que dice: lo que se afîrma de muchos suele 
concederse de otros muchos mas; los apellidos acabados en z se 
suponen de origen judia o de tal linea: ergo. Pruebo la segunda: 
los apellidos de santos, como Andres, Santa Maria, San Pedro, 
etcétera, suelen tener su principio de tal origen, por ser deposi- 
tados los ninos en las yglesias de dichos santos: ergo; a lo que 
se puede aiiadir la inata inclinacion de mi naturaleza a la carne, 
como obserbarâ el lector en el discurso de la Vida, efecto acaso 
<le la bastarda generacion: cuia confirmacion (segun dice el 
Teatro de los Dioses) se verificô en Ana, hijo de Sebion, quien 
por ser concebido por este estilo inventô la contra o mezcla de 
burro con yegua: <'~Istc est Ana (dice el texto) qui invenit agitas 
calidas cuni pasceret asinas patris siii Sebion-», entendiendo dicha 
contra por el aquas calidas. Lo cierto es que mis antecesores 
(segun muchos y yo tenemos observado) parecen de distinta 






DE GONZALEZ MATEO 3O3". 



naturaleza, que comunmente obran contra naturam; lo quai se 
observara en la conducta del padre D. Ramon, que voi a ma- 
nifestar. 

§2. 

Nacio mi padre D. Ramon (padre, digo, segun la comun opi- 
nion, por que pagô el real del baptizo) en la villa de Lapuebla, 
provincia de Alava, correspondiendo su educacion a los buenos 
sentimientos e ilustracion de mis abuelos. Estudiô gramatica y 
y fîlosofia, que es a lo mas que suele llegar la instrucion de los- 
maiorazgos en la Rioxa; pero llegando a ser sm juris comenzô ;u 
degenerar en toda especie de preocupaciones, siendo la domi- 
nante la ridiculez en el extrafio y raro modo de vestir, el quai 
nadie puede imaginar sin verlo: porque mas veces parece capu- 
chino con su gaban pardo a la romana; otras parece molinero, 
con sombrero blanco y chupa de San Antonio; hoi clerigo mui 
reberendo, con redecilla valenciana, corbatin y ropon negros; 
manana monxa, con montera morada y aletas de terciopelo que 
le cubren toda la cara, asomando en punta otra aleta acia la 
trente en figura de toca monial; otro dia représenta un cartuxo 
figurando capilla perfecta con el forro del alzacuello de dicho 
gaban, que volviendolo al rabes le sirve de gorra; ya gracioso de 
teatro, con casaca antigua, descolgando unas iargas vueltas de 
las vocamangas a usanza de los agustinos; en otras ocasiones se- 
presenta con garrote, sin adorno, y de infanteria, al estilo pa- 
siego, ofreciendo a la vista tanta variedad como el camaleon co- 
lores. En lugar de trampa en los calzones, sustituie un perfecto- 
peto de muger o mitra de Obispo, cuia punta afianza hacia abaxo- 
con un boton, lebantandola para arriba, como tapa de cofre, 
quando hace sus naturales evacuaciones. Y si se considéra la 
disposicion del sombrero tricornio que usa los dias de incienso,. 
représenta un verdadero Don Quixote armado de caballero an- 
dante, pues prende las très alas de un boton grande, dorado,. 



304 VIDA 

que tiene cosido encima de tal sombrero: en fin, por tan estra- 
bagante mania en el vestir, es creido de muchos satiro, fauno, 
•con el multi faria in demonum turba que dice S. Geronimo. 
Omito el empeno que su merced tiene con los sastres y zapate- 
ros sobre que le hagan los vestidos y zapatos sin costura, con 
■<itros empenos ridiculos, porque fuera nunca acabar. 



§ 3- 

Su presencia es senatoria y patetica, rostro hermoso, cuerpo 
bien formado y estatura mui regular, en cuias circunstancias se 
hallan comprendidos todos sus buenos dotes en el ser y obrar tisi- 
-co; porque en orden a sus operaciones es mui conforme con el 
estilo de vestir. Su privativa diversion es leer muchas horas en 
Aho virgineo, frai Luis de Granada, Difcrencia ejttre temporal y 
eterno^ Arbiol y la vénérable Maria Jésus de Agreda; desenten- 
diendose del gobierno de la hacienda, que, por tal conducta, se 
lialla mui deteriorada con tanto perjuicio de sus hijos, y sacando 
de su lectura el mismo fruto que las falsas beatas. 

Su conversacion, siempre mezclada de sentencias de Ovidio, 
Virgilio y la Sagrada Escritura, por ejemplo: 

Obsla principiis sera medicîna paratur, 
Duin mald per longas com'alitisse moras. 

A imitacion de cierto predicador docenal, que exorlando al 
auditorio a un ferboroso acto de contricion, les hecho, como 
quien pronunciaba un terrible anatema, aquel verso de la prime- 
ra ecloga de Virgilio: 

Tilire tu pafulc rccubans sub ta^miiie /^'a'/, 

con cuio tcxto lloralian aquellos ganancs, que era una bendicion 
<le Dios. 



DE GONZALEZ MATEO 30$ 



].a indiferencia con que mira los adelantamientos de la casa se 
inferira si se atiende a la ociipacion en que se emplea: governar 
reinos, religiones y quantas sociedades hai en el mundo son el 
objeto de sus delicias. Con mucha antelacion al capitulo de frai- 
les franciscos, hace eleccion de gênerai, provincial, custodio, difi- 
nidores, guardianes, lectores, maestros, predicadores, sabatinos, 
vicarios, cocineros, reruolerds. sacn'htanes y porteros; da hauitos 
y quantos empleos ocurren; asiste regularmente a capitulo; y, si 
no se verificin sus proyectos, clama y reprueba todas las elec- 
ciones y providfncias frailescas. 



§ 4- 

Sobre cl abandono de los hijos vaian los casos siguientes: ^" 
sea el primero el desatino que ejecuto con el maiorazgo, quien 
haviendo sembrado trigo eii/hrilla, como es estilo de los buenos 
labradores del pais (contra el empefîo del padre, que siempre 
siembra alaga, por ir contra todos), logrcj coxer, en igual sem- 
bradura, quatro veces mas que sembrando alaga', gozosa la ma- 
drastra de tan interesantes ventajas, comunicô a su marido el 
acertado proiecto de mi hermano, y el premio fue echarlo we 
casa, sin mas socorro que el vestido puesto, perdiendo por tal 
atropellamiento la conveniencia de casarsi? con arregio a su 
cuantioso maiorazgo y distincion de iamilia y ocujando mas de 
un arïo en mendigar vergonzosamente, hasta que, por empeno de 
un fraile misionero (imico arbitrio para convencer a su merced),^ 
logrô vol ver a casa, aunque andando siempre, como dicen, a 
sombra de texado. Omito millones de procedimientos por este 
estilo. 

El segundo, executado con mi hermano Judas, el menor, lue 
el siguiente: Hallandose el padre a capitulo de frailcs franciscos 
en Santo Domingo de la Calzada, dixo Judas a la madrastra que 
podia hacerle capa azul, como la ténia un sobrino de ella que vi- 

RiZ'ii. flisj>aniquc. — P 20 



3o6 



via en nueotra compania. La madrastra se desentendiô de la de- 
manda y ceso mi hermano del empeno. Volviô el padre del ca- 
pitule, y haviendo su mujer referidole la peticion de Judas, subio 
con una verga al cuarto donde este me acompaiiaba (hallândome 
yo mui delicado de tercianas), y sacando del ropon el latigo, em- 
pezô a descargar terribles golpes sobre el inocente hijo; pasaron 
de quinientos vergazos los que le sacudio , diciendo devez en 
quando: «;Capa azul?» y prosiguiendo con la flagelacion. Yo, 
traspasado de dolor y de sentimiento, me postraba de rodillas 
pidiendo misericordia, pero la respuesta era decir: «Calla, calla, 
que, si no estubieras enferme, havias de morir con él». Con esta 
ocasion se hallaba un fraiie viexo Uamado Pujal, discipulo del 
Padre Mateo, quien, horrorizado de tal inhumanidad, marchô de 
casa sin despedirse para nunca nias volver: este bien (que no fue 
pequeiïo) résulté de tanto mal, pues acostumbraba el dicho frai- 
ie partir capitula todos los aîîos con nuestra casa y el convento, 
coa mucho perjuicio de los polios, pichones, anguilas, etc. 



§ 5- 
Circunstancias del casamicnto. 

Para casarse con mi madré necesito dispensa de parentesco, 
que importô ochocientos reaies; pero no satisfecho su tio frai 
Diego Mateo (a quien siempre se ha venerado en la familia como 
el mas sabio del mundo y el .mas santo del cielo) le précisé a 
Sflcar otra por trece mil reaies, hallando este escrupuloso Padre 
arbitrio para perjudicar a sus segundos sobrinos en dicha canti- 
<la(l aiui antes de ser concevidos. 



DE GONZALEZ MATEO 30/ 



§ 6. 

Car a c ter de! Padre Mateo por la que se infier e del anianuense 

Pradejon. 

Mi tio frai r/>iego * y hermano de mi abuelo, traile francisco en 
la provincia de Burgos, fue eterno escritor de moral, fîlosofia, 
teologia, escolastica, Defensa de la vénérable madré Maria Jésus 
de Agreda, y otros asuntos abstractos, que hoi solo se hallan en 
•conventos de su religion, oficinas de boticarios y tiendas de es- 
pecieria. Por sus abultados escritos ha sido preconizado hombre 
verdaderamente docto, y principalmente por la admiracion con 
<|ue se expreso el pontifice Benedicto XIV^ diciendo por sus es- 
critos: Ouis est hic qui tanto et tan barbare loquitur? Locucion 
(a mi parecer) anfibologica, y, segun el teologo toscano Amor*, 
su antagonista, poco faborable, Lo cierto es que, si se atiende a 
su amanuense y companero Pradejon, no se como pueda com- 
ponerse ni asociarse tanta sabirluria con la suma incapacidad. 
Fue, pues, Pradejon (por dicho del mismo) uno de los mas bu- 
rros de los de su provincia, como lo convencen los très casos 
siguientes: 

Primero, que sucediô en el convento de Logrono, estando 
Pradejon con Augustina y Salvador (los très moradores de misa 
y olla), vieron estos un corista forastero, e informados de que 
pasaba a su convento de Sanlo Domingo de la Calzada, Prade- 
jon, a nombre de todos, le encargô una visita para el padre Ba- 
rrio, exprovincial, y diciendoles el corista como se llamaban, 
para executar el encargo, respondio mi padre Pradejon: «Diras 
a Barrio que los très mas burros de toda la provincia te han en- 
cargado la visita, que con estas senas al instante conocerâ quie- 
nes somos>; . 

El segundo sucedio echando Pradejon una leccion de difuntos 



3o8 



en el coro; quien, por pronunciar Quare fie vnh\i ednxisti we^ 
dixo Quare de hiirra, etc.?, a cuia expresion soltaron la risa todos 
los Padres, conociendo su caracter, y el guardian dixo: «Si, Pa- 
dres, de burra debia haber nacido ese bestia, solo racional por 
privilégie». 

El tercero sucedio con un novicio enteramente iJiota: estaba 
este para profesar y era preciso votar todos los frailes su admi- 
sion o repuisa, por lo quai, tratando de este asunto los très zo- 
tes, dixo Pradejon a Augustina y a Salvador: «No podemos, en 
coiiciencia, dexar de votar en su favor, porque cl novicio es ex 
nostris y con el se agrega un individuo mas a la dula de la igle- 
sia». Concluiendo yo ahora, por dichas razones, que, haviendo- 
tenido el Padre Mateo paciencia para sufrir a hombre de tan 
dura mollera, dexa lugar a pensar que el dicho del Sumo Ponti- 
fîce pudo ser ironico, y el reverendo frai Diego savio solo in- 
nomine. 

§ 7. 

Por conclusion a este capitulo sigo poniendo la ultima y mas 
periudicial circunstancia de su merced, con el caracter de mi 
madré, y motivos que me inducen a sostener sospechas ser hijo 
de Pradejon. 

Luego que se casô D. Ramon con mi madré, ratificô la her- 
mandad que de varias Religiones ténia mi abuelo, haciendose su 
merced de todas las demas, menos de la de los mostenses (que 
no pudo conseguir por entonces); causa tambien porque se halla 
la casa en el ultimo apuro, pues continuamente se ve llena de la 
turba magna de ociosos (digolo venerando a muchos savios re- 
cogidos y verdaderos religiosos). El trato con esta engullidora 
gente le proporcionaba cuanto podia desear para satisfacer sus 
preocupaciones, especialmente con los franciscos, cuia frequen- 
cia era tal, que puedo afîrmar con juramento no haberse verifi- 
cado dormir, comer ni cenar sin traile franeisco, y en muchas 



DE GONZALEZ MATEO 3O9 



ocasiones a docenas, con tanta complacencia de su merced como 
perjuicio de sus hijos. 

§ 8. 
Media par donde logré la hermandad de los mostenses. 

Coa ocasion de haver visitado a mi padre D. Pedro Ramirez, 
natural de Pena Cerrada, mui obligado y reconocido a su mer- 
ced por haberle D. Ramon proporcionado el beneficio que po- 
seia, por haber cantado la primera misa en nuestra casa, y, 
finalmente, por otros infînitos tîtulos (era entonces maestro del 
principe de Asturias y estaba para bolver a Madrid con este mo- 
tivo) ( " ), le dixo mi padre, con expresiones enigmâticas y con- 
fusas: «Amigo, tengo un empeno, y no podré lograr sosiego 
hasta alcanzarlo: espero aplique usted toda su eficacia y poder 
para su consecucion». Oiendo D. Pedro tan rendida sûplica, 
llegô a imaginar que la tal pretension fuera la mas ardua de con- 
seguir e interesante a la familia; por otra parte, contemplaba a 
«u hijo el maiorazgo, acomodado como el primero del pais; a su 
hija, casada en San Asensio con el mas rico maiorazgo y hon- 
rrado, que era senor de vasallos; a mi me veia beneficiado de 
Laguardia con 400 ducados de renta y varias capellanias de san- 
gre; por lo cual, restando de acomodar a mi hermano menor 
Judas Tadeo, que hacia cinco afios se hallaba en Madrid preten- 
diendo, despues de haberse graduado de doctor, recividose de 
abogado y regentado en Osma la catedra de leies dos aîïos, se 
persuadio D. Pedro, con taies antécédentes, que la solicitud del 
padre se dirigia a empenarlo en que lograse una toga quando 
menos para dicho hijo; pero estaba su merced bien lejos de ima- 
ginar tal cosa: declarô su solicitud, dirigida solo a que le propor- 



( • ") Ms. motimo. 



f 



310 VIDA 

cionase la hermandad de los mostenses (sola esta le faltaba de 
todas las Religiones). Quedô D. Pedro asombrado al oir tan loca 
y perjudicial propuesta; pero, por no disgustarlo, se la invi6 
desde Madrid, comprendiendo a todos sus hijos en esta grabosa 
e irracional idea. Nada es todo lo dicho en consideracion a otros- 
maiores desatinos que el respeto no me permite manifestar. 



§ 9. 
Calidades de mi madré y aviistad con Pradejon. 

Todas las prendas de aima y cuerpo eran mui recomendables 
en mi amada madré, pero su genio abatido, aun hasta pasar de 
lo regular, pudo causarle la muerte tan temprana, oprimida del 
rigor con que continuamente veia castigar a sus entraîiables hi- 
jos, que tanto amaba, como dire en su lugar. El mismo abati- 
miento y docilidad tan caracteristica de mi buena madré, ayu- 
dada del ciego concept© que ténia del Padre Mateo, pudo tam- 
bien proporcionar mi sacrilega concepcion, porque el que ama 
a un sujeto ama asimismo las cosas del amado. Esto bastaba 
para mirar con pasion a Pradejon; pero ,jque dire agregando a 
esta circunstancia la de vivir continuamente en compafïîa de mi 
sencilla madré dicho padre, interviniendo su poderoso instru- 
mento e influxo tan decisivo como el de un fraile solo, capaz y 
ocupado en este cinico negocio? No por esto se dcbe debilitar la 
buena fama y bondad de mi amantissima madré, pues un peca- 
do no constituia pecador, y aun inducir a la creencia de lo sos- 
pechado. Digo que Pradejon era barrigudo, cargado de espaldas, 
cara esopiana y en todo analogo con mi triste figura; por todo 
lo quai concluio, y escuso probar la mistica y patetica genera- 
cion del que io imagino padre. 



DE GONZALEZ MATEO 311 



CAP[fTUL0] 2. 

[Contiene las amas de criar, enfermedades, vestirme de fraile, apo- 
dos, noviciado con el organista, y los azotes, viruelas y otras enferme- 
dades, las medicinas; muerte de mi madré por dos castigos que se ejo 
cutaron en mi, espina de la garganta y visita a S. Blas, punta de costado 
y cahida al infierno; quando me degradaron de fraile; suenosylas causas; 
varon supra etatem\ 

§ I- 
Hasta los 7 aiios. 

Apenas naci quando naci a penas, porque, inficionada la leche 
de mi delicada madré, fue preciso entregarme a las herodianas 
manos de cinco amas de criar, sucesivamente. La primera, po- 
niendo todo su conato en la gula, siguiose la lozania, y a esta la 
desenboltura, con la circunstancia de ser pobre, joven y de buen 
vigote; por lo que su mala leche me causé continuos accidentes; 
y, conocida la causa, pasé a la segunda, quien me mejoro en el 
cuerpo, pero acaso dejô en el animo impresas sus inclinaciones, 
tanto mas perjudiciales quanto dista la excelencia de la aima de 
la vileza del cuerpo. Era esta larga de unas: y aunque en la eje- 
cucion yo no lo soi, pero mis primeros movimientos me indu- 
cen infinito a esta vil pasion. Cogida en hurtos de consideracion 
la segunda, pasé a la tercera, que era tan trabajadora como su 
hijo lo es, y su leche poco saludable; por lo quai cai en la quar- 
ta, que era teologa, jurista, intrigante, audaz, sin recato, y, en 
fin, de las que dixo el demonio: «Hartas hai>. Por tanto, fue 
preciso entregarme a manos de la quinta, quien concluiô de 
criarme, por no dar con otra peor. Ya se déjà ver la grande dis- 
culpa que debo tener en mis operaciones con taies influencias, 
sean como lueren. 



3 1 2 vroA 



§ 2. 



A résultas de tan libérales tratamientos, se me siguieron, in 
concreto, quantas miserias y enfermedades pueden padecer los ni- 
nos todos /';/ abstracto; pero el mas dominante insulto fue hacerme 
quebrado, para cuio accidente, en mi pais, el ûnico remedio, es 
llevar los niîïos a la ciudad de Vitoria y ofrecerlos a S. Juan del 
Ramo, untandoles los testiculos con aceite de la lampara del 
santo; cuia operacion se ejecutô en mi trcs anos continuados, re- 
sultandome en la boisa caragera el deposito de cierta porcion de 
tripas que forman un tercer cojon (espresion de que usa Am- 
brosio Calepino, verbo «testiculiis»). Cumplidos los très anos, me 
constituiô el Padre fraile francisco, poniendome solemnemente 
(por inclinacion al serafico y acaso tambien por ahorro en vesti- 
dos) el havito, capilla, cordon y un cerquillo que me figuraba la 
cabeza como mano de mortero y el cuerpo como segundo Esopo 
puesto en venta entre sus companeros. Desde esta ocasion me 
rebaptizaron los muchachos con los apodos de <mascaron> y 
«botincha». 

En esta disposicion fui inmediatamente entregado a pasar el 
noviciado con el organista, que vivia en casa con titulo de maior- 
domo. La primera diligencia fue acostarme con él, quien me 
azotaba cruelmente al salir de la cama, los mas dias por la 
mas levé niiîeria (y a veces por la mas grave virtud); este era el 
exercicio de aquel misantropo (no era extraîio, pues siendo ca- 
pon no podia menos de tener antipatia a la naturaleza humana). 
Era tal el miedo que me infundia su presencia y compania, que, 
sin poderlo remediar, hacia varias veces en la cama mis necesi- 
dades, cogiendo la cosicosa con las manos interin él dormia por 
cvitar el castigo: ocasion hubo en que, por arrojarla al suelo, 
cayô en su cara y voca la ambrosia, pagando despues a buen 
precio el melifluo donecillo. 

Este segundo Néron me sacudio (haciendo un computo pru- 



DE GONZALEZ MATEO 3I3 



dencial), hasta el cumplimiento de los siete anos, I.030 sotanas a 
quince azotes cada una, cuios azotes multiplicados suman 15.450. 
No obstante, Hec omnia inicia siiiil dolonun^ porque a esta pe- 
nitencia se seguian los castigos de mi padre y maestro de es- 
cuela, quienes me azotaban siempre que jugaba a los discipli- 
nantes, a la diversion de pelota quitada la chupa, al juego que 
los niiîos llamabamos «hacer cochinadas>>, y quantas veces iba a 
nadar con los chicos de mi edad, privandome por taies castigos 
de un bien tal util y apreciable, segun mâxima de los romanos, 
quienes, para manifestar la estupidez e inutilidad de algun suge- 
to, decian: Iste nec scit /itéras nec nature- 



§ 3. 

Aniquilado mi tierno cuerpecito con taies rigores, se me si- 
guiô la epidemia de viruelas, tan malignas, que con mucha difi- 
cultad logré salir de ellas; pero sus résultas fueron tan infaustas, 
que padeci quantas enfermedades son imaginables. Ningun sen- 
tido ni parte del cuerpo estubo libre de su insulto: dolor de 
muelas en la voca, oftalmia en los ojos, en los oidos sordera, 
postillas fétidas en las narices, herpès en las manos, podagra en 
los pies, sarampion, sarna, fîebres, tumores, anginas, punta de 
•costado, tabardillo y tantas mas, que se agoto la botica en su 
curacion. Los opiatas, amargos, febrifugos, quina, malbaviscos, 
pildoras, sanguijuelas, clisteres * y quantos unguentos ténia Salo- 
mon, no podian sufragar a maies tan continuados; pero, enfin, 
rompio la naturaleza y logré entero restablecimiento, aunque no 
por eso cesaron mis trabajos, antes bien, ab extrinseco, pasaron 
mas adelante; pues sufri dos dolorosos trabajos, que, al paso que 
solidaron mi cuerpo, aceleraron la muerte de mi querida madré. 

El primero sucedio en la iglesia, en el mismo acto de consa- 
grar el sacerdote. Aconteciô, pues, que se me caieron de un gorro 
unas arbejas edondas, y esparcidas por el suelo incomodaron a 



314 VIDA 

mi padre en taies terminos, que, levantandose de su sitio, descar- 
gô en mi frente un terrible golpe con el garrote acostumbrado,. 
de modo que al Uegar a casa parecia un monstruo con dos ca- 
vezas. A mi vista se accidentô mi compasiva madré; y saviendo 
el autor del cruento sacrificio, restablecida ya del accidente^ 
quando llegô su marido le dixo: «Hombre ,jque has hecho? coa 
un golpe has matado a dos» ; a cuia sentida reconvencion res- 
pondio (con la serenidad que le es siempre tan natural): «Mu- 
ger, ten paciencia, que crei no era Santiago» (como si siendo 
otro hubiera sacado una aima del purgatorio o ganado indulgen- 
cia plenaria). 

§4. 

El segundo castigo sucedio en la huerta, en ocasion que me 
hallaba sobre una tapia recreando la vista: llegô mi padre por 
detras y, dandome un retorcido pellizco en el brazo, me causô 
tal dolor, que eché un «por vida» cuio eco puse en las estrellas; 
pero observando al daiiador mi padre mas serio que Areopagi- 
ta *, cai desmaiado, causandome su presencia mas espanto y 
perjuicio que el pellizco, no obstante que sus résultas fueron un 
afio de curacion, con operaciones y secciones tan dolorosas que 
aun ahora parece las siento, y la senal de la llaga permanece y 
permanecerâ eternamente. 

Estos procederes fueron tan sensibles a mi oprimida madré,, 
que llegô a quedarse como asimplada, hablando continuamente 
sola, como quien conversa con otro, profiriendo fatuedades; y a 
su consecuencia murio de punta de costado, en el brève interva- 
lo de cinco dias, a los treinta aiiios de su edad. 



• § 5- 

Por este tiempo se me atrabesô una espina en el exofago, y 
ofrecido a S. Blas *, que se célébra en el lugar de Paganos *, fui 



DE GONZALEZ MAÏEO 3 15 



a rendirle las debidas gracias; y en el intermedio me resulto una 
punta de costado, no permitiendo Dios que acompanase a mi 
difunta madré en la muerte, ya que fuimos conformes en la ûlti- 
ma enfermedad. 

Restablecido de esle insulto, estando para regresar a mi pue- 
blo, vine antes a parar en gracia de Dios al infierno * y sin mo- 
rir. Si, lector amado, paré en el infierno del trujal del aceyte, de 
donde sali tan sucio y asqueroso como el nombre del sitio lo in- 
dica. Volvi a mi lugar, y a pocos dias me desnudaron de fraile 
francisco, substituiendome en su lugar un asqueroso y viexo ro- 
pon con un gorro azul de motas blancas, tan grande que po- 
dia ser enterrado en el; quedando asi degradado y constituido 
segundo frai Juan Capela *, apostata y Judas de la religion sera- 
fica (en esta ocasion me volvieron los niuchachos a rebaptizar 
con los apodos de <sopalanda>, <mascagranzas> y «hermitano 
de S. Anton»). 

§ 6. 

Uno de los trabajos maiores de esta epoca fueron los tristes y 
melancolicos suenos, que las mas de las noches me ponian en el 
estellero de la muerte, molestando a todos con lastimosos gri- 
tos; sin hallar medio para remediar tanto mal, porque si que- 
rian despertarme remnbiendome, el mismo tacto me hacia redo- 
blar los lastimosos aies, creiendo como real y verdadero el pa- 
sage representado en la imaginativa exaltada. Todos ellos se re- 
ducian a figurarme estar en el infierno, representandoseme los 
castigos e instrumentes como los representan los misticos mas 
rigurosos y severos. Otras veces veia que Xesucristo, desencla- 
vando su mano derecha, cogia sangre de su costado y la tiraba 
con indignacion a mi cara, sellando asi mi eterna condenacion. 
Los mas consolatorios eran quando soîîaba que me cogia un 
toro, que mi padre me sacudia una sotana o que me caia de una 
torre, etc. 



, 



3l6 VIDA 

Todo efecto, sin duda, de obligarme todos los dias el inconsi- 
•derado padre a que leiese o oyera leer una hora en Diferencia 
entre lo temporal y eterno y otros libres semejantes; contribuien- 
do tambien los castigos inmoderados y la mala conducta de las 
-amas de criar y orzayas, quienes, para dormir a los niiîos y que 
no Iloren, usan de la barbara representacion de duendes, fantas- 
mas, lobos, brujas, «que te coge Garrazas>, la Pantoniina, Zarra- 
niango, el coco y el buu, con otros desatinos capaces de infatuar 
e imprimir en la tierna infancia preocupaciones niui perjudicia- 
les, pusilaninnidad y cobardia. 



i? 7- 



For taies aflicciones y miserias llegué a los siete aiïos de edad, 
debiendome dar renombre de ijir supra etatein, es decir, varon de 
dolores, varon sin pechos maternos, varon de tantas y taies ma- 
drés, varon azotado, varon geringado, varon apestado, varon como 
apostata tratado, varon, finalmente, en el infierno reclinado. Ma- 
rio mi madré (como ya dige) dejandome de edad de siete aiios, y 
yo quedé abandonado al liante como otro Adan * por la muer- 
te violenta de su hijo Abel; interin, mi padre enjugô sus lagri- 
mas ocupado en deliberar de segundo matrimonio, que efectuô 
en el brève espacio de siete meses; en cuio tiempo llegô a tanto 
el descuido de su merced con los hijos, que a los dos meses no 
necesitaba yo vajarme los calzones para hacer mis necesidades, 
ni descalzarme para entrar en la cama. 



DE GONZALEZ MATEO 317" 



Cap[ituloj 3. 

[Casamiento segundo delpadre; Castigo egecutado en la voda; Azotes 
hasta ir a la Gramatica; estudio de leiigua latina y sus acontecimientos, 
con una crueldad que egecutô el padre]. 



§ I- 
Hasta los 14 anos. 

Llegô el dia del segundo casamiento de mi padre, verifican- 
dose en mî y a presencia de todos los convidados lo que con 
S. Juan en el convite de Herodes, con sola la diferencia que mi 
degollacion fue por el culo y la de S. Juan por el cuello. A vista 
de este exemplar siguio la madrastra imitando a su esposo; pu- 
diendo decir con mas justicia que Dametas el versecito vir- 
giliano: 

Est tnihi namque doini paie/ , est i ajusta noverca. 

Pasados los dias de la voda y despedidos los convidados, 
segui rigurosamente las tareas de la escuela en cuyo tiempo no 
veian ya mis ojos a mi entranable madré, vivo retrato de la in- 
comparable Claudia, esposa primera de Xeron. Solo me roiiea- 
ban quatro obgetos, para mî los mas abominables: en la cama 
dormia con el misantropo organista; en la mesa era acompafiado 
del padre y madrastra, a quienes consideraba como otro Néron 
con su muger Popea *, exemplar de inhumanidad, y en la es- 
cuela estaba espuesto a la crueldad de un flagclante. 

Hasta el cumplimiento de los diez aiïos (sacando la cuenla 
como los grandes pecadores al poco mas o menos) me sacudie- 
ron los quatro verdugos indicados 20.23 1 azotes, que unidos a 



mS 



15.450 ya referidos, suman 3 5.68 T, sin entrar en cuenta una 
extraordinaria sotana de quatrocientos azotes por solo baver 
-entendido su merced que vajaba de la cama a la cocina descalzo. 
Desde esta sangrienta operacion se me imprimieron ciertos 
•efluvios fisicos (por el estilo que los perros participan de sus 
amos, en virtud de los que les hallan las cosas perdidas sin ha- 
verlas visto), causandonie tal terror panico, que enmudezco re- 
pentinamente en qualquiera ocasion que mi padre esté cerca, 
aunque no lo vea; cuia realidad pueden acreditar infinitos su- 
getns que lo han observado con admiracion v asombro. 



§ 2. 

P'.n esta tierna edad ya asomaba ( ' ) la cabeza la uîia i la car- 
ne, y apenas pasaba dia que no hurtase a mi buena madré bollos 
de chocolaté y otras golosinas, que repartia libéral con jovenes 
de otro sexo. Atrahidas con este aliciente, lograba seducirlas 
•disponiendo diversiones en sitios ocultos, siendo lo mas comun 
«1 juego del maestro y el de hacer cochinadas. Pero la niîïa que 
mas me llevô la atencion fue la hija de Pelegriio, cabo de los 
guardas del tabaco, quien me llamaba hierno, y a titulo de tal 
comia en su casa con la maior franqueza, reputandolo todo mi 
suegro a diversion puéril (interin haciamos la siesta juntos, etc.), 
hasta que, observandonos el maestro de escuela (por quexas del 
sacristan) en las escaleras de la torre, resfriô nuestro ardor con 
una sangrienta sotana. 



Cumplidos los diez anos, sali de estos embrollos y del cauti- 
verio, pasando a estudiar gramatica, en donde empezé con los 

( ' ) /?/ ms. ;isomnmahu. 



DE GONZALEZ MAÏEO 3 IQ 



nominativos quis y sus compuestos, con la turba magna de re- 
glas, no solo inutiles, sino tambien ofensivas para el aprovecha- 
miento, maiormente obligando a estudiarlas en Jengua que no 
se entiende. Y todos los dias, por falta de memoria, daba mal 
la leccion materialmentt-, pero la entendia en virtud de la expli- 
cacion. El maestro, que conocio mis adelantamientos sobre los 
otros condiscipulos, dixo admirado: «îlombre, ^en que consiste 
que me das tanto contento en verte tan aprovechado, adelan- 
tandote a otros que siempre dan bien la leccion, dandola tu 
siempre mal?». « Seiior, respondi con varonil arrogancia, usted 
se equivoca en lo que dice, porque ni mis condiscipulos estu- 
dian bien la leccion ni yo mal Tsi estudiarla bien es entenderla); 
lo que yo doi mal y mis compaùeros bien son las voces mate- 
riales, propias de urracas y papagaios...» No permitio concluyese 
una respuesta que considero superior a mi corta edad, logrando 
por tal reflexion el no ser castigado en adelante aunque no dièse 
bien la leccion, haviendo sufrido hasta este lance tantas cruelcs 
sotanas como lecciones ténia que dar, pues nunca acertaba a 
decir materialmente una palabra bien. 



S 4. 

Sin envargo de mis conocidos adelantamientos, el buen maes- 
tro (mejor digéra buen verdugo) me castigaba tantas veces 
quantas eran las que padecia alguna equivocacion en la traduc- 
cion o significacion de alguna voz, especialmente en las oracio- 
nes finales, causales, de estando, etc., no sufriendo mi talento 
tanta superflua e inutil argaravia ( ' ) de variaciones, que ni los 
maestros las entienden. 

Muchos trabajos podia referir sufridos en el discurso de quatre 



f • ) Sic. 



;2o 



aùos que ocupô en estudiar la Gramatica, y eran asunto de ua 
libro entero; pero por no molestar los omito, siendo sufîciente 
asegurar que esta epoca me fue tan fatal como la anterior de mi 
vida. Lo que dire por insinuacion sera un terrible vareo, que es 
como sigue: 

Por solo haverme visto el maestro fuera del pueblo a las cer- 
canias de un rio, ocupado en observar a otros dos estudiantes 
que raspaban en el unas cortezas de acebo para sacar liga * y 
cazar pajaros con ella (con intencion de hurtarles dichas corte- 
zas trasladandolas a otro sitio), me castigo tan furiosamente 
como ahora dire: llegué a cenar a su casa, que era mi posada, 
y al verme dixo: «Demonio, ^a donde vas?». «Senor, respondi 
aturdido y temblando, a cenar >. «Vête, vête a donde bas estado^ 
esta tarde>, con varias otras amenazas. Convirtiendo yo entonces 
la cobardia en una exaltada colera, dige: «Ya voi, y no me veran 
mas sus ojos». Hui ligeramente de su presencia, y siguiendome 
hizo que volviese a casa mas que apaso, sacudiendome por cl 
camino bofetones, repelones, pellizcos y puntapies, hasta llegar 
a la posada. Me meti en la cama sin cenar, y a la mafiana en eL 
estudio pregunti') quien havia dado mal la leccion; y despues de 
haver tomado a cuestas a uno que estaba delante de mî porque 
la dio mal, dixo: «Tomar a cuestas al que se sigue». Asi se ege- 
cutô. Al sacudirme quatro azotes con toda su fuerza, exclamé 
diciendo: <Por vida de Dios», a cuia expresion se siguieron olros 
cuatro de igual calibre. Irritado yo ya y fuera de juicio, no quise 
ponerme los caizones; y estando en esta disposicion, dio el relox, 
poniendose todos de rodillas para rezar la ave maria: solo yo 
me estube sentado, por lo cual mandô el maestro traher quince 
varas de avellano mui largas y gordas (todas las hizo nienudos 
pedazos en mi cuerpo). A poco tiempo entrô un sacerdote 11a- 
mado D. Emeterio en el estudio, y poniendose en pie los estu- 
diantes, como era costumbre, faite yo a esta ceremonia, y man- 
dando traher otras tantas varas, las empleô en sacudirme como 
anteriormente, con tanto escandalo del sacerdote, que, no pu- 



DE GONZALEZ MATEO 321 



diendo nioderarlo, marcho de su presencia , protcstando no 
volver mas en su vida. 

Dos meses estube postrado en cama de sus résultas, y mas 
<le ocho con la cabeza Uagada y llena de un hormiguero ( ' ) de 
pioxos; por lo quai, instado de algunos amigos compadecidos 
de mi triste situacion, escribi a mi padre pintandole todo el pa- 
î^age, creiendo hallar en su merced algun sentimiento de huma- 
Tiidad; pero sucedio tan al contrario, que n\e contesté diciendo: 
t\ a sabes el viage que hice al estudio de Santo Domingo de la 
l'alzada solo por castigar a tu hermano Bartolomé en semejantes 
circunstancia; tambien sabes que, no queriendo su maestro sa- 
•cudirle en mi presencia mas que una doccna de azotes, le quité 
las diciplinas y le sacudi yo otros doce de buena niano en la 
tripa; igual sucrte hubieras tenido tu si no me lo impidieran 
unas tercianas que padezco». Con taies anuncios no me quedô 
gana de reclamar en adelante, ni menos pensé rogar a Dios por 
su restablecimiento. 



Jî 5. 



Este y otros lances, con infinitos que callo, entiendanse como 
extraordinarios; porque los comunes a todos los estudiantes no 
cntran en cuenta; acerca de los quales basta saber que el pueblo 
es como la scicia {'■' j frio y misero; las circunstancias del maes- 
tro, quales se infieren de lo ya manifestado; a lo que es consi- 
guiente padecer hanibre, savanones, espolon'^s. pioxos y mi' 
lacerias. Con tan fuertes legia llegué purificado a los catorce 
aiios de edad, en cuio tiempo conclui la Gramatica, dejando el 
domine que egecutase sus crueldades en otros culos. 



i' ' ) Sic. La h anadida posteriormentc. 

•( 2 ) Raspado el signo * de referencia al indice final, 

RfTiif H'fspau'ujw. — P. 



322 



§ 6. 

Kn este tiempo empleado en la Gramatica se me borraron las- 
inclinaciones a la carne, sin duda por la continua ocupacion de 
estudiar, por falta de cevo, y acaso tarabien por no hallarse la 
mezcla y compania de ninos y ninas ( ' ) que en la escuela. No 
obstante, en una ocasion que me halle a solas con una mozuela, 
(incitado de su desenvoltura) andubo la cosa en panos calientesr 
prometimos reciprocamente casarnos, disponiendo por medio 
de una obligacion los esponsales, la quai, amasada entre les dos, 
decia asi: 

«Por quanto fulana, natural de Penaoerra'ia, se obliga a entregarse- 
desde este instante a mi disposicion, prometo yo igualmente casarme 
con ella, y para su firmeza pongo aqui mi nombre y apellido: 

Santiago Gonzalez Mateo». 

Concluido el escrito. me précisé la nioza a besar la cruz que 
t'ormô con sus dos dedos, poniendo a Dios por testigo, como 
quien estuviera haciendo la obra mas piadosa y meritoria; reco- 
gio su escritura y se comenzo a cumplir la obligacion. 

Cap[itulo] 4. 

[Orden de Prima; estudio de Moral, con varios lances traviesos; estu- 
dio de filosofîa y sus acontecimientos por todos estilos]. 

§ I- 
Hasta los 18 a nos. 

Concluida la latinidad, déterminé el padre ordenarme de Pri— 
ma, dando un empellon hacia la Iglesia, que es el destine regu- 

( ' ) El ms. ninas. 



DE GONZALEZ MATEO 323 

lar de los segundones. De seguida me destiné a estudiar Moral 
con el cura del lugar de Annentia de Trevino, adelantando otro 
paso mas a lo eclesiastico. Desde el dia primero me honrro el 
senor cura con el titulo y exercicio de sacristan, por lo quai 
pasé très meses haciendo hostias, tocando campanas y soplando 
vinageras; no logrando mas instruccion que la vileza que es tan 
propia de lugares pequenos (lo era este de solos cinco vecinos) 
y la barbara lociicion del estilo aldeano como el îubiendo, pn- 
siendo, a/iihiijiic/!o, aquiiiesto^ tnigido^ pusido^ endenantes, melrru- 
za, Qj/rros^ alrros y Teadoro; pues, segun el axioma, los luga- 
res pequenos envilecen, envegecen y empobrecen; y como dice 
el poeta: 

Rustica progenies nescit habere modum. 

§ 2. 

Por este tiempo paso el conde Artois por Vitoria, dos léguas 
de Armentia, y en su obsequio se celebraron funciones de co- 
rridas de toros. Yo deseaba disfrutarlas, pero no ténia dinero. 
Exprimi el discurso y me deparo un buen medio para lograr 
mis intentos. Este fue haber hecho conversacion el cura (pocos 
dias antes de las fiestas) de una tia hortelana que el dicho maes- 
tro ténia en Vitoria, tan amante de sus parientes, que siempre 
estaba quex.indose de que no iban a Su casa, atribuiendolo a 
desprecio por contemplarla pobre. Manifeste tambien el cura 
que era tuerta (yo logré dejarla ciega ciega, digo de amor, 
quando me judgô sobrino), Con tal contraseiïa crei poder hallarla 
en Vitoria y estar de pega en su casa; por lo quai (despues de 
haber tomado veinte y un reaies del cepo de las animas, como 
buen sacristan) pasé a dicha ciudad, en donde, preguntando por 
una hortelana tuerta, me pusieron en su casa. Entré en ella y al 
subir las escaleras Uamaba: «Tia, tia». Salio la viexa, a quien sa- 
ludé con satisfa«cion de sobrino. Ella, creiendome tal, me entrô 
de la mano en el quarto. 



324 VIDA 

Le di por supuesto que era sobrino de su sobrino el cura de 
Armentia, y que por deseo de conocerla y darle un abrazo me 
habia salido de casa sin hablar palabra. Envanecida ella enton- 
ces, como el cuerbo de la fabula, se tirô a mi cuello dandome 
muchos abrazos; llamô a una hija (bella moza) diciendole fuese 
l)rontamente a ver un primo estudiante, y llegando a mî nos 
abrazamos los dos con mas placer que con la tia. Dispusose 
luego buena comida, repitiendo continuamente mi bondad en ir 
a visitarlas y disfrutar de su compania, contra la conducta que 
ohservaban los demas parientes. Y correspondia con las conti- 
nuas espresinnes de tia, prima; prima, tia, que tanto ellas apre- 
ciaban. Jamas me séparé de mi supuesta prima en las concu- 
rrencias publicas y corridas de toros, ])agando ella siempre por 
mi. Concluidas las funciones, regresé a Armentia, repitiendo en 
la despedida iguales finezas que en el recibimiento y quedando 
la prima como Dido '^ en la presencia de P^neas. Llegué a casa del 
cura, a quien hice relacion de mis acontecimientos, sin callar los 
21 reaies, que me perdono por la travesura fmucho me valieron 
las animas en esta ocasion). 

î 

\ 

-\ tavor de la mucha sencillez del cura y ama, logrc las deli- 
cias de una Corte en pueblo tan abreviado. Los polios, picho- 
nes, magras, chorizos, vinos generosos y quantos manxares ha- 
bia en la despensa, estaban a mi disposicion; y aunque se echa- 
ban de menos los comestibles, jamas llegaron a dar con el ra- 
ton roedor. Las huertas cedian a mi sagaz imperio, no obstanle 
que en très ocasiones degé pelo en la trampa. 

La primera en que me vi apretado fue hurtando manzanas con 
otro moralista a tiempo que todo el pueblo de San Martin Gal- 
varin se hallaba en visperas. Vna vieja marrullera que nos ob- 
servo aviso a très hermanos mozos, quienes, saliendo de la igle- 
sia, nos atropellaron y midieron nuestras costillas a varas, y a 



i 



DE GONZALEZ MATEO 32 5 



mî (como mas desgraciado) me quitaron un diente de un bo- 
feton. 

En la segunda ocasion fui mas alortunado, aunque me temia 
résultas mas infaustas. El caso fue enganchar un mamanton cor- 
dero; y a tiempo de querer hacer ( ' ) el agnicidio * lo echaron de 
menos; conocido lo quai, déterminé meterme en un rio en ade- 
man de nadar, metiendo tambien el cordero (solo este arbitrio 
restaba para no ser cogido con el hurto en las manos). Un mozo 
que lo buscaba me preguntô: «Estudiante, ^has visto pasar a al- 
guno con un cordero por este sitio?» «Si, le respondi (y no men- 
tia), no esta lexos: a poco que andes lo alcanzaras»: por cuia an- 
fibologia siguio corriendo, logrando solo ausentarse mucho mas 
del ladron quanto mas andaba. 

§ 4. 

El tercer ataque sucedio despojando un nogal: ya me hallal);t. 
yo con las boisas de la casaca y el hueco de los calzonazos Ile- 
nos de nueces, quando llegué a ver dos mozos con palos en se- 
guida de nosotros. El companero, que ninguna ténia en su cuer- 
po, huyo; pero yo, temiendo ser descubierto por el ruido si co- 
rria, no me movi del puesto, y al arrimarse a mî para sacudirme 
les dixe: «Hombres, ;de quien son estos nogales, que fulano, 
zutano y mengano los han destrozado?» «Creiendo ellos enton- 
ces mi acusacion, se sosegaron y me hablaron como a amigo; 
con cuia ocasion di una violenta carrera hasta la iglesia, en donde, 
cerrandome con cerrojo, sin haber podido alcanzarme, sali libre 
de sus garras. 

Estos sobresaltos hicieron mas dulces y agradables los buenos 
ratos anteriores, porque, como dice el Poeta: 

Du Ici a non novit qui non gustavit amara. 



( ' ) Hacer entreh'neas. 



326 VIDA 



§ 5- 



Llegô el tiempo de cursar Filosofia, por San Lucas, y me des- 
tiné el Padre a Santo Domingo de la Calzada a estudiarla con 
los frailes franciscos. La primera catedra ocupô el lector en se- 
nalar leccion y hacer que tomasemos de memoria el trillado elo- 
gio de Escoto ( ' ), a cuio autor seguiamos: 

Antes met mundus quant surgat Scotus secu?idus, 

encargandonos lo tuvieranios siempre tan présente como los No- 
bismos, induciendonos asi a la defensa de su doctrina contra la 
de Santo Tomas y Suarez; siguiendo sucesivamente con las gre- 
guerias de barbara, celarent, Darii, ferio, Baralipton y el cœi- 
cedo^ negOy distingo, impUcas in terminis, formaliter, realiter stricte, 
s in categorematice, rediiplicative, etc. 

Idioma mas confuso que peticion de letrado o capitulaciones 
de suegro tramposo. Por este estilo logramos solamente la cien- 
cia de eternos disputadores en el curso primero de Sumulas. 



§6. 



Dos posadas posei en Santo Domingo interin el curso prime- 
ro: en la una duré solo un mes, con mas paciencia que un cor- 
niido bajo el dominio de una solterona beata por fuerza, desden- 
tada, virolienta, quadragenaria y tan abominable, que con difi- 
cultad pudiera hallarse semejante. Trataba esta con mi Padre 
Rector, y por este motivo pensô tener conmigo un seguro al- 
cahuete, y por dicho tiempo lo logrô. El primer encargo que 



) El ms. decla Esoto; postcriornje7ite fuc anadida la c. 



DE GONZALEZ MATEO 327 



me hizo tue Uevar una tinaja de pimientos escabechados a su 
■cortejo, cruzando toda la ciudad, cuio caldo me inundô todo el 
vestido, poniendome tan sucio y asqueroso como un cocinero o 
vodegonero. Sufri, por miedo al lector (con quien me amena- 
zaba la beata quando repugnaba alguna demanda), un mes; y no 
siendome posible tolerar mas, degé su compania y pasé a la se- 
gunda posada, cuia ama era una viuda, con una hija de diez y 
nueve anos, moza tan hermosa, discreta y savia, que era la en- 
vidia de todas las de la ciudad y el enveleso de los mas distin- 
guidos jovenes, inaccesible para ellos. Al contemplar yo enton- 
ces tal mutacion y diferencia de amas, canté lleno de admiracion 
con el Poeta: 

;0 quantum hec Niove, Niovc distat ab îllal 

y aunque me parecio tiempo perdido inclinarme a su velleza, 
por el sumo recato de su conducta, (no se como) despidiô Cu- 
pido algunas fléchas; repetidas sin intermision, causaron efecto, 
pudiendo decirse de mi con propiedad lo que un poeta dixo de 
Moro 

... Moro Nixa datur 

o, lo que es lo mismo: el ruin puerco se come la mejor bellota. 

Concluido el curso primero con taies preliminares, voivi a mi 
pueblo, determinando el padre inmediatamente que el hermano 
maior y yo pasasemos a Neila, lugar de la sierra, con motivo de 
conocer a un tio, y tambien con la mira de que una sobrina del 
obispo de Tuy me recomendase a su tio para page; cuia preten- 
sion se desgraciô por ser yo tan desgraciado. Fue el caso que 
este obispo ténia el buen gusto de servirse de mozos gallardos y 
•de buena presencia; y como la mia era diametralmente opuesta, 
dio la seiîora, a la primera vista, por imposible la pretension. 

En casa de dicho tio mio estubimos dos meses en compaiiia 
de D. Pedro Ceballos y su hijo el maiorazgo, caballeros de San 
Asensio, padre el uno y hermano el otro de la muger de nues- 



328 VIDA 

tro tio. Tambien se hallaba (en calidad de doncella) una reciea 
parida, soltera, cuia fragilidad solo yo la ignoraba; pero ella mis- 
ma llegô a manifestarse y hacerme noticioso, como se verâ en 
el rare caso que ya comienzo: 

La dicha doncella de labor entré a lievarse la vêla al quarto 
en donde se havian acostado los dos de S. Asensio, mi hermano. 
y yo, que me hallaba en camisa matandome las pulgas: y vien- 
dome ella en tal disposicion, dixo, afectando esciupulo {yo crei 
era principio de solicitacion): «Jésus, que escandalo ver a un 
estudiante en camisa!»; a lo quai respondi sencillamente y sin 
malicia: <Senora, no sea usted tan melindrosa, que si usted ha 
parido, habrâ visto el nino en cueros». Pensando ella (como era 
regular) que yo lo decia savedor de su fragilidad, empezô a gri- 
tar tan descompasadamente, que se tiraba contra las paredes, se 
arrancaba el pelo y ultimamente se accidenté de sobervia. A 
vista de tal catastrofe résulté otro maior en mi pobre cucrpo, 
pues desvelados todos y saliendo de sus camas, unos me pellizca- 
ban y abofeteaban, otros me blasfemaban y abominaban, y todos 
jugaban conmigo a adivina quien te dio, siendo una verdadera 
representacion de Cristo en el pretorio y columna. Très dias 
duré esta tragedia, hasta que saliendo para Villoslada dejamos- 
a la furia internai en casa del tio; pero como non est ira super 
irarn mulieris, despues de catorce anos senti los efectos de su 
venganza, como dire hablando del viage de San Sébastian. 

Detenidos algunos dias en dicho pueblo mi hermano y yo>- 
dimos buelta a casa de mi padre, en donde permaneci hasta el 
segundo curso de Filosofia; en cuio intermedio me acontecio la 
desgracia siguiente: Sali cierto dia en compafïia de un criada 
que iba a por lena, y habiendo llegado al monte tome la acha y 
empecé a cortar un roble (creiendo, erroneamente, pecaba mor- 
talmente, por estar proibido por las leies) y dejandolo medio 
cortado, di un achazo en una ulaga ( ' ) la quai me sacudio con 

■ ' ) Rasgado el signo de referencia al indice de cosas notables. 



DK (GONZALEZ MATEO 329 



las puas en la cara y un ojo, dexandome monoculo como la 
reyna de Ethiopia ( ' ). Apenas me restaba otra circunstancia 
para verificarse en mi lo que se dixo por Zoilo *, en los siguien- 
tes versos de Marcial, lib. 12, Epigram.: 

Crine ruber, niger ore, brevls pede^ lamine îesus 
Rem magnam pr estas ^ Zoile, si bonus es. 



§ 7- 

Habiendo llegado San Lucas, pasé a Santo Domingo a estu- 
diar segundo ano de Filosofia, a la misma posada que el ano 
primero. Se reprodugeron las caricias comenzadas el ano ante- 
rior con la hija de la ama, aumentandose el ferbor con mucha 
acceleracion (no digo mas del asunto hasta el tercero, que fue su 
conclusion con cola). 

Entre los acasos y juvéniles desatinos que como inconside- 
rado ejecuté, solo dire el siguiente, con solo el quai quedarâ el 
lector bien apestado, porque el asunto es de mierda: Juntos va- 
rios estudiantes a merendar, se tratô por postre quién se come- 
ria un quarteron de escremento; y yo, como menos escrupuloso, 
prometi egecutarlo; y como en mi es lo mismo dar palabra que 
cumplirla, se présente a la mesa en un plato, el quai limpié mui 
bien, sin fastidio ni desagrado (interin los esptctantes rebenta- 
ban de asco solo en verme chupar los dedos); y aseguro que 
qualquiera que haga la esperiencia le sucederâ lo mismo, espc- 
cialmente cargandola bien de sal, porque es mui insipida y jauda. 
Lo cierto es que los perros la comen con ansia, e impacientes 
de que uno se levante de la operacion para engullirla, quando 
jamas se les ve por lo regular corner melones, sandias ni pimien- 



( ' ) Se abre parentesis, que no se ciena despue's. 



330 VIDA 

tos, tomates, lechugas ni otras mil cosas que nosotros comemos 
. (acaso por aprehension). 

Concluido el curso con mas gusto y aprovechamiento que el 
ano anterior, por ser la Fisica mas perceptible, volvi a mi pue- 
blo, vajando inmediatamente a Logroiio a estudiar Moral para 
hacer oposicion a un bénéficie vacante por muerte de un bene- 
ficiado de Laguardia (este fue el empellon tercero, por el quai 
me halle metido de patitas en la Iglesia). Seis opositores concu- 
rrimos a examen, y se hizo en mi la eleccion, ya sea porque, 
como suele ( ' ), el ado me lo deparo por haberlo poseido un 
loco que muriô en el hospitaî de Zaragoza, confirmando asi mas 
la opinion en que los mas de Laguardia me tienen (quando no 
me pueden hacer mal, porque siempre que han podido me han 
degradado de este caracter para lograr el que me castiguen), ya 
^ea por tener tio beneficiado, o ya acaso porque solo 3^0 sali en 
primera letra haciendo la eleccion del mas digno. Tomada la 
posesion pasé a Santo Domingo a estudiar el aiîo tercero y ul- 
timo de Filosofia, siguiendo en la misma posada que los afios 
anteriores. 



§ 8. 



Habiendo tomado posesion en el primer ano de Filosofia 
(como queda insinuado), no solo de la segunda posada y seguido 
«n ella el segundo, sino tambien del corazon de la hija de la ama, 
empezamos con indiferencias siguiendo con incontineiacias. En 
el ano tercero se echô el sello y se vio la cola por conclusion: 
en efecto, concluida la Filosofia y volviendo a casa de mi padre, 
recibiô en seguida su merced aviso, dirigido a pedir alimentes 
para la hija de la ama de Santo Domingo; cuio enigma enten- 



( '■ ) Como suele corregido sobre lo escrito primeramente. 



DE GONZALEZ MATEO 331 



dido por sa raerced ( ' ), me examinô sobre el particular. En dos 
palabras hize la confesion, diciendo: <todo es verdad, y mi vo- 
Juntad casarme con ella» (mucho fabor me hacia); pero la sovcr- 
bia y presuncion de los Mateos no podia permitir enlace con 
una sastra, por lo quai se conformé en dar (a cuenta de mi légi- 
tima) trescientos ducados; concluiendose asi i desembarazandose 
el asunto de la enbarazàda. 

§ 9. 

Yo deseaba abandonar el estado eclesiastico, pero se me cerro 
la puerta con la liberalidad del padre (aunque a cuenta de mis 
bienes, que de otro modo no hubiera cobrado); no obstante, de- 
seando socorrer abundantemente a la que deseaba esposa, tome 
de la era en el agosto hasta quarenta fanegas de su trigo y otras 
tantas de cebada, que me reduxo a metalico una alcahueta, ama 
mia de criar en otro tiempo. Hice tambien, por medio de llave 
maestra, limpia gênerai de las alajas de casa, que fueron dos 
aderezos de diamantes, un pectoral de lo mismo, una venera de 
Santiago, once cucharas y once tenedores de plata, un vaso de 
plata de média libra, un Cristo y cruz de la dicha materia de una 
libra de peso, con varias otra.s cosas, cuio total era incalculable. 
Apoderado de lo referido, sali para Santo Domingo, Uevando 
en mi compaiiia a mi hermano Judas; a cuia ciudad llegamos en 
un dia (siete léguas habia de distancia). Era mi intento dejar el 
hermano alli y yo seguir a Valencia a estudiar medicina, pero se 
me pegô tanto el panai en compaiiia de la amiga, que nos co- 
gieron el hermano maiorazgo y un criado, precisandome a en- 
tregar lo hurtado y a volver a casa, en donde padeci la maior 
confusion y verguenza; hasta que usé del arvitrio de afectar ver- 



( ' ) El ms. decta mi padre; estas dos palabras fueron iachadas poniendo 
rntrelîneas su merced. 



332 VIDA 

dadero reconocimiento, practicando las penitencias que dire eii, 
el capitule siguiente. 

§ lO. 

En el referido viage nos sucedieron los graciosos y... (') 
lances: 

Primero: empezando a pedir limosna en Naxera, très léguas 
de mi lugar, para perder la mascarilla y verguenza, no obstante 
que llevaba en dinero mas de mil reaies, fue la primera puerta 
que coscorroneamos un torno de monxas, cuia tornera nos pré- 
senté una oUa de abas,- que devolvimos diciendo eramos estu- 
diantes y que mas queriamos algun dinero, aunque no fuese mas 
que una peseta de plata viexa. Riose la madré monxa, y dando 
vuelta por las ceklas nos présenté doce quartos, que substituie- 
ron ventajosamente a las abas; pero nosotros (como gallegos, 
que nunca se cansan de pedir) le apuntamos que nos dièse algu- 
nos dulces échos de su mano para nuestro eterno reconoci- 
miento; y ella respondio graciosamente diciendo: «Hai, herma- 
nos, los dulces de las monxas son dulce lignum, dulces clavos, 
dulcia ferens pondéra; por cuio chiste nos despedimos riendo y 
admirando su travesura. 

Pasamos despues a casa de un medico llamado Chinchetro, 
quien nos examiné, dandole yo mucho gusto, no obstante que le 
hice créer mas mentiras que palabras se hablaron. Las primeras 
del interrogatorio fueron: «^De donde son ustedes? ^-de donde 
vienen? |jen donde han estudiado y que facultad?» «Somos, se- 
îior, del lugar de Treviiîo; venimos de Zaragoza de estudiar Fi- 
losofia escotica». Al oir escotica me replicé: «Usted miente, 
porque en Zaragoza se sigue a Santo Tomas». «Distingo, res^ 
pondi (solo por la distincion dévia persuadirse que era yo esco- 



( • ) Una o dos palabras ilegibles. 



DE GONZALEZ MATEO 333 



tista, por ser caracter de esta escuela distinguirlo todo): en la 
Universidad concedo; en vSan Francisco, négo:, y nosotros hemos 
«studiado en dicho convento, por la ocasion de tener un tio 
en él, exprovincial, quien nos ha mantenido en su compania». 
«No hay réplica, dijo Chinchetro (quando mas mentia), usted me 
convence». Ultimamente me preguntô en que se distingue la 
esencia de la existencia; a que satisfice completamente por ha- 
yer en el mismo ano tenido en Santo Domingo dichas conclu- 
siones; y echandose la mano a la boisa, nos dio una peseta; con 
•cuio subsidio nos despedimos, dandole mil gracias por su libe- 
ralidad. 



iî II. 



No pedimos mas en Xaxera; y pasando al pueblo de Azofra, 
fui por el camino instruiendo a mi hermano en las maximas de 
la vida tunantesca, advirtiendole mucho que tubiese ciienta de 
las circunstancias de los sujetos; por que si conocia que los taies 
€ran serranos, debia responder eramos de Treviiio; y si cran de 
otro pais, podia con seguridad responder eramos serranos, hijos 
<lel maestro de Barmala, pueblo el mas pequefio e incognito. 
Con esta intereresante conversacion llegamos a la taberna de 
Azofra, en donde dejé a mi hermano interin yo di vuelta por el 
lugar; en cuio intermedio liegaron unos laneros, quienes, pre- 
guntando a Judas de donde era,^ respondio (como quien decia 
una libreria): -'Seiiores, soi serrano, e hijo del maestro de Bar- 
mala> (eran precisamente los laneros de dicho pueblo), por lo 
•que, trocando los frenos, fue cogido en mentira a la primera 
ocasion y pregunta. 

Llegué yo a esta demanda y question. Al verme dixeron: 
«Hombre, jque compaiiero (' j Ileva usted!» «jA, senoresl, res- 



( > ) /-/ ms. companero. 



334 VIDA 

pondi, jsi supieran conio me mortifica ese infâme!» «Nos ha di- 
cho que es de Barmala, y miente, porque somos nosotros de 
este lugar». «Senores, nosotros somos de Trevino, hijos del es- 
cribano». «Usted es hombre de bien y nos dice la verdad; no 
puede fallar esa caraza de apostol que usted tiene; pero este otro^ 
ojos trocados no puede dar buena lèche*. <Asf es, sefiores, es 
mui embrollon» (nada nos llevabamos, ni aun en la circunstan- 
cia de los ojos), y satisfechos de mis verdaderas mentiras, me 
alargaron ocho quartos para vino. 



§ 12. 

Por conclusion de este capitulo pondre varios encuentros y 
asuntos de uiia que me acontecieron y ejecuté en dicho ano ter- 
cero que estudié Filosofîa; y sea el primero el pasage que me 
sucediô a presencia del corregidor de Santo Domingo: 

Acomparîaba yo en el paseo a la hija de mi ama; y encontran- 
donos con la beata que fue mi primera senora y patrona, que- 
riendose esta vengar de mi por haberme salido de su casa, me 
saludô diciendo: «Vaia con Dios el seiîor sopalanda» (repitiendo 
el mismo dicterio otra perillana que la acompanaba). Hice tal 
sentimiento de la bachilleria (acaso por la Cibeles de mi lado) 
que las acusé ante el senor corregidor, quien citandolas a juicio 
y obedeciendo ellas, dixo el corregidor: «Seiior estudiante, ^"quaL 
es el motivo de haber llamado a las sefîoras a mi presencia.''» 
«Sepa usia, dixe, que en publico paseo me han avergonzado con 
el ignominioso apodo de sopalanda». 

Oida mi acusacion, empezô la beata diciendo (aqui entra la 
satira): «^Sopalanda yo a usted?, es falso que haia llamado sopa- 
landa, porque en mi vida he oido sopalanda; ^como, pues, podia 
llamar al senor sopalanda?, sopalanda no, seiior Corregidor, no 
le he llamado sopalanda, ni s*^ que se Hama sopalanda, y menos 
que sopalanda sea injuria; pues saviendolo ^como le havia de 



DE GONZALEZ MATEO 3'35 



llamar sopalanda?, en lugar de sopalanda (queriendo injuriarle) 
le hubiera nombrado «mascaron» y «botincha>, pero sopalanda 
no por cierto». Siguiô la companera con las mismas plegarias 
diciendo: <^Como que sopalanda?, ^isopalanda al senor D. San- 
tiago?, ^décide yo sopalanda?, no podrâ decir con verdad que una 
sola vez le he nombrado sopalanda; pues que, ^llaman a usted so- 
palanda? Si sopalanda le llaman, ^para que se quexa? Yo, en lu- 
gar de sopalanda, queriendo hacerle injuria, le hubiera llamado- 
chermitarîa de S. Anton>, «mascagranzas>, «botincha> y «mas- 
caron»; pero no sopalanda >. 

Sali abergonzado del aposento, dexando a las dos con el co- 
rregidor que celebrasen el chasco (bien merecido); del cual sa- 
qué la instruccion de sufrir con paciencia las adversidades y fla- 
quezas de nuestros progimos y despreciar hablillas de muger- 
cillas bachilleras. Dieziocho veces sufri que me Uamasen impu- 
nemente sopalanda por no haber tolerado una sola en el paseo- 



§ 13. 

Otro lance mui doloroso me acontecio (aunque no fui solo)- 
en la fiesta de Santurdejo, cerca de Santo Domingo. Seguimos a 
la multitud doce estudiantes a pasar la tarde, y jugamos a la 
calva, consistiendo mi desgracia en mi fortuna y el maior ierro 
en el maior acierto; seis doses que di seguidos al cuerno con la. 
mano zurda, judgandome encantador y raro fenomeno, me de- 
pararon una terrible paliza al salir para Santo Domingo: salieron 
al encuentro ocho danzadores y siete vizcainos con garrotes, 
destrozandonos a todos a golpes. Yo fui el peor librado, pues. 
no se oia otra voz que «al zurdo, al zurdo», y correspondiendo 
las obras con las palabras, hicieron un sacrificio cruento de todo 
mi cuerpo. Sali, no obstante, con vida de tan desecha borrasca;. 
y escondiendome tras de una pared, me lavé y até las heridas 
dé la cabeza con un paîiuelo. Los companeros dormieron en la. 



336 



carcel (o si no, estuvieron despiertosy hasta que tomandoles la 
<:onfesion al dia siguiente, les dieron por libres, aunque no por 
sanos. 

§ 14- 

Entre varias trahesuras ejecutadas conio consecuencia de jun- 
tarme a otros estudiantes calaveras, una fue el hurto de dos car- 
neros, de que mi padre me hace cargo en la cuenta que me pone 
sobre la légitima materna; y tambien un berzal que fui vendien- 

-do de la huerta de nuestra casa para mis diversiones y merien- 
das, sobre el quai me carga doscientos reaies; pero como igno- 
raba las circunstancias agravantes y mutantes speciem, no las en- 
tra en cuenta su merced; y yo debo manifestarlas para que mi 

-confesion sea entera: 

Primera circunstancia agravante es que a tiempo de hurtar 
las berzas cogia pimientos gordos, melones, sandias, barbos y 
anguilas de la pesquera; segunda, que para asar los pimientos y 
aderezar las anguilas y barbos sacaba aceyte de la despensa; 
tercera, que con ocasion del aceyte hurtaba chorizos, escabeche 
y tocino magro; quarta, que por hallarse el gallinero bajo de una 
misma llave degoUaba gallinas y enganchaba huebos. La circuns- 
tancia mutans speciem era convidar a lo hurtado a personas del 
otro sexo, siguiendose la consecuencia (segun el axioma que 

•<lice: vinum et adolescentia duplex incendmin). 

Cap[itulo] 5 

jPenitencias y vocaciones; Egercicios esi>irituales; Erigano a los frai- 
les de Olite]. 

Hasta los 2i aSios. 

i.os très anos siguientes ocupé en penitencias y vocaciones 
•de ostado, todo efecto de los desordenes anteriores. En lo ma- 



DE GONZALEZ MATEO 33/ 



terial las penitencias tueron taies, que igualaron a las de los Ma- 
carios, Magdalenas y Geronimos; pero, como sin consulta ni di- 
rector, no surtieron el correspondiente efecto. 

La practica de mortifîcacion y penitencia era la siguiente: Aie 
vestia a las quatro de la manana en todo tiempo; empleaba las 
dos horas primeras en leer en frai Luis de Granada, en oracion 
mental y rezar el rosario de la \ irgen; las dos siguientes, hasta 
las ocho, ocupaba en rezar maitincs y laudes y estudiar Moral; 
hasta las diez recibia un huevo estrellado metido en un zoquete 
de pan que Ilevaba a una pobre enferma del hospital, de ochen- 
ta anos de edad (privandome yo del desayuno, a la quai curaba 
sus llagas y le hacia la cama; vajaba despues a la iglesia a oyr 
misa, concluyendo con fervorosos actos de contricion; hasta las 
doce me recogia a casa, empleandome en rezar horas, otro ro- 
sario, andar las cruces, dando fin con el ofîcio parvo de la Vir- 
gen; de d.^ce a dos comia y descansaba; de dos a quatro rezaba 
visperas y complétas, el rosario de la muerte, examen de con- 
ciencia; hasta las seis trabajaba a carpinterîa; hasta ( ' ) las ocho 
estudiaba Moral, y hasta las nueve (que vajaba a rezar de comu- 
nidad el rosario y cenar) oracion mental, concluiendo con una 
disciplina cruel; a las diez me metia en la cama. Ayunaba très 
veces en la semana, sin desaiunarme ni hacer mas colacion que 
dos onzas, segun el espiritu de S. Carlos Borromeo. 

En este tiempo me sucedio el caso siguiente: Tocaron a la 
uncion a las doce de la noche, y yo, lleno de ferbor, me vesti, y 
fui a la casa de la enferma, a la quai empecé a exortar, sin ad- 
vertir en que disposicion se hallaba. Yo, segun usanza de mu- 
chos barbaros voceadores agonizantes (mejor diria matadores), 
le gritaba terriblemente, y los circunstantes escuchaban con 
mucho gusto: a uno de los quales oi que decia a los otros: «mui 
bien lo hace D. Santiago». Envanecido de el elogio prosegui, sin 



( » ) ta entrelineas. 

RivHt Hit^mnifut. — P. 



338 



acertarmelo a dejar, hasta que en lugar de decirle «confie usted 
en este amantismo Senor, pues mas es su misericordia que nues- 
tros pecados», dixe: <Ea, senora, tener confianza, porque mas 
son nuestros pecados que la misericordia de este Dios crucifica- 
do>. <Ahora no va tam bien el senor D. Santiago>, dixo el que 
antes me hauia alabado, lo quai percivi, no pudiendo en adelan- 
te abrir la voca ni despegar mis labios. Marché kiego a casa 
avergonzado, haciendo propôsito de no vol ver otra vez a dond(^ 
no me Ilaman. 



Las vocaciones propias de un debilitado espîritu y cuerpo por 
tantas mortificaciones inconsidcradas fueron muchas. La prime- 
ra fue de iVaile Francisco, sin duda por el trato continuo con los 
de esta religion. Consulté con el Padre Guardian de los capuchi- 
nos de Laguardia mi vocacion, quien me aconsejo hiciese exer- 
cicios, los que puse en practica baxo su direccion. Trece dias 
gasté en ellos. Los dias primeros me parecian santos todos lus 
capuchinos, por el orden i modestia con que se presentaban a 
coro y todas los actos de comunidad, siendo mis delicias imitar- 
los en tan santas ocupaciones; pero se me acabô el fervor los 
dias ùltimos, especial mente por el empeno del que me asistia a 
hacer la cama y despertarme. Me echô tantas indirectas acerca 
de (jue lo convidara a anguilas, que me fue preciso salir a escon- 
didas del convento a buscar dinero para el efecto. Logré sesenta 
reaies, que entregué a dicho fraile importuno, todos los qualcs 
gastô en média arrova de anguilas, cuia maior parte regalo, de- 
xando la menor para merendar el y yo. Otros tubieron el empe- 
iîo de que les comprase caxas para tabaco, por lo quai sali cuan- 
to antes de su compaîîia, convencido de que hasta para buscar 
a Dios entre (') fVailes es necesario mucho dinero. El guaixiiaii 



( ') Efi el ins. s-/g!ic muchos tachado. 



DE GONZALEZ MATEO 339 



me disuadio de la vocacion, sin necesitar de muchos argumentes 
para convencerme. 

§ 3. 

En otra ocasion pretendi ser agustino, pareciendome quq 
S. Agustin (como fue tan pecador) tomaria el maior empefïo en 
mi conversion. Fui admitido, y no se verificô la entrada por ha- 
herse n'^gado el padre a dar lo necesario para havitos, etc., pri- 
vandome de hacer voto de pobreza por ser tan pobre. 

Omito otros muchos flatos a todas las religiones y concluio 
con la pretension de la Trapa, que fue por el estilo siguiente: 

Estando en Olite (como se verâ, a résultas de la salida de la 
Inquisicion) sucedio que, exaltada mi imaginacion en aquella so- 
ledad, me ocurrio tomar de la libreria la vida y exercicios péni- 
tentes de esta religion, escrita por Rancé. Procuré que un misio- 
noro del convento la llevase a su celda, dando yo al mismo tiem- 
po noticia a varies otros misioneros de que dicho fraile se ocu- 
paba en leer a Rancé, acaso por pasar a aquella religion tan aus- 
tera. Mucho extrafîaron la noticia, pero no creieron tuviese tal 
intento un fraile que era tenido por poco exemplar. Adelantado 
Jo dicho, escribi al monasterio real de Santa Elena, al vénérable 
abad de la Trapa, solicitando me admitiese por uno de sus sub- 
ditos, advirtiendole que la respuesta v sobre de la carta dirigiese 
a el Rdo. P. Guardian del Colegio Apostolico del Monasterio de 
Olite. 

. La respuesta se dirigio segun yo encargaba; el contenido todo 
era impreso, con solo una division en blanco para poner de ma- 
jiuscrito SI o no. Decia: cno hai lugar a la pretension, por haver. 
el liurnero complète de religiosos», exortando al mismo tiempo, 
■Si la perseverancia en propositos tan santos. Recibida la carta,. 
me la présenté el padre Guardian, diciendome: «Amigo, usted 
tubo razon en decir que tal padre ideaba ira la Trapa; vea usted 
la respuesta dei abad». Ea lei con disimulo, y por este medio 



340 VIDA 

logré que en adelante tubiesen a dicho fraile en mejor concepto- 
y reputacion. 

Solo me restaba llamarme Erasmo * para ser comprendido en 
los dos versos que un poeta compuso por un joven de este nom- 
bre que pretendio dos veces ser fraile viciorio, dos dominico,. 
très religioso francisco, y son los siguientes: 

Ris pica, bis corvus, ter tandem fune ligatus 
Quid mirum si Eras-mus omnia corrodens. 



Cap[itulo] 6. 

fOrdcn de epistola; tercianas y su curacion; Evangelio y passage coii; 
cl padre; ser echado de casa; subida a Logrono; carta de un tio y rnra 
conte -.tacioii j 

§ I- 
Hasta los 2j anos. 

Cumplidos veinte y un anos, me présenté a mi padre, a quien, 
pidiendo la venia para ordenarme de EpistoJa, me respondiôr 
«Pru'bate.» «Padre, le dixe, très anos hace que me estoy pro- 
bando, y, por otra parte, las reglas de mi cavildo mandan que 
el beneficiado se ordene cumplido el tiempo, vaxo la pena de 
perder los frutos de su beneficio.> Estaba su merced en esta 
ocasion con cl oficio parvo de la Virgen abierto, los codos des- 
cansando sobre la mesa, las m anos sOsteniendo los carrillos, con 
el ropon pardo a la romana, puesta la capilla formada del alza- 
cuello vuelto al rebes, y a nada contestô ( ' ), sin saber yo que 



• ) El ms. conteste. 



DE GONZALEZ MATEO 34 I 



•decirle; por fin conclui diciendole: «Padre, ^en que quedamos?» 
«En que no.» Oido lo quai, dixe: «Pues si no, yo quiero casarme; 
^qué responde usted?» No abrio ya su voca, tratandome como a 
excomulgado. 

Tome la determinacion de dexarle y pretender; logré la pii- 
blicata, pero mi padre escrivio contra mi al secretario del obispo, 
y quedé burlado de mi pretension. A las ordenes siguientes lo- 
gré segunda \ez publicata^ sin ser poderoso el padre a impedir 
el ordenarme, por estar ya informado el secretario de la conduc- 
ta de su merced en orden a perseguir a sus hijos. 

Ordenado de Epistola, centrage unas tercianas que me dura- 
Ton once meses, y de tan mala calidad, que bomitaba el quilo, 
segun anuncios del cirujano (31ozaga, reputado por grande fa- 
cultative. Noticioso su merced de la sentencia del cirujano, me 
Uamo y mandô ir a la cama, diciendo: «Vête, vête a morir; ya 
solo saldras de casa a la sepultura.> Volvi a mi quarto y discu- 
rriendo como dar un petardo a la muerte, al cirujano y al padre, 
lo logré, tomando média libra de sal de igera ( ' ) mezclandole 
agua, resultandome prontamente tan copioso bomito por la voca 
y trasero, que quedé sano en el termino de dos horas. El cirujano 
y padre, ignorantes de la causa de mi instantanea mejoria, lo 
atribuyeron a milagro de San Francisco, que es el aldabon de su 
merced en cualquiera lance de este jaez. 



§ 2. 

Fui siguiendo hasta los veinte y très anos, cantando Epistolas 
y ocupandome en el oficio de carpintero y cantero. Conclui la 
inclinacion de estos oficios con una sécréta o Y griega que edi- 
fiqué a favor de un religioso Francisco, discipulo del padre Ma- 



(.) Sic. 



342 VIDA . 

teo, y tan continue morador en nuestra casa como lo era Pradc- 
jon. Este usaba tirabraguero, y habiendosele eaido en el corral v 
hallado las criadas, hicieron mil desprecios y burlas del buea 
fraile, lo quai me moviô a construirle dicha sécréta; pero fue lai 
^a oposicion de mi padre (aunque despues de hecha ninguno la 
usa mas que su mercedj, que me era preciso comenzar el tra- 
bajo a las très de la maiïana. Primeramente llevé la piedra a 
cuestas y arrastrando al pie de la obra; despues arrimé arena y 
cal, dispuse los andamios, corté cabrios de unos olmos de la 
huerta, hurté sequillo y texa para echar el texado, hice marco^ 
puerta y asiento para el senor trasero, y seguida y acelerada- 
mente, fabriqué las paredes en el brève espacio de quince dias 
(era obra de veinte peones). Nada Uegô el padre a entender has- 
ta que, estando jarreando las paredes por adentro sin mas 11a- 
nilla que las manos, con una camisa sobre el vestido para no 
mancharlo y un grande vacin por gamella, Uegô D. Ramon con 
disimulo, lo quai conoci por quedarme inmovil (por los efluvios 
que dixe al principio percivia yo de résulta de la gran sotana que 
me sacudio). Volvi la cabeza, y al verlo se contenté con santi- 
guarse y decir admirado: «Semejante especie de loco no se pue- 
de hallar en el mundo.* Y me dejo solo. 



Cumplido el tiempo para ordenarme de Evangelio, hice nii 
pretension sin tomar el uso del padre, teniendome las mismas 
respuestas y résultas que en la pretension para Epistola. Logré 
publicata, y precedidas las diligencias de informacion, me entre- 
CTÔ en diez papeles diez doblillas de a veintiuno y quartillo (n(>- 
cesitaba otro tanto); y al esponerle que era poco dinero, fue a 
coger la espada: interin yo, saliendome de la sala, lo degé cer 
rrado con llave en compaîîia de su muger y me meti en la boLsa 
dicha llave. Sali a la calle y a grandes gritos empecé a pedir li- 



DE GONZALEZ MATEO 343 



mosna en la casa del vecino para aiuda de efectuar el viage; sa- 
liô la madrastra avergonzada al balcon, y ofreciendome mas di- 
nero, entregué a una criada la llave, logrando por este arbitrio 
otras diez doblas, y marché a ordenarme. De vuelta, ya ordena- 
do, encontre en Logroîio al padre, que, resentido del lance pa- 
sado, me puso en la précision de que no fuese a su casa, so pena 
de morir si en ella me veia; y como yo conocia que lo habia de 
egecutar, me expliqué con un labrador, quien, lastimandose de 
mi triste suerte, me llebô a su casa y me mantubo al fiado siete 
meses, pàsados los quales tocô subir a Logroîlo a servir el be- 
neficio por muerte de un beneficiado de dicha villa. 

Mi subsistencia habia de depender solamente del meciio benc- 
fiicio que hasta entonces disfruto su merced, con el pretexto de 
pagar a mi capellan; el quai arrendé por poco dinero, como dado, 
obligado de la necesidad. Esta dureza del padre y abandono me 
puso en la précision de ir a cursar canones en Zaragoza, por nf> 
verme tan despreciado en Laguardia (pues hasta el cumplimien- 
to de Ireinta anos se da servido el beneficio por causa de es- 
tudios.) 



§ 4- 



Poco antes de salir para dicha Universidad recibi (estando en 
la mesa de trucos) una carta de mi tio en la que me encargaba 
sacase de una escribania varias escrituras, las que me huvieran 
costado mas de doscientos reaies, y aunque deseaba serbirlo, me 
hallaba imposibilitado; por lo quai supliqué a uno de los asis- 
tentes que escribiese lo que yo le dictase. Dicté la carta si- 
guiente: 

«Senor D. Francisco: El sobrino D. Santiago muriô ayer, y h(jy se le 
ha dado tierra; lo que sirba a usted de govierno, y encomiendelo a Dios. 
Soi su servidora, 

Maria Pelaez, ama del difunto.» 



344 VIDA 

Recibida esta respuesta, rogô a Dios por mi aima, y corriô la 
falsa noticia a todos los interesados, aunque no necesitaron mi- 
s'oneros para la conformidad y consuelo. A este estremo se ve 
precisado un hombre de bien hallandose pobre. 



Cap[itulo 7. 

[Viage a Zaragoza; salida para mi lugar; vuelta a Zaragoza; peregrina- 
cion a Roma, e) fin y regreso; con infinitos acaecimiantos.] 



§1. 
Hasta !os 24 anos. 

Pasado este lance, parti para Zaragoza con ochocientos reaies 
que me entregô el arrendatario del bénéficie, con lo que supli 
cinco meses, y pedi otros ochocientos, que sin repugnancia en- 
tregô a una muger para que, poniéndolos esta en Logrono, los 
recibiera yo en Zaragoza por letra. Pero la muger los gastô y yo 
carecia de dicho dinero, por lo quai déterminé hacer viage a mi 
lugar a pie y pidiendo, por averiguar la cosa y cobrar el dinero. 
La vispera de salir, practiqué las siguientes diligencias: 

Estube en casa del verdugo, y preguntando a su muger por él, 
me respondio que no estaba el amo en casa, replicandome si era 
yo tambien del arte, con cuia replica marché lleno de confusion 
(mi intento era pedirle dinero, porque le contaba mui caritativo), 
sin saver que determinacion tomar. Entré a una tienda de un 
frances y, sin conocerlo, le manifesté mi apuro y petardo, con- 
cluiendo con pedirle prestados cien reaies, dejandole en fianzas 
mis titulos de ordenes y beneficio. «Seiïor estudiante, me dixo, 
toda la tienda esta a su disposicion, sin que tenga que dejar ti- 
tulos ni aun su nombre; pero dinero no puedo dar, porque me 



DE GONZALEZ MATEO 345 



hallo con una letra de catorce mil reaies y no puedo componer- 
los>. Crei decia la verdad, porque me hizo tomar unas médias, y, 
estando ya en la calle, me llamô y entregô dos pesetas para que 
nie remediase aquella noche. Se hallaba el frances afligido y no 
era extrano se compadeciese de los misérables, como Dido de 
Eneas, segun el verso siguiente: 

Xon it^nara malis, miseris sjicurrere disco. 

(Virg.) 

Con las dos pesetas, y doce reaies que saqué de las médias, 
emprendi mi viage y logré cobrar a la ya dicha muger setecien- 
tos reaies, con los que volvi gozoso a Zaragoza (sin necesidad, 
porque ya iban marchando los estudiantes), siendo mi principal 
movil el pagar las médias y las dos pesetas, pues en orden a 
pagar lo que deba y aun mas, a no ponerme en précision de 
deber, es voz comun entre los que me han tratado que no se 
hallarâ otro tan puntual y honrrado. Entre los muchos exemplos 
que podia contar, solo manifestaré el caso siguiente: Encomendé 
a un amigo \ parroquiano zapatero zapatos; y llevandomelos un 
hijo suio en ocasion que no ténia mas que doce reaies (importa- 
ban 24), me quedé con uno y le obligué a volver el otro, hasta 
tener con que pagarlo. El zapatero sintio mucho la accion, por- 
que era rico y amigo, pero no pudo lograr el que se le tomase 
hasta que tube dinero para pagarselo. 



§2. 

El dia siguiente que llegué a Zaragoza, estando comiendo con 
cinco estudiantes companeros de posada, sin bien descansar del 
camino, sufri la siguiente tempestad: 

El mas amigo de ellos, y que me miraba con respeto porque 
Je ensenaba vo Moral, me comiô en un santiamen la tostada de 



340 VIDA 

tocino que acostumbrabamos hacer todos los dias; y, avergon- 
zado del écho, cogi el cuchillo y lo clavé en la mesa, en el mismo 
sitio que ténia él la mano puesta, siendo tal su fortuna, que entre 
dedo y dedo pasô el cuchillo sin hacerle dano. El estudiante, que 
solo por una chiripa no se vio manco, me cogio de los cavezo- 
nes, y tirandome al suelo, me sacudiô tantas patadas, que me 
dejô medio muerto, y rebolcandome en la sangre que derramé 
de voca, narices y aun de el pecho. Cesô de sacudirme, me levan- 
te, y, habiendome limpiado, le entregué un vaso de vino con el 
maior agasajo como quien hubiera hecho el maior bénéficie; lo 
que dio motivo a vivir en adelante el mas reconocido y amigo 
mio. Este lance fue mui doctrinal para mi, porque, acordandome 
de él, contengo mi natural, sin alterarme por trabajos e insultes, 
que me sucedan. 

§3. 

Pasado este naufragio y habiendo pagado las dos pesetas y las. 
médias al mercader frances, fingi testimoniales para ir a Roma, 
con designio de ordenarme de misa con dispensa de edad. Sali 
para Barcelona con un carromatero, con quien segui obsequio- 
samente hasta el quarto dia; orinando desde el carro, y advir- 
tiendolo, temeroso de que huviera mojado alguna cosa delicada, 
me derribô al suelo y descargô en todo mi cuerpo terribles va- 
razos. No fue menester ya mas coche para mi; segui solo a Bar- 
celona, en donde registre quanto digno y precioso se halla en 
aquella admirable ciudad, por termine de un mes; halle varies 
cenecidos, de quienes recibi favores. Parti para Roma, y en la 
primera jornada me obligaron a volver a Barcelona D. Andrés 
Vazquez, gallego, que venia de ordenarse de dichà Roma en 
cempania de être sacerdete asturiano y de D. Atilane Valecilla^ 
natural de Zamera, ordenado de Evangelio como yo. Registra- 
ron todos mis papeles y, aunque eran fingides, me aseguraron 
lograria el ordenarme; pero ponderaron tanto las miserias y pe- 



DE GONZALEZ MATKO 347 



ligros del camino, que me forzaron a regresar con ellos hasta 
Madrid, a donde se dirigian (era el ano del pan caro). 



§4- 

Descansamos quatre dias en Barcelona, en donde le di una 
caniisa nueba a cada uno, quedandome yo con sola la puesta. 
I^stimaron sobre manera mi franqueza, y en recompensa me 
dieron una caxa de huesos de martires con su autentica, varios 
agnus dt'iy un pasaporte, por el quai pasé plaza de sacerdote or- 
denado en Roma por todas partes. Llcgamos al insigne monas- 
terio de Monserrate, en donde fuimos hospedados y regalados, a 
titulo de sacerdotes peregrinos, très dias. Muchas alajas y de infi- 
nito valor vimos en aquel santuario; besamos la mano a la Santa 
imagen y recibimos la conipostela *. Llegado el quarto dia, aun no 
pensabamos marchar, pero un monge marrullero nos despidio 
contandonos la resurreccion de Lazaro y expresion deXesucristor 
Quatridiianus est^ jam foetet\ al mismo tiempo que nosotros de- 
ciamos con San Pedro: Bonum est nos hic esse. 

Llegamos al pueblo de Igualada, pasando sucesivamente hasta 
cierta posada, una légua antes de Lerida, en donde sucediô el 
raro lance que ya empiezo: Habiendo llegado a dicha posada con 
una gallina pelada y muerta de pedrada de zurdo, la cenamos 
con mucho vino y mui poco pan; pero el gallego, aun no satis- 
iecho, se arrimé a unos arriéres, con quienes segunda vez cené 
y bebio hasta artarse. Nos acostamos en la pagera; y haciendo 
operacion en el gallego el exceso de comida y bebida, se levante 
a exonerar el vientre y descargar el estomago (aqui entra el chis- 
te): precisamente cogio entre sus oiernas al resupino dormiente 
D. Atilano (cuio genio era feroz e insufrible) y en esta disposi- 
cion bomito y cagô, derramando todo el nectar * del trasero en 
la cara, boca y pecho, y la ambrosîa del estomago en la brageta, 
sin que tal incienso fuese poderoso a tlespertarlo. A la manana 



34^ VIDA 

se conociô ciertamente el autor de la cosicosa por las babas que 
salian de su voca (aun dormia Atilano); y por evitar las fatales 
consecuencias, le fue preciso adelantarse algunas jornadas por 
dar lugar a la ira. Ya Uego la hora de despertarse, y al mismo 
tiempo iba tragando el melifluo material, hasta que de desagra- 
dado del savor pretô los dientes y labios, los que no volvio a 
abrir hasta su cabal expiacion; pero desde su interior resonaba 
tal colera quai otro Falaris * en el toro de meta! y Polifemo * en 
la cueva contra Ulises ('). 

§5. 

Seguimos a Lerida, en donde tube una interesante y adulato- 
ria conversacion con el fiscal del obispo. Le pedi una limosna en 
ocasion que cortejaba a una bella moza en el portai de un /apa- 
tero (circunstancia pudo ser para hallar yo tan buen despacho); 
y preguntandome quién era, de dônde venia, que edad ténia y 
de que pais (^), respondi serenamente: «Soi sacerdote que venge 
•de ordenarme de Roma, tengo 23 anos y soi vizcaino. <Hom- 
bre, dixo lleno de gozo, ^'vizcaino?, pues somos paisanos». «Senor, 
anadi entonces temiendo no me cogiese en mentira, soi alaves, 
pero por la inmediacion a Vizcaia y por lo mucho que en todas 
partes son estimados los vizcainos respondo por el estilo expre- 
sado*: y replicandome sobre que no podia ser sacerdote, por 
falta de edad, respondi constante que si lo era, porque el Papa 
puede dispensar. «Pues dque testimoniales ha llevado para orde- 
narse en Roma?» (estaba la moza con la voca abierta y hueca 
como un pavo). «Seiior, dixe embrollando, un tio fraile francis- 
co, amigo del obispo Luelmo y en cuia compania fui, me las fa- 
cilitô». «Amigo, dixo el fiscal volviendose hacia la moza, este 



( ' ) Raspado el asterisco de referencia al indice de cosas notables. 
(ï) El ms.: Paais. 



ià 



DE GONZALEZ MATEO 349' 



clerigo es mui despejado: siento el no tenerle a mi lado>; y sa- 
cando la boisa, me despidiô con dos pesetas. 



?î 6. 



Seguimos hasta Zaragoza; pero en la misma separacion de Ca- 
talufia para Aragon me encontre con un catalan, a quien con 
toda sencillez pregunté: «Senor ^'se dividen aqui los dos reynos?>; 
a lo que contesté, écho un basilisco: <Mala ira de Deu te arin- 
que» y otras palabras cominatorias. «Senor, dige entonces con 
tremula voz, tenga usted paciencia, que no lo he preguntado con- 
animo (') de injuriar; vengo de Roma con otros très sacerdotes 
que vienen atras y no sabemos el estilo de esta tierra». Ya mas 
moderado el catalan, me explico el enigma diciendo que algu- 
nos haccn taies preguntas por cagarse en los dos reynos; y pon- 
derando yo entonc(^s con todas mis fuerzas la piedad que habia 
esperimentado en C'ataluna, se di(i por satisfecho, y yo mas, con; 
dos reaies que me dio por el amor de Dios. 

Haviendo salido con felicidad y provecho de este encuentro y 
llegado a Zaragoza, descansamos très dias y visitamos a la Vir- 
gen del Pilar, tomando tambien la compostela. Seguimos des- 
pues nuestro camino, hasta llegar a Calatraho, en la entrada de 
cuio lugar nos acahecio ( ^ ) un gran susto, pero mui interesante; 
cuio lance fue el siguiente: Ciertas mozas que Uevaban agua nos 
dixeron varias chanzas y desprecios, a usanza de los zapateros 
de mi pais cuando ven pasageros de mala ropa; lo quai llevando 
a mal el inconsiderado D. Atilano Balecilla, les hizo frente lla- 
mandolas putas, feas, etc. De cuia osadia ofendidos dos labra- 
dores (quienes acaso no miraran a las nifias (î) con indiferen- 



(' ) Lectura dudosa. 

{ » ) La h fue ahadida postirioi-menie, 

( 3 ) El ms. ninas. 



3SQ VIDA 

-Gta), sacaron sus punales y arremetieron contra nosotros. Yo 
me adelanté, previniendoles eramos sacerdotes que ibamos en 
husca del Santo Hospital. Al oir <sacerdotes» se les caieron los 
punales de las manos y abra;?andose con nosotros nos llevaron 
a sus casas (dos a una y dos a otra). Eran puramente braceros, 
y, con todo, nos dieron mui Inen de cenar y alargaron las camas 
en donde ellos dormian, dejandoselàs bien acomodadas de ga- 
nado menudo. Se empenaron nos quedasemos el siguiente dia; 
pero, alegando nosotros imposibilidad, nos acompaîïaron dos 
ieguas, derramando muchas lagrimas en la despedida. 



§ /• 

.Siguiendo la ruta llegamos a un monasterio de bernardos, en 
dondè nos recibieron con afectado desprecio, para que admira- 
semos mas la compasion y honor con que nos trataron despues; 
verificandose el axioma 

Oposita justa, oposita mav;is elucescunt. 

Rn efecto, nos presentamos en un {)atio y pedimos limosna a 
varios padres que estaban en un balcon; y preguntando el cille- 
rero * de donde veniamos, respondio el gallego: «venimos de 
Roma, de ordenarnos de sacerdotes». «^Sacerdotes ustedes?, re- 
plicô el mônge, ]serân ustedes cerdotes!» y otras palabras igno- 
niiniosas que nos sacaron de juicio. Prosiguiô preguntando acer- 
ca de Roma, con cuia relacion se gozo infinito; finalmente, nos 
dixo con desprecio: <Vaian a la porteria a que les dcn un zô-i 
quête de pan a los zoquetes» (aqui entra cl honor y bi/.arria con 
que nos obsequiaron): al llegar a la puerta nos abrazaron quatro 
monges y nos llevaron al refectorio. Sentose catia uno a nuestro 
lado, haciendonos compaiîia y combersacion interin comimos; 
cuia comida y bebida constaba de la racion regular de los mon- 



DE gonzalet; mateo 351 



ges, con mas quatre extraordinarios de carne, quatro de pesca 
fina, média azumbre de vino comun de la mejor calidad y otra 
média de rancio, con varios postres para cada uno. No conten- 
tes con taies obsequios, se empeiiaron en que hiciesemos noche, 
lo que no consentimos; y a !a despedida nos dio un monge 20 
reaies, y el cillerero una pescada d^^ abadejo mui grande. 

Yo me cebé tanto a la comtda y bebida, que me résulté una 
fiebre ardiente; cuio reniedio fue meterme en el rio hasta el cue- 
llo, que me puso en extremos de morir tan inconsiderada rqedi- 
cina. Me Uebaron al lugar inmediato; dcpositaronme en un pa- 
jar, en donde, dormiendo hasta la maiiana, desperté bueno, acre- 
ditando el adajio de «a mala cama, colchon devino>. 

Proseguimos hasta Madrid, en donde vivimos juntos un mes 
con bastante frugalidad, no obstante que va llenabamos la tripa. 
Très quartos gastaba cada uno a comer y très a cenar, no on- 
trando en quenta el pan ni el vino, que este no se probaba; pero 
por dicha cantidad comiamos parte de perdices ( ' ), pichoncs, 
pabos, perdices, pollas, jamones, truchas, anguilas, salmon, con- 
grio y merluza, vergas, bledas, coliflor, brocul, lechuga, esca- 
rola, garbanzos, arroz, alubias y quantos residuos y babas sobra- 
ban de las mesas, asi como se habia de tirar por la Y griega. En 
^a Corte me sucedieron barios acontf'cimientos, pero solo con- 
taré el siguiente: Visité al Padre Reinosa, capuchino y exprovin- 
cial, sin mas objeto que haberlo tratado en Lapuebla de niiïo y 
ser mui intimo de su padre. A primera vista conocio que mi 
biage era sin permise de mi padre, y que no ténia dinero. Me 
preguntô la causa de allarme en )a Corte; y respondiendo que el 
padre me aviso a (^) Zaragoza que pasase a pretender dispensa 
de suplemento de edad a Madrid para ordcnarme de misa, he- 
cho una gran carcajada de risa, manifestando con ella el que pri- 



{ ' ) Esta palabra, como se vcrd, se rcpiic hic^o. 
(2)3 refetida en el ms. 



352 



VIDA 



mero creiera que los peces bolasen por los aires que dar asenso 
a mi dicho. <Y dime, Santiago, ^tienes dineror». «No, padre, pero 
espero letra de mi padre en el correo primero». En esta ocasion 
se tirô sobre la cama gritando como un loco y diciendo: «al vi- 
vaque, al vivaque iras a parar> y otras chanzas, interin las qua- 
les sacô una carta de la papelera, escrita hacia diez meses por 
D. Miguel Nieto de Fuenmaior, quien le dava orden de que dis- 
pusiese a su arbitrio de 8.000 reaies que a vista de aquella carta 
le entregaria tal comerciante: el relijioso no hizo uso de ella, y 
me la entregô para que yo lo hiciera, tomando toda la cantidad 
expresada. 

Me présenté con la carta al mercader, quien, hecho cargo de 
todo el contenido, me dixo: «Senor, por esta carta no me deter- 
mino darle un quarto, porque hace diez meses que se escribiô y 
asî puede ser que Vmd. se la aya quitado a Reynosa de la cel- 
da, o haberla perdido y hallarla usted, etc.» Diio bien el merca- 
der, y mas en un Madrid, en donde todos los dias acontecen 
petardos mas orijinales; por lo quai le supliqué llebase a bien ir 
conmigo a verificar la verdad y sencillez mia. Convino en ( ' ) 
ello, y presentado ante el Padre l^einosa le dixo: «Puede usted, 
senor comerciante, entregar a este clerigo los ocho mil reaies y 
(juanto tenga en su tienda>: a cuias expresiones, que tanto me 
abonaban, se avergonzô el mercader. Me suplicô que le siguiese 
a su casa, pues no ténia en la boisa sino doscientos reaies: me 
contenté con tal cantidad y me despedi de el. jO, y que ideas 
era;i aquellas (") de las de hoyl Entonces, por punto de honor, 
me contenté con doscientos reaies; y ahora que no tengo tal 
ocasion, no quedara satisfecho con los ocho mil que la carta del 
Padre Reynosa ms proporcionaba; no pudiendo dicho fraile sin 
pecar tener un dinero, verificandose el ni/ih' habentes et omnia 
possidentes. 



( ' ) en rcpetido en el lus. 

( a ) Parece qiu falta [tan distintas] 6 algo andhs^o. 



DE GONZALEZ MATEO 353 



§ 4- 

Llego la hora de salir de 1-a Corte para mi pueblo, quando en 
•el mismo instante andaban dos legos capuchinos en busca mia 
para apresarme, por comision de mi padre. Sali, pues, con una 
tarde mui calorosa; por lo quai, compadecido un arrière, me 
mandô poner a caballo en el segundo macho, de diez que guia- 
ba. Xos quedamos dormidos y los siete ultimos se soltaron en 
un garbanzal: despertamos a las dos léguas, y al beber agua cerca 
del camino, advertimos la pérdida. Quedo pasmado el mozo y 
me dijo: <Ya nos podemos contar por muertos, porque mi pa- 
dre luego nos ha de alcanzar y nos a de matar sin advitrio, como 
■el ano pasado matô a un cura loco porque como tal le dijo algu- 
nos disparates. > 

Estando en este razonamiento asomo el padre con los siete 
machos, tan fiero que parecia sorberse la tierra, prometiendonos 
;las mas infaustas consecuencias. :Ese ladron que te acompana, 
■decia, ha suelto los machos y ha de morir sin remedio». Yo, 
mas muerto que vibo, me esforcé a decirle: ;Senor, no soi la- 
dron ni he soltado los machos, soy si un desgraciado sacerdote 
que vengo de Roma...»: sîn permitirme concluir el razonamiento, 
prosiguio amenazandome, hasta que pude aplacarlo en virtud 
de mis sumisiones, )' en taies termines, que lleg<3 a decir: «Pon- 
■gase, pobre sacerdote, a caballo, que, si no hubiera otro advitrio, 
yo lo habia de llevar en mis hombros». 

Segui hasta el lugar de Albomendas, en cuia posada me die- 
Ton buena cena y cama a su cuenta. Al dia siguiente me des[)edi 
de el y segui hacia Burgos, en cuio intermedio unos arriéres, 
•en cuia ( ' ) compania segui un dia, me reputaron demonio, 



( ' ) Ei ?>ts., cuna. 

Rtvuf Hisinnifut. — P. 



354 VIDA 

creiendo no haber fiierzas en lo huinano para los trabajos que- 
me bieron sufrir: Primero, andar nuebe léguas a pie Uobiendo 
todo el dia, sin corner ni beber; segundo, pasar très rios vestido, 
llegandome la agua a la cintura; tercero, ser golpeado de un la- 
dron porque no me hailô dinero; quarto, que me sucedio ha- 
biendo llegado a la posada, y fue tirarme sobre unos guijos en 
el portai, en donde, sin desnudarme ni probar cosa alguna, pasé 
toda la noche dormiendo, hallando las botas de baqueta reben- 
tadas por las costuras a causa de haberse inchado las piernas 
por la mucha umedad. 

Habiendo llegado a Burgos y descansado cuatro dias, sali- 
para mi pueblo; y en el camino me hablô una bieja, quien en- 
tendiendo que venia de Roma y que aplicaba indulgencias, me 
llebô a su casa y me dio buena cena y cama. A la despedida 
sacô un rosario, obligandome a que le aplicase la supuesta in- 
dulgencia plenaria para la ora de la muerte; hallandose ella en 
la operacion con vêla encendida. A los dos dias siguientes lie- 
gué a Lapuebla, concluiendo a un tiempo con el dinero, pere- 
grinacion y cumplimiento de los 24 anos. 



Cap[itulo] 8. 

[Caridad de una senora conmigo y sys infaustas consecuencias; viaje 
a Bilbao, l'histosos sucesos y renombre de santo]. 



§ I. 
Hasta los 26 anos.. 

Aposentado en casa del labrador anterior, compadecida su 
muger de mi miseria (pues hacia mas de quatro meses que nO' 
me habia mudado la camisa), pasô a pedirle a mi madrastra al- 



DE GONZALEZ MATEO 355 



• gun socorro; pero, por mas que pondero mi triste situacion, no 
;pudo lograr siquiera una camisa viexa, cuio duro procéder, sa- 
bido por una dama casada del pueblo (a quien nunca habia tra- 
tado ni aun hablado), me présenté très camisas nuevas de lino y 
très de créa, graciosamente, dando motivo con tal liberalidad a 
la historia siguiente: 

Me présenté agradecido a dar las gracias de su grande miseri- 
cordia, y, continuando las visitas, empcaô a mirarme con tal pa- 
sion, que llegô a dar en el pueblo nuestra conducta iusto motivo 
de censuras. 

En este tienipo se celebro en Bilbao la coronacion de Car- 
los IV, rey de Espana, a cuyas funciones me précisé asistir un 
condiscipulo, hijo de P. Simon Goicoechea, mercader rico, por 
cuio motivo (interrumpiendo la série de tal historia empezada) 
dire ahora los raros sucesos y renombre de santo que les mereci 
en Bilbao; padeciendo igual equivoco que con los huesos del 
perro Ganelon *, venerados como reliquias de santo, que refiere 
Feijoo. 

§ 2. 

l'.n el momento que me viô la senora madré de mi condisci- 
pulo, me mirô con mas respeto y admiracion que la que mere- 
cian mis operaciones v conducta; cuia errada idea procuré fo- 
mentar con la lefia de la hipocresia y con los influxos de su hijo 
por el interes de que yo le pagase en la misma moneda. Eogré 
cumplidos mis conatos aun mas que lo que podia desear. Dor- 
miamos Juntos los dos condiscipulos y lo primero que me ofre- 
cia la seneilla seîîora era chocolaté, el quai yo no admitia, dt- 
ciendo: «Senora, antes es el alimento del aima que el del cuer- 
po; por tanto, en oyendo misa lo tomaré». Estas expresiones tan 
asceticas * la pasmaban y llenaban de edificacion: suplicaba con- 
tinuamente transtormase a su hijo en mi espiritu (interin disfru- 
-tabamos los dos impunemente de nuestras iibertades y desenbol" 



356 



VIDA 



turas): una de ellas fué cierta merienda, tan excesiva, que para 
ir a casa necesité de que me acompanasen }' aun ayudasen los 
tertulios. Subi con arta dificultad a mi quarto, y, cerrandome en 
'<>], bomité quanto habia comido y bebido. La sefïora entendio 
que yo estaba en oracion mental (mas parte ténia el diablo que 
Dios en tal ocasion); quien llamando a la puerta, respondi: cSe- 
nora, perdone usted, que luego me desocupo y seré con usted». 
Tardé con cuidado mas de lo que la seiiora pudo tolerar; y 11a- 
mandome segunda ve;^, me présenté en el quarto en donde se 
hallaban marido, muger y un canonigo. Al verme tan descolo- 
rido, dixo admirada la muger: « ^Ven ustedes que despaborido 
sale de hacer oracion? si nuestro mal hijo fuera asi, no me que- 
daba que apetecer mas en esta vida». Yo respondi: «Senora, 
24 horas tiene el dia: pues jqie mucho es que dediquemos dos 
a Dios?» Quedaron enamorados con tal reflexion (y era de un 
borracho); segui la conversacion un brave rato y despues sali a 
la cocina a conversar con la criada, a quien yo miraba mas que 
con indiferencia; y resultando en esta ocasion una furiosa nubada, 
caio gran parte de la chimenea, haciendo polvo los pucheros de- 
là lumbre; y aun me llegô un ladrillo que me rompio la ala de! 
sombrero. Al ruido acudieron todos los de la casa, quienes, vien- 
donos libres, atribuyeron a milagro el hallarnos sin lésion, como 
efecto de la ferborosa oracion que suponian concluia yo de 
hacer. 



S .5- 



Déterminé la sefïora un dia que fuesemos a Portugalete; y a 
la buelta vaxamos por la ria en una chalupa, la quai estubo a 
peligro de sumergirse y perecer todos. En este conflicto no sa- 
bla la ama otra cosa que abrazarse conmigo, que me hallaba 
mas asustado y con mas motivos que temer que ella; se enco- 
mendaba a mi como a un santo, confiando salvarsc por mis me- 
ritos y virtudes; en fin, salimos del peligro a beneficio de dos 



DE GONZALEZ MATEO 35/ 



diestras mugeres que gobernaban la barca. Kstas obraron real- 
mente el milagro, pero yo me llevélos honores, creiendo cierta- 
mente la senora que Dios lo havia obrado por mi intercesion po- 
derosa. Mas humildad tubieron en esta ocasion las gobernadoras 
de la chalupa que en otro tiempo un cirujano llamado Olozaga 
con un doliente que euro: el enferme se encomendo a S. Marcial, 
interin las medicinas hicieron su efecto; satisfecho el cirujano de 
su acierto dixo: «Amigo, y a esta usted curado»; a lo quai res- 
pondio senciUamente el hombre: «Si, seiîor; ya ha querid© sa- 
carme del apuro el bendito S. Marcial >. Irritado con tan ofen- 
siva respuesta, descargô en su cara un terrible bofeton, diciendo: 
«Ingrato ^-para que atribuye a San Marcial la cura, habiendola 
écho yo?» Otro tanto debieron haber ejecutado las barqueras 
con la sefiora. 

§ 4- 

Concluidas las tunciones, regresé a Laguardia, dejando en Bil- 
bao tama de predestinacio. I^'n las primeras ordenes me hice 
sacerdote; y teniendome malas résultas, por el trato, que apunté, 
de la dama de mi lugar Lapuebla, déterminé separarme del pais 
pasando a Zaragoza a estudiar segundo ano de canones, evitando 
por este medio la mala nota que advertia la gente por nuestra 
conducta. 

Cap[itulo] 9 

(Otro viage a Zaragoza y acusaciones de mi caviido al provisor; sus 
résultas, y asuntos de unas conclusiones; continuacion con el trato de 
la dama caritativa y résultas; petardo al alguacil de la corona; cargos del 
padre sobre la légitima paterne; caso satirico en un examen de licen- 
cias. J 

§ I. 
Hasta los jo ahos. 

Para ir a Zaragoza pedi testimonio al provisor, que las logré 
a favor de una moza que salia del quarto de dicho senor y era 



358 



VIDA 



mai conocida mia, y sin cletencion segui a cursar. Los de mi ca-- 
vildo, que me echaron menos y supieron mi destine, dieron co- 
misjon al vicario para que, presentandose en el tribunal con 
cinco testigos (sobornados) me acusara de vago y otros delitos 
(supuestos), hasta lograr mi aniquilacion. Presentaronse al pro- 
visor, quien me dio paso en el asunto diciendole al vicario (por 
aquietarlo solamente) que por su cuenta corria el castigarme con 
todo rigor. Esperaban los beneficiados impacientes la hora de 
verm« abismado en un calabozo; pero eri nada menos pensaba 
el seiîor Provisor. Pasados cinco meses sin résulta alguna, repro- 
dugeron las quejas, y entonces dio auto de que o me presentase 
a servir mi beneficio en término de quince dias, o que acredi- 
tara las causas de estar en Zaragoza. 

Un amigo mio me hizo noticioso de estas gestiones y del auto 
del provisor, por lo que, antes de ser notificado, pedi defender 
unas conclusiones canonicas en la Universidad; las quales defen- 
didas, aprobadas y certificadas, despues que me notifico el se- 
cretario el auto del provisor, remiti a la audiencia eclesiastica- 
por cuia travesura logré seguir en Zaragoza sin contradiccion 
hasta concluir el curso. El asunto de las conclusiones era chis- 
toso, el mas decisivo y mas sensible para mis hermanos los be- 
neficiados, como concebido en los terminos siguientes: 

Beneficiati studionim causa ahcsse possi/nt ab eccles/is su/s, absqiu suo- 
rumfrucluum, et funeralium dispendio. 



§ 2. 



Volvi a tiempo a serbir del beneficio; pero la senora por cuio 
motivo marché a Zaragoza prosiguiô con sus visitas y su comu- 
nicacion como antes, y vine a parar en la réclusion del convento 
de San Francisco de Vico por seis meses, a la imprudente dis- 
posidon de un guardian tan inconsiderado que me dio nàucho en 



DB GONZALEZ MATEO '359 



.que merecer. No me es posiblé relacionar los muchos lances 
acaecidos en aquel desierto: temo faltar al decoro debido a aigu- 
nos buenos religiosos; solo digo que en el siglo degé hombres, 
y honabres halle en el convento, como ya antes habia observado y 
respondido el vénérable Molina ( ' ) por los cartuxos de Burgos. 
En esta época y réclusion coopéré a una travesura con un fraile 
que me pidio favor y ayuda para egecutarla, y fue hurtar en una 
noche todos los chorizos de un cerdo, los que entregamos a una 
amiga del padre engullidor, la quai iba llevandolos poco a poco 
V con disimulo a la porteria, pero tambien participé de ellos en 
nuestra compariia, porque el buen fraile se llegô a alterar con 
los chorizos que comia de extraordinario, y cierto dia la entrô 
en su celda, en donde la tubo oculta quatro dias. De los chori- 
zos nada se sospecho en nosotros (sin duda que habia mayores 
gatos en la comunidad). 



§ 3 



El alguacil de la Corona me llevô a Vico por orden del pro- 
visor, reduciendo toda su conversacion a estafarme la boisa. Su- 
}>onia que por sus buenos oficios saldria luego de la prision; 
pero decia que era preciso untar el carro, como lo egecutaban 
otros misérables clericos [') castigados y entregados a su dis- 
posicion y custodia. Con toda propiedad le llamaban Juan Tram- 
pon, pues taies eran las estafas que hacia y las trampas que ar- 
maba para despojar las boisas. Conociendo yo sus indirectas, le 
expuse que no me hallaba con dinero que poder darle de pré- 
sente, pero que le entregaria una carta para mi pueblo, en virtud 
de la quai le entregarian quince duros. Oida la propuesta, me 



( « ) El signo de referencia al indice de cosas notables. Raspado;' 
( ' ) Sic. 



36o 



précisé a escribir la carta en el primer lugar a donde Ilegamos,. 
contraida en las clausulas siguientes: 

<Sr. D. José: entregarâ usted al dador quinientos reaies, que asentarâ 
a mi cargo, y le cortejarâ como al maior amigo. 

Santiago Mateo> ( " ). 

Al momento la cerro como quien ya contase el dinero; pero 
le salio mal la cuenta, porque en el instante que llegué a Vico, 
despaché otra por el correo, que llegô la primera, y decia asi: 

Seiïor D. José: el sugeto que entregue a usted carta mia pidiendo qui- 
nientos reaies, es un ladron de marca maior; nieguese usted a darlos, tra- 
tclo como a tal y no le dé ni un vaso de agua, en lo que recibiré fabor y 
él su debido premio. Soi su intimo, 

Santiago Mateo> ( » ). 

Recibida esta carta, esperaba D. José con ansia a Juan Trani- 
pon para egecutar a la letra lo mandado en la carta dirigida por 
el correo, y a los très dias se présenté y satisfizo sus deseos. 
Tuan Trampon tuvo que corner en la posada, pagar el arquil (^) 
de la mula y quedar defraudado de sus esperanzas. Noticioso yo 
de todo lo resultado, y temiendo que me matase si caia en sus 
manos, escrivi al provisor que no inviase ( ^ ) a por mi al algua- 
cil de la Corona, porque primero me havia de matarme a mi 
mismo que obedecer en este particular; y para convencerle de 
mi justicia le hice relacion de su pretension, poniendo las dos 
cartas de verho ad verbiim. Convino en ello el provisor, avisan- 
dome, despues de seis meses de réclusion, que me presentase en 
su cuarto a oir ciertas reflexiones, yendo a Logrono via recta^ 



( ' ) Rûbrica. 
( s ) Rûbrica. 
(3) .9/.-. 



DE GONZALEZ MATEO 301 



I-o egecuté, y presentandome a Usia, me dio occion de que fir- 
mase la acusacion o que, si queria seguir la demanda, podia ha- 
cerio, quedandome preso en Logrono y sus arrabales. Acepté 
la primera propuesta, por ir libre a Laguardia; y al despedirme, 
le dige estaba expuesto a recaer por la pobreza en que me halla- 
ba, a no ser que se le obligase a mi padre a entregarme la légi- 
tima materna. El provisor me aconsejô que le pusiera pleito, 
ofreciendome su influjo en quanto él pudiese. Puse por obra su 
parecer, y tomada primero la venia, comencé el pleito; pero a 
vista de los cargos que llegô a hacerme, desistl. Las datas en 
descuento de dicha légitima decian: 

cPrimeramente doi en data très reaies que me costaron unas evi- 

llas y diez de unas médias 13 

Itt. por un recental que hurtô de casa 30 

Itt. dos carneros que hurtô en canas 130 

Itt. quarenta fanegas de cevada y quarenta de trigo que hurtô de 

la hera 3.00a 

Itt. trescientos reaies que se gastaron en buscarlo quando hurtô 

las alhajas de casa 300 

Itt. trescientos ducadds pagados de alimentos y a dote de una 

moza 3.300 

Itt. por un verzal que dcstrozô 200- 

Itt. dos picos de cantero, un azadon, un bocado de freno y dos se- 

sos de cocina que vendio a cuenta de manzanas 100 

Itt. una camisa que hurl('>, cinco libras de pan, los calzones que 
ténia puestos y chaltco, todo lo quai dio a un pobre que pi- 
dio y se le dio limosna , , 80 

Y por este estilo tan disimulado fue componiendo tantos mi- 
les, que ni Creso pudiera satisfacer tan abultadas su mas. 



§ 4. 

Por este tiempo se me concluieron las licencias de confesar y 
decir misa, aconteciendome en el examen el siguiente suceso: 



.302 VIDA 

El padré comendador de la Merced y el guardian de S. Fran- 
cisco de Logrono fueron sinodales, a quienes degé tan satisfe- 
chos, que con sola una pregunta cada uno se contentaron. El 
■comendador, enterado del trato con la senora ya referida y de 
que salia de mi pueblo Laguardia muchas tardes, haciendo noche 
en el lugar y casa de la dama (ofendido él de que no le liacia 
tanto aprecio la madama como su paternidad deseaba, creiendo 
ser yo la causa), me preguntô: <;Que obligacion tienen los bene- 
ficiados de la Rioxa en orden a pernoctar en los pueblos de sus 
beneficios y en orden a confesar?» «Padre, respondi, en orden a 
confesar, la misma obligacion tenemos que los frailes.» «No 
puede ser eso, replicô, porque los religiosos solo por caridad de- 
bemos confesar; pero ustedes por razon de los diezmos de rigu- 
rosa justicia.> «No, padre, no dice su Paternidad bien; la misma 
obligacion tienen los frailes que nosotros, pues de lo contrario 
cometeriamos simonia, y es claro, por lo que es dar lo espiri- 
tual por lo temporal: los diezmos son temporales (este sofisma no 
lo entendio el padre comendador) y la confesion espiritual: eî'go. 
Y Padre, siguiendo la idea de su paternidad, no puedo menos 
de hacerle ver palpablemente que los frailes todos, no solo per- 
ciben diezmos, sino que ni los diezmos dejan a los que los ofre- 
cen a Dios para sus ministros, que somos los beneficiados, apo- 
derândose Sus Paternidades de todos los caudales y..», (mas di- 
géra con verdad si no temiera la fuerza). El padre conocio que le 
riba a los alcances, y, para impedirlo, dixo al reverendo guardian: 
«Padre, preguntele Vuestra Reverencia, que yo ya le he pre- 
guntado.» 

La primera pregunta fue: «Senor D. Santiago, confiéseme us- 
ted.> «Padre, respondi: ^Quien es Dios?» «^Por que hace usted, 
me replicô, una pregunta como esa a un Padre Guardian? > < Pa- 
dre Guardian, porque el confesor debe preguntar la doctrina 
quando sabe que el pénitente la ignora o duda que la sabe.» 
« Vaia usted con Dios>, me dijo, Ueno de desesperacion. 



DE GONZALEZ MATEO 363 



Sali del examen, y al entrar en la secretaria a por las licencias, 
me dixo el secretario: «Usted se halla reprobado, y ha de que- 
dar preso por desatento y descomedido con los sinodales. » cSe- 
nor secretario, respondi con animosa valentia; si usted se empe- 
na en ello, yo no puedo resistir a la fuerza; pero si el castigo se 
ha de ordenar a la enmienda y correccion, es cosa sin fruto, por- 
que yo siempre me he de portar del mismo modo en semejantes 
■circunstancias. > El secretario, a vista de mi teson, pensô que 
todo el asunto se redujese a una frailada, por lo quai me mandô 
•que me explicase: me expliqué, y las résultas fueron darme por 
libre, con licencias para confesar y celebrar. 



Cap[itulo] 10. 
[Quatro casos raros que exécuté estando en Laguardia.] 

§ I- 
Hanta los ^4 aiios. 

En este tiempo exécuté los derechos siguientes en Laguardia: 
Primero, en ocasion que se celebraba la fiesta de Xuestra Seno- 
ra del Pilar, encomendé una salve por mi salud, que se cantô en 
concurso de todo el pueblo. Al oir en la oracion pro sacerdote ( '^ ) 
infirma, y averiguado que era por mi, creieron ciertamente que 

(') Elms. secerdote. ; 



304 



VIDA 



me moria, ya porque semejantes salves suelen encargarse en la 
extrema necesidad, ya por conocer que yo necesito mucho mal 
para hacer cama, y tambien por estar en el entender que soi 
poco amigo de taies encomiendas. Conocia que el gozo séria 
universal, y que para asegurarse mas havian de ir a visitarme 
(caprisaiites guture falso) los maiores enemigos. En efecto, aiin 
no bien salieron de la yglesia, quando llamô a la puerta uno de 
los referidos caballeros, y viendome en la cama me dixo en tono 
lastimoso: «Amigo, hemos rogado a Maria Santisima por su sa- 
lud todo el pueblo*; al quai respondi yo (afectando tener perdi- 
da la cabeza): *;Que dices, chica, que todos se han cagado en 
mi? llama, llama al verdugo, que no han de salir a torear hasta 
que lo mande, pues las llaves de la cueva no se han de perder». 
Al oir este ensarte de disparates, marchô el caballero, encargan- 
do a la ama que cuidase de mî porque ténia mucho mal, y pu- 
blicô en la plaza mi eminente peligro. A la manana dixe misa y 
sali a paseo publico sano y bueno (como lo estaba en el dia de 
antes), y al verme se marabillaron todos, atribuyendo algunos a 
milagro mi repentino restablecimiento, muchos a que habia fin- 
gido estar enfermo por comover al pueblo, y los mas querian 
hacer asunto de Inquisicion el encargo de la salve, diciendo que 
era hacer burla de las cosas sagradas y abusar de la Virgen ro- 
gandole sin estar enfermo, cuyo disparate estube mui ageno de 
imaginar. 



§ 2. 



El segundo se reduxo a vengarme de mi hermano Judas, que 
trataba con D. Félix Samaniego, a quien lo contemplaba yo ene- 
migo de los dos; y fue el caso que llegando a la puerta a las 
once de la noche de dicha casa de D. Félix mui mojado, porque 
llovia con grande abundancia, y llamando, sali en camisa al bal- 
con. Dixo Judas: «Hermano, yo soy, habre». «Pues, hermano,. 
perdona por esta noche, que no puedo vajar». «Hombre, que 



â 



DE GONZALEZ MATEO 365 



me anego de agua, vaya, no seas loco, no des que decir>. «Her- 
mano, volvi a decir, me se parte el corazon en contemplarte tan 
moxado, pero no puedo vaxar». Y empezando yo a gritar, llamé 
al vecino D. Fermin Berrueco, para que lo recogiese aquella no- 
che. «No grites, decia niui asustado, va me subiré por el bal- 
con >. <No, hermano de mi aima, no subas, porque sin poderlo 
remediar te he de cortar las manos>. En estas preguntas y res- 
puestas se asomô el caballero a la ventana y lo recogio, causan- 
dole mas pena la incomodidad del vecino que el verse tan mo- 
jado. Este lance se celebrô intînito entre la gente de plaza. 



§ 



El tercero sucedio con un amigo estudiante llamado D. Casi- 
miro Tobera, que se acostaba conmigo por hacerme compania, 
segun el decia (pero acaso acaso fuera por atun y ver al duque» 
como dicen): lo cierto es que diciendome una noche de gran 
yelo: «;Ouiere vsted, D. Santiago, que pase a la cama de la cria- 
da?> <Hazlo que guste», le respondi. Y poniendolo en ejecucion, 
salio del quarto en camisa y yo me cerré con llave. La criada no 
(juiso abrirle su puerta. por lo que tubo que pasar la noche en 
,el pasadizo, en camisa, expuesto a morir elado, hasta que a la 
mafiana le saqué los vestidos. El chasco fue pesado, porque W 
résulté una enfermedad tan peligrosa, que el medico no daba 
esperanzas de que pudiese vivir (ya se déjà ver con t|ue carino 
me miraria en lo sucesivo). 

>î 4. 

El quarto se reduxo a una consulta por via de diversion que 
hice al Padre Palacios, hallandose de mision en Leza, lugar dis- 
tante de LagLiardia una légua. Conocia yo bien hasta donde 11e- 
gaba su capacidad, y que sus maiores delicias eran resolver 



366 



VIDA 



consultas a Dios te la dépare buena (no obstante que en mate- 
ria de ciencia y conciencia fue tan afortunado en la opinion corne 
el Padre Mateo, mi tio). 

Propusele que^iendo yo beneficiado y ordenado de Evange- 
lio, andube cinco meses pidiendo limosna, y que dudaba si de- 
hiera restituir lo que havia recogido, por ser necesidad volunta- 
ria y solo seciindum quid. Marabillado el buen viejo de la delica- 
deza de mi conciencia, me abrazô diciendo: «Hijo de mi aima, 
angel humano, descanse sobre el particular, que no tiene que 
restituir cosa alguna». Siguiose la mision, y al fin de ella dixo: 
«Recemos un padre nuestro y avemaria por un bendito sacer- 
dote que se halla en este auditorio a oyr la santa mision.» 

A las gentes llamô la atencion la plegaria del misionero, y 
llegando a saverse que era yo por quien se hizo oracion, se di- 
bidieron en distintos pareceres,' atribuyendo los de Leza (como 
personas de buena y sencilla intencion) y publicando que era yo 
-el mas exemplar clarigo de Laguardia; pero mis paisanôs y con- 
vecinos estaban mui agenos de opinar asi. 



Cap[itulo] II. 

[Casamiento de mi hermana y sus consecuencias; Prision de Judas; Sa- 
lida fugitiva mia a S. Sébastian y encuentro con la doncella de Neyla]. 



§ I- 
Hasta los J4 anos. 

Vencidos tantos embrollos y peligros y olvidado por fuerza 
del trato que dio motivo a la réclusion en Vico, segui sirviendo 
mi beneficio très aiîos, en cuio tiempo se acogio mi hermano 
Judas Tadeo, ya abogado, a mi compaiiia, déxando la del padre 



DE GONZALEZ MATEO 367 



solo por la prerrogativa de ser abogado, por cuva circunstancia. 
le deparo la barbarie de mi padre el siguiente abandono: ténia, 
en las ninas de sus ojos a mi hermano Judas hasta que, gradua- 
do de doctor y otras prerrogativas que por su tierna edad lo ha- 
cian sugeto de las maiores esperanzas, se recibio de abogadô- 
Este pecadazo ofendio tanto a su merced, que no lo sufrio uïi 
instante en su presencia (no vivia su merced persuadido de les 
viles principios que yo pruevo proviene su genealogia). En fin) 
le di la inano, y viviendo con sosiego un aiio, al siguiente se caso 
mi hermana con un maiorazgo de Sanasensio. T.a vispera de la 
voda vaxamos a darle la enorabuena, y, presentados, se invito el 
padre diciendo: «No tienen verguen^a>. Sufrimôs el disparate y 
volvimos la misma tarde a Laguardia con un caballo de un tiô;, 
lo quai sabido por su merced, despachô un criado ( ' ) con orden 
de que entregaramos el caballo a un hijo de mi sastre, D. Juâ- 
quin * de Muro (por ser sacerdote por atropcllamientos de frai- 
les), para que asistiese a la voda: imponicndonos a los hijos la 
estrecha précision de que no nos presentasemos so pena de ex- 
ponernos a tener que sentir. Enfadados de amenaza y prohivi- 
cion que, necesariamente obedecida, habia de causar escandalo, 
no entregamos el caballo, «antes si vayamos a la voda en el»; y 
al entrar donde se hallaba el concurso, nuestro padre, que se- 
gun su usanza se paseaba con sombrero blanco y chupa de San 
Antonio, se dirigio a una alcova en busca de la espada; cuia 
ejecucion impidieron los asistentes retirandolo (como lo que era)- 
a un quarto. Con estos principios empezô a ahogarse (*) el re- 
gocixo, siguiendo en aumento la turbacion, sintiendo todos ha- 
ber concurrido a ta! petardo y desazon. 

Llegada la hora de comer, salio el padre de la réclusion y se- 
sentô a la mesa, sin quitarse la vestidura ni sombrero, hâciendb- 



{ • ) La a entre Imeas. 

(») La h aïiadida poster ionnente. 



368 



lodos papel tan ridiculo, que mas parecia concurso a esequias 
funerales que mesa de novios. Concluida la triste comida, salie- 
ron los recien casados para Sanasensio, quedando en casa el pa- 
■clre, organista y sus dos hijos, que marchamos la misma tarde a 
Laguardia, debiendo havernos estado hasta consumir lo poco 
que la nobia habia dejado por robo de su madré. 



iî 2. 



Pocos dias despues dispuso el herodiano padre causa criminal 
contra Judas y mi persona, la quai, evacuada en brève tiempo, 
se siguio la siguiente prision contra Judas. 

Se hallaba este de tertulia en casa de D. Kamon Rabanera a 
las once de la noche y en la misma hora se presentaron en mi 
quarto sacerdotal (hallandome yo en la cama) el alcalde maior, 
escribano, alguaciles y otros ajudantes, quienes registraron todos 
los rincones de casa, y no hallando lo que buscaban se marcha- 
ron, Luego informados en donde podia estar, le esperaron en 
la puerta, y al salir lo llevaron al calabozo, poniendole cepo y 
grillos; de donde no salio (aunque se hallaba nmi delicado) en 
treinta dias (siendo cierto que a uno con causa de muerte lo sa- 
caron de aquel sitio pocos dias antes por la terribilidad de la 
situacion). Me noticiô de lo dicho la seîïora de Rabanera en la 
misma noche, aîiadiendo que la misma suerte me esperaba al 
siguiente dia por orden del obispo: oido lo quai, me vesti dan- 
clome codicia a vender los ajuares de casa, ya que no podia ali- 
viar a mi hermano. Dos mil reaies saqué, con los quales y una 
recomendacion de D. Félix Samaniego pasé lugitivo a San Sé- 
bastian. 

Lleguc en un dia a V^itoria en compafiia de D. Ignacio Dzana 
■/vulgo Carambola), siendo tan adversa la fortuna, que, a mas de 



DE GONZALEZ MATEO 369 

dar en manos de ladrones y havernos mojado mucho, fuimos a 
parar a casa de la doncella de Neila, insinuada anteriormente. 
Dio motivo a esta casualidad el Sr. Carambola, amigo y cortejo 
de una muger de el texedor llamado Gabidia. Llegamos a la 
casa ya de noche, y preguntando por la muger de Gabidia en su 
casa, dixo una muger: «Yo soy: ;que se ofrece?». *Pues yo soy 
su amigo Carambola», dixo D. Ignacio: por lo que, no conocien- 
dola Carambola, ni elia a el, dixo este: «Seîïora, usted se burla». 
«No, senor, sino que usted preguntara por la primera, que mu- 
rio hace medio afio, y yo soi la segunda». «Asi es», respondio 
Carambola. Descubierto el enigma, îîegô Gabidia y subimos al 
quarto. Mucho contento tubo el marido al vernos, pero durô 
mui poco, porque conociendo la muger quien era yo, desplegô 
las vêlas de su antigua venganza acordandose del pasage de 
Neila. Toda la noche (sin entender el motivo sino ella y yo) fue 
un alboroto: rtada le contentaba a aquella Lucifer. Llegô la ma- 
iïana, y preguntandole quanto era la cuenta, respondia colerica: 
«ochenta reaies» (très pesetas era mucho): no obstante, los en- 
tregué por evitar maiores maies. De este modo se uengô, a mas 
de habernos ocasionado una sarna perruna por la cama inficio- 
nada que nos préparé. Segui a San Sébastian, llevando que ras- 
car en el camino; permaneci en esta ciudad un mes, hasta que 
me abisô D. Félix Samaniego que podia libremente volver a 
Laguardia, porque el obispo despreciô las quexas del padre. 
Haviendo llegado a mi pueblo me sosegué; pero durô mui poco 
el sosiego, pues firme el padre en perseguirme, fui el objeto de 
sus iras, haviendo ya logrado ver a mi hermano Judas llevarlo 
preso a Valladolid, para cuia egecucion entregô su merced mil 
y quinientos reaies voluntariamente; cuia disposicion, sabida por 
el seiior présidente de la Sala fue mui reprendida (pues la ordea 
solo decia que se presentase a oir ciertos cargos). 



Rimie Hisjianigiie. — P. 



370 VIDA 



§ 4. 



Siguiendo con la conjuracion el padre, logro comparendo del 
provisor para ponerme preso: el quai no surtiô efecto por haber 
yo presentado certificacion del medico de Laguardia acreditando 
imposibilidad por causa de una sarna contrahida en Vitoria. 
Ceso la instancia del provisor, pero trasladada la quexa por mi 
padre al tribunal de la Inquisicion, como antes lo havia execu- 
tado con su hijo Judas, y aumentada, por soborno que hizo a 
varios perversos para que depusiesen contra mi, logro verme 
parar en el tremendo tribunal, sitio y lugar peor que el infierno; 
pues a este solo se destinan los verdaderos pecadores impéni- 
tentes, pero a la Inquisicion van reos e inocentes indistintamen- 
te, y, lo que es mas, sienipre antes de la sentencia y quitando 
a Dios el derecho. 



Capitulo 12. 
[Entrada y salida de la Inquisicion]. 



Sobre très puel)los se lastimo Jesucristo con mas particulari- 
dad: Bethsaida, Capharnaun y Corozain; y a su imitacion deberé 
yo ahora tambien llorar con lagrimas de sangre sobre mis po- 
tcncias diciendo: Ve tibi Bethsaida l ve tibi Capharnatiml vc 
tibi Corozahil al emprender un capitulo capaz de pasmar a lo 
insensible, al leer castigos tan inauditos y amenazas solo posibles 



( I ) El ms. da aqni otra vez la riïbrica del capitulo. 



DE GONZALEZ MATEO 37 1 



•de creerse de un tribunal tan despotico como la Inquisicion. Con 
mas razon que Ovidio en la salida para el Ponto, deberc excla- 
mar, al representarseme aquella ultima noche en que, rodeado 
de varies satelites de la Inquisicion repentinamente, fue my pos- 
trera hora en Laguardia, en mi casa, en el servicio de mi bene- 
•ficio, hora en que se me notificô el auto de prision, noche ver- 
daderamente lamentable y que entre soUozos y angustias me 
hizo y hace oy repetir con el poeta: 

Cum subit illius tristissima noctis imago 
Que mihi supremum iimptts in urbe fuit 
Cum repeto noctem qua tôt mihi chara rcliquit 
Labitur ex ocnlis tune quoque guiia meis. 

la eran las nueve de la noche quando entrando un hombre con 
capa blanca y dirigiendose a mi cama, en donde me hallaba 
mui debil, me preguntô en tono el mas imperioso y arrogante: 
«jF^s usted D. Santiago? >. «Para servir a usted, dixe, seiîor caba- 
llero». «Pues levantese en el instante, porque la Santa Inquisi- 
cion lo pide». 

Ouedé pasmado, no de otro modo que el que, herido de los 
raios de Jupiter, vive, pero sin saver si esta muerto. Propuse 
rendidamente y con verdad mi indisposicion, la noche tan fria, 
y otras reflexiones capaces de mober a lastima a las piedras; 
pero, cada vez mas endurecido, dixo por ultimo: «Aunque es- 
tuviera muerto, era ya preciso Uevarlo». 



§ 2. 



Preciso fue vestirme, y entrando el comisario D. Gabriel con 
su medallon en el pecho, acompanado de dos mozos con esco- 
petas y un cordel, me ataron el brazo, sacandome de casa, y 
tirando de la soga como en el prendimiento de! Salv.^dor. Lie- 



372 VIDA 

baronme por la calle Maior hasta llegar al portai de S. Juan, ea 
donde, atandome las manos atras y los pies por debajo la tripa 
de la mula, quedé constituido tronco sin facultades para nada. 
Llegué a Logrono a las dos de la manana, elado de frio, mortifi- 
cado con las ataduras, muerto de hambre y sed y con el corazon 
convertido en un abismo de amarguras. Depositaronme en un 
obscuro calabozo, dejandome solo hasta la manana, sin mas cena 
ni alimento que las lagrimas y sollozos. A qualquiera parte que 
inclinaba mi imaginacion exaltada, todo era un mar inmenso de 
penas y desconsuelo. Si miraba a lo alto, se me representaba la 
ira dibina vengadora de los énormes delitos de que me hacian 
reo. Si a lo profundo, veia las infernales furias y caterbas de de- 
monios esperando para despedazarme. 

Si contemplava el subterraneo calabozo en donde me hallaba 
sepultado, me causaba ta! horror y espanto como el mismo in- 
fierno. Si hechaba la vista por el honor y repulacion, ya les con- 
sideraba perdidos para siempre. Si al semblante de mis parientes^ 
los contemplaba reducidos a la maior consternacion por la des- 
honrra ( ' ), ignominia y oprobio tan trascendental a toda la 
familia. Si pensaba en la salida, ninguna esperanza podia pro- 
meter; en fin, conduire de una vez con el poeta, diciendo: 

Quocumque aspicierem, omnia pontus erat. 



§ 3. 

A las siete de la maùana oi ruido de Ilabes, pasar cerrojos y 
tornar puertas, que me llenaron de confusion, hasta que, por 
ûltimo, me halle con el alcaide en mi calabozo, con chocolaté 
por desaiuno. A las doce me Ilevô la comida y a las siete de la 



( I ) El ms. dccia desonrra; la hfué anadida pusieriormeiite. 



DE GONZALEZ MATEO 37,3 



noche la cena ( ' ), cuia practica no se alterô en los seis meses 
que estube encerrado. Los adornos del aposento eran una silla, 
cama, mesa, un cântaro de agua y un bacin que de quatro dias 
me precisaba abrazar el alcaide y llebaiio a una sécréta para su 
expiacion. El siguiente dia me visitaron medico y cirujano, quie- 
nes me curaron la sarna en siete dias, pasados los quales dixo 
el que me asistia, D, Nicolas Gonzalez: «Amigo, ya se halla us- 
ted sano del cuerpo; resta, pues, curar su pobrecita aima: maiïa- 
a las nuebe presentaré a Vmd. en primera audiencia; todos 
sus delitos se saben, sobre los quales hallarâ indulsencia (^) y 
misericordia, y si diere pruebas de arrepentimiento, manifestan- 
dolos con franqueza y sencillez; pero de lo contrario, experi- 
mentara todos los rigores de cepos, grillos, esposas, cadenas, 
camas de tormento y hasta ser quemado vibo; por lo quai ocupe 
usted el tiempo en examinât escrupulosamente su conciencia 
para satisfacer a los cargos que manana le ha de hacer el seîîor 
Inquisidor decano». Fuse en practica lo que el buen misionero 
me previno, y a las nuebe me llebô a la audiencia, con sotana 
y sin cuello, en tono de pénitente. 



§ 4. 

Fui presentado en una sala donde estaba sentado un inquisi- 
dor calbo y melancolico vaxo un magnifico solio, y el secretario 
al lado de una mesa, el quai tomado por el inquisidor, hallan- 
dome yo en un banquillo despreciable, a usanza de los zapateros 
de viejo, me mandô jurar en la llaga del costado de decir ver- 
dad. Empezo el interrogatorio por el ténor siguiente: 

<(jSabe Vsted porque le han trahido a esta santa casa?». «No, 



( ' ) Corregido sobre otra palabra ahora ilegible. 
(0 Sic. 



374 



VIDA 



senor», respondi, y se concluio la audiencia, mandando volverme 
al calabozo hasta que digese porque, sin saverlo. Pregunté al 
alcayde sobre no haverme hecho sino una pregunta, quien nie 
aviso respondiese otro dia que por haver pecado contra ( ' ) la 
Fe, y que de lo contrario, experimentara los maiores rigores. 
A la segunda audiencia redimi mi vejacion respondiendo como 
deseaban y prosiguieron con el siguiente interrogatorio: «|jComo 
se lla[ma] el reo? jDe que pueblo es? ^-Quantos anos tiene? ;En 
que lugares ha vivido y quanto tiempo? ^Que facultades ha es- 
tudiado? |jDe donde fueron sus abuelos, etc.? ^Save el reo si 
alguno de su familia ha sido procesado o reconvenido por el 
Santo Ofîcio?> Todas mis respuestas fue escribiendo el secreta- 
rio, quien me las leiô para que digese si havia algo que enmen- 
dar, en cuia ocasion dieron las once: y tocando el inquisidor 
una campanilla, entrô el alcaide, quien, tomandome de la mano, 
me volviô al calabozo. 

§ 5- 

Siguieron hasta veintiuna audiencia, en las que, simple y sen- 
cillamente, manifesté quanto me ocurrio, la intencion, fin, oca- 
sion, dias y horas en que proferi las proposiciones y quantas 
circunstancias pudieron intervenir. Confieso con ingenuidad que 
en lo material fueron de mucha consideracion algunas proposi- 
ciones, pero en la intencion estoi en la inteligencia de no haver 
pecado en ninguna de ellas, pues las proferia lleno de fervor, 
espresandome mas que lo que intentaba decir por la ipocresia 
con que algunos se desentendian de la caridad con los pobres, 
quitando a estos lo que alargaban para hermitanos, para deman- 
das de imagenes, etc. 

Los testigos fueron vente ('') y seis: dos de elles hicieron la 



{ ' ) Repetida esta palabra en el ms. 
(0 Sic. 



DE GONZALEZ MATEO 375 



deposicion tan en abono mio, sin mentir (y que trataban con- 
migo mas que todos), que no résulté un pecado venial, antes si 
mucho digno de alavanza; pero como dos comisarios siguen el 
espiritu de los inquisidores, los echaron con confusion, diciendo 
a los dos testigos que alli no se llamaban a decir virtudes del 
reo, sino pecados. Diez y ocho testigos nada digeron como pré- 
sentes, sino como referentes de très sicofantas, que fueron los 
que me abismaron y manifestaré los ûltimos. Otros dos depu- 
sieron como présentes muchas cosas que me havian oydo, pero 
muchas mas que ellos se imaginaron, con el solo fin de perder- 
me. Los très restantes, que fueron marido, muger y un sacerdo- 
te (I., I.*, R.), fueron los que declararon como présentes todo lo 
que no havian oido ni visto, trasladando sin duda las proposicio- 
nes que pudieron hallar en los mayores heresiarcas, atribuyen- 
dolas a mi. Estos très infâmes delatores, falsos, consumaron mi 
proceso, me atropellaron y sepultaron en la inquisicion, siendo 
causa (le dar yo por cierto todo quanto falsamente depusieron 
contra mi; y esto por dos motivos: el primero, porque al reo 
no se le manifiestan los testigos, y era imposible recusarlos 
como paniaguados y sobornados enemigos; el segundo motivo 
por que me conformé con sus dichos, fue por lograr salir de tan 
espantosa prision y no llegar a parar en question de tormento, 
reputandome diviimito confitente; cuias gestiones imaginaba so- 
bre mis débiles fuerzas. 

§6. 

Toda mi causa criminal ha llegado a mi poder despues de 
baver corrido (como todas las mas de la inquisicion de Logro- 
no) por corrillos, plazas, y cocinas, abandonadas por los inquisi- 
dores en la salida, quando entraron los franceses en dicha ciu- 
dad; pero tomaron la huida muy de antemano, y asi como nin- 
gun ajuar propio de ellos quedô expuesto a la casualidad ni 
saqueo, con mucha maior razon debieron atender a ocultar o 



376 



quemar procesos tan ignorainiosos. Por esta casualidad de haver 
logrado mi proceso se y he leido todo lo que depusieron los tes- 
liSTOs con sus mismas firmas al fin de cada acusacion. 



§ 7- 



Croncluidas las audiencias, me dixo el alcaide: «Amigo, mana- 
na necesita usted tener valor y armarse de paciencia, porque el 
inquisidor fiscal ha de hacer su acusacion, en la que seran mani- 
festados todos sus delitos, blasfemias y herexias, comparando. 
las con las de los mas famososos heresiarcas; sera usted reputa- 
do como diminiito confiteiite y, finalmente, pedirâ que sea usted 
destinado a cuestion de tormento y aun a ser quemado vivo». 
Con anuncios tan tristes, me dejô lleno de confusion; y al dia 
siguiente me présenté a audiencia ante el inquisidor decano, 
qliien me dixo: «D. Santiago, el inquisidor fiscal esta para en- 
trar a hacerle la acusacion: por tanto, si le ocurre alguna cosa 
mas que manifestar, hagalo antes que sea llamado». Respondi que 
nada ténia que decir: por lo quai, tocando una campanilla, se 
présente lleno de colera, y dirigiendose hacia mi, que me halla- 
ba sentado en el despreciable banquillo, dixo en voz mui des- 
entonada: «^Hai verguenza para que un reo tan rebelde y de 
tanta consideracion esté sentado?» y prosiguiendo la demanda, 
usô de taies expresiones, anatemas y conminaciones, que me 
parecia estar en el juicio universal, oiendo como precito y répro- 
bo la terribe sentencia: Ite, uialedicti^ in i^nem eternjim (M. 

«Judas, patriarca de todos los hereges, decia, puede, sin duda, 
ponerse en parangon con este desventurado reo: Arrio, Pelagio, 
Calvino y Lutero no pudieron pasar de la osadia de este indig- 
no sacerdote ('); Evion y Cerinto, Euthiquesy Vricec, ingleses, 



(') Sic. 

( 2 ) Sic estas fiombrcs propios. 



DE GONZALEZ MATEO 377 



no fueron tan escandalosos; Obes, antitrinitario; Melanton, dis- 
cipulo de Lutero; Roseau, Juan Us, ni todos los preadamistas se 
adelantaron tanto on su temerario orguUo como este blasfemo. 
Vanini, Elvigio no pudieron haver hallado discipulo mas ade- 
lantado en sus anticatolicas maximas; por tanto: 

Pido que este reo, por confiteiite diviiuuto^ sea puesto a ques- 
tion de tormento: pido se le dégrade del caracter sacerdotal que 
tan indignamente obtiene y que tantas veces ha vilipendiado con 
su infâme conducta; usese de todo rigor con él hasta ser quc- 
mado vivo; cierrensele como a incorregible las puertas de la mi- 
sericordia*. Finalmente hablô con tal energia por espacio de una 
hora, y me comino con taies anatemas, que ni el ojo vio rii el 
oido oyo, ni ocurren al pensamiento humano. Salio el fiscal de 
la sala tan frenetico como havia entrado; y haviendome anima- 
do el inquisidor decano con reflexiones de agonizante, entré el 
akcayde y me volvio al calabozo. 



§ 8. 

Sufrido tan mal rato por el enardecimiento del fiscal, efecto 
todo de las imposturas de los très sicofantas referidos, se siguio 
otra audiencia en la que se présenté el abogado defensor, quien, 
oida toda la causa, me dixo: «Aqui no hallo mas recurso que 
pedir misericordia; la cosa se présenta de mui mal semblante». 
Yo me conformé con su parecer y se concluiô la audiencia. A 
su consecuencia se pidio ratificacion de testigos, dando comision 
al comisario de Laguardia D. Gabriel. En su egecucion se nota- 
ron dos cosas bien irregulares: la una fue tardar mas de dos me- 
ses en evacuar la comision, lo que favorecio muy poco a la bue- 
na fe del comisario, pues era asunto de quatro dias, supuesto 
eran los testigos del mismo pueblo; por la segunda sospecharon 
en el tribunal de las acusaciones de los très testigos (I., I.^, R.j 
porque haviendo los veinte y très declarado menos en la ratifi- 



378 



VIDA 



cacion que en la primera acusacion, solo los très mencionadoa 
anadieron, sin Dios, sin verdad y sin precaucion, y digeron mu- 
cho mas contra la prâctica observada en el tribunal; y es la ra- 
zon porque, quando se acusa, los testigos ven al reo libre y 
acaso lo consideran ofensivo; pero, en la ratificacion, lo contem- 
plan sepultado en un terrible calabozo, amenazado con los maio- 
res castigos y llenos de ignominia para siempre. 



§ 9- 



A la ratificacion se siguio la calificacion. Fueron calificadores 
el prior del Carmen y el Padre Malo, fraile francisco. El prime- 
ro fue de parecer de que se me declarase herege formai, que se 
me sambenitase, y se me aplicase toda la ley. El Padre Malo (tan 
bueno para mî) despreciô el parecer del prior (cuio espiritu era 
luterano y reputado de heresiarca por los inteligentes que lo co- 
nocian), quien, por encubrir su maldad en la misma materia de 
religion, tubo la indolencia de atropellarme en taies términos. 
Fue, pues, el sentir del fraile francisco que solo se me sentencia- 
se de levi. A vista de pareceres tan contraries, se decretô una 
junta de diez y siete sabios, acompanados de los dos calificado- 
res; y todos se resolvieron a favor de Malo y del reo. 



§ lO. 



A la calificacion se siguio la sentencia, y, ultimamente, la con- 
firmacion en la Suprema. Evacuadas estas formalidades, me 
présenté el alcaide en una sala, la mas obstentosa y patetica; toda 
ella estaba entapizada con terciopelo; al frente de la entrada 
havia un magnifico solio con su dosel, con très sillas para los tre» 
inquisidores; a la mano izquierda aparecia otro dosel de menos 
obstentacion para el inquisidor nato, que lo fue el provisor, a 



DE GONZALEZ MATEO 379. 



nombre del obispo. El secretario estaba arrimado a una grande 
niesa, en la que havia un Cristo, con dos vêlas, un misai y univ 
vara. Todos los que tenian empleo en la Inquisdcion estaban sen- 
tados en la circunferencia, arrimados a las paredes; veinte y 
quatro sacerdotes (los catorce seculares y los diez regulares) for- 
maban en medio de la sala dos filas; y en medio, como presi- 
diendo, me mandaron sentar en un banquillo despreciable, con 
sotana, sin cuello, en hâvito pénitente. 

Empezô a leer el secretario toda la causa en los mismos ter- 
minos y con las mismas expresiones que havian sido expuestas 
por los infâmes delatores: era preciso muchas veces taparse los 
oydos para no tener que oyr tan disonantes proposiciones. Con- 
cluida la causa, se siguiô la publicacion de la sentencia, reducida 
a destinarrae por très aiios al colegio apostôlico de misioneroa 
franciscos de la ciudad de Olite, en Navarra, y cinco anos deste- 
rrado catorce léguas de Madrid, Sitios Reaies, Logrofio, Laguar- 
dia, y mi lugar, Lapuebla de la Barca. 

En el colegio se me intimô hiciese confesion gênerai, ocupan- 
do en ella un mes; que siguiese todos los actos de comunidad, 
que aiunase todos los viernes del ano; que leiera média hora en 
Guia de pecadores^ de fray Luis de Granada, e hiciese otra média 
hora de oracion mental; que rezase el rosario todos los dias, con- 
cluiendo con una comemoracion a la Virgen y otra a su esposo 
San José en desagrabio de las injurias que resultaban del proce- 
so. Se me privé por un ano de celebrar, y de confesar y predicar 
para siempre; se me convencio de vehevienti, advirtiendome que 
jamâs revelase cosa alguna de lo que havia observado en aquella 
santa casa. 

§11. 

Siguiese la absolucion con tantos aparatos, que no puedo ma- 
nifestar: solo me acuerdo me mandaron poner de rodillas de- 
lante del Cristo y tomando la vara me sacudieron en ademan de 



380 VIDA 

sacar las heregias a varazos; me hizieron jurar en los Evangelios 
del misai, etc. Finalmente, el inquisidor decano me predicô un 
sermon bien desaliiiado y mal digerido. Très horas durô la fun- 
cion, concluida la quai me volvieron al calabozo, dejando a los 
del congreso derramando lâgrimas por quien no se afligia. Si- 
guiose la comida con dos vasos de vino rancio y vizcochos a 
postre, los mismos que tenian preparados para quando me acci- 
dentase en la sentencia, lo quai suponen regular en taies actos. 
Desde esta hora dejô el alcaide abierto mi calabozo y todos los 
de la Inquisicion (sin duda para que, registrandolos y horrori- 
zandome de la causa de tormento, de los cepos, y de tantos gri- 
llos, esposas, cadenas y capiruzas de ignominia para los senten- 
ciados, procurase en lo sucesivo no exponerme a experimentar 
aquellos rigores como incorregibles y relapso) ( ' ). 

x-\l dia siguiente se me présenté a la ultima audiencia, en donde 
se me leieron los gastos de comida, real de la cama, derechos 
del abogado defensor, gastos de la prision, etc. V a las dos de 
la manana del siguiente dia sali para Olite, acompanado de dos 
mozos con escopetas y el alcayde; y haviendo Uegado y notifi- 
cado al guardian mi destino, se hallô tan asustado y aturdido, 
que nos tubo en la porteria mas de dos horas, esperando la res- 
puesta: porque juntô discretorio, y fueron los votos y quales unos 
de que no havia lugar a la admision, alegando estos que tal casta 
de penitenciados podian corromper por la virtud de los santos 
religiosos, etc. El guardian aplicô la gracia a los que se oponian 
a la admision, y anunciândosela al alcaide, le respondiô este: 
«Padre Guardian, si ustedes no lo reciben, daran lugar a que 
llevemos presos a todos los frailes»: a cuia expresion cediô el 
guardian y fui admitido. 



f 



' ( ' ) Si7i cerrar el parentesis en el tns. 



DE GONZALEZ MATEO 38 I 



§12. 

En la Inquisicion me sucediô con el alcaide el castigo si- 
guiente: 

Haviéndome mandado abrazar el bacin para su expiacion, 
observé que me quedaba atras; y considerando que lo podia 
hacer por egecutar alguna ruindad, me mandô dejarlo en el ca- 
mino, y, volviendome al calabozo, me puso una cadena de yerro 
o argolla en el cuello sugetando los brazos y piernas con ella. 
En esta disposicion me hizo volver a derramar el obispo de pes- 
tilencia con mucho trabajo e incomodidad, diciendome imperio- 
samente: «Asi se sugetan a los ingratos»; y con esta golilla me 
honro todo el dia. 

Por estilo expérimenté algunos insultos que omito, por no mo- 
lestar, acompanados de varias insolencias del inquisidor fiscal 
quando, por estatutos, me visitaba en el subterraneo con los otros 
seiîores. No obstante a los que me consideren abominable por 
haver consagrado la santa casa juzgando ser lo mismo pena c[ue 
delito, o que nunca se castiga al inocente, les haré callar y aun 
confundiré con las mismas palabras con quejesucristo hizo ausen- 
tar a los fariseos quando acusaron a la muger comprendida en 
adulterio: Si quis sine pecato est, mitât in eam lapident; y si esto 
no basta, apelo a la gracia de Dios, medio seguro para conseguir 
la gloria: Ad qnani nos perdncat qui vivit et régnât, etc. 

rAp[iTULo] 13. 

[Réclusion en Olite y salidn hasta entrar en Orduna, con algunos succ- 
sos notables], 

§ I- 
Hasta los jS ait os. 

En el colegio de Olite practiqué todo lo mandado y mucho- 
mas, porque ayuné nueve meses al aiio, dos horas de oracioa 



382 VIDA 

mental de rodillas, diez horas de coro, siempre ( ' ) de pies o de 
rodillas (pues en el coro nunca se sientan), quatro disciplinas 
todas las semanas a quatrocientos quarenta y seis azotes cada 
una, no perdiendo golpe; los que, agregados a los ya referidos, 
■connponen muchos millones; pero, hablando con la sencillez que 
acostumbro, confieso que este rigor lo mitigaba substituiendo 
una correa doblada, que sonandola hacia el mismo papel que si 
sacudiera al trasero; y no hablar jamas sino los jueves dos (") 
horas. 

Pasados cinco meses, me concedieron licencia para celebrar. 
T. os très aflo? ocupé en travesuras que me hacian suave la réclu- 
sion, como lo fue la pretension de la Trapa ya referida. Cumpli- 
•dos los très aiios sali para Pamplona, en donde cumplî un mes, 
porque el obispo no me permitio viviese en su territorio; con tal 
prohibicion, me halle precisado a noticiarlo a los inquisidores, su- 
plicando determinasen en donde pudiera estar sin impedimento. 
La respuesta fue: «For ahora obedezca usted al obispo >. Asî lo 
■egecuté, pasando a San Sébastian, y de allî a Rilbao, desde don- 
de pedi licencia de celebrar a mi obispo de Calahorra, y escribi 
a la Inquisicion mi paradero por si determinaban hacer aiguna 
gracia los inquisidores. 

Très dias solos existi en Bilbao, por valer caros los alimentos 
y no poder decir misa: degé un sugeto que me sacase las cartas 
del correo y pasc al obispado de Santander, en cuio pais logré 
mucha piedad, especialmente con una hermana de Ansotegui, 
inquisidor de Logrono. Esta buena sefiora me rpg^alo, y a la des- 
pedida me socorriô con cinco pesetas; me prometiô tambien es- 
cribi r a su hermano a fin de que se interesase en mi favor. no 
permitiendo que un sacerdote se viese tirado por los caminos 
-con oprobio de su estado e ignominia suia sin poderlo remediar 



(^) El ms. siempe. 

{ » ) Esta palabra al mai gen. 



DE GONZALEZ MATEO 383 



por falta de medios. Final mente, me recomendô al senor obispo 
de Santander, que se hallaba de visita en el lugar de Zalla y era 
su intimo amigo. Dirigiô el recado la senora al vicario de dicho 
pueblo para que este escribiera y hablase al senor obispo. El ( ' ) 
dicho vicario se paseaba en la plaza con otros cinco sacerdotes: 
al quai entregué la recomendacion, que me prometiô desempe- 
iïar; y al despedirme, me alargô dos pesetas, con cuio exemplo 
me dieron les otros clerigos quatro mas. 

Habiendo ablado con su III."'" dicho senor, le ordenô que me 
presentase en la puerta de la Iglesia para quando saliese de visi- 
tar la tarde de aquel mismo dia. Estuve puntual, y, arrojandome a 
sus pies, me lebantô cojiendome de la mano; me preguntô si era 
el recomendado de la seiiora Ansotegui, y respondiendo que si, 
me mandô poner el sombrero y que io siguiese en el paseo (ad- 
virtiendo a los acompaiiantes se quedasen algo atras para podcr 
ablar con satisfaccion) (^). 



Le hice relacion de todos mis trabajos, que oiô derramando 
lagrimas de compasion; me rogô le franquease los papeles y sen- 
tencia, los que entregué gustoso, porque los llebaba duplicados. 
Me dixo podia quedarme a serbir un beneficio en aquel pueblo, 
a cuia propuesta respondi: «111.'"" Sefior, eternamente viviré (M 
agradecido a tan interesantes liberalidades; pero espero en Bil- 
bao resolucion faborable de la Inquisicion v licencias de mi obis- 
po para celebrar, y, hasta las résultas, deseo permanecer en 
aquel pueblo>. Oido lo quai, llamo a su mayordomo y le dijo: 
<A este buen clerigo entregalc ocho duros», con los que me 
(lespedî contentisimo. 



( ' ) A7 OIS. en. 

{■') Siii ccrrar cl paréntecis en cl m s. 

■( ? ) El ms. vivere. 



384 VIDA 

Ya me halle en Vilbao con las licencias de decir misa y con 
facultad de la Inquisicion para poder arrimarme hasta siete léguas 
a Laguardia y a los otros pueblos de donde fui desterrado catorce. 
Con tal facultad, pasé a la ciudad de Vitoria con animo de per- 
manecer; pero diô la casualidad de tratar con un ordinario de 
Orduna, quien me pondero dicha ciudad, asegurandome logra- 
ria misas de mas estipendio que en Vitoria, ofreciendome tam- 
bien el llebarme y ponerme en posada buena: todo lo quai se 
verificô, con muchas ventajas e interes mio. 



Cap[itulo] 14. 

[Tiempo que estube en Orduna y la buena fama, engaiïo al obispo y al 
cabildo]. 

§ I. 

Hasta los 40 anos. 

Habiendo llegado a la posada de Orduna que me proporcionô 
el ordinario, me présenté al comisario de Inquisicion; y habien- 
dole informado de mis sucesos y destino, me logrô misas de 
ocho reaies en la basilica de nuestra Seîiora la Antigua. Tam~ 
bien me introdujo en las casas de distincion, haciendome todo 
para todos; de que me résulte mucha estimacion e interes, pues 
las damas me mandavan componer abanicos, los padres de los 
estudiantes pasar varios ratos de Gramatica a sus hijos, otros me 
daban libros a encuadernar, cantaba misas y las oficiaba, asistia 
a todos los oficios divines por los beneficiados ocupados o que 
no podian asistir, y en todas las ocasiones servia a pobres y ri- 
cos; con cuios arbitrios lo pasé con mucha conveniencia y aun 
me sobraron l.OOO reaies para la buelta a mi lugar, despues de 
dos anos que abité en (orduna, no obstante mi genio expende- 
dor y perdulario. 



DK GONZALEZ MATEO 385 



Mas como mi fatal ado januis me ha dispcnsado un gusto 
complète, padeci algunas desazones con el maestro de Grama- 
tica, sacerdote joben y de mui pocos conocimientos. Deseando 
yo que se aplicase a la lectura de huenos libros, logré que leiese 
los tomos de l^eijoo; pero se enfado luego, verificandose pun- 
tualmente lo que dice Horacio en el siguiente versecito ( ' ): 

Natitram expelesfurca, iamen ipsa rtcurret. 

Estas mis buenas intenciones en fabor mio irritô su inconsi- 
deracion, sintiendo de que las gentes hiziesen mas estimacion de 
mi que de el, aun en la facultad que explicaba. Murmuraba de 
mi hasta Uegar a decir en la plaza que estava yo sentenciado 
por la Inquisicion; lo quai oido por un capitan que me miraba 
con carino y compasion, le hizo algunas reflexiones denigrando 
su falta de caridad y modo de ablar ajeno de su caractcr, con- 
cluiendo con la siguiente quintilla, en obsequio mio: 

«A veces en un lincon 
Se halla tirado un rubi: 
;EntendeLs esta cancionr 
Si no ]a entendais, yo si, 
Y si la entendeis, chiton. 

Knmudecio el senor maestro, oida la copia, llenando de gozo y 
contento a los circunstantes. 

§ 2. 

Pasados dos aiios présenté mémorial al Inquisidor gênerai, su- 
plicandole dispensa del tiempo que me restaba; y habiendola lo- 
grado, me detube voluntariamente dos meses, en cuio espacio 
pasô el obispo de Calahorra, a quien informaron de mi tan fa- 

( ' ) Corregida esta palabra sobre la escrita primitivamente. 

Revue HisJ>nnigue. — P. jj 



386 VIDA, 

vorablemente, que al visitarlo me aconsejo permaneciese ea 
aquel pueblo, supuesto le constaba la buena reputacion y estinia- 
cion en que aquel lugar me ténia. Yo entonces, afectando ser 
de su mismo sentir, respondi: «III. '"° Senor, mis conatos y deseos 
no son otros; pero mis combeneficiados, sabedores de mi liber- 
tad, no podian menos de obligarme a que fuese a serbir o pri- 
barme de los frutos del benefîcio». «Yo lograré, me dijo, que el 
vicario, accediendo a mis deseos, lo repute présente y todos 
vaian con su voto>>: !o quai sintiendo yo que se verificase, ofrecl 
presentarme en Laguardia (baliendome de D. Simon de Miran- 
da, benelîciado enterro) y con su poderoso influxo, mediante mi 
travesura, lograr el que me permitiesen vivir en Orduna sin dis- 
pendio de los frutos, poniendo capellan, lo quai estimô el obispo. 



§ 3- 

Me puse en camino para Laguardia, y comunicando con D. Si- 
mon sobre el particular, obligandole a que no accediese al em- 
pefio del obispo, antes bien botase a que me presentase a serbir 
el beneficio o se me quitasen los frutos. .'^si lo ejecuto en un ca- 
bildo que se juntô a oir y disponer de un mémorial que decia: 
en sustancia: 

«Sr. Présidente e individuos del cabildo de Laguardia: siendo vergon- 
zoso ( ■ ) ^1 suplicante vivir en diclia villa=A. V. S. suplica se sirba admi- 
tir capellan que llebe sus cargas reputandolo présente, seguro de que en 
esto dejarâ V. S. serbido al senor obispo y al exponente obli^ado eler- 
namente». 

Ya sabia yo que todos habian de accéder, como se verifico; 
pero D. vSimon voto que o se presentase a serbir o perdiese los» 



( ' ) El ms. vergozo. 



DE GONZALEZ MATEO 38/ 



frutos, y que si el senor obispo queria lo contrario lo mantu- 
biese con los efectos de su mitra. 

Por esta resolucion logré satisfacer a S. I. sin que entendiera 
mi entencion. D. Simon me diô por escrito las résultas del ca- 
bildo, las que comunicadas al seiior obispo, me respondio por 
medio de su secretario diciendo: 

«Sr. D. Santiago: supuesto la negatiba del cabildo de Laguardia a su 
solicitud y a mis buenos deseos, me manda Su 111. ma abise a Vmd. que 
haga lo que le parezca y tenga por conveniente». 

Remiti esta carta a D. Simon de Miranda, noticiandole de que 
me esperase en el termino de ocho dias, en cuyo tiempo me 
presentaria sin falta a serbir el beneficio; lo quai encargaba co- 
municase al senor présidente para su gobierno. Inmediatamente, 
agradecido a los buenos fabores que les devi a todos los indivi- 
duos de la ciudad de Orduiîâ, me fui despidiendo de todos ellos; 
en muchos de los quales obserbé grande sentimiento por mi 
ausencia, y algunos derramaron lagrimas. Déterminé llebar ama 
de dicha ciudad; y no proporcionandoseme, me la deparô un 
guarda de la aduana para mal de mis pecados. Era hermana 
suya, a quien yo no couocia. Solo por los buenos informes atro- 
pellé en llebarla, quedando tan atropellado como se verâ en el 
capitulo siguiente. 

CAp[rruLo] 15- 

[Residencia en Laguardia, con varies sucesos, hasta la entrada de los 
franceses en Espafia; petardo solemne de una ama; acusacion sobre la 
misa y sus résultas.] 

§ I- 
Hasta los 40 anos. 

Los trabajos asta aqui sufridos me hicieron cauto y capaz de 
eludir las asechanzas de tantos enemigob como combeneficiados 



388 VIDA 

me rodiaban ( ' ); pero una ama que (sin conocerlaj tome para que 
me sirbiese, me déparé maiores infelicidades que las pasadas. La 
desgracia de haber dado en sus manos fue el trato que tube con 
un hermano suio los dos aiios que vivi en Orduna. Obserbô el 
referido que yo andaba melancolico, y poniendome en el empeno 
de manifestarle la causa, se la déclaré, diciendo deseaba salir de 
la infelicidad de vivir a pupilo, y, por tanto, estaba triste, Le- 
miendo no poder hallar una ama proporcionada a mis actualcs 
circunstancias, es a saber, honesta, economica, de buena fama, 
que pasase de treinta aiios y que tubiera algun dinero para suplir 
a los principios; en la firme inteligencia que con los frutos pri- 
meros séria recompensada y agradecida con la maior liberalidad. 
A lo quai me respondio: «Ya esta Y. md. serbido y remediado, 
supuesto lo dicho como vcrdadero; mcrendemos aora, que des- 
pues hablaremos>. ]\Ierendé sin pagar de présente, pero esta li- 
beralidad pago y pagaré a buen precio todos los dias de mi vida, 
y aun despues de muerto, como manifestaré en los parrafos si- 
guientes. 

§ 2. 

Concluida la merienda, obligué al hermano de la futura ama 
que me descifrara el enigma de estar ya serbido. Se explicô di- 
ciendo ténia unahermana de tan relebantes prendas, que no podia 
tener segunda (esto es segun 61 ponderaba, niejor dire ironizaba); 
y como yo deseaba como principal circunstancia que tubiere 
alguna edad, me engaîïô tambien en este particular; no llegaba a 
23 aîlos y me dijo ténia 30. Admiti gustosamente y le encargué 
la embiara a Laguardia en término de ocho dias: a los quatro ya 
me halle con ella en casa (sabia muy bien el hermano lo que me 
entregaba, y asi no espero a perder la ocasion de encajarme I.i 



('; S/C. 



DE GONZALEZ MATEO 389 



pulla). A primera vista conoci la lèche que podia dar; lo que, con 
tanto dolor de mi corazon, vi verlfïcado en pocos dias. 



La ta! ama no era economica, ni de 30 anos, no ténia algun 
dinero, no era de relebantes prendas, no era buena, no niediana, 
no... pero ;a que tanta repeticion.-' lo dire de una vez todo: tome 
el medio de casarla y mandarle cada ano 25 ducados de medio 
beneficio, 50 de entero, de post inortem lOO ducados y, muriendo 
entero, 200, Con todo me considero afortunado, porque si hu- 
biera vivido en su compafiia estubiera enterrado afios hace. 

Dio motivo a tan desatinada manda un barbero del cirujano 
de Laguardia, quien continuamente entraba con libertad en ( ' ) 
mi casa, con el prétexte de havernos tratado en Orduna (pero 
realmente era por cortejar a mi sirbientaV 1-os dos se enamora- 
ron sin yo presumir cosa alguna; y hallandose juntos (') en el 
brasero y yo en la cama, fue tal la irritacion que me causô dicha 
criada, que dije sofocado: «Hombre (ablando con el barbero), yo 
me muero precisamente si estoy en compafiia de tal muger; el 
intimo trato que he tenido con su hermano me obliga a no des- 
pacharla: si tu le proporcionaras novio, yo le diera la mitad de 
mi renta por quedar sosegado». El mozo respondio: «Sr. D. San- 
tiago, para manana a las siete se presentara pretendiente, si 
Vmd. hace o firma la manda que yo le diga». Prometi firmarla, 
y haviendo puesto por escrito el barbero lo que dije (2), sali de 
la cama y la firme ( 3 ) (creiendo ciertamente que no se verificara), 
pero se efectuo. LIegô el senor barbero a las siete de la mafïana 



( ' ) Corregido sobre lo escrito primitîvamente. 
( * ) Aiiadido en el ms. en el folio 176, § 3. 
( 3 ) Sin abrir el par e'n tests en el ms. 



390 



y me dixo: «Sr. D. Santiago, yo soi el novio, quien da a Vmd. 
rendidas gracias por su grande liberalidad». Se apoderô la novia 
del papel, sin poder sacarselo. 



§4- 

Libre ya de tal sirvienta por el casaniiento (aunque no con el 
barbero), pero si con la contribucion dich.i, me puse a pupilo, 
<iejandole por violencia mas de très mil reaies en trigo, zebada, 
arina, colchones y quantos ajuares ténia yo en casa, todo lo quai 
me negô, y algunas alcahuetas que juraron sobre el asunto ne- 
garon la verdad, y me condeno el juez por falta de prueba. No 
hablo de otras veinte amas que he sufrido, muchas de las quales 
corrieron parejas con esta; y no fuera la parte menos tragica de 
mi vida; pero temo acalorarme en la narrativa, y no quiero ex- 
ponerme. 

§5. 

Libre ya de tal sirvienta, se lebantô otra borrasca, acusandome 
ante el obispo dos émulos (J. y G.) de que decia la misa sin res- 
peto, con precipitacion y vilipendio de acto tan sagrado; a cuia 
queja respondiô su Ilustrisima (^): «De ese sacerdote tengo los 
niejores informes que se pueden pensar de todos los de la ciudad 
de Orduna; pero, supuesto no se le sigue inconveniente ni gasto, 
se le puede abisar que se présente a examen quando se le con- 
cluian las licencias» (pues hasta entonces me las prorrogaba mi 
examen). En efecto, a poco tiempo se me concluieron; y pi- 
diendo prôrroga, se me respondiô me presentase a ser exa- 
minado. 



( ' ) El ms.: Ilustrisma. 



DE GONZALEZ MATEO 39 I 



Entré en examen, cuio sinodal fue Ybarra. El ejercicio se hizo 
-con el maior rigor y tema, pues durô hora y média solo para 
ceremonias de la misa; pero sali tan satisfecho, que crei me hu- 
bieran dado licencias absolutas. Llegué a la secretaria, y me dijo 
el secretario: «Vmd. se halla reprobado, y, si quiere lograr facul- 
tad de celebrar, deberâ quedarse seis dias para que el sinodal le 
imponga mejor en las ceremonias». No accedi, ni era de accéder, 
a propuesta tan irregular, pues, fuera de que el secretario no tenîa 
mas objeto que dejar serbido a G., su intimo amigo, me era mui 
indecoroso contarme discipulo de Ybarra, cuio talento, ciencia y 
conocimientos, en comparacion conmigo, quedaban tan atras y 
se distinguian tanto (sin que se pueda negar esto): 

Quantum tenta solefit intcr virgulta cnpresi. 



§ 6. 

Me sali sin licencias de la secretaria, y habiendo llegado a La- 
guardia y sabiendose mi suceso, nadie se inducia a creerlo (co- 
nociendo todos quien era el sinodal y quien el examinando). 
•Consulté el asunto con Albeniz, abogado de Vitoria, amigo mio, 
que se hallaba en Laguardia, y resolvio presentar un pedimento 
quexandome del sinodal y apelando a Burgos, Madrid, Vallado- 
lid y a Roma (nombrando procurador de la causa en dichas 
quatro partes). En la representacion se pintaba al sinodal como 
lo merecia su acreditado cortissimo talento y literatura, ya en 
ordenes, ya en varias oposiciones de beneficios en que fue repro- 
bado, logrando ser sinodal solo por respecto y atencion a un 
hermano suio, procurador de la audiencia eclesiastica, de mucho 
merito y bondad. 

El Sr. obispo dio auto (a résultas de tal pedimento) que me 
presentase a examen segunda vez, nombrando dos sinodales de 
•ciencia y prudencia que asistiesen acompaiiados de Ybarra; y 



392 VIDA 

aunque me parecio justa la determinacion del obispo, no fue de 
este parecer Albeniz, antes bien, dispuso otro pedimento mas 
fuerte que el primero. \^ista por el obispo mi contradicion, paso 
la causa al provisor, por lo que, contemplando que ténia que su- 
frir un pleito dilatado sin poder decir misa y sin medios para 
seguirlo, me présenté al provisor y le supliqué me admitiese a 
examen, segun lo dispuesto por su Ilustrisima; cuio partido ad- 
mitio gustoso, dando aviso (') inmediatamente a los très sino- 
dales que se presentaron para el efecto, como se verâ en el pa- 
rrafo siguiente. 



§ 7. 



El examen se hizo en el oratorio del obispo; y dando Ybarra 
principio, ocupô très quartos de hora en preguntas sueltas; si- 
guiose la misa, empleando otro tanto tiempo. Respondi con tal 
delicadeza a las obrepciones y pronuncié con tal perfeccion y 
propiedad, que al principiar el Evangelio dije Secuenda (^) sauc- 
ti Euangelii (pronunciando la u como vocal y no como conso- 
nante); a cuia pronunciacion, extrana para el Sr. Ybarra, me re- 
prehendio diciendo: «Sr. D. Santiago, usted a pronunciado mal 
la voz Evan]^\\>. «Sr. Ybarra, respondi, distingo: para el concep- 
to de usted e infinitos que ignoran la significacion de ^z'a;/jelii 
con V consonante, cmicedo; para los que saben, conio yo, la di- 
ferencia de una y otra pronunciacion, ?iego\ y para que saïga 
usted de la ignorancia, devo decir que el Evan con v consonan- 
te significa solamente una cosa profana, como nombre del dios 
Baco, lo quai podrâ usted ver probado en el libro quarto de los 
Metamorphosis de Ovidio: 



( ■ ) Corregido sobre lo primUivamenie escrito. 
( 2 ) Sic. 



DE GONZALEZ MATEO 393; 



Ny et il eus Eleleusque parens et lacclms ( ' ) ^t Evan 
Et que pretei'ea per frayas plurimas gentes 
Abomina liber habes. Etc. 

( )ida esta respuesta, estrano y alabô tan verdadera y fina ra- 
zon el catedratico del colejio, mui sabio, y uno de los sinodales. 
En lo restante hasta concluir la misa, mas fue estatua Ybarra que 
cuerpo animado. Sali de examen y a su consecuencia logré li- 
cencias y aun elogios. 

§ 8. 

Lo restante de tiempo, hasta el cumplimiento de mis quaren- 
ta y très anos, vivi abstraido del coniercio de las gentes y ocu- 
pado en explicar Gramatica, no pensando en mas que en discu- 
rrir medios, y el mas brève y util, de adelantar a los ninos en 
dicha facultad; lo cual logré, pues algunos salieron gramaticos en. 
dos anos, y uno en trece meses, sin el aian de estar siempre so- 
bre los libros; porque todos los dias se divertian mas de très oras 
y sin sufrir los castigos acostumbrados en otros estudios. 



Capitulo 16. 

[Per-secucion, interin duro la contradiccion de los insurgentes hecha a. 
José primero, rey de Espana, con diversos pasages; retirada a Vitoria; 
viage a Burgos, y conclusion de la Vida.] 



Llegô la hora feliz en la que, compadecida la Providencia divina 
de la triste situacion de Espana, décrété subvenir a tanta nece- 
sidad y reformar de una vez tantos abusos, preocupaciones y 
practicas impeditivas de su felicidad. Tomô el unico instrumen- 

• (0 ^'^- 



394 VIDA 

.to capaz solo de conseguir empresa tan ardua (y por la obceca- 
cion ingrata delitos (') imposible a todo el resto humano). Na- 
poléon, digo, emperador de Francia y rey de Napoles, es el astro 
-refulgente que como heroe singular, elevandose conio el olinipo 
asta el cielo, serenô con sus sablas disposiciones y sublimes mâ- 
ximas tan desecha borrasca, sanô la mas pestilencial dolenciai 
pacificô tan desorganizada alteracion y colmo de jubilo, honor, 
gracias, ylustracion y prosperidades a todos los espaiîoles, redu- 
ciendo a un paraiso de delicias, intereses, ciencias y conocimien- 
tos a un reino pobre, sumergido en la niaior obscuridad, igno- 
rancia y abatimiento, a pesar de las glorias que se ha merecido 
en otros siglos y epocas. Este bénéfice padre no solo restauré la 
felicidad y gloria antigua de Espaiîa, sino que le diô todos los 
esmaltes y elebacion, como omnipotente olimpo * que, superior 
a las nubes y vientos, nunca se incomoda por las tempestades. 
Como dixo Claudiano: 

... Ut alias Olimpi 
Vert ex qui spatio ventos, hyeynes que relinquit 
PerJ>etu7tm 7iulla tentera tus nube serenum. 

En efecto, substituyendo, disipadas todas las nubes de insur- 
jentes, a su dignisimo hermano por monarca de Espana, etc. 
(José primero digo), ganô a todos con su paternal amor, despre- 
ciando ingratitudes, disimulando tropelias y cerrando los ojos a 
insultos de tantos rebeldes y descorazonados. 



§ 2. 

Penetrado yo de los importantes designios de su majestad im- 
,perial y real, no hubo proclama o papel impreso de que no me 



( I ) Parece que debe leerse, en lugar de delitos, del todo, cerrando elpa- 
■ re'ntesis des^ue's de ingrata. 



DE GONZALEZ MATEO 395 



hiciese cargo, pero al leer la Constitucion * no pude menos de 
exclamar: digitus Dei hic est: y a su consequencia, no me fue po- 
sible hacer papel de insurgente, neutral ni egoista, antes bien, 
siguiendo el partido, no solo de la fuerza, sino tambien el de la 
razon, me manifesté apasionado por el imperio frances, procuré 
contribuir con todas mis fuerzas, intentando persuadir a muchos 
preocupados, hasta que la esperiencia me hizo conocer que era 
trabajar en vano; pero jhai de mi! que solo mi buena intencion. 
mediante la quai procuré abrir los ojos en los principios a quan- 
tos alucinados se me presentaban, me deparô la situacion mas 
peligrosa, hasta serme preciso dejar mi pueblo, abandonar el 
servicio de mi b neficio y refujiarme en Vitoria a la sombra y 
amparo del incomparable José primero, rey de las Espanas, y 
sin mas disposicion que la Providencia. 

De los infinitos e increibles insultos y tropelias que por todo 
estilo sufri, hasta de la mas infîma plèbe, dire solo una levé in- 
sinuacion, omitiendo otros muchos y ocultando en lo posible los 
sujetos, aunque tan acredores a la mas justa venganza. 



§ 3- 

A los principios me apellidaron con el renombre de traidor; 
despues publicaron que no se oyese mi misa, por ser celebrada 
en pecado mortal, fundados en que en las misas solemnes y 
privadas nombraba al rey José Napoléon en el Famnlos y Canon, 
como fidelisimo vasallo. 

Una sastra, al pasar yo por su casa, dijo en voz alta: «Unos 
venden vidas y aciendas, y ese perverso a vendido la gracia de 
Dios» (apuntando con el dedo para quitar dudas y anfibologias). 
El marido de la referida, en compania de un sacerdote y otras 
personas, despues de llenarme de improperios (sin desplegar yo 
mis labios), me siguio con un palo para matarme. Cierto zapa- 
tero tomô una caldera, y, siguiendome por la calle, iba sonan- 



396 VIDA 

dola y llamandome al mismo tiempo «Gorrin, gorrin, gorrin>, 
y, a su ejemplo, un labrador me siguio tambier a untarme los 
ocicos con unos tiernos cagajones. Hasta la persona reputada 
por la mas vil e infâme del pueblo me dijo, echandome la mano 
al cuello, que ténia cordeles nuebos dispuestos para haorcarme. 
Sujeto hubo que, coligado con otros, me acusô al General Pala- 
fox a Zaragoza, y a otros, cuia nomina se remitio en traslado a 
Logroiîo por los soldados espanoles de dicha ciudad de Zarago- 
za. ^Porque, pues, santa conjuracion?, porque los acusados pusie- 
ron todo su desvelo en conservar el pueblo y libertandolo de ser 
asolado, reputandole como insurjente y rebelde; y ç'que les mo- 
via a los acusadores a ejecutar tal infamia?, el ver ya su infernnl 
Principado destruido, sus vicios y desordenes sin apoyo y sus 
disoluciones y despotismo finalizado, si el justo, sabio y equi- 
tatibo Gobierno de nuestro inclito monarca José primero se lo- 
graba en Espana, providenciando honrrar a los buenos y castigar 
a los malos, poniendo a un lado a los sabios y a los necios, 
escoria de la nacion, a otro. 



§ 4- 



Estos y maiores insultos motibaron la huida a Vitoria a los 
hombres sensatos y de buen pensar; pero yo, mas desgraciado 
que todos, en la misma huida fui amenazado y expuesto a pe- 
ligro proximo de morir con la maior inumanidad, a influxo y 
persuasiones de un caballero insurjente que con otras personas 
se hallaba en el lugar de Lagnan, titulado ( ' ) ^/ defensor de la Ft\ 
Por estos sobresaltos y peligros llegué a Vitoria, en donde fui 
obsequiado de la gente mas iluste y de buenas ideas. La Exce- 
lentisima Serïora ministra de Guerra entregô ciento y cincuenta 
reaies a un caballero con orden que me los dièse y que dijese 



(') Repeiida en el ins. la palabra titulado. 



DE GONZALEZ MATEO 39/ 

en doncle ténia la posada para continuai" sus liuenos oficios, sin 
haber yo influido en el asunto, ni aun tenido noticia de dicha 
senora. La causa de su liberalidad fue haber entendido que me 
habian robado en el camino de \itoria, con otras circunstancias 
de mi persona que le agradaron, como a otras personas de pri- 
mera distincion, con razon o sin ella. 

Me présenté a demostrarle mi reconocimiento y me prometio 
empefiarse con Mazarredo, Ministro de negocios eclesiasticos, a 
fin de que me proveiese de algun buen enipleo; lo que inmedia- 
tamente ejecutô mediante un villete; y como (') consecuencia, 
présenté un mémorial, en virtud del quai todos me consideraban 
bien acomodado; pero una mano oculta (D. J. R. P.) tubo la 
bondad de informar que era yo un loco y extraordinario, por lo 
quai perdi tan feliz proporcion y la reputacion con la Excelen- 
tisima Ministra de Guerra; pero como donde una puerta se cie- 
rra otra se abre, y, como dixo \'irgilio al asunto: 

Miilciber ( «) in Trojam, pro Troja estabat ^ '•■ ) Afolo 
Eqiia Venus tennis, Palas ( 2 ) iniqua fiiit^ 

el Ex"'°. Seiîor Ministro de Policia D. Pablo Arribas, noticio- 
so de mi fatal ado, se empeiiô contribuir a mi felicidad. Por 
orden y disposicion de S. E. présenté un mémorial en la Corte, 
del seis de noviembre de 1808, a Su ]\Iagestad, hallandose pré- 
sente su hermano el grande (3) Xapoleon, emperador de Fran- 
cia y rey de Italia (*) (con la particular circunstancia de que el 
mismo rey José Napoléon fue mi interprète a las preguntas que 
Su Magestad impérial y real se flj^nô hacerme en idioma fran- 
ces). El rey, estimando mi suplica, prometio informarse del Mi- 



( 1) El ms. om. 

(2) Sic. 

( 3 ) el grande anadido entrelineas de 01 ra tiiita. 

(4) Correg/Jo so!?>-e la primitiva escriiura. 



398 VIDA 

nistro de Policia (como yo lo pedia) y de consiguiente darme 
un buen empleo, el que no se pudo verificar por no haber teni- 
do ocasion Su Magestai de verse con dicho ministre, a causa 
de la repentina salida de el Emperador y el Rey para [la] ciudad 
de Burgos. Burlado asi de mi ad versa fortuna, no me quedô otro 
recurso que presentar al Ex""". Sr. Ministre de Policia el mé- 
morial siguiente: 

«Exmo. Senor: 

D. Santiago Gonzalez Mateo, presbitero, beneficiado de la villa de 
Lagiiardia, exporte con el maior rendimiento a V. E. que no se a decre- 
tado el mémorial que por disposicion de V. E. présente a Su Magestad; 
y deseando no salir de las ordenes de V. E., suplica tenga a bien pro- 
seguir faboreciendole con sus poderosos influxos. 

B. L. M. de V. E., 

Santiago Gonzalez Mateo». 

La respuesta fue prometerme, bajo la palabra de honor, dis- 
ponerme un buen empleo en Uegando a Madrid; advirtiendo- 
me ( ') que, sabida la llegada, escribiese en el sobre: «A D. José 
Montero, en el Ministerio de Policia. Madrid». Ejecuté puntual- 
mente; y con la misma exactitud se me contesté, diciendo {'):' 
Que vea lo que baque en alguna catedral o colegiata del pais u 
otra cosa propia del Estàdo, dirijiendo el mémorial, que sera 
bien recomendado. Asi lo ejecuté el dia diez de marzo de mil' 
ochocientos nuebe, cuyas résultas estoy esperando (3) 



( ' ) En el ins. ha sido raspada a continuacion una J>alabra. 

( » ) A continuacion varias letras raspadas. 

( 3) Signe una pagina en blanco en el jus. y, adherido a ella, un irozo de 
papel que dice asi: Advierto que esta pagina en blanco del folio 198 queda 
asi para poner las résultas que espero por influxos de dicho Sr. Ministro- 
de policia; y asentadas, se quitarà este papel. 



DE GONZALEZ MATEO 399" 



§ 5- 

Para conclusion de mi trajica vida, solo me resta manifestar 
los lances acaecidos desde que la Corte saliô de A'^itoria hasta que 
yo volvi a Burgos, cuva relacion es la siguiente: 

Habiendo el emperador, el rey y su Corte salido para Burgos, 
regresé yo a Laguardia, en donde, dando poder a D. Rafaël de- 
Murillo (mi amigo y confidente) para que dispusiese de mis co- 
sas, parti para Burgos con intencion de seguir a Su Magestad y 
Corte. Emprendi el viaje para Vitoria en la segunda jornada 
hasta Armiiion. Llegué con bastantes sobresaltos y miedo de va- 
rios soldados franceses que, encontrandome con ellos, se indig- 
naban diciendo: «Pastor futerre, carraco, demoiïo,> (expresiones 
participadas de los espaiïoles), cuios dichos yo no estraîïaba ( ' ), 
porque llevaba representacion de clerigo ( ' ), de muchos de los- 
quales se consideraban ofendidos. Por evitar taies molestias, dejé 
el camino real siguiendo por la sierra; pero me aconteciô a la le- 
tra lo que significa el siguiente versecito: 

Incidit in ScilUim ciipiciis zntare Caribdin 

porque los soldados espanoles (mejor diria los ladrones deserto— 
res) intentaron barias veces despojarme y matarme, teniendome- 
por espia francesa. Mn fin llegué cofi vida a Burgos, y hallando 
la ciudad desolada, sin advitrio de hallar que comer, sali como ( ^ )' 
otros infinitos para mi pueblo, cuio regreso aun fue mas expues- 
to y peligroso que la ida, especialmente por los dos siguientes in- 
sultos: 



( ■ ) El ms. estranaha 

(a ) El ms. clerido. 

( 3 ) Rcpetida v iachcida esta palabra. 



,400 



§ 6. 



El primero sucedio en el pueblo de San Millan. Hallandomc 
acostado en casa del cortador, llamaron a la puerta cinco solda- 
dos granaderos de P'spana, y la justicia. Fue précise abrir; y re- 
jistrando toda la casa, dieron conmigo, diciendo con grande in- 
dignacion: <A este, a este clerigo buscamos: saïga fuera de la 
cania para llevarlo a la carcel, y de alli a ser fusilado.» Al oir 
taies anuncios, 

Obsttipui ( ' ) sieieriintquc corne et vox faiicihus hesii, 

como dijo el poeta. Seguidaniente me rejistraron hasta los en- 
treforros de los vestidos, leieron todos mis papeles, empleando 
-dos oras en tal operacion, embargaron tambien los muebles y 
efectos del cortador, llegando en esta ocasion a oprimirse y asus- 
tarse el amo de casa en taies terminos, que se accidenté, sin lo- 
grar su restablecimiento hasta la maiiana. ;V su vista se indispu- 
sieron otros quatro, motivo por que todos se conjuraban contra 
mi, como causa de aqaellas desgracias. Kn fin, todo era liantes y 
xemidos; estaba toda la casa en los mismos terminos que quando 
diJQ Ovidio, L. I Trist., Elejia 3: 

Quocumqite aspiceres luctus gemitiisque sonabarii 
In que do/no lacrimas anv^ulus ornnis kabet. 

No obstante, parando los soldados la imaginacion en que lleba- 
ba dinero frances y que no ténia corona, disuadidos de tal re- 
paro, me dieron por libre y marcharon; pero el alcalde, que in- 
tentaba estafarme la volsa, dejô los guardas que me custodiasen 



( ' ) La 's> aîiadida poslcriormenls. 



DE GONZALEZ MATEO 4OI 



hasta la manana, con el fin de examinarme (mejor dijera con el 
pretexto) con mas escrupulo: dos duros redimieron mi vejacion. 
Pasc, via recta^ a Montalbo, y otros soldados espanoles me 
atropellaron y llebaron al meson en calidad de preso. Empeza- 
ron a registrarme y, sin concluir, pasô un correo frances a quien 
interceptaron y llebaron con ellos. Me dejaron libre, y siguiendo 
mi camino, llegué aquella noche a Laguardia, en donde perma- 
nezco lleno de oneribiis, non hoiioyibiis ( ' ). 



Aqui para mi trajica vida, sin esperanza (^) de consuelo; esta 
es la triste situacion del segundo Job, cuia edad toca en los cua- 
renta y cinco afios, representando por sus trabajos y fatal ado la 
postracion de un octogenario. Si se atiende a su vista, claudnn- 
tur oculi; si a su pecho flematico, sacus stercoriun; si a sus conti - 
nuas flucsiones y molestias, smegma fetidimi\ y pues ^'que es lo 
que me resta? Lo dire con el Job primero: soluni niihi super eut 
sepulcriiiu\ dejando para admiracion de los lectores el post mor- 
tem de ubi est ergo niwc prestolatio mea et patientimn vieam qtiis 
considérât^ y para que lo entiendan todos: ^-en donde hallarse al- 
guno que considère y haga refiecsion de mi paciencia defrauda- 
da de premior concluiendo con las mismas palabras del primer 
Job, objeto y norte de todo el discurso de esta mi lamentable 
vida. 



( I ) El ms. decia horibus; poste? ior mente fue ailadiao no entre lineas. 
( a ) El ms. espranza. 

Rmut Hisf^nigtie. — P. >• 



402 V[DA 



INDICE DE COSAS TJOTABLES 



Adan: vivio cien anos mas que lo que dice la Escritura, segun el autor de 

Las 400 preguntas, part, i, pregunta 38, fol. 23, que dice estubo llo- 

rando la muerte de su hijo Abel (no salgo fiador). 
Agnictdio : muexte di& coTÛevo; palabra latinizada, compuesta de agnus y 

cedo. 
Ambrosia: manxar de los dioses. 
Amor: antagonista del tio frai Diego Mateo; fue teologo toscano que es- 

cribio contra la vénérable madré Maria Jésus de Agreda. 
Areopagiia: qualquiera de los jueces del areopago de Atenas; se llaman 

asî los melancolicos y severos por la analogia con aquellos jueces, 

que no se les veia reir (segun dicen). 
Ascctica cosa: se llama lo que pertenece a exercicio de religion y piedad. 
Aldabofi: se entiende el asidero o recurso con que uno se defiende o a 

cuia cosa apela para apoiar lo que dice. 



B 

Bénéficia: el de Laguardia se compone de los de La Puebla, que son qua- 
tre, y très en Paganos; y son los mas modernes de los 23 que com- 
ponen el c.ivildo. 

Blas: Santo que es abogado de la garganta; y se célébra en el lugar de 
Paganos. 

Bûche: es boisa o seno que tienen las aves en el remate del cuello, en el 
quai reciben la comida, y de donde la pasan al vientre. 



Camaleon: animal a quien se le atribuie la variedad de colores; es del ta- 
maiio de un lagarto, tiene el ocico puntiagudo, las uiïas corbas, los 
ojos grandes y hundidos, la piel lisa y blanca; su movimiento tardo 
como tortuga. 

China, frase: «me ha tocado la china», significando que uno ha sido com- 
prehendido en la desgracia de otro. 

Cas ni mus: frase baxa que significa no contradecir ni hablar palabra. 



DE GONZALEZ MATEO 4O3 



Cillerero: se llama el maiordomo del monasterio en las ordencs de San 

Benito y San Bernardo. 
Claudia: muger primera de Néron, distinta enteramente de ( ' ) este 

monstruo de inumanidad. 
Clister, voz latinizada: es aiuda para aliviar el vientre. 
ConstUucio7i: se entiende la que se estableciô en Bayona por el empera- 

dor Napoléon, para el estado que ha de tener Espafia baxo el go- 

bierno de José primero, su hermano. 
Creso: el hombre mas rico de los romanos, que decia no poderse llamar 

rico el que no tubiese para sustentar un exercito. Fue triunvirato 

con Pompeyo y César y muerto en la guerra contra los partos. 



Dîdo: hija de Belo, reyna de Cartago; se enamorô de Eneas. 

Diego: frai Diego ]\Iateo, fraile fiancisco en la provincia de Burgos; tomô 
el havito siendo maiorazgo, y canonista contra la voluntad de su 
padre, cuia vocacion aprobô haviendo esperimentado en el ano del 
noviciado los castigos (como todos los de su familia dicen y diran 
menos yo) del serafico, como fue morirse 700 ovejas, cinco machos, 
quatro hueies, se hundiô el tcjado a la casa, y otras casualidades, 
que atribuieron a milagro. 



Erasmo: fue un mozo que entré dos veces dominico, dos victorio y très 
fraile francisco; y Erasmus en latin se puede traducir: «eras raton 
que todo lo roes y andas». 



Falaris: tirano en Sicilia, quien, nopudiendo ser sufrido de los suios, le 
quemaron, encerrandole vivo en el toro de bronce que havia él 
mandado fabricar para atormentar a otros. 

Félix Samaniego: vecino de Laguardia, en la Rioxa, seiior del valle de 
Arraya, escritor, especialmente de fabulas. 

Fenomeno: lo que aparece de nuevo en el aire o en el cielo. 



( 1 ) de re/eiido cti cl ms. 



404 VIDA 



Gabriel: cura parroco y comisario de la inquisicion en Laguardia, por los 

meritos de Jesucristo. 
Ganelon: perro cuios huesos se veneraron como reliquias de santo; vea- 

se Feijoo. 
Garrote: palo de un grueso mediano y longitud como el que usan los pa- 

siegos. 

I 

Infierno: lugar devaxo de tierra o concabo dentro de ella, como lo es el 
del trujal del aceyte, entendido aqui; a el van a parar las aguas mez- 
cladas con los residuos, despues de recogido dicho aceyte. 



Joaquin yfiiro: lieneficiado de Laguardia por empeno de sus amos los 

trinitarios de Logrono; save al palo, etc. 
Juan Capeld: fraile y Judas de la religion serafica, llamado asi por sus 

apostasias, etc. 



Li^a: cierto engrudo para cazar pajaros, que se saca de cortezas del ar- 
bol acebo echandolas en un corriente de un rio y raspandolas de 
ocho en ocho dias. 

M 

Misauiropo: aborrecedor de la naturaleza liumana, como lo fue el filosofo 
Timon. 



Nectar: bebida de los dioses, segun fingia la Antiguedad. 

Néron: valor y fortaleza significa en lengua sabina: renombre de los 
Claudios, cuia nobilisima sangre infamô aquel monstruo de natu- 
raleza. 



Olimpo: la eniinencia de las cosas. Monte tan alto que parecia tocar aL 
cielo. 



DE GONZALEZ MAÏEO 405 



Paganos: aldea de Laguardia, en donde se célébra San Blas. 
Popea: muger sabina, esposa segunda de Néron, a quien su grande lier- 
mesura le causô la muerte; semejante a su marido en la crueldad. 



Qîtilo: sustancia blanca en que seconvierte ei aliinento. 



Sopalafida: dicho ignominioso; por exemple, puerco, asqueroso, ram- 
plon, etc. 



[Trajia]: Monasterio de la Trapa en Aragon, dos léguas de Lerida. Rancé 
habla extensamente de esta Religion. 

Z 
Zoilo: emulo de Homero, cuias obras censuré. 



FIN 



REFRANES DE VEO-VEO 



El campo de la bibliografia paremiologica es tal vez el menos 
cultivado en el estudio de la literatura nacional; debido en parte 
a la escasa importancia concedida a esta interesante rama de la 
historia literaria, y en mucho a la rareza extraordinaria de las 
colecciones, que atesoran las maximas de sabiduri'a popular 
contenidas en los proverbios o refranes. De aqui el que todo 
hallazgo de un nuevo refranero despierte la curiosidad de los 
aficionados a las investigaciones paremiolôgicas y contribuya a 
enriquecer el inexhausto raudal de la bibliografia espaîïola. Cre- 
yendo, pues, que prestamos buen servicio a las letras patrias, 
publicamos hoy una colecciôn de refranes, cuyo ûnico ejemplar 
ha venido a nuestras manos, llamada Veo- Veo por empezar casi 
todos ellos con este vocablo. 

El titulo de esta colecciôn es Perque spiritual z nniy proiu- 
choso, en que dize todas las verdades que eu la escriptura y vulgo se 
-hueden hallar. Nueuamente impresso. El précédente titulo no es 
desconocido, ya que Salva lo menciona en el numéro 2.126 del 
Catdlogo de su biblioteca; mas si lo es la ediciôn, que en vano 
hemos trabajado por hallar en los repertorios mas ricos de nues- 
tra bibliografia, en las mejores historias de nuestra literatura, que 
desconocen la existencia no solo de la edicion, sino del titulo. 

Nada podemos decir relacionado con el compilador de esta 
obrita. ^Fué algûn fraile, clérigo o persona eclesiâstica.'* Indûce- 
nos a creerlo asf el grabado que figura en la cabecera de la por- 



REFRANES DE VEO-VEO 4O7 

tada, el cual représenta a una persona de la iglesia en actitud de 
ofrecer su libro a un vénérable obispo, y el hecho de haber en- 
tresacado su autor las principales sentencias de su colecciôn de 
la Sagrada Escritura, dândoles forma de proverbios o refranes. 

Tampoco el folleto nos proporciona datos acerca de su origen 
tipogrâfico. Carece de ellos y hasta de filigrana en el papel de 
sus hojas, tanto en las euatro impresas como en las dos en blanco, 
que van al principio y al fin Recurramos, pues, a los caractères, 
para ver de hallar alguna luz en este punto. Parecidos a los en 
que esta impresa la colecciôn sirvieron para muchas produccio- 
nes tipogrâficas que salieron a luz en Burgos, Zaragoza y Toledo 
en los ûltimos afios del siglo xv y primeros veinticinco del xvi; 
pero idénticos a los empleados en ella los vemos solo en l.ogro- 
iio y en Alcalâ, y usados respectivamente por Arnal Guillermo 
de Brocar y por Miguel de Eguîa. En comprobaciôn de nuestro 
aserto, mencionaremos como impresa en la primera de dichas 
ciudades la obra Aurelij Prudentij démentis viri consiilaris li- 
belli ciim commento Aiitonij Nebrissensis (ano 1512), y en la se- 
gunda el Confessionario del maestro Pedro Ciruelo, ntieitamente 
corregido (ano 1524). ,jA cual de estos dos tipôgrafos habremos 
de atribuir la impresiôn de los refranes? Desde luego somos de 
parecer que Arnal Guillermo de Brocar los publico, no en Lo- 
groiio, sino en Alcalâ por los arios 1513 a 1524. 

Aunque los Opûsculos de Prudencio procedan de Logroâo, 
deben contarse entre las ûltimas producciones tipogrâficas hechas 
por Brocar en esta poblaciôn, porque a ûltimos de 1512 ya le 
vemos otra vez en Aicalâ, de donde debiô salir a fines de I5II> 
no siendo probable que en la capital riojana imprimiese los re- 
franes. Ademâs, al perîodo que média entre las dos fechas arriba 
indicadas (1512-1524) corresponde la época de mayor intensidad 
y esplendor de los talleres del famoso tipôgrafo, y a mas abun- 
miento lo dan a entender los caractères intrînsecos del libro; pues 
cualquier aficionado al estudio de los incunables y libros publi- 
cados en los primeros treinta anos de la centuria décimasexta, 



408 



REFRANES DE VEO-VEO 



puede asignar a los rcfranes, sin temor a equivocarse, la fecha 
que nosotros les atribuîmos. 

La présente colecciôn ha de tenerse por la segunda de sus 
ediciones. Ignorâmes las caracteristicas tipogrâficas de la prime- 
ra; en esta se indica bien a las claras ser niievamente impresa; y 
las mismas expresiones, con la adiciôn del ano, por cierto equi- 
vocadamente, 2541 en vez de 154I) leemos en la tercera, o sea 
en la citada por Salvâ en su Catàlogo. 

Al reimpriniir hoy esta nueva colecciôn, lo hacemos en la sc- 
guridad de dar a conocer una verdadera joya bibliogrâfica de 
inestimable rareza, y de contribuir al acrecentamiento paremio- 
lôgico en la historia de nuestra literatura nacionai. Y si acertamos 
en este nuestro propôsito, daremos por bien empleadas nuestras 
investigaciones en tan importante asunto. 

\.^\. Sâxchez. 



^ De muchas cosas q creo 
se fatigan mis sentidos, 
que me hazen dar gemidos 
para dezir lo que veo. 

Y que veo. 
^ Que veo quel mal desseo 
atormenta al auariento, 
z veo al hombre sin tiento 
dezir dos mil desatinos, 
z veo que en dos caminos 
nuestro bien z mal consiste; 
veo loco al que se viste 
<ie ?eda siendo oficial, 
z veo ser muy gran mal 
honrar nos por los vestidos; 
veo pobres abatidos 
quemerecen reuerëcia; 
veo ser mayor dolencia 



la del aima que del cuerpo, 
z veo que solo el puerco 
descansa siempre enel cieno, 
z veo quel mal ageno 
da poca pena al vezino. 
z veo que de contino 
el que menos vale paga, 
z veo ser mayor llaga 
las que las injurias hazen, 
z veo que muchos nascen 
que délias toman vengaça, 
r veo que nunca alcança 
seruicio ygual galardô; 
veo quien dize baldon 
que le dan enla cabeça; 
veo que donde hay vileza 
se raygo la presuncion; 
veo que vn mal ladron 



I 



REFRANKS J»F. VEO-VEO 



409 



quita a ciento la posada, 

z veo mala morada 

la ques llena de goteras; 

veo scr muy raynes eras 

do no cogen lo sembrado; 

veo ser aquel letrado 

que conoce que no sabc, 

ni vi hombre que se alabe 

que no fuesse odioso, 

ni vi hombre congoxoso 

que poco no le de pena, 

z veo que en hora buena 

nace el bienauenturado; 

veo que lo mal ganado 

se pierde con su senor; 

veo ser grande el dolor 

delà infamia sin razon; 

veo quel buen coraçon 

quebranta mala ventura; 

veo que muy poco dura 

con el bueno la passion; 

veo ser mayor prission 

las arras delà vejez, 

z veo que la biudez 

es peligro a muger moça; 

veo que entre piedras loça 

se quiebra muy muchas vezes, 

z veo que delas heces 

no suele salir buen vino; 

veo ser buen adeuino 

el que dize lo passado; 

veo tambien quel cuydado 

nace delo porvenir, 

z veo que por bien biuir 

se pospone la hazienda; 

veo verdadera ofrenda 

no dar quien no tiene nada; 

veo ser casta Jlamada 

la que no fuere querida, 

z no vi muger vencida 



que no (juisiesse escuchar, 

z veo mejor luchar 

a quie siempre anda abraços, 

z veo que de pedaços 

se haze muy buen vestido, 

- veo ser bien regido 

quien come lo q le basta. 

~ veo q mejor gasta 

el que gasta côcertado; 

veo ser puesto en cuydado 

a! que quiere tener prez, 

z veo que la niiïez 

es sola hedad sin cuydado, 

z veo ser fatigado 

el viejo con la pobreza, 

z veo no ser vileza 

tener poco enesta vida, 

z veo que la partida 

consiste en empeçar, 

z veo que endereçar 

al fin concierto es trabajo, 

z veo que no ay atajo 

([ue no nos sea penoso, 

z veo ser enojoso 

cl que dize la verdad; 

veo poca lealtad 

en amigo de interes; 

veo que sale al reues 

querer desfauoreceros; 

veo aquien tiene dineros 

osar hazer z dezir; 

veo que mucho reyr 

es seiïal de poco seso; 

veo al discreto ser preso 

mas presto delà razon; 

veo tener presuncion 

a aquel que vale menos, 

z veo q es delos buenos 

ser muy benignos z llanos; 

veo siempre q enlas manos 



4IO 



REFRANES DE VEO-VEO 



la rosa ensena locura; 

veo ser mayor cordura 

conoccr sus propias culpas; 

veo que juntas desculpas 

ilan por libre al inocete, 

z veo que de vil gente 

salen nocos virtuosos; 

veo salir los dichosos 

con quanto quieren hazer; 

veo quel mucho tener 

haze al hombre holgcizan, 

z veo que nunca dan 

ni solos palos debalde; 

veo el ruyn ser alcalde 

porque faltâ hobres buenos; 

veo los infiernos llenos 

delos desagradescidos; 

veo que a muertos z a ydos 

solemos tener en poco, 

z veo quel hombre loco 

q este suelto es muy grâ daiio, 

z veo juez de vn aiio 

hazer muy mejor su officie, 

z veo que nasce el vicio 

de tener holgada vida; 

z veo fuerça perdida 

la del rezio si es couarde, 

z veo que enel alarde 

el concierto es lo mejor, 

z veo que de temor 

suele nacer el consejo, 

z veo que el hobre viejo 

sabe mas por esperiêcia, 

z veo ser gran dolencia 

ser gordo demasiado, 

z veo ser bien librado 

al que tiene dia z vito, 

z veo que el garlito 

quiere entrar z salir, 

z veo al viejo mentir 



sin miedo z al estrangero, 

z veo quel heredero 

lo mas biue en esperâça, 

z veo que la tardança 

nos da doblada côgoxa, 

z veo que siempre afloxa 

juez que busca dineros; 

veo que los verdaderos 

no reciben ningun don; 

veo como haze son 

baylar a quië quiere paz; 

veo que no ay solaz 

en donde no ay comida; 

veo cosa mal regida 

aquella do mandan todos, 

z veo nascer los lodos 

donde poluos suele auer, 

z veo mal obedescer 

al seilor que no es bien quisto, 

z veo al moço ser visto 

con el seiîor curioso, 

z veo que al perezoso 

siempre le sobra que haga, 

z veo que no se paga 

en este mundo alos justos; 

veo ser mejores gustos 

alos que falta el manjar; 

veo ser la vida mar 

llena de toda tormenta; 

veo que al dar buena cuenta 

yguala el recibo al gasto; 

veo que do ay mejor pasto 

menos saben los guisados; 

veo siempre desonrados 

alos que han malas manas; 

veo que malas companas 

dafiaron a muchos buenos; 

veo que siempre los menos 

fauorescen la virtud; 

veo que la juuentud 



REFRANES DE VEO-VEO 



411 



sufre miiy mejor las penas, 
z veo grandes cadenas 
vn necio al pie del discreto; 
veo solo ser secreto 
el que no se dize alguno; 
veo siempre al importuno 
sacar algo al lazerado; 
veo ser el bien criado 
de dulce conuersacion; 
veo en la buena razon 
la que no puede faltar; 
veo muy bien desatar 
a quien ata con concierto; 
veo ser esto muy cierto 
para cient hijos vn padre, 
z no vi perro que ladre 
que fuesse buen caçador, 
z veo que al arador 
le sacan los buenos ojos, 
z al que biue por enojos 
veo que nunca reposa; 
veo que el que se despofia 
de libre queda captiuo, 
z veo no ser amigo 
el que os combida a vileza, 
z veo que la franqueza 
no es dar para recebir; 
veo a quien ha de pedir 
que os honra demasiado, 
z veo ser muy bien hablado 
el que os ha de menester; 
veo ser mejor auer 
tener virtudes z obras, 
z veo no dar las sobras 
sino porque no aprouechan; 
veo que nunca desechan 
alo que puede seruir; 
veo ser pena el biuir 
el inuierno al mal vestido; 
veo medio combatido 



al que antes se apercibe; 
veo quien mejor biue 
huye la conuersacion; 
veo ser muy gran passion 
cantar mal 2 porfiar; 
veo que por confiar 
pierden mechos su hazicda: 
veo ser muy gran contienda 
do no se escucha razon; 
veo que no hay coraçon 
a donde falta ventura; 
veo que menos dura 
aquello que mas queremos; 
veo que todos corremos 
a dar enla sepultura; 
veo ser buena ventura 
el bien que sin pesar viene; 
veo que siempre se detiene 
el que menos vale en mas; 
veo que por vn compas 
la muerte a todos yguala; 
veo ser cosa muy mal a 
seguir nnestro parescer; 
veo que nada tener 
no haze pobre ante dios; 
veo no barajar dos 
quando vno dexa el juego; 
veo valer poco el ruego 
do no ay verdadero amor; 
veo ser malo el fauor 
q altercando dan los taies; 
veo auer muchos mas maies 
do no se busca la hemienda, 
z veo que no hay contienda 
do no quieren porfiar; 
veo siempre que criar 
a ruynes es grâ trabajo; 
veo que obra a destajo 
las mas vezes es mal hecha; 
veo que por vna trecha 



412 



REFRANES DE VEO-VEO 



se pierden juegos ganados; 
veo ser muy mal mirados 
los hdbres no agradescidos; 
veo mil bienes perdidos 
que se hazen a ruynes; 
veo que los buenos fines 
quierê los buenos sin falta; 
veo de torre mas alta 
darse la mayor cayda; 
veo ser muy mas sentida 
la mancha en el mejor pano; 
veo ser mayor el daiïo 
quando no se suelda luego; 
veo que escaruar el huego 
no puede ser sin quemarse; 
veo nunca bien amarse 
los que siempre se atrauiessan, 
z veo que no reuiessan 
los que no han comido nada; 
t veo mal empleada 
la riqueza en el auaro; 
veo que aql compra caro 
q compra lo sin prouecho; 
veo ser muy gran despecho 
tratar con quien no se entiéde; 
veo que siempre se enciende 
el reiïir con responder; 
veo poco entristecer 
la pena al no lastimado, 
z veo mejor mirado 
quië no mira en cosas pocas; 
veo mercar alas locas 
por la lista el su tocado; 
veo siempre consejado 
aquien no se entiende nada; 
veo ser mal empleada 
hermosura en muger vana; 
veo que de mala gana 
damos z no rescebimos; 
veo que quando pedimos 



nos obligamos a dar; 
veo pesces no sacar 
sin mojarse el q ha pescado; 
z veo que al desdichado 
las piedras le contradizen, 
z veo que todos dizen: 
ay las toman do las dan; 
z veo doblado afan 
sobre cuernos penitccia; 
veo ser cierta sentencia: 
al malo su mal acusa; 
z veo que al bueno escusa 
su buena vida z su fama, 
z veo que delà lama 
nasce mal resualadero; 
veo morir al cordero 
mas ayna q al mas viejo, 
z veo que de consejo 
se sigue poco prouecho; 
veo que delo mal hecho 
defenderlo es mayor mal, 
z veo que no es 3^gual 
la paga con lo prestado; 
veo ser mejor hablado 
aquel q hablare menos, 
z veo q entre los buenos 
el malo muy poco dura, 
z veo que la tristura 
es mal que nos enflaquece, 
z veo que luego fatlece 
lo falso y toda mentira, 
z veo que poco tira 
al bueno la mala lengua; 
veo ser muy grande mëgua 
la falta delà razon; 
veo dar la bendicion 
al obediête a sus padies; 
veo que las malas madrés 
trazan alas hijas malas, 
z nacer por su mal alas 



REFRANRS DE VKO-VEC) 



413 



tambien veo ala hormiga; 
veo ser mala la liga 
delos en mal conjurados; 
veo sei- desuariados 
los que desfraçan lo bueno; 
veo que el cielo sereno 
suele presto dar la buelta; 
veo ser muy mala puerta 
la delà lëgua al parlero, 
z veo que el iisongero 
gana poco con el sabio; 
veo que quebrâdo vn cabrio 
se desfaze la tenhumbre; 
veo ser mala la lumbre 
a ojos que no estan sanos; 
veo ser buenos hermanos 
los verdaderos amigos, 
c veo q entre los libros 
el mejor tiempo se gasta, 
z no vide obra basta 
en boca de quien la hizo, 
z no vi yo que el erizo 
dexasse su natural, 
z veo que so el sayal 
ay al delo que pësamos; 
veo tambien que hallamos 
cobrir ruynes el buen pano, 
z veo ser muy gran daiïo 
gastar lo que no se tiene, 
z veo que siempre viene 
tras plazer mucha tristeza, 
z veo ser la pobreza 
ocasion de muchos maies; 
veo ser todos yguales 
avnq no en merescimiento; 
veo que chico cimiento 
no sufre grande hedilicio, 
z veo ser muy gi'an vicio 
el beuer demasiado; 
veo ser mas obligado 



a virtud cl religioso; 
veo sicpre al embidioso 
penar conel bien ageno; 
veo que aquel solo es bueno 
que se precia bien obrar; 
veo el verdadero horar 
obedecer al mayor; 
veo aquel tener fauor 
que de gracia tiene parte; 
veo ser verdadera arte 
la que ensena a bien biuir; 
veo temer el morir 
alos que aca mal biuieron, 
z veo quanto perdieron 
las mugeres por ser vistas; 
veo que los alquimistas 
se perdieron su thesoro; 
veo que no ay otro lloro 
sino al que nada aprouecha; 
veo quanto nos estrecha 
(lualqera mal pensamiento, 
r veo que el descontento 
nunca hizo cosa buena, 
z veo que delà pena 
nace para sufrimiento, 
z veo que ciega el viento 
al tuerto con el derecho; 
veo que honra z prouecho 
nunca caben en vn saco, 
z veo aquel ser liaco 
el que menos fuerças tiene; 
veo tambien que no viene 
al hombre solo vn enojo; 
tambien veo ser mal ojo 
quien juzga mal delo bueno; 
veo ser de aquesto ageno 
el que tiene discrecion; 
veo que ala perficion 
responde el merecimiento; 
veo ser cosa sin tiento 



414 



REFRANES DE VEO-VEO 



que a vn ciego guie otro, 
z veo que nunca el potro 
con el descanso se doma, 
z veo que la carcoma 
desfaze la mejor viga; 



veo mil cosas que diga 
sino quisiera acabar; 
veo al fin bueno es callar 
pues al ayrado mitiga 
para la razon hallar. 



fS Deo grattas. 



La colecciôn de refranes forma un folleto, cuyas notas tipo- 
grâficas son las siguientes: 

8.° mlla. — 4 hs. no fols. — Sign. a.* — Letra gôtica de dos ta- 
manos, grande en la portada y pequena en el texto. — La porta- 
da a renglôn seguido y el texto a dos columnas. — 33 lîneas en 
cada columna. — Caja tipogrâfica 15 X lO centîmetros. — Sin fîli- 
grana en el papel. 

Portada orlada: en la parte superior un grabado que représen- 
ta a un eclesiâstico ofreciendo una redoma a un obispo; debajo 
el tîtulo. — A\ v.° comienzan los refranes, y concluyen en el 
v.° de} fol. a iiij. 



LA LITERATURA URUGUAYA 

(1757-1917) 



Unas cuantas alquerias en una colonia sin historia por donde 
transitaban jesuitas: esto era, hasta fines de la centuria décima- 
octava, el opulento Montevideo de hoy. A la ciudad que iba a 
ser baluarte de libertades y cuna de un lirismo emancipado — la 
«nueva Troya> de Dumas y la Atenas romântica de 1841 — le 
concedieron solo en 175/ el rango de capital provinciana. Por eso 
apenas gravitaron sobre su literatura el gongorismo, el clasicis- 
mo oficial y amanerado que Espaiia exportaba a sus colonias. 
A la oscura provincia ultramarina solo llego lo que no vino 
adrede: la copia en labios de aventureros, la copia ardiente y 
plebeya. Ni siquiera se aclimatô el romance. «Nuestro pueblo, 
decîa el argentino Gutiérrez en su estudio sobre «la literatura de 
Mayo», repudio instintivamente las aventuras picarescas de los 
truhanes y las hazanas de violencia y rapiiîa de que abundan 
aquellas relaciones asonantadas en que palpita la vida espanola.» 
Solo un hondo sentimiento florecîa en la copia. Y de la tierra en 
barbecho, del aima popular desamparada como la pampa vecina, 
hurana como los potros de su horizonte bârbaro, iba a irrumpir 
un canto propio, cuando en las tardes infinitas de aquella turbia 
Hélade, el mismo gaucho que blandia el lazo o las boleadoras, 
pulsaba la guitarra para la anônima poesi'a del cieUto. 

■ Y fué este lirismo de alquerîa, este canto de payador rebelde 
a todo canon literario, pero inspirado en su terruîio — «de rancho 
en rancho y de tapera en galpôn», como en el verso de Hidal- 



4l6 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGKLA TA 

go — , el que tal vez preservarîa por largos anos, a la literatura dcl 
Uruguay, del énfasis romântico. Porque el cielo es entonces la 
historia sucinta y popular de la hazana libertadora en America. j. 
Escrito para el pueblo, debe tener su simplicidad, su réalisme; y 
como observa Gutiérrez, las mas veces son de idéntica mano 
esta canciôn humilde y la arrogante oda. 

Desde las primeras horas de independencia, la literatura del 
Uruguay adquiere, pues, acento propio. Por todos sus géneros 
circula el mas noble y pintoresco afân de encastamiento. Si no 
inventé el américanisme, si Bello o Placido hacîan ya el inventa- 
rio apasionado de nuestra flora, tuvo en primicia el Uruguay 
poesîa gaucha, teatro local, novela rûstica. A Hidalgo le corres- 
ponde el desacato sublime de haber dado ciudadanîa literaria al 
payador. En diâlogos plebeyos inaugura una poesia y un tea- 
tro ( ' ). Rejuvenece con cielitos la poesia desnuda y fuerte dot 
pueblo, cuyos eternos temas son el amor o la muerte. Por esas 
calles de provincia independiente y vocinglera, Acuna de Fi- 
gueroa aplaca los extravîos românticos con su realismo apaci- 
ble, familiar y jovial. ÏNIarcos Sastre ve, en su Tempe argentino 
(naturalista poeta como Humbolt), aquel paisaje pampeano por 
donde van a pasar Caramurn y Tabaré. Acentûase con los 
anos este nacionalismo proteccionista. Magarinos Cervantes, Zo- 
rrilla de San Martin, Reyles o V^iana, fervientes espectadores 
del gaucho y su paisaje, inician, antes o después de la escuela 
de Medân, una retôrica nacional que tiene sus metâforas exclu- 
sivas. Un realismo frugal pudiera ser la faculté maîtresse de esta 
sensibilidad localizada. 

Realismo que se adivina b.asta en românticos cuando Berro 
destina su juventud a redimir la esclavitud cantando. Vision te- 
rrestre y pintoresca, que maravilla en Rodô cuando describe la 
comarca imaginaria de un cuento o el paisaje que no ha visto en 



( ' ) Véase «'! Apriidicr 



LA I.ITKKATURA IRl'CUAYA 4I7 

SU Montalvo; en Zorrilla de San Martin si evoca a Artigas o a 
Tabaré; y hasta en Herrera y Reissig, si, en Herrera, el Manet 
o el Pisarro. exorbitante de su paisaje natal, cuando sale a ver de 
su balcon la tarde impresionista que ya acribillan fugando las 
■spalomas violetas». 



I 



Primero los contjuistadores espanoles, después los jesuitas mi- 
sioneros, con mas dûctil y aterciopelada mano, trataron de re- 
ducir el temple de la indômita raza originaria. Divididos los do- 
minios de estos ûltimos en estancias que un jefe o cura presidia, 
cl Uruguay fué una Arcadia monâstica de pastores charri'ias; y a 
los errantes Meiibeos no se les podia pedir cultura alguna. No era 
costumbre de los padres favorecer la inteligencia del aborigen, 
ni entre los grandes terratenientes de Loyola vino de P'spana 
algûn poeta. Solo ochocientos volûmenes de moral y patrîstica 
contaba la biblioteca de los jesuitas cuando los expulso Carlos IN, 
en Julio de 1767 ( ' ). 



( ' ) En una ciudad fundada en 1726 no puedcn Uner larga historia la 
instrucciôn pûblica y la Prensa. Jesuitas y franciscanos acapararon la 
primera. «En cumplimiento del art. 28 del decreto de expulsion de los 
jesuitas, el Cabildo instituye, en 1772, en el local desalojado por la resi- 
dencia, una escuela pûblica y gratuita de primeras letras y latinidad» 
(Lorenzo Barbagelata, Artigas antes de 1810). Los franciscanos reempla- 
zaron a los jesuitas cuando éstos fueron expulsados, y en 1787, ampliando 
estudios, creaban una câtedra de Filosofia. Sin duda no era tan déficiente 
la instrucciôn que se daba alli a los jôvenes, pues surgieron, a fines del 
coloniaje, talentos como los Larranaga y Pérez Castellano, escritores 
iniciales de) Uruguay. El discurso pronunciado por Larranaga (Dâmaso A. 
Larraiiaga: Oracion inaugural que en la apertura de La Bibl/oh'ca Pi'iblica 
de Alontevideo dijo D. A. L., Ditector de este establecimiento , Montevi- 
deo, 1816); y los trabajos literarios de Pérez Castellano estân probando 
la avanzada cultura. El escrito mâs antiguo de este ûltimo, una carta que 

Rez'tu Hts/>itiiiifue. — I'. ^7 



4ï8 V. GARCfA CALTJERÔN, H. D. BARBAGELATA 



Pero el poeta popular, el «gaucho cantor», surgia ya en los 
campos. Del brasileno escapado de presidio, del espanol vian- 
dante, de toda union fortuita con las mujeres del paîs, nacia una 
raza holgazana y andariega, hidalga y pobre, que merodeaba 
cantando su pena bravfa. Es el revolucionario de manana, en 
quien se obstina la insumision del charrûa, el gaucho desconten- 
to que, con Artigas por jefe, va a libertar el Uruguay. A su 
aversion nativa por la Metrôpoli se suman entonces mas hondos 
motivos de rebeldîa. Como en la Revoluciôn francesa, hay que 
buscar en la uruguaya, junto con el malestar social, el motivo 
econômico. Las cortapisas impuestas al comercio, en contraste 
con la opulencia del vecino Brasil; el descontento por la venta 
de los empleos judiciales; la convicciôn que tienen los criollos 



«lirigîa a su maestro de latinidad, D. Benito Riva, entonces "de trânsito 
en Italia, importa, por tratarse de un relato circunstanciado de la vida 
uruguaya colonial. Signe a esta un pequeno Diccionario de algimas pala- 
bras de la lengua «Auca» y una poesi'a inspirada por el perro que acom- 
paùa a un ciego, cuando Cristo repite el miiagi'o de devolverle la vista. 
Esta ûltima, que, como otros trabajos de Pérez Castellano, se encuentra 
en un manuscrito inédito titulado Caxôn de sastre, esta escrita en francés 
dudoso y versos macarrônicos. 

La Memoria de los acontecimicntos de la guerra actual {\%ob) en cl Rio 
de la Plata, por el presbîtero Dr. Jo?é M. Pérez Castellano, inédita aûn 
(y de la que tenemos una copia entre manos) no podrîa ser considerada 
como obra literaria a pesar de estar escrita en tersa prosa. Alguna de 
sus paginas y las citas frecuentes de Horacio y Ovidio nos indican las afi- 
ciones del autor y sus contemporâneos. Reputa por tan buena, que «se 
puede hombrear con lo mejor que en esa lînea se ha impreso en caste- 
llano y en las pocas lenguas que yo conozco» una oda a la reconquista, 
adocenada y clâsica, que publicara el argentino D. José Prego de Oliver. 

El primer periôdico uruguayo apareciô en 1807, en la época de la efî- 
mera soberanfa britânica. Era bilingue y se intitulaba La Estrella del 
Sur. Después apareciô la Gaceta, redactada, primero, por D. Nicolas He- 
rrera, y mâs tarde, de 181 1 a 18 14, por Fr. Cirilo de Alameda y Brea. En 
El Nacional, Lamas y Cane propagan la cruzada romântica. AUî escriben 
Alberdi, Frîas, Domi'nguez y Rivera Indarte, quien dirigiô el periôdico 



LA LITERATURA URUGUAY A 4I9 

■de ser <:!os ûltimos en gozar de los beneficios y los primeros 
en Ilevar todas las cargas>; la democrâtica igualdad de esa vida 
agraria; la misma pasajera dominaciôn inglesa, que iniciô a los 
uruguavos en los «secretos del gobierno libre», todas las causas 
insuperablemente expuestas por Bauzâ, estimularon la reaccion 
libertaria, favorecieron su éxito fulminante. 

No debe sorprender que una literatura inaugurada con la 
Patria tenga por tema exclusivo la Libertad. La poesfa solo pudo 
ser trasposicion del patriotismo, como en los versos de Hidalgo, 
llegândose desde las primeras horas de vida independiente a 
€sa «santa conspiraciôn del poeta y del ciudadano», que elogiara 
mas tarde un escritor ilustre. Por quince anos casi todo poeta 
del Uruguay esta a caballo. Esa novia inconsistente y suspirada 



de 1839 a 1845. Antes de que El Comercio del Plaia, de Juan Cruz Va- 
rela, se transformara en el diario mas importante de Montevideo, desde 
el punto de vista histôrico y literario, otros muchos de vida efîmera tra- 
taron de rivalizar con él y sobrepasar su véhémente propaganda. El Co- 
mercio del Plata, El Nacional y El Tris son los très periôdicos que mejor 
representan la iniciaciôn y el desarrollo de aquel gran movimiento inte- 
lectual. De 1844 a 1851 se publicô, en las filas del ejército rosista, El 
Defensor de la Iiidepcfidencia Amcricana, a que aludiremos en estas pagi- 
nas, redactado por D. Carlos G. Villademoros. 

Ha concluîdo el Sitio Grande y la prensa cobra nueva vida. Se funda 
en 1863 un diario de énorme prestigio y decisiva influencia. En El Siglo 
se afirman talentos como los de José Pedro Rami'rez y Julio Herrera y 
Obes. Es, en. una época de apasionadas luchas, el periôdico girondino 
por excelencia; y contribuye a preparar una democracia libre de tiranîas. 
Por el nombre ilustre del fundador, mas que por sus doctrinas reaccio- 
narias, tuvo gran resonancia El Bien Publico, de Juan Zorrilla de San 
Martin (1878), fundado para contrarrestar la influencia de La Razàn, que 
es, con El Siglo, el gran ôrgano de la acciôn libéral. El insigne novelista 
Eduardo Acevedo Diaz comenzô a dirigir en 1895 El Nacional, que fué 
uno de los mâs prestigiosos diarios de Montevideo. Iniitil nos parece 
ïigiegar en esta brève nômina el nombre de otros también importan- 
tes, como El Plata, El Heraldo y El Dia, que dirigieron, respectivamen- 
te, Carlos Maria Ramîrcz, Julio Herrera y José Batlle. 



420 V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGtLATA 

en los versos ciel milonguero o del payador ha hallado nombre. 
Por la Libertad se combate en las Piedras y en el Cerrito. Por 
ella, con treinta y dos temerarios, desembarca Lavalleja a enian- 
cipar o a morir; y Larranaga ha visto a Artigas, vestido de azul 
como un paisano, envuelto en su «capote de bayetôn», pobre y 
sencillo, como el sublime capataz de la estancia uruguaya. De 
l8ll a 1826, Montevideo es una encrucijada de argentines, por- 
tugueses y brasilenos. La patria, emancipada en el 1814 por la 
cruenta Victoria del Guayabo, comienza a hablar portugués bajo 
la tutela advenediza. Acuna de Figueroa habîa de satirizar mas 
tarde esta «influencia fatal del extranjerismo» que alteraba las 
costumbres y la lengua. Pero en Sarandi, en el Rincôn de las 
Gallinas (182 5), queda extirpado el mal; y la Victoria de Ituizain- 
gô (1826), con la reconquista de las Misiones, cierran aquel tris- 
te paréntesis. 

^Cômo pedir a estos guerreros del Rio de la Plata otra cosa 
que el himno y que la oda? Todo habia de resonar marcial y 
heroicamente. En las escuelas mismas, nos cuenta en 18 17 el 
viajero Brakenridge, solo se enseiïaba «a leer, a escribir, y a 
cantar la Patria^). Cuando los pies llegaban al estribo, los ninos 
desertaban de la escuela y era su école biiissoutiicre el vivaque. 
Por eso el argentino Juan Cruz Varela se sorprendîa de que los 
escritores de su pais desconocieran el género descriptivo. ;Qué 
podîa hacerse, en realidad? Se escribia para exaltar el combate, 
para cantar agresivamente la libertad en peligro. El poeta era, 
ante todo, un buen republicano. «Sus cantos son acciôn». Des- 
pués, con mâs reposo, con la fatiga de tantas luchas, se extra- 
viarân, por las orillas del mar o el lindero del bosque umbrio^ 
los Rafaeles y los Renatos, hallando consonancias entre esta sal- 
vaje naturaleza y su aima hurana. Por el momento, el bosque es 
solo asilo de patriotas; y en las riberas românticas espéra a Ar- 
tigas la barca que ha de llevarlo al falucho de los diputados de 
Buenos Aires, o avanzaa con sigilo, hacia la gloria, los treinta y 
dos de Lnvalleja. 



LA LITERATURA URUGUAYA 42 1 



No todo fué, sin embargo, exorbitante lirismo. Francisco Acu- 
iïa de Figueroa, que en su Diario del Sitio trazô la historia rima- 
da de aquellas horas de fiebre, nos cuenta que el patriotismo v 
la guerra no excluyeron, alguna vez, risuenas treguas. Llega en 
la noche un contrario, que propone dejar detrâs de un terraplén 
verdura y carne fresca en cambio de un frasco de caiia fuerte. 
Con uniforme de dragon «preiîado de gacetas y folletos», sa- 
can los combatientes un murîeco «por gracejo, en un flaco reyn- 
jio hacia el camino». En el Carnaval de 1813, las charangas del 
baile popular formaban la mas extrafia consonancia con el es- * 
tampido de los canones. Y si faltaban cascarones de huevo para 
empapar al vecino, se buscaban boisas de cal para encanecerlo... 

En esas horas turbias, cuando, a través de rivalidades régiona- 
les, la idea de patria iba formândose, cuando la reciente inde- 
jiendencia peligraba, el poeta popular saliô del pueblo. Eue un 
oficial de barberîa (') quien cantô los primeros triunfos, rudo y 
tierno a la vez, como su raza criolla, mezclando interjecciones de 
-establo con diminutivos carifïosos de vidalita. Bartolomé Hidal- 
go (178S — ?) es, cuando quiere, el menos solemne de los poetas, 
y por lo mismo el legitimo portavoz de su tierra gaucha. Sus 
poesias son cielïtos que cantarân en la guitarra los payadores; son 



(i) Es comiin opinion, que también acepta Leguizamôn en su exce- 
lente estudio sobre Hidalgo (De cepa cr/ol/a, Buenos Aires, 1908). Naciô 
en Montevideo el 24 de Agosto de 1788, segùn el mismo autor, que viô 
su partida de bautismo en el Archive de la curia. Habfa sido nombra- 
do comisario de guerra en 1802. Viviô después en Buenos Aires, con- 
trajo allî matrimonio y muriô joven. Era empleado de la Aduana de esta 
ciudad desde 1814. Gutiérrez, que fijaba su nacimiento en 1791, dice ci- 
tanclo a Rivera Indarte, que era de «constituciôn débil y enfermiza». 
Aiïade que el empleo de comisario del Ejército «le fué concedido por la 
Junta de Buenos Aires en 18 de Octubre de 181 1, a consecuencia de la 
recomendaciôn que mereciô el benemérito patrîota D. Bartolomé Hidalgo 
por su conducta en la restauraciôn de Paisandû». 



422 V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGELATA 

diâlogos de vate primitivo, de aeda carnpesino, con toda la fresca 
ingenuidad y el hondo sentido justiciero de los pueblos ameri- 
canos. Asi florece definitivamente la poesîa espontânea de nues- 
tro suelo. Ya no es la copia violenta, no es el romance. Las mas. 
enérgicas declaraciones de los aelos tienen el acento pintorescO' 
del gaucho y contrastan escandalosamente con las odas pompo- 
sas de independencia. 



«Coraje -^ latôn en mano, 
y entreverarnos al grito 
hasta sacarles el guano.» 

«O reconocernos libres 

o adiosito y sable en mano». 



Asi hablaba Hidalgo al pueblo en su lenguaje. Era natural que 
hasta los confines del Uruguay resonara su patriotismo en las gui- 
tarras. No siempre se expresabaasi: anodinamenteclâsicas son las 
composiciones de primera juventud, su Marcha oriental de l8l l; 
el monôlogo los Senthnientos de un patriota^ representado en el 
teatro de Montevideo la noche del 30 de Enero de 1816; las 
inscripciones «colocadas en el pedestal de una hermosa pirâmi- 
de artificial formada en celebridad del aniversario del 25 de 
Mayo de 1816, en la plaza de la ciudad de Montevideo» (' ) y el 
antiguo Himno nacional. Escribe como Araucho, como el Fi- 
gueroa de los malos momentos. Neptuno o Leonidas, toda una 
postiza antigtiedad aprendida en el coiegio, reluce en estos ver- 
sos; pero alli mismo resuena y se repite como un sésamo fer- 
viente la palabra deslumbradora de libertad. «Es la muerte par- 



I ' ) Algunas de estas poesîas las copia el Parnaso oriental de la Lira 
ar^entiiia, Paris (1824), publicada por. D. Ramôn Dîaz. 



LA LITERATURA URUGUAYA 423 

tidn iiieior > dijo en el himno; y las composiciones populares de 
Hidalgo propagan el dilema de «libertad o muerte». Su primer 
ensayo en el feliz género plebeyo, inventado por él, es, segûn 
l.eguizamôn, el «cielito patriôtico que compuso un gaucho para 
cantar la acciôn de Maipû». Su primera obra conocida de que 
tenemos noticia, el cielito a la venida de la Armada espaîïola 
en 1810. Su mas aplaudida inspiraciôn, los dialogos famosos. 
Entra la Patria^ pero mil facciones siguen desgarrândose en el 
Uruguay como en America, y las antiguas injusticias perduran. 
Ha censurado aquél la peligrosa désunion en sus primeros ver- 
sos; su desencanto por las famosas libertades, tan anheladas y 
tan menguadas, se arnioniza perfectamente con el lenguaje semi- 
gaucho de su Didlogo patriôtico. Ocurre la charla «entre Jacinto 
Chano, capataz de una estancia en las islas del Tordillo, y el 
gaucho Ramôn Contreras, vecino de la Guardia del Monte». 
La escena en casa del paisano Contreras es encantadora y uru- 
guaya. Terciados los ponchos, mientras afuera piafa el manca- 
rrân^ ambos amigos hablan del pasado y sus desengafios. Hierve 
el agua para el mate amargo. Y en la hora meridiana es suave 
contar miserias viejas. De casi nada ha servido la devociôn a la 
santa causa. Diez afios de combates solo acendraron el «eterno 
rencor>^. Todos quisieron gobernar, y una tropilla de pobres 
< metida en su rincon canta al son de la miseria». Ante las leyes 
no son «lo mismo el poncho que casaca y pantalon»; y, sin em- 
bargo, se derramô por la igualdad tanta sangre. ^Dônde se fue- 
ron los dineros? Si pide un invâlido un socorro, «le largan una 
camisa..., unos cigarros, y adiôs». «^Roba un gaucho un manca- 
rr6n?> Presidio largo. Pero a su antojo delinque el personaje. 
Todo el diâlogo es asî, resignado y vencido como la pena del 
jjueblo. 

Esto cîijo el viejo Chano 
y a su pago se marchô. 
Ramôn se largo al rodeo 
y el diâlogo se acabô. 



4-4 \'- GARCIA CALDER()N, H. D. BARBAGELA TA 

Tan pintoresca como esta es la Relaciôn de las fies tas mayas 
celebradas en Buenos Aires en 1822. «A partir de esta fecha, 
dice, Leguizamôn, el cantor criollo enmudece para perderse en la 
sombra de un misterio impénétrable». Pero el género rûstico y 
sencillo, como las estampas de Epinal, estaba destinado a pros- 
perar, Toda una generacion de discîpulos, Aniceto el Gallo, Ani- 
ceto el Polio, hasta el autor argentino del admirable Martin Fic- 
rro., interpretarian también la vision reducida, pero fuerte, que 
el gaucho se forma del universo. 

Pocos libros ofrecen mas exacta imagen de aquellos tiempos 
que el Parnaso oriental o Guirnalda poética de la Repùblica Urii- 
gnaya (183 5j, hasta en el simbolismo de las vinetas, en donde 
alternan liras con panoplias y un sol con faz humana, un cân- 
dido sol de aurora cîvica, no esta lejos del indispensable gorro 
frigio. 

El mismo eclecticismo muestran los versos, junto al «des- 
ahogo poético de un patriota oriental», un «soneto a Pilis fugi- 
tiva>, y los diâlogos familiares de Hidalgo, con algûn reto sobrio 
del argentino \'arela. Son casi siempre los del Parnaso versos 
misérrimos de inspiracion y de rima cuando no es Acuna de P i- 
gueroa el cantor, porque nada mas distante de la sagaz lentitud 
del yunque parnasiano que esta improvisada canciôn de poetas 
de poncho, que tienen prisa de terminar entre dos batallas. Com- 
batiente es Hidalgo, que entona en esas paginas una marcha 
oriental, sargento es D. Eusebio V^aldenegro, de quien leemos 
allî la famosa décima inscrita en la bandera blanca y roja, con 
secretos pliegos para el Cabildo, en 181T, cuando ponfan sitio a 
Montevideo los patriotas encabezados por aquel «modelo de los 
hombres libres», que era Artigas, en la oda heroica de Araucho. 
( )tra vez, como en los tiempos de aedas o de juglares, los poetas 
son interprètes del delirio comûn, diputados lîricos porcuya ge- 
nerosa alquimia se mudarâ en clara estrofa la turbia rebeliôn de 
estos comicios de la Libertad. Renan evocaba un dîa las aldeas 
medioevales, en donde el menestral y el artesano dormian pacifi- 



LA LITERAl'URA URUGUAYa 42 5 

camente por las noches, porque allf cerca oraban, en la iglesia 
iluminada, los intermediarios de lo Infinito. Delegados de! cuito 
nuevo, que es la Libertad, parecen conjurartambién estos poetas, 
coaio Juan Cruz Varela en el Parnaso, «aquella ingrata noche» 
hispana. Asoma el sol en la manana del 25 de Mayo de 1816, y 
lo saludan entre salvas, en la plaza pûblica, los ninos de las es- 
cuelas de Montevideo entonando una cancion de Francisco 
Araucho. Sobre el pedestal de una piramide festiva, en la misma 
plaza, Bartolomé Hidalgo inscribe en versos el lema que «Mayo 
V Victoria» solemniza. Se inaugura el pabellon de la Repûblica 
con un soneto de Figueroa, y son de Figueroa los versos que 
decoran los transparentes del edificio del Consulado, cuando se 
jura la Constituciôn de 1830. El mismo poeta escribe el soneto 
que ha de recitar «el Genio de la Libertad, en la comparsa de 
los Seilores del Comercio». Pero Figueroa, el prôvido y afluente 
cancionero, no puede escribirlo todo. Poetas menores le reem- 
plazan, y mas de una vez el buen fin justifica las rimas déplo- 
rables. 

El entusiasino patriôtico, la sinceridad de aquella fe republi- 
cana magnifican, sin embargo, incultes versos y prestan a sus 
autores, asî sean orientales o argentines, un parecido fraternal 
en la expresiôn, como el poncho oscuro y la insignia roja herma- 
naban, sin duda, a los blandengiies. Cuando mas tarde los poetas 
del romanticismo, con tan sibilina idea de su mision, quisieron 
dar tlamante autoridad de cetro al tirso antiguo, solo evocaban 
tal vez, y esto pudiera excusar su vanidad, aquella brève sobe- 
rania lîrica. Pero tan clara estirpe de voceros no co'nociô nunca 
la jactancia, el énfasis cabotin de los românticos. Los arremolina 
y agrupa, como en la Marsellesa de Rude, el mismo viento de 
libertad que entrelaza los mantos y se Ueva confundida la voz del 
grupo insurrecto. 

Estos cantores modestisimos anteponen siempre el renom- 
bre nacional a la propia fama, y al pie de las poesias del Parna- 
so se lee mâs de una vez «de incierto autor», o las firman 



420 V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



«un hijo de Montevideo» y «un patriota», como en tiempo 
de gesta y romancero permanecîa anônimo el cantor de la aven- 
tura comûn ( ' ). 

Mezclado a los efusivos libertarios del Parnaso, alternando con 
ellos en grandilocuente patriotismo, pero autor al mismo tiempo 
de madrigales o de cielitos, D. Francisco Acuiîa de Figueroa 
(1790-1862) sorprende y desconcierta. Un destino singular 
equivocô en veinte aiîos, por lo menos, el nacimiento de este 
poeta, que un cuarto de siglo antes, en mas prospéra colonia, 
hubiera sido el lîrico oidor dealgûn virrey limefio y poeta. Cuanda 
leemos los doce tomos de tan varia y amena literatura, creemos 
tener de nuevo entre las manos esos volûmenes de antologia 
griega, en donde un coro de can tores votivos y de traviesos Ga- 
nimedes de la selva sagrada celebran, con el mismo desenfada 
élégante, el don de un panai en una tumba y la gracia de una 
guirnalda en una cabellera. Para tal poesîa, decorativa y fugitiva 
como las rosas que canta, parecia nacido exclusivamente este 



( 1 ') En mâs detenido estudio analizanamos las semejanzas del naci- 
miento de esta poesîa heroica y popular del Rio de la Plata con los ori- 
genes espanoles del romance, aplicando las conclusiones del Sr. Foulché- 
Delbosc, en su Essai sur les origines du Romancero. Prélude (Paris, 1912 . 
A la imposibilidad, demostrada por él, de ver en el romancero una crea- 
ciôn colectiva, pudieran servir de ejemplo y de comprobaciôn ciertos re- 
lates épicos de Hidalgo, que se dirîan también escritos por una multitud 
de quien conservan el acento familiar y cordial. El poeta, contemporâneo 
de los sucesos que canta, adopta para la narraciôn, como en Espana, la 
forma vivaz y sobria del diâlogo. Se pierde mds de una vez en la bruma 
que envolviô a los juglares; y hay cielitos anônimos. que son de Hidalgo 
probablemente. 

Para llegar a la expresiôn original se comienza imitando, se adapta y 
modifica la antigua copia espaiiola. Ciro Bayo, en su muy interesante 
Romancerillo del Plata^ ha copiado versos patriôticos en donde el poeta 
popular se limita a -^onç^r godo en vez de jnoro^ atacando a Espana con sus 
propias armas. 



LA LITEKAXLKA UkUuLAVA 42/ 

Anacreonte del Uruguay que tué su Béranger y, como decîa un 
viajero francés, en 1845, su Rouget de l'Isle ('). 

Escribiô con la misma vena (casi diriamos con igual placer) 
el canto nacional y « versitos para bordar en un panuelo», su 
admirable traducciôn del salmo Super flumina Babilonis y estro- 
fas en forma de botella. Su abrumadora facilidad recuerda la 
boutade de Nietzsche cuando define a Jorge Sand como «la vaca 
léchera del buen estilo». Prôdigo don, que asombra a los con- 
temporâneos por su fertilidad y su variedad. Florencio Varela 
aseguraba, en el prologo a una colecciôn de poesias hispano- 
americanas, interrumpida por la brusca muerte del colector, que 
Figueroa «manejaba el chiste como Aloreto» y «el movimiento 
feliz del equivoco como Ouevedo>, al ensayar el género festivo; 
y que en sus poesias religiosas aventajaba quizâs a Racine y a 
Fray Luis de Léon (*). 

Todo se mezcla, oda y charada, ôptimo lirismo y poesîa de 
aimanaque, en esos tomos que no se dirian obra de un solo autor, 
si no resumen de una época. Poetiza en portugués, improvisa un 
brindis casero o canta la mas reciente Victoria; es el cronista en 
verso de la actualidad uruguaya de medio siglo. Y como si pre- 
tendiera desconcertar, o tal vez con el secreto orgullo de su vario 



( I ) Adolphe Delacour, en su curioso libro titulado Le Rio de la Plata. 
Buenos Ayres et Montevideo, Parîs, 1845. 

(a) Francisco Acuna de Figueroa: oda A la Jura de la consiituciôn 
poliiica del Estado oriental del Uruguav y otras composiciones menores. 
Un folleto, Montevideo, imprenta de la Caridad, 1830. 

El Dies Irœ y el Sacris Solemnis {X.Y'à.dncxûo'^ en verso). Un folleto, Mon- 
tevideo, imprenta de la Caridad, 1835. (Rescripto de Mariano Medrano y 
Cabrera, obispo de Buenos Aires, por el que se conceden cuarenta dias 
de indulgencia por la lectura de cada una de las estrofas de la traducciôn 
de Figueroa.) 

Mosaico poético (impreso por entregas). Un libro, Montevideo, imprenta 
<lel Liceo Montevideano, 1857. 

Obras complétas. Doce volùmenes en 8.*' mayor, Montevideo, 189t. 



428 V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

talento, no quiso deslindar en la ediciôn de sus obras complé- 
tas, lo transitorio de lo que pudiera ser perenne. 

Era un clàsico manso y familiar, un hombre de otro siglo, a 
quien imaginamos fâcilmente, como en su «autoretrato», en ca- 
mino a la infalible partida de mus, con varita y antiparras, con su 
lunar en el «diestro carrillo:>, contando cuentos verdes, que inte- 
rrumpe para subrayar una malicia o, mas frecuentemente, para 
tomar râpé. Por su gusto no elevaria jamas el tono de esta charla. 
Pero vive en épocas de asonadas y montoneras. Para cantar la 
Patria hace falta escandalosamente un gran poeta, y no pu- 
diendo siempre ser Tirteo, el uruguayo fué por lo menos Beran- 
ger. Y porque no quiso sino transitoria, ocasionalmente, embo- 
car la trompa épica, porque se hallaba a sus anchas en los linde- 
ros de la poesia fugitiva y el madrigal, supo siempre huir del én- 
fasis. Este poeta urbano parece preservar al Uruguay, desde los 
primeros anos de independencia, con su buen sentido risueiio y 
campechano, de aquellos extravîos que nos ofenden en los gran- 
des românticos, del discurso rimado y la arenga en verso ('). 

Nacido en Montevideo el 3 de Septiembre de I/QI, estudiô en 
Buenos Aires desde 1804 hasta 1807, en que regresô al suelo 
natal. Dicen sus biôgrafos que escribîa excelentes poemas en 
latin y tal vez ya en castellano; pero su primera obra conocida 
es el Diario histôrico. 

Se hallaba en Montevideo de I." de Octubre de 1812 a 23 de 
Junio de 1814, cuando asediaron la plaza las tropas libertadoras 
uruguayo-argentinas, y aliï va rimando aquella vida. Desmenuza 



( ' ) Alejandro Magarinos Cervantes diri'a mâs tarde ingenuamente 
estas palabras, que expresan con précision la flaqueza de muchos versos 
românticos: 

Hay siempre poesi'a en la elocuencia, 

Hermanos son el orador y el vate. 

(Aimas hermanas). 



LA LITKRAirKA UKUlJUAVA 429 



la epopeya, la hace crônica; reduce a copia la oda heroica. Copia 
ardiente y callejera, cielito que va rodando por esas calles y per- 
petuândose hasta perderse en la historia, acompanado por la gui- 
tarra del pueblo. Pocas obras mas vivientes y verîdicas, porque 
en ella se entremezclan la guerra y la paz, el heroîsmo y la tri- 
vialidad. El Diario c/^'/i'zV/c» es historia rimada de cronista que mira 
con ojos (le Saint-Simon. Fâcil séria imaginar la manera como 
un gran romantico (Berro o (jômez) hubiera escrito la tragedia 
cotidiana del sitio: de sus paginas afiebradas se elevaria una vision 
brumosa de Lacedemonia exorbitante. Mas Figueroa nos cuenta 
la existencia heroica y municipal de los sitiados; el robo de unas 
gallinas como las balas que interrumpen una procesiôn; la histo- 
ria del soldado que prétende castigar al amante de su mujer v 
sufre «tras cuernos palos> ('); el numéro de balas del bombar- 
deo; la osadîa de los contrarios, que se aproximaron anoche «a 
cantar versos y decir chufletas>; la distribuciôn de farina y carne 
seca a «quince centenas de esqueletos varios»; las privaciones, 
las emociones, las esperanzas, en variedad de acentos y de mé- 
tros, de lo jocoso a lo patético y de la décima callejera, como los 



( ' ) Copiâmes el epigrama para mostrar grâticamente el genio de Fi- 
gueroa, inalteralî'.emente zumbôn en esas horas amargas: 

jj; de Xoz'iembre de 1812. 

A su mujer un herrero 
hoy con un soldado hallô, 
asi Vulcano encontrô 
a Venus con Marte fiero; 
la ofensa nupcial severo 
quiso el Ciclope vengar, 
pero el traidor militar 
moliô a palos al marido; 
lo cual propiamente ha sido 
tras cuerfios falos sacar. 



450 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

cielos que cantan sitiados y sitiadores, al himno con pretensiones 
de homérico. Todo ello no es, por supuesto, de primera calidad; 
pero el poeta ha completado allî su aprendizaje. «Es digno de 
notarse, observa el anônimo autor de unas Noticias biogrdficas 
acerca de Francisco Figueroa, que en todo aquel perîodo del Go- 
bierno espanol, hasta que se rindiô la plaza, ni en tiempo de la 
dominaciôn portuguesa, no publicô el Sr. Figueroa un solo verso 
en favor de los dominadores de la patria, aunque vivia en el par- 
tido realista». .jEra legitimista convencido el futuro cantor del 
Himno nacional? Por lo menos no mostraba en sus versos el en- 
tusiasmo cîvico de mas tarde, y cuando ocuparon la plaza los 
argentinos en 1814, se alejô a Rio de Janeiro, para regresar 
cuatro aiïos mas tarde a Montevideo, viviendo alli hasta su muerte 
{2 de Octubre de 1862). El pacîfico poeta halla su alero en la 
Biblioteca Nacional, que dirige. En largos anos de vena inal- 
térable iba a dejarnos un Mosaico poético^ como titulaba él 
mismo, en 1857, los dos tomos incompletos de su obra. Todo 
cuanto anunciaba el juvenil cantor del Diario histôrico se ha 
confirmado y acentuado: el infrecuente, pero robusto don pindâ- 
rico y la gracia de la sâtira sin veneno. De los doce compactos 
volûmenes de obras complétas que por encargo oficial editara 
Ma.iuel Bernardez, ha separado va la admiraciôn de sus compa- 
triotas el Himno nacional, algunas poesîas religiosas, dos o très 
ioraidas y casi todos los epigramas. 

Mientras con esta inspiraciôn risuena y clâsica parece prolon- 
garse el eco de otro siglo, se opéra en el Uruguay la cisiôn de- 
finitiva con el pasado; y Figueroa va a ser pronto el sobrevi- 
viente, el anticuario. Montevideo, aldea oscura antano, ciudad 
moderna j'a, la primera cosmôpolis de la America nueva, reûne 
la gracia colonial con las mas recientes innovaciones de la vida 
y el arte. La llaman Atenas, «Nueva Tro^'^a». Alli se han refu- 
giado los primeros românticos de la poesîa o de la politica. Allî» 
Echeverrîa y Garibaldi, a quienes la imaginaciôn confunde cari- 
ilosamente, pues no acertamos a distinguir si el poeta de La Cau- 



1 



LA LITERATURA URUGUAYA 431 

tiva era almirante de las dos goletas liricas del puerto, o si, para 
alguna batalla de Hervani, flotaba al viento marino aquella ca- 
misa roja y agresiva como el escandaloso chaleco de Gautier. 
«Ornato a un tiempo y alino», como cantaba Figueroa, es la in- 
signia color de sangre, y a sangre olîa el Uruguay. 

Pero el patriotismo férvido no excluye el romanticismo lân- 
guido. Esa oriental que canta en el piano la romanza de la 
Estrella y se pierde ondulando por la calle 25 de Mayo hacia 
la Iglesia, es la misma que se entusiasma por el caudillo Ori- 
be, o nombra a Rivera (jcon que sûbita llamarada en los ojos!) 
el fuerte brazo de la patria. Idéntica pasion, observa un viajero, 
anima al amor y a la politica. Y tan vivaz hoguera atrae desde 
lejos. Cuando la libertad esta en peligro por una tirania castiza, 
mas temible que la antigua, acuden a refugiarse y conspirar los 
enemigos de Rosas, los quinientos voluntarios italianos de la lé- 
gion que manda Garibaldi. AUi esta Rivera Indarte, azuzando a 
Rosas desde las columnas de El Nacional. José Mârmol, en sus 
«strofas insignes, le echa en cara al tirano las cadenas de su pa- 
tria y no la afrenta propia. Juan Maria Gutiérrez, Alberdi, Mitre, 
Echeverria, en fin, forman como una nueva mazorca literaria. La 
mas activa vida intelectual coïncide con esas âlgidas horas de la 
defensa de Montevideo, que ha descrito Andrés Lamas, cuando 
era necesario improvisarlo todo, pan y pôlvora; cuando el pré- 
sidente Joaquin Suârez entregaba su fortuna personal para salvar 
la patria, y respondia hidalgamente al ministro que le aconsejaba 
consei'var recibo de sus préstamos: «Yo no llevo cuentasa mi ma- 
dré». Se fundael InstitutoGeografico-histôrico en 1843; laUniver- 
sidad, en 1845. Hasta parece que laaudaciaguerreradierapâbuloa 
las ideas avanzadas. Cuando Garibaldi es almirante, no debe sor- 
prender que los suenos sociales de F'ourrier tengan un ôrgano elo- 
<:\xçT\\.ç:^ Le Messager^ queredactabaun tVancés emigradoy sofiador, 
Eugène Tandonnet. Y si el primer romântico uruguayo, Adolfo 
Berro, consagra mas tarde su brève juventud a redimir al esclavo, 
su filantropîa parece la ensenanza del francés sociôlogo y poeta. 



432 V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGELATA 

Un soldado se destaca arroganteniente en esa lucha. Es un 
antiguo vencedor de Ituizangô que escribe versos (^). Soldado 
raso a los quince anos, habîa militado en 182 5 en la campana 
argentina contra el Brasil. El organiza la resistencia del Sitio 
Grande, instruye a los voluntarios, arbitra recursos y contingen- 
tes. El gênerai D. Melchor Pacheco y Obes (1810-1855), minis- 
tro de la Guerra, ha dejado escasas, pero sentidîsimas poesias, 
como El cementerio de Alegrete. Enviado a Paris por el Gobierno 
de la Defensa, procura a Dumas los documentos para el librito 
véhémente y apasionado Montevideo una nneva Troya (-). Asî 
se completaba el prestigio romântico del Sitio Grande: un mos- 
([uetero de barba rubia, exorbitante, legendario, combatîa por la 
libertad del Uruguay, y Dumas era el Homero de esa Ilîada 
menor. 

Espontânea consecuencia de aquella vida emancipada, el ro- 
manticismo no obtuvo, sin embargo, un éxito fâcil e inmediato. 
El genio espanol, tan peculiar, tan arraigable, dejaba incrustados 
algunos rasgos en la naciente colonia, y de su clasicismo quedi'> 
un discîpulo ilustre. En La malambriinada^ de Figueroa, asistimos 
a esa guerra literaria. Habla el agudo clâsico de los poetas que 
llegaban «difundiendo sus tropos de maldiciôn, Satan y otros pi- 
ropos»; pero mas explicitamente el epigrama titulado El român- 
tico y la canipesina^ traduce su actitud ante la escuela violenta: 



(^ ) Melchor Pacheco y Obes, Una fiesta guarani {cox\\'^o%\c\(}'c\ pot-tic.t 
dedicada a Adolfo Berro). Doce paginas, Montevideo, 1840. 

Del 1849 al 185 1 publicô en Paris una série de folletos destinados a 
defender, contra la propaganda rosista, a los defensores de Montevideo. 

( 2 ) Antes que él, Acuna de Figueroa habi'a dicho, hablando, es cierto. 
del primer sitio de Montevideo: 

Por eso este sitio 
Pienso, para mf, 
(Jue con el de Troy.i 
Vendra a competir. 



LA LITERATURA URUGUAYA 433 

Un romântico a Rupert.i 
dice: «jMaldiciôn, Satan!, 
hélo cual ruge el volcan.» 
Y ella, con la boca abierta. 
«Hélo al corazôn latiendo, 
que como un péndulo oscila», 
^\Qv\é pendo'n, ni que mocJiila\^ 
responde ella, «no lo entiendo». 

(Epigrama 76.) 

En esos nueve anos fulgurantes del Sitio Grande ( 1 842 a 1 8 5 1 ), 
cuando Montevideo, cercado e invulnérable, merece la admira- 
cion universal, coinciden, por una extrana paradoja, el clasicismo 
risuefio de Figueroa con los arrebatos de Mârmol; himnos o la- 
mentos de los nuevos poetas, con esa Ilfada fragmentaria y sin 
fausto, en donde el literato patriarcal del Uruguay iba cantando, 
como un Montaigne que escribiera para honibres de poncho y 
de chiripd, la humilde epopeya de su barrio. 

Preciso es confesar que en tal medio debîa parecer Figueroa 
un desterrado. Todo, hasta el drama del Sitio, favorecia el ro- 
manticismo. Montevideo era entonces alquitara universal de ideas 
y de razas. La ciudad, en su aspecto fîsico y moral, se transfor- 
maba vertiginosaniente. Cualquiera novedad fecunda era adop- 
tada en seguida, lo mismo el daguerreotipo que las ideas sociales 
de Saint-Simon; asî la arquitectura neoclâsica del Imperio como 
la rebeldia literaria del prefacio de Cromzuell. «Todo se ha trans- 
formado, las cosas y los hombres mismos», escribia Sarmiento. 
el autor de Facundo., el 26 de Enero de 1846, en el apogeo de 
la guerra. «La que dejé en 183I fortaleza y ciudadela es hoy 
mercado... En lugar de aquella Matriz que reunîa a los antiguos 
fieles, encuentro en el punto que la dejé un cubo de fortifica- 
ciones, un templo cuyas énormes columnas de gusto griego y sus 
decoraciones interiores estân revelando que otro culto y otra 
creencia han tomado posesiôn del suelo... El gaucho, con su cal- 
zoncillo y chiripâ en el poste de una esquina, pasa largas horas 
en su inactiva contemplaciôn... y aturdido en presencia de 

Revue Hispanique. — P. îS 



434 ^- <JARCIA CALUERÔN, H. D. BARBAGtl.AlA 



este movimiento en que, por su incapacidad industrial, le esta 
prohibido tomar parte, busca en vano la antigua pulperia... La 
pulperia se ha convertido ahora en una auberge^. Y mientras el 
gaucho se estaba asi entumido, sin alientos para entonar cielitoSy 
cuando la ciudad sonaba a factorîa, los escritores modernizaban 
SLi Babel, traduciendo toda novedad cosmopolita o explayândola 
mas de una vez en lengua ajena. De los treinta periôdicos publi- 
cados entonces (numéro verdaderamente indicador del ritmo de 
aquella vida) los hubo por lo menos en très idiomas extranjeros: 
L' Echo (1839 a 1843), Le Messager, al que ya aludimos, L Ita- 
liano (1841 a 1842), The Britannia and Montevideo Reporter 
(1842 a 1844). El mismo pûblico que los lee es extranjero. Un 
censo de 1843 arrojaba, por once mil y tantos uruguayos, mas 
de seis mil franceses y de cuatro mil italianos, sin contar espa- 
lîoles, argentinos y brasilenos... 

Trasfusiôn de sangre generosa que preparaba la ardiente cos- 
môpolis. Esta lucha de sitiados y sitiadores envolvia, como lo 
observô muy bien un francés, el mas alto simbolo. «El problema 
que ha presentado Montevideo de 1842 a 185 1, afirmaba mâs 
tarde (1864) Benjamin Poncel, de acuerdo con Sarmiento, era la 
lucha a muerte del espîritu de expansion contra el espiritu de 
restricciôn», o mâs suscintamente, adaptando el subtîtulo de la 
iamosa no vêla del argentine, Civilizaciôn y barbarie en el Uru- 
guay. Montevideo representaba la primera, y el ejército sitiador 
la barbarie gaucha. Pero en las filas mismas de este ejército se 
hacia literatura, aunque a veces grosera y chabacana. El poeta 
Villademoros redactaba el diario fédéral, titulado El Defensor de 
la Independencia Americana; un bucôlico singular, que no escri- 
biô lejos del ruido mundanal, compuso en el vivaque su epistola 
A Doricio, y en el mismo campamento oribista Enrique Arras- 
caeta publicaba en 1851, un aiïo antes de la caida de Rosas, un 
volumen de poesîas nacionales e hispanoamericanas. 

Con la libertad de Montevideo coïncide el triunfo del roman- 
ticismo uruguayo. 




LA I.ITKRATURA URUGUAYA 435 



II 



El célèbre concurso de 1841 le da expansion; pero va en 1830 
importaba al Rio de la Plata la nueva escuela el argentine Eche- 
verrîa. La iniciaba precisamente en sus dos aspectos, literario y 
social, équivalentes para esas juventudes innovadoras como el 
canto heroico y la libertad para los jôvenes de ayer. En 1838 
Andrés Lamas y Miguel Cane fundaron el romântico Iinciador^ 
que continuaba cronolôgicamente las famosas Gacetas de la do- 
minaciôn espafiola, pero icon que diverso y rebelde espîritu in- 
novador! Por primera vez alli el literato uruguayo colabora en 
la prensa diaria. Lamas habia iniciado su carrera en El Nacio- 
nal, cuando el poeta Araucho publicaba Un paso en el Pindo; 
cuando comenzaban a circular ejemplares del candoroso Parnaso 
oriental^ en donde estân ya emboscados algunos de los românti- 
cos sagitarios del Sitio Grande. Miguel Cane traducîa poco antes 
la Parisiana^ de Byron, y fragmentos de El conde de Caramaùola, 
de Manzoni. En-un articulo titulado «Literatura» define entonces 
la renovaciôn literaria novisima. En fin, en El Iniciador ambos 
directores comentan o traducen a Larra, Lamartine, Manzoni, 
Victor Hugo. El argentino Cane contribuye asi a transformar las 
letras Uruguay as, y el uruguayo Marcos Sastre funda en la Ar- 
gentina, como si un destino singular uniera a los dos romanti- 
cismos desde su origen, un «Salon literario» en donde lee Eche- 
verrîa su Cantiva. 

Los primeros cantos românticos y las ûltimas convulsiones de 
la guerra son contemporâneos. No se podrîa dividir, como hacen 
muchos, la historia literaria uruguaya de principios del siglo xix, 
en dos corrientes de poesîa patriôtica y romântica, ni ver en 
esta siempre, como en la Francia fatigada de la aventura napo- 
leônica, una tregua sentimental a la locura de querer, un des- 



430 V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGELATA 

aliento del «ângel caido>, de Lamartine, que aspira a una paz 
triste después de tanta Victoria mutilada. Es innegable, sin em- 
bargo, que romanticismo y amor a la libertad parecieron en se- 
guida estados de aima anâlogos. Romper con Espana equivalîa 
a abolir el clasicismo; era declarar la guerra a la poética penin- 
sular, desterrando al Olimpo griego a todas las postizas Gala- 
teas del Manzanares, para inspirarse en la pampa desnuda, en el 
dolor local, en la poesîa ambiente e inédita. Un lirismo pleno, 
adusto, campesino, un lirismo de verso incontenible y feraz, 
transposiciôn en cierto modo de los galopes del gaucho y de la 
fecundidad de la pradera (como se escucha en el verso griego 
la mesurada mûsica del Golfo) pudo inspirar alli una réplica tem- 
prana a la estrofa desbaratada de Whitman. Era pedir dema- 
siado a estos guerreros. Y quienes fueron tan poco respetuosos 
con el poder espaiiol — la critica es extensiva a toda America — 
acataban su tirania en las letras. Es el reproche de Alberdi. 

De soberbia manera ha analizado el argentine el servilismo o 
la timidez de estos literatos. Habîa leîdo en el libro precursor de 
Tocqueville, La devwcracia en America^ cuâl era y podîa ser la 
literatura de las colonias. Colonias democrâticas en donde el 
cantor debiera retratar la âspera y bârbara sociêdad de su tieni- 
po, empleando, si era necesario, toscas palabras para decir ver- 
dades hondas, porque pasaron los tiempos de aristocracia ver- 
bal; descoyuntando la sintaxis y ensayando nuevos métros, si lo 
exigia el ritmo de esta vida inicial, turbia y libérrima. Alberdi 
hubiera querido aclimatar en las riberas del Plata la misma 
manera de escribir inconexa, extravagante a veces, que miraba 
surgir el francés en el Norte, «La extension de los principios de 
nuestra revoluciôn democratica al dominio de la literatura y de 
la lengua... la revoluciôn que se hace en la expresiôn (la litera- 
tura) después de haberse hecho en la idea (la sociedad)». Y cri- 
ticando reminiscencias de ayer, escribîa esta pagina admirable, 
(jue es hoy mismo la censura mejor de tantas imitaciones ame- 
ricanas: 



tk 



LA LITERATURA URUGUAY A 43/ 



«I.a guerra presentaba diferentes faces: la poesi'a solo expre- 
saba una. Se combatîan las ideas, las instituciones, los intereses 
y las lanzas; se luchaba en los Congresos, en la prensa, en la 
sociedad, en los campos de batalla, y la poesia solo cantaba 
estos ûltimos combates; se combatîan dos civilizaciones, y la 
poesia solo veia espanoles y americanos; luchaban el pasado y 
el porvenir, la poesia solo cantaba el présente; se levantaban 
naciones, la poesia solo ensalzaba héroes; se traducîa en el te- 
rreno de la polîtica los principios anunciados al género humano 
por el cristianismo, y los poetas, olvidando al Dios ûnico, invo- 
caban los innumerables dioses del paganismo; se invocaba al 
universo a visitar una naturaleza nueva y desconocida, y se ves- 
tîa la poesia de nuesti-o suelo de colores extranjeros a nuestro 
suelo; se echaban los cimientos de una sociabilidad nueva y ori- 
ginal, y la poesia no cesaba de hacer de nuestra revoluciùn una 
glosa de las repûblicas de Grecia y Roma; se desploniaban las 
tradiciones de forma social y politica, de pensamiento, de estilo, 
que nos habîan legado los espafioles, y los poetas mantenîan 
como reliquias sagradas las tradiciones literarias de una poesia 
que habîa sido la expresiôn de la sociedad que caia bajo nues- 
tros golpes: la libertad era la palabra de orden en todo, menos 
en las formas del idioma y del arte: la democracia en las levés, 
la aristocracia en las letras; independientes en politica, colonos 
en literatura». 

Ocasiôn solenine tuvo para exhalar ese grito de libertad, que 
era un eco de la asonada literaria de Larra. Se célébra en Mon- 
tevideo, el 25 de Mayo de 184I, un «Certamen poético^. Poco 
importantes son las obras coronadas; pero alli se discuten ya 
las bases de la triunfante innovaciôn. «La Victoria del nuevo mo- 
vimiento ha sido compléta, anuncia Alberdi. Ninguna voz per- 
teneciente a la lira pasada se ha dejado escuchar esta vez». Pero 
no estân acordes, al interpretar el pasado literario reciente, Al- 
berdi y los cinco fîrmantes del Informe, Francisco Araucho, 
Cândido Juanico, Florencio Varela, Manuel Herrera y Obes y 



43^ 



V. GARCIA CALnEKON, H. I). HAPBAGELATA 



Juan A. Gelly. Ouieren éstos que toda literatura haya comen- 
zado con la revoluciôn de Mayo, cuando hubo antes en el Rio 
de la Plata literatos de! fuste de Labardén; dividen los treinta 
anos transcurridos desde 1810 en dos grandes périodes litera- 
rios, quince de independencia y quince de guerra civil, «divi- 
sion que no es exacta, segûn Alberdi, porque el primer perîodo 
literario se extiende mas que la guerra contra los espaiioles, y 
dura hasta el afïo 29, es decir^ hasta cinco anos después de la 
ûltima Victoria de Bolivar; y el segundo da principio con el se- 
iior Echeverria, en 1830, diferencia que no es trivial en una cro- 
nologîa de treinta afïos. Esta observaciôn es capital, porque los 
hechos de armas no son la clave explicativa de la gran mudanza 
ocurrida en nuestra literatura, como parece establecerlo el In- 
forme > . 

Pero acepta Alberdi los très caractères que sus autores sena- 
lan en la reciente poesia « el tinte filosofico, el colorido local 
y el tono melancolico», anadiendo el argentine por su cuenta 
los caractères de cristiana, espiritualista, social, democrâtica, 
espontânea e incorrecta siempre. «Si es menester caracterizar 
nuestro movimiento literario, preciso es convenir en que él se 
refiere al primero de los très perîodos en que se divide la vida 
de toda literatura, el perîodo primitive y de fecundaciôn». 

Por lo mismo que la fecundaciôn era difîcil, exageraba un tanto 
Alberdi al pedir imperativamente a estas colonias, como en el 
verso antiguo, el nacimiento de un nuevo orden. No se improvisa 
una civilizaciôn ni se inventa una literatura. Y jcômo exigir a 
estos espanoles de America, que sûbitamente concibieran un 
arte americano, si en un siglo entero no hemos acertado a defi- 
nirlo! Continuâbamos siendo, pues, en 1840, a pesar de las pro- 
testas del argentine, «colonos en literatura». Pero en el roman- 
ticismo de importaciôn surgîan temas distintivos de una litera- 
tura régional. Y la reciente fe en los destines del Continente, 
los cantos al grandiose porvenir de America, comenzaban a ser 
una manera eficaz de prepararlo. Otra vez se confunden el lite- 



LA LITERATURA URUGUAYA 439 

rato y el politico. La poesia espiritualista de entonces, que ence- 
rraba un intente social de propaganda, transformarîa pronto la 
sociedad y las letras. Muchos aiios después (1868), un român- 
tico retardado, como José Pedro Varela, podîa desear para el 
Uruguay «algunos gauchos menos y algunos pensadores mas». 
Pero de los gauchos y su paisaje no se cuidaba entonces casi 
nadie. Fué novedad y acierto de los grandes prosadores român- 
ticos, un Andrés Lamas, un Marcos Sastre, no desdefïar para el 
arte el medio ambiente, sino exigir o propagar un romantismo 
aclimatado. Los caractères comunes al romanticismo americano 
y europeo aparecen mientras tanto en los românticos iniciales 
del Uruguay: Adolfo Berro y Juan Carlos Gômez. 

Los mejores versos del primero son elegi'as de filântropo. YA 
mismo nos advierte, en su nota a la poesia El esclavo^ que «la 
idea de la compléta emancipacion de los negros ha sido horas ente- 
ras el objeto que ha absorbido las facultades de mi alma>. Espi- 
ritualistas, deistas, lo son ambos poetas del Uruguay en cada 
verso. Su literatura parece traer «impresa la huella de Dios en 
su candidezï. «Ecos de la voz del Senor», titula Berro una ele- 
gia. Con esta fe humana y divina, con el entusiasmo por una 
America engrandecida , coinciden siempre las lagrimas por el 
injusto sino. Pero confiesan todos, como el vizconde francés, su 
aficion a las «deseadas tempestades»: 

Yo nacî en la borrasca, y me complacen 
los tumbos y el embate de las olas, 

dice Gômez. «El dolor es el genio, el que sublima las aimas que 
atormenta», afiade el mismo. «Fué poeta e infeliz», murmura, 
anticipândose un epitafio, Adolfo Berro. ;No lo son todos los 
românticos.? ( ' ). 



( • ) En sus sagaces y elocuentes Estudios Literarios (Montevideo, 1885), 
Francisco Bauzâ describe con gracia la exaltaciôn romàntica: 

«La sociedad uruguaya, imitadora de la europea, se decidiô por el 



440 ^'- garci'a calderôn, h. d. barbagelata 

Deîsmo ferviente, vanidad de su exclusive y solitario dolor, 
aislamiento hurano en la complicidad de una naturaleza desolada^ 
exaltaciôn enfermiza de la personalidad: se suman en la litera- 
tura del Uruguay los caractères del romanticismo universal. La 
singularidad de su aplicaciôn, sorprende siempre. Imitaciôn de 
imitaciones fué la nuestra. Y, sin embargo, existîan afinidades. 
predestinadas entre el medio aniericano y la nueva literatura. 
Asombra, en realidad, que no hayamos inventado el romanticis- 
mo. Esa desmesurada soledad, propicia a las «divagaciones de 
un paseante solitario», ese horizonte ilimitado que favorece el 
sentimiento de lo infinito, la selva en donde escuchar a Dios, las 
cataratas arrebatadas y tenantes como alejandrinos de montone- 
ro, el ombù solitario que pudiera cubrir la ermita de Rousseau, 
todo parecia estimular al romanticismo en nuestras comarcas. 
Pero nacinios los americanos para defraudar a Taine. Ni siquiera 
preferîamos la importaciôn directa buscando en la Espana anti- 
gua la prosapia inequivoca de la reciente exaltaciôn (leed en 



romanticismo apenas pudo hacerlo. Desde entonces — y esto era hacia 
cl ano de 1840 — toda persona capaz de cultivar las letras debiô forzosa- 
mente hacerlo en tono triste, bajo prétexte de confidencias y con ânimo 
de desahogar penas recônditas, La poesi'a, la oratoria y el romance, se 
inficionaron de tristeza; y, por lo tanto, la melancolfa, que habi'a sido una 
moda, fué haciéndose poco a poco una necesidad; porque no era bien 
nacido, ni inteligente, ni culto, aquel que no fuese melancôlico, Bajo la 
presiôn de taies ideas, y admitido que el talento era naturalmente triste 
y el genio una enfermedad mortal, enfermaron o afectaron enfermarse 
muchos hombres polîticos, para lograr por las apariencias môrbidas lo 
que no era dable conquistar poseyendo una salud a prueba de des- 
enganos. 

»Con esto el romanticismo se elevô de entretenimiento literario a 
doctrina polîtica, y asî permaneciô en estado de incubaciôn hasta que la 
paz de 1851 le trajo al gobierno. Entonces se vieron cosas muy raras. 
Los poetas sentimentales, los escritores de novelas funèbres, los aspi- 
rantes a suicidas, los que miraban la salud como una peste y la riqueza 



I,A LIÏERATURA URUGUAYA 44! 



Heine, para motivar esta ascendencia espanola de todo roman- 
ticismo, cômo acogi'a la i:\lemania de Schlegel los românticos 
dramas de Calderôn), sino que fuimos en literatura y en politi- 
ca, segûn decia Oueiroz del Portugal, «paîses traducidos del 
francés en vernâculo». Lo que el magistral novelista anade acer- 
ca de su pais, parece escrito especialmente para los nuestros. 
«Francia es un pafs de inteligencia; nosotros somos un pais de 
imaginaciôn. La literatura de Francia es esencialmente crîtica; 
nosotros, por temperamento, araamos sobre todo la elocuencia 
y la imagen.» A tan lûcida verdad le han dado nuevo funda- 
mento los que pretenden, siguiendo la escuela de Maurras, que 
el romanticismo desviaba el genio de Francia, ponderado y 
exacto, ajeno al énfasis como a esa frecuente exaltaciôn del yo 
que hasta el romantico Pascal déplora y aborrece. 

Se iraitô, pues, de Francia, lo que era menos francés en reali- 
dad; pero muy pocas veces la elegancia clâsica, la mesura que 
no perdia, en sus peores extravagancias, el modelo. Nadie escri- 



como una maldiciôn , los que reputaban la alegn'a dote de zafios y la 
elegancia privilegio de perdularios; todas esas gentes, en fin, que habfan 
escrito y disertado tau primorosamente para convencer a la Humanidad 
de que su estado natural debîa ser la hipocondrîa y el desaseo, escalaron 
repentinamente los puestos pùblicos y se presentaron en ellos zahuma- 
do3 y alegres, lucios y bien mantenidos, con el agregado de una tendenci.» 
a perpetuarse en el manejo de los négocies polîticos, que va pasab.i 
de broma». 

En un excelente libro de D. Abel J. Pérez, titulado: Apuntcs paru la 
biografia del doctor Julio Herrera y Obes (Montevideo, 1916), se evoca 
pintorescamente al mismo tipo satirizado por Bauzâ, al adolescente pâli- 
do que debia su palidez a voluntaria abstinencia, con ojeras negras que 
el corcho quemado prolongaba, con el cabello escrespado por recientes 
aquilones bajo las amplias alas del pringoso chambergo. Pero también 
nos describe el Sr. Pérez a otro romantico lânguido, cortejante y bien 
lavado, que requeria de amor a todas las mujeres, y, porque habia leîdo 
el mâs popular libro de Dumas, repetîa en Montevideo la insolencia 
élégante de d'Artagnan. 



442 



V. GARCfA CALDERÔN, H. D. «ARBAGELATA 



biô las Met)iorias de idtraturnba, ni Las noches, ni el Moisés, ni 
la romanza inmarcesible de El lago. 

Si en prosa parece favorecido particularmente el Uruguay de 
entonces, si dejan paginas mémorables Andrés Lamas y Mar- 
cos Sastre, la poesîa solo cuenta con «dioses menores>. Entre 
elles se destacan Adolfo Berro (1819-1841), y Juan Carlos Gô- 
mez (1820- 1884). Al examen de esos cuatro représentatives 
puede limitarse una historia justa y sucinta del primer perîodo 
romântico. 

Naciô en Montevideo de ilustre familia, en Agosto de 1819, 
Adolfo Berro. Estudiô leyes antes de sentir, a los veinte anos, 
esa inquietud, esa vaguedad sentimental cuando «nuestra aima, 
como él dijo, nada encuentra en el mundo que la satisfaga.> Al 
nombrarle asesor del defensor de esclaves en 1839, el Tribunal 
de Justicia adivinaba que este abogado era un poeta. 

Poeta vergonzante, que no queria mestrar sus versos tîmidos, 
temblerosos, ya mojados de lâgrimas ( ' ). Pero si ne era perfecte 
su balbuceo romântico, la temprana muerte de su autor, su acento 
byroniano, su reacciôn contra la literatura de epinicie, tode de- 
bia merecerle la admiraciôn de esa juventud orientada a Fran- 
cia, que habia escuchado a Echeverrîa. 

Cuando por vez primera en mis oi'dos 
sonara melodioso 
tu canto doloroso, 
violento se agitô mi corazôn, 

nos dice Berro. Con él se agitaba el corazôn de toda la juventud. 
En ia hermosa y ya clâsica introducciôn a las peesfas de este ro- 
mântico /'1842) nos confiesa Andrés Lamas el encanto con que 
sus compafieros le oyeron censurar a aquellas «huestes iracun- 



( I ) Adolfo Berro. Poesias (pi-ôlogo de D. Andrés Lamas). Montevi- 
deo, imprenta de El Nacional, 1842. 



LA I.ITERATURA URUGUAYA 443 

das> que prodigaban la sangre en «contiendas infecundas». 
«Pareciônos escuchar la voz de todos los buenos ciudadanos, el 
grito de horror a la guerra civil, y Berro expresô para nosotros 
un sentimiento gênerai». Una nueva sensibilidad, que este poeta 
resumîa, circulaba 3^a en los jovenes: la queja lirica del mundo, 
el horror que expresa Lamas a la «literatura escéptica y des- 
creîda», el mesianismo del poeta nacido para enmendar las in- 
justicias de este diablo mundo, que no mira con ojos de hermano 
al esclavo ni compadece a la ramera. 

Imagen de los seres que en la mente 
el poeta adormido ve en la estera. 
jQuién ères, di, mujer resplandecienter 
çUn ângel? No, igran Dics!, una ramera. 

(La ramera.) 



Venid doncellas de rubor tenidas, 
esposas fieles, que bendijo Dios, 
venid, testigos de su dicha quiere 
la vil ramera que os inspira horror. 

(Canto de la prostituta.) 

Maies antiguos, humanas injusticias, que el poeta va a redi- 
mir. El vate, segûn dice en su poesia dedicada a Andrés Lamas, 

Es para el pueblo 

un fanal en la tormenta; 
el pavor del aima ahuyenta 
con la luz del porvenir. 

Ha leîdo la Cabafia del tîo Tom; escribe un proyecto, que viô 
Lamas, para libertar a la raza negra. Es un adepto de la filosofia 
humanitaria de principios del siglo xix. La lîrica misma se re- 
duce, segûn él, a una buena acciôn. «Para mî las cualidades de 



444 V, GARCfA CALDERÔN, H. U. BARBAGELATA 



toda buena poesîa deben ser: moralidad en el iondo y fin que el 
poeta se proponga; sencillez y elegancia en las formas». Muera 
lîerro en 184I. En su tumba (singular conconnitancia) cantan 
Acuna de Figueroa y Mârmol. Y allî mismo un adolescente pâ- 
jido surge en el grupo negro, revuelve la undosa cabellera y en- 
tona la endecha funèbre. Juan Carlos Gômez se révéla inespe- 
radamente en esta escena romântica. 

Si Berro pudiera evocar a Musset, Gômez sugiere perlecta- 
mente a Lamartine. Fué singularidad del romanticismo america- 
no la de recordar al europeo hasta en la huracanada vida del li- 
terato. Como el autor de Las nockes, tiene brève y planidera ju- 
ventud Adolfo Berro. Y es un Lamartine cadet el uruguayo 
exubérante que naciô, segûn él decia, «en la borrasca». 

Cuando le urgi'an a Lamartine a elegir un banco en la Câma- 
ra, con las izquierdas ô las derechas, pero aceptando las indis- 
pensables y mezquinas barricadas de la polîtica, él apuntaba el 
dedo al techo para indicar, en la azulada concavidad vecina al 
cielo, la pacîfica tribuna de los poetas. Imaginamos que Gômez 
elegirîa también el plafond para instalar su vasto credo, aun 
cuando se mudara en reto su actitud apenas la libertad, que él 
habia cantado, peligraba. Los térniinos de Patria y de Libertad 
acufïados, diriase, para el romântico despilfarro de nuestra Ame- 
rica, tuvieron rara vez alli el sentido ferviente e intransigente 
que supo darles este exacto monedero de las palabras. jCônio 
se encrespa el polemista, cuando en su destierro de la Argenti- 
na, escribiendo sobre la Miierte del César, de Ventura de la Vega, 
crée adivinar un elogio al tercero de los Napoleones! Entonces 
su ira clama porque la poesfa va a arrancar «del cadâver de Cé- 
sar el puiial de Bruto para clavarlo en el seno desnudo de la Li- 
bertad.» Y cuando cuenta a Olegario Andrade sus campanas de 
periodista en Santiago de Chile, le dice que la amaba «para 
Chile como la amaba para el Rio de la Plata y para el mundo 
entero.» 

jPara el mundo! El fué, romântico también de la gran familia» 



LA LITERATURA URUGUAYA 445 

uno de esos pacifistas del cielo azul para quienes los tumultos de 
los pueblos pudieran siempre hallar, como las peores zozobras 
del corazôn, cauce de verso y serena concordancia de rima. Por- 
que estaba instalado en e\ plafond de Lamartine, no siempre supo 
ver la realidad. Creyô oportuno confederar la Argentina y el 
Urueuav, entrelazando con 3^11 mano de soiiador lo deslindado 
por una antigua fatalidad polîtica; como si pudiera un pueblo po- 
ner en comûn con el vecino un capital de gloria enriquecido por 
diez anos de sitio y de artiguismo. Este fué el error de Gômez. 
Lo expiô, si la sinceridad merece pena, con largos anos de des- 
tierro moral, de soledad enhiesta y aguerrida. La generosa abun- 
dancia del orador se torna entonces en vena feroz de polemista. 
Comienza una nueva vida el desterrado. Esos folletones semana- 
les de La Tribiina^ de Buenos Aires, las famosas «Hojas secas», 
como los editoriales del Mercurio, de Valparaîso, cuando era Gn- 
mez el director, son oraciones de politico que no tiene ya tri- 
buna. 

Precisamente por esta dualidad de literato y polîtico estaba 
destinada su palabra, si el destino no hubiera torcido su carrera, 
a arrebatar y amotinar. En sus versos, como La libertad, se ad- 
vierte el eco tribunicio; pero resuena asimismo en nuestro oîdo, 
cuando a la muchedumbre se dirige, ese son de flauta que el 
orador antiguo queria junto a si para no transgredir en su oraciôn 
las leyes sutiles de la mûsica. Tienen sus famosas estrofas todas 
las cualidades oratorias, la plena sonoridad del alejandrino, el 
împetu de una improvisaciôn fascinadora, como también los de- 
fectos que perjudican tanto al citaredo: el campaneo verbal, la 
la redundancia (^). Son versos para dichos ante una multitud 
que va al combate. Adoptados en seguida, sabidos de memoria 



{ ^ ) Juan Carlos Gômez, Poesias (en colaboraciôn con José Mârmol). 
Un folleto, Montevideo, 1842. 

Poesias sclcctas, Montevideo, 1900. 



44^ V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

por todas las juventudes uruguayas, perjudican, sin embargo, a 
la serena reputaciôn de este lîrico. Son poesîa exorbitante y él 
quiso huir desde temprano de todo exceso verbal. Detestaba lo 
mismo la redundancia que la «poesîa académica, ficticia, de fra- 
se perfumada con agua de Lubm> ('). Su idéal esta encerrado 
en el programa de Echeverrîa. Ya el ilustre argentino habia ad- 
vertido, en el prôlogo insurgente de sus Rimas (1837), que usa- 
b^ de intento locuciones vulgares y que «nombraba las cosas 
por su nombre». Fué también innovaciôn admirable de Gômez 
la de acabar con Filis y Amarilis. Sus mejores versos pierden ya 
la opulenta rigidez 6 la familiaridad trivial de ciertos clâsicos del 
Rio de la Plata, para adquirir ese lirismo indefinido y persisten- 
te que resuena en El lago. Porque él sabe también, como en la 
linda dedicatoria a su hermano, «cuâles palabras tienen la- 
grimas>: 

Dame tu calma, dame tu inocencia, 
dame tu bella inquebrantable fe; 
quîtame duda, quîtame experiencia, 
quîtame, sf, tanto del mal que se. 



En pago a tanto bien como me diste, 
por tantas horas de inefable encanto, 
solo te dejo una memoria triste 
y me separo de tu amor sin llanto. 

Luego por las orillas de los rîos 
encaminamos nuestro paso a solas, 
sus brazos enredados en los mîos 
escuchando el silencio de las olas. 



(Remin iscencia) . 



( ' ) Véase el prôlogo al Fausfo de Estanislao del Campo. 



i 



1 



LA LITERATURA URUGUAY A 447 

Todo no es, desgraciadamente, de tan pura vena. El poeta era 
superior a su poesîa. Si alguna vez exageraba este juvenil ro- 
manticismo, él mismo criticaba el énfasis como en sus versos 
A una niujer esdrûjula ( ' ). 

Yo soy un lugubre 
joven romântico 
con un Atlântico 
dentro de mf. 

Y si del tomo de Poesîas selectas ( "" ) separeraos, para todas 
las antologias del porvenir, una docena de composiciones inta- 
chables, solo queda de Gômez, mientras manos piadosas no des- 
basten la niaraâa de sus innumerables y desiguales articules de 
periodista vitalicio, la historia peregrina de su vida. 

Nadie la ha escrito mejor que él mismo. «Mi vida», dice en 
1843 y apenas ha vivido. Naciô en 1820, <edad de derrumba- 
mientos, de batallas>, y la «agitaciôn sécréta» que lamenta con- 
cuerda bien con ese amotinado despertar de pueblos libres. 
Pronto el sol del extranjero tinô de pdlido su jiiventud «El aire 
natal faltô a mi vuelo>. En el Brasil, en Valparaiso, vive el tris- 
te vivir del emigrado. De su destierro mismo le expulsan alguna 
vez, y escribe, al dejar las playas del Brasil, los versos que co- 
mienzan: «Vuelvo, hermana, a la mar>. Al primer destierro si- 
guen otros. Este poeta habia evocado al huracân, y su vida fué 
huracanada. Cantô a la libertad y sufriô por ella. El pâlido la- 



(i) Son, segûn el Sr. Luis Meliân Lafinur en su interesante obra 
Semblanzas del pasado, Juan Carlos Gdmez (Montevideo, 19 15) una humo- 
rada del poeta contr.i una poétisa de entonces. En el excelente capftu- 
lo XVI de este libro puede verse ademâs la huella de Lamartine, de 
Musset, de Byron, en los versos de Gômez. 

(2) En realidad, son las poesias complétas, segûn nos explica el co- 
lector Sr. Meliân Lafinur. en el libro citado. 



448 V. GARCIA CALDEKÔN, H. D. liARBAGELATA 

kista de la Reminiscencia, a quien solo evocamos como en su 
verso, borrando con el pie un nombre escrito en la arena, que- 
darâ en la memoria de las gentes con un ademan de Sagitario. 
Porque en la edad madura solo fué polemista y periodista. Cuan- 
<lo abandonô Montevideo por disentimientos con Rivera en las 
âlgidas horas de la Defensa (conducta que le reprocharian a 
menudo), habia ya publicado, el 25 de Mayo de 1842, su poe- 
ma La libertad, sonoro y retador. Es el romântico representati- 
vo desde entonces. La fama le atribuye todas las mujeres de 
Don Juan, 6 por lo menos las de Byron. Y su actividad errante 
cobra el prestigio legendario de los perseguidos y desterrados. 
En 1845 sucede a Sarmiento en la direcciôn del Merciirifl, de 
Valparaîso, e interviene apasionadamente en las luchas électora- 
les chilenas de 1851. Esta de nuevo en Montevideo en 1852. 
Diputado, seduce y apasiona con su florida elocuenc.'a; periodis- 
ta, funda El 0?'den\ politico, organiza el partido conservador, 
acepta el ministerio de Relaciones Exteriores en el Triunvira- 
to de 1853. Ocurre luego, en 1856, uno de los mas românticos 
episodios de esa vida pintoresca. Enemigo suyo en la politica y 
en la prensa es D. Nicolas A. Calvo, escritor virulento y matamo- 
ro, impune casi siempre cuando reta por su famosa destreza en el 
florete. «El terror del florete», titulaba Gômez su aguda y valien- 
te sâtira. El inévitable duelo fué severo. «Meter dos pistolas en 
un saco, cargada la una y vacîa la otra», habi'a propuesto Calvo. 
Ignoran ambos duelistas, hasta el instante de disparar, cuâl pis- 
tola tiene proyectil. Calvo apunta; Gômez dispara al aire con el 
arma vacia. Cuando Calvo, que «le habia apuntado para matarlo 
y no lo habia visto pestaiîear» propone un nuevo lance, Gômez 
murmura que vino «a morir y no a matar». Y con un apretôn 
de manos termina aquel encuentro de mosqueteros. 

Tal anécdota es la mejor exégesis de esa vida y de esa edad 
exagerada. Desterrado Gômez de Montevideo en Noviembre de 
1857, por su violenta campana de El Nacional^ se trasiada a 
a Buenos Aires, en donde va a sostener acerbas polémicas con 



LA LITERATURA LRUGUAYA 449 



amigos de siempre, como Sarmiento y Mitre. En Buenos Aires 
acentûa ese espiritu inquieto de romântico, su idea desorbitada 
y generosa ya enunciada en un brindis diez afios antes, en 1857. 
Ouiere una gran nacion de dos estados, el Uruguay y la Argen- 
tina, teniendo por capital à Montevideo. Utopîa que podîa ser y 
tué fâciltnente interpretada como un proyecto culpable de ane- 
xiôn. Y ya sea que se empecinara el sonador o mantuviera, por 
orgullo de polemista, el tema de combate, repitiô a menudo, en 
veinte aiïos, las basas impracticables de su proyecto. La prensa 
de Montevideo no le perdono este error hasta su muerte. Descan- 
s6 de una vida tan colraada, pobre como Lamartine, el ûltimo 
gran romântico, en Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1884. Me- 
nos feliz que los de Francia, trabajado por el mismo anhelo inde- 
finido, por idéntica enfermedad sentimental dejaba apenas obra* 
Habîa sido también un destructor, no un creador. Solo en la ju- 
ventud acierta a hallar acentos de personal melancolia, y después 
de tantos preseiitistas del verso heroico, surge con él la poesîa 
de la anoranza. Mas no se puede resignar al reposo méditative 
de los otros. En su destierro del Brasil decia y a (1845) que re- 
posar en la margen de una fuente no es vivir. 

«No es vivir al nacido en la ribera 
del impetuoso y turbulento Plata>. 

Oividando, pues, arrullos y candores, se fué a donde su ator- 
mentado genio le Uaniaba. Su prosa misma, hecha de raptos, de 
contrastes, acerada y frenética, solo chispea en la esgrima del 
combate. Si en vez de atacar alaba o analiza, como en sus pagi- 
nas famosas sobre la poesîa nueva, fatiga pronto al lector por la 
indécision de las ideas y la abundancia abrumadora de los epîte- 
tos. Toda su vida cabîa en esta confesiôn, escrita en la primera 
pagina de un libro de Lamartine: «devorô mi vida la agitaciôn 
sécréta de un aima que se ignora sedienta de algûn bien». 

jOué contraste ofrece con la de Gômez la firme prosa de La- 

Rezme Hispanique. — P. 2V 



450 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

mas! (^) Aun cuando no fuera Andrés Lamas (1820-1891) sino 
el autor del prôlogo a las poesîas de Adolfo Berro (1842), serîa 
indispensable recordarle en toda historia de las letras uruguayas 
como innovador y animador. Es limitada su producciôn estric- 
taraente literaria: algunos versos excelentes de los veinte aiios, 
como Un tormento^ y artîculos élégantes de El Iniciador. Pero 
los mas generosos dones animan su obra polîtica y de historia, 
los libros acerca de Rivadavia y de Rosas. Esteban Echeverrîa, 
el primer romântico de America, en el discurso que debiô pro- 
nunciar el 25 de Mayo de 1844, alaba a S. E. el senor ministro 
D. Andrés Lamas porque ha expresado en pûblico un programa 
de «educaciôn democratica», que, si llega a hacerse realidad 
eficaz, merecerâ un cartel de nobleza con este lema: «La Repû- 
hlica oriental, después de haber salvado su independencia y la 
civilizaciôn del Plata, supo echar los fundamentos de la regene- 
raciôn social» . 

^Cuâl es este programa? Lo expresaba en parte Lamas a los 
diez y ocho anos en el prospecto del periôdico El Iniciador^ que 
fundara con Miguel Cane. «Dos cadenas, dice allî, nos ligaban a 
Espaiïa; una material, visible, ominosa... en nuestra legislaci6n,en 
nuestras letras, en nuestras costumbres... Y después de adquirir la 



( ' ) Andrés Lamas, Coleccidti de inemorias y doctanetifos para la Histo- 
ria y Geografia de los pueblos del Rio de la Plala. Montevideo, 1849. 

Apuntes histôricos sobre las agresiones del dictador argcntino D. yuan 
Manuel de Rosas. Montevideo, 1849. 

La République orientale del Uruguay (brochure). Pan's, 1851. 

Tntroduccio'ji a la * Historia de la conquis ta del Paraguay, Rio de la Pla- 
ta y Tucumdn-». Buenos Aires, 1873. 

Rivadavia y su tiempo. Buenos Aires, 1882. 

El escudo de armas de la ciudad de Montevideo (un folleto). Montevi- 
deo, 1886, 

El génesis de la revolucidn y de la independencia de America (inédita en 
parte;. La Plata, 1890. 



LA LITERATURA URUGUAYA 45 I 



]ibertad a prccio ciuento, es précise conquistar también, si se pré- 
tende personalidad nacional inconfundibleja independencia inte- 
ligente de la naciôn, su independencia civil, literaria, artîstica, in- 
dustrial, porque las leyes, la sociedad, la literatura, las artes, las 
industrias, deben llevar, como nuestra bandera, los colores nacio- 
nales». Nacionalismo excelente, cuya doctrina, que iba a ser nor- 
ma y pauta del americanismo por venir, esta ampliada en el prôlo- 
go mencionado. Son paginas elocuentes de alta critica, inspiradas 
a ratos en el prefacio de Juan Maria Gutiérrez a Los consuelos^ de 
Echeverrfa. Kxplica Lamas cômo la sublevaciôn de la colonia no 
pudo sustraer instantaneamente al Uruguay a ese «vinculo de 
familia» que lo ligaba a Europa. Con la revoluciôn, inspirada en 
Francia, adopté ideas francesas; «la literatura debiô someterse a 
la influencia que se enseùoreaba del campo de las ideas, pero la 
musa francesa, que habia asistido a las saturnales de aquella revo- 
luciôn portentosa que vestîa el gorro frigio y evocaba la sombra 
de Maratôn y Salamina, cuando la Europa entera se desploma- 
ba sobre ella, no podîa traernos sino las formas del genio griego 
que la esclavizaba. La poética de Anstoteles era su decâlogo... 
Se solidaron, pues, entre nosotros la forma aristotélica, decora- 
da por Boileau y algûn otro de sus continuadores; y encerrando 
a nuestros ingenios en estrechos carriles, detuvieron el vuelo que 
tal vez habrîa desplegado el genio americano en el momento en 
que, hundiéndose el edificio colonial, brillaba entre sus ruinas la 
espada popular y tremolaba en la crestas de los Andes la ense- 
rîa de la libertad de un mundo-'>. Perdida aquella alta ocasiôn, 
inician, sin embargo, nueva era Los consiielos, de Echeverrîa 
(publicados poco después de la batalla literaria de Hernani)^ en 
donde desaparece «la poesia puéril, mero objeto de pasatiempo 
y solaz, abdican su imperio las sensuales deidades del paganis- 
mo y raya en el horizonte un brillante crepûsculo de esa poesia, 
instrumente de mejora social, poesia de verdad, de sentimiento». 
«Libertad en el arte», «colorido local», que es una de las condi 
ciones que ha de asumir la poesia americana, «lirismo que refleje 



452 V. GAKCrv CALDERÔN, H. D. 5ARBAGI:lA lA 

la sociedad en donde nace», he aquf, expuestas por Lamas, las 
condiciones de la literatura novîsima. 

Tan clarividente como su sentido critico tué su orientaciôn 
en la diploraacia y en la polîtica. Su mision en el Brasil lo pro- 
barîa si otros muchos actos de su vida no hubieran demostrado 
su sutileza para juzgar a los hombres y precaver futures danos- 
Adivina en Rosas al peor adversario de esa libertad que Lamas 
proponîa, cuando Alberdi y Echeverria juzgaban errôneamente 
al tirano, refutando con este motivo el prôlogo de ,\lberdi a una 
traducciôn de Lerminier ( ' ). 

P2n tiempos de asonada, cuando la literatura es vertiginosa, 
ofrece el mas encantador contraste Marcos Sastre (1809-1883) 
qu2 escribe historia natural como un poeta (^). Solo con el cu- 
bano Pldcido se le hallarîa semejanza. «Hoy nos toca trazar, 
decîa, con sorpresa, Magariîïos Cervantes, al comentar la obra 
de Sastre, una resefia bibliogrâfica que puede llamarse anormal: 
la historia de un corazon que no han trabajado las pasiones... la 
paz en medio de los combates, la calma en el seno de la tem- 
pestad». Si escucha a Rousseau, no sera casi nunca al autor de 
yidia, sino al de las Sonaciones o del Eiiiilio. Es un pedagogo 
como él y un precursor del sentimiento de la naturaleza como 



( ' ) El Comefttario de Lerminier lo publicô Alberdi en Montevideo en 
1836. Los românticos uruguayos tradujeron de preferencia a los pensa- 
dores y sociôlogos franceses Saint-Simon. Cousin, Laboulaye, Quinet y 
Lamennais. 

( 2 ) Marcos Sastre, Conipendio de Historia Sagrada, Montevideo, 1S32. 
El 7V;«/e ar^^«i'/«c», Buenos Aires, 1858. — Cartas a Jenuaria, 1840, menu- 
do libro que es una rareza bibliogrâfica. Sastre lo hizo imprimir clandesti- 
namente cuando. perseguido por Rosas, se réfugié en casa de una familia 
inglesa y creyô llegado el momento de despedirse de su familia, de su 
patria y de la vida. —La Afiagnosia o mievo arte de leer en sets cuadros mu- 
rales. (Y otras muchas obras pedagôgicas, como Gratndtica de la lengiia 
castellana, Oriografia cotnplefa, acompaîiada de un Vocabulario ortogrd- 
fîco, etc., etc.) 



LA LITERATURA URUGUAVA 453 

Saint-Pierre. El Tempe argentiiio, de Sastre, équivale en gracia 
rûstica y supera casi siempre en emociôn a los Etudes sur la 
Nature. Merece el nombre de obra clâsica y sera forzoso deli- 
mitar su influjo cuando se estudien los orîgenes de la sensibi- 
lidad americana. 

jKncantadora biografia la de este apacible hombre de letras 
institutor, librero \^ ganadero! Nace en 1809, en Montevideo, de 
padres tan abnegados a la causa independiente, que por antono- 
masia les llamaron el patriota y la patriota. Se educa en la Ar- 
gentina, y lo que aprende en Côrdoba el futuro escritor es, so- 
bre todo, la pintura. En él se armonizan, como en los românticos 
franceses y en los coloristas de la prosa, cuya figura tutelar es 
Gautier, el sentimiento de la naturaleza con la aficiôn a pintar. 
Marcos Sastre iba a ser nuestro primer paisajista en prosa. 

Comentando sutilmente a Ticknor, observaba Gutiérrez en su 
artîculo «Descripciones de la Naturaleza en la America espaiîo- 
la», que no las hallamos en Ulloa y Juan, en Azara, en Solîs, en 
cuantos pudieron describir, aunquc no fuera sino por la natural 
sorpresa ante el paisaje nuevo y deslumbrador. Tampoco acier- 
tan a mirarlo los cantores de gesta de La araucana, La argen- 
tiiia y El aranco domado. A esos hombres rudos solo el hom- 
bre parec intercsarles. Le faite acaso a Espana, en arte y letras, 
esa dulzura sentimental y morosa que nos sorprende, como una 
excepciôn, en Becquer... Nunca mas cierta la vulgarizada frase 
que define el paisaje como un estado de aima. Los argonautas 
de todos los vellocinos, los rudos tercios de la aventura ameri- 
cana, no sabîan detenerse, como Chateaubriand, en las mâro-enes 

o 

de los rios torrenciales o de las selvas parlantes para interpretar 
su mûsica como un eco del aima. 

Paginas de acuarelista sentimental son todas las del admirable 
Tempe argentino de Marcos Sastre. La obra fué escrita en el 
seno de la naturaleza que describîa, y la debemos a una feliz ca- 
sualidad. Acababa de fundar Sastre, en Buenos Aires, el «Salon 
literario , biblioteca innovadora en donde toda la juventud bebîa 



454 V- OARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

los venenos românticos. Pero acusaron de salvaje unitario al 
mas horaciano de los poetas. Perseguido por Rosas, abandono 
su comercio de librerîa y fugô al campo. Es la ironia de su vida 
y su Ventura. Porque en la paz rural escribe paginas magistrales. 
El educador ha comprado majadas y una cabaila para criar, se- 
gûn recientes métodos, mérinos ejemplares en la Argentina; y 
al mismo tiempo que publica un Manual del pastor y criador de 
ovejxs escribe las «impresiones del seîlor Sastre en las islas del 
Paranâ>, publicadas en la Ilnstraciôn Argentina de 1841. Nue- 
vos fragmentes aparecen en anos posteriores, como las paginas 
encantadoras sobre el Camuati (la Gaceta de Buenos Aires, 
1846). Su cabana, su Ermenonville, se encuentra en las riberas 
del Paranâ. De sus excursiones matinales por los campos veci- 
nos, de sus «soiiaciones de paseante solitario», saldrâ este libro 
cuyo titulo mismo es un acciôn de gracias. El tempe era el edcn 
helénico. 

Los paisajes del libro evocaban con tal hechizo aquella natu- 
raleza aljofarada, y tan poco habituai habîa sido la manera des- 
criptiva de Sastre, que los contemporâneos juzgaron el relata 
imaginario. Era la humilde verdad. Como las ideas del Eniilio 
iban a hacer florecer, merced a un discîpulo entusiasta, los yer- 
mos de Sierra Morena, el Tempe argentino fué propaganda etî- 
caz de su riqueza, pues todo el mundo, observaba Magariiios 
Cervantes en el prôlogo, quiso ser propietario en esa Arcadia. 
Para probar, sin embargo, la existencia de las islas del Delta, 
tuvo Sarmiento que organizar un viaje a ese Eldorado. Cuando 
se supo que la descripciôn no era fantâstica, los elogios al escri- 
tor fueron unanimes. «Tiempo hace que se notaba en nuestra 
historia naciente, observa el coronel Guido, en El Comercio del 
Plata, la falta de un ensayo que bebiese sus inspiraciones en las 
auras y en los cristalinos raudales de la tierra natal». «Son pagi- 
nas a lo Bernardino de Saint-Pierre», dice Gutiérrez. Y La Na- 
ciân, de Montevideo: «Es un poema en prosa». 

Realmente era novedad y acierto singular la mûsica sosegada 



LA LITERATURA URUGUAYA 455 



de esta prosa ( ■ ) que reciierda a dos modelos diferentes: Rous- 
seau y fray Luis. «Sencilla es mi canoa como mis afectos, hu- 
milde como mi espîritu. Ella boga exenta y tranquila por los 
apacibles arroyuelos, sin osar lanzarse a las inquiétas hondas del 
gran rio». Y mas adelante, como si recordara los raptos habi- 
tuales de Jalia: «Costumbres puras y sencillas de la patria, 
cuânto imperio tenéis sobre un corazon que os idolâtra... Liber- 
tad anhelada, dulce repose, deliciosa correspondencia de las ai- 
mas ingenuas, placeres puros, bâlsamo del corazon, jal fin os he 
encontrado! ^'En dônde construire mi humilde choza? Fluctuo 
sin resolverme entre tanto sitio encantador, como el picaflor que 
gira sin decidirse a elegir el ramito de que ha de colgar su pe- 
queilo nido>. Lejos de los afanes mundanales, instala al cabo su 
cabana y su barca en las mârgenes del admirable Paranâ. «Soli- 
citen otros con afân los favores de la fortuna... Yo he vivido y 
viviré contento en el seno de los pacificos campos». En sus evo- 
caciones del paisaje dilecto, el naturalista y el poeta alternan 
siempre. Tiene la vision apasionada y pictôrica de Humboldt, 
con mayores dones literarios que aquel famoso descubridor de 
nuestra America, conquistada pero no comprendida. Sorpren- 
den hoy mismo sus ardientes y exactas descripciones: silencio 
isleiîo donde «solo resuena alguna vez la caîda del capiguarâ, 
que se somormuja con estrépito»; alborada que anuncian <las 
tiernas canciones de la tacuarita y en el ruidoso chaqueo del 
hornero>, mientras el ave Uamada el carpintero «continua a 
golpe de pico, en el duro tronco, la obra laboriosa de su nido». 
El poeta de lo infinitamente pequeiîo va a decirnos como tra- 
baja su panai el camuati., como se queja la calandria^ como re- 



( • ) Algunas veces escribe Sastre poesîa sin saberlo. He aquî una frase 
elegida al azar: «belles ârboles y arbustes — que protegen los raudales — 
coronando sus orillas — de ôpimos présentes de Flora y de Pomona; — 
liellos ârboles variados^de mil formas y matices — que la vista contem- 
pla embebecida». 



456 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

vuela el chajà. El espectador de las cosas infinitas y de los este- 
lares silencios cantarâ su nocturne en el capitule admirable sobre 
«la noche en las islas». En su paciencia oliservadora, en su en- 
tusiasmo zoologico se halla ese encanto que sorprenderia mas 
tarde en la Vida de los insectos, de Fabre, o en la Vida de las 
abejaSy de Maerterlink. Es un amigo franciscano de todo el reino 
animal. Refiere que ha tenido un chajd domesticado, y las abe- 
jas, inofensivas para él, amigas suyas, han instalado cerca de su 
ventana un panai. Filosofando al comparar las costumbres del 
camuati, la abeja americana, con la de Europa, ve en ambas la 
imagen de las sociedades del viejo y del nuevo mundo, aquel 
desgraciado, este feliz; y sustenta el dulce utopista una moral 
social fundada en las colmenas. 

Una segunda generacion romântica, muy inferior a la primera, 
se simboliza en Alejandro Magarinos Cervantes, el escritor mas 
popular del Uruguay después de Figueroa ( ' ). Nace en Monte- 
video el 13 de Octubre de 1825. Muere en su ciudad natal el 8 



( 1 ) Sus numerosas pioducciones, en prosa y en verso, que, segûn se 
cuenta, Magarinos Cervantes se complacîa en multiplicar, afirmando que 
las habia en «ediciones agotadas» y en « ejemplares ùnicos», pueden 
agruparse de la siguiente manera: 

Poesias: Cruzada argeniina (primera parte de un pocma a Montevideo, 
reproducida en el segundo tomo de Palmas y ombûes (1846). — Celiar 
(i8i;2), prôlogo de Ventura de la Vega. — Horas de melancolia (1852). — Pa- 
tria, Lidependencia, Lîbertad (1855). — Brisas del Plaia (1864), su cuarta y 
ûltima ediciôn es de \%(yz^.— Querer es poder (1867). — Canto a la defensa 
de Montevideo {iS/[b).— Palmas y ombiîes, dos tomos (1884 y 1888). (Fué 
traducida al francés en Paris). 

Novelas: La estrella del Sur, siete tomos, en Mâlaga y Madrid (1847). — 
Las plagas de Egypto (1849). — Caramurû (1853). — No hay mal que por bien 
no venga {i^^l). — Veladas de invierno (1853).- — La vida por un capricho 
(1858). — Far sa y contrafarsa (1858). 

Teatro: Percances matrimoniales (1850). — El Rey de los azotes (1855). — 
Amor y Patria (1856), teatro de San Fernando de Seviila. 

Varias: Viaje chinesco (1855). (Recopilaciôn de artîculos contra un libro 



LA LITERAIt'KA URUGUAYA 4=;7 

de Marzo de 1893. En largos anos de vida gozô de todos los ho- 
nores y los cargos: juez, ministro, catedrâtico de Derecho y rec- 
tor de la Universidad de ^Montevideo, corresponsal de la Acade- 
mia Espanola. Le elogian sus coet^neos y le admiran los jôve- 
nes. En America estudian su obra Sarmiento, Gutiérrez, Bilbao, 
Mârmol, Baralt. En Espana, Larra, Castelar, Zorrilla, Canovas. 
En la Revis fû EspanaJa de Ambos Mundos, que fundara en Pa- 
ris, sus colaboradores se llaman Breton de los Herreros, el Du- 
que de Rivas, Hartzenbusch, Joaquîn de Mora, aquel periodista 
peninsular que en la Argentina de Rivadavia hablô por primera 
vez de romanticismo. En el Celiar de Magariùos se inspira don 
José Zorrilla al escribir La rosa de Alejandria, que esta dedicada 
al uruguayo. Su generaciôn y la subsiguiente le consideran, como 
él queria ser, «digno interprète de los sentimientos de todo un 
pueblo». Cuando muere, Daniel Munoz asegura en La Razôn 
(1893) que Magarinos Cervantes «era ante todo un poeta esen- 
cialmente uruguayo, ora cante, en las Horas de melancolia, las 



ciel Sr. Barrantes intitulado La joven Espana, que motivaron un duelo 
con estesenor). — Prospecio delà Biblioteca Americana (1854). — Z« Iglesia 
V el Estado (1856). — Violeias y ortigas (1880). (Compuesto especialmente 
por crîticas ajenas sobre sus libros). 

Publicô, ademâs, Paginas Uruguay as, tomo i. — Album de poesias (1878). 
Su interesante Revisia de Ambos Mundos, interrumpida, al cabo de dos 
anos de publicarse, porque Magarinos fué llamado a Montevideo por su 
tio D. Francisco Magarinos, a quien sirviô de secretario en la Misiôn 
diplomatica europea que el Gobierno del Uruguay le encomendara; y 
en Julio de 1858 volviô a su empresa editorial, «Biblioteca Americana», 
en la que vieron la luz doce tomos; très suyos: Esiudios historicos, Horas 
de melancolia y No hay mal que por bien no venga; de D. Miguel Cane: 
f «a noche de boda y Esiher y la f ami lia Scanner, novelas ambas; el Tempe 
argentino, de Marcos Sastre; Pensamientos, mdximas, sentencias. etc. y 
Apuntes biogrdficos, por Juan Maria Gutiérrez; Escritos poh'ticos, econômi- 
cos y literarios, por el doctor D. Florencio Varela, precedidos de una 
biografia, por D. Luis Domînguez. 



458 V. CARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

tristezas intimas que se interponen como nubes sombrias entre 
el aima del poeta y el cielo de la esperanza; ora describa, en el 
Celiar, el tipo del gaucho, formado por la fusion de las razas in- 
dîgena y espanola; ora arrebate a las Brisas de Plata el perfume 
(jue llevan en sus alas para encerrarlo en la urna de sus estrofas 
cinceladas; ora, en las Palmas y ojnbues, nos dé los frutos mas 
hellos de su inspiraciôn, uniendo con noble atrevimiento a la 
belleza de la forma el estudio y soluciôn de las mas graves cues- 
tiones de la época. 

Extravagante ditirambo que estamos lejos de confirmar hoy 
dia. Se comprende y se excusa por haber sido Magarinos durante 
tantos atios la figura central del romanticismo en el Uruguay, su 
agente viajero en Espana y el mas celoso propagandista de 
America. Son titulos que hacen perdonar el éxito inmoderado 
de aquella vida. Merced a Margarifïos, comienzan a circular, a 
mediados del siglo xix, esos libros de prosa a dos columnas con 
laminas ingénuas de indios românticos que pudieron salir de las 
novelas de Fenimore Cooper. «Cantemos... pero sea con lira 
americana», propone ya en Brisas del Plata. En el prôlogo, que 
es su prospecto de arte ( ' ), repite solo, pero con renovada fe, el 
propôsito de Gutiérrez, de Lamas o de Alberdi. El poeta ameri- 
cano, «heraldo del porvenir», debe «confiar ciegamente en la 
Providencia y en los grandes destinos que réserva a la Ameri- 
ca». Monotono programa, que no requière demostraciôn en 
nuestros dîas, pero que pasaba entonces por novedad casi cho- 
cante. 

Entusiasta misionero del americanismo, fué ciertamente en el 
Uruguay el precursor de la literatura régional, de la novela gau- 
cha, ensanchada y engrandecida después por Viana y Reyles. 



( ' ) Prôlogo reproducido parcialmente en Celiar y por completo en 
Palmas y otnbûes^ como para indicar que no ha variado su concepciôn del 
arte americano. 



LA LITKKATURA UkUGLAYA 459 



Caramurû se lee hoy mismo con encanto. La intriga puede ser 
a ratos folletinesca; pero hay paginas calientes de vida y apare- 
cen por primera vez en prosa los sabrosos modismos del habla 
rûstica. No nos alejen los procedimientos del relato acezado y 
enfâtico. Este escritor sugiere bien al gaucho generoso y pen- 
denciero de los pagos y los galpones. Y si no tuvo el Uruguay 
su Anialia o su Marm, tiene, por lo menos, su brève epopeya 
campesina, la novela que fué, como decîa Margarinos, «expre- 
siôn de la naturaleza y de la sociedad americana» (' ). 

Y de él sera Caramurû lo que perdure. Copiosa, frondosa, es 
su obra en verso: seis libros desiguales de la mas encrespada y 
fatigante elocuencia, a veces. De los mejores, Brisas del Plata o 
Palmas y ombûes, tratan de extraer penosamente los colectores 
de antologîa alguna pagina que no sea desmayada, su evocaciôn 



(') El fundador de la novela nacional es indisputablemente Magari- 
nos. En la descripciôn de la Naturaleza, le habian precedido Larranaga 
y Marco Sastre; y algo del)e, sin dud.i, a estos preâmbulos. Un poco an- 
tfs, D. Manuel Acosta tuvo el designio de publicar novelas românticas. 
Las escribe durante el Sitio Grande, pero solo puede hacerlas imprimir 
poco mâs tarde. Se llaman Los dos tnayorcs rivales los amantes patrio- 
tas (1856), Laguerra civil entre los incas (1861) y Un matrimonio de rebo- 
te (1862), ensayos casi ignorados que no pueden rivalizar siquiera con los 
juvéniles tanteos de Magarinos. 

Dos anos antes de publicada Amalia (Montevideo, 1851), que sigue sien- 
do el mejor parangon de Maria, daba a la estampa Magarinos La estrella 
del Sur , memovidiS de un buen hombre, novela clâsica-romântica. Esta 
obra, concebida en la travesfa de Montevideo a Câdiz, sali'a a luz en 
Mâlaga en 1847. Dos afios después, el episodio burlesco Las plagas de 
Eglpto, en 1853; No hay mal que por bien no venga, y, por fin, su famoso 
Caramunï. 

Manuel Herrero y Espinosa publica en la Revista del Plata, de 1882, un 
ensayo de novela, en donde comprueba ser el mismo que pocos anos 
antes dedicara un entusiasta juicio a Gustavo Adolfo Becquer. Pero este 
y otros ensayos permanecieron aislados. Julio Piquet, que iba a ser el 
brillante periodista de mâs tarde, escribiô la Yindidi Margot («Anales del 
Ateneo»), y encantadores cuentos, que no quiere recordar el aplaudido 



460 V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

al ombû, su brève Diida. Tiene todos los defectos exorbitantes 
de la escuela, sin alcanzar jamâs la ingenuidad sentimental de 
Berro o la cadencia suspirante de Gomez, Es el romântico inté- 
gral en el peor sentido de la palabra. 

Apenas cuenta quince anos cuando publica su primer verso 
en El Nacional^ de Montevideo (1842), y alli mismo promete 
Rivera Indarte un claro porvenir al autor adolescente de Laza- 
riiio. Este Lâzaro cadet es, por supuesto, Magarinos: 

Solo, triste, abandonado, 
sin amor y sin consuelo, 
sobre mf descargô el cielo 
su terrible maldiciôn. 

A los quince ailos lleva en su frente «grabada la maldiciôn 
del Eterno». Exageraba pomposamente, como toda esa ju- 



autor de Tiros al aire. Acaso mas perdurable suerte alcancen Los amores 
de Marta, de Carlos Maria Ramîrez, superiores a su anterior novela Los 
palmarès, y Cristina, de Daniel Munoz, el celebrado director de La Razo'fi, 
novelita elegantemente escrita, en donde se refiere la vida de la buena 
sociedad de hace treinta anos y se comhate la vida conventual. Un hijo 
de D. Andrés Lamas, Pedro S. Lamas, escribiô la romântica Silvia, cuyos 
protagonistas son oficiales del ejército palriota de San Martin, que em- 
prendiera la lucha por la independencia del Perû. 

Cuando Reyles comenzô a publicar sus novelas naturalistas, ya la no- 
vîsima escuela aparecîa, aunque con dejos del ayer sentimental, en Las 
hermanas Flammari y Valmar^ de Mateo Magarifïos Solsona. 

Después ilustran el cuento, en diarios y revistas, Fragueiro, Arregui- 
ne, Ferez Petit, Ferreira. Varsi. Fernandez Médina, Arena, Bernârdez, 
Antuiia, Cione, Mora, Crosa, Maldonado, etc. 

El doctor Oriol Sole Rodrîguez, contemporâneo de Viana, escribe sus 
interesantes Leyendas guara7iies. Francisco J. Ros y Juan Manuel Suârez 
son autores, respectivamente, de las interesantes novelas De linaje y la 
Enferma ni'im. 13. En 1900 édita Manuel B. Otero su fantâstico Eras7iius. 

Entre los recientes noveladores y cuentistas se destacan ya los nom- 
bres de Manuel Médina Betancourt, Nin Fri'as, Mascarô Reissig, Santiago 
Dallegri, Magariiios, Martînez Ouiies, etc. 



LA LITERATURA URUGUAYA 46 1 



ventud de desesperados. De parecido acento son los versos que 
réunira en Brisas del Plata, pero ya anuncia al novelista de Ca- 
ramurû cuando dice en el prôlogo: «Creemos que el poeta, y el 
poeta americano mns que ningûn otro, tiene una misiôn eminen- 
temente social que cumplir si quiere merecer ese honroso dicta- 
do. Para conseguirlo debe arrancar de su lira todas las cuerdas 
profanas, vestirse de dignidad y tbrtaleza, confiar ciegamente en 
la Providencia y en los grandes destinos que réserva a la Ame- 
rica». Y fué esta fe continental, cuando no tenîa veinte aùos el 
poeta, ni el Continente parecia anunciar futures de Victoria, lo 
que sedujo en seguida. Voz de esperanza, que sorprendiera a 
esa generaciôn entumecida y gemebunda. Celiar, primero, Cn- 
ramiirû^ después, parecieron a los contemporâneos de Magari- 
nos anuncio y gloriosa iniciacion de la nueva literatura ameri- 
cana. 

Celiar^ leyenda en verso; Caramuru, novela en prosa, obede- 
cen a igual intento, casi son la misma obra; su asunto es el con- 
tacte de dos civilizaciones y dos aimas, charrûa y espanola. 
Confiesa en el prôlogo el autor que, hallândose en el Brasil, en 
una hermosa fazenda de la provincia de Rio de Janeiro, oyô con- 
tar una «lamentable historia ( ' ) que, si no es la que hoy ofrezco 



( ' ) Han sido los brasilenos los verdaderos iniciadores de la literatu- 
ra régional. Esta «lamentable historia» fué, sin duda, el poema brasileiïo 
Caramurû, del cual tomô Magarinos el titulo de su novela y los nombres 
de algunos personajes. Caramurû, poemi épico del descubrimiento de Ba- 
hia, obra de Fr. José de Santa Rita Durào, de la Orden de los Ermitaiios 
de San Agustîn, natural de Cata Prêta en Minas Geraes, se publicô en 
Lisboa el ano 1781. 

En las Reflexiones prcvias que preceden a su poema, Durào nos advier- 
te que «os succesos do Brazil, nào mereciâo menos hum Poema que os 
da India? Incitârame a escrever este o amor da Patria» y agrega li'neas 
mas adelante: «A accào do Poema he o descubrimiento do Bahia, feito 
quasi no meio do Seculo xvi, por Diego Alvares Correa, nobre vianez, 
comprehendendo con varies episodios a Historia do Brazil, os Ritos, 



402 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

al pûblico, sugiriôme la idea primitiv^a que he desarrollado en 
esta leyenda» f ' ). 

Celiar^ dice el autor, continua el pensamiento de sus Brisas 
del Plata. Este pensamiento (y excusamos la monôtona exposi- 
ciôn en gracia del propôsito) «se reduce a buscar nuestra poesîa 



Tradiçoes, Milicias dos seus Indigenas, como tamben a Natural o Politica 
das Colonias». 

Acaso en Xâfazendas de su pariente Araujo tuvo Magarinos oportuni- 
dad de leer el poema de Santa Rita Durào. Fué Magarinos quien escribiô 
también, en otro prôlogo suyo: «Como faros luminosos que sefialan el 
punto de partida y el arduo derrotero trazado delante de la nueva gene- 
raciôn, volvemos atrâs la vista para cantar los dias gloriosos de nuestra 
independencia, en esta época de lucha a muerte entre la barbarie y la 
civilizaciôn, como para ensalzar la inteligencia, el patriotisme, la virtud, 
buscamos sus mis altas manifestaciones en los hombres que en el poder 
supremo, en los campos de batalla, en el noble cumplimiento de los de- 
beres, como dignos ciudadanos, han merecido el aprecio de sus contem- 
porâneos y las bendiciones dfe la patria. Perdidos en las paginas de la 
historia del nuevo hemisferio, o transmitidos de padres a hijos por tra- 
diciôn popular, existen hechos, episodios, rasgos que son verdaderos 
diamantes». 

La coincidencia es évidente; el amor de la patria, ese patriotisme his- 
tôrico que se funda en la gloria del pasado inspiran al brasileno y al uru- 
guayo. 

En cambio, Magariiios Cervantes élimina por complète la mitologia de 
su poema; Santa Rita Durào la mezcla con los milagros del catolicismo y 
con la teogonîa indi'gena brasilena. 

Sin embargo, aunque en el poema Celiar Magariiios desarroUô casi 
idéntico tema que en su novela Caramunl, debe reconocerse que uno y 
otro tema son de argumento muy diferente al del poema del autor bra- 
sileiïo, solo semejante por la coincidencia de nombres ya apuntada, por 
las descripciones minuciosas de la naturaleza local, por mezclarse en am- 
bos la historia y la lucha del indio contra el conquistador, por ese pro- 
pôsito americanista literario del que fueron verdaderos iniciadores los 
brasilefios. 

( • ) La historia que no ofreci'a al pûblico era la novela Ca/ainurii, es- 
Crita con prioridad a Celiar y publicada muchos arios después de esta. 



LA LITERATURA URUGUAYA 463 

en sus verdaderas fuentes; es decir, ya en el pasado, ya en el 
porvenir de America; ora en las maravillas de nuestra espléndi- 
da naturaleza inerte y animada, ora en las escenas originales de 
nuestras estancias». Son palabras del prologo, fechado en Ma- 
drid en Agosto de 1852, Pero en 1845 estaba terminado ya el 
poema. Lo diô a leer a Gômez, y el gran romântico uruguayo 
publicô en El Me?'ciirio, de Valparaiso (agosto de ese zno), la 
difusa y apasionada carta abierta que todas las antologîas re- 
producen. 

«La poesfa, como organo hoy del pueblo, ûnica forma de 
nuestra literatura, ha llorado lâgrimas verdaderas de un modo 
ajeno a nuestro infortunio y se ha lamentado en un idioma ex- 
tranjero... En una tierra donde el hombre muere batiéndose a 
la sola palabra de libertad, el poeta maldice de los hombres y 
de las realidades... Acaso nunca el escepticismo ni la indiferen- 
cia empanarnn el fresco matiz de nuestras flores... Uno vendra 
que nos digd palabras religiosas de esperanza, los votos callados 
de los corazones, las ilusiones de los buenos; que nos recuerde 
con amor los campos, los arroyos, los galopes en las cuchillas y 
nuestros compaiieros en los dias de sinceridad». El candidato 
de Gômez para este mesianismo era, sin duda, Magarinos, cuya 
exubérante adolescencia pudo hacer concebir muy altas espe- 
ranzas que no iba a confirmar. Sin compartir el entusiasmo de 
aquél, comprendemos la emociôn de su carta, que tiene acento 
de confesiôn y de peccavi. Aquellas «lâgrimas verdaderas > las 
ha llorado también en lenguaje de afrancesado. Gômez adivina 
alguna vez su error. Presiente a Whitman cuando augura el sen- 
tido religioso de la esperanza. Tal vez la nueva poesîa esta en 
cierne. Heroica veinte anos y planidera otros tantos, distraîda 
de su terruno por el deseo de cantar la patria o por la adapta- 
ciôn de una pena extranjera, se abismarâ quizâs en la contem- 
placiôn de la naturaleza americana, en esa «vaga y dulce con- 
templaciôn» de jMarcos Sastre. Excelente era el propôsito; la 
ejecuciôn no lo fué. Cetiar y Caramurû continûan adaptando 



464 V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



n 



situaciones de melodrama. Su mismo tema no es, como Gômez 
queria, una evocaciôn contemporânea de vida ambiente: es la 
leyenda histôrica tal como la entienden los românticos ( ' ). 



III 



Magarinos Cervantes, patriarca malhumorado y desdenoso^ 
continua presidiendo por largos anos la literatura del Uruguay. 
De mediados del siglo hasta 1892, en que asoma la generacion V 

de.Rodô, es decir, durante cuarenta aîîos, la producciôn litera- 
ria es copiosa; pero si exceptuamos a Zorrilla de San Martin, o 
a Bauzâ (y tal vez a Ramîrez), ninguno acierta a dejar obras que 
duren. Intermediario entre los românticos y el modernisme ini- 
ciado con la Revista Nacional^ un nûcleo de escritores com- 
pone «la generacion del Ateneo». La inmensa mayorîa de la 



( ' ) En mâs detenida y extensa resena critica analizarîamos la obra 
de algunos otros escritores de la segunda generacion romântica, como 
Matîas Behety, el singularîsimo bohemio, el «visionario y mendigo lumi- 
noso», como lo llamô Leopoldo Di'az, cuyos poemas, La vision de la vida 
y La vision de la viuerie, traducidos al francés, mereeieron elogios en- 
tusiastas; a José Pedro Varela (1845-1879), conocido y discutido como 
renovador de la pedagogîa uruguaya, poeta juvenil y no desdeîîable, en 
un libro casi ignorado, Ecos perdidos (colecciôn de poesias, Nueva York, 
1868 (léanse, por ejemplo, los versos F, La noche, Duda, El hombre); 
a Heraclio C. Fajardo (1833- 1867), romântico exasperado y periodista de 
gran renombre en su época, celebrado autor del poema La cniz de 
azabache y del libro de poesfas Arenas del Uruguay^ que ha dejado iné- 
ditos seis volùmenes mas, intitulados: Suspiros de la lira, Prehidios del 
arpa, Recuerdos întimos^ Cantos patrios, Prismas del aima, Luciérnagas; 
a Fermi'n Ferreira y Artigas, al ameni'simo periodista de El Siglo, de cu- 
vas deslumbrantes improvisaciones tribunicias perdura el renombre en 
el Uruguay, mieiitras sus versos se olvidan; a Ramôn de Santiago, a pe- 
riodistas y pensadores de alto realce, como Agustîn de Vedia, Angel 
P'ioro Costa, A. Bachini, Kubly Arteaga, Aramburû y Abel J. Pérez, etc. 



# 



LA LIÏERATURA URUGUAYA 465 

juvcatud, clesorientada bajo la Urania de Latorre, se refugiaba 
en la tribuna de aquel centro y de la « Sociedad iiniversitaria» 
(1875)) en donde también se discutîan teraas de pensamientos 
y de letras. Casi toda esa generaciôn es libéral, posiLivista y 
romântica a la vez: ha leîdo el catecismo de Auguste Comte y 
la Historia de los girondinos, de Lamartine, Su vocero es La 
Razon, fundada en 1878 por Prudencio Vasquez y Vega, i\na- 
cleto Dufort, Manuel B. Otero y Daniel Munoz. .V ellas se opone 
El Bien Pùblico (1878), que dirige, a su regreso de Santiago 
de Chile, el catôlico Zorrilla de San Martin con el periodista de 
origen espanol D. Francisco Dura. Se destaca alli también el 
ilustre autor de la Historia de la doviinaciôn espaùola en el Uru- 
guay, D. Francisco Bauzâ, director poco antes de Los Debates 
(1871-1872), que iba a dejarnos, en sus Estudios literarios, 
las paginas mas sentidas y elocuentes, tal vez, que se han escrito 
sobre el gaucho ( ' j. 

En el Ateneo fîguraban no solo nombres conocidos va en las 
columnas de El Siglo, desàe 1873, como JuHo Herrera y Obes 
y José Pedro Ramîrez, ilustres en la polîtica y en las letras, sino 
literatos de ayer, como Enrique de Arrascaeta. Muchas de lasper- 
sonalidades uruguayas vivientes pertenecieron a la juventud de 
aquel centro. De los muertos, parece justo recordar a Washing- 
ton P. Bermûdez (1845-1913), autor de muy felices epigramas; 
a Rafaël Fragueiro (1864-1914), el sonoro y parnasiano canto- 
de Los Buitres; a Juan Carlos Blanco (1847-1909); a Carlos M. 
Maeso (1860-1912), un Taboada del Montevideo cursi, insupe- 
rable en sus agudas caricaturas de la burguesia pobre, y al mas 
alto de todos, a Carlos Maria Ramîrez (1848-1898), el novelista 
de Los /^a/mares y Los auiores de Marta, pero sobre todo el pe- 



I') Francisco Bauzâ, Historia de la doinitiacidn espaùola en el Uru- 
gnaz, Montevideo, 1885, très volùmenes (la segunda ediciôn, corregida v 
amnentada, es de 1895-97); Esiiidios literarios, Montevideo, 1885. Piibli- 
cô, ademâs, en su juventud, un libro de poesias, poco divulgado. 

Revue Hispanigu.'. — -P. .o 



466 



V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGKLAIA 



riodista de soberbia envergadura, el véhémente historiador por 
cuyas paginas pasa, a veces, como en su evocaciôn de Artigas 
envejecido y desterrado, la lîrica llamarada de Michelet. Este si 
fué, decia Julio Piquet, el «grande hombre auténtico», en quie- 
nes sus contemporâneos admiraron un temperamento génial que 
no diô de si, por desgracia, cuanto era legitimo esperar. 

De los autores vivos séria imposible omitir, aun cuando solo 
pretendan ser estas paginas somera resena y no prolijo anâlisis,. 
a Santiago Maciel (1862), el dulce eclôgico de Flor de tréhol., 
que en sus cuentos Nativos rivaliza, por la luminosidad descrip- 
tiva, con Bernârdez y por el sabor régional con Javier de Viana; 
a Victor Arreguine (1868), poeta menor, cuentista sobrio del 
campo, historiador sagaz que acreditô su buen sentido critico 
en la antologia titulada Colecciôn de poesias unigiiayas; a Daniel 
Munoz (1849), que ha escrito excelentes artîculos de costum- 
bres, élégante prosa de periodista y la ya mencionada novela 
Cristina; a Ricardo Sânchez (1860), de cuyos dos volûmenes de 
versos perdurarâ, por lo menos, la sentidisima elegîa A un ami- 
go muerto; a Joaquîn de Salterain (1856), el romântico sosegado 
y sobrio de Intimidades; a José Sienra y Carranza, poeta résonan- 
te y escritor politico de combate, y, en fin, prééminentes en esa 
generaciôn del Ateneo y de la Sociedad universitaria, a Eduarda 
AcevedoDiaz (1851), Elias Régules (1860), Carlos Roxlo(l86o),a 
Samuel Blixen (1867-1909), y Manuel Bernârdez (1867;, a quie- 
nes nos parece estricto deber el consagrar mâs detenido examen. 
«El Concourt americano» se ha llamado alguna vez a Eduardo 
Acevedo Dfaz ( ' ), por esa lengua jaspeada y anhelante, ese par- 



(') Eduardo Acevedo Dfaz: i?;r«t/a, Montevideo, 1894; Ismael, Mon- 
tevideo, 1894; Nativa, Montevideo, 1894; Grito de glon'a, Montevideo 
1894; Soledad, Montevideo, 1894; Miné, Montevideo, 1910; El mito del 
Plata, Montevideo, 1916. Casi todas las obras que acaban de citarse se 
imprimieron en foUetones de diarios de Buenos Aires y de Montevideo. 
La primera ediciôn de Naliva es de Montevideo, en 1880. 



LA LIÏERATURA URUGUAYA 467 

padeo de la frase que corresponde a la pincelada impresionista 
de los famosos hermanos de Francia. Sin duda pretendio, como 
ellos, ser a un tiempo novelador e historiador, volver furtiva- 
mente a la novela historica, pero no concebida en grandes fres- 
cos, sino desmenuzada en anécdotas. ^No escriben, acaso, los no- 
velistas la historia, sin fausto ni rigidez cronolôgica, la historia de 
la sociedad en donde viven? Rn las Liaisons dangereuses busca- 
ron muchos la justificacion de la Revoluciôn francesa, y cuando 
se escribe la historia del segundo Imperio no puede prescindir- 
se de El nabab de Alphonse Daudet. Sin deformar el pasado, 
como Walter Scott, sin diluirlo en «episodios nacionales», por- 
que es ante todo novelista, Acevedo contarâ las guerras de Inde- 
pendencia y la actualidad de su tierra bravia, como la vida sen- 
cilla de la pampa y del pago, en sus ardientes novelas tituladas, 
Brenda, IsmaeU Grito de gloria^ Nativa, Soledad y Mine'. 

Ismael y Nativa son, a juicio nuestro, los mejores timbres de 
gloriadel novelista. La mezcla de géneros perjudica, sin duda, a la 
veracidad de la narracion. Las sesenta primeras paginas de h- 
1 nae l soXo son prolegômenos a la historia de lalndependencia del 
LVuguay, pero en esta y otras novelas de Acevedo parecen esbo- 
zados algunos de los soberbios episodios que Reyies y de Viana 
propagarian: el incendio de Soledad, por ejemplo. La escena en 
donde Ismael, para vengarse de Almagro, que le arrebatô â su 
mujer, logra cogerlo vivo en el lazo y lo arrastra, despedazân- 
dolo en las piedras del terreno, al galope sangriento de su caba- 
llo, es fuerte, sobria, admirable. Pero el relato de este amor y 
esta venganza no ocupa doscientas paginas del libro, y el inte- 
rés del drama, que, concentrado, séria apasionante, disminuye 
al ser interrumpido por graves parrafadas de historia. Es el pe- 
ligro de la novela historica en gênerai y de las de Acevedo en 
particular. Su reciente libro sobre El mito del Plata, en donde 
parece discutir una famosa humorada de Carlos Maria Ramirez 
(decîa este escritor que si Artigas y su genio militar no existie- 
ron séria necesario inventarlos), nos prueba que Acevedo cède 



468 



V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



al cabo a su mas honda vocaciôn de escribir la historia del 
Uruguay. 

Elias Régules ( ' ), gaucho y doctor, es una de las mas pinto- 
rescas figuras del Uruguay contemporàneo. Este profesor de 
Medicina légal delà Universidad de Montevideo, que sobre el mas 
élégante //«^c luce el poncho y clasico panuelo de seda, realiza 
el sonado anacronismo de un Bartolomé Hidalgo que tuviera la 
ciencia de Larranaga. Préside la Sociedad Criolla, destinada a 
mantener usanzas viejas; pero «el gaucho se va», como anuncia- 
ba Gomez hace tantos anos; se fué, quizâs, definitivamente, y es 
natural que su obstinado crioUismo sorprendiera y escandalizara 
mâs de una vez en el actual Montevideo. A las censuras ha res- 
pondido elocuentemente el autor de Mi tapera en versos dedi- 
cados a los redactores de El Fogôn Juliân Perujo, Calixto el 
Xato y Alcides De-Marîa (incorrecto y facundo antecesor de 
Régules, a quien superô este muy pronto): 

Por ser hermoso y ser mîo 
esto con fe me arrebata; 
y solo mente insensata 
podrâ encontrarle mancilla, 
porque valgo con golilla 
lo que valgo con corbata. 



Yo elogio la ilustraciôn 
y a sus ventajas me amparo, 
como lo prueban bien claro 
mi vida y mi profesiôn; 
pero la alta perfecciôn 
que en la cultura se encierra, 
no ha sido grito de guerra 
para matar en rai pecho 
el gusto franco y derecho 
por las cosas de mi tierra. 



(') Eli'as Régules: Versos crlollos, Montevideo, 191 5 (quinta ediciôn 
aumcntada). 



ma 



LA LITERATURA URUGUAYA 469 



Las de la tierra — «cosas chicas para el mundo, pero. grandes 
])ara mi», como dice en la mas famosa de sus poesias, Mi tapera — 
son el gaucho rumboso y pendenciero, la china que canta déci- 
mas tristes y hdàldi per icônes alegres, el paisaje con claros rumo- 
res de alqueria y siempre, en el horizonte escampado, una guita- 
rra que llora. ^Monotonîa y melancolia son cualidades y defectos 
del género, como el encanto de la tierra descrita. Ya se adver- 
tian en les predecesores argentines del autor que estudiamos: 
Santos Vega o el autor de Martin Fierro, y en los poetas crio- 
llos del Uruguay, contemporâneos de Régules, Antonio de Lu- 
ssich, Alcides De-Marîa y Orosmân Moratorio. Moldeada en 
la copia espaiiola, fâcil y aguda como ella, no tiene, sin em- 
bargo, la de Régules su obsesiôn de celos agarenos y de puiia- 
les. Siempre se advierte aqui la encantadora languidez de Ame- 
rica. Hallazgos de delicadeza rûstica: «el arroyo que corre asus- 
tado como huyendo de una pena» o los dos ranchos que se 
miran «a través de un arroyito», no parecen inventados por el 
escritor, sino espontânea creaciôn de un pueblo tierno y enamo- 
rado. Y escribiendo cosas de sus paisanos y para ellos, muy 
pocas veces emplea, sin embargo, la jerga oscura del gaucho, 
originalidad que ya observô en Régules el argentino Leguiza- 
môn. «Solo usa, dice este, el lenguaje castellano, matizado de tal 
o cual modismo criollo, sin que por ello pierda de sustancial el 
tema que desarrolla, generalmente en décimas, ajustândose asi a 
la forma favorita del trovador campestre». Si cuando quiere 
imita a maravilla el lenguaje rûstico, como en la payada «entre 
dos gauchos», el tono frecuente y mas feliz es esta copia, que 
por inspirarse también en la vieja simplicidad espanola, tiene, a 
veces, parecido con los cantares de Jiménez: 



En el llano y en la loma, 
con ademân soiïoliento, 
déjà la brisa su aliento 
lleno de silvestre aroma. 



470 



V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGELATA 



Por todas partes asoma 
una calma indefinida 
y la canciôn repetida 
del terutero risueno, 
surge como tierno ensueno 
de la campana dormida. 

(S/i^ue kl Imella). 



De la misma vena encantadora son muchos de los Versos 
criollos, donde reûne sus mejores canciones populares. Las sabe 
el gaucho de memoria, las sabe ignorando muchas veces el nom- 
bre del poeta que les diô vida, y asî ha de perdurar su gloria 
oscura, envidiable como la de los autores de romanceros o 
copias, cuyo nombre se extingue y se disipa, cuando la gracia 
silvestre de las estrofas sin duerio sigue uniendo parejas y con- 
certando amores. 

Si en un plebiscito campesino se tratara de elegir un principe 
de los poetas uruguayos, la mayoria de los sufragios le corres- 
ponderîa a Carlos Roxlo. Sus Cantos de la tierra y El pais del 
trébol son, por lo menos, tan populares como algunos cuentos 
de Viana y 2X^\xx\.z& payadas de Régules. Este hijo de espaiiol es 
un crioUo. Mas de un campero que canta cielos y vidalitas os 
repetirâ, quizâ truncando los versos, la historia del tordo o algu- 
na «flor de ceibo>. Singular reputaciôn para quien iba a escribir 
la Historia critica de la literatura m-tigiiaya. 

Los que solo buscan en la poesia la gracia decorativa de los 
ritmos, el lujo del raro epiteto, la hurafia confesion de una pena 
para los happy few, los lectores de Herrera y Reissig, por ejem- 
plo, desderiarân esta poesia de copia. Y el desdén sera injusto, 
porque, si no siempre hallamos novedades lîricas en los cinco to- 
mos de poesîas de Roxlo, no puede negârsele un justiciero elo. 
gio a quien, interprète de la sensibilidad popular, la ha enrique- 
cido seguramente. Menos personal es la vena de algunos versos 
en que imita manifiestamente, como en Soledades, a Campoamor 
o las estrofas sonoras en donde continua el género envejecido 



m 



I 



LA LITERATURA URUGUAYA 4/1 

de Gômez. Roxlo «es el cantor de la Libertad>, ha dicho en con- 
fuso ditirambo un joven romântico trashumante. 

Esta lejos de complacernos (y sin duda comparten muchos 
uruguayos esta opinion) la historia critica de Roxlo. Excelente 
como arsenal, utilîsima antologia por los fragmentos que encie- 
rra, abruma al lector por su difusiôn deliberada y déplorable. 
Siguiendo un procedimiento difundido ya en la Penînsula, y 
CLiya responsabilidad incumbe a Menéndez y Pelayo, el autor, o 
mejor dicho el divagador, emprende una excursion intelectual a 
todas las comarcas. Como el admirable poligrafo escribio una 
Historia de las ideas estéticas en Espana, que tuvo poco de es- 
pafiola, el uruguayo diluye en siete volûmenes su historia de las 
ideas literarias de todas partes y algunas veces del Uruguay. De 
todo puede hallarse en esa Suma: paginas elocuentes, citas pro- 
fusas, observaciones parciales excelentes, y ese don de admirar 
que acredita la hidalga estirpe del crîtico, pero casi nunca las 
quince lîneas mondas en que un Saint-Beuve define y puntualiza 
la calidad del libro analizado. 

A los cuarenta y dos aiios muriô Samuel Blixen ( ' ). Desapare- 
•cia con él el mas popular cronista del Uruguay, cuyo seudonimo 
Siiplente habia llegado a ser famoso. Cronista, en el sentido am- 
plîsimo y vivaz que hemos llegado a darle a esta palabra. Cro- 
nista cuando improvisaba, an pied levé', articulos fugaces, que lo 
parecen y no lo son, porque una perenne juventud alienta en 
ellos; cronista en sus mismas obras para el teatro, pues mas que 
su intriga nos seduce en el camino la gracia chispeante y reto- 
zona de los diâlogos de Ajena y Un citento del tio Marcelo, sus 
mâs sonados éxitos, 

Abogado en su mocedad, como todo el mundo, Blixen comen- 



( ' ) Samuel Blixen: Cobre viejo^ Montevideo, 1890; U71 cuetito del tio 
Marcelo, Montevideo, 1892; Primavera, Verano, Otono, Invierno, Monte- 
video, 1899; Estudio compendiado de obras de la liieraiura contempordnea 
desde ijSq a iSç^ ',1894, 2 vol.). 



472 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

zô escribiendo versos, como casi todas las juventudes. «El gau- 
cho oriental en las luchas de la Independencia», composicion 
premiada en les Juegos florales de 1887, no tuvo malas conse- 
cuencias. Iba a triunfar y afirmarse en otro género. De su curio- 
sidad universal queda el testimonio de ensayos crîticos, como 
su Estiidio compendiado de la litcratura contempordnea de ijSç 
a i8gj. Pero lo mas personal de su obra vasta son las crôni- 
cas, algunas de ellas reunidas en libros: Cobre viejo, Por mares 
aziiles. De Minas al Cerro, en donde este parisiense de Montevi- 
deo abarca todos los géneros y les abandona todos en su impro- 
visaciôn vivaz, mezclando, segûn los ritos de la crônica, la leve- 
dad de un aticismo con una aguda observacion prendida al vue- 
lo; risueno y enternecido, al evocar la futileza del bulevar; colo- 
rista, al describir los esplendores tropicales del Rrasil; furtivo y 
fugitivo siempre con la divina prisa de la gracia. 

Manuel Bernârdez ( ' ), el poeta neoparnasiano, solo parece re- 
velar en prosa su personalidad original. Cohibido por la liturgia^ 
un tanto solemne y frîa de sus versos, es el cuentista magistral 
de El desquite, de algunos croquis sobrios de la vida campera, en 
donde rivaliza con el Javier de Viana de los mejores libros. El 
acuarelista minucioso ataca bruscamente el gran paisaje, el lienzo 
panorâmico en su admirable De Buenos Aires al Iguazû. (Bue- 
nos Aires, 1901). Burla burlando, y como al desgaire, escribiô 
este libro, que pretendia solo ser, segûn el subtîtulo, un conjunto 
de «("rônicas de un viajeperiodistico a Corrientes y Misiones». La 
prosa vivacîsima de los capftulos iniciales, en donde halagan }a 
ciertos hallazgos de humorista que confînan con la simplificada 
vision de los dibujantes japoneses, se hace jaspeada y caudalosa 



(') Manuel Bernârdez: Claros de Lima (poesias), Montevideo, 1890; 
Canto a Ariigas, Montevideo, 1894; Tambos y rodéos, Montevideo, 1894; 
De Btienos Aires al Iguazû (crônicas de un viaje periodistico a Corrientes 
y Misiones\ Buenos Aires, 1901. Piiblicô ademâs dos obras importantes 
de propaganda sobre la Argentina y sobre el Brasil. 



m 



LA I. ITERA lUKA UKUCIUAYA 47^ 



al describir, en La maravilla de America^ la sinfonfa en blanco 
mayor de la catarata. Por esas paginas se sobrevivirâ tal vez Ber- 
nârdez; por esas paginas de Heredia, en prosa y mas veraz que 
un maestro colorista como Gautier, no hubiera superado. 

En Montevideo, el 28 de Diciembre de 1855, naciô el becque- 
riano de Tabaré. Romântico y patriota apasionado, su nombre 
parece el programa de su vida. Se llama Zorrilla, como el poeta, 
y vSan Martin, como el libertador. 

En el Colegio de los padres jesuitas de Santa Fé, donde se 
educa, se advierten ya los signos de esta infancia predestina- 
da. No tiene veinte anos cuando escribe, en 1874, la leyenda 
Ituzaingô. De 1877 son las Abtas de un himno^ que publica en 
Santiago. Le enviaron a Santiago de Chile los encargados de 
educarle para alejar al poeta joven del liberalismp ambiente en 
el Uruguay. En casa de los padres jesuitas sûbitamente, al leer 
el Haiiilet, descubre «el secreto de un mundo nuevo, de una 
poesîa interior». Notas de un hiimio revelan que también ha 
descubierto a Recquer. Sus notas parecen formar parte de esc 
himno «gigante y extrano» que aniinciaba una aurora en el aima 
nocturna del mas grande lîrico espanol. «El nino poeta, ob- 
servarâ Paul Groussac, camina todavîa con andadores»... Falta 
aûn «la linea précisa que sépara la creaciôn delà imitaciôn» ( ' ). 
Sugiere a Espronceda o a Lamartine, y a Becquer siempre. Pero 
junto a rimas dQ fâcil filiaciôn se anuncia ya, con El dngel de los 
ckarriias, el mas amplio y objetivo lirismo de Tabaré (''). Toda 



(i) Juicio de 1883, lo publiée Zorrilla mâs tarde como prôlogo a la 
cuarta y lujosa ediciôn de la Leyenda patria (i8q6). 
(a ) Dice allî: 

Era el ângel transparente 
que el indio libre adorô 
rayo de un astro doliente, 
el ùltimo jay! inocente 
de una raza que muriô. 



474 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



la obra magistral de mas tarde estaba ya enunciada en los tan- 
teos del estudiante ( ' ). 



Mas tarde, en Tabaré, aludii"â frecuentemente a la «lumbre expirante 
que apagô la aurora»: la desgraciada «estirpe que agoniza — sin hogar en 
la tierra ni en el cielo». 

Séria fâcil multiplicar los ejemplos de analogîa entre ambos poemas. 

(i ) Tabaré recuerda el juvenil Ân^el de los charrûas; Leyenda patria 
parece esbozada en Patria inia, que escribiera Zorrilla para un foUeto 
publicado con motivo de la Exposiciôn de Santiago de Chile en 1875, e 
incluido por Magariiïos en el Album de poesias uruguayas. 

Queda, ademâs, la huella de las primeras admiraciones del poeta. Cla- 
ro esta que no se puede hablar de calco tratândose de un poeta como 
Zorrilla; pero es curioso observar reminiscencias de la Oda a la batalla 
de Ituzaingé de su compatriota Manuel Araucho. 

Habîa escrito Araucho: 

En la campaîia amena 
surca el arado, y en la paz dichosa 
las naves, que el divino rîo argenta, 
conducen a la arena. 

De los puertos de Oriente la industriosa 
riqueza, que los pueblos hoy fomenta, 
las artes y la ciencia 
secundan la lumbrera 
con que en la senda del saber camina 
el hombre pensador, y la experiencia 
muestra la perspectiva lisonjera 
que a la pingûe fortuna détermina. 

Ciudadanos!, guerreros inmortales, 
fuertes columnas de la patria amada, 
escribid de la historia en los anales 
nuestra carta sagrada! 



Y vosotros, soldados valerosos, 
no permitâis que en el feraz Oriente 



LA LITERATURA URUGUAYA 475 

En el certamen celebrado en la Florida ( ' ), con ocasiôn de 
erigirse allî un monumento conmemorativo de la Independencia 



coloque el extranjero férrea planta, 
y el dîa que los déspotas lo insulten, 
bajo la espada que al servi! espanta 
los troncos y sus siervos se sepulten! 

Y antes que el cetro del tirano fiero 
otra vez nos oprima, 
descendamos gustosos al abismo 
y sobre las cenizas del guerrero, 
el mismo cielo nuestra muerte gima. 

Y exclamô Zorrilla, mâs bellamente sin duda: 

Rompa tu arado de la madré tierra 
el seno en que rebosa; 
la mies temprana en la dorada espiga, 
y la ciega abundosa 
corone del labriego la fatiga. 

Cante el yunque los salmos del trabajo, 
muerda el cincel el aima de la roca, 
del arte inoculândole el aliento; 
y, en el riel de la idea electrizado, 
muera el espacio y vibre el pensamiento 
en las viriles arpas de tus bardos. 

Palpiten las paternas tradiciones, 
y despierten las tumbas a sus muertos 
a escuchar el honor de las canciones, 
y siempre piensa en que tu heroico suelo 
no mide un palmo que valor no émane. 
Pisas tumbas de héroes.,. 
jAy del que las profane! 
Protège joh Dios! la tumba de los libres, 
que inclina a tî tan solo, 
solo ante tî, la coronada frente. 

( ' ) Generoso rival de Zorrilla de San Martin, cuya gloria iba a opa- 
carle, Aurelio Berro dejô solo en folletos agotados e inhallables, las mâs 



476 



V. GARCÎA CALDERÔN, H, D. BARBAGELATA 



del Uruguay, lee Zorrilla su Leyeiida patria (1879), y la lectura 
acaba en triunio. En fin, Tabaré, en 1888, propaga su gloria a 
toda America. ;Ouién no admirô en el Continente la rûstica epo- 



veraces muestras de un firmîsimo talento de poeta cîvico. Todo el aliento 
quintanesco y la exactitud parnasiana de Nûnez de Arce se reûnen en un 
poema intachable, A la iiidustria, del cual citaremos algunos versos como 
justicia reparadora a este escritor casi olvidado: 

Débil de cuerpo, mas de ingenio fuerte, 
con la rama nudosa y piedra rota, 
contra les reyes de la selva ignota 
hace el hijo de Adan arma de muerte. 
Después el bronce a su placer convierte 
en lanza aguda o defensora cota. 
Dios, cuyo nombre de sus labios brota, 
no le abandona en su pi-ecaria suerte. 
El suelo, por su brazo destrozado, 
el util grano a que sirviô de abrigo 
devuelve a su heridor centuplicado. 
jOh, Providencia fiel, yo te bendigo 
a ti, que protegiendo al desterrado, 
te muestras bienhechora en el castigo! 



Unido el fierro a la adquirida lumbre, 
el horizonte dilatô su anchura: 
a planta humana se moviô segura 
del hondo valle a la empinada cumbre. 
El arte, sucesor de la costumbre, 
ornô la utilidad con la hermosura; 
naciô el deseo de mayor holgura 
y fué ya escasa la primer techumbre. 
Caverna, choza y artesôn labrado, 
ruda piel, sayo vil y blanda tela: 
son las etapas del camino andado; 
pero el viaje moral déjà su estela 
lejos del rumbo que le fué trazado 
por quien al giro de los orbes vêla! 



LX LITERATURA URUGUAYA 477 

peya del charrûa? Hasta en Espana D. Juan Valera, que, con 
desg'ano insolente, concedia «la alternativa» a toda celebridad 
ultramarina, aplaudiô el poema «sin el menor reparo», lo que no 
era habituai en el maestro de los tiquismiquis, las jlorituras y 
los rasgufios. 

Con La epopeya de Artigas, publicada después de veinte aiàos 
de esterilidad, halla, en fin, su vena nueva, se révéla el prosista 
profuso y generoso que el romântico orador hacia presumir. 
Desde entonces se ha consagrado casi enteramente ( ' ) a repujar 
su libro hasta convertir al padre de la patria, dicen con sonrien- 
te malicia algunos uruguayos, en su propiedad privada y exclu- 
siva, acaparândole, como un académico francés, a Napoléon. Su 
Artigas es un pendant y como una trasposiciôn de Tahare'. Que 
la epopeya fidedigna del inmortal blandengiie y la historia posi- 
ble del charrûa expresan la novela del Uruguay, la li'rica insu- 
rrecciôn, el libertario anhelo de la vieja aima insumisa. Artigas 
tiene forma de discurso; mas no esperéis las cadencias sagaces, 
la prosa balanceada de la oraciôn a la juventud que era el Ariel. 
Es un improvisador fulgurante quien lo escribe. Ya sonreimos 
del parentesco entre oradores y poetas que afirmaba cândida- 
mente Magariiîos. Esta vez el poeta queda suplantado por el 
tribuno. De la oratoria conserva el soplo largo, résonante, que 
atraviesa la frase y la encrespa toda como el viento en un plu- 
maje deslumbrador. Pero es un colorista como Gautier, quien ha 
mirado al «Papa blanco». En su Resonancia del camino hallamos 
el don del tropo de un poeta que piensa con imâgenes; los ojos 
verdes azulados de Leôn XIII que «en una cara de palidez mate, 
semejante a la de un mârmol de excavaciôn con finas grietas 
azules, parece que estan solos, desprendidos, como un desento- 
no en una mancha timida de color; < ese cuerpo inmaterial, eva- 
nescente en donde no queda mas cuerpo que el indispensable 



( ' ) Prépara Comentarios y Recuerdos de infaticia y Juventud. 



4/8 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

para sostener y niantener, como un antorcha, la luz de la cabe- 
za». Y en el lago de Lugano aquella vêla blanca, «que es ahora 
la protagonista del paisaje, la esta tocando el sol», y en Pompeya 
muerta, aquel antiguo circo derruido, «como un crâter de un pai- 
saje lunar», y alli mismo, «un arco a lo lejos que atraviesa una 
calle, como un puente que cruza el lecho polvoroso de un rio 
agotado por la seca». Para este poeta el mundo exterior existe 
deslumbradoramente. 

Festejan en el Uruguay, con preferencia a otras obras de Zorri- 
11a, Leyenda patria, sin duda por haber sido durante veinte anos 
numéro indispensable en todo programa de fiesta civica. La dicc 
el orador soberbiamente, y quizâs después del triunfo escénico, 
el entusiasta espectador que era Groussac, se acalorô hasta juz- 
gar que superaba al Canto de yunin. Injusto parece el propôsito 
mismo de establecer un parangon. Obra de ayer, el Canto con- 
serva, con fragmentos que no han envejecido, andrajos de retôri- 
ca marchita, alegorias polvorientas como los estandartes de mu- 
seo, que al viento de Junin fueron rutilantes. Para su tiempo fué 
admirable. Para el suyo es perfecta la invocacion del uruguayo. 
Si con algûn canto cîvico podria comparârsele, séria con La 
epopeya del MorrOy de Chocano, dictada también por la vehe- 
mencia de un patriotismo oracular. jVanos escarceos de historia 
de literatura comparada! Tampoco sabriamos decir si preferi- 
nios, por mas sobria, la Leyenda al poema charrûa o si a este, 
por su gracia desprovista de rotundidades épicas. Hay éxitos que 
confînan a un escritor, que lo limitan. Para los lectores de Ame- 
rica, Zorrilla sera siempre el autor de Taharé. Se diria que la 
obra no es solo génial hallazgo de poeta, sino el término feliz de 
veinte ensayos uruguayos. ( )scuramente se tanteaba el poema 
épico nacional en Yandubayû y Liropeya, de Berro; en Celiar 
o Caramurùy de Magarinos; en el Charrûa., de Bermûdez; pero 
les falta a estos românticos la magnitud del arranque, el don de 
ver, y, para decirlo de una vez, temperamento. Cuando descri- 
ben, recuerdan; cuando nos cuentan aimas, traducen. Solo en los 



LA LITERAIHJRA URUGUAYA 479 



libros de Zorrilla descubrimos el poder evocador de colorista. 
X'^uelve siempre los ojos a su terruno hasta cuando admira otros 
paisajes. En sus Resonancias del camino, comparando la natura- 
leza europea con la uruguaya, describe su asombro ante el pai- 
saje nemoroso y fluvial cuando se extienden los camalotes como 
verdes corazones» sobre el agua, cuando al cruzar en fuga las 
torcaces emisarias del dia, raya la acuarela crepuscular el vuelo 
oblicuo y brumoso del dormilôn que llega con la noche... 

Leyenda épica, novela en verso o epopeya, como quiere de- 
nominarla Zorrilla, Taharé es, sin duda alguna, la obra desea- 
da en America, pronosticaJa por muchos y muy tardiamente 
escrita. 

Transiormaciôn, segùn cuentan, de un drama en verso que, 
con el mismo tîtulo, escribiera en Santiago de Chile, Zorri- 
lla madura y brune en diez anos esta obra, que es su predilecta. 
De antemano, para motivar nuestra admiraciôn después, quisiéra- 
mos resumir los mas frecuentes reparos a Tabaré. 

Xo era el poema nacional y la epopeya de la raza, como el 
autor pretendîa, porque contaba Sfjlo las hazaiîas y los amores 
de los remotos charrûas. Mas apropiado y vecino tema de exal- 
taciôn pudo ser el aima gaucha. ç'Merecfa acaso, por su estruc- 
tura misma, el nombre de epopeya? ^No se define siempre con 
tal palabra una evocaciôn objetiva de multitudes, hecha en re- 
lieve para solemnizar combates y aventuras, un friso violento y 
armonioso? Pero esfuma Zorrilla el fondo histôrico, levanta bru- 
mas de leyenda como su homônimo espaiïol, se acuerda siem- 
pre de haber sido becqueriano en el verso asonante, suspirado. 
Estamos lejos, sin duda, de la moderna épica de Las cindades 
teutaculares o los Laiidi. Mas poco importaba la designaciôn 
retôrica, el casillero en que clasificar la nueva obra de Zorrilla 
si este acertaba a interpretar la sensibilidad americana; y el 
éxito de Tabaré le daba la razôn. 

Publicado en 1888, senala el apogeo del poeta y el estanca- 
miento de su admirable vena. Mas graves cuidados le alejaron 



48o 



V. GARCIA CAhDERON, H. D. BARBAGELATA 



de las divagaciones liricas, o con la juventud se iba el lirismo o 
acaso el rotundo triunfo daba al inquieto lîrico el recèle de no 
poder superarse. No lo sabemos; pero Tabaré basta a su gloria. 
La misma censurada novedad de su forma era un encanto mas 
por el contraste con un pasado de vates tumultuosos. Después 
de tantas epopeyas sonoras, venîa una mas intima, sin la agobia- 
dora fîrmeza del verso cîvico, asonantada y vacilante como una 
Iliada que hubiera escrito Becquer. En lengua espaiiola no se 
conocia nada semejante; y llegô la obra a Espana para asombrar 
a D. Juan Valera, cuando el sagitario Clariu^ haciendo un censo 
justiciero, solo hallaba très poetas y medio en la patria de Gôn- 
gora. Puesto el oîdo a las Indias y su admirable rumor de canto, 
el agudo critico espaiïol acaso hubiera reducido la cifra. ^No 
jierderian su valor fiduciario La pesca y Raimundo Luiio., si se 
compararan los poemas glaciales de Nûîiez de Arce con la estre- 
niecida elegîa uruguaya? 

Obra de mixto abolengo, americana y espaiiola, que apaci- 
guaba los recèles de D. Juan a su temido Paris. Las modas lite- 
rarias francesas no influyeron esta vez en el autor de America. 
Un Becquer ferviente ponîa en boca del personaje central con- 
gojas y delicadezas de las rirnas^ pero tramadas con frases de la 
raza evocada y de su lengua rica en imagenes, procurando que 
el indio, como él decia, hablara «tupi en castellano». La nôrdica 
vaguedad de los mejores relatos de Becquer envolvia aqui a los 
personajes. La misma dulzura cristiana les prestaba su hechizo. 
Cuando mas, hubiera podido observarse que alguna vez desento- 
naban en labios del charrûa suspiros como el melifico madrigal 
del tercer canto. Pero era reproche de veracidad que merecieron 
ya los galos de Chateaubriand o los romanos de Fahioîa^ y nues- 
tro poeta americano estaba bien acompanado. Los indios de Zo- 
rrilla hablan a veces como cristianos civilizados, y fué malicia 
encantadora de la intriga suponerle sangre espaîïola a Tabaré. 
Para que la epopeya nos conmoviera, no bastaba una querella 
de charrûas. Solo nos interesa el pasado cuando pugnan en él 



LA LITERATURA URUGUAYA 48 1 

pasiones que son nuestras. Pero Tabaré es, como nosotros, es- 
panol a médias, encrucijada de razas. Asî el poema de Zorrilla 
se éleva a sîmbolo americano. ^"Cuâl de nosotros, adolescente 
hravfo y delicado, no le dijo a la vida la canciôn del cacique 
guarani? 

Taharé es el testamento de Zorrilla; después solo ha publi- 
cado libros de prosa: Hiierto cerrado (de propaganda catôlica), 
Conferencias y discursos, Resonancias del camino (impresiones de 
viaje por Europa) y La epopeya de Artigas. Prosa de poeta 
siempre. Nerviosa, agitada por el démos oratorio, sacude sobre 
todo en sus Conferencias y diseur sos, que contienen los mejores 
arranques del tribuno y las mas cordiales efusiones del pa- 
triota (')("). 



( ' ") Zorrilla de San Martin: Notas de un himno, Santiago de Chi- 
le, 1877. — La leyenda patria, Montevideo, 1879. — iJestntas! {wvi foUeto de 
propaganda religiosa), Montevideo, 1879. — Tabaré, Montevideo y Pa- 
ris, iSSS. - J^esonancias del camino, Madrid y Barcelona (1896). — Huerio 
cerrado, Montevideo, 1900. — Conferencias y diseur sos,MonU'\'\.ûeo, 1905. 
La epopeya de Ariigas, Montevideo, 19 10 (2 vol.). 

( 2 ) Un agudo escritor francés. el autor de Las trei)ita y seis situacio- 
nes draindticas, pretendîa que estas no pasaban de tal numéro. A treinta 
y seis podian reducirse los conflicto humanos, desde la Biblia y Esquilo 
hasta nuestros dîas. No Uegarîamos a esa cifra si tratâramos de resumir 
la inventiva dramâtica uruguaya. Para mostrar cômo presentaron sucesi- 
vos escritores parecido conflicto, la rivalidad del espanol y del nativo. 
expondremos aqui sucintamente los argumentos de El charrûa, Celiar, 
Caramurii y Tabaré: 

El Charrûa (Publicado en 1853, pero escrito, como observa el autor 
en el prélogo, en 1842 es, por lo mismo, anterior a Celiar): 

Acto i.° El cacique Zapicân envia al novio de su hija, el valiente Aba- 
yuba, a seguir <!el rastro del maldito hispano», cuyas huestes amenazan 
el Uruguay. Cuando espiaba al invasor, le toman prisionero. {Que hacia 
allf?, preguntan los espaiioles. 

Contar tus naves y tus hombres fieros, 
para acabar contigo y tu maldad. 

Rernie Hisfantque, — P. 31 



482 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



IV 

Alto exponente de la renovaciôn estética iniciada a fines del 
siglo XIX, la Revista Nacional de Lileratiira y Ciencias Sociales 
(Marzo de 1895), "O ha sido superada ni tuvo ayer parangon en 



Acto 2.° Pero el cacique Yamandû, prisionero también , le aconseja 
que reprima su ira. El vende amistad y sumisiôn al espafiol mientras Uega 
el momento de combatir. Con un ardid consigne libertar a Abayuba. 

Acto 3." «El gran consejo». Deciden los charrûas la hostilidad impla- 
cable al invasor. Sera la ùltima, la definitiva contienda libertadora. Se lo 
dice asî a Abayuba el padre de Lirompeya. Y la virgen charrùa agrega, 
como cualquier heroma romântica: 

Mientras viva mi existencia, 
llevaré al pecho grabada 
tu imagen idolatrada 
y este punzador jadiôs! 

Acto 4.° Llegan al campo fortificado espaiiol dos antiguos desertores 
que convivieron algûn tiempo con los charrûas: Marquez y Ontiveros. 
Ontiveros viene a vengar desdenes de Lirompeya, a quien adora. Para 
perder a Abayuba, su rival, enviô al jefe espanol una carta en una flécha, 
ofreciendo entregarle con maîia al cacique charrùa. Abusando de la in- 
génita nobleza del indio, le ha propuesto, en nombre del espanol, un 
combate singular. Cuando aquél acepta el reto y llega al fuerte, una 
tropa emboscada lo toma preso con Lirompeya que vino siguiéndole. El 
desalmado Carvallo, jefe espanol, corteja con descaro a la virgen india 
y quemara a Abayuba para que su muerte sirva de escarmiento. Mientras 
tanto, el cacique Yam:^.ndû prépara furtivamente la revuelta. Mas cuando 
llegan los charrûas a la prisiôn, en donde espéra la hora del suplicio a 
Abayuba, este, que pudo reunii-se con Lirompeya, acaba de suicidarse 
con ella. 

*Un sepulcro — no mas — para los dos», exclama el charrùa sentimental. 

Celiar: 

La estancia de don Diego de Sandoval a orillas del Uruguay. «Pura vio- 
leta del valle», su hija Isabel es célèbre en todos los contornos por su 



LA LITERATURA URUGUAVA 483 

el Uruguay. «Alenos favorecida por los acontecimientos — dice el 
«Programa» — o mas displicente por naturaleza que sus congé- 

belleza. El jcfe espanol y un gaucho la cortejan. Llegan tiempns de rodeo 
y de kierra. En las carreras ostentan los mejores bridones ambos rivales. 
Triunfa el gaucho Celiar, y la alegria de Isabel es tan visible que el jefe 
espanol adivina todo. Temeroso de su venganza, don Diego apresura el 
enlace de Celiar con Isabel. Pero un chasque ha venido con una carta.Un tîo 
moribundo, amparo del gaucho en la ninez, le llama al lecho de muerte. 
Antes de un mes regresarâ el amado. Por la âspera sierra trota Celiar, 
cuando diez hombres de poncho verde lo acometen. El capitân que los 
manda clava très veces su punal en el pecho del jinete. Isabel le crée 
muerto. Urgida por su padre, va a casarse con don Juan Cortés de Alta- 
mira. Un dia, en un paseo, llegando a un rancho de amarillentas totoras, 
le piden que refiera una historia al payador que allî encuentran. No sabe 
ninguna; un cuento, si'. Y refiere la emboscada en la selva. Se estremece 
Isabel; don Juan, airado, va a castigar al cantor, pero este le destroza la 
guitarra en la frente y escapa en su caballo. 

:Por fuerza o por grado la ingrata cediù» al cabo a las solicitaciones 
de don Juan. Van a casarse. Sacerdote,testigos y parien tes Uenan la iglesia. 
De pronto acuden los indios encabezados por Toluba, el jefe legendario y 
temido. Toluba, lo adivinâis, es el payador del rancho 3' es Celiar. Celiar, 
que cae en brazos de Isabel. Se rehacen mientras tanto los espanoles fu- 
gitives y cuando el gaucho se acerca a ver el tumulto, don Juan le acome- 
te por la espalda, ei^rando el golpe. Por salvar a su amante, Isabel recibe 
la punalada. Alcanza a huir por la ventana el espanol, pero muy pronto 
■en combate singular, don Juan y Celiar se matan. 

Caramunl. (Es apenas una variante de Celiar): 

Cortejan a Li'a Niser, «cândida palonia del Edén», el conde don Alvaro 
Abreu de Itapeby y el gaucho Amaro. Como en Celiar, Lia y su padre, 
don Cailos, favorecen al gaucho, que représenta aquî la rebeldia uru- 
guaya, pues no es otro que el célèbre caudillo Caramurù. En la estancia 
en donde Lia va a convalecer conoce a Amaro inesperada y romântica- 
mente. A la orilla del rio, en un paseo, Vix\ yacarévdi. a devorarla, cuando 
un desconocido acude y mata al anfibio de una punalada. «Amor virgen» 
que termina criollamente por un rapto. Amaro se la lleva a un rancho 
perdido entre las selvas. Después de larg-is provocaciones y peripecias, 
Amaro y don Alvaro se baten en romântico duelo a muerte, bajo la luna 
de primavera. La pistola del primero falla, y el gaucho perdona a su 



484 V, GARCIA CALDER(3n, H. D. HARBAC.ELA l'A 

neres antecesoras, cuya fecunda labor intelectual se encierra en 
El Iniciador^ La Revista del Plata, La Bandera Radical^ Anales 

rival dândolf cita para mas amplio combate: la famosa batalla de Ituzain- 
gô. AUî se buscan, se provocan desde las filas contrarias. Cuando Amaro 
empuna el sable para afrontar al rival, una traidora lanza envenenada 
atraviesa el pecho de don Alvaro. 

En su lecho de muerte el conde hace Uamar a Amaro y Lia, les enlaza 
las manos, renovando un ademân de Musset: «Hermano mîo, Lia, ;me 
perdonâis ahora?», exclama el agonizante. Porque el novelista acaba de 
rev.elarnos que Amaro es un hermano natural del conde de Itapeby a 
quien este abandonô y despojô cuando era niiio. «Respetado...., amado 
de una mujer joven y dueno de una fortuna pingûe, ;qué mâs podîa pedir 
a Dios?», dice el epîlogo de este cuento azul. 

Tabaré: 

«Los hombres blancos de la raza nueva» han desembarcado en el Uru- 
guay. Los acechan los indios en silencio. Una nube de saetas y en la 
playa sangrienta queda sola, «pâlida como un lirio», una mujer. A Mag- 
dalena, la blanca prisionera, se la lleva el cacique Caracé; y de sus amo- 
res con la cautiva nace un indio de azules ojos: Tabaré. Pasan los aiios. 
Han fundado un pueblo los espaiioles en las desiertas mârgenes del rîo. 
Don Gonzalo de Orgaz manda la plaza. Con él réside Blanca, hermana 
suya casi nina. Entre los prisioneros que un dîa caen en sus manos, vie- 
ne un charrûa de ojos claros y frente pâlida. Blanca y Tabaré se miran 

y se aman. 

El indio alzô la frente y mirô a Blanca 
de un modo fijo, iluminado, intenso, 
habîa en su actitud indescifrable 
terror, adoraciôn, reproche, ruego. 

Como un fantasma vaga Tabaré por las calles nocturnas, sohando en 
Blanca. Su misteriosa erranza inquiéta a todo el mundo; y Gonzalo déci- 
de alejarlo. Se ira sin retener siquiera a Blanca que viene a despedirlo 
con un rame de margaritas, como una Ofelia y una Gretchen. En el motîn 
salvaje que recuerda «el gran consejo» de El charrâa, el temido cacique 
Yamandû, mâs que nadie feroz en la pelea, proclama guerra al cextranjero 
blanco». Mientras tanto todo reposa en la ciudad. De pronto una voz, 
como en Celiar, grita: jLos indios vienen! Estallan arcabuces, vuelan 
saetas. ;Cierra Espana! Mal ajustado el yelmo, don Gonzalo se apresta a 
combatir. ;Por que se aleja huyendo Yamandû? Acaba de raptar a Blanca. 



LA LITERATURA URUGUAYA 485 

^lel Ateneo y Revista de la Sociedad Univer sitar ia^ para no citar 
mas que las correspondientes a las de los anos 1830, 40, 70 
y 80, la juventud actual, privada de una publicaciôn que exte- 
TÏorice sus anhelos, dé cuerpo a sus asptraciones y palmariamente 
patentice las dotes y cualidades de que se halla revestida, este- 
riliza sus mas poderosas energîas». 

La Revista Nacional responde a su ecléctico, estimulante y 
generoso programa. Resonaba el eco universal en sus paginas 
y el «americanismo» pregonado por Rodô no era solo platônica 
aspiraciôn: se reservaba fraternal acogida a los escritores del 
continente. Literatos de pasadas generaciones, como Maciel, 
Dufort y Alvarez, o Kubly y Arteaga, colaboraban con los cua- 
tro principales redactores: Victor Pérez Petit, los insignes herma- 
nos Daniel y Carlos Martînez Vigil, que hacen pensar en los Gon- 
court por su fraternidad espiritual, por su nervioso y eliptico 
«estilo artista», por su vision de moralistas, acerba alguna vez en 
«pensamientos» o versos brèves, como las humoradas de Bartri- 
na y de Campoamor; y el mas grande de todos, el critico tutelar 
de la Revista Nacional, en donde refiere las primeras excursio- 
nes mentales de su juventud meditabunda, José Enrique Rodô 
(nacido en 1872) ( ■) (^). 



Tabaré ha escuchado el grito de la espanola indefensa y estrangula a 
Yamandû para libertarla. Con ella en brazos, vuelve a la ciudad. Don 
Gonzalo de Orgaz, que ha recorrido en vano todo el bosque, désespéra 
de hallarla, cuando divisa al indio en la lejanîa. Con un grito de jùbilo 
y de rabia se lanza a perseguirlo. En el fondo del soto yace inmôvil, 
Atravesado el pecho, Tabaré. Abrazada a su cuerpo, soUoza Blanca. 

( ' ) El que vendra, La novela mieva, Montevideo, 1897; publicado bajo 
el tîtulo genérico de «La Vida Nueva», cuyos tomos siguientes fueron 
Rube'n Dario, Montevideo, 1899, y Ariel, Montevideo, 1900. Este ùltimo 
libre ha sido editado nueve veces en Montevideo, Barcelona Valencia, 
Mexico, etc. Liberalismo y jacobinismo , Montevideo, 1906; Motivos de 
Proteo, Montevideo, 1909; El mirador de Prospéra, Montevideo, 19 13. 

( 2 ) Para completar la nômina de la juventud que entonces se révéla, 
es précise citar los nombres de Luis Alberto de Herrera, el escritor po- 



486 



V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



Al comentar la obra ejemplar del alti'simo guia que ha ejercido 
y ejerce, con la juventud de America, el suave magisterio evocado 
por Dante, buscaremos un acento a la vez agresivo y filial. Por- 
que es el maestro indiscutible, serîa bueno exigir a los discîpulos 
que lo negaran très veces, conio Pedro. Emerson y Renan dije- 
ron va la generosa necesidad de traicionar, si no queremos ser 
médiocres evangelistas. Y quienes aceptamos en la adolescencia 
apenas orientada la convocaciôn idéal de Ariel^ invocaremos 
para juzgar a su autor aquel gonero de apostasîa apasionada. 

Fuera précisa mas alta voz que la nuestra para describir la im- 
paciencia de aquella espéra, cuando llegaban del Uruguay, ha- 
cia 1895, los manuales del optimismo innovador. Se tituJaban 
colectivamente Vida nneva, como el libro en donde el italiano 
magistral dijo el pasmo primero y la iluminada iniciacion del 
amor. Era la edad en que exigia nuestra angustia, como el Barrés 
adolescente, cualquiera certidumbre directora y lo era casi este 
poema El que vendra, trasposiciôn americana de un Zaratustra 
mas benigno. Poco importa que regresemos hoy de aquella epi- 
fanîa como reyes desencantados de navidades y que tan escaso 
pensamiento hallemos contenido en los libros augurales del pen- 
sador. Los jôvenes, como ya observara un ironista al celebrar el 
éxito fulminante del simbolismo, antepusieron siempre la confusa 
poesîa al claro anâlisis. La lôgica no fué nunca pasion de moce- 
dades, y en Nazaret o en Atenas siempre se ha hablado con 
parâbolas. 

Mas eran lindas las parâbolas y tan seductora la vendimia... 



lîtico de la Revohicidn francesa y siidamérica; Juan Antonio Zubillaga, de 
pluma nerviosa en Sdtiras e irom'as, y el eminente pensador, admirado 
por toda la juventud uruguaya, Carlos Vaz Ferreira. Moral para intclec- 
iuales, Montevideo, 191 o (dos ediciones), El pragmatismo, Montevideo, 
1909, Tdeas y observaciones y Los prohlemas de la libertad, Montevideo, 
1913, para no mencionar sino los mâs notorios de sus libros, son ya ilus- 
tres en la historia del pensamiento americano. 



LA LITERATURA URUGUAYA 48/ 



jDe cuantos parques incognitos nos la trajo mondada el horte- 
lano! Después aprenderiamos que las ideas sobre el alcance mo- 
ralizador y el estimulo cotidiano de la belleza estaban en Guyau 
y en Maeterlinck; que el «reforniarse es vivir» tan celebrado, es 
una formula de Amiel. iQué importa! Parece grande, magnanime, 
el atrevimiento de ese optimismo cuando tantes poetas acababan 
de probar en America la aristocracia del sollozo y la seducciôn 
de las lâgrimas. Ya en el Norte, pero brusca, pero incorrecta- 
mente, impelian al cielo azul como triple surtidor por très pani- 
cas bocas el caudal de su optimismo cristalino los mejores maes- 
tros de aquella democracia opérante. Longfellow, céleste puri- 
tano; Whitman, pastor de bûfalos, como lo fuera de elefantes 
Leconte de Lisle en la boutade famosa; Emerson, en fin, que ha- 
llaba, en su Hélade salvaje, motivos antiguos de alegria y fundaba, 
en las llanuras por donde habia llorado Chactas, un nuevo culte 
sin iglesias. Si tuvieron siempre el don longânime de afirmar, de 
estimular y de consolar, las très virtudes teologales del pensador, 
faltôles a menudo, en el escarpado ensayo o la oda libre, esa 
virtud menor, exigida por el lector latino, la gracia que maripo- 
sea y se insinua. Nunca, sin âtica simetrîa ni un asomo siquiera 
de aquella elegancia espiritual que Italia y Francia propagaron 
al mundo, comprenderemos el oficio de pensar. Bienvenidas las 
ârduas especulaciones de Hegel cuando estén adaptadas por 
Renan; y nos acercamos al acantilado de Swedenborg si Maeter- 
linck nos prépara un déclive a las riberas. Y he aqui que un la- 
tinîsimo repetîa, mitigada por corintica abundancia de gracia, la 
ruda voz de Whitman y de Emerson. Ya alguna se vez habfa opera- 
do en America el prodigio de este salmo; Elisée Reclus se sor- 
prendia, con reprimido malhumor, del arrogante sursum corda 
exhalado en turbias horas, a pesar de revoluciones y de tiranos. 
Momento aquel, solemne y ejemplar. Cuando Rodô comenzo a ser 
escuchado, America, antaîïo ensordecida por el concierto de los 
românticos, iba a renegar a sus maestros. Vargas Vila... o la danza 
macabra de las mayûsculas; Gomez Carrillo, que instalado en una 



488 V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

esquina del bulevar o de la verbena de la Paloma, repetîa su so- 
liloquio de languidez, ensenaron lo que era bueno aprender, la 
prosa altisonante o enervada. Hablar a média voz o sin frivolidad 
impénitente de los temas eternos, pudo ser, en verdad, prédica 
inûtil. Tuvo Rodô la audacia innovadora. Y en tono menor do 
confidencia, disponîa la larga causerie de su Ariel, que, destinada 
a aimas jôvenes, inauguraba «un género de oratoria sagrada:*. 
La prâctica de los textes sublimes, una experiencia de confesor 
atento a la flaqueza humana y precaviéndola, el don de la pun- 
crente alegoria y la vocaciôn de la parâbola, hasta cierta gracia 
mundana muy frecuente en los pûlpitos de Paris, toda la uncion 
del predicador estaba en él... Voltaire reclamaba para PVancia 
el mérito de haber resucitado la régla de las très unidades, y 
nuestro ilustre amigo Gide aplaude el ostracismo del griego que 
puso a la lira una cuerda mas. No era bueno poner cuerdas a 
nuestra libertaria lira de montoneros; y mucho deberâ la historia 
espiritual de America a esas paginas de mesura y dulzura perfec- 
tas que son obra de un Renan sin ironîa, de un Amiel optimista. 
\adie se rehuso, en verdad, con tan cabal sentido de la mû- 
sica, a elevar la voz. No caben, pues, reticencias ni reparos al 
alabar el beneficio de su ensenanza. El clasicismo, desterrado 
como un vestigio de tiranîas en las primeras horas de la Ame- 
rica libre, volviô a insinuer su euritmia. Con el cuento de Oriente, 
con el florido apôlogo, venian consejos de elegancia moral e in- 
vitaciones a vivir mas cuerdamente. Rodo enseiïaba lo mismo el 
recato del aima que la santidad de la epopeya labradora. Al 
desesperado reto o a la exhibida pena de los românticos opuso, 
con una alegoria sobre la soledad intacta del refugio interior, esa 
«confianza en si mismo» de Emerson, por cuyo asiduo estimu- 
lante los hombres — dioses que se ignoran — llegan a la compren- 
siôn de su divinidad. En época de crisis, cuando solo una moral 
utilitaria parecia reemplazar con base firme a la que no estuviera 
fundada en dogmas religiosos, Rodô afirmaba, como Guyau, la 
necesidad del bien sin premio ni castigo, buscando apoyo al 



LA LITERATURA URUGUAYA 489 

dogma laico en el desinterés vigente y en la nobleza imperece- 
dera del hombre bueno. Y cuando alentaban en America solici- 
taciones exclusivas de factorîa, él reivindicô descaradamente los 
derechos del aima, la parte sublime de Maria, ensefiando otra 
vez, con verbo oreado en Galilea, que no solo de pan vive el 
hombre. Hasta a la critica, degenerada en perpetuo acecho de 
Sagitario envidioso, él supo devolverle su rango misionero, su 
encumbrada orientacion al misterio, su don de comprender que 
es don de amar. Duraba todavia, para con esta Cenicienta de las 
letras, la razonada hostilidad que va del desdén de La Bruyère 
a la ojeriza de Flaubert. «Es una profesiôn que exige mas salud 
que talento y mas hâbito que genio», dijo el maestro moralista. 
«Se hace critica cuando no puede hacerse arte», murmuraba 
mas tarde el escaldado autor de Madame Bovary. Transcurrirîan 
muchos anos hasta la paradoja deslumbradora de \\ ilde, que 
advierte en todo gran artista un crîtico sagaz. 

Artista y crîtico a la vez, Rodô se aleja de las estrechas nega- 
ciones y de los entusiasmos aventurados. Sabe discernir desde 
las primeras horas con admirable sentido de orientacion, cuando 
otras juventudes titubean, cuâl debe ser la suya. Su Mirador de 
Prospéra esta situado en la encrucijada de las escuelas de aquel 
tiempo, el naturalismo déclinante y el simbolismo inicial que pros- 
psraba. El 25 de Junio de 1896, cuando el autor va a tener vein- 
ticuatro aîïos, publica en la Revista Nacional de Literatuta y 
Ciencias Sociales, bajo epigrafe de Renan que anuncia el calofrio 
de su esperanza, su primer ensayo El que vendra. [Cômo no 
ver que ha leido Sous F œil des barbares^ cuando invoca, como el 
adolescente Barrés, al que redima — Mesias o maestro de los 
hombres — con cualquiera certidumbre consoladora, la negaciôn 
desesperada o satisfecha a que llevaron el naturalismo y los 
Diàlogos filosôficos, de Renan! De las escuelas imperantes, acaso 
s61o acepta a médias el naturalismo que no aplaca fia infinita sed 
de expansion del aima humana» y el simbolismo, que «ha llegado 
a las heces*, en «la libaciôn de lo extravagante y de lo raro>. A, 



490 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



juzgar, a fines del mismo ano, después de la primera Academia 
de Reyles, en donde este rehusaba al novelista el mero designio 
de solazar al lector, Rodô censura «aquel intento cientifico que 
conspirô a encadenr-.r el vuelo idéal de la belleza en la teoria 
del romance esperimental». Si no acepta el réalisme, cuando 
desdena o reduce los intereses del aima, no quiere tampoco,. 
como tantos demoledores de veinte anos, «desandar el camino 
andado, volver la espalda a aquellas fuentes que brotaron ayer 
de los senos de la Realidad»; porque esta es «Musa inmortal, de 
la que nadie podrâ apartar impunemente los ojos». Mas tarde, 
juzgando las Pentélicas^ de Andrcs Mata, después de celebrar los 
beneficios formales de la escuela del Parnaso, no se aveni'a a que 
la literatura americana, «extenuando y sacando de su cauce el 
dogma, bueno en si, de la independencia y el desinterés artîs- 
tico, rompa toda solidaridad y relaciôn con las oportunidades- 
de la vida y los altos intereses de la realidad». Advierte, pues, 
el «peligro inminente», cuando los poetas insubordinados de 
nuestra America, exceptuando, por supuesto, a los mayoresl 
que no perdieron la brûjula, satisfacian, en el simbolismo como 
en el romântico extravio de ayer, esa aversion a la medida cla- 
sica, en donde un Taine de manana podrâ hallar el estigma 
inequivoco de una democracia bârbara. 

Ciertas lûcidas frases del Rodô juvenil figurarân siempre, para 
ilustrar la cordura del guardavia, en la historia literaria del Con- 
tinente. A'^enimos «a ensanchar, no a destruir»; no debemos 
«jugar en una escena de bazar japonés el juego literario de los 
colores». En la marea ascendente de vulgaridad o de arbitrarie- 
dad, buscaba, como Barrés, su entroncamiento, exigiendo «con- 
tenido humano» a lo que amenazaba ser capricho puéril o arte 
barroco. Su equilibrada formula se reduce al epîgrafe de La re- 
liquat de Queiroz; también sobre la fuerte y necesaria desnudez 
de la verdad quiso tender el manto diâfano de una fantasia de- 
licada. 

Este mismo culto por la plasticidad verbal, por la gracia de- 



LA LITliRAlUUA UKUGUAYA 491" 

corativa de la frase, sumado a aquel dédain natal de Samain a la 
vulgaridad, explican la repujada maravilla de su Riibén Darîo. 
Para Rodô toda licencia, salvo en contra del arte, tiene el poeta, 
irresponsable si el démos antiguo lo arrebata. Su desdén magis- 
tral a la falsa democracia en el arte lo Ueva a recorrer, con el 
maestro de las Prosas, comarcas que no frecuentaria: el Oriente 
barbaro o la Grecia convencional de Watteau, que son siquiera, 
por su exotismo un refugio noble. Se jacta, ademâs, de poseer 
esa amplitud conciliadora de Renan, esa «infinita elasticidad» 
para comprender que suele hallar afinidad electiva en toda cosa- 
y afirmaria, como en la paradoja del geômetra, que las parale- 
las se juntan alguna vez en el infinito. 

Bondad intelectual, anhelo nazareno de concordia, explican 
también el éxito inmediato de su Ariel y ennoblecen su fîloso- 
fia, no siempre tan lejana como quisiéramos del panglosismo 
que sustenta la armonîa del mundo por pereza. Ariel habla. a los 
jôvenes en la crisis sentimental de la pubertad, y lo adoptaron 
los estudiantes como el manual escolar del idealismo. Sus mo- 
ralejas, inofensivas sin duda en pueblos libres, encierran fuerza 
explosiva de convicciôn cuando un ilustre gênerai mexicano 
édita Ariel en los ûltimos aiios de la sombria dictadura de Diaz> 
y un tirano de Venezuela persigue a cuantos elogiaron el sim- 
bôlico nombre del uruguayo. 

^Por que el autor de esta prosa magistral, culminante en la 
historia del interior recinto y en el maravilloso epilogo de A rie/, 
mudô bruscamente de manera} Hay una edad espaiïola, que la 
malicia podrîa llamar un retour d'âge, en el desarrollo mental de 
algunos americanos. Como los simbolistas arrepentidos, Moréas 
o Régnier, volvian al clasicismo nacional, Rodô ensayô visible- 
mente, en sus Motivas de Proteo, la estructura literaria de los 
clâsicos, Desaparecen el perîodo brève, la simplicidad perfecta 
y armoniosa, Hasta la gracia efusiva de antaiïo cède el paso a 
una pompa castellana. Tan decorativa como ayer, la frase pier- 
de, sin embargo, esa actitud para pasar sinuosamente de la idea 



492 



V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



a la imagen, del pensamiento ajeno a la anoranza propia — le par- 
cours du rêve au souvenir^ dirîa el amanerado coude — que evoca 
los atributos clâsicos de Mercurio, las alas del talon y la ser- 
piente del tirso. Mas acompasado, mas burgués, empleando sin 
sentido «peorativo» la palabra, Rodô ha cobrado, es cierto, un 
hondo sentido de humanidad al despojarse de todo diletantismo. 
Motivos de Proteo inaugura la manera de esta madurez colmada 
y grave. Un libro «abierto sobre una perspectiva indefinida», 
dice él. Entended que es el diario vitalicio de un pensador. 
Lejos del ruido mundanal, en las veredas por donde Platon y 
Montaigne van de aventura, un horaciano ha instalado su coti- 
diana fâbrica de miel. Un sembrador saliô para sembrar, como 
en la Biblia, pero lo han distraido las abejas. El libro conserva 
el encanto y la fatiga de este paseo en torno de las ideas. Aquf 
todo es explicito y sin elipsis. Nunca obliga el autor a esa gim- 
nasia emersoniana, a la ascension vertiginosa por las cumbres 
de la idea. Un motivo de Rossini fuga en la sinfonîa a través 
de todos los instrumentos. Las parâbolas mismas, que fueron la 
forma sentimental de la verdad, y como la pedagogia de los 
poetas, sirven aquî de epîlogo al discurso. Dirîase que al evan- 
gelio primitivo lo agravaron con lentos comentarios los esco- 
liastas posteriores. Y ya algunos evangelistas de Montevideo, 
con el gusto sagaz de Juan y de Marcos, han separado, en un 
tomito primoroso, las parâbolas... 

Por estos relatos brèves, Rodô merece ser considerado como 
uno de los mejores novelistas de nuestra America. Solo que es 
un novelista transitorio y un sofîador fugaz. Prolijo cuando co- 
menta 6 expone, parece emanciparse en la frase lirica. Sûbita- 
mente escuchamos, como un acorde, como un crujido de instru- 
mentos, y todo anuncia el canto. Son sus mejores paginas estas 
en donde arranca el vuelo y se inicia el impetu sagrado, como 
en la ejemplar estatua de su libro. Y quienes somos en cierto 
modo su posteridad, separamos ya de las grâvidas obras, como 
de los libros juvéniles, aquella menuda carga licita, segûn un alto 



LA LlTEkATURA URUGUAYA 493 



espfritu de Francia, para estibar el ligero esquife que, sobre el 
rio del olvido, navegue sin hundirse. Nuestra admiraciôn ha des- 
gajado ya, en la Vida Niteva, el cuento de Oriente y la romanza 
final. Agregaremos, por figuras de proa, en el esquife las efigies 
de Rubén Dario y de Bolivar. Unas cuantas parâbolas florece- 
rân la barca galilea, y en todo el resto podrâ hacer el otoiîo su 
estrago magnîfico. 

Porque si solo son perennes los libros de emociôn, en donde 
el hombre encuentra al hombre; si solo nos interesa en la pala- 
bra escrita el eco de esa sinfonîa dolorosa que, con el desolado 
verso de Baudelaire, «viene de siglo en siglo a morir a los bor- 
des de la eternidad», se olvidaran niuchas paginas del mas ecuâ- 
nime y sereno de los maestros. 

En su pais espiritual, organizado por algûn Puvis de Chava- 
nes, griego y catôlico, divaga el Prôspero americano tan cerca 
de la alameda de plâtanos como del lago de las parâbolas. P^ste 
renaniano no se preguntô jamâs, como el maestro, «si la verdad 
es acaso triste». Este emersoniano nunca siente erizado el cora- 
zôn al contacto de las invisibles alas, ni sabe henchirlo de verda- 
des salobres como una esponja en la marea de lo Infinitb. Emer- 
son va de cumbre en cumbre, el aima toda erecta como de in- 
finitas puntas para el rayo. De su vertiginosa altura polar ve 
Renan un mundo triste, al que un irônico y céleste Panurgo dé- 
vora. Nietzsche esta, con el hierro en la mano, incrustando en los 
flancos temblorosos la marca del amo nuevo. Rodo solo quiere 
precavernos. Es el experto guia bondadoso, que se detiene a 
contemplar las alboradas optimistas o las noches atenuadas de 
luna. En las constelaciones vislumbra siempre, desde su carabela, 
«manos de sembrador» y nunca ha vuelto al arca sin olivo. 

Su reino es de este mundo. Pero en este mundo ha fundado 
una helénica y sefiorial academia de soiiadores, que se apartan, 
con el ademân aprensivo de Gautier, cuando pudieran desga- 
rrar el corazôn o la clâmide en los cardos del camino. Es un par- 
nasiano de la prosa, como lo fue Rubén del verso. Es el menos 



494 \'- GARCIA CALDEKÔN, H. D. BARBAGELAÏA 

confîdencial de los analistas, y serîa précise comparar alguna 
vez el proteismo de que hablara dolorosamente Amiel, su paté- 
tica dispersion de amar y comprender, con la amena y élégante 
divagaciôn de Rodô. 

Porque esta muy lejos su amielismo de esa perpétua sumersion 
en el Infînito, esa triste apetencia de felicidad, que no se insurge 
nunca, pero tan desgarraduramente anhela. No solo aparta Rodô 
la confidencia, sino su frase, enhiesta siempre, mantiene la ré- 
serva de esa literatura desdeiiosa que esquivaba con Rubén — el 
Rubén patricio de las Prosas y no el franciscano de los Cantos — 
la exhibicion del yo frecuente en la romântica egolatria de Ame- 
rica. Y su optimismo, que pudiera ser estoica sîntesis, y como 
el rebelde quand même del corazôn, no podrîa compararse, si le 
buscâramos ejemplos en el santoral de la cordura humana, a la 
despojada y hurana serenidad de Epicteto, sino al mas blando 
pirronismo de Séneca, que armonizaba el desdén al mundo con 
la aficiôn a todas las elegancias. Mas nunca la cordura de Rodo 
sabe a ceniza — recordad el nihilismo de Flaubert o Leconte — , y 
(le «la ûltima Thule de su aima», que en la historia de las idéales 
residencias merece un puesto de honorjunto a la «morada sépti- 
ma» y al pais de Ulalume, sale a menudo, el solitario con el plâ- 
cido rostro de un convidado a la Abadfa de Theléme. Si adentro 
ocurren disturbios del corazôn o desfallecimientos del intelecto, 
siempre el arte, como en el verso de Rubén, melificô toda acri- 
tud. Este «cuerdo de los dîas ordinarios» no parece sufrir de las 
intermitencias de la emociôn que un agudo psicôlogo seiialaba 
en ciertos analistas como el trasunto del humorismo rencoroso 
y desolado. Peculiar distintivo de su espîritu es su ninguna afi- 
ciôn a la ironi'a. Pero hay dîas en que el cordial no basta; hay 
<iîas favorables a la esponja de hiel y vinagre... Después de leer 
las biografias desgarradoras de Miguel Angel o de Beethoven, 
preferimos casi siempre, por mas hondos interprètes del mundo, 
a quienes escribieron, en el infierno terrestre, el abandono im- 
perativo de la esperanza. Y a veces, a veces, nos importuna que 



LA LITERATURA URUGUAYA 495 

Prospère vulgarice, para consolarnos, los consejos de higiene 
sentimental que aprendimos en los manuales anglicanos de 
Smiles ( ' ). 

çSerâ necesarlo decir, después de estas réservas, que las mo- 
tivan un celo exigente y como un afecto precavido? Le negarîa- 
mos a Rodo el atributo regio de la irresponsabilidad que él 
ha otorgado a los poetas. Toda autoridad moral lleva consigo 
limitaciones de ministro responsable; y eran los cuerdos los ma- 
rineros de Colon al vigilar el rumbo del almirante. No séria 
bueno que la literatura ameri'cana se desviara, después de tan 
jaspeadas innovaciones y flexibilidades modernistas, al clasi- 
cismo ritual de la frase decorativa y maciza, ni que, abolidos los 
plaîïideros de otro siglo, escribiéramos, por contraste y sin iro- 
nîa, el Cdndido de Voltaire. 

Por fortuna el maestro del Mirador de Prospéra, que ha na- 
rrado, en «la gesta de la forma», la historia heroica del forjador 
verbal, sabra libertarse siempre del vicioso atildamiento como 
del cervantismo tributario, que son dos peligros de nuestra pro- 
sa. Y su autoridad moral, cada dîa mas alta y persuasiva, man- 
tendra, estamos seguros, en las futuras paginas ese calor de con- 
vicciôn que ha hallado siempre, en el evangelio como en el 
ensayo emersoniano, en Nazaret o en Nueva York, un mokle 
simple y véhémente. 

Por esta autoridad, ya consagrada, Rodô es, sin duda alguna, 
la primera figura literaria del Continente. Su apostolado de pen- 
sador, su desinterés que acredita la vocacion del idéal y el qui- 



( ' ) Mas de una opinion emitida no expresa el pensamiento de ambos 
autores de este articule. Como no era posible someter taies divergencias 
de criterio al lector, ambos autores han decidido, de mutuo acuerdo, que 
prevalezca en estas paginas la opinion del primero de los firmantes, con- 
servando el Sr. Barbagelata la libertad de su criterio personal en la an- 
tologîa uruguaya, que, con el tîtulo de Una centuria literaria, publicara 
prôximamente. 



49^ V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

jotismo de la estirpe egregia , su atenciôn apasionada a todo lo 
humano, su austeridad, que diera siempre tanto alcance a la sin- 
cera prédica, lo elevan al rango eminente de Gœthe en Weimar, 
o de Carducci en la Italia finisecular, y resumen en él, para los 
Carlyles del future, heroicos rasgos del ejemplar hombre de 
letras. 

De un seductor diletantismo, que révéla el mas dûctil y uni- 
versal temperamento; de una excursion a todos los géneros lite- 
rarios, la poesîa, la novela, la critica, el teatro, déjà indicios en 
su obra, ya copiosa, V^îctor Pérez Petit (187 ij. Es, en Joyeles bdr- 
haros, felicisimo parnasiano del soneto, pero de un soneto menos 
huraiîo, post-verleniano y sin la obsesiôn de la rima lujosa; no- 
velista sôbrio en Gil; critico décorative y facundo, que sugiere 
casi siempre sin explicar, en Los modernistas, la mejor obra de 
conjunto escrita en America después de Los raros, sobre aquelia 
renovaciôn reciente; autor dramâtico de Yorick, de Clara de hina^ 
de djs tomos de Teatro^ en cuyo elogio se podrîa decir, sin para- 
doja, que es, màs que para representado, para leîdo ( ■ ). 

Admira a Zola en su juventud, y a ese culto, que atestigua su 
hermosa y generosa conferencia sobre el maestro de Medân, 
pudiera atribuirse asî la vena nacional de El cobarde^ la primera 
obra dramâtica de Pérez Petit, como algunos de sus ensayos 
novelescos. Se evadirâ pronto de esta escuela, para sentar plaza 
de simbolista. A todos los maestros de la modernidad les debe 
algo. Lo nuevo le inquiéta siempre y le estimula, acatando, con 
el snobisriio de Los raros^ toda literatura reciente en el mismo 
piano. Como Camille Mauclair, a quien recuerda por su vaivén 
intelectual, por sus raras y multiples aptitudes, dirîase que algu- 



( ' ) Victor Pérez Petit: Gil, Montevideo, 1906; Joyeles bdrbaros (1907); 
Los ?nodcrnisias, Montevideo, 1904; Teatro, Montevideo, 1912 (dos tomos;. 
Ha publicado tambicn en fullelo sus conferencias sobre Cervantes, Zola, 
etcétera. 



LA LITERATURA URUGUAYA 497 

nas veces «se busca y no se encuentra». Pei-o la nerviosidad de 
esta dispersion comunica a su prosa un parpadeo, un titilar de 
lentejuelas, que no son frecuente hallazgo en la morosa literatura 
de America. 



V 



Fué en l888, con el primer libro de Reyles, De la vida, cuan- 
do obtuvo patente de corso el naturalismo de Zola en el Uru- 
guay. No podîa esperarse de los românticos la mas favorable 
aceptaciôn de esta escuela, que denigraba la vida: aquella tris- 
teza a flor de cielo, gemebunda y cristiana, contrastaba con el 
determinismo negador y la crudeza descriptiva del medanista. 
Si no fué acogida con la destemplada griterîa de Espafia, no 
faitaron ademanes de encrespamiento. Juan Carlos Blanco la 
atacaba en una conferencia del Ateneo, y Juan Carlos Gomez, 
indirectamente primero, en una crîtica, y mas explicitamente 
después, la condenaron. «La fealdad moral presentada por el 
naturalismo en la literatura, decîa Gomez, la adoraciôn servil de 
la naturaleza, nos hace répugnantes a nosotros mismos, mientras 
que el bello idéal de las creaciones del arte levanta los corazo- 
nes y la inteligencia a la concepciôn de lo bello». 

La novela naturalista vino a ser là mas eficaz contribuciôn al 
americanismo, pues hasta entonces escribimos de preferencia 
Graziellas y no Anas Karenines. Si fuera necesario hacer su pane- 
gîrico, repetiriamos una paradoja de Blixen. Observaba el agudo 
chroniqueur que la novela naturalista, fiel trasunto de hâbitos na- 
cionales y prospecto de riquezas nativas, tendria eficaz virtualidad 
de propaganda, «participando al extranjero que sabemos comer 
como la gente: con tenedor y cuchillo; que vestimos segûn la 
l'iltima moda inglesa, y que usamos panuelo para las narices>. 
Xo se podîa presumir en las novelas romanticas que tal uso 
fuera corriente... Al ser realista, pues, comenzaba a ser nacicnal. 

RevHt Hispanique.— V . 32 



498 



V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGKLATA 



Y si la aficiôn al paisaje nativo cundfa va en America, si exce- 
lentes costumbristas se anticiparon a anotar su vida provincial 
y pintoresca, es évidente que el procedimiento de la escuela 
veraz estimulô nuevamente a ver de cerca una realidad desde- 
nada 6 preterida. Bastarîa recordar, para probarlo, que los mejo- 
res narradores del Uruguay, Viana o Reyles, son discipulos de 
Emilio Zola. 

«Un criador de ovejas metafisico», como él denominaba a un 
personaje, un hidalgo de estancias y cabaîias, el primer natura- 
lista del Uruguay y su narrador mas ilustre, es el autor de Beha 
y de El ternino. ^Nlillonario a los djez y ocho anos, Reyles quiso 
innovar en agricultura y en las letras, imprudencia que dio 
margen a la eterna malicia: los literatos alabaron los moruecos 
admirables de su chepteU y los agricultores, sus novelas. Pocos 
quisieron confesar la hermosa singularidad de este literato rural 
como Tolstoy, un Tolstoy egoîsta y ganadero, que puede hallar 
los tipos de sus novelas sin salir del horizonte de su cahana. Por 
singular concomitancia, poco frecuente en las letras, quien iba a 
contar esa aspera vida la vivia. Y no en la fiebre urbana se evo- 
caba, como Zola 6 Balzac, la silueta formidable del campesino: 
el gabinete de trabajo es la choza del pago, en donde humea el 
mate cimarrôn, donde se escucha el balido del recental y la gui- 
tarra campera. Ni el campesino viviente y circulante es el ilota 
de La Bruyère en una gleba avara y tarda en florecer. Le sirve 
de modelo al narrador el gaucho emancipado, el gaucho de aima 
vasta como su libertad y su horizonte. «El sentimentalisme rudo, 
la soberbia, el valor y el desprecio de la muerte y la fortuna lo 
dibujan y coloran en lîneas firmes», segûn él. Por eso no gra- 
vita en los libros de Reyles la cerrazôn de pesimismo que so- 
foca en la novela naturalista. De La tierra al Terruho hay mas 
que diferencias. Son campesinos altaneros los personajes de la 
novela uruguaya. Es un discipulo de la escuela naturalista su au- 
tor, pero un discipulo atenuado. En sus vagares de la estancia no 
leyô a Claude Bernard, sino a Eederico Nietzsche. Lectura peli- 



LA l.ITERATUKA URUGUAYA 499 

grosa en una estancia del Uruguaj?^ entre carneros. T^a miierte del 
cisne, su libro doctrinario, descarado elogio de la fuerza y del 
oro, extrema y diluye moralejas de un Zarathustra que apren- 
(liera la gramâtica parda de Sancho Panza ( ' ). 

Si olvidamos un tanteo juvenil, de que no quiere Reyles ( = ) 
acordarse, Beba es su primer ensayo y su éxito inmediato. Toda 
la crîtica, con Eduardo. Ferreira a la cabeza ( 3 ), ensalzô el moder- 
nisme de sus tendencias, su naturalismo sin crudeza, su punto 
de vista nacional, pues delineaba las posibilidades de la novela 
nacional, remotamente iniciada por Magarinos y Acevedo. 

Con menos arte que este liltimo. El estilo de Beha parecfa 
agobiado por la prolijidad y la mania del documente. ;Podemos 
exigir mas de la extrema mocedad del autor, veinticuatro aâos? 
Presumimos que Zola hubiera amado frases como estas: «La 
opinion contraria de Tomâs Weber y de algunos otros criado- 
res, que a pesar de todo seguîan sugiriéndole dudas, dejaron de 
preocuparle cuando hojeando el Herd Book se encontre con que 

( ' ) Hasta escribir le parecîa entonces al nietscheano una forma de 
la voluntad de dominio. Decia en Beba, (paginas 239 240I: «Hermoso, en- 
vidiable destino del escritor artista: crear la vida!... amasar con nuestros 
propios dedos mundos en miniatura, donde se agiten todos les deseos y 
todas las pasiones, y, en fin, luchar contra la indiferencia del pùblico, 
hasta domenarle é imponerle nuestro gusto, conquistando en la pelea, 
por nuestro propio esfuerzo, mayor numéro de sûbditos que tiene un 
rey, ipuede darse algo mâs grandioso?» 

(2) Carlos Reyles (nacido en 1870. Sus obras son: Beba, Montevi- 
deo, 1895. El extrano y Primitivo, Montevideo, 1896. La raza de Cain. 
Montevideo, 1900. La muer te del a'sne, Paris, 191 1. El terruno, Monte- 
video, 1916. 

( 3 ) «Es genuinamente nacional, sin asunto alguno importado del ex- 
tranjero... y adornado de todas las excelencias y bellezas que impone el 
realismo mâs puro», decfa entonces Ferreira (1895), ^^ criticara antano 
acerbamente la primicia de Reyles. ^Todo adquiere sabor local y es en- 
teramente nuestro. ;Puede pedirse algo mâs a un artista, puede exigirse 
mâs al naturalisme.^», observaba Pérez Petit. «Una nueva etapa en la no- 
vela nacional», sintetizô Samuel Blixen. 



500 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



los notables toros Bolinghroke, Favorito, Cornet y otros eran 
productos de uniones consanguîneas en grades muy prôximos 
{Beba, pâg. 24). Y mas adelante: «Los galpones tienen por ob- 
jeto, no solo evitar que los ganados finos se aniquilen en el in- 
viernoyse detenga el crecimiento de los terneros en la edad pre- 
cisamentede su mayor desarrollo,sinohacer el destete temprano 
sin lo cual las vacas no podrian ser fecundadas en el corto tiempo 
que estân los toros padres en los rodéos». (Beba, pagina 180). 

jSimpâtica pesadez de naturalista y propietario! Pero después 
de una lenta y zolesca presentaciôn de la estancia del Embriôn^ 
se aligera la mano del narrador, para contarnos el aima agreste 
y bucôlica de la chicuela soùadora, que en la campina nativa, 
con las rimas de Becquer a la mano, como cualquier Maria, 
iba a llevar al matrimonio ese romanticismo tan funesto para la 
sefiora de Bovary, sentimental y suicida como Beba. El marido 
pudiera también llamarse Carlos Bovary. Este Rafaël, pisaverde 
élégante y anodino, el tipo del majadero universal, nunca parece 
mas fiofïo que junto a Rivero, fuerte y gaucho, tîo de Beba, de 
quien ella se prendarâ perdidamente. Por singular contraste, la 
mejor escena de este libro verista es un romântico episodio. 
Cuando al pasar el rîo en avenida se rompen las amarras de la 
barquilla en donde va Beba sola, y a morir o rescatarla se arroja 
el futuro amante con denuedo, recordamos al gaucho Caramurû, 
que saJva a Lia de las fauces del caimân. Bien dijeron al decir 
que Reyles era solo un naturalista mitigado. Aquella Beba ro- 
mântica y letrada sugiere mas de una vez a Pépita Jiménez, y 
sus amores con el tîo nos recuerdan, muy de cerca, los del Co- 
mendador Mendoza con Lucia. 

Continua el propôsito de Beha^ ampliândolo y afirmândolo 
en ( ■ ) Acadeinias, titulo genérico de dos novelas cortas: Primi- 



( ') Inmediatamente después de Beba publicô en la Rcvista Nacional, 
de Rodô, Martînez Vigil y Pérez Petit (Septiembre de 1895) un cuento 
titulado La odlsea de Peiuclio, que tiene dejo romântico. 






LA LITERATURA URUGUAVA 50I 

tivo y El extrano. En las paginas iniciales de la primera confiesa 
el nuevo designio. Quiere ir mas lejos y mas hondo, desde- 
nando la frivolidad de divertir al lector para elevarse a «un arte 
que no permanezca indiferente a los estremecimientos e inquié- 
tudes delà sensibidad fin de siglo». Mentalidad «fin de siglo» 
muy semejante a la del autor de El que vendra. Realmente 
sufren ambos con la inquietud francesa de esa hora. Del «co- 
razôn moderno tan enfermo y gastado», nos habla Reyles; «la 
caravana de la decadencia se detiene angustiosa y fatigada», 
murmura entonces Rodô. Con radical disentimiento mental iban 
a hallar mas tarde parecida te nacionalista, o americana por lo 
menos: Bolivar o El terruno pudieran ser dos vuelos de cigiie- 
iias al campanario... La cn'tica, unânimemente favorable con la 
novela regionalista de Reyles, hizo mas de una réserva al estu- 
diar a Primitivo (1896) ('), que no parecia, segûn ella, justificar 
su nombre. jPrimitivo, este refinado vengador de su agravio, 
que sorprendiendo el adulterio de su mujer, la hace pagar por 
el intruso, y cada maiïana présenta a aquélla, en un silencio for- 
midable, la moneda como un blason de vileza! «Esa venganza 
tan dura, tan soberbiamente sangrienta, dijo Ferreira, no cabe, 
no, en un paisano... El Primitivo de nuestro ambiente campero... 
matarîa a la adultéra con regocijo siniestro». 

La rasa de Ca'm (iQOO) fué su desquite. Allî realiza Reyles el 
propôsito confesado en Acadeinias, de «hacer pensar y hacer 
sentir». En carta al autor, Rodô afirmaba entonces cla doble y 
excepcional calidad de obra inspirada y obra perfecta, en donde 
alientan, por lo menos, dos aimas que vivirân, que resistirân 
muchos aletazos del tiempo». A pesar del magnânimo espalda- 
razôn, se insinûan las inévitables divergencias de opinion en esa 



( ' ) Dôcil a estas crîticas, que eran sin duda exageradas, Reyles pa- 
recîa renegar sus Academias. No ha vuelto ha publicar £■/ extrano^ y 
en su reciente libro El tcrruho, refunde y transforma Primitivo. 



502 



V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGELATA 



crîtica. La raza de Cain, con tan carinosa complacencia analizada 
por Reyles, la raza extirpadora de todos los abûlicos Abeles, es 
solo para Rodo proterva imagen de una «doliente multitud de 
enfermos de la voluntad, de egoistas desorbitados y rebeldes, 
aimas sin equilibrio y sin luz, Ilevadas por la delectaciôn mor- 
bosa del propio yo, por la rebeliôn insensata contra las leyes de 
la vida, a todos los tormentos del fracaso y de la desespe- 
raciôn». 

Pero el egoismo es precisamente para Reyles la juventud, la 
fuerza, la voluntad gloriosa. Nunca se revelô mejor la vieja opo- 
siciôn cristiana y pagana. El mal es un desequilibrio, dice Rodô; 
la bondad es flaqueza de esclaves, afîrma Reyles. El uno llega 
de un manso Tiberiades; el otro se va, con Byron, a las bo- 
rrascas ( ^ ). 

Obra plena, madura, magistral, La rasa de Cain es tal vez 
la novela mejor compuesta de cuantas se han escrito en Ame- 
rica después de Maria. No reconocemos alli nunca al narra- 
dor fatigoso de Beba. Todo es directo, simple y frenético. 
En la prosa de luto queda la huella de una pasion incinerada. 
^Nos excusarâ el autor que transcribaraos la dedicatoria manus- 
crita de un ejemplar? «He aquî, dice Reyles, la obra que me 
operô el tumor lirico y me préparé sm piedad para La timerte 
del cisne. Acôjala con simpatia, porque no es una novela, sino la 
historia de un noble dolor». 

Con sangre, pues, estân escritas las paginas iracundas en don- 



( ' ) No citamos al acaso el nombre de Byron. La «fraternidad con 
Caîn» que una misteriosa voz le atribuye a Manfredo^ la simbolizan los 
personajes de Reyles. Un positivismo de inglés y el orguUo salvaje del 
poeta de Childe Ha?old, explicarîan también el aima del novelista uru- 
guayo. A este respecto un discipulo de Taine recordaria su origen 
europeo no muy remoto; su nombre, Reyles, es solo un apellido sajôn 
êspanolizado: se Uamaba Reilly y era inglés el abueio del novelista, que 
casô con una dama uruguaya de antigua familia colonial. 



À 



LA LITERATURA URUGUAVA S^S 

de un Raskolnikoff uruguayo describe su aversion a la miseria 
pLisilânime del mundo y su terquedad de réprobo. Hace bien 
Reyles en evocar alguna vez a los protagonistas de Crimen y 
castigo y El discipulo. Temple igual en Luis Guzmân. Sardô- 
nico analista de una sociedad lugarena y su aima inquiéta, adi- 
vina hasta dônde alcanza el dafio de un matrimonio juvenil y 
romantico, porque no vino con los aiios el resignado quietismo 
de Adolphe o Dominique. El analista prétende resucitar su vo- 
luntad. Para probarse capaces de volicion viril^ matan Casio y 
(juzmân. El crimen tiene aqui, como en la novela de Dosto- 
yewski, su tremenda lôgica viva ( ■ ). «Como Amiel, no vivfa 
sino que analizaba la vida», dice el protagonista. Estos discipulos 
de Nietzche, fatigados de analizarse, van a la fresca vida pânica. 
Por vivir se entiende entonces la insurgente animalidad que va 
mordiendo los frutos terrestres con saldi e bianchi denti voraci. 
Pero la mocedad inicial, el fresco asombro ante las cosas, no 
pueden recobrarlo quienes cometieron el pecado introspectivo; y 
La raza de Caîn, como un inquiétante libro de Gide, l Inmora- 
liste^ es otra vez la conquista de la felicidad por un Fausto triste 
y fatigado. 

Nunca se dijo mejor en America el desdén literario, cuando 
es solo un arte manual la literatura, las asperezas del que triunfa 
y la melancolia del que tracasa, la soledad de esos espiritus eri- 
zados y abruptos, cuyo contacto con el mundo es siempre un des- 
garrôn. Todo es aquî ceniza y hiel. Un vértigo, el de ciertas ai- 
mas trâgicas que todos hemos conocido en la vida, lleva a Guz- 
mân a destrozar su ventura con una sonrisa martirizada y puéril. 



( ' ) Dostoyevvski, en sus Recuerdos de la casa de los muertos (primera 
parte, V), cuenta que a menudo un galeote, después de haber vivido 
ejemplarmente meses y aiïos, de subito se subleva y comète algûn cri- 
men capital. «Es la manifestaciôn angustiada, convulsiva^ de la persona- 
lidad; una melancolia instintiva, un deseo de afirmar su yo envilecido». 
Idt'ntica sîcologîa observamos en el personaje de Reyles. 



504 



V. GARCIA CALDERON, H. D. BARBAGELATA 



En lo que denomina voluntad se traduce el perpétue allende de 
su inquietud. Y le faltô decir al personaje de Reyles, como al 
autor mismo quizâs, que ese ardor envenenado, en donde viera 
la elevaciôn de su albedrîo, es solo, contemporânea y transpues- 
ta, la desazôn de un byroniano, de un romântico, como los gran- 
des rusos. jAh! también creyô extirparse el tumor lîrico aque^ 
solitario de Sils-Marîa que padeciô el tormento de lo infinito. 

Por este tono de reo en capilla, de poeta que no puede dejar 
de serlo, perdurarâ el libro de Reyles como uno de los mejores 
documentes de la tragedia interior. Sabe ponernos en con- 
tacte con las grandes aimas desorbitadas, sin que jamâs pueda 
decirse que Reyles ha calcado a los maestros. Es balzaciano 
Cacio, un Rastignac de corto vuelo; es dannunziano Alenchaca,. 
un triste Epîscopo. Son rusas, es decir, admirablemente barba- 
ras, tienen el jûbilo sombrio que hiela en Dostoyewski, la ar- 
diente y lûcida preparaciôn del envenenamiento de Laura, las 
escenas en donde Guzmân y su mujer, Cacio y su hermana se 
aborrecen; en donde Menchaca se arrodilla gimiendo ante la mu- 
jer que lo veja y lo envilece. En fin, arremolina las ûltimas pa- 
ginas del suicidio frustrado, el turbio frenesf del Trhinfo de la 
muerte. ^Cabe objetar acaso que por ellas no es muy uruguaya 
la novela? Verdad es que las aimas como la de Guzmân son de 
excepciôn; pero de su existencia misma este libro confidencial 
es el testimonio. Y tienen carâcter americano inconfundible las 
rivalidades aldeanas, el rastacuerismo de Menchaca, la bondad 
total y el abnegado rendimiento de mujeres como Sara y como 
Laura. 

Llegamos a Et ternino^ obra de tesis y fracasado ensayo de 
humorismo. No se diria escrito por el admirable analista de ayer. 
Un raté como Guzmân o Cacio, ocupa todo el horizonte de la 
novela; pero no tienen Tocles, ni las paginas que relatan su 
aventura, siquiera el ceniciento sabor de nihilisme que sirve de 
excusa a Bouvard et Pécuchet^ la burocrâtica epepeya del fraca- 
sado. «Una fuerza disciplinante», el muy jugoso articule publi- 



A 



LA UTERAIURA UKUGUAYA 505 



cado por Reyles a mediados de 1916, poco después de El terru- 
f/o, pudiera ser su exégesis si dejara por explicar alguna cosa el 
protagonista majadero de aquella novela sin ambajes. 

Dictaron el articule fundados recèles a un socialismo precoz 
y demagôgico. Para contener esa «ola jacobina», el «dique» es^ 
segûn Reyles, la federaciôn rural que él preconiza. La campa- 
lîa, la fuerza conservadora, defenderâ el patriotisme hereditario 
y opondra por ley natural, a la acciôn disolvente de la mentali- 
dad jacobina y las temerarias promesas del romanticismo politi- 
co, palabrero y ensoiîador, su conocimiento positive de le real, 
le necesario, lo inniutable. «Le inmutable es el campe, el lati- 
fundie en dende tuvieron cuna las virtudes sociales que mas ne- 
cesitamos y mas nos rinden... el tipo nacional mas favorable al 
progreso de la Repûblica». Reaparece la oposiciôn, en Beha ma- 
nifiesta, de Montevideo y la estancia, la ciudad y las sierras; y el 
proceso de la ciudad lo instaura a rates la heroina de El terruhOy 
Mamagela. 

Casi en les misnios termines que el Reyles periodista. «Les 
r.)dees y las majadas, dice ella, son las ûnicas cosas sérias del 
pais». «Les animalités que criâmes con tante amer... enriquecen 
y ensenan, si sener, enseiîan mas cosas utiles que las escuelas 
mismas». «La grandeza del pafs no saldrâ de las Câmaras ni de las 
Universidades, sine de les galpones... En efecte, ^qué vale mas, 
un discurso de cuarenta heras o un carnero de cuarenta libras?» 
Su \erno rivaliza con ella en prosaïsme: «En un chèque suele 
haber mâs moralidad que en un sermon»; «todo eso de les dere- 
chos, las libertades y la seberanîa popular, pura mitolegi'a». 
«Universidades», «embusteres libres», «cursileria espiritualista», 
anatema sean. Paradeja amable, si lo fuera. iAh, cual encantader, 
chancere y cruel, come les que atormentaron a Don Ouijote, 
viene a hacer en nuestras Baratarias analfabetas el solemne ale- 
gate de la ignorancia! 

Perque la voz es sincera, casi iracunda, adivinamos que Cacio, 
Guzmân o Tecles fueron caretas de Reyles. «jAl diable les 



506 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGEI.ATA 

ich-alismos!... se acabarôn los lii-ismos iîonos, las dengosidades 
românticas, Jas pavadas transcendentales». «Yo me declaro, en 
teorîa, el apôstol del egoismo, y pràcticamente, del egofsmo 
rural; vale decir, de la energîa castiza de la naciôn». «Obrar... 
darles escape a los deseos de poseer y dominar, que falsas disci- 
plinas nos ensenaron a combatir». Es el acento familiar del autor 
que desconcierta un tanto en su personaje. En El ferrnno, don- 
de también un Sancho con faldas despotrica, ^"se burla acaso 
Reyles, segûn la manera cervantesca ( ^ ), de sus propios idéales 
favoritos, cuando hace de Tocles, abûlico y primaire^ el portavoz 
de su dogma agrario? 

jCômo hubiéramos aplaudido si Guzmân, el Guzmân de La 
raza de Caiii^ después de haber teraplado su voiuntad con el 
crimen, viniera aquî a ensayar su «nueva tabla». Admitirîamos 
la aventura del Zaratustra ganadero, que leyendo las Reftexio- 
nes sobre la violencia, de George Sorel, se tornara catôlico, reac- 
cionario y burgués; admitirîamos, curados ya de espantos, que 
se nos describiera, como en el admirable Innioralista de Gide, la 
insurreccion del instinto, la floraciôn del mal. Toda critica de los 
valores morales puede ser interesante y plausible en la novela de 
America. Lo que no podemos aceptar es la vulgaridad. «La 
inuerte y la vulgaridad son las ûnicas cosas inexplicables en este 
siglo>^, decia un ironista. ^-Quién ha de explicarnos la de Rey- 
les (^), y como no decirle la verdad a este escritor sincero y 



( ' ) Cervantesca esa Teresa Panza que se denomina Mamagela; cer- 
vantesca la escena en que su marido, Papagoyo, sale al campo, lanza en 
ristre, a combatir a los revolucionarlos y crée haber luchado con un 
«salvaje», cuando solo derribô a un pollino, etc. 

(2) Vestigios del antiguo naturalista quedan en frases como éstaS; 
«Con el dedo meîiique levantado y todo, se hurgaba las narices y sorbia 
los mocos con mâs gracia que finura» o en la escena que interrumpen 
«extranos ruîdos» porque «papa va a operar^ ». jHa tomado aceite de cas- 
tor en la maiïana!... Realismo fecal que nos recuerda de cuân sutil mane- 
ra apagaba las vêlas el Jésus-Christ de La terre. 



LA LITEKATURA URUGUAYA 507 

fuerte? Confusos son los personajes de El terruno^ clesmayado ( ' ), 
el estilo imitativo del mas rancio casticismo, como si el pensa- 
miento reaccionario exigiera siempre el molde de Sotileza. Qui 
ne veut pas faire l'ange fait la bête, dijo agudamente Pascal. Y 
porque Reyles no quiso hacer el ângel, porque exagerô su crfti- 
ca del idealismo puro, porque pretendiô tal vez escribir un Qui- 
jote sin Alonso Quijano, deploramos hoy su libre. «Que la Tra- 
dicciôn, teniendo a sus pies la testa decapitada de la Ouimera, 
se levante Trente a la Revolucion, coronada de pâmpanos», nos 
dice liricamente el poeta arrepentido. Y respondemos, adivinan- 
do su complicidad con ]Mamagela: Decapitad a la Ouimera, 
quemad las naves de Baudelaire; mas ^"qué proponéis en cambio? 
^criar mérinos y cerdos de Epicuro.'*... La Humanidad no acepta- 
râ jamâs una moral de piara y de rebaiio... 

Alenos ideôlogo que Reyles, naturalista a médias como él, 
Javier de Viana lo aventaja al escribir la Iliada campesina del 
gaucho. Su narraciôn es uruguaya siempre. Se adivina que, como 
todos los maestros del relato brève y rûstico, Kipling y Gorki, 
ha vivido antes de escribir. Y si en America, por esa injusta 
distribuciôn de gloria que es el misterio de nuestra literatura, el 
renombre de Viana traspuso apenas el Rio de la Plata, en cam- 
bio casi no hay estancia en donde no se lean obras del admira- 
ble autor de Canipo. 

Fué Blixen quien détermina, en un excelente estudio, el in- 
apreciable documento humano que podîa ser para el novelista el 
moderno gaucho. Tal vez la vida de sociedad o el abigarrado 
jubilco de emigrantes brindados por Blixen al narrador de su 
pais, no ofrecen, hoy por hoy, lo que este busca siempre: el in- 
tenso colorido local o la complejidad de las «ciudades tentacula- 



( ' ) Sobre todo en la primera parte de la novela. En el espacio de 
treinta li'neas (pâgs. 182-83) hallamos *lo cual era veneno> ttodo lo cual 
demandaba tiempo»; ^por lo cual llegô a sospechar>. 



508 V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

res», mas interesantes que la vida provincial para el artista. En 
cambio, el Centaure de ayer, degenerado, que esta bebiendo 
caiia y <'jugando al billar», como dice Blixen con risueno asom- 
bro, représenta el mas pintoresco tipo de transiciôn, y su deca- 
dencia ofrece tema insuperable al novelista. 

Novelista ha sido Javier de Viana (1872) ( ') en libres desigua- 
les: Gauc/ta, Campo^ Lena seca, Yiij'os, Cardos^ Macachines. 

Con mas apasionada sinceifidad y mas exacta vision que Rey- 
les, evoca allî la vida del El terruho. En vez de hacer hablar a cer- 
vantescas Mamagelas, él copia el castellano torpe y desportillado, 
soberbiamente expresivo alguna vez, como lo fué la lengua de 
charrûa. iQué decimos! Si el mismo narrador mira el paisaje con 
ojos de campesino. A la estancia perdida en el valle la ve peque- 
iïa como un «huevo de iïandû entre laschircas», y cuando se des- 
raaya la heroina de Gaiicha, nos dice que su espiritu extenua- 
do «se iba en un suave y silencioso bâtir de alas de nacurutû». 
Nacionalismo literario excelente, que consiste en asociar el pai- 
saje al estado de aima. Las frases salen después de lanzada la 
primera, como «la novillada que remolinea en la orilla del vado 
y se va toda en seguimiento del que ha hecho punta»; las pullas 
al estanciero de En familia son «como jejenes que pican poquito 
pero que concluyen por fastidiar», y las ideas de Gu?-i galo- 
pan en su mente «como tropa de vacunos en disparada noc- 
turna». 

Gaucha (1900), el mas sonado éxito de Viana, es la historia de 
una chiquilla sentimental y sensual por atâvicos extravios, que 
padece complicaciones espirituales en aquel medio bârbaro. Lâs- 
tima grande que el autor, admirable cuando escribe novelas cor- 



( I ) Campo (segunda ediciônl, Montevideo, 1901; Giirî (segunda edi- 
ciôn), Madrid, 1917; Leiia seca, Montevideo, 191 1; Yuyos, Montevideo, 
1912; Macachines (tercera ediciôn), Montevideo, 1913; Cardos, Monte- 
video, 1914. 



LA LITERATURA URUGUAYA 5^9 



tas, quisiera extender la narraciôn simple y directa, agravândola 
con paginas de anâlisis y consideraciones cientificas. Viana la 
subtitula censayo de psicologia nacional», y en el prologo nos 
confiesa que considéra empecinadamente su novela como «una 
obra de sentimiento, una obra verdad y hasta una obra de 
ciencia >:> . 

Para comprobarlo evocarâ una sonrisa canina, la verdade- 
ra sonrisa atâvica de que habia Darwin» o dira mas tarde: «cuan- 
do la razôn y la voluntad se rinden en las primeras embestidas 
del dolor, sobreviene lo que los psicologos Uaman la carencia de 
sensaciones por la accion continuada de una misma sensaciôn». 
O mas lejos: «el bandido se estremecîa, sacudido, cargado, como 
una botella de Leyden al maximum de la tension nerviosa>^. Pe- 
danterias inocentes ( ' ), que no aminoran la emociôn acendrada 
con que se lee la novela, ni desvirtûan sus tipos y escenas car- 
dinales, los soberbios episodios del amor bestial o cândido, los 
sombrîos y magistrales retratos del gaucho bandido y del viejo 
taciturno; todo ese ambiente de barbarie viril, que habia al- 
canzado anos antes, a juicio nuestro, su expresion mas alta en 
Campo. 

Este libro sera una de las pocas obras que America podra 
mostrar a Europa cuando quiera blasonar de alcurnia propia. 
Algunas de las novelas cortas que lo forman, como En familia, 
Persecuciôn^ La vencedura, Los amor es de Bentos Sagrera, no 
deslucirian junto a los mejores episodios de Kipling, aqucllos en 
que el génial inglés narra también sin «literatura», con despojada 
simplicidad de periodista, pero insuperable maestria de evoca- 



( ' ] Idéntica obsesiôn de «hombre de ciencia>; afea algunas paginas 
del soberbio Guri: «Solo conservaba la memoria... e\ yo estdtico de la psi- 
cologia cientifica contemporânea>. «Su orgullo no pudo seguir durmien- 
do 3' justificando la teon'a de las pasiones curativas del doctor Bre- 
mond»..., etc., etc. 



510 V. GARCÎA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

ciôn, una barbarie idéntica. El deseo de Blixen esta colmado. He 
aqui, de cuerpo entero, al gaucho de transiciôn, el viejo caudillo 
de Uliima campana^ revolucionario generoso ayer, escaldado por 
tantos desenganos, pero recobrando su fe antigua apenas saben 
hablarle al aima; el gaucho que venga su honor como un hidalgo 
de Calderôn o muere besando la trenza de su china^ pero tam- 
bién el que ya comienza a ser, como el Pdjaro bobo., el bandido 
sin nobleza, el «compadrito». Lo viô en relieve romântico, sin 
adulterarlo siempre Magarinos, en su Caramnrû\ lo muestran un 
tanto envilecido en la pulperia los autores del Teatro criollo. Ni 
niosquetero de folletin, ni bandido calabrés es para Viana. El 
lo ha visto aûn en su mcjor momento, como lo evocara en 1841 
Alberdi y lo describiera ayer Bauzâ: el niiîo arrogante, hidalgo 
y triste, impulsivo y brutal cuando algo se opone a su albedrio, 
aturdido por esa civilizaciôn de las ciudades industriales y de los 
campos con gendarmes, en donde parecen anacronicos su caba- 
llo de combate y su guitarra de amor. 

El mismo acento cordial, el mismo don de costumbrista, lo 
cncontramos en Gitri o en los «cuentos camperos», como subti- 
tula Viana sus dos libros Yiiyos y Lena seca. Todos los aspectos 
plâcidoso rudos del aima criolla estânallî: laferocidad del bandido 
[La casa del tigre y La tapera del cuervo., sombrîa y bârbara agua 
fuerte); la malicia bellaca del campesino y sus supersticiosos te- 
mores (El sonzo Malaqnias y Gurî); la recia y honda piedad que 
Tolstoy hubiera amado (Resiirrecciôn y La yiinta de Urnholi); el 
amor siempre violento del gaucho que considéra a la mujer como 
una presa [Aura y Como en el ûempo de antes). No todos los cuen- 
tos alcanzan, por supuesto, el magistral relieve de los citados. 
Abusa Viana de su facilidad en sus relatos semanales de El 
Miindo Argentino. Y no sabemos si nos darâ de nuevo obras tan 
firmes como su Campo y su Gaucha. Pero, de sus libros, que son 
el vasto museo de la pampa, figurarân, sin duda siempre entre 
las paginas mas gloriosas del continente, aquellas en donde el 
sobrio narrador uruguayo ha contado los idilios bârbaros, las 



LA. LITERATURA URUGUAVA 5II 



sangrientas cglogas, el poema rojo y negro de una raza enamo- 
rada hasta la muerte ( ' ). 



VI 



No mereceria el simbolismo uruguayo capîtulo aparté en esta 
historia brève, si Herrera }'• Reissig no lo hubiera consagrado. 
Los articulos de Pérez Petit en la Revista Nacioiial, las polémicas 
de Papini, nos demuestran cuân frecuentemente se confundieron 
sus innovaciones con un prurito exclusivo de extravagancia. Son 
eficaces, hacia mil ochocientos noventa y tantos, la renovacion 
en la métrica, el colorismo de orientalista, la vaguedad sentimen- 
tal, ese «aleteo perdurable de nostalgias silentes», para valernos 
de una frase de Roberto de las Carreras. Es este discîpulo de Var- 
gas Vila, el legitimo introductor de la nueva escuela; y en sus dos 
hermosos libros de prosa poética Saliido a una p aimer a y Psalmo 
a Venus Cavalleri, encontramos ya el frenesî del tropo y de la 
mayûscula, esa fosforescencia verbal que llegarîa al deliriniii îre- 
menSy pero también a novedades magistrales del vocablo y la 
rima, en el espiritu desorl)itado y génial de Julio Herrera y 
Reissig (nacido en Montevideo en 1875 y muerto en IQII) {'). 



( ' ) Parece justo anadir aquf el nombre de Benjamin Fernândez y 
Médina. Si sus notas sobre la literatura nacional, su Antologia de prosis- 
ïas uruguavos [18^4) y el librito sobre La Imprcnta y la Prensa en el 
Unigiiay (Montevideo, 1900), no fueran titulos suficientes para acredi- 
tarle como escritor erudito y ameno, bastarîa recordar que sus hermosos 
Cuentos del pago proceden y estimulan la aficiôn al cuento régional. Su 
primer libro, Charaniuscas, prologado por Bauzâ, anunciaba ya esta vena. 
Mâs tarde Camperas \ serranas indican dones relevantes de poeta silves- 
tre y confirman su muy simpâtica inspiraciôn crioUa. 

, 2) Julio Herrera y Reissig: sus «obras complétas» comprenden hasta 
ahora cinco volûmenes: Los peregrinos de piedra, Montevideo, igii; El 
teairo de los humildes, Montevideo, 1913; Las limas de oro, Montevideo» 



512 V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

Cercanos parientes suyos fueron polîticos de combate que 
padecieron a menudo el ostracismo. De ellos hereda tal vez esa 
constancia aguerrida para innovar, en lucha con la indiferencia 
o la sonrisa. Pero es encantadora paradoja que el descendiente 
de tantos luchadores fuera solo un doctrinario de la Torre de 
Marfil. 

Herrera es en America, después de Rubén Dario, y en mayor 
grado tal vez por su frecuente extravagancia, el mas alto expo- 
nente del simbolismo, endémico alli como lo fué el romanticismo, 
porque obedecen tal vez, como se ha dicho, a impuiso anâlogo. 
Es el Rimbaud iluminado, es un Laforgue sin ironia, cuando 
Rubén solo habia querido ser simple y hondo Verlaine de nues- 
tra angustia. 

En él confluyen todos los motivos de aquella escuela admira- 
ble y déplorable. Por odio a la iisata poesia escribe con esa or- 
gullosa oscuridad que aleja al vulgo. Tiene el don y el amor te- 
meroso de la palabra, pero también, sûbitamente, una libertad 
de joyero bârbaro. El vsrbo, dice él con el asombro délfico de 
Hugo. Nadie abusô mas regiamente de la divina libertad conce- 
dida a los liricos. 



1913; Las pascuas dd tie»ipo, Montevideo, 19 13; .La vida y otros poeinas, 
Montevideo, 191 3. 

El malogrado escritor Juan Mas y Pi, amigo de Herrera, salva una defi- 
ciencia de las obras complétas en su artîculo Julio Herrera y Reissif;. 
(Nosotros, marzo de 1914', trazando, «en una brève sîntesis cronolôgica, 
la marcha del poeta seiialada por sus trabajos»: 

1900: Pascuas del tiempo. Agitas del Aqueronte (poemas), Traducciones 
en verso; 1902: Los maitines de la noche. Las manzanas de Amarylis; 1903: 
La vida, Confcrencias; 1904: Los c'xtasis de la montana; 1905 a 1909: El 
aima del poeta (epistolario); 190.: Poemas violetas, Sonetos vascos, Opalos; 
1907: Atomos, El renacimiento en Espaîia (prosa"); 1908: Los parques ahan- 
donados, El cîrcido de la muer le (prosa), La sombra (teatroi; 1909: Ensa- 
yos socioldgicos; 19 to: Los éxtasis de la montana (segunda série), Los pianos 
crepusculares y Clepsidras. 



I 



■ 



LA LITERATURA URUGUAYA 5I3 

Inicia en la literatura del L rugua\' esa «poesîa del esplin, de 
los nervios y del escalotrio», como dijo Barbey d'Aurevilly al 
estudiar la escuela de romanticos evadidos y de precursores del 
simbolismo que va de Baudelaire a Rollinat. Mas la desazon aquî 
no esta en la medula y en los nervios. Es deslumbramiento ver- 
bal de adolescente que ha descubierto el diccionario. No se llega 
siempre, ni hace falta, a la exacta interpretaciôn de estos gritos 
guturales lanzados, se diria, por un payaso lirico, el de Banville, que 
arrojara las palabras como vistosos proyectiles de su gimnasia. 
Estâmes aqui muy lejos ciertamente de esa poética intelectiva 
en donde la razôn rige y dépura. Mas ligero va el vocablo que el 
pensamiento; pero aquél tiene a ratos miteriosas profundidades 
de Eleusis. 

Cuando, hacia 1890, en La Revista que él fundara, comenzo 
Herrera sus audacias bohemias, se repitieron en Montevideo las 
asonadas literarias del simbolismo. Uubo allî también capillas, y 
el ofîciante predilecto era aquel niiio terrible. Afuera quedaban 
fuîminados el «bârbaro» de Barrés, el «peluquero de la critica», 
decia Herrera, el «sefïor que no comprende», como ya se tradu- 
cia en America una humorada de Crourmont. El alcazar esta en un 
tercer piso de la calle de Ituzaingô. «Un bonete turco, dice César 
Miranda (^ ), un par de floretes enmohecidos, una mesa pequena 
y dos sillas claudicantes completaban decoraciôn y mobiliario... 
En ese cuartucho desmantelado se elaboro la renovaciôn litera- 
ria del Uruguay». El paisaje que este alcâzar domina es admira- 
ble: el mar y el cementerio; las vêlas del estuario que invitan al 
viaje sentimental de Baudelaire y el puerto final de toda vida. 
La obra entera del poeta parece limitada por la simbôlica pauta 
que de su alta azotea vislumbra. Partira al Indostân de sus poe- 
mas; pero alli cerca, «mas alla, de las granjas», esta dispuesto el 



( ^ ) César Miranda, «Herrera y Reissig». Conferencia pronunciada en 
el salon de actos pûblicos del Club «Jqventud saltena». Salto, 19 13. 

Rtvut Hispanique.— Ç . .^j 



514 V. GARCfA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 



tâlamo para la «boda negra». Solo vaAs tarde alcanzarâ el don 
patético. Por el momento, Herrera y sus amigos refortnan alli 
la poética y maldicen al burgués, le^'^endo las paginas de A 
rebours. En el acento de una carta adivinamos que el egotismo 
europeo es alli también la ûltima moda. «Solo y conmigo 
niismo... ego sum imperator...^ dejad en paz a los dioses», dice el 
poeta al fin de una polémica. Asî hablaban Zarathustra y He- 
rrera y Reissig. 

La buhardilla en donde estas asonadas se fraguan lleva el 
nombre feliz de Torre de los Panoramas. A todos los panoramas 
de Europa abre los ojos esa juventud intransigente, innovadora. 
jCômo no serlo, cuando la poesîa de los imitadores de Tabaré 
prolonga solo un eco becqueriano! Es diculpable que, por re- 
accionario impulso, se Uegara después de tantos versos emolien- 
tes, a lo que llamo Samuel Blixen agudamente «la epilepsia de 
la metâfora». 

Los comienzos de la reacciôn habîan sido timidos, sin embar- 
go. Esa poesîa a Lamartine, que escribiô Herrera a los veinti- 
tré.s aiïos, esta muy lejos de ser un desacato. Después vendrian 
las encendidas polémicas con Roberto de las Carreras, que le 
révéla a Samain; con Guzmân Papini, que, prolongando un colo- 
rismo de romântico, no podîa aceptar el arte simbolista. Se 
orienta aûn, condena — jél, que iba a ser un raro/— «las extrava- 
gancias y el esoterismo de los raros que se pasan la vida haciendo 
danzas macabras con el idioma, inventando ritos en el laborato- 
rio de sus iraaginaciones enfermizas». Del simbolismo dice que 
«no se sabe si ha nacido o esta por nacer aûn, y los que hoy se 
llaman nuevos en literatura no han inventado nada, sino que ex- 
humaron lo que ya se conocîa». Pronto Saturno iba a infundirle, 
como en su verso, el «humor bizco de su infiujoy. Ouicnes le 
vieron entonces cuentan maravillados su hambre y sed de cono- 
cimientos. Un dia Roberto de las Carreras le descubre las belle- 
zas de la literatura indostânica, y mafiana sabe mas que ei inicia- 
dor el iniciado. 



LA LITERATURA URUGUAYA 515 

Dos caractères ofrece la poesîa de Ilerrera: su imaginacion 
deslumbradora y su hernietismo. De él podria decirse también 
que fué millonario en imageries. Ha renovado el caudal espanol. 
Aqaellas golondrinas «como fléchas perdidas de la noche en de- 
rrota», aquella tarde que «paga en oro divino las faenas», las pa- 
lomas violetas que salen «como recuerdos de las viejas paredes 
arrugadas», mil otras mâs tienen la magnifîcencia del orifice 
Hugo. jLâstima grande que el juglar, en ambos sentidos antiguos 
de la palabra, équivoque el arte del poeta con la habilidad del 
prestidigitadorl Se da asî mismo fiestas de metâforas como Des 
Esseintes se convidaba a sinfonîas de licor. Solo que, a veces, 
la rutilancia de\ tropo oscurece la frase, como en un tono gris 
confunde la retina toda violenta rotaciôn de colores. 

Hermético es asî, pero no debe confundirse su hermetismo 
con la deliberada y artistica oscuridad de Mallarmé. Cuando 
afirma Herrera que «en el verso culto las palabras tienen dos 
aimas: una de armonia y otra ideol6glca>, repite solo, adaptân- 
dola, pero sin saber hacerla propia, una idea familiar del poeta 
de Herodiade. Buscaba el magistral sinfonista de Francia la eman- 
cipaciôn del verso por la mûsica. «Toda aima es una melodia que 
se trata de reanudar», decia él. Sin pretender jamas, como tantos 
reaccionarios de hoy, abolir a Hugo, eludîa el abusivo alejandri- 
no, cuyo empleo, segûn su irônico decir, debe ser excepcional 
como el de la bandera. Al mismo tiempo que torcta,-eomo Ver- 
laine, el cnello a la elocuencia, quiso dar sugeridora virtud y plena 
mûsica a esa poesi'a de Francia que mereciô el viejo reproche de 
haber sido, muy rara vez, poética. Instituyendo, ademas, segûn 
su intento, «una relaciôn entre las imagenes», suprimia con elip- 
sis véhémentes y por odio a toda verbosidad los inutiles miem- 
bros de la frase. La estrofa idéal debîa ser condensada, sin énfasis, 
evocadora por las imagenes incrustadas en ella, sonata y sinfonfa 
pnr la disposiciôn musical de los périodes. 

jBienvenidos el lirismo «fluyente» de Verlaine, la «eufonîa 
iragmentada» de Moréas, el «hechizo cierto de un verso falso> 



5l6 V. CARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGLLATA 

en Laforgue, cuanto quebrara las vértebras de la vieja frase lîrica^ 
para obtener esa otra que de muchos vocablos «rehace una pa- 
labra total, extrana a la lengua y como hechizadora». Pero n.nca 
prétende el sinfonista desechar el contenido del verso, conver- 
tirlo en vano ruido sin ideas. El suyo no obedece, como el de 
Herrera, al capricho de una fantasia dislocada, sino a lôgica in- 
tima del mas cogitabundo de los poetas. jOué mucho, si para el 
empecinado platonisme de Mallarmé debîan concordar la mûsica 
de los pensamientos y de las silabas, y por buscar el acorde 
perfecto, la ensambladura mîstica, el poeta inhumano se perdia 
en los confines del mas inquiétante esoterismo! 

Nadie, presumimos, le harâ a Herrera y Reissig el reproche de 
haber sido demasiado inteligente ('). Ni supo siempre hallar esa 
«aima de armonia», serena y pura en sus lîneas, a que aludiera 
alguna vez, siguiendo la ensefïanza de Mallarmé. Pocas veces adi- 
vina, como Rubén, los secretos musicales de la cesura imprevis- 
ta, del premeditado verso falso, de la melodia rota en el instante 
en que el verso empalagara. Adopta con visible delectaciôn los 
viejos métros, que no remoza, y escribe sonetos parnasanios. Su 
modernidad exquisita y enervada réside, mas que en las formas^ 
en el tema y el intento de su poética. A este respecto si podrîa 
llamârsele, con cabal justicia, impresionista del verso, y por lo 
mismo el mejor discipulo americano de Laforgue. Como el poeta 



( •) En La Revlsta de 20 de Noviembre de 1899, en un vagui'simo y 
délirante estudio titulado « Conceptos de cn'tica», apunta alguna vez 
Herrera observaciones plausibles sobre la literatura reinante: «De la 
revoluciôn decadentista en su primera época, data el pentagrama de la 
poesîa moderna. La rima es hija suya, lo que équivale à decir que es 
hija suya la orquestaciôn de las palabras, la tt^nalizaciôn de la idea, la 
vibrante eufonîa de la métrica, el melodioso acorde que acaricia el oîdo... 
En los dominios severos de la prosa tocô a rebato contra la monotonîa 
clâsica del giro enjuto y de la frase rîgida... colocô, frente al cenido 
canon antiguo, estas palabras: Hexibilidad, elasticidad». 



LA LITERAÏURA URUGUAYA 51/ 

frissonnant de la Imitaciôn de Niiestra Senora la Ltina, rehuye 
su estética impresionista el substrâctum eterno de Taine, la uni- 
dad trascendente de Emerson, todo el fondo humano a través de 
la obra de arte, para copiar en ella ûnicamente la transitoria be- 
lleza de una hora, la fugacidad de una actitud, el tema epidérmi- 
co. «En el arte, decîa Herrera, interprentando sin duda a Lafor- 
gue, todo o casi todo es convencional». «^Qué es el gusto, sino 
una cantidad de alucinaciones que entra por los sentidos educa- 
-dos por tal o cual época y lacrados por convencionalismos, mas 
o menos efimeros, que se desmienten unos a otros a cada paso, 
invocando el nombre de la Verdad?» Excelente posiciôn para 
cantar, como Laforgue, la gracia irréparable del minuto que pasa 
y la trivial endecha cotidiana de nuestra vida. Como a los cua- 
dros de género, a los frescos decorativos del pasado, sucede, 
hacia 1890, una pintura revolucionaria de aire libre que solo 
■quiere copiar, con Sisley o Pissaro, matices transitorios, preten- 
diô Laforgue entonces ser el poeta de lo efîmero. El mismo 
desdén del impresionista a la composiciôn solemne y mural lo 
siente este poeta familiar, que llega siempre a esa intimidad se- 
fïalada por los criticos como un caracter distintivo de la pintura 
nueva. Lo mismo diriamos de Herrei^a. Ama todo lo fugaz y lo 
inestable. En su misma aficiôn monôtona al violeta, que es el 
punto final de la cscala cromatica, parece adivinarse al impre- 
sionista. Solo que exageraba estas tendencias su pesquisa ince- 
sante del artificio. Hasta en sus mudables inspiraciones se ad- 
vierte la incertidumbre de su poética; transita por todas las es- 
cuelas apresurado, vacilando. Es hoy sonoro y forense, como 
Hugo; maiîana éleva, en frente de los helénicos y repujados 
Trofeos del francés, aquellas Clepsidras que a un urgente alfa- 
rero denuncian. 

Singularidad de nuestro eclecticismo americano es esta de 
abreviar interregnos, de hacer contemporâneos la escuela del 
Parnaso y el simbolismo. Los criticos pretenden senalar dos ma- 
neras en Herrera, pero es mas cierto decir que, parnasiano o sim- 



5l8 V. GARCIA CALDERÔN, H. D. BARBAGELATA 

bolista, podîa ser en un mismo libro aquel véhémente. Como el 
Verlaine juvenil que iba sonando ya con «suntuosidades persas», 
Herrera fué a la selva indostânica de Leconte o a los Eldorados 
del cubano-francés, buscando exotismes pintorescos para su 
abigarrada Torre de los Panoramas. Pero, la escuela parnasiana 
es casi siempre mesura, gusto helénico, afan de précision, exacti- 
tud de lapida, y acaso esta influencia felicisima retuvo a Herrera 
muchas veces cuando cedia a su estrâbica y enajenada vision de 
cubista avant la lettre. Su «Torre de las Esfinges» (') indica el 



(^ I ) jSe burla del lector? No lo creemos. Para mostrar la exageraciôn 
de tal poesia, copiamos después de unas estrofas vesânicas de Herrera, 
versos gemelos de aquel gran burlador Acuna de Figueroa Cen donde 
imitaba la famosa humorada de Samaniego): 

Un gato negro, a la orilla 
del cenador de bambû, 
telegrafîa una eu 
a Oriôn, que le signa un guino, 
y al fin estrangula un niiio 
imprompu hereje en miaû. 

(Herrera y Reissig, Tertulia lundtica, VI). 

Entre la toga y la espada, 
vacilaba un cocodrilo 
si la égloga <le Batilo 
era una ecuaciôn probada, 
que fijô la griega armada 
en las aguas del Leteo, 
como lo cantô Tirteo 
en los muros de Sodoma, 
porque nunca estuvo en Roma 
iocando la lira Orfeo. 



é 



Tangibles dos paralelas, 
en el siglo de Escorpiôn, 




LA LITERATURA URUGUAYA 5 IQ 

extremo limite de una divagaciôn que pierde todo contacte con 
la vida. Nada obedece a ocultas conexiones de la metâfora, ni 
siquiera al extravîo decorativo del gongorismo o a una logica 
exclusiva de armonia. Es solo un capricho de poeta payaso, que 
salta de rima en rima como en la prueba difîcil de un trapecio 
imprevisto para asombrar al burgués del anfiteatro. Genialida- 
des de escritor, excusables y tolerables en él, que originan ya 
en America el mas pernicioso malabarismo, pues todo mulato 
intelectual satisface allî sus gustos relumbrantes de salvaje del 
Congo. Recordamos el cômico terror de aquel grande y querido 
poeta argentine cuando leiam